Capítulo 4—Fantasías sexuales

Sherlock y John se dirigieron hacia aquella exposición cultural para analizar las posibles pistas que el criminal había dejado en la escena.

De esa manera juntos pasaron los días yendo a distintos lugares en la ciudad en busca de resolver los casos que se suscitaban. En cada ocasión siempre obtenían éxito. Watson no podía dejar de sorprenderse de las habilidades deductivas de su nuevo compañero de piso, Sherlock Holmes, acertando siempre en la verdad de cada situación y resolviendo los crímenes que usualmente a la policía le habría tomado días o incluso semanas.

Cada uno de esos días a su lado había resultado tremendamente excitante, pero a pesar de eso John Watson todavía no podía lograr acostumbrarse, todo seguía siendo tan extraño para él ya que al regresar a Londres hacía unas semanas nunca había concebido la idea de involucrarse de tal manera con tantos crímenes en la ciudad. Su vida había dado sin duda un giro drástico, pero de ello, por su puesto, ya no podía arrepentirse.

Contrario a lo que había imaginado en un principio, por el contrario su relación con Sherlock Holmes no estaba siendo tal y como la esperaba. No era como sí Watson hubiera esperado que se convirtieran en íntimos amigos, pero Sherlock realmente era un poco extraño, distinto a los demás, como ya se lo habían advertido. Sherlock atinaba siempre a la mayoría de las características de su vida, pero nunca hacían mayor conversación de ello, porque Sherlock no mostraba más interés en indagar en ello y porque John Watson permanecía renuente a contarle sobre él, sobre su pasado, sus gustos y demás. Además, Sherlock sólo se empeñaba en concentrarse efusivamente y durante todo el día en los nuevos casos interesantes que llegaban a sus manos, y por esa razón, Watson consideró varias veces si tanta emoción por los crímenes realmente lo hacía ser un psicópata.

Pero a fin de cuentas, él no podía inferir en ello más de lo que él mismo presenciaba, porque él era un médico cirujano y no un psicólogo o psiquiatra especialista de la mente. Además quería convencerse a sí mismo de que nada de Sherlock le interesaba, eran sólo compañeros de piso después de todo.

Al menos su vida no había dado un mal giro pues mudarse a vivir con el detective privado Sherlock Holmes le había beneficiado en obtener un buen sitio con renta accesible en el centro de Londres y le proporcionaba compañía en medio de sucesos que podían a su vez ayudarlo a distraerse de las cosas del pasado que todavía lo acongojaban sobremanera.

A lado de Sherlock Holmes en sólo pocos días el doctor John Watson realmente había aprendido mucho más de lo que hubiera esperado. Su vida se había sentido tan vacía en recientes semanas que creía que ya lo había vivido todo, sobre todo cuando el hombre que lo había enseñado a amar había muerto violentamente y del cual no había podido despedirse ni rendirle un funeral con cuerpo presente. Todo aquello había sido demasiado doloroso y pese a que aún seguía tratando de mantenerse estoico al final del día John Watson no podía evitar derramar algunas lágrimas y lamentar su sufrimiento causado por la terrible pérdida del sargento.

Gracias a su nueva estancia a lado de Sherlock Holmes, esos ratos de zozobra habían disminuido un poco. Cada noche, el rubio seguía deprimiéndose y cayendo en penoso llanto provocado por su reciente luto, aunque parecía que poco a poco lo hacía menos. Quería creer que eso ocurría sólo por culpa de su orgullo, porque realmente no quería demostrar su depresión ante el cretino de Sherlock Holmes, y temía que él pudiera espiarlo o entrar a su habitación sin avisar, como ya antes lo había hecho, y darse cuenta de que hacía no mucho había tenido una relación con el sargento Porter. Al final John Watson tan sólo estaba reprimiendo sus verdaderos sentimientos, por dentro se mantenía su dolor. No quería contarle nada sobre John Porter, no confiaba en Sherlock todavía y no quería compartir algo que celosamente era sólo suyo.

Y de la misma forma, cada noche observaba las fotos en las que él mismo aparecía a lado del valeroso sargento John Porter, ahora muerto, fotos de maravillosos momentos que habían pasado juntos en Afganistán e Inglaterra, donde habían hecho tantos planes juntos, donde habían logrado consumar su amor apasionado.

…..…

F-L-A-S-H B-A-C-K

Primavera de 2010

Lashka Gah, Afganistán

Horas después de que el jet de la armada británica había partido de regreso a Londres, junto con el sargento Porter y muchos más de sus compañeros heridos, el doctor John Watson y el resto de sus compañeros debieron continuar con sus labores en aquel campamento a orillas de la árida tierra de Afganistán, en la provincia de Helmand.

Desde esa madrugada habían tenido que descargar todos los recursos y provisiones que se les había traído desde Reino Unido y eso había representado una ardua tarea bajo el inclemente calor que aumentaba con el pasar de las horas. Para cuando el medio día había llegado, habían terminado casi por completo de acomodar las nuevas provisiones aunque aún faltaba terminar todo el registro, sumado al hecho de que también debían atender otros asuntos que ya tenían asignados. El calor abrasador ciertamente los hacía agotarse mucho más rápido pero ninguno perdía su concentración y su voluntad por terminar sus tareas. Además gracias a esa distracción, John Watson podía despejar su mente de la preocupación que le causaba saber que a esas horas el sargento Porter estaría llegando a tierra londinense para recuperarse de sus heridas.

