Los tres magos pagaron por una noche en la posada y se fueron a la estación de tren para volver a Magnolia.

-¿Ya estás mejor?

-Si, gracias por cuidarme toda la noche.- Le dijo Reiki con una sonrisa a Nash.

-Me alegro, porque me debes una noche de mi vida.

Reiki rió y continuó andando.

Una vez en la estación compraron sus billetes (otra vez rebajados gracias al subconsciente regateador de Nash) y ocuparon sus asientos en el tren donde pasarían las próximas 5 horas.

El viaje esta vez pasó bastante rápido para los chicos, que ésta vez no se quedaron dormidos por lo interesante que era la conversación que estaban teniendo sobre cómo Gale heróicamente había rescatado a Reiki y derrotado a Sodom.

-Tuviste suerte de que me tropezara, de no haberlo hecho ya hubiera estado sentado y con Sodom en el suelo para cuando tu llegaras.- Dijo Reiki un poco enfadado consigo mismo.

-¿Pero quién fué el que tumbó a Sodom? ¿Acaso fué Reiki Fernandez? No, ¿verdad? pues otra vez será, pelirroja.- Esto último lo dijo acompañando por un guiño un tanto provocador, lo que hizo que a Reiki se le hinchara una vena en la frente y emergiera su aura imponente (y si, ésta era otra de las cualidades que el chico le debía a su madre), lo cuál resultó en un Gale temeroso por su vida que no volvió a presumir en todo el viaje de vuelta, lo cual, he de reconocer, es un logro bastante impresionante.

Era ya por la tarde cuando llegaron a su ciudad natal, y las calles estaban abarrotadas por gente que se dedicaba a ir y venir de los bazares que abrían todos los domingos.

Entre la gente, Nash alcanzó a distinguir a dos personas que, gracias a su padre, había acabado por conocer muy bien: Sting y Rogue, los dragones gemelos de Sabertooth.

Nash se acercó a ellos con una sonrisa y saludó alegre al hijo adoptivo de estos: Akatsuki Eucliffe. Akatsuki era un joven de su misma edad, de pelo castaño y ojos rojos como los de Rogue, lo cual no era más que una coincidencia, puesto que, obviamente Akatsuki no era el hijo biológico del dragon slayer. Hasta la fecha el chico no había dado signos de manipular magia alguna, pero eso no era una diferencia en lo más mínimo importante para sus amigos de Fairy Tail, con los que amenudo salía a tomar una que otra copa de vez en cuando.

Sting, al reconocer al Dragneel, no pudo dar otra respuesta que:
-¡Nash, cuando veas a tu padre dile que pelee conmigo!

A esa respuesta tan efusiva y descuidada, le faltaron segundos para recibir un buen puñetazo de su novio, Rogue, que miraba apenado al chico.

-Perdonale, está emocionado porque dentro de poco serán los juegos mágicos y le han dejado participar.

-¿A pesar de ser el maestro?

-Si, bueno... digamos que le ha dejado el puesto temporalmente a Minerva para poder estar en el equipo.

-Sting-san, eso es jugar sucio... si Gildarts hiciera eso no habría gremio que nos igualara.

-¿Quieres apostar?.- Preguntó Sting emocionado.

Otro golpe por parte de Rogue.

-Te agradecería que dejaras de atormentar al pobre chaval.

-Si papá, de todas maneras está claro que vamos a ganar este año.- Dijo Akatsuki para picar a su amigo.

-Seguid soñando.- Dijo Gale.

Tanto Reiki como Rogue eran conscientes de la espiral de apuestas en la que se habían metido sus compañeros, por lo que les dieron una respectiva colleja a cada uno (la tercera para Sting) y se despidieron.

Cuando se estaban llendo, Reiki se giró y vió a Rogue dándole un beso a Sting como compensación por el abuso de golpes que había recibido el rubio en menos de cinco minutos y no pudo evitar sonreír, contento de que al menos a ellos les hubieran salido las cosas bien. Obviamente, y como era de esperar, no pudo evitar imaginarse a sí mismo en la misma situación con Nash dentro de unos 15 años. Estaba ya muy acostumbrado a esconder sus sentimientos, por lo que ninguno de los cabeza de ladrillo que tenía por compañeros sospecharon lo más mínimo.

Cuando llegaron al gremio saludaron a sus compañeros, pero Gajeel y Levi llamaron la atención de todo el mundo en el lugar, alegando que tenían algo importante que anunciar:
-Lo que queríamos contaros... e-es... bueno... esto...-Titubeó Gajeel

-¿Que le ha dado al viejo?- Dijo Gale a Nova, la cual estaba alegremente hablando con él hasta que su padre le interrumpió.

-Bueno, pues eso...

-¡Suéltalo ya come hierro!- Gritó Natsu desde una esquina del gremio.

Levy empezaba a ponerse histérica ante la incapacidad de su marido para dar la noticia, por lo que fué ella la que tomó la iniciativa.

-¡Estoy embarazada!

Gale casi se atraganta con la noticia, aunque en el fondo estaba encantado de poder ser hermano mayor al fin, un pequeño sonrojo vino a sus mejillas cuando se imaginó a si mismo cuidando de una pequeña niña, enseñándola la magia slayer.

Por otra parte, las mujeres del gremio parecían haberse puesto de acuerdo para correr al lugar donde estaba Levy y ahogarla en un abrazo grupal.

Los hombres gritaban cosas como:

-¡Así se hace!

-¡Felicidades!

-¡Eres todo un hombre!- No hace falta que diga quién dijo eso.

Nova miró al sonrojado Gale y le pasó un brazo por encima de los hombros.

-Felicidades, onii-chan.

Nova era perfectamente consciente de la ilusión que le hacía al chico tener una hermana pequeña, así que no perdió oprtunidad de hacerle rabiar en cuanto se la presentó la primera oportunidad.

Empezaron a volar las jarras de cerbeza (o los barriles en el caso de Cana), las sillas, las mesas y eventualmente las peleas; no sería una celebración digna de Fairy Tail de lo contrario.

Cuando acabó la fiesta cada uno se fué a su casa con su familia.

Los Redfox esa noche decidieron ir a hacerle una visita a la tumba de Metallicana, el padre de Gajeel, y, por consiguiente futuro abuelo (o lo hubiera sido, de haber seguido con vida).

Una vez en el cementerio, Levy y Gale se quedaron atrás, dejando espacio Gajeel, que sabían perfectamente odiaba que vieran su lado sentimental.

Éste tardó unos 15 segundos aproximadamente en empezar a derramar lágrimas mientras le contaba a su difunto padre que iba a ser abuelo, cómo enseñaría también a su nuevo hijo la misma magia que una vez el dragón le había enseñado a él, y lo feliz que era de haber podido encontrar una familia como la suya.

Levy escuchaba emocionada el discurso de su marido, por lo que cuando éste acabó, ella se acercó junto a él a la tumba e hizo una reverencia, doblando su espalda lo más que pudo sin ponerse de rodillas, mientras le prometía que cuidaría muy bien de su nieto en su lugar.

Gajeel abrazó a su mujer y a su hijo y los tres se fueron a casa juntos.

La gran familia de Fairy Tail iba a crecer una vez más.