Fate.

Recuerdos.

Me removí en la cama suspirando. Sintiendo debajo de mi la suavidad de las sábanas y el dulce olor al detergente con el que las lavaban. Sonreí era aroma a lavanda, y fresias. Abrí mis ojos lentamente, visualizando de apoco la elegante habitación, haciéndome recordar todo lo que había pasado el día anterior.

Suspiré de nuevo y traté de incorporarme. Recargando mi cuerpo en la cabecera de la cama encogiendo mis piernas a mi cuerpo para recargarme en ellas. Enterre mi sotros entre mis brazos y cerré mis ojos, tratando de olvidar aquellas imágenes de estos últimos dos días.

Estaba en eso que no percate que alguien tocaba la puerta hasta que escuche una voz llamando.

-Querida, soy yo Suzanne.- dijo la mujer detrás de la puerta.

Me estiré un poco alcanzando el pequeño reloj en la mesilla de noche a un lado de la charola del té y marcaba las ocho de la mañana.

-Adelante.- dije suavemente.

Al grado que no vi ni volví a escuchar a Suzanne, sopesando la posibilidad de que no me haya escuchado hice intento de ponerme de pie, hasta que vi la puerta ser empujada hasta abrirse. Frente a mí estaba Suzanne con un pequeño carrito detrás de ella, el cual venía conducido por Rosemary sí no mal recordaba.

-Buenos Días, pequeña.- dijo cariñosa.- Te hemos traído el desayuno.- sonrió.- Dame acá mujer,y abre las cortinas.- dijo quitandole el control del carro con comida a Rosemary y empujándolo ella.

Se aproximo hasta dónde yo estaba y destapo el plato levantando la mesilla portátil de madera plegable, tipo de esas que salían en la televisión. Sonreí por mi asociación.

-Aquí tienes.- dijo acomodándola frente a mí sobre mis piernas.- Espero te gusten son Omelets con champiñones y crema de maíz.- sonrió.- Eran los favoritos de tu padre.

Asentí.

-Muchas Gracias Sue.- dije tomando los cubiertos.

-Bien pequeña, te molesta si te acompaño?.- pregunto dudosa.

-No, toma asiento.- dije señalando la cama.

-Gracias.- se acomodo en el mullido colchón.- Mary ya puedes retirarte, ve con Julián al centro comercial y resurte la despensa con las listas del comedor, por favor y dile a Félix que hoy en la tarde saqué el coche de la agencia.- dijo seria.

Mary asintió haciendo una leve inclinación para despedirse. Asentí algo abrumada.

-Come, Bella.- me alentó Sue.

Comencé a comer en silencio con muchas cosas rondando mi cabeza. Desde porqué ella sabía tanto de mí y de mi abuela. Quizá hayan sido amigas en algún momento. Sabría ella algo sobre mi padre. Sus últimos días, ¿como era?.

-Seguro tienes muchas preguntas que hacerme, se notan en tus ojos.- sonrió cálida.- Pero primero debes comer y contarme que es lo que te trajo de vuelta a está casa, pequeña.-dijo intrigada, pero no de mala manera sino preocupada.

Suspiré.

-Es una larga historia, Sue.- dije triste.- Sin embargo, supongo que debo contartela, solo si prometes después contarme todo sobre mi pasado y mi padre.- dije esperanzada.

Ella sonrió y asintió.

-Desde pequeña siempre sentí que mi madre, Renée.- aclaré a lo que ella solo me miró.- nunca me trato como veía las demás madres trataban a su hijos, siempre era distante, alejada de mí. No entendía yo porqué pues no es por alardear pero era una niña tranquila, y no le causaba problemas, Sin embargo nunca fui de su agrado total, hasta el día que conoció a Phil, el padre de Jessica su otra hija. Con la llegada de Phil ella fue diferente, me veía y no se alejaba, no era cariñosa al cien por ciento peor tampoco era distante. Phil me llevaba en su auto a comprar helados, o algunas flores para que se las diera a mi madre. Nunca me trato mal, ni me alejaba, al contrario se volvió en algo así como mi amigo y la fuente más fiable para acercarme a Renée.- dije melancólica.- Sin embargo a los pocos meses que se casaron nació mi h...Jessica.- dije con dificultad pues con todo esto, era dificil volver a llamarla hermana.- Era pequeña y muy parecida a mi madre, quien al ella nacer automáticamente me olvido. Todo lo que compraba era lo mejor para Jessica y lo que ella no quería me lo daba a mí.- Jadeó Suzanne interrumpiéndome.- Nunca le di tanta importancia a todo eso pues era feliz solo cuando Phil en cada cumpleaños me regalaba un libro, ya sea con figuras o sin ellas. Me fascina la lectura.- dije emocionada.- En fin cuando cumplí la mayoría de edad le dije a Renée que quería irme a Estudiar a New York, para esto había comenzado a ahorrar un poco con cada mesada que me mandaba la abuela hasta que dejo de mandarlas, hacia tiempos extras ayudando en el consejo del colegio como asistente de la directora, Una mujer muy amable.- dije Recordando a la Profra. Julien.- N sabía cuanto tenía hasta ese momento pero estaba segura que me ayudaría un poco y si no buscaría trabajo de algo al estar allá. Renée al principio no quizó, sin embargo cuando avisaron de la muerte de Marie, la abuela algo la hizo cambiar, diciendo que me apoyaba en todo y que no me preocupará ella pagaría la Universidad. Contenta accedí y a los pocos meses estaba cursando la Academia de Cinematografía en New York.- dije.

