Capítulo 4. "Una petición"

Era una mañana fría, sombría y nebulosa, al parecer pronto habría un cambio climático en la localidad de Tokio.

Situados en la Universidad de aquella ciudad, específicamente en el recinto número 4414 correspondiente a nuestra pelirroja protagonista, observamos una pequeña mesita de estar junto a su cama, en ella, 1 pasaje de metro con destino a la ciudad de Odaiba, junto a este, un bonito reloj despertador que indicaba las 05:59 horas de la mañana, a un minuto de emanar su bramadora melodía…

—Es hora ya— musitaba una cansada pelirroja mientras ponía final a la música de la pequeña alarma

Takenouchi estiró sus músculos, se levantó rápidamente de la cama y acomodó su alcoba, acto seguido entró a tomar una ducha; Sus prendas estaban listas desde un día de anticipación para ahorrar tiempo. Salió de la bañera, se dispuso a vestirse y tomó un bolso mediano con lo básico para viajar a su natal ciudad a la visita de su madre… Después cogió una manzana roja y abandonó el habitáculo…

La pelirroja caminaba insegura por los pasillos del campus, con una mirada más bien perdida, como que algo buscaba y no podía encontrarlo…

—Ahí estás— Suspiraba con resignación y un tono un tanto temeroso de lo que estaba a punto de suceder…

Sora entró al comedor de la Universidad, con la mirada fija hacia una muy conocida mesa en la que se encontraba un hombre con una cabellara bastante fácil de recordar

—Taichi Yagami, necesito hablar contigo— gesticulaba con timidez y la voz algo entrecortada, como si se le dificultara tragar saliva

—Vaya, pero que encantadora sorpresa— bufaba el castaño, —No me esperaba que precisamente tú te aparecieras aquí dispuesta a hablar conmigo

—Agradecería que me escucharas por cinco minutos, no pretendo quitarte mucho tiempo

—Oh no, tonterías, Takenouchi, pocas cosas entretenidas pasan en este pútrido lugar, no puedo darme el lujo de desperdiciarlas— rió —tómate tu tiempo

—Verás… no intento ser condescendiente con esto, pero sé bien que dentro de su «exclusivo» grupo, tú eres, más bien su líder...—interrumpió el castaño

—¿Tratas de adularme señorita Takenouchi? Parece que no eres tan fiera como decía el cobarde Joe Kido,

—No me malinterpretes Taichi Yagami, no estoy aquí tratando de hacer alianzas contigo para asegurar un supuesto bienestar, el motivo por el que estoy aquí, frente a ti, es porque quiero hacerte una petición… —decía la pelirroja a la vez que se tenía que tragar todo el orgullo que llevaba encima desde que entró a aquella endemoniada escuela…

—¡Una petición!, esto sí que no me lo esperaba mujer, sin embargo, me encuentro inquietado, ¿porqué vienes a mí, si casi tienes por segura una negativa?— río con sarcasmo — Debiste acudir al blandengue de Ken Ichijouji más bien…

—Eres despreciable— expresó con enfado —Si me atreví a venir ante ti es porque según su estúpido «juego» el día de hoy "pertenezco" a ti…

—Chica lista… muy bien Takenouchi, te felicito, pocas personas entienden cuando están debajo de la suela de alguien más…

—Basta de estupideces, estoy harta de sus juegos idiotas, si estoy aquí expuesta a este tipo de inmadureces dignas de unos simples críos, es porque mi madre está muy delicada de salud y necesito partir ahora mismo a Odaiba, donde permaneceré todo el tiempo que sea necesario hasta que su salud se estabilice— gritaba una colérica pelirroja, su paciencia se había agotado por completo…

Yagami se encontraba estupefacto, frío ante aquellas imponentes palabras, su mirada fija contemplando la de la pelirroja, no podía recordar la última vez que alguien se dirigía a el de manera tan altanera, sus latidos se aceleraban como cuando algo te emociona tanto así, confundiendo aquel sentir que taladraba su cabeza, algo que no sentía quizá desde crío, sin embargo…

—Te prohíbo que salgas un metro siquiera de esta ciudad— bisbiseaba con furia, con recelo, con un sentimiento que le era difícil de entender en aquél preciso instante, —Hoy es el día de Taichi Yagami, hoy eres mía, y por lo mismo me perteneces solo a mí, y solo yo decido lo que puedes hacer… y si llegas a desobedecer, atente a las consecuencias.

