Capítulo 4. Buscando culpables.


–¡Tobi!

Vaya, lo había llamado con la mente. El terrorista estaba ahí. ¿Cómo es que pudo bajar tanto la guardia? Con tranquilidad, alcanzó a otearlo a través del hueco en su máscara.

–Tobi, dime qué estás haciendo.

Quizás Deidara tenía algo de miedo. Podía sentir su chakra mezclándose con esa sustancia extraña, la arcilla. Mejor volver a su papel de siempre.

–Ah, senpai, ¿no estaba durmiendo? Tobi pensó en dar un paseo mientras el dormilón del senpai se babeaba como bebé.

Le salió un poco agresiva la burla. Obito no podía evitarlo, hasta hacía un rato estaba cabreado con la vida, como le gustaba estarlo cada vez que se encontraba un tiempo para sí mismo. Aun así, Deidara pareció no notar, o no interesarle ese detalle. Sólo vino la explosión de siempre.

–¡Idiota! ¡Hm! ¿Qué se supone que haces abandonando la guardia? ¡Respóndeme!

Qué hartazgo le daba tener que fingir jugar al tonto. Afortunadamente Deidara era más tonto como para creérselo todo. Como todos. Rápidamente compuso una respuesta al paso. No esperaba que su compañero se despertara temprano, o posiblemente que él mismo se tardara tanto en sus paseos nocturnos estando acompañado.

–Tobi creyó sentir un chakra extraño y lo siguió hasta aquí. Dejó a Deidara-senpai solo porque es tan gruñón que nadie lo querría de rehén. ¿Acaso te tomaron de rehén, senpai?

Deidara tuvo que contener un resoplido. La desaparición con los pergaminos era demasiado misteriosa como para dejarse llevar por la actitud estúpida de Tobi. Pero era su chakra, no había dudas. Quizás era cierto que buscaba enemigos, por eso su chakra había estado un poco pesado antes de que se le apareciera. Más no era para confiarse.

–El código.

–¿Eh?– no podía sonar más despistado porque no se ensayaba, pensó Deidara.

–¡Que me digas el código secreto, hm!

–¡Ah, ah! ¡Cierto senpai! Eh, ¿cómo era?– se ponía la mano bajo el mentón simulando pensar. Si es que podía hacerlo. ¿Qué le había hecho creer que Tobi podía tener memoria para recordarlo?

–¡Ya!– su puño golpeó la palma de la mano contraria–. Tobi ha recordado.

"Y Deidara va a matarte si te sigues haciendo rogar", rumió el rubio en su mente. Si la estupidez fuera el único filtro, ya habría dado por sentado de que se trataba del auténtico Tobi.

–"El arte será una explosión cuando pueda alcanzar a Tobi". ¿Qué tal, senpai?

Deidara respiró hondo. Sí, esa era la estúpida frase clave. Fue realmente idiota cuando le permitió a Tobi inventar lo que seguía a "El arte es una explosión" poniéndole algo de su toque personal. Maldito troll. Tobi parecía contener unas risitas. Algo desconfiado, creó un ciempiés de arcilla y extendió la mano izquierda.

–Entonces, yo cargaré los pergaminos.

Tobi se acercó demasiado rápido para su gusto. Sacudiéndole los papeles, hizo el ademán de entregárselos, pero a último momento los levantó sobre su cabeza.

–¿Por qué Tobi no puede cargarlos?

–¡Porque te vas de paseo solo y todavía no te puedes cuidar el culo por tu cuenta! ¡Dámelos antes de que te haga explotar, hm!– de nuevo su paciencia se había agotado. Si fuese un civil no sólo podría dedicarle poco tiempo a su arte, también tendría que hacerse espacio en su agenda para ir a un psicólogo. Si al menos se contemplara esa posibilidad en Akatsuki, pero Kakuzu no querría ningún gasto extra. Maldito tacaño.

Tobi bajó rápidamente los pergaminos, cayéndole algunos en la cabeza de Deidara, y de allí al piso.

–¡Oh, perdón, senpai…!

Ahora sí. Ahora sí que pensó seriamente en hacer terapia de pareja de "criminales" con Tobi. O mejor, lo mataba después de terminar de recoger los documentos.

Obito compuso una mueca parecida a una sonrisa árida tras la máscara. Al menos molestar a ese niñato era lo divertido del papel de Tobi. Le preguntaría su fecha de cumpleaños, sólo para estar seguro de poder convertirlo en otro objeto impulsor de su odio.

–Deidara-senpai, ¿puede Tobi saber cuál es su edad?

El rubio pareció sorprenderse, pero volteó para iniciar la vuelta.

–Diecinueve, ¿por qué? ¿Qué edad tienes tú?

Una pena, pensó Obito. Si tuviera dieciséis, podría usarlo como coincidencia para hacerle daño por la muerte de Rin. Lo sospechaba, pero él no estaba para recordar esos datos insignificantes. Siempre podría odiarlo por el simple hecho de provenir de la Roca.