-Esto es tan diferente.- me interrumpió Suzanne.

La miré interrogante.

-No me hagas caso, continúa, ya te explicaré después.- dijo. Asentí.

-En fin al tiempo que estaba en la Academia de cine me inscribí en un curso para relaciones publicitarias dondé por un amigo en Común conocí al que hasta hace apenas dos días era mi prometido. Michael Newton.- dije bajando la cabeza.

-Newton?.- pregunto Suzzanne.

Asentí.

-Es el bisnieto del señor Artemiheus Newton dueño de la Segunda Empresa transnacional de la banca Americana.- aclaré.

-Oh, ya veo.- dijo Suzanne.- No era un mal partido.- sonrió.

Asentí devolviendo su sonrisa sin llegar a sentir felicidad verdadera.

-Es cierto y al parecer mi Hermanastra pensó igual cuando lo presente a la familia.- dije irónica.- Lo llevé a pasar las vacaciones de Pascua con Renée, Jessica y Phil a Chicago, presentándolo como mi novio, todo iba de maravilla, era atento, cariñoso, divertido, y aunque un poco torpe en algunas cosas, me la pasaba muy bien con él.- dije melancólica.- Todo iba bien, el se relaciono de maravilla con ellos y para mí fue ideal al no tener problemas con Renée quien era para mí importante su aprobación. En fín después de eso en nuestros 5 años de noviazgo pasábamos las vacaciones en Chicago con mi familia, o incluso unos días ibamos a visitar a la suya en New York y después íbamos a Chicago.- sonreí.- Hasta hace poco menos de 6 mese, cuando en mi cumpleaños número 24 me propuso matrimonio, de forma no tan especial sí te ponía a pensar.- dije medio sonriendo.- sin embargo lo hizo y me alegré tanto, pues iba a casarme.- suspiré.- Decidimos que la boda sería en 6 meses, por estás fechas, aunque a decir verdad, hoy hubiese cumplido un día de casada.- dije triste.

-Oh, mi pequeña.- dijo Suzanne abrasándome.

Sollocé.

-Lo lamento es solo que todo esto me sobrepasa, pues hace apenas dos días en mi cena de ensayo del compromiso, con toda la familia de mi madre presente Mike me dijo que no quería casarse conmigo, que ya no soportaba mi forma de ser, y no toleraría un día más a mi lado, pues estaba enamorado de otra, con quien según supe había pasado cada noche desde que la conoció.- sollocé.- y lo peor no es eso Sue, sino que esa otra mujer es Jessica, mi hermana, quien junto con mi madre accedieron a quitarme a Mike, y me iban a dejar en la calle, quitándome todo lo que me había dejado la abuela. Iban a robarme, mi propia madre.- jadeé.

-Dios Mío.- dijo alarmada Suzanne.- Esa mujer sin escrúpulos, como se atreve?.- preguntó indignada.

-Lo sé.- dije triste sorbiéndome la nariz.- Aún no entiendo que gana mi madre con haberme humillado durante todo este tiempo, pues ella claro me decía que no soy bella, que por eso perdí a Mike además de que soy una amargada, desabrída y frígida, que no logré complacerlo para retenerlo a mi lado.- dije.- ... y ahora creo que quizá tenga razón, pues yo le dije a Mike que quería esperar a la noche de bodas para entregarme a él y él no quería, me insitía hasta que supongo encontró a Jessica.- dije sintiendo como mi corazón volvía a abrirse.

-Fui tan tonta..- sollocé.

-No, querida, no fuiste una tonta, eres bellisíma.- dijo Sue limpiando mis lágrimas.- Nadie debe decirte lo contrario, Bella eres inteligente, se te nota a leguas y muy bonita.- dijo mirándome maternalmente.