—está bien, doctor Watson, con su ayuda ha sido suficiente. Será mejor que vuelva a atender a los pacientes, los otros doctores necesitan que les eche una mano— indicó uno de sus superiores. Watson asintió y obedeció, de cualquier forma los heridos más graves se habían marchado dentro del avión rumbo a Londres y ahora en el campamento de Afganistán sólo se habían quedado los que apenas tenían algunos raspones, y que podían reincorporarse a las misiones de la armada pronto.

—De acuerdo— respondió el doctor Watson sucinto y luego se dirigió de nuevo hacia el área donde tenían a los heridos. Al llegar vio que con suerte habían sido bien atendidos por sus colegas, y él sólo hizo una inspección superficial de sus vendajes. Todo parecía estar muy bien, además el lugar ahora lucía mucho más vacío porque la mayoría de los heridos se habían marchado de regreso a Inglaterra donde se recuperarían en un verdadero hospital, justo como lo haría John Porter.

…..…

Londres, Inglaterra

El jet de la armada británica arribó en uno de los aeropuertos exclusivos para su aterrizaje en Londres con todos sus tripulantes al servicio de la milicia. La gran mayoría presentaba heridas serias, muchos de ellos incluso habían pasado incomodidad durante el transcurso del viaje desde Afganistán debido a la gravedad de sus heridas, que por suerte habían podido seguir siendo atendidas por los médicos militares que los asistieron durante esas horas en el avión. John Porter no había tenido que sufrir demasiado por ello, sus heridas que había sufrido hacía días habían logrado sanar poco a poco desde entonces y aunque todavía dolían bastante y le impedían moverse demasiado a voluntad, no eran insoportables por lo cual durante el viaje sólo había tenido que reposar en su asiento.

En cuanto había logrado ver la tierra británica desde la ventanilla del avión, la nostalgia lo había invadido. No podía creer que una vez más había podido volver con vida y sin heridas demasiado graves a su tierra natal. Debía estar completamente agradecido por ello. Pero no podía evitar pensar en que ésta vez había conocido a alguien que le había hecho sentir un gran agradecimiento y un afecto inexplicable.

Al anochecer, el sargento John Porter junto con sus demás compañeros ya se encontraba en un buen hospital después de ser atendidos.

—señor Porter, debemos realizarle al menos un par de operaciones para que sus heridas sanen completamente. Entre más pronto lo hagamos, mucho mejor— dijo el doctor que lo había atendido mientras le mostraba una radiografía de sus huesos fracturados. Además el doctor le explicaba la seriedad de sus heridas —son huesos fracturados en varias partes, algunos están astillados, pero sanaran correctamente, lograrán solidificar tras las cirugías. Afortunadamente sus nervios no sufrieron mayor daño— explicó el doctor.

—Entiendo, doctor, hágalo pronto— dijo Porter firmemente, realmente deseaba recuperarse muy pronto porque quería volver a estar en servicio sólo para volver a reunirse con el doctor John Watson, y porque no quería pensar en tener que permanecer tanto tiempo limitado a no moverse demasiado. De cualquier forma, el periodo de recuperación tardaría varias semanas

—señor Porter, tendremos que colocarle un dispositivo de fijación externa para que los huesos suelden firmemente. El periodo de consolidación ósea me temo que durará al menos 120 días— explicó el doctor.

Porter se preocupó al saber que esperar a su completa sanación tendría que tardar demasiado. Dos meses iban a ser muy largos.

—Comprendo, Doctor— dijo el sargento con seriedad, internamente esforzándose por resignarse.

—bueno, entonces prepararemos todo para que mañana mismo por la mañana comencemos con la cirugía. Mientras tanto tendrá que permanecer en esta habitación. Descanse un poco, por favor— dijo el médico y luego de explicarle algunas cosas más, salió de la habitación.

—así que tendré que esperar mucho antes de poder volver a Afganistán. No podré ver a John Watson hasta entonces— dijo Porter para sí mismo mientras estaba recostado sobre la cama del hospital. En su mente no podía disipar el recuerdo del rubio doctor de quien se había enamorado en las áridas tierras de Afganistán hacía tan sólo unos días. Su fijación por el rubio ya era un rotundo hecho.

Por ese motivo ahora se lamentaba más que nunca no haber aprovechado más las oportunidades que había tenido para declararle al doctor Watson sus sentimientos hacia él. Cierto era que las oportunidades habían sido pocas, pero habían existido y no había decidido besarlo hasta aquel momento crítico en medio de la peor situación, cuando habían llegado al campamento nuevos heridos de gravedad y su beso había tenido que ser interrumpido.

Ahora se encontraba en Londres, muy lejos de donde el doctor Watson estaba ahora mismo, seguramente asistiendo a los nuevos heridos que llegarían a la base en Lashka Gah.

Porter se lamentaba que su amado doctor Watson tenía que seguir haciendo frente a esas atrocidades de la guerra mientras ahora él se encontraba cómodamente de nuevo en la paz de su tierra natal.

No había pasado mucho rato desde que el médico había salido de la habitación cuando entraron un par de agentes del MI6 para el cual John Porter había estado trabajando desde que había vuelto a servir para la milicia.

—Buenas noches, sargento Porter— expresó el teniente al estar frente a él —me alegra poder volver a verlo de vuelta en el Reino Unido y con lesiones no demasiado graves— terminó de decir, su mirada hacia el sargento era de respeto y digna posición.

Porter se reincorporó un poco sobre la cama, viendo de frente a los dos agentes y también los saludó con respeto.

—Teniente, gracias. Estoy completo, con algunas heridas pero bien, supongo— dijo Porter —sólo necesitaré algunas cirugías para sanar bien.

