La cabeza le estaba a punto de explotar por el intenso y penetrante dolor, por la postura dedujo que su cuerpo estaba tumbado en una cama pero sentía que era incapaz de mover ni un músculo, de pronto notó una ligera presión en su frente, gotas de agua frías se derramaban por su rostro, calmando durante unos segundos el ardor y el malestar.
-La fiebre está aumentando, necesita más ungüento en la pierna.
-¿Sobrevivirá?.
-Eso depende de él.
Zoro no sabía si las voces eran de sus subconsciente o eran reales, intentó soportar con todas sus fuerzas el dolor que vino después de la efímera calma, intentó mantenerse "despierto", pero su cuerpo reaccionó antes que su mente volviendo a la inconsciencia. La oscuridad apareció de nuevo.
-Me prometiste que uno de los dos sería el mejor, ¿Lo has olvidado enano?. Esa voz, la conocía demasiado, ella era la razón de toda su vida.
-Kuina...¡Kuina!. Gritó desesperado, despertando al fin de ese sueño.
Su ojo derecho tardó en acostumbrarse al entorno que lo rodeaba, primero solo veía una luz muy fuerte y sombras malformadas a su alrededor, intentó incorporarse un poco apoyando su espalda en la pared de aquel sitio.
Su vista empezó a aclararse lentamente, los sonidos, hasta entonces, distorsionados, también empezaban a tomar forma. La luz cálida y natural del sol se colaba por una apertura en la pared contraria a la que Zoro se encontraba. La primera cosa que le llamó la atención fue la estructura del lugar, era una especie de habitación, no muy grande, rectangular y adornada con pieles y telas decoradas. Las muros eran troncos de árboles medianos unidos unos a otros, el eco de las risas de niños retumbaba en la habitación.
Zoro escucho pisadas y se puso tenso, justo tres pasos desde el final de la cama, se encontraba la segunda apertura de la habitación, una tela de aspecto ligero hacía la función de puerta. La tela fue retirada lentamente para dejar paso a la fuerte figura de un hombre, vestido con unos pantalones creados a partir de pieles que acababan metidos en las botas altas de cuero, muy parecidas a las suyas. Su torso estaba descubierto, lleno de tatuajes en los brazos y el pecho. Un par de cintas en los antebrazos y el pelo sujetando una coleta larga, a pesar de llevar el estilo mohicano. Por un momento le recordó a Momonga pero con la piel mucho más oscura, incluso más que la del propio Zoro.
-Por fin despertaste, ¿Cómo te encuentras?. Preguntó amablemente el hombre con voz grave.
Zoro no contestó, no se fiaba de la gente con solo verla como hacía su capitán, y en esos dos años no había cambiado esa costumbre. El hombre le miró extrañado al no recibir una respuesta.
-¿Entiendes mi idioma?. Preguntó de nuevo. Zoro le miró a los ojos con seriedad después de observar con detenimiento la habitación.
-Mis katanas...¿Donde están?. Se sentía desnudo sin sus inseparables espadas en su cintura o en algún lugar remotamente cerca de él.
El tipo sonrió y salió de la habitación, pasaron apenas treinta segundos hasta que regresara con Wado, Sandai y Shusui en las manos. Se las acercó apoyándolas en el borde de la cama.
-Tranquilo no las hemos tocado, y tu tendrás que hacer lo mismo durante un tiempo. Dijo señalando la parte izquierda de Zoro. Tan pendiente estaba de averiguar donde se encontraba que no se había dado cuenta de que su brazo izquierdo estaba vendado y en cabestrillo, la venda se sujetaba en su cuello, también noto la ausencia de su abrigo verde, en su lugar tenia una camisa blanca de tela remangada hasta los codos, conservaba aún sus pantalones verdes y sus botas descansaban en un extremo de la habitación.
-Mi nombre es Yankton, y seguro que tienes muchas preguntas, si estás con fuerzas te lo contaré todo. El hombre de nariz prominente y facciones duras mostraba una amabilidad totalmente en contraste con su aspecto. Zoro se incorporó del todo y asintió.
