Tras la derrota de Goku Black...
-Vamos, Bulma. Ya ha pasado. Estoy aquí.
Bulma se secó las lagrimas con una mano y lo enfocó. Por fin habían vuelto del futuro alternativo y Vegeta volvía a estar con ella, pero podía ser tan poco espontáneo en algunos casos...
-Mira que eres tonto -sorbió, regañándolo con media sonrisa aliviada-. No sabes qué miedo he pasado de que no volvieras...
Su marido le devolvió el gesto y la invitó a levantarse con cariño.
-Vamos, hombre. Ni que no confiaras en mis poderes de saiyajin...
Bulma sacudió la cabeza mientras se palmeaba los pantalones para limpiarlos de tierra y permanecía cerca de su marido; al menos, todo lo que su fobia al "amor público" permitía. Quería decirle algo más, pero en ese momento justo llegaron los Kaio-Shin y los dioses y su atención se desvió hacia ellos, elucubrando todos sobre lo que pasaría ahora con Mai y Trunks del futuro.
Sin embargo, cuando todos entraron en Capsule Corp para descansar y relajarse después de la batalla, Bulma se acercó a Vegeta con semblante algo serio y le dijo:
-Vegeta, ¿puedes venir un momento? Tengo que hablar contigo de algo importante.
El rostro de Bulma no dejaba traslucir emoción alguna y el saiyajin, por un momento, se temió lo peor; sin atreverse a comprobar las reacciones del resto de presentes mientras seguía a Bulma hacia su dormitorio, sumiso.
Por supuesto. Volvería a regañarlo por preocuparla, por irse, incluso por no haber querido abrazarla en público... "Siempre igual". Pero, ¿Qué quería? Era algo con lo que no podía. Se sentía tan incómodo con las muestras de cariño delante de los demás... Y tampoco podía renegar de su sangre guerrera, eso jamás.
Así que, cuando por fin estuvieron a solas en el dormitorio y al ver que Bulma echaba el cerrojo, Vegeta no pudo contenerse más.
-Está bien, cariño -soltó, buscando usar sin conseguirlo un tono conciliador-. ¿Qué he hecho esta vez?
"Aparte de volver a salvar a nuestro hijo del futuro y a nuestro universo de ese payaso de Zamasu", rezongó para sus adentros.
Bulma, sin inmutarse, se acercó a él y le sostuvo la mirada. Despacio, alzó la mano derecha y Vegeta se vio venir un tortazo en toda regla sin saber exactamente el motivo.
Pero el golpe no llegó.
Al contrario, antes de que él pudiese decir más de un "Bulma, en serio que...", ella pasó los dedos con brusquedad sobre su nuca, lo atrajo hacia sí e introdujo la lengua sin miramientos en su boca. Vegeta al principio se quedó rígido por la sorpresa; pero cuando el beso se alargó hasta casi cortarle la respiración, claudicó y se lo devolvió con la misma intensidad, abrazándola con fuerza.
Sus lenguas juguetearon despacio, recorriendo con dulzura el interior de la boca del otro mientras sus respectivas manos comenzaban a explorar el cuerpo del contrario, aún por encima de la ropa.
Cuando se separaron por fin, Bulma jadeó y abrió los ojos: dos brillantes zafiros azules cargados de deseo que hicieron despertar todos los instintos básicos de su marido cuando se clavaron en los suyos, azabache y oscuros como la noche.
-Bulma -repitió Vegeta, pasando un pulgar por los labios de ella mientras la otra mano se deslizaba despacio por debajo de la camiseta, ascendiendo hasta rozar el hueco entre sus pechos como por casualidad.
La mujer gimió, sonrió y tiró de él hacia el baño.
-Lo primero es lo primero... Y aún tenemos tiempo antes de la cena -ronroneó, melosa, mientras ambos se adentraban en el reducido espacio y volvían a besarse, cerrando tras de sí con energía-. Después de todo lo que ha pasado -susurró Bulma entre sus labios mientras él la ceñía por las nalgas, apretándola contra su cuerpo de mármol-. Quiero hacerte el amor enseguida... -suspiró, ardiente, entre beso y beso-. Quiero que seas mío, mío, solo mío...
Vegeta le mordió el labio y se rio por lo bajo.
-Eres mi mejor aliciente para volver vivo -susurró, ardiente-. Me vuelves loco...
Bulma aferró su nuca con más fuerza, notando cómo su ropa interior se humedecía todavía más ante sus palabras. Tras volver a besarse, Vegeta acercó las manos para retirarle la bata a Bulma mientras ella echaba la mano a su abultada entrepierna, acariciando despacio el pene de él por encima de la tela elástica del traje. El Saiyan gruñó y echó la cabeza hacia atrás, excitado, mientras sus manos ya libres se dirigían hacia los pechos de Bulma. Con precisión y sin avisar, pellizcó sus pezones por encima del sostén y volvió a enredar su lengua con la de ella, ahogando su gemido de placer.