La abracé y sentí como las lágrimas seguían cayendo de mis ojos. Necesitaba no sentir que estaba sola y con Sue, sentía calma y tranquilidad. Sin embargo me separé de ella por el sonido de mi móvil. Sorbí mi nariz y me estiré para alcanzarlo.

Lo tomé y miré que la pequeña pantalla parpadeaba y el nombre "Alice" apareció en el medio. Sollocé.

-B-bueno.- dije de forma entre cortada.

-Bella?.- dijo histérica mi amiga.- Donde estás? Que ha pasado? Estás bien?.

-Alice, tranquila.- dije para calmarla.- Es una larga historia, y sí estoy bien, estoy en Londres.- dije.

Silencio fue lo único que escuché por al menos un minuto.

-LONDRES..!.- gritó.- ISABELLA, CÓMO QUE EN LONDRES?.- continuó gritando.

Tuve que alejar el teléfono de mi oído para no quedar sorda.

-Sí Alice, me matarás.- dije medio sonriendo.- Sin embargo es una larga historia y no me siento de humor para contarla por móvil.- dije depresiva.

-Oh, Bella, lo lamento tanto.- dijo mi amiga.-Es más no te preoCupes salgo para allá en este momento.- dijo Convencida.

-Estás loca?.- dije.- No Alice no te molestes seguro tienes muchas cosas que hacer.- dije tratando de persuadirla.

-Para nada, mi mejor amiga me necesita y debo ir a dónde sea que estes para apoyarte.- dijo convencida.- no me digas más Swan, voy de camino al aeropuerto te marcó cuando llegué para que me digas a dondé tengo que ir, está bien?.- dijo.

-Muchas, gracias Alice.- dije realmente agradecida.

Colgué el teléfono y suspiré. Esa era Alice, la loca mejor amiga que haya podido tener, y agradecía al cielo que así fuera.

-Veo que tendremos visitas.- dijo Sue. Asentí.

-Es mi mejor amiga desde la primaria.- dije disculpandome.- Supongo que se ha enterado que ya no viviré con Renée.- me encogí de hombros.

-Tranquila, querida.- dijo poniéndose de pie.- iré a avisar a Félix para que la deje entrar y a Mary para que prepare la habitación de enfrente, está bien?.- dijo amable.

Asentí.

-Gracias, Sue, y no olvides que tenemos una plática pendiente.- dije a lo cuál ella asintió sonriendo.

Una vez Sue abandono el dormitorio, suspiré y terminé de medio comer el Omelett. Sabía delicioso pero ya no tenía tanta hambre, hice a un lado la charola y me levanté estirando mis extremidades que desde hacia días no sentía. Me acerqué al ventanal corriendo un poco la rala cortina de seda transparente dándome una vista maravillosa.

Era un gran patio con césped de un vivo color verde, una explanada con una alberca olímpica con algunas tumbonas alrededor. Todo techado con doseles transparentes de cristal y herrería de un color azul. Cerca de la alberca había un pequeño circulo lleno de agua, quizá un jacuzzi. Había arboles al rededor y una pequeña parte de tierra en forma de circulo con arcos de hiedras adornando las entradas había un jardín colorido, flores de todo color había ahí, con pequeñas bancas de piedra alrededor de una fuente en el centro del jardín. Era precioso.

Sonreí.

Deje la cortina sujeta para no perder la vista y abrí el gran ventanal que daba al balcón de mi habitación. Me dí la vuelta y empecé a desempacar mis cosas. Sacando solamente algunas prendas para el día y mis converse negras.

Me cambie por un pequeño short y una camiseta, dónde debajo tenía un pequeño bañador que había comprado en Chicago para la Luna de Miel. Suspiré y salí a inspeccionar la casa.

Los pasillos eran largos y lujosos, tenía una gran biblioteca en la planta baja, la cocina era de alta categoría y habían cuatro habitaciones, dos salas de estar una en cada planta, una pequeña villa dondé dormían los sirvientes y la recamará de Sue y Félix. Un garage con un Mercedes Guardián y una motocicleta tapada con una sabana. Había pasado casi todo el día recorriendo la casa.

Me deje caer en una se las tumbonas del patio el cual estaba conectado a la casa por el techo de cristal.

-Descansando?.- dijo una voz chillona detras de mí.

Me giré y vi la menuda imagen de mi amiga con sus cabellos en puntas a todas direcciones y una pequeña bolsa de mano.

-Alice.- dije emocionada.

-Bellita.- contesto abrazandome.- Estoy aquí, cariño. Ahora sí cuentamelo todo.

Suspiré.

-Siéntate, esto va para largo.- dije acomodándome en la tumbona otra vez.

Sabía que a Alice no le agradaría nada mi historia, sin embargo necesitaba de mi amiga en estos momentos y le agradecía que estuviera conmigo.