Cap. 3 Salto de fe
Arrastra los pies mientras se dirige a la cocina. No puede ni siquiera terminar de explicarse lo que horas antes había ocurrido. Aun quería creer que se trató de un mal sueño, de una pesadilla, tal vez, incluso, de un dèjá vu. Pero tenía que aceptarlo, aquello de lo que se había escapado por milagro 14 años atrás la había alcanzado.
Recordaba a la perfección aquél momento en que el destino fue cruel y entre ella y su hermana eligió a Hanabi. Tal vez ahora era su turno, probablemente no podía irse de esta vida sin pagar por lo que le hizo a su hermana, porque en aquél momento no fue ella, sino su pequeña hermana. Este era su castigo, no podía ser otra cosa. Debía aceptarlo como eso, así asimilarlo sería más fácil, podría admitir que había saldado una deuda…
Y entonces lo recordó. Se había perdido tanto en ella misma que olvidó el motivo por el que fue hasta su infierno. Toma el teléfono y marca, espera y el tono de llamada suena una y otra vez, por fin alguien contesta.
— Hola, mi nombre es Hyuuga Hinata, necesito hablar con…
De pronto escucha un fuerte disparo, no sabe si el ruido ha sido tan fuerte por el arma usada o, lo que más le aterra, que haya sido en su puerta. Su corazón se detiene. ¿La están buscando? Quiere que sus piernas se muevan, pero entre el dolor que siente y el miedo simplemente no responden. Ellos van a entrar y ella no podrá ni siquiera oponerse; se siente una muñeca de trapo. De pronto escucha muchos disparos, algo está pasando fuera de su casa y ella parece una rata encerrada en una trampa. Se inca en el suelo y se cubre la cabeza, empieza a llorar. Todo eso le recuerda el día en que comenzó su martirio, en que su vida se acabó como ella la conocía, el momento en que su familia quedó destrozada.
Siente el fuerte tirón de su cabello que la hace caer al suelo con una fuerza casi brutal, su madre grita y golpea al hombre que está frente a ellas tratando sin éxito que deje de sosterner en sus brazos a su hija menor y de los cabellos a la mayor, con mucha agilidad arrastra a Hinata desde la camioneta hasta el campo, siente el frío suelo rozarse con toda su piel, el duro concreto la lastima, pero lo que más le duele es ver a su madre correr detrás del hombre quien pasa de ella como si ni siquiera se percatara de su presencia, su hermana es arrojada al campo con brutalidad mientras ella siente que la alzan de su cabellera, tiene el rostro del demonio frente a ella y lo único que puede hacer es dedicarse a llorar, su madre se abalanza sobre la espalda del agresor, grita con furia y lo muerde, las tres mujeres se sienten como animales atrapados por el cazador, el instinto de supervivencia tiene que salir a flote, pero ella simplemente no reacciona. ¿Qué puede hacer? ¿Cómo debe actuar?
Cae al suelo, y no puede reaccionar, Madara se da la vuelta, saca un arma y dispara a su madre, no una ni dos veces, ella escucha varios disparos, aunque solo ve el rostro de su madre descuadrado por la impresión, por el miedo, por el horror y el coraje. Hinata llora y comienza a gritar, no quiere ver morir a su madre, no quiere que a su hermana le hagan daño, no quiere morir. Apenas tiene 14 años ¿Qué sabe ella de la vida? Por ahora solo siente que todo es una vil mierda. La patean con mucha fuerza, siente como le falta el aire y un dolor punzante le aqueja el tórax. Cuando alza la mirada lo tiene justo frente a ella, él la mira directo a los ojos, tiene una sonrisa dibujada en su rostro y un brillo inexplicable en la mirada.
— Calla pequeña, tu hermana y yo jugaremos algo divertido.
Escucha un fuerte grito, han herido a alguien. Se levanta con suma dificultad y trata de correr hasta el fondo de su casa, tal vez pueda salir por una de las ventanas, y entonces mira las escaleras, no sabe porque pero su instinto la obliga a subirlas lo más rápido que puede, de pronto un ruido ensordecedor y un movimiento telúrico la hacen trastabillar. Su vista se enfoca debajo de ella, hay fuego, grandes llamas que van subiendo y puede a lo lejos observar la calle, no sabe cómo pero entiende que no hay manera de salir, su casa acaba de ser destruida.
Llega a su habitación, su casa no tardará en colapsar o las llamas en alcanzarla. Su voz está apagada, siente que le falta el aire, le tiemblan las piernas ¿Y si su momento de morir ha llegado? Algo se mueve dentro de ella, tal vez el instinto, tal vez deseos de vivir Corre hasta la ventana y grita, pide auxilio como si sus pulmones fueran a estallar, como si su garganta se fuera a desgarrar.
De pronto lo observa desde lo alto, es el rubio, sus ojos azules se clavan en los de ella. ¿Esta vez será capaz de salvarla?
— ¡Salta Hinata!
