Kanna- Hola, aquí venimos con un nuevo capitulo, bueno, sentimos ha ver tardado tanto y esperemos que es te capítulo lo compense.
Meiko- Yo también lo siento mucho chicos y chicas, espero que este capítulo les guste.
K y M- Ahora si, a leer.-
CAPÍTULO 3
Aquella mañana tras salir de su trabajo en EBC, Mikan se dirigió directamente a Pretty Ladies, la peluquería donde trabajaba Hotaru. Tenía una competición de karate aquel fin de semana y quería estar presentable. Al llegar, sonrió al ver allí a Sumire.
—Vaya. Hoy toca día de peluquería y chicas. —Sí. Tengo unos pelos que parezco la bruja Lola —
se mofó Sumire.
—Ven Mikan, siéntate aquí —le dijo Hotaru, a quien obedeció rápidamente.
Una hora después estaba, igual que Sumire, con la cabeza llena de papel de plata esperando a que le subieran las mechas y el tinte. Ambas comentaban los últimos cotilleos de las revistas del corazón cuando la canaria se acercó a ellas.
—¿Todo bien? —preguntó.
Sumire levantó la cabeza y miró a sus amigas con gesto confuso.
—No. Nada está bien. ¿Por qué Sayaka Miki, que tiene mi edad, hace alarde de semejante cuerpazo y yo tengo lo que tengo? Por favor... Está espectacular con este vestido blanco.
Hotaru y Mikan miraron la revista que les enseñaba y tras asentir, Mikan dijo, mostrando la que estaba leyendo ella:
—Para mujer espectacular Vita Testarossa ¿Pero habéis visto lo mona que va, incluso para hacer la compra? Es que me encanta. Os juro que si yo volviera a nacer, querría ser ella.
—Sí, es mona —asintió Hotaru.
—¡Mona! —exclamó Mikan señalando la página—. Esta mujer es guapísima. Si es que lo tiene todo. Es perfecta. Tiene estilo, un nombre perfecto y unos hijos y marido divinos.
—Ah, para divina, ¡Homura Akemi! —farfulló la canaria—. Ésa es quien yo quisiera ser. Lo tiene todo para mi gusto: pelinegra, cuerpito, dinero a raudales y un nombre y apellido con glamour, ¡Homura Akemi! Nada que ver con Hotaru Imai.
—Lo siento, pero yo soy más nacional —aclaró Sumire tras mirar a la tal Homura—. Prefiero a Sayaka Miki , El
Cuerpazo.
Las tres bromearon durante un rato, ensalzando las virtudes de las mujeres que quisieran ser y sacando a relucir sus propios defectos. Finalmente Hotaru se llevó a Sumire al lavabo para retirarle el tratamiento capilar. En ese momento sonó el iPhone de Mikan. Era Hajime, su ex. Como un elefante en una cacharrería y cansada de sus continuas llamadas, contestó.
—¿Qué narices quieres ahora, pesado?
El hombre al escucharla se rió. Seguramente pensó que dado que ella era una mujer tan especial, no podía esperar otra contestación que no fuera aquella. Pero que, dado que la conocía tan bien, sabría llevarla rápidamente a su terreno.
—Hola, nena. Te echo de menos.
Al oír su voz, Mikan cerró los ojos. Aquel tono aterciopelado de Hajime la volvía loca. Pero no. No iba a permitirse dudar ni un segundo sobre su decisión. No le quería. Lo de ellos se había roto y no había marcha atrás.
—Hajime, ¿por qué me dices ahora esa sandez?
—Porque es verdad y para que no cuelgues sin escucharme.
Aquello la hizo sonreír. Cuando quería, Hajime era encantador. Se armó de paciencia.
—A ver, ¿qué quieres?
—Tengo una cena esta noche en casa de los Koizumi. Ya sabes, con Luna, Kounji y compañía. ¿Qué me pongo, corbata oscura o clara?
Incrédula por la absurda pregunta, suspiró.