Cuando ella quiso pegarse de nuevo a él, Vegeta se apartó y se quitó la armadura rota con un rápido movimiento. Bulma se apoyó en la pared y lo contempló, mientras abría las piernas, se introducía una mano en los pantalones y se retorcía la camiseta hacia arriba con la otra sin dejar de mirar a su marido. Este se acercó con media sonrisa y sin despegar la vista de ella al comprobar su interés, mientras se acariciaba despacio la entrepierna.
-Supongo que quieres saber lo que hay aquí debajo... -comentó como de pasada.
Bulma asintió, mordiéndose el labio con deseo, mientras le indicaba que se acercara más a ella. Él obedeció y dejo que su mujer le quitara lentamente el ajustado uniforme. Primero la camiseta descubriendo los abdominales perfectos, los pectorales, los pezones erectos, los brazos torneados... Cada zona de piel que aparecía, bañada en sudor, Bulma la lamía y mordisqueaba con precisión, haciendo que Vegeta pusiera los ojos en blanco de deleite. Solo un poco más...
Despacio, Bulma bajó las manos para empezar a apartar la tela ceñida que retenía el miembro de su marido y lo contempló con admiración. Dieciséis centímetros de gloria que no dudó en meterse muy lentamente en la boca, provocando un jadeo y una maldición encantada en su propietario. La mano de él se situó sobre el pelo corto azul, mientras Bulma rodeaba el glande con su lengua y lo saboreaba muy, muy despacio.
-Como sigas así no respondo de mí -admitió él, notando cómo todo su cuerpo palpitaba de anticipación.
Bulma se sonrió.
-No te preocupes, mi amor -murmuró, la boca aún próxima al glande, antes de volver a lamerlo de arriba abajo y agregar, frente a su gemido de impotencia-. Te conozco lo suficiente como para saber cuándo parar...
-Oh Dios... -gruñó él, mareado de gusto y tirándole un poco del pelo a su mujer al crispar los dedos que apoyaba sobre su corta melena-. Pues de momento no pares, Bulma -ordenó, ronco-. Ni se te ocurra.
Ella rio por lo bajo y obedeció sin prisa; tras volver a meterse aquella dulzura en la boca, aferró las nalgas de acero desnudas de él con ambas manos y movió la cabeza despacio hacia delante y hacia atrás. Una y otra vez, dejando que el pene de Vegeta rozara sin violencia cada rincón del interior de su boca y provocándole escalofríos de intenso placer.
En un momento dado, él empujó las caderas hacia su garganta y atrajo la cabeza de ella hacia su cuerpo al mismo tiempo, clamando su nombre en voz baja. Tras la sorpresa e ignorando la sensación de ligero ahogo, Bulma puso los ojos en blanco mientras el glande le rozaba la campanilla, extasiada. Dios, cómo lo deseaba. Podía meterle aquella maravilla por donde quisiera que ella no se iba a resistir. De hecho, apenas tenía fuerzas para retirarse y advertir a Vegeta de que no se corriera aún. Pero este pareció adivinar sus pensamientos mientras le sacaba el pene de la boca y la miraba con malicia.
-No creas que no sé lo que quieres -susurró, pasándose la mano por toda la longitud del miembro y disfrutando con la expresión de anhelo de ella-. Pero vas a tener que convencerme para que te lo dé...
Bulma ladeó la cabeza y se pasó la lengua por los labios, incorporándose con lentitud calculada. Tanto que se aseguró de que sus pechos rozaran la suave piel erecta en el ascenso. Los dos sabían jugar a aquello desde hacía más de una década y ninguno solía dejarse ganar con facilidad.
Vegeta observó de reojo y con cierta curiosidad cómo Bulma se alejaba un metro y comenzaba a desnudarse sensualmente de espaldas a él. "Oh, Dios...", pensó el saiyajin mordiéndose el labio y masturbándose suavemente al mismo tiempo, mientras veía sus curvas ondulando provocativas en el estrecho espacio del baño. "Pasan los años y sigue estando buenísima..."
La mujer, consciente al cien por cien del efecto que provocaba en él, se quitó despacio la camiseta y los pantalones, dejando a la vista una preciosa lencería de color granate. Vegeta se acarició con más intensidad; su pene pedía a gritos adentrarse, cuanto antes, en cualquier orificio de Bulma que se pusiera a tiro después de aquello.
-¿Te gusta, verdad? -preguntó Bulma, dando una vuelta sobre sí misma. "Oh Dios, qué culo", pensó Vegeta, asintiendo como un idiota, cuando ella se inclinó apenas unos centímetros y le mostró más de cerca las dos nalgas, separadas por apenas una fina tira de tela. Por la mente del saiyajin cruzó entonces una imagen de lo que le haría a Bulma en ese instante contra la mismísima pared del baño si se le ocurría acercarse. Pero, ¿quién era el que mandaba en aquella casa?
-Ven aquí ahora mismo -ordenó el saiyajin, haciendo un gesto elocuente con la mano libre hacia él. Bulma se incorporó, mostrando una expresión ensayada de falsa inocencia-. Ven... Aquí. Ya.