Yankton cogió una pequeña silla y se sentó, suspiró mientras se frotaba las manos, buscando un principió. –La verdad es que os seguimos desde que entrasteis en el bosque, y con más esmero después del encuentro que tuviste con la osa, te prometo que nunca había visto algo así en mi vida, pero dejando eso de lado, no éramos los únicos que os perseguían, vosotros lo comprobasteis más tarde...Dijo haciendo una pequeña pausa. –Mis hombres y yo observamos tu lucha desde lejos. Cuando caíste por la cascada les ordené bajar y buscarte, yo mismo te encontré hundiéndote, por suerte llegué a tiempo, te traje aquí, mi humilde casa y la chamán curó tus heridas.
Zoro le miró sorprendió, y se vio obligado a preguntar.
-¿Por qué me salvaste?.
Yankton, le dedico una media sonrisa de tristeza. –Después de todo lo que vi, como te enfrentaste a la Orden para proteger tus compañeros...si hubiera dejado que murieras allí, no sería digno de llamarme guerrero nunca más.
Zoro comprendió sus motivos, el honor de un luchador es algo más importante que su vida y no podía recriminarle su acción. "Tu mismo te giraste y le pediste a Mihawk que te cortara por la mitad" le recordó su subconsciente. El peliverde alzó la mano derecha en dirección a su salvador.
-Roronoa Zoro, gracias. Dijo con una media sonrisa mientras Yankton respondía al apretón de manos en señal de agradecimiento. -¿Qué me ha pasado en el cuerpo?.
-El brazo lo tenías roto y el hombro dislocado, y en cuanto a la pierna tardarás un par de días en volver a caminar, el veneno tiene que desaparecer tarde o temprano. Respondió el indio. Zoro se sorprendió por esa última parte. -¿Veneno?.
Yankton suspiró y miró al suelo con rabia. – La mujer que te atacó, se llama Yamarashi Margaret, posee el poder de una Akuma no mi de tipo Zoan, modelo Puerco Espín, por ello cuando consiguió clavarte una de sus púas en la pierna estas contienen una alta dosis de veneno. El mohicano paró de hablar unos segundos y Zoro vio como apretaba los puños con fuerza. –Esa mujer ha matado a mucha de mi gente, hombres, mujeres, niños y ancianos, he visto como sucumbían al terrible dolor y la fiebre y morían en agonía. Tú eres el primero que ha soportado ese sufrimiento, aunque con tiempo eso sí.
Zoro se preocupó por aquella frase, "¿Cuánto tiempo llevo aquí?". Como si Yankton leyera su rostro le dio la información que necesitaba. –Has estado 5 días inconsciente.
Por instinto el espadachín intentó levantarse a pesar de que su cuerpo no respondía. –Tengo que irme, mis nakamas me están esperando. Dijo, pero su salvador tenía otros planes, con un solo movimiento de empuje y demostrando lo débil que se encontraba Zoro, en los hombros lo volvió a tumbar recriminándole con la mirada.
-No puedes ni siquiera sostenerte en pie, mucho menos viajar a donde están tus compañeros, ahora si me dejas terminar la historia podré contarte todo lo que necesitas saber.
Zoro gruñó con molestia pero decidió escuchar.
-Después de traerte aquí mandé a dos de los míos para que avisaran a tu tripulación, no te sorprendas, después de todo lo que ha hecho tu capitán sois bastante conocidos por estos mares, pero alguien llegó antes que ellos al barco.
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La tripulación de los Sombrero de Paja, se encontraba en la cocina del Sunny, un silencio sepulcral reinaba en el ambiente, algo que nunca había sucedido en aquella nave. Nami fue la última en llegar, con los ojos rojos de haber llorado durante toda la noche anterior. El único sonido que podía oírse era a Sanji cocinando.
-¿Qué haremos Luffy?. Preguntó el cyborg serio mientras se tomaba una botella de cola.
El capitán levantó la vista, y le devolvió la mirada a Franky. No estaba tan furioso desde Marineford, y eso le hacía recordar cosas que por nada del mundo quería volver a vivir.
-Nos quedaremos aquí, el tiempo que sea y encontraremos a los encapuchados, y cuando lo haga...Todos sabían que en ese estado, Luffy podría romper su promesa de nunca matar a nadie.
-Lo que deberíamos hacer es buscar al primer oficial, Luffy-san. Dijo Brook asombrando a todos mientras daba un sorbo a su té.
-Pero el está...Empezó el mugiwara. –No siento su haki por ningún lado.
Brook dejó la taza en al mesa con fuerza, a pesar de carecer de rostro, su seriedad era palpable.