—Sargento, usted llevó a cabo su misión con suma heroicidad. Realmente admiramos enormemente su tenacidad y sobretodo su destreza, por lo que estamos completamente agradecidos con usted. Le brindaremos honores y tendrá una generosa recompensa, además el gobierno cubrirá su servicio médico. Pero sabemos que no todo resultó con total éxito, lamentablemente tuvimos la baja del soldado Hugh Collinson y el civil Gerard Baxter, quien era el objetivo inicial, lo cual es muy lamentable. Estamos al tanto de lo que ocurrió, la base en Afganistán nos lo ha informado todo, pero no tenemos todavía todos los detalles por temor a que pudiera filtrarse la información a través de un hacker. Por lo cual necesitamos escuchar justo ahora su testimonio de su propia voz, sargento— pidió el teniente seriamente.

Porter lo miró con seriedad e hizo una breve pausa antes de hablar.

—Bien, le narraré todo con los detalles pertinentes— dijo el sargento estoico y comenzó a relatar los hechos que habían ocurrido en Afganistán desde el momento en que se había hecho pasar por traficante de armas en la provincia de Helmand, cómo había llegado hasta Gerard Baxter, hasta el momento en que había tenido que enfrentarse a su viejo compañero Collinson debido al problema que los había involucrado en Irak años atrás. Y les contó también sobre cómo los talibanes lo habían perseguido por el desierto, lanzando sobre él una ráfaga de proyectiles, cuando intentaba llegar a la frontera con Pakistán. Pero sobretodo, les contó cada detalle de lo que había averiguado acerca de ese tal Zahir Sharq y sus nexos con ciertos funcionarios en el gobierno británico y en Estados Unidos.

—esos son todos los datos que puedo brindarle en base a mi propio testimonio. Había recolectado algunos datos en pen drivers pero los perdí cuando fui emboscado por esos talibanes terroristas en el desierto. Por suerte no perdí también la vida— dijo Porter al terminar de explicar su historia.

—temo que Frank Arlington ha huido del país, lo hizo desde hace semanas, debió hacerlo en cuanto ocurrió la emboscada cerca de la frontera con Irán, pero conseguiremos rastrearlo y capturarlo. Aún no tenemos pista de su paradero pero no hemos dejado de perseguirlo ni un solo día. Sargento, agradecemos sumamente que nos haya podido brindar toda esta información. De inmediato vamos a reforzar mucho más nuestro espionaje para encontrar a Zahir y al funcionario corrupto que nos ha dicho— dijo el teniente.

—Lamento mucho no haber podido avisar antes que él estaba a la cabeza de todo esto— expresó el sargento Porter lamentándose un poco.

—No tiene que sentirse culpable, sargento. Usted estaba indispuesto, estuvo inconsciente durante días en la base militar de Afganistán, sumado a que no podíamos comunicar la información completa desde allá por temor a que se filtrara.

—bueno, tiene razón, pero aun así no puedo dejar de lamentarme el hecho de que murieron dos personas frente a mí en medio de esta situación— dijo el sargento.

—mientras tanto debe permanecer aquí en el hospital hasta que el médico lo indique. Luego podrá volver a su vida normal. Sin embargo debo advertirle que deberá cambiar su domicilio o al menos su ubicación porque aunque Arlington está prófugo, no sabemos si tomará represalias en su contra. No tardará en enterarse que usted está de regreso en Londres e intentará atentar contra su vida. Es por eso que ahora mismo usted no está registrado aquí con su nombre real, y todo se está haciendo bajo un estricto hermetismo— expuso el teniente.

— ¿Eso significa que…tampoco podré volver a tomar una nueva misión? ¿No puedo volver a Afganistán? — inquirió Porter, aunque de frente no lo admitiera realmente estaba preocupado por eso porque eso significaba que no podría llevar a cabo sus planes de reencontrarse en el árido desierto Afgano con el doctor John Watson.

—Temo que no, sargento. Su vida corre peligro desde ahora, y si se desplaza en medio de la guerra que ya se ha desatado en esas tierras hará que la vida de los demás soldados que puedan involucrarse con usted corran aún más peligro de lo que ya lo hacen— dijo el teniente con suma seriedad.

Porter quedó más consternado internamente, pero sabía que no debía protestar de ninguna manera ante sus superiores y tenía que resignarse, aunque no quisiera. Tampoco podía poner en peligro a su país y a sus compañeros en Afganistán, entre ellos el doctor John Watson.

Cuando la visita terminó y los agentes del MI6 se marcharon de la habitación de Porter, éste se quedó a solas meditando sobre todo lo que había pasado y cómo transcurriría sus días en las próximas semanas, enclaustrado entre cuatro paredes lejos de las actividades militares y lejos del doctor Watson.

La noche había caído, la noche anterior no había podido dormir muy bien debido a la inquietud por volver a Londres y al poco tiempo que le habían dado para ello. Ahora debía descansar y esperar a que la mañana llegara y que la cirugía que le harían a sus fracturas se llevaba a cabo.

Pero antes de disponerse a dormir, las enfermeras lo habían asistido. Habían hecho una nueva inspección de sus heridas y le habían llevado la cena, la cual había sido bastante mejor que la que había comido cada uno de los días que había estado en la base militar de Afganistán. Sin embargo, habría seguido prefiriendo degustar aquella cena en Lashka Gah y no ésta, porque lo que hacía mejor las cenas en Afganistán era la compañía del doctor Watson en cada ocasión.

Se preguntó qué podría estar haciendo el rubio doctor en ese preciso momento. Seguramente a esa hora el doctor Watson ya se encontraba durmiendo pues en Afganistán debía ser más de media noche.