Ella abre los ojos con sorpresa. Ese grito, esa fuerza en la voz, esa orden. Le resulta familiar, nuevamente su salvador. A su mente viene el momento en que él llegó a rescatarla y con sus tiernos 14 años le gritó al asesino serial más buscado del estado que la dejara. No sabía si aquello había sido valentía o estupidez, pero le estaba eternamente agradecida. Sube al marco de la ventana, desde esa posición solo puede suponer que si se arroja morirá sin más. Sus ojos azules tienen un brillo que a ella le cuesta explicar, se siente salvada otra vez, pero en alguna parte de su corazón necesita algo más que la vez anterior. Siente miedo, claro que sí, pero si hubiera algo cálido que la hiciera tener fe en la vida, en que no importa su situación, aún hay esperanza para alguien como ella…
— No importa qué pase ¡Yo no te dejaré caer!
Esas eran las palabras que ella necesitaba. Por años no se había vuelto a sentir tan segura desde que él la había salvado, hasta ese preciso momento. No tenía nada que dudar si era Naruto quien se lo pedía. Con sus ojos clavados en los de él se arroja en un salto de fe. Simplemente necesita un abrazo.
[…]
Hay un ambiente muy pesado en el recinto de la familia Hyuuga. Hinata se encuentra en los brazos de su primo, llora con una desgarradora aura infantil, el castaño quien es casi idéntico a ella la abraza con mucho fervor, su padre en medio del largo sillón está cruzado de brazos, tiene una expresión que no puede ser descrita, se mezcla entre la ira desmedida, el sufrimiento interminable y una pesada pero cruel culpa, a su lado, una joven de veinte años quien con una expresión muy seria reta a los dos detectives que se ubican justo al frente esperando que alguno de ellos diga algo.
— ¡Esto no le puede estar sucediendo a mi hermana! Ya es mucho lo que le han hecho antes, y ahora esto, además me dicen que han intentado matarla ¿Qué clase de personas están haciéndole estas cosas horribles?
Hay un silencio que cala y lastima. Sasuke y Naruto se miran tratando de saber quién debe hablar y qué debe decir. Hiashi se levanta del sillón y aclara su garganta.
— Hace 14 años invertí mucho dinero, mi vida y toda la energía que me quedaba para que gente como ustedes atrapara al desgraciado que destruyó la vida de mis hijas, que mató a mi esposa… que nos hizo conocer el infierno. Nunca sucedió nada, Madara desapareció sin dejar una sola pista, mi familia quedó destruida… mis hijas — hizo una pausa — ¿Qué hemos hecho para merecer esto? He sido un hombre honesto, trabajador, incorruptible, un buen padre de familia. Mis hijas son mi adoración, son mis niñas ¿Por qué tienen que sufrir de esta manera? ¡Díganme oficiales! ¿Quién está haciendo todo esto? ¿Por qué?
Uchiha Sasuke se levanta del sillón y hace una reverencia ante el afectado hombre, e inhala con pesadez. No quería involucrarse, ni siquiera ser parte del caso, para él entre más alejado de Akatsuki estuviera sería siempre lo mejor, entre menos supiera de su hermano las cosas para él seguirían su marcha actual. Pero la mirada de Hiashi Hyuuga es la misma que él tenía de joven.
A sus 17 años nada le importa realmente, no tiene ningún propósito en la vida. Tal vez desaparecer es lo mejor que podría hacer. Aprieta el papel que hay en su mano con una ira desmedida, con mucha angustia y con una culpa latente. Se deja caer en el suelo con su espalda recargada en la cama, odia esa sensación de impotencia. Odia estar ahí, sin hacer nada, sin mover un músculo, sin saber a dónde ir.
La puerta se abre con delicadeza, Sakura lo mira con cierta lástima en sus ojos. ¡Lo que le faltaba! Causarle lástima a ella. Se sienta a su lado, y lo abraza con fuerza.
— Sasuke-kun, ¿recuerdas que hace algunos años me preguntaste qué estudiaría? Hace poco me decidí, quiero ser doctora. — Trata de apartarla, pero ella me aferra con más fuerza — quiero hacerme médico forense, quiero ayudarte.
Estaba harto, no quería que Sakura se involucrara más y ahora menos que sabía cómo estaba su situación.
— ¡Basta Haruno! Ya no quiero saber nada más de esto, Itachi está buscando a su manera, y yo estoy aquí sentado pudriéndome ¿También vas a dejarme? Eres una verdadera molestia.
— ¡El camino de Itachi es el incorrecto! Solo será tragado por la oscuridad si sigue así.
— ¿Y qué quieres que haga? ¡Fue su resolución final! Debería olvidarme de todo esto y seguir con mi vida de alguna manera.
Ella le toma de los hombros y le hace girar a verla.
— Sentado no lograrás nada, y te conozco muy bien, no vas a olvidarte de como tus padres fueron torturados y asesinados. ¡Tenemos que hacer algo! Tienes que empezar a moverte, a encaminarte, no puedo dejar que tú también te apagues. Voy a estar ahí para ti, siempre… pero tienes que dar un salto de fe.
— ¿Un salto de fe?