-Tampoco sientes el mío y aquí estoy, Zoro-san ha soportado peores contratiempos que una caída, puede que todavía sigua vivo y malherido en alguna parte de este basto bosque, o desgraciadamente pueda ser que ya no esté con nosotros, pero sería una falta de respeto de nuestra parte si nos rendimos sin buscar al menos su cuerpo. Si está con vida le rescataremos y nuestro doctor lo curará, si no...recibirá un entierro digno, no ser abandonado en la naturaleza.
Todos sintieron por primera vez en horas un estremecimiento de esperanza, ¿Y si el esqueleto tenía razón? ¿Y si Zoro aún vivía?.
-No me miréis así que me sonrojo...aunque ya no tengo mejillas Yohohohohoho. Esa pequeña broma, si bien estaba un poco infundida con tristeza consiguió sacar una sonrisa a todos los presentes.
Sanji dejó enseguida de sonreír cuando notó algo. –Luffy, alguien se acerca. Parece ser que el capitán también lo había notado y con rapidez salieron a cubierta para averiguar quien era.
Un montón de soldados uniformados con casacas rojas, botas negras altas y con un tricornio negro, se dirigían a toda prisa hacia el barco, portaban mosquetes con bayonetas y sables en sus cinturas, unos pocos subieron la rampa que comunicaba el Sunny con el puerto y entraron a cubierta, posicionándose en los extremos de la tabla y realizando el firme estilo militar, los demás soldados estaban igual.
Supuestamente no iban a atacarles, solo escoltaban a alguien muy importante, pensó Robin, con un paso mucho más calmado, y dando la razón a la arqueóloga, una persona con traje negro con adornos dorados se acercaba lentamente al barco. Cruzó la fila de guardias y llegó a cubierta.
La figura resultó ser un hombre joven cercano a los 30 años, con el pelo castaño de facciones suaves en su rostro impecable. No sobrepasaba a Sanji de alto pero su postura rígida daba a conocer su posición poderosa.
-Buenos días, antes de todo me gustaría darles la bienvenida a Newempire, mi nombre es Alexander Wingates, soy un humilde servidor de Lord Anderson.
La finura y el trato cortés que daba ese tipo correspondía a alguien criado entre riqueza. Los tripulantes le miraron un poco desconfiados. Sanji fue el primero en decir algo.
-Precisamente la bienvenida que hemos recibido no ha sido una de las mejores. Dijo el rubio cabreado por los últimos acontecimientos.
Wingates le miró sorprendido y bajó la vista ¿Apenado?. –Lo se, siento de veras su pérdida, he discutido con los guardias que les acompañaron y tuvieron que correr por sus vidas cuando aparecieron los salvajes.
Luffy reaccionó ante eso y se acercó al noble. -¿Quiénes son esos salvajes?.
-Más demonios que hombres, despiadados que aterrorizan al país entero, la razón por la que me hallo aquí se divide en dos partes. Explicó el castaño. –La primera tiene que ver con la inmensa cantidad de oro que ustedes encontraron, si les explicaron las normas, sabrán que Lord Anderson tiene derecho a una parte, pero al ser el mayor botín jamás encontrado en estas tierras, el todopoderoso soberano desea invitarles a la ciudad capital, a su morada en el Castillo de Bridge.
La reacción fue casi idéntica en los piratas, ¿Por qué un rey invitaba a una banda criminal con una recompensa bastante alta por sus cabezas a su casa?.
-Perdón señor Wingates, pero creemos que hay una pequeña posibilidad de que nuestro nakama pueda estar vivo, pagaremos con gusto su parte al rey, pero debemos rechazar su oferta. Dijo tranquilamente Robin.
Ante esa respuesta el noble sonrió con amabilidad. –Esa es la segunda parte de mi misión hermosa dama. Los modales de ese tío sobrepasaban con creces los de Sanji. –El gran Lord Anderson está dispuesto a ayudaros, los hombres del rey han explorado mucho estos bosques, si vuestro valiente compañero está en algún lugar, les prometo que lo encontrarán antes con su ayuda. Ustedes han encontrado un gran tesoro, esto aumentará la visitas de otros navíos en busca de lo mismo y así el país podrá prosperar, mi señor quiere daros las gracias ayudándoos con esta difícil tarea. ¿Aceptáis ahora la propuesta?. Wingates acabó su monologo, sin duda tenia el don de la palabra. Los mugiwara se miraron entre ellos. Hicieron un corro para discutirlo.