Dicho aquello, el castaño salió bruscamente del comedor, azotando contra las puertas y empujando cualquier objeto y/o persona que le estorbase en su camino.

Sora Takenouchi se quedó pasmada ante la actitud del castaño, sin embargo, muy a pesar de sus amenazas ella se encontraba más decidida que nunca a viajar a Odaiba, su madre esperaba por ella y contaba con los cuidados de Takenouchi, por dicha razón y sin más, una Valente Sora, salió del campus y abordó un taxi con destino a la estación de tren más cercana. Desafortunadamente a lo lejos, la observaba un enfurecido castaño desde lo alto de un balcón, mientras apretaba su puño contra la pared lastimando sus nudillos, y con su otra mano dentro de un bolsillo, sacando un teléfono móvil, el cual accionó y llevo a su oído…

—¡Miyako! Necesito que hagas algo ahora mismo

Del otro lado de la línea encontramos a una desconcertada Miyako Inoue, quien escuchaba atenta la petición de su superior…

—¿Qué es lo que sucede Tai? Me estás asustando con tremendo tono de voz, se te oye de muy mala pinta…— replicaba una tanto confundida remitente

—Necesito que investigues a Sora Takenouchi, y quiero toda su maldita información, todos los detalles, quiero saber desde el día que nació, hasta cuando dejo de mearse encima, todo lo quiero saber, absolutamente todo y lo quiero antes del medio día— exclamó con severidad el castaño

—¡Qué! ¿Cuál es tu interés por esa simplona Taichi?, no me digas que ahora tu también te has visto envuelto en los «encantos» de esa zorra

—Limítate a obedecer mis órdenes tal y como las he dicho, y más vale que esa información llegue a mi correo justo un minuto antes de las 12:00 horas…

—¡Mierda!, ¿Qué demonios les ha dado esa bruja? — replicó con un tono molesto e inconforme— Correcto Tai, esa información la tendrás en tu bandeja antes de lo que esperes…

Taichi finalizó la llamada, guardó su móvil en el bolsillo de su saco, a la vez que sacaba un tabaco de su bonita cigarrera, mismo que se llevó de inmediato a sus labios y encendió muy deprisa, con las manos temblorosas, como si se encontrara nervioso… no muy lejos de él, se acercaba una persona conocida quien acrecentaba sus pasos más y más cerca hacia el castaño

—¿Dónde carajo te has metido toda la mañana?

—No es buen momento para charlas, Yama— decía un aún muy frustrado castaño

—¿Ahora qué cojones te pasa, hermano? No te había visto así desde el secuestro de nuestros…— fue interrumpido por el castaño

—No te atrevas a terminar lo que estabas diciendo, es inconcebible siquiera comparar aquella situación con esto de hoy, una estupidez, solo eso…

—No indagaré mas en tus asuntos, solo vengo a recordarte de tenemos una junta en Shibuya en media hora

—Me temo que tendrás que pactar tu solo, o llévate a alguno de los novatos contigo— respondía con desganado tono

—¿Estas queriéndome joder, cierto?, no estoy para bromas Tai, sabes que ni Joe, ni Ken, y ni siquiera el cerebrito de Koushiro están aún a la altura de nuestras «negociaciones»— replicaba el rubio, a quien no le caía nada en gracia la actitud de Taichi— Reformulare mi argumento porque parece que no lo entendiste, nos vamos, ¡ahora!

Acto seguido, Yamato Ishida dio un tirón a Taichi, impulsándolo a las escaleras pues en la planta baja ya los esperaba el chofer del vehículo que los transportaría a Shibuya.