Pensó que podría comunicarse con él al día siguiente, quizá después de la cirugía podría pedir para que le consiguieran una computadora con conexión a internet, sólo esperaba correr con la suerte de que en la base militar pudieran permitirle comunicarse con John Watson.

Porter se sintió preocupado porque sabía bien las condiciones en las que John Watson y el resto de sus compañeros debían estar soportando en aquella árida tierra, algo que contrastaba totalmente con la comodidad en la que ahora se encontraba. Su habitación de hospital estaba bien equipada, completamente limpia e incluso con algunos aparatos para su entretenimiento, como un televisor que aún no se había decidido a encender.

Luego de un rato, Porter se decidió al fin a encender el televisor, reparó en el tiempo en que no había visto programa alguno desde que había partido de Londres a su peligrosa misión en Afganistán, y eso a su vez le hizo pensar en todo el tiempo en que John Watson y muchos de sus compañeros militares no habían podido disfrutar de algo como eso, que teniéndolo en su país siempre había sido demasiado común y trivial. Pero en la hostilidad de la guerra en Afganistán las cosas tan triviales como esa se convertían en grandes objetos cuando comenzaban a echarlas de menos. En medio de la guerra no había tiempo para entretenimientos como esos, estaban obligados a ceder por completo sus costos de oportunidades.

Porter comenzó a cambiar los canales de la TV, se dio cuenta que en los noticieros se estaba hablando mucho sobre la situación que estaba ocurriendo en Afganistán y en otros países cercanos y sobre las tropas británicas y estadounidenses que estaban ahí. El sargento deseó que por alguna razón el doctor Watson no tuviera que estar ahí justamente donde se encontraba el mayor peligro y que no tuviera que haber más bajas de sus compañeros ni lesiones graves que mermaran permanentemente sus vidas.

Luego de un rato de mirar televisión, viendo que no había algo realmente relevante, el sargento se quedó dormido. No había recibido más visita que la de sus superiores al mando de MI6, no había nadie que pudiera visitarlo de todos modos. Su hija seguía en la necedad rebelde de ignorarlo y negarlo como padre, su ex esposa había muerto y el resto de su familia se encontraba al norte de Inglaterra. Además, ninguna mujer de entre todas con las que se había acostado había tenido un real interés en él jamás que no fuera sólo el sexual. Por primera vez se dio cuenta de que en verdad estaba demasiado solo y que pese a ser un militar duro en momentos como este anhelaba grandemente la compañía de alguien a su lado que lo comprendiera.

—si tan sólo pudieras estar aquí conmigo, John— dijo para sí mismo mientras el televisor permanecía encendido.

Pronto comenzó a quedarse dormido, cayendo en profundo sueño. Realmente estaba cansado y su cuerpo todavía necesitaba mucho para recuperarse. Aunque sentía cierto temor al mismo tiempo también deseaba que el día siguiente comenzara para así también empezar su verdadera recuperación tras una verdadera cirugía.

…..…

Lashka Gah, Afganistán. Base militar Británica

En la base militar que se encontraba establecida en Afganistán, las actividades de los militares comenzaron desde temprano como era usual. La cuadrilla de médicos volvía a atender a los heridos de la guerra, por suerte no tenían que atender a muchos y desde el día previo a que el avión cisterna llegara y se llevara a John Porter, no habían tenido que tener a ningún herido grave. Sin embargo los heridos siempre podrían estar mejor siendo atendidos en un verdadero hospital en Inglaterra.

John Watson tenía un breve descanso entre el medio día. Estaba siendo un día tan monótono como cualquiera, había estado viviendo de esa forma cada día desde hacía meses y aunque los días en el calendario se marcaban cada mañana, siempre tenía la sensación de perder la noción del tiempo, hacía mucho que creía no saber en qué día vivía.

—espero que John esté bien, ojalá puedan arreglar sus fracturas con cirugía antes de que comience a solidificar los huesos— dijo Watson en la soledad de una banca donde se encontraba sentado al tiempo en que contemplaba una y otra vez la hoja cuadriculada con la dirección en Londres que el mismo Porter había escrito y que le había dado al despedirse antes de partir en el avión de la milicia. Watson sonreía al observar ese papel.

Además de su número de teléfono de casa y móvil, Porter también le había proporcionado su correo electrónico para contactarlo online. Watson sentía un enorme deseo de buscar la inmediata forma de hacerlo, sólo por el simple hecho de que ya lo extrañaba mucho, incluso si sólo habían transcurrido algunas horas desde su partida.

Pero en medio de la beligerancia era difícil y restrictivo que a cualquier soldado se le permitiera hacer uso del internet, porque eso podría representar distracciones que podrían causar incidentes desfavorables. Las oportunidades para comunicarse se concedían organizadamente y de forma restringida sólo en ciertos días y éste día no era uno de esos. El doctor Watson debía esperar su oportunidad para poder contactar con el sargento Porter.

Durante un rato más, John Watson continuó cavilando dentro de sus propios pensamientos, recordando los sublimes momentos que había podido tener con el sargento John Porter durante su corta estancia de recuperación en la base militar, le gustaba recordar cada momento que habían podido pasar juntos, desde el momento en que habían hablado por primera vez hasta aquellas veces que él lo había asistido para ducharse bajo la regadera. Pero sobretodo, Watson recordó la azulina mirada determinante de John Porter fijada en la suya mientras le expresaba con sumo afecto su gran admiración por él hasta que los labios de ambos se habían rozado sutilmente en la cercanía de un aventurero beso que al final había tenido que ser abruptamente interrumpido.