–¡Qué viejo, senpai! Adivine cuantos años tiene Tobi– se le puso en frente moviendo rítmicamente los dedos de las manos. Deidara lo esquivó cerrando los ojos.

–Qué me importa–. No respondería a su provocación de que estaba viejo. Porque a Deidara no le agradaba pensar en que pronto llegaría a la veintena.

–¡Oooh, senpai! ¡No es divertido si no adivina! ¿O será porque teme ser más viejo que Tobi?

Las manos de Deidara se pusieron a masticar inconscientemente como si tuvieran arcilla. Era un tic que le estaba apareciendo, y Obito había tomado nota de ello recientemente. Confundir a Deidara era lo más divertido que podía hacer en días. Odiarlo sería mucho mejor.

–Posiblemente no quiere adivinar porque allá en Iwagakure su maestro era otro viejito– siseó con maldad. Recordar al eterno Tsuchikage le dio más ira, ese tal Onoki había enviado esos ninjas a invadir Konoha cuando él… Suficiente, él no era nadie. No importaba el pasado.

–¿Deidara-senpai es un viejo amargado?– continuó.

–¡Suficiente! ¡No pregunto por tu edad, porque claramente eres un maldito inmaduro! ¡Y cállate durante el resto del camino!

Perfecto, justo lo que quería. Silencio para no tener que interpretar a Tobi. Si el estúpido de Sasori no hubiese muerto tan temprano, él no tendría que estar haciendo su trabajo y fingiendo semejante personaje. Malditos ninjas de Konoha. Maldito Sasori. Maldito Deidara. Malditos todos. Si Deidara jamás se hubiese ido a lo loco como le era tan característico, Sasori no habría tenido ese desafortunado enfrentamiento contra dos. También Sasori había muerto por ser vulnerable a su pasado. Otra razón más para no recordar nunca su antigua identidad.

Por otro lado, Deidara siguió viviendo como si nada, sin demostrar ni una pizca de respeto a su compañero caído. No como él lo habría hecho. Aunque, de nuevo, él no era nadie. Deidara era inteligente y un buen ninja en ese aspecto. La envidia le azotó de nuevo. Si Sasori había sido demasiado estúpido, Deidara había sido demasiado inteligente, y todo eso le cabreaba por partes iguales.

Obito no sabía que quería ser como Deidara. Por eso prefería humillarlo con ese asunto del "senpai". Porque volver a reír sin que fuera verdad era un agravio grande.

Porque él ya había perdido la risa.

Y Tobi se reía constantemente.

No se paró a pensar en que pudo haber compuesto al personaje de Tobi de otra manera. Ni por qué eligió darle esa forma final. Era mejor pensar que Deidara tenía la culpa.

Por dejar morir a Sasori, se parecía a Kakashi dejando morir a Rin. Tan frío.

Obito sabía que Kakashi no había quedado indiferente a la muerte de su compañera. Pero no aceptaría que nadie ostentara un dolor mayor que el suyo. Y tampoco, que anduvieran por la vida como si el dolor no fuese su componente principal. Como Deidara. Cuanto más lo analizaba, más defectos le encontraba. Pero no se haría cargo de eso, Deidara tenía la culpa.

Obito no quería ser culpable de nada. Apretó sus puños. Esta vez, el chakra estaba demasiado extraño como para ignorarlo. Por su lado, Deidara no podía dejar de sospechar sobre su compañero. Le mentirían si le dijesen que no estaba raro. Tobi daba pasos vacilantes en torno al cementerio. No se decidía a seguir el camino que claramente le estaba marcando, para volver a la guarida de Akatsuki. Y su actitud, había algo de violenta en ella. Hacía unas semanas que Deidara le daba vueltas al asunto. Detuvo su andar, volvió a ingresar a los lindes del cementerio y se paró enfrente de Tobi, mirándole fijamente, la luz del sol dándole directo en la cara, haciendo brillar el azul de sus ojos.

–¿Cómo era ella?

Obito se quedó de una pieza. Se heló de pies a cabeza, perdiendo el hilo de sus rencorosos pensamientos.

"¿Qué?"

Deidara insistió.

–Tiene que haber algo. Evidentemente, es una mujer. Cuéntame de ella.

No era que a Deidara le gustara hacer ese tipo de conjeturas algo absurdas, pero si había una igual de estúpida como infalible, era el amor de una mujer. Y que no lo jodieran, intuía que Tobi era algo mayor que él, y lo suficientemente idiota como para sufrir por amor. Se decantó por esa opción sobre todo al ver como su compañero se negaba a abandonar el cementerio, concretamente una lápida.

El silencio volvió a impacientarlo, y le dio un golpe suave al costado de la cara.