En otra parte del hermoso país de Japón, nos situamos ya en Odaiba, donde una nerviosa Takenouchi corría por los pasillos del hospital local. Hasta llegar a un cubículo de información, donde se encontraban don enfermeras

—Disculpe— decía una agitada voz, —¿La habitación de la señora Takenouchi?, es mi madre, —afirmaba

—Habitación 44, cuarto piso, los ascensores se encuentran localizados al finalizar el pasillo, a la derecha

La pelirroja inclinaba su cabeza en señal de agradecimiento, y se dirigió a los elevadores para llegar al cuarto piso, donde se encontraba internada su madre… abierto el ascensor en el cuarto piso, a solo unos pasos se encontraba la habitación marcada con el número 44, Sora haló la perilla de la puerta y se introdujo a la estancia, donde se veía una cansada mujer, llena de sondas por todo el cuerpo, que a pesar de sus dolencias, esbozó una gran sonrisa al ver a la pelirroja…

—Mi pequeña, estás aquí—decía con debilidad la madre de Sora

—Jamás la abandonaría madre

—Eso lo sé, mí querida hija, estoy tan feliz de estar de nuevo a tu lado

—Y yo de estar a su lado madre, los días separada de usted han sido terribles, más ahora que ha estado delicada de salud

—No debes preocuparte tanto por mí, Sora, debes concentrarte en tu carrera

—De ninguna manera, ahora mi única prioridad es usted, y me quedare a cuidarla hasta que usted haya mejorado

—Eres una gran persona, hija, con un gran corazón lleno de bondad, la gente de Tokio debe estar encantada contigo

—Más de lo que imagina, madre…

Mientras tanto, en Shibuya, un nervioso Taichi, revisaba, actualizando cada 5 segundo su bandeja de entrada en el correo de su iPhone

—¿Qué demonios Tai? — bufaba el rubio, —pareces un chaval enamorado, no has quitado la mirada de tu teléfono desde hace más de una hora

—Estoy esperando un correo importante, Yama

—Bah, lo importante es que las negociaciones han ido estupendas, a este ritmo podremos largarnos de Tokio como siempre hemos querido, sin preocuparnos de la mierda que dejaron nuestros padres, antes de nosotros

—Sabes Yama, ahora no estoy muy seguro de querer irme de Tokio

—Bromeas ¿cierto?, vamos Tai, que mierda pasa contigo, hace una semana solo queríamos largarnos de Japón para poder reunirnos con Hikari y Takeru y dejar toda esta inmundicia atrás, a menos hasta que alguno de los otros ineptos lo echen a perder

—Así es Yama, sin embargo aún me quedan asuntos personales en Tokio, al menos hasta que termine este último año de universidad

—Vaya, vaya, ¿asuntos personales, ah? ¿desde cuándo te volviste tan apacible?

—Si todo sale como lo espero, pronto lo sabrás, amigo mío

De pronto el sonido distintivo de las notificaciones de la marca de la manzana hacía su aparición en el dispositivo de Yagami. Inmediatamente el castaño sumergió su mirada en aquella información, donde se mantuvo atento por casi diez minutos, leyendo a detalle cada renglón de la indagación realizada por Inoue…

—Espera un segundo Yama, ahora vuelvo, —decía un sonriente Taichi, con una mirada triunfante, como si hubiese hecho alguna fechoría

Yagami se alejo del rubio, hasta un punto donde no pudiese escuchar la conversación que estaba a punto de tener por teléfono… Aún con la enorme sonrisa esbozada en su rostro, Taichi oprimió unos números, obtenidos por aquella detallada investigación; Tres veces sonó el timbre de llamada en espera, hasta que al fin escuchó la voz al otro lado de la línea…

—¿Aló?

—Creí haberte dicho que no podías poner si quiera un pie afuera de Tokio

—¿Cómo diablos tienes mi número?

—Olvídate de las trivialidades Takenouchi y escucha con atención… ahora mismo he mandado la orden de que los mejores oncólogos de Japón vayan al domicilio de tu madre

—¿De qué carajos estás hablando, Taichi?

—Que de ahora en adelante, los gastos por el cáncer de tu madre, corren por mi cuenta

—¿Cáncer? ¿Mi madre?, basta de tonterías Taichi, no sé quién te ha mal informado tanto

—Oh, vaya, que triste— fingía tristeza con cinismo —Parece que la pequeña Takenouchi no estaba al tanto del delicado estado de su madre

—¿Qué cosa?... habla…— decía la pelirroja con un notorio tono de llanto en su voz —¿Qué demonios es lo que sabes?