Y al recordar ese repentino momento, John Watson se acarició sus propios labios con los dedos de su mano deseando que aquel beso se hubiera consumado. Había sido algo que no podía creer pero que el propio sargento Porter había impulsado a hacer. Tal vez después de todo, los sentimientos que sentía por John Porter eran recíprocos, pero ahora que habían tenido que separarse forzadamente no podría estar seguro de ello. Y el momento en que podrían volver a reunirse era incierto y lejano.

Aunque el lapso de descanso había sido relativamente breve, Watson había disfrutado enormemente rememorar cada momento pasado con el hombre que había cautivado su deseo, complementando esos recuerdos con imágenes producidas por sus fantasías. Seguramente haber besado al moreno sargento Porter habría sido un acto que lo habría llenado de dicha.

Mientras Watson aún estaba inmerso en su propia imaginación, a veces no podía evitar ver pasar a sus compañeros caminando por el lugar, conversando entre ellos. En un momento divisó a la doctora Judy que le había causado frustración enfundando en él celos por causa de algo que no estaba seguro de que hubiera ocurrido, John Watson no podía estar completamente seguro de que realmente la doctora Judy y el sargento John Porter se hubieran convertido en amantes, a pesar de esas insustanciales pruebas como la marca de lápiz labial. Aún continuaba dudando si había sido un hecho consumado, pero recordar que el propio sargento Porter había estado a punto de besarlo lo hacía dudar más en su interés en la doctora. Sólo quería creer que el interés del sargento John Porter realmente estaba fijado sólo en él y no en aquella detestable mujer.

—ah, doctor Watson— dijo la doctora Judy cuando al fin se acercó a él, John Watson permaneció sentado pero alzó la mirada hacia ella con respeto –qué bueno que lo encontré- añadió ella, aunque Judy mostraba respeto también era claro que casi no podía ocultar el desdén que siempre tenía hacia su rubio colega.

—Dígame, doctora— pronunció el doctor John Watson en respuesta.

—necesitan su ayuda en la cuadrilla— afirmó ella, parcamente.

—De acuerdo, gracias por avisarme— Watson asintió sucinto y lacónico aunque educadamente como siempre y luego se levantó de su lugar.

Cuando Watson se levantó de su lugar, sin darse cuenta, la hoja cuadriculada que John Porter le había dado se cayó de su bolsillo al suelo mientras continuó él encaminándose hacia el otro pasillo sin voltear atrás. La doctora en cambio, de inmediato se percató de que el papel había caído al piso y sin dudarlo lo tomó y lo guardó rápidamente en su bolsillo. La doctora Judy se alejó de lugar rápidamente, hasta este momento no sabía ni intuía de qué podría tratarse dicho papel, pero al ser del doctor Watson instintivamente quiso examinarlo rápidamente sin levantar sospechas, de cualquier forma todo en el doctor Watson le causaba intriga desde el momento en que había notado el gran interés que el sargento Porter tenía en él.

Al estar lo suficientemente alejada del lugar, en algún rincón de otra improvisada habitación, al fin la doctora sacó el papel de su bolsillo y entonces se dio cuenta de lo que estaba escrito

John Porter

7-12 Hamilton FXx Street,

Edificio 4, piso 3,

W1F Londres.

Teléfono: 7X4905XX

La doctora Judy se dio cuenta que algo excesivamente valioso había caído en sus manos para su propio beneficio y en su rostro se esbozó una desvergonzada sonrisa. Sin embargo al mismo tiempo no pudo evitar sentir terribles celos por saber que John Watson había obtenido la dirección del sargento Porter, pero ahora que ese papel estaba en sus manos no dejaría que John Watson lo recuperara por ningún motivo. Además, la doctora estaba completamente segura que esa debía ser sin duda la letra del sargento, porque no era igual a la letra del doctor John Watson que ella ya conocía bastante bien ya que estaba acostumbrada a ver siempre sus reportes.

Mientras ella seguía viendo aquel papel en sus manos, John Watson aún no se había percatado de que la hoja cuadriculada se le había caído, pues estaba completamente atento a asistir a sus pacientes, esa tarde recién habían llegado nuevos heridos aunque sólo sufriendo leves raspones.

No imaginaba que la doctora se estaba regocijando de tenerlo.

…..…

Londres, Inglaterra

En Londres, el sargento Porter despertó de madrugada, poco antes del amanecer. Esa noche había tenido un sueño maravilloso como pocos, había soñado que aquella interrupción entre él y el doctor Watson no había ocurrido y que por el contrario había podido disfrutar plenamente del dulce sabor de sus labios besando los suyos. En el sueño aquello había sido una sensación placentera, maravillosa, casi había podido soñar vívidamente la sensación de la suavidad de los ardientes labios de John Watson fundiéndose en efusión con los suyos en medio de ese campamento militar, sin inhibirse en el hecho de que cualquiera de sus compañeros pudiera verlos. Pero eso había sido sólo un sueño.

No pasó mucho rato después de que el sargento despertó de aquel sueño cuando un par de enfermeras tocaron a su puerta. Él las invitó a pasar y ellas le dieron aviso de que la cirugía comenzaría en un rato. Porter asintió, lo había estado esperando más que nada, aunque no le agradara tener que entrar a un quirófano.

En unos minutos el sargento comenzó a ser preparado para llevarlo a la sala de cirugía y en pocos minutos más ya se le había suministrado la anestesia para comenzar con el procedimiento.