Su mujer sonrió a medias, misteriosa; pero, para sorpresa -o no tanto- de Vegeta, ella no le hizo el menor caso y se encaminó hacia la ducha mientras terminaba de quitarse la ropa interior. Sin volverse, encendió el agua y se metió debajo, escuchando al tiempo como algo blando caía al suelo a sus espaldas. Vegeta debía de haberse desnudado del todo.
-¡Eh!
De un instante a otro, bajo el agua, Bulma se vio pillada por sorpresa y empujada contra la pared de la ducha. Claramente, al príncipe de los saiyajines no le había gustado demasiado que ella ignorase su última orden. Pero Bulma jamás admitiría que era un movimiento calculado.
-Vaya, vaya, vaya... -pronunció él despacio, apoyando todo su cuerpo contra la espalda mojada de la mujer y sujetando sus manos contra los azulejos-. Veo que esta vez voy a tener que usar otros métodos de persuasión para conseguir follarte, ¿no es así?
Bulma echó la cabeza hacia atrás y arqueó la espalda, dejando vulnerable su zona genital.
-Sabes que no se me da bien acatar órdenes -gimió, de cara a la pared-. Quizá tengas que hacer algo al respecto, mi príncipe -la mujer giró apenas la cabeza para enfocarlo con un ojo azul brillante cargado de picardía-. Yo... ¡Ah! ¡Ahhh!
Bulma lo hubiese provocado durante horas si hiciera falta, pero su hilo de pensamiento se cortó en cuanto Vegeta, con una sonrisa triunfal, introdujo el pulgar en su vulva húmeda y acarició con el índice su ano expuesto, haciendo que a la mujer le diera vueltas la cabeza. Moviendo el dedo de arriba a abajo para lubricar toda la zona, el saiyajin introdujo un dedo despacio en el orificio superior mientras masajeaba el clítoris de ella con el resto de la mano.
-Vegeta... -gimió ella, aferrando la muñeca de él con fuerza y sintiendo llegar el orgasmo casi sin querer-. ¡Vegeta! ¡Ahh!
Él rio con malicia y frenó despacio el movimiento de sus dedos.
-Oh, perdona. Se me olvidaba...
Vegeta se retiró unos centímetros, dándole un mínimo respiro a su amante; pero solo para introducir acto seguido el pene en su vagina con un movimiento seco y casi animal. Ella gimió de nuevo con fuerza y echó la cabeza hacia atrás.
-Oh... Sí... -suspiró, poniendo los ojos en blanco-. Fóllame, Vegeta... Fóllame.
Vegeta no podía contenerse más. Ya sin agresividad pero sin detenerse un instante, el saiyajin empezó a mover las caderas al ritmo de los jadeos de Bulma, arropados ambos por el vapor del agua que caía junto a ellos y camuflaba sus gritos de pasión. Las manos de Vegeta se aferraron a la redondez de los pechos de Bulma mientras las de ella acompañaban el movimiento de sus nalgas al entrar y salir de su cuerpo.
Al menos hasta que, presintiendo el final cerca, Bulma susurró:
-Vegeta, espera...
Él ralentizó, sorprendido.
-¿Qué ocurre?
De espaldas a él, ella sonrió antes de girar un poco la barbilla y suplicar:
-Me encantaría terminar en una posición en la que pudiera verte la cara cuando te corras.
Vegeta se mordió el labio, encantado.
-No puedo negarte nada y lo sabes -susurró mientras se apartaba, le daba la vuelta a Bulma sin violencia y la cogía en brazos. La mujer se abrazó a su cuerpo entrenado antes de introducirse de nuevo el glande con delicadeza en la vulva. Empapados, Vegeta la apoyó contra la pared y volvió a mover su cadera adelante y atrás, adentrándose en la humedad de ella con pasión, deseo e infinito amor. Él también quería verla terminar, quería que llegaran a la vez...
-Ah...
-¡Ah!
-Bulma...
-Estoy... Voy a...
-Yo también... ¡Oh Dios!
-¡Ahh...!
Llegado el clímax, como si fueran uno solo, los dos terminaron al tiempo bajo el agua gritando de placer como pocas veces antes. Tras recuperar el aliento, se miraron, sonriendo en silencio.
-Te quiero -susurró entonces Vegeta en su oído, solo para ella-. Sabes que no podría vivir sin ti.
-Yo también te quiero -murmuró Bulma, acariciándole la cara-. Aunque creo que si no nos damos prisa, alguien va a echarnos en falta en la cena...
Vegeta rio y la besó bajo el agua.
-¿Crees que luego podremos tener una segunda ronda? -preguntó, deseoso.
Bulma, tras pensarlo, le acarició la nariz con un dedo.
-Depende -respondió, mimosa-. ¿Vas a portarte bien?
A lo que Vegeta sonrió misterioso y replicó:
-Eso... Tendrás que averiguarlo, princesa. No te lo pienso decir.