—Tu madre te ha estado mintiendo, mujer, ella sabe bien que su tuberculosis no existe, es más bien un avanzado cáncer pulmonar, que sin los cuidados adecuados acabará pronto con su vida…

Del otro lado de la línea se encontraba una pelirroja devastada, confundida y sin palabras, con cuidado abrió la puerta de la habitación de su madre y asomó su cabeza para encontrar a la mujer dormida e indefensa —"cómo es posible que mi madre me haya ocultado la verdad por tanto tiempo"— pensó con dolor mientras regresaba la bocina de su teléfono móvil a su oído…

—¿Porque haces esto?... —decía una muy resignada Takenouchi

—No me gusta que desobedezcan mis órdenes, tú te lo has buscado— gesticulo triunfante —además, vamos Takenouchi, ¿atención por los mejores médicos de Japón?, ¿no es tan malo o sí?

—No entiendo… ¿Qué es lo que pretendes con tu "ayuda"?

—Que malagradecida señorita, sin embargo tienes razón, nada es gratis en esta vida y esto naturalmente va a costarte…

—¿Qué es lo que quieres?

—Una semana tienes para dejar tranquila a tu madre en manos de los mejores especialistas del país, después de ese tiempo volverás a Tokio, donde no solo serás toda mía un día, sino un mes… Y ya sabes que no me ando con juegos…

Taichi finalizó la llamada, dejando a Sora congelada e impactada por la noticia, no conforme con el dolor que el castaño le había propagado con la noticia de la terrible enfermedad de su madre, además la había sentenciado a ser de la pertenencia de él… Y después de lo sucedido, Sora sabía que no era prudente jugar con Taichi ni ninguno de los miembros que aquel «clan»

Así, tal y como fue pactado, Sora aprovechó los siete días concedidos con su madre, dejándola al cuidado de aquellos doctores, que sin duda eran absolutamente profesionales.

Pasado el plazo, Sora se encontraba sentada en el tren con destino a Tokio, con la cabeza recargada en la ventanilla del vagón, con la mirada perdida y hundida en sus pensamientos; En menos de una hora una voz por los parlantes indicaba que estaban arribando a Tokio. Sora tomó su pequeña valija y salió del tren, no tardó en encontrar un taxi que la llevara directo al campus… Como eran ya las 20:30 horas, solo podía pensar en ir a descansar a su habitáculo, pues naturalmente llevaba una semana sin dormir más de tres horas diarias, estando al pendiente de su madre, cuya actividad, más allá de ser un sacrificio, lo hacía con gusto, pues ella era capaz de cualquier cosa por su progenitora…

Pronto estaba ya en el pasillo del campus, a punto de acceder al dormitorio 4414, pero una voz familiar la sorprendió por detrás…

—¡Sora!

La pelirroja se dio la media vuelta, para encontrarse con Mimi Tachikawa, su excéntrica compañera de piso, quien aparentemente ya se encontraba reincorporada en el plantel

—¡Mimi!, que gusto de verte ¿cómo es que ya has salido del aislamiento? — decía con cierta sorpresa la pelirroja

—Aunque parezca difícil de creer, ¡estoy limpia!— gritaba con alegría e ilusión la joven castaña —Tengo tantos motivos para permanecer sobria y tu eres uno de ellos, que jamás volveré a consumir esa mierda

—¿Yo?— cuestionaba con sorpresa —Me alegra tanto, pero vamos, pasa a mi dormitorio y cuéntame todo lo que ha pasado…

Ambas féminas ingresaron al habitáculo de Sora, donde se recostaron en la cama, cual grandes amigas y se dispusieron a charlar como dos adolescentes

—Te agradezco tanto Sora, que hayas alejado a Aya Natsume para siempre de mi vida, todo tu valor y tu entereza…

—No fue para tanto— se sonrojó la pelirroja

—No seas modesta, mi amiga, Jun Motomiya, me ha contado todo, como desde que tu entraste a la Universidad generaste caos en el grupo de los «herederos», y gracias a ti se hicieron tantas fricciones contra Aya Natsume que terminaron exiliándola

—¿Jun Motomiya?... ¿Motomiya como la marca de vinos? — preguntaba una curiosa pelirroja…

—Así es, Jun Motomiya es una amiga mía, más bien amiga de mi familia, nos conocemos desde niñas, pues asistíamos a las fiestas en la alta sociedad de Japón… Jun esta enterada de todo tu caso de primera mano…

—¿Mi caso… pero cómo?