—Espero que no tengamos que demorar demasiado, señor Porter, por eso le sugiero que se relaje—dijo el doctor al sargento cuando la anestesia comenzaba a surtir efecto. Y al comenzar a sentir ese entumecimiento, Porter volvió a pensar en el doctor Watson y en las fantasías que su mente insistía cada vez más en crear. Realmente se sentía demasiado extraño por tener tal obsesión con otro hombre, como no lo había tenido antes, una sensación tan extraña como el entumecimiento que ahora experimentaba en su pierna. Sin embargo, aunque era extraño también era sumamente placentero, excitante, nunca habría imaginado que otro hombre le hiciera sentir tales cosas, incluso en un tiempo tan corto, pero cierto era que John Watson no era cualquier hombre, él era diferente, sublime, único.

La cirugía se prolongó un poco, realmente los huesos rotos de John Porter habían sufrido bastantes daños, pero los médicos habían podido arreglarlo en lo mejor posible. Por la tarde, el sargento se encontraba de nuevo en su habitación asignada, a partir de ahora su recuperación iría más en serio. Además que los médicos también habían inspeccionado minuciosamente el progreso de sanación de sus otras heridas. Se alegraron de que las heridas de bala habían sido bien atendidas en la base militar de Afganistán y les enalteció sobremanera que sus compañeros médicos que habían sido asignados allá hicieran un trabajo excelente.

Para cuando el sargento estaba en reposo tras la operación, todavía sentía los efectos de la anestesia. Esperaba que el siguiente día llegara, porque pese a la restricción de los soldados, tenía el firme propósito de tratar de contactar con el Dr. John Watson en Afganistán, y deseaba también no tener que esperar demasiado para que le dieran el alta, aunque sabía que una vez pasado eso tendría que enfrentarse afuera al hecho de mudarse de casa para no correr más peligro.

…..…

Lashka Gah, Afganistán. Base militar Británica

Esa misma tarde John Watson terminó de revisar y organizar ciertos registros de los pacientes que habían tenido en las últimas semanas, no podía dejar de detenerse un poco cuando llegaba a ver el registro del sargento John Porter porque no evitaba recordar en una serie de emocionantes imágenes los momentos que había pasado junto a él durante esos días de sus estancia, y cada vez que lo hacía, sonreía para sí mismo, y un mar de placenteras sensaciones inhundaban su estómago.

Llego el momento en que debió entregar dichos registros al encargado de su cuadrilla y entonces tocó turno de su descanso. Estiró un poco los músculos cuando estuvo fuera del lugar, en medio del pasillo, y luego se dispuso a marcharse de ahí a un sitio para tomar su descanso. Aún le restaban bastantes horas al día y por tanto podrían seguir en labor en cualquier momento, aunque él realmente deseaba que no tuviera que ser así, realmente lo que más disfrutaba de esos días tranquilos no era el hecho de tener más tiempo para descansar sino que no tuvieran que presentarse más heridos y mucho menos más bajas entre los militares.

En algún rincón, John Watson encontró al fin un banco vacío para sentarse un rato y cuando tomó asiento optó por sacar de su bolsillo el papel cuadriculado que creía haber guardado bien todo ese tiempo ahí, pero grande fue su sorpresa al no lograr sentirlo al meter su mano dentro del bolsillo. Echando un vistazo dentro, no logró verlo y decidió levantarse y tratar de buscarlo en algún otro de sus bolsillos, pero no tuvo éxito en encontrarlo. Su desesperación creció sobremanera, el maldito papel no estaba por ningún lado y eso lo alarmó gradualmente.

—Quizá lo dejé guardado en otra parte— se dijo a sí mismo, intentando sin embargo conservar la calma.

Entonces el rubio doctor corrió hasta los dormitorios y se encaminó pronto hacia su propia cama donde también estaban sus pertenencias. Buscó el papel en cada una de sus ropas, en la gaveta donde guardaba algunas cosas y debajo de la cama, pero no podía hallar aquella hoja. Se sentía cada vez más frustrado y desesperado, reparaba en cuenta que había extraviado el papel, de gran valor sentimental, en algún lugar y no podía evitar lamentarse por ello.

— ¡he sido un idiota!, ¿cómo pude perder la hoja que John me dio con su dirección? ¿Ahora cómo podré recuperarlo? ¡No tengo ni puta idea de dónde puede estar!— se increpó de nuevo para sí, mientras cerraba los puños de sus manos con fuerza.

Optó por buscar de nuevo entre sus cosas en el dormitorio pero no halló el papel nuevamente, sabía que era inútil seguir insistiendo en buscar ahí, por lo que decidió salir a buscarlo fuera, tal vez por casualidad podría hallarlo en el suelo de algún pasillo o en el área donde había estado trabajando esa misma tarde.

Y durante largo rato estuvo buscando la hoja cuadriculada, pero a pesar de sus esfuerzos jamás pudo hallarlo. Se sintió totalmente frustrado y desesperanzado cuando decidió rendirse. Haber extraviado aquella hoja le hizo sentir de pronto mucho más alejado de John Porter de lo que se había sentido nunca.

Pero aunque por dentro esto lo hacía sentirse realmente abatido, por fuera no lo demostraría. Era parte de su disciplina militar mostrar siempre estoicidad, sumado al hecho que jamás debía flaquear ante nada, mucho menos en una situación tan hostil como estar en el extranjero en una zona de conflicto. Un militar, aunque fuera sólo un médico y no un experto en armas como John Porter, jamás debía bajar la guardia.