— Tienes que creer que podremos lograrlo, tienes que intentarlo y no huir, pero atreverte, saltar esperando el mejor resultado sin realmente saber el final. No te preocupes, no importa qué pase yo estaré ahí.
Ella toma el papel que él ha dejado en el suelo. Es una carta de Uchiha Itachi, en ella relata que será la última vez que lo contacte pues ha decido unirse a un grupo criminal que recién está creciendo: Akatsuki. Y en un movimiento algo apresurado se lo hecha a la boca y comienza a masticarlo ante la cara de desconcierto del pelinegro.
— Hinata fue citada a las afueras de la ciudad, dijeron haber secuestrado a su novio y ella llevó el rescate, ahí fue donde la raptaron y sucedió lo que ha venido desencadenando los siguientes actos.
Hiashi se llevó la mano a la boca y su ceño se frunció.
— ¿Novio? ¿De dónde sacaste ese dinero Hinata?
La chica alza la vista con miedo en sus ojos. Pero era necesario que se hiciera responsable de sus actos.
— Es Yahiko padre, lo saqué de la bóveda de la empresa, fueron 50,000 yenes… yo pienso pagarlos papá ¡Pero no podía dejar a Yahiko ahí! Tenemos que salvarlo padre, por favor.
— ¡Sabía que no debía dejarte vivir sola! Ese idiota de Yahiko te está usando Hinata, te apuesto que ni siquiera fue secuestrado, esa maldita y sucia calaña humana. Te advertí de involucrarte con él ¡Mira lo que te ha hecho!
— Basta padre, él no es así… por favor, no hables mal de Yahiko.
— Hinata — interrumpe Sasuke — ¿Él no te dijo a donde iría ese día? ¿A dónde va regularmente?
Ella se encoge de hombros.
— No hablábamos mucho, pero él siempre iba a un restaurant, o bueno, no sé exactamente que era — admite con vergüenza — encontré una tarjeta un día que él olvidó su cartera en mi casa, el lugar se llama Nube Roja… había comentado que tenía una reunión de negocios esta semana… pero lo secuestraron antes ¿Podrías salvarlo verdad?
Sasuke no sabe cómo contestar eso. Tiene miedo de cometer un error fatal que provoque que hallar a Akatsuki se vuelva imposible. Piensa mentir, pero entonces Naruto se levanta del asiento, y él ya da todo por perdido. Sale de la habitación, necesita hacer una llamada urgente.
— Hyuuga Hinata — comienza el Uzumaki con un tono que parece sentencia — ese novio del que tanto hablas se especula es el líder de Akatsuki, su seudónimo es Pain, probablemente te usó para conseguir dinero y financiar sus actos ilícitos, al principio teníamos duda que realmente se tratara de esto pero después de lo que ocurrió hace un momento en tu casa pude confirmarlo, esos eran los de Akatsuki y te querían bien muerta, tal vez algo les falló y te dejaron con vida la última vez… tú eres nuestro hilo conductor hacia ellos, eres una pieza vital del rompecabezas, si te quieren muerta es por algo. Necesitamos tu ayuda, el país necesita erradicarlos y tú necesitas protección, nosotros podemos ofrecértela sin dudar si tú nos ayudas.
Naruto sabe que ha dicho una estupidez. Cuando su jefe se entere probablemente será despedido pero no hay marcha atrás, necesita hacerlo. La chica se mira confundida, de hecho todos están paralizados por la noticia, tal vez lo dijo de manera muy poco sutil.
— ¿Por qué esos malditos estarían detrás de Hinata-sama?
El castaño ha soltado a su prima de improviso y se ha levantado molesto del sillón y jala con fuerza a Naruto exigiendo respuestas.
— Apenas empezamos con este caso, aun existen muchos huecos en la historia, pero necesitamos a Hinata para lograrlo.
— ¡No hables como si fuera un objeto! — Hinata había gritado aquello con un fuerte espasmo mientras se soltaba a llorar con una desesperación casi agónica — Yahiko no puede ser ese Pain del que hablas… él no, por favor no me digas eso.
Naruto se acerca a ella y la toma de las manos, Hiashi se inclina y pone una mano en la espalda de su hija.
— No tienes que acceder hija, ya has sufrido bastante.
— No quiero ser una víctima — exclama ella de una manera apenas audible — esto es mi culpa, todo esto… es mi castigo por lo que ocurrió hace años, por haber dejado que lastimaran a Hanabi ¡Yo me merecía esto! Yo no puedo ayudarlos, yo no quiero…
Naruto siente que le dan un empujón, la hermana menor de Hinata se interpone entre ambos y de la nada le deja caer una fuerte bofetada a la chica de cabello azulado.
[…]
El jefe de policía de Tokio termina de hablar por teléfono, hay una mirada de satisfacción en su rostro, se reclina sobre su escritorio mientras observa a una voluptuosa fémina de cabello rubio.
— Por fin tenemos una pista, Temari reúne a tu equipo. Vamos a librar la primera batalla contra Akatsuki, y darles donde más les duele.
— ¿En los huevos?
— ¡No mujer! En los negocios.