—Jun Motomiya es la prometida de Yamato Ishida, el líder de los herederos— decía Mimi con seguridad, —aquél hermoso rubio con carácter frío y prepotente es el prometido de la hija de los fabricantes de vino…

—Vaya, me parece sorprendente que tipos así estén liados en matrimonios

—Así es en la alta sociedad, mi ingenua amiga… los herederos, son más que amigos, en realidad entre ellos existen muchos compromisos…

—Bueno, Mimi, en serio valoro tu conversación, sin embargo, no me encuentro interesada en la vida de esos sujetos…

—Pues según Jun Motomiya, muchos de ellos están más interesados en ti de lo que piensas…

En otro lugar de Japón, nos encontramos en una exquisita mansión, llena de lujo y opulencia, ni más ni menos que la residencia Yagami, quien estaba dando una muy exclusiva reunión a los futuros herederos de Japón

—El motivo de ésta extraordinaria reunión es para celebrar un convenio de las poderosas familias Yagami-Ishida a través del compromiso de los miembros menores de las familias— musitaba un hombre de unos 55 años de edad, de cabello castaño, con un tuxedo impecable y una copa de champagne en la mano, quien era ni más ni menos que el presidente de industrias Yagami, y padre de Taichi… —Hikari, pequeña mía, acércate a la mesa…

Hikari es la hermana menor de Taichi, una hermosa joven de piel trigueña y cabello perfectamente recortado a la mandíbula de su estilizado rostro, con esbelta figura y bien tonificada, sus ojos grandes como los de su hermano mayor, castaños como el ámbar y con un hermoso brillo. Vestía un despampanante vestido rosado, perfectamente ajustado a su bello cuerpo, poseía una mirada y una sonrisa divinas, llenas de inocencia y felicidad, pues así se encontraba al recibir la instrucción de su padre

—Aquí estoy padre, decía con singular delicadeza, la pequeña Yagami

Al otro lado de la mesa, el señor Ishida, magnate de Japón, y padre de Yamato alzaba su copa en señal de agradecimiento…

—Es un honor para mí, presentar a mi hijo menor Takeru Ishida y también heredero de todas las compañías Ishida, en formal compromiso con Hikari Yagami, con quienes esperamos tener una relación aún más solida con dicho acto

Yamato y Taichi alzaron sus copas en señal de brindis para sellar el compromiso de los menores herederos, a dicho acto, todos los demás invitados alzaron sus copas al aire para celebrar el afortunado acontecimiento.

Toda la alta alcurnia se encontraba en la mansión Yagami, los altos empresarios, Izumi, Ichijouji y Kido también presenciaban la estrepitosa celebración. En una mesa cercana encontramos a nuevas personalidades, se trata de la familia Motomiya, quien tiene poco menos cuatro meses de haberse unido al clan de los «herederos», puesto que al jefe Ishida, le convenía que su hijo mayor, Yamato, se comprometiera con la chica Motomiya, y así poder ser dueño de toda la industria de alcoholes de Oriente.

Jun y Davis Motomiya, son los nuevos «herederos» de Japón gracias al compromiso arreglado con los Ishida, del que por supuesto, Yamato Ishida no estaba de acuerdo.

—Ya muero por que llegue el día en que me vista de blanco y celebre mi unión nupcial contigo, mi amor

—Ahora no Jun, decía un fastidiado rubio

Jun Motomiya era esa clase de mujer que siempre va por lo que quiere, y no se cansa hasta obtenerlo, ha amado secretamente a Yamato desde el colegio y ahora que por fin lo tiene no piensa dejarlo ir… Posee un carácter frenético y extrovertido, con la misma edad que Yamato, tiene una estatura un tanto más alta que la de las mujeres promedio, cuerpo bastante esbelto y tonificado, pues Jun practica bastante los deportes, cabello corto siempre lo peina de maneras atrevidas cual una modelo de pasarela, gusta de llevar ropas atrevidas y colores de lápices labiales muy vibrantes, muy segura de sí misma, no le teme a nada, más que a perder a su «amado».