-No me fío de él. Dijo Sanji.
-Pero si dice la verdad, nos ayudaría a encontrar a Zoro mucho más rápido. Debatió Usopp.
Todos callaron ante eso, el silencio duro hasta que una persona que había mantenido la boca cerrada durante todo el tiempo se pronunció firme y segura.
-Iremos, me da igual dar una parte del tesoro o todo si es necesario, si es cierto que conocen los bosques podremos dar con él...Nami miró a Luffy al igual que el resto esperando su respuesta, el capitán asintió y se giró hacia Wingates.
-De acuerdo, iremos con tu rey. Alexander Wingates sonrió complacido e hizo una reverencia para después alejarse seguido de su guardia dejando a los Sombrero de Paja en su barco.
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-Están a salvo y siguen buscándote. Terminó de narrar Yankton.
Zoro intentaba asimilar todo, ahora sus compañeros estaban en otra ciudad, con un tipo desconocido buscando su cuerpo vivo o muerto.
-¿Cuándo podré moverme de nuevo?. Le preguntó al indio que se levantaba de la silla y la dejaba en su sitio anterior.
-La chamán dijo que en dos días podrás andar, pero para que tu brazo se recupere y todo cuerpo también necesitarás como poco un mes.
Zoro tenía claro que en cuanto pudiera andar se iría en busca de sus nakamas. Lo del brazo podría aguantarlo. Pero algo le angustiaba, ¿Estarían a salvo?, "¿Ella estará a salvo?", pensó, recordó a los malditos hijos de perra encapuchados que le habían derrotado y humillado. Vio como Yankton se dirigía a la salida pero le preguntó una última cosa antes.
-Antes me has dicho el nombre de una de los tipos que nos perseguían, ¿Quiénes son?, ¿Atacarán a Luffy y a los demás o...
-Te contaré todo lo que debes saber sobre ellos, pero mañana, hoy acabas de levantarte de un coma y encima has tenido que asimilar mucha información en muy poco tiempo, descansa un poco, si tienes hambre mi esposa preparará algo. Lo interrumpió el mohicano.
Zoro asintió con molestia al reconocer que tenia razón, Yankton desapareció tas la tela y el espadachín se propuso a descansar un poco más y recobrar fuerzas. Volvería con ellos, y seguramente Luffy le daría una paliza al jefe de los encapuchados. Sonrió ante ese pensamiento. Pero una duda volvió a su mente ¿Era lo suficientemente fuerte para protegerles, para protegerla?, maldijo las frutas del diablo con todo su corazón, con ira tuvo que darle la razón al cabronazo que le tiró por la cascada. "El que posea el poder de una Akuma no mi podrá tener una oportunidad para gobernar, al resto solo le espera una muerte segura."
Con ese pensamiento en su consciencia se quedó dormido.
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Hasta aquí el cuarto episodio, puede que sea aburrido después del anterior, pero prefiero no sofocar la lectura con luchas o con muchas palabras, estoy pensando en cambiar el rango del fic y pasarlo a M, porque lo que tengo pesado para la historia es bastante fuerte, contando que a lo mejor hago un lemmon en un futuro, siempre y cuando a vosotros os guste, decidme en los comentarios que tal va la historia y los capítulos, si tengo que darle más protagonismo a Nami, si son demasiados largos, o cortos, aburridos...etc. Bueno nada más que decir espero que os guste este cap y muchísimas gracias por leer, un abrazo!.
Aclaraciones: Como dije al empezar el fic, Newempire se basa en la América del siglo XVIII, los indios podéis imaginarlos como siempre o podéis coger el modelo de Skypea pero sin las alas XD. Ahora aclararé los nombres de mis personajes inventados, que no tienen demasiada importancia, quiero decir, sirven solo para dar a la historia personajes buenos y malos.
Yankton: El nombre viene de una de las 7 tribus sioux esparcidas por América.
Yamarashi Margaret: Yamarashi significa puerco espín en japonés, y Margaret lo cogí de Margaret Thatcher la dama de hierro.
Alexander Wingates: Es nombre viene de la fusión de dos personajes de Hellsing, el padre Alexander Anderson (también da el nombre al rey), y Wingates es el apellido de sir Integra.
Al ser ingleses me viene genial para los personajes. Bueno eso era todo. Muchas gracias de nuevo.
