Disclaimer: los personajes de The 100 y The Legend of Korra no me pertenecen.

CAPÍTULO 17

[Bunker del faro, Isla de Becca, tras Praimfaya]

Clarke y Madi esperaban cogidas de las mano tras la primera compuerta de salida en el interior del búnker. A penas mantenían los ojos abiertos a causa del sueño, cuando de repente el paso se abrió lentamente y la Commander apareció junto otras a dos mujeres vestidas con un par de trajes negros antiradiación que se adaptaba completamente al cuerpo. La rubia no identificó en aquel momento el logo en sus hombros, medio engranaje granate en el interior de un pentágono. No entendía como Lexa había permitido la entrada a un par de desconocidas, pero se le veía más pálida de la habitual y eso no calmó su desasosiego.

- No deis un paso más! – Wanheda se colocó instintivamente delante de la pequeña y les apuntó con una pistola.

- Wow, Clarke! No me gustan nada esas armas!- se sobresaltó la Commander, adelantándose a sus dos acompañantes y enfrentándose a la rubia.

Ante la amenaza, y protegidas por Heda, las desconocidas se quitaron los cascos. Una larga melena negra se liberó bajo uno de ellos, y tras el otro apareció una joven de tez morena, ojos azules y melena castaña.

- Korra! – sin que Clarke pudiera evitarlo la pequeña saltó a los brazos de esta última. – No creí que fuerais a venir, pensaba que no queríais ser mis amigas...

- Madi,-respondió el Avatar- siento como te traté cuando nos conocimos. Pero quiero ser tu amiga y quiero ayudarte a restaurar el equilibrio en tu mundo.

Clarke bajó la pistola, no podía dar crédito a lo que estaba viendo y escuchando.

- Asami Sato- se presentó la compañera de Korra alargando la mano hacia Wanheda. – Encantada de conocerte Heda Clarke.

La rubia seguía en estado de shock, pero finalmente volvió en sí y respondió al saludo.

- Clarke, Clarke Griffin. – tragó saliva- Encantada de conoceros. Lo…lo lamento. Pero…no entiendo nada. Sois unos dibujos animados de hace cientos de años!

- Bueno,- respondió la ingeniera.- hemos llegado viajando a través de portales en el mundo de los espíritus que al parecer no sólo conectan con nuestro propio mundo, si no con otros ligeramente diferentes, como éste. En estos casos el tiempo y el espacio no funcionan como estamos acostumbradas.

- Las mujeres valoraron la explicación de la pelinegra y decidieron sentarse alrededor del sofá donde Lexa y Madi acostumbraban a leer las aventuras de sus nuevas invitadas. La pequeña se veía tan feliz que no cabía en sí misma.

- Entonces iremos a liberar a Raava?! – preguntó ilusionada.

- Yongon,- intervino Clarke- en este mundo no hay bien ni mal, buenos o malos, solo personas que intentan sobrevivir.

- La vida debería ser algo más que sobrevivir. – apuntó la Korra.

- Sí, os merecéis algo mejor. - concluyó Asami.

La Commander y la rubia se miraron estupefactas y el silencio invadió la sala por unos segundos. Les estaban tomando el pelo o acaso también habían escrito su historia en el mundo avatar?

- Puedo sentir como la luz de está creciendo dentro de oscuridad de Vaatu. – continuó el Avatar - Pronto Raava renacerá de nuevo en este mundo. Debemos evitar que cuando esto ocurra Vaatu acabe con ella, liberarla de su control y permitir que se pueda hacer lo suficientemente fuerte para mantener el equilibrio.

Sin embargo la conversación no se animó. Korra sonaba más como una sacerdotisita que como una heroína.

- Las creencias aquí son algo diferentes al mundo avatar…- dijo Clarke finalmente.

- No son creencias! – saltó la castaña de ojos azules- Es algo más...espiritual. Madi ha estado con nosotras en el mundo de los espíritus. Pensábamos qué…

- Eso no fue intencionado. – intervino la Commander.

- Pero ella…-se miraron Korra y Asami confusas, recordando su encuentro con la jovencita.

Madi se rascó la cabeza, algo avergonzada, lo cierto es que no volvió del mundo de los espíritus hasta que no consiguió que sus nuevas amigas le prometieran acudir a su mundo a ayudarles.

- Clarke,– vaciló Lexa, reflexiva.- Es cierto que en nuestro mundo domina la oscuridad y el caos. Si hay alguna manera de romper con este ciclo de destrucción deberíamos, al menos, intentarlo.