Obito seguía callado. Ojos azules mitad furiosos y mitad curiosos, pensamientos de odio, repasos de su vida, su oscuridad contra ese rayo de luz que de repente le amenazaba de la manera más inesperada, un cementerio gris y opaco siendo invadido por un amanecer amarillo y de más colores, en una irónica alegoría de su situación. Y el rayo volvió a caer.

–Este cementerio… Tú… ¿Perdiste a tu chica, verdad?– tanteó Deidara, mirando las lápidas a su alrededor. Concretamente, la que estaba a los pies de Tobi. Podía ser anormal, pero quizás si amó a alguna chica, y ella descansaba ahí–. ¿Y bien? Puedes contarme, eso es más interesante que tu edad, hm.

Obito quería huir. Tanto tiempo metido en su propio mundo le llevó a subestimar la inteligencia de Deidara. Era obvio, aún no llevaban un año siendo compañeros y él había caído en su anual depresión por el aniversario de la muerte de Rin. Deidara nunca había visto eso, y Tobi era demasiado nuevo como para fingir por completo que esa roca no estaba atada a su espalda.

Deidara se cruzó de brazos. Su gesto podría haber sido adorable para cualquiera que no fuera Tobi, u Obito en aquellos momentos.

–Deidara-san, ¿qué dices? Tobi no…

–Ja, lo sabía. Así que se trata de una mujer. Jamás me trataste con el "san"– Deidara avanzó un paso, Tobi retrocedió otro–. Por fin te callo la boca. Pero justo ahora, me apetece escuchar a tu cansadora voz contarme algo interesante por primera vez.

La mente de Obito hizo un cortocircuito. Sentía que esos ojos le estaban desnudando, y no había ningún kekkei genkai en ellos. Sólo una pizca de curiosidad detrás de un par de zafiros. Deidara se había quitado el aparato que usaba en su ojo izquierdo, y corría su fleco para mirarlo mejor. Con esa maldita sonrisa de suficiencia.

Deidara estaba realmente curioso.

Obito tenía realmente mucho miedo.

Se sintió más estúpido y expuesto cuando apartó a Deidara de un golpe amplio con el costado de su brazo, avanzando rápidamente para huir del chico. Deidara lanzó una maldición y Obito se volteó, sólo para ver que había sido lo suficientemente desastroso como para tirarle al suelo.

–¡Tobi, maldita sea! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡Soy tu senpai!– le escupió rabioso, rojo de ira.

Obito se deshizo en el aire a través de un remolino. Deidara se quedó con una maldición atorada en la garganta. Mientras Obito huía desesperado a su mangekyo, de repente recordó que Deidara había fijado su vista en una lápida cuando le preguntó si había perdido a su chica. Qué tonto fue, podría haber usado eso para hacerle creer que, efectivamente, esa era la lápida de alguien a quien había amado. Aunque hubiese sido molesto lidiar con ello, siempre podría escabullirse del tema. O quizás no podía. Pero lo peor era que había fracasado rotundamente en su papel de Tobi frente a un peón. Un error que no había cometido nunca. Y todo por sus paseos nocturnos y Rin. Se llevó las manos a la cabeza aullando desesperadamente.

Deidara veía desaparecer un remolino. Estaba atónito ante la reacción de Tobi. El enmascarado era odioso por no mostrársele tal cual era de verdad. ¿Qué demonios se supone que…?

–¡TOBI, TE ODIO!– le gritó al aire mientras no podía evitar que una húmeda nube empañara sus ojos y resbalara por sus mejillas.


Ok, no debí pasarme con Dei. Insisto, los personajes a veces se me escriben solos y van para cualquier lado. Él sólo no puede reprimir fácilmente la curiosidad que le genera Tobi. Deidara es Deidara, él no reprime nada, sólo explota cosas.

Alphabetta, sí, creo que Obito me está quedando muy tóxico. Pero Dei es indomable y no pienso permitir que le contagie el rencor a todo. Obito necesita mantita, pero como me la has enviado a mí, muchas gracias, escribiré así hasta que Deidara se digne a aparecer con mantita, chocolatito, canelita... Ok no, me parece que va a aparecer con una nueva y "genial" bomba. También si fuera yo estaría muy desconfiada de que me fueran a rajar el cuello como dices. Y aún así, Deidara se durmió dejando a Tobi de guardia, así que algo de confianza le tiene - o le tenía. Veremos si Tobi recupera la confianza de su senpai.

Akira, que bueno que te esté gustando! Y más aún que te puedas meter en la historia :D espero no decepcionar con esta entrega. La tarea de Obito con el perdón es enorme. Ni siquiera estoy segura de que pueda plasmar eso, hay que ver cómo sigue. Gracias por las buenas vibras! Manta, película y libro, las mejores tardes. Un saludo!

Una vez más, ¡cambio y fuera! Sigan la historia si también quieren abrazar a Obito por ser tan Bobito a veces.