Salir de la mansión Agreste fue difícil, en especial cuando se encontró al filo de la ventana, tomando valor para saltar, lo último que quería era caminar a donde se encontraba el maestro Fu con una pata rota.

—¿Estás segura de esto? —Le preguntó a su kwami que revoloteaba a su alrededor.

—No hay otra opción Marinette, no te puedes quedar para siempre en la habitación de Adrien. No importa cuánta ilusión te haga.

—¡Tikki! —El tono de reproche fue notorio en su voz.

—Sabes a lo que me refiero.

Y ella lo sabía, había visto a Tikki seguirlos tan de cerca como le había sido posible hasta la casa del joven modelo.

—Te prometo que te ayudare Marinette, pero necesito que saltes —La aludida asintió, dirigiendo su mirada al pasto debajo de ella.

—Bien, aquí voy… una, dos… ¡Tres! —Intentó mantener su cabeza y patas delanteras al frente para sostener su cuerpo cuando al fin llegará al suelo, justo como un gato lo haría para caer desde una distancia alta.

No pudo evitar cerrar los ojos y ponerse tensa, era la portadora de la buena suerte, pero una chica naturalmente torpe. La idea de que eso acabará mal era palpable.

Pero nada malo paso. Tikki la sostuvo de la nuca unos segundos antes de que llegara al suelo, evitando una catástrofe.

Ambas se permitieron respirar cuando se dieron cuenta que nada malo había pasado.

—Gracias Tikki.

—Ni lo menciones, ahora vamos con el maestro Fu.

Marinette agradeció mentalmente la ayuda de Adrien, su casa estaba más cerca del barrio chino y las calles de esa zona de París eran menos concurridas; por lo cual podía caminar tranquilamente a la mitad de la banqueta sin temor a salir lastimada

Mientras caminaba intentaba procesar lo que acababa de descubrir sin siquiera saber en qué centrarse.

Por un lado, estaba feliz, Adrien se había mostrado sinceramente preocupado ante la idea de que estaba perdida y había salido en su búsqueda en el momento que había terminado su llamada con Nino. Y por el otro lado… acababa de descubrir que Adrien es Chat Noir.

Y no sabía cómo sentirse por ello.

Emocionada porque el chico que amaba era el mismo que se dejaba la piel para protegerla cuando había un akumatizado merodeando, inquietada al no entender cómo se equilibraban ambas facetas del rubio o conflictuada al no entender cómo no se había dado cuenta.

Ella, que tenía un calendario de la mayoría de sus actividades del cual Natalie podría basarse si un día se descomponía su Tablet. Además de tener todas las revistas en las que el chico aparecía, comprando dos tomos de la misma edición cuando encontraba alguna fotografía digna para decorar su habitación.

Estaba lista para cruzar la calle que la dejaría cerca de su destino cuando unas manos enguantadas la detuvieron.

—Pero ¿qué haces aquí pequeña Miaudini? —Chat Noir la había cargado nuevamente, para verla directamente a los ojos —Te prometo que buscaremos tu hogar, pero primero debo encontrar a mi amiga. Estoy preocupado.

Marinette escondió su rostro en el pecho masculino, intentando esconder la vergüenza que sentía en ese momento.

—Bueno, vamos a casa. Quizás Nino sepa algo nuevo.

El rubio la llevó saltando nuevamente hasta la mansión, terminando con su transformación en el momento que llegaron a su habitación.

El kwami negro se abalanzó contra el queso que había dejado en la mesa de centro, mientras que Adrien llamaba a su amigo, procurando que su nueva compañía no saliera de su vista.

—Hey Nino —Saludó al momento —¿Hay noticias?

Dada la distancia era difícil para Marinette saber lo que el futuro cineasta decía.

—¿Sabes dónde falta por buscar? Acabo de terminar mis pendientes —Una breve pausa dio lugar al siguiente comentario del modelo —Voy para allá.

Se levantó dispuesto a invocar su transformación cuando un punto rojo apareció frente a él.

—¡Ah! –Alcanzó a aclamar el adolescente.

—¡Ah! –Contestó Plagg cuando reconoció a Tikki.

—¡Tikki! —Gritó Marinette al no saber porqué se había dejado ver la pequeña moteada.

—¡AH! –Gritaron los representantes de la destrucción, al notar que la gatita había hablado con una voz conocida.

—¡Cálmense todos! —Gritó esta vez la kwami rojiza, al tiempo que Adrien y Plagg se tapaban la boca.

Tikki los observó a todos por un par de segundos antes de dirigirse al chico de ojos verdes que estaba frente a ella.

—Hola, soy Tikki,la kwami de Ladybug —La pequeña hizo un movimiento con su cabeza en dirección al gato negro.

—¿Mi Lady? —Marinette suspiro, antes de contestar.

—Hola Chat.

—¿Qué fue lo que te paso?

—Es culpa de la akumatizada de la mañana —Se limitó a decir la de ojos azules.

—Pero ¿cómo?

—Los pendientes se rompieron —Contestó Plagg como si fuera lo más natural del mundo.

—Por eso hay que llevarla con el maestro Fu, él sabrá que hacer al respecto —Completo Tikki la información.

—¿El maestro Fu? —Adrien movió la cabeza negativamente, restándole importancia su propia pregunta —Supongo que puedo dejarte ahí Ladybug. Me encantaría acompañarte, pero una amiga está perdida y quiero ayudar a encontrarla.

—Si, sobre eso… —Comentó la kwami de la suerte, siendo interrumpida por su portadora.

—¡Tikki! —Y eso fue todo lo que necesito escuchar Adrien para entenderlo.

—¿Marinette?

Verde y azul chocaron, mientras que Plagg reía por aquella extraña situación.


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Miaudini = Huidini

¿Solo a mi me hizo gracia? Ok, me voy.