—Jun ¿puedes venir afuera un momento?

—¿Qué sucede hermano?

—Tengo que hablarte de algo delicado…

Jun salió de la recepción a uno de los jardínes junto con su hermano. Davis era un chico años menor que Jun, pero de la misma edad que los comprometidos. Davis era alto, con cuerpo moldeado por el soccer, moreno y con cabellos castaños y revueltos, casi como Taichi, pues era su ejemplo a seguir…

—¿Qué es lo que te pasa Davis?, decía una sorprendida Jun

—¿No te parece una locura? ¿Hikari con Takeuru?, ella nunca va a ser feliz a lado de ese pequeño cerdo narcisista

—¿Y qué piensas hacer? Sabes perfectamente que el compromiso ya está arreglado

—Sabes bien que los Motomiya jamás nos rendimos, y mucho menos voy a ser derrotado por los asquerosos Ishida

—¡Basta Davis! Te recuerdo que pronto seré una Ishida te guste o no…

—Vamos Jun, ese Yamato ni siquiera te quiere, es el mayor cerdo narcisista que ha pisado esta tierra, y su sucio hermano sigue sus pasos

—¿De qué hablas Davis?, mi Yamato me ama, solo es sentimentalmente distante

—Sigue soñando Jun, pero algo si puedo decir con seguridad— musitaba el castaño —Te prometo que Hikari será mía, y Yamato estará a tus pies pronto…

A unos metros, en una de las mesas principales se encontraban Yamato y Takero, los descendientes Ishida, conversando, pues ya habían sido dos años los que Takeru se encontraba en Corea, separado de su hermano mayor…

—No sabes cuánto me alegra verte hermano— decía el mayor de los rubios, con un aire diferente, a lo de siempre, más bien feliz — Sin embargo, no te encuentro muy feliz hoy…

—Ya lo sabes hermano, no estoy de acuerdo con el compromiso con Hikari Yagami… ¡No la amo!

—Mi pequeño Takeru ¿quién está hablando de amor? —decía con frialdad el rubio —¿Crees que yo "amo" a Jun Motomiya, bah, no podría estar más lejos de eso…

—Entonces Yama… ¿Por qué no parece interesarte?

—Precisamente por eso, hermanito, porque no me interesa… Jun Motomiya en 6 meses será mi esposa ¿y a quien carajos le importa?, sabemos perfectamente que solo nos interesan los viñedos de su padre, ella solamente es un numero más en la ecuación…

—Pero hermano… yo soñé con casarme con la chica correcta

—Mi pequeño Takeru —dijo con ternura— me alegra tanto que nuestras podridas vidas no hayan afectado tu espíritu… quisiera decir lo mismo de mi

A la mañana siguiente, Sora Takenouchi se encontraba estilizando su cabello, con el tiempo justo para llegar a su nueva clase de marketing, la cual no había podido asistir por todo el ajetreo que la inundó desde su llegada a Tokio.

La pelirroja finalizo su jornada académica con normalidad, cosa que la extrañaba un poco, sin embargo la tranquilizaba, se disponía a regresar a su departamento, para intentar recuperar alguna de las horas de sueño que había peridido a causa de su atareada semana anterior… Entro al cuarto, se recostó en la cama, cuando de pronto su dispositivo sonó insistente.

—¿Aló?

—Mi pelirroja favorita… ¿disfrutaste tu día?

—Taichi, musitó con hastío

—Espero que no hayas olvidado nuestro pequeño trato, en este momento me encuentro muy interesado en verte…

—¿Verme?... que quisieras tu con verme…

—Mal, mal, mal, recuerda que tenemos un trato, no querrás desobedecerme de nuevo, ¿o sí Takenouchi?, decía amenazante

—¿Qué debo hacer?...