Pero esa noche, pese a su estoicidad externa, John Watson no podía evitar sentir gran ansiedad. No sabía cómo podría comunicarse con John Porter ahora que había perdido negligentemente la hoja cuadriculada que él mismo le había dado con devoción. Podía recordar gran parte de la dirección, pero no estaba del todo seguro pues era un hecho que no lo había memorizado por completo. Y con su mente llena de angustia, esa noche no logró conciliar el sueño como debía. Además no podía evitar preguntarse cómo podría estar John Porter en Londres en ese momento y si a esa hora ya le habrían realizado alguna cirugía. Tampoco podía dejar de pensar en sus compañeros gravemente heridos, pero aunque pareciera egoísta prefería evitar pensar demasiado en ellos porque haber atendido personalmente tan terribles heridas y amputaciones sanguinolentas, ya que eso podría robarle aún más el sueño. Prefería en cambio recordar al guapo sargento John Porter, seguía empecinado en creer que efectivamente John Porter también le correspondía, porque lo había sentido, porque aquel roce de los labios de ambos no habría podido ser sólo una muestra de agradecimiento y camaradería, porque ahora estaba bastante convencido que todo ese contacto corporal, esa voz seductora del moreno sargento expresando efusivamente su agradecimiento por atenderlo y esa sensual mirada azulina proyectada en la suya eran muestras seguras de su interés romántico y sexual en él.

Era maravilloso pensar que esa era la verdad, aunque constantemente otra parte de su psique se empeñara en hacer eco en advertirle que nada de eso podría ser cierto, porque tal vez el sargento siempre había sido un mujeriego y jamás tendría interés por ningún hombre.

Pese a que el doctor Watson pasó un rato de insomnio provocado por su preocupación, al fin pudo conciliar el sueño, mientras pensaba en el sargento Porter y en lo maravilloso que era seguir creyendo que alguien tan heroico como él realmente estaba interesado en un doctor como él.

Tras quedarse dormido, mientras sufría un poco del frío intenso del desierto nocturno, no pasó mucho tiempo para que en su mente comenzaran a procesarse diversos sueños. Entre uno de ellos, quizá incluso el más lúcido de esa noche, John Watson comenzó a soñarse a sí mismo en medio de una de las improvisadas habitaciones de la base militar, específicamente en uno de los cuartos donde atendían usualmente a los pacientes heridos.

Se vio a sí mismo vestido con su bata blanca sobre su uniforme de militar, mientras se encaminaba por la habitación hacia la cama que estaba frente a él, donde pronto divisó que estaba sentado el sargento John Porter, con vendajes alrededor de su torso pero según el sueño, aparentemente sin heridas graves que le aquejaran demasiado. Y entonces, John Watson se vio a sí mismo sonriendo para él y pronunciando algo.

— ¿sargento, cómo has despertado hoy? — inquirió el rubio en aquel sueño.

John Porter le sonrió con malicia coqueta y con la seducción de su particular mirada sobre él, con su expresión pareció invitarlo a sentarse a su costado, a orilla de la cama, a lo que Watson aceptó de inmediato.

—No podría estar mejor, doctor, sino fuera por su atención que me ha sido vital— pronunció el sargento en respuesta.

John Watson se sonrojó ante su cumplido, pese a que se trataba sólo de un sueño podía sentirlo plenamente, al igual que la sensación de mil mariposas revoloteando en su estómago, debido al enamoramiento que le causaba el viril sargento.

Y también pese a ser un sueño, pudo sentir de pronto las manos de John Porter acariciando sutilmente las suyas con intención.

—Me he enamorado totalmente de ti, John…— se escuchó al sargento pronunciar en un susurro lleno de sensualidad mientras decididamente tomaba temerariamente el rostro del rubio doctor y lo acercaba al suyo poco a poco hasta acercar sus labios a los suyos con la clara intención de besarlo.

—John…yo…también estoy enamorado de ti…—respondió el rubio doctor trémulo mientras comenzaba a sentir los labios del fuerte sargento rozando los suyos y tras eso comenzaron a besarse. A pesar de ser sólo un sueño, John Watson podía sentir la boca desesperada de John Porter besando efusivamente la suya, podía sentir la calidez de ese ferviente beso que cada vez se volvía más apasionado, y Watson no podía creer que aquello estaba pasando, sabía que se trataba de un sueño, pero quería creer que no lo era, que era algo totalmente real y que nada podría interrumpirlos de continuar demostrándose cuanto se necesitaban, así como los brazos de ambos se abrazaban al otro para sentir plenamente sus cuerpos, y el sueño continuó, sintiéndose bastante real.

Pero de la misma forma en que comenzó, pronto comenzó a volverse un sueño más difuso, como usualmente ocurría, hasta que John Watson supo que el sueño terminó y comenzó otro, uno que en cambio no fue tan duradero y lúcido como ese, pero que en el cual también se vio a sí mismo en compañía del sargento John Porter. En el nuevo sueño, él y el moreno sargento caminaban juntos tomados de las manos por las calles de Londres y juntos disfrutaban tener una amena conversación, que al día siguiente no podría recordar con exactitud.

Lo que John Watson sí podría recordar al despertar sería la gran dicha que había experimentado dentro del sueño en medio de ese ameno rato de convivencia con John Porter en ese entorno familiar inglés, en el que claramente se percibía paz, y algo de lluvia al fondo, un panorama tan distinto de la hostilidad de esa tierra ajena y árida, siempre en constante conflicto. Un completo contraste.

Y antes de que ese sueño también se difuminara en su inconciencia, se vio a sí mismo besándose dulcemente con el sargento Porter frente a la torre Elizabeth, mientras el Big Ben hacía sonar la nueva hora. Antes de que el sueño dejara de ser lúcido, pudo alcanzar a sentir los fuertes brazos de John Porter rodeando su cintura y atrayendo su cuerpo al suyo para estrecharlo y sentirlo más junto a él, mientras los labios de ambos seguían besándose con frenesí, pese a que la diferencia de estaturas les causaba un pequeño e inevitable problema, y haciendo caso omiso de las miradas de algunos curiosos que los veían al pasar junto. Ahí nada importaba, en la tierra natal de ambos y vestidos de civiles podían demostrarse su amor plenamente.

