Capítulo 4

Raf

Debía encontrar el momento de hablar con él, cuando ni mis amigas ni los demonios estuvieran presentes, y no tardé en encontrar ese momento.

-Sulfus-musité.

Cuando se giró, estaba tan serio como la última vez que habíamos hablado, aunque solo hubiéramos compartido cuatro palabras.

-Hola, Raf-saludó, su voz temblaba.

-¿Qué te pasa?-inquirí, preocupada.

-Nada, ¿por?-respondió frunciendo el ceño y desviando la vista.

-Algo ha pasado, ¿estás bien?

Cuando nuestros ojos volvieron a cruzarse, en los suyos había duda, incluso tristeza.

-He estado hablando con Bree-murmuró.

-¿Sobre qué?-inquirí, desconfiada, aún sentía unos extraños celos por esa chica.

-Sobre sus amigos, sobre ella y sobre… el Veto.

-¿Qué pasa con él?

-Me ha dicho que los causantes de las catástrofes que creíamos que eran causadas por los sacrilegios en realidad lo habían hecho las Altas y Bajas Esferas.

-¿Qué? ¿Por qué?-no podía creerle, era imposible, tal vez fuera una trampa de Bree pero… ¿por qué iría a mentirle?

-Por controlarnos, para que un ángel y un demonio no engendren a un Ángel Oscuro, como Bree.

-Eso es… imposible-respondí con decisión-No tiene sentido.

-Para mí sí que lo tiene-repuso Sulfus-Nos han hecho creer que los ángeles no mienten, que los demonios nunca cumplen las promesas, pero eso es falso.

-¿Cómo puedes creerte tan fácilmente lo que dice Bree?-inquirí, sorprendida.

-Porque es de fiar-contestó mirándome fijamente-Lo sé porque nos está ayudando a proteger a los ángeles y los demonios de la amenaza de Lucius y Charlotte, ella sabe cómo actuar contra ellos.

-¿De verdad confías en ella?-musité.

Sulfus parecía confuso con mi pregunta, pero tenía muy clara la respuesta:

-Claro que sí pero, ¿y tú?

-No lo sé-admití encogiéndome de hombros-No la conozco, no sé si puedo llegar a confiar ni hasta dónde llega su lealtad. Necesito saber más de ella.

-A mí me da buenas vibraciones-contestó.

-¿Eso no sería malo?-bromeé-Eres un demonio, no debería gustarte lo bueno.

-¿Entonces por qué me gustas tú?-respondió sonriendo.

Esbocé una tímida sonrisa, sintiendo que los colores subían a mi rostro.

-Debemos volver con los demás-musité.

Quería que me tocara, que me abrazara, que me besara, pero aún no podía confiar en sus palabras, porque venían de Bree, y no estaba segura de ella. Sulfus asintió y nos dirigimos cada uno a su ala de la escuela, sin añadir palabra alguna, sin dedicarnos ninguna mirada, ni siquiera volviéndonos en el último momento. Ambos teníamos mucho en lo que pensar, y en esos momentos, lo único que sabía, era que necesitaba el apoyo de mis amigas.