—Ahora mismo mediante sms recibirás mi ubicación y quiero que vengas lo más pronto posible, Ciao, colgó sin más.

Sora tomó una chaqueta ligera, su bolso, y salió rápidamente del cuarto, haciendo así por la velocidad que se estrellase con Mimi Tachikawa

—Sora… ¿Qué sucede? Porque corres tan deprisa

—Debo estar reunida con alguien en este preciso momento

—Sora ¡por todos los cielos! ¿En qué estas metida? Tu no conoces a nadie en Tokio aún… no me digas que…

—Así es Mimi, se trata de uno de esos sujetos…

—¿De quién hablas es específico?

—De Taichi Yagami

—No Sora, ¡No! No tienes idea en lo que te estás metiendo, Taichi es un tipo peligroso…

—Créeme Mimi, lo sé, sin embargo, en este momento me conviene más ser su "amiga" que su enemiga

—Taichi Yagami jamás te verá como a una amiga o aliada, te va a utilizar y desechar cuando ya no le sirvas más…

—¿Porqué conoces tanto a ese sujeto?

—Por nada en especial, — decía titubeante y con un muy notorio nerviosismo— Solo aléjate de él lo más que puedas, y espero no tener que volver a decírtelo…

—Te agradezco tu interés, amiga, pero ahora no tengo elección, nos vemos pronto…

Corría Sora, gritando por un taxi, mientras se alejaba de la castaña. Mimi, enfurecida, irrumpió en su habitación, azotando todo lo que había a su alrededor, haciendo berrinche como si tuviese cinco años, dejándose caer violentamente sobre su recámara tomó su móvil marca Samsung, busco un numero en su lista de contactos y accionó la tecla verde…

—¿Diga?

—Jun, amiga mía

—Ah… Mimi, eres tú, ¿ahora que necesitas?, decía con hastío

—Necesito que quites a alguien de en medio…

En otra parte de Tokio, se encontraba la pelirroja en el elevador de un lujoso hotel, buscando el número de habitación que le indicaba su teléfono celular; Al llegar ahí, azotó con delicadeza la puerta, e inmediatamente el castaño la invitó a pasar…

—Ya estoy aquí, ¿Qué coño quieres?

—Mi pelirroja favorita… no tienes idea de lo que sufrí estos 7 días sin verte

—No estoy para bromas, por favor dime qué puedo hacer por ti…

Yagami interrumpió a la pelirroja, sellando sus labios con un apasionado beso, enseguida Sora, se separo y lo abofeteo, pero Taichi la sujeto con fuerza y volvió a besarla con la misma intensidad…

Takenouchi estaba confundida mientras era besada por el castaño, no había duda de que Tai era un gran besador y lo estaba disfrutando, sin embargo no podía olvidar todo el horror que él le había hecho pasar desde el principio… Pasados unos segundos Sora se separo con delicadeza…

—¿Porqué haces esto?

—Por que te deseo Sora Takenouchi, te deseo más que a ninguna mujer

Sora se quedó en blanco y de la nada sacó la energía para responder a su "verdugo"

—Puedes tener a cualquier chica que se te apetezca, ¿Por qué yo?

—Porque tú eres diferente a todas las mujeres que he tenido en mi cama, y ahora tengo ganas de probarte a ti…

Yagami se acercó seductoramente a Sora, la tomó de la cintura con la intención de llevarla a la cama… pero fue interrumpido por un estrepitoso golpeteo a la puerta… Molesto por la interrupción, se acerco al recibidor, abrió la puerta, dejando entrar a Yamato Ishida…

—¿Qué carajo haces aquí, Yama?, decía el castaño

—Llamé cien veces a tu móvil ¿Por qué carajo no respondes? ¿y qué hace esa mujer aquí?