—Oscura, Hajime.
—¿Vienes conmigo? —la invitó él, de improviso.
—No.
—Por favor.
—No. Ni lo sueñes. Lleva a la pechugona de tu secretaria; esa jovencita que te mira con ojitos de gusarapo. Seguro que no dirá que no y quedarás muy bien ante tus amigotes.
Al escucharla, él resopló.
—Mikan, cuando te lo pido a ti es porque no quiero llevar a otra.
—Te recuerdo que me dijiste que yo era una mujer mayor. ¡Vieja! Joder, Hajime, que tú tienes treinta y siete. ¿Debo considerarte un vejestorio próximo a la jubilación?
Aquello hizo que Hajime suspirara con resignación.
—Cariño, escúchame. Yo no quise decirlo en ese sentido, pero te empeñas una y otra vez en creerlo. Sólo dije que la juventud de Nanoha me nubló la razón.
—¡Ja! Eso no te lo crees tú ni harto de vino —se mofó ella.
—Nena, créeme.
Eso la hizo reír. Hajime, aún pillado con otra, intentaba justificar su error. No creía que aquello no se lo iba a perdonar. Le había descubierto con su joven y guapa secretaria en uno de sus ya famosos viajes de trabajo. Y la había llamado ¡Vieja! ¡Madura! Aún se le abrían las carnes cada vez que recordaba aquel momento. Quiso darle una sorpresa para su cumpleaños y la sorprendida fue ella, al llegar y encontrarles en plena cabalgada.
—Venga no te hagas de rogar. Sé que los Koizumi te caen muy bien. Además, estará Luna. Ella y tú siempre os...
—No voy a ir ¿cómo tengo que decírtelo? Tú y yo ya no somos pareja. Y por favor, deja de llamarme. No quiero verte. No quiero saber nada de ti ¿Lo entiendes de una santa vez?
—No. No lo entiendo.
A punto de soltar un chillido por la cabezonería de aquel hombre, que no paraba de atosigarla, intentó no gritar.
—Mira, Hajime. Olvídate de que existo, ¿vale? Deja de llamarme, mandarme mensajitos, enviarme flores a casa y acosarme en el trabajo. Por Dios, ¡que cansino te estás poniendo!
—No. No voy a parar hasta que vuelvas conmigo, nena.
—¡Y un cuerno! —alzó la voz, atrayendo la mirada de toda la peluquería—. No voy a volver contigo porque no quiero. Sinceramente, tengo amor propio y madurez. Te recuerdo que me llamaste «vieja» por tener casi treinta años y, ¿sabes lo que te digo? ¡Que te den!
—Cariño... Escucha...
—No. No escucho ¿Y sabes por qué? Porque mi vejez y madurez hacen que me quiera a mí misma y no tengo intención de ir rayando los marcos de las puertas al pasar porque tú, ¡so mierda!, desees corretear y ponerme los cuernos con cada jovencita que se cruce en tu camino.
—Pero nena...
—¡Ni nena ni leches! —gritó fuera de sí—. Me importa un bledo que seas guapo, que tengas dinero a raudales e incluso tu maldita posición social. ¿Y sabes por qué? Porque me importo, me quiero y necesito ser feliz. ¡Sola! No con un merluzo como tú, que no aprecia a una mujer como yo hasta que la pierde. Y a mí, me has perdido. Por lo tanto, ¡adiós!
Dicho esto, colgó y suspiró. No iba a volver a caer en el rollito Hajime. No, no y no. De pronto, un estallido de aplausos le hizo mirar al frente. Toda la peluquería, de pie, daba palmas. Ella simplemente miró a sus amigas, se encogió de hombros y sonrió.
Kanna- Espero que les aya gustado, actualizaremos pronto.
Meiko- Si y esperamos que ustedes nos sigan apoyando a pesar de lo olvidadizas que somos. A y saludos de a tooodas mis onechan's.
Adiós, se despiden Kanna y Meiko.-