—Yo me voy, decía una desconcertada pelirroja

—Alto ahí, Takenouchi— exclamaba el castaño —aún tenemos asuntos pendientes tu y yo

—Ah ya comprendo, te estás acostando con ésta "mujer", río con sarcasmo el rubio con ojos cual océano

La pelirroja, enfurecida se dirigió hacia Yamato, plantándole una fuerte y directa bofetada en su mejilla, dejando el rostro del rubio, con un ligero coloreo rojizo…

—¿Cómo te atreves, fulana? — clamaba el rubio, mientras se llevaba una mano a la mejilla para cubrir la marca del golpe…

—Por mi madre he tenido que aguantar las humillaciones de este patán, —decía mientras apuntaba su dedo índice hacia el castaño —pero ya no pienso admitir ni un solo menoscabo más, de ninguno de ustedes, en especial de ti, rubio petulante

Takenouchi estaba encolerizada, sin pensar, salió rápidamente de aquel albergue, bajo las escaleras a toda velocidad, y estando con un pie afuera, corrió precipitadamente sin mirar atrás.

—Me has arruinado una espectacular follada, Yama

—¿Petulante ah?, ¿Quién coño se ha creído esa fulana?

—Ja, reía abiertamente el castaño —Es brava, sí, pero no me puedes negar que es una mujer hermosa

—No lo niego, posee una belleza bastante exótica, sin embargo eso no la exime de tomar represalias en su contra por haberme abofeteado

—No viejo, sabes que te respeto pero esta chica es mía, solo Taichi Yagami, heredero de Japón, puede ponerle las manos encima a esa mujer, ahora me pertenece —río con cinismo, — y verás que pronto la traeré muerta…

—¿Me estás retando, viejo amigo?, enfatizó el rubio… —Sabes bien que adoro las cosas que se me tienen «prohibidas»

—Ni lo sueñes, Ishida, esa mujer me pertenece…

—Adoro los juegos, Taichi, y hace un tiempo que no nos divertimos con este tipo de cosas… ¿aceptas el reto?

—El primero en llevarla a la cama y…, río con picardía —grabar el acto consumado en el celular… ¡gana!

—Tenemos una apuesta, amigo mío.

Del otro lado de la ciudad de Tokio, yacía una pelirroja, recostada en su cama, enfurecida, con el ceño fruncido, haciendo una especie de muecas al aire por todo lo sucedido… Tomó entre sus manos su teléfono celular un Samsung de gama baja, abrió el carrete fotográfico para ver un par de sus viejas fotografías en su natal Odaiba… Sora nunca tuvo amigos de su edad, pues desde niña tuvo que cuidar de su enferma madre, y más bien simpatizaba con las amistades de su progenitora. Su dispositivo móvil estaba lleno de fotografías con su madre… y recordaba con nostalgia lo distinta que era su vida hace apenas menos de 1 mes…

De pronto, vio en la parte superior de su pantalla, que tenía 2 notificaciones de SMS recibidos; algo que le pareció extraño a la pelirroja, pues no enviaba textos con nadie; pulsó sobre el icono, desglosándole de inmediato su bandeja de mensajes ante sus ojos, donde para su supresa tenía dos mensajes, de dos sujetos diferentes…

—"Hey pelirroja favorita, lamento lo de hace rato, te recojo mañana a las 9:00 am para recompensarte, OK ;)"

—¿Pero que diablos?, pensó Sora, mientras leía aquel mensaje del castaño Taichi Yagami, pulsó la pantalla y se asomó el siguiente mensaje…

—"Lamento si te ofendí, supongo que merecía tu bofetada ¿me aceptas un trago mañana a las 19:00 hrs? Yamato Ishida"

—Algo se traen estos dos, pensó Sora, —pero supongo que tengo que averiguarlo y pronto

"Te veo a las 9:00 afuera del campus, ala este" —Send a Taichi

"New York Bar a las 19:00" —Send Yamato

Eran ya pasadas de las 01:00 horas de la madrugada, Sora tendría que faltar a algunas asignaturas del día de mañana para acudir a la cita de Taichi, sin embargo no le dio mucha importancia, pues le resultaba mucho más interesante resolver todo este misterio con los líderes de los herederos de Japón, ¿qué era lo que pretendían? ¿De dónde había surgido su repentino interés, sobretodo del rubio? Sora solo esperaba que no se tratarse de nada sobre su madre, de igual manera se dispuso a dormir, para en la mañana descubrir todo el embrollo que la estaba envolviendo…