Fue una noche maravillosa, como pocas que había tenido en años recientes o como no había tenido quizá desde su ya lejana adolescencia, tal vez incluso era el primer sueño maravilloso que había tenido en esa tierra extraña. Y no podía arrepentirse de nada, porque incluso aunque fuera sólo producto de su inconciencia, aquellos sueños con el sargento Porter, del que estaba enamorado, lo llenaban de dicha inmensa.

El resto de su sueño fue reparador, pese a haber sufrido insomnio previamente. Por la madrugada, poco antes del amanecer, como era habitual despertar, John Watson sonrió en cuanto abrió los ojos para espabilarse. Recordó de inmediato su romance apasionado con John Porter en esos sueños de una noche. Rememorarlo constantemente a lo largo de su jornada lo llenaría de excelente ánimo todo el día.

…..…

Londres, Inglaterra. Hospital

Mientras John Watson comenzaba sus actividades diarias en la base militar junto al resto de sus compañeros, en Inglaterra la noche estaba a mitad de su curso. A esa hora, John Porter que se encontraba en un hospital de Londres, estaba en profundo sueño. La condición de su cuerpo tras la cirugía le había hecho caer en un pesado sopor y difícilmente despertaría hasta muchas horas después. Su cuerpo recuperándose lo haría dormir hasta mitad de la mañana.

Mientras dormía, su mente maquinaba diversos sueños poco lúcidos que al despertar no recordaría completamente. Pero a mitad de su sueño, comenzó a experimentar la lucidez de uno de sus sueños, en el que se vio a sí mismo junto al rubio Dr. John Watson, en un coqueteo mutuo que de inmediato comenzó a disfrutar.

—veo que tus heridas han estado sanando bastante bien, sargento— expresó el doctor Watson en el sueño, mientras acariciaba sutilmente uno de los pectorales del moreno sargento, donde hacía unos días había estado un gran rasguño. El sueño era tan lúcido que John Porter podía sentir la tibieza de la caricia de John Watson tocando su piel ahora sanada, donde quedaría una gran cicatriz, y podía sentir cómo sensualmente el rubio doctor comenzaba a contornear dicha cicatriz con los dedos de su mano izquierda.

Y John Porter le sonreía con sensualidad maliciosa mientras extendía su mano para acariciar sutilmente el rubio cabello de su doctor. Y entonces podía ver la sonrisa de John Watson esbozada en sus labios, que estaba desesperado por besar.

—todo gracias a ti, doctor— respondía John Porter seductoramente varonil, mientras su mano que había estado acariciando el dorado cabello del doctor, ahora comenzaba a bajar para acariciar su rostro.

Y ante su respuesta, John Porter observó con entusiasmo cómo el doctor John Watson parecía sonrojarse. No podía creer lo hermoso que ese sutil rubor lo hacía lucir, frente a él, haciendo perfecto juego con sus jugosos labios rosados que lo incitaban a besarlo cada vez más.

En el sueño, John Porter podía sentir su efusión alcanzar su punto álgido, incluso si hasta ese momento aún no había habido entre ellos un contacto más allá que esas sublimes caricias. Podía seguir sintiendo las suaves y cálidas manos del doctor Watson acariciar todo su pecho, deslizarse sensualmente por toda su piel, y podía sentir su respiración cerca de la suya, porque sus rostros se acercaban cada vez más en medio de toda esa tensión sexual. Los dos permanecían en silencio, sonriendo el uno para el otro, y sus ojos se encontraban mezclándose en una mirada fija, la situación onírica hacía darle la impresión al sargento que la mezcla de la mirada de ambos hacia una inexplicable combinación de su propia mirada azul combinada con los matices de la hermosa mirada gris del rubio doctor.

—Eres tan hermoso, me encantas…John Watson— pronunciaba el sargento mientras seguía contemplando el rostro ligeramente ruborizado del doctor. Se dio cuenta que en ese momento comenzaba a quitarse la camisa, John Watson lo había desabotonado temerariamente hacia tan sólo unos instantes, y tal acto había propiciado que la efusión de John Porter incrementara aún más. No podía dejar de sentir una tremenda emoción, el doctor Watson lo provocaba demasiado y aunque estaba disfrutando sobremanera aquel juego de coqueteos, no podía contenerse más.

John Watson se dio cuenta de inmediato en cuanto John Porter comenzó a quitarse la camisa y audazmente comenzó a ayudarlo para terminar de despojarse de ella. Probablemente, John Watson estaba tan desesperado como él por sentir el roce de sus pieles desnudas juntas.

—ah, John…tu cuerpo es tan perfecto, eres todo un hombre de guerra…— masculló el rubio doctor sensualmente haciendo uso de su innata dulce voz, y esto sólo terminó por volver loco a John Porter, mucho más de lo que ya estaba. Y aunque era sólo un sueño, John Porter no podía evitar sentir la firmeza que se había apoderado de su hombría.

—me gusta tanto sentirse así al fin, John…— susurraba el sargento cerca de su oído, con voz entrecortada debido a la excitación que gradualmente incrementaba cada vez más.

—yo también, me emociona tanto sentirte así al fin, John, no podía resistirlo más…sé que lo necesitaba tanto desde el primer momento en que te vi— susurró en respuesta el rubio, dejando escapar algunos gemidos acortados, tratando en vano de disimular el gran gozo que gradualmente recibía de parte del fornido sargento con cada caricia intrépida que se aventuraba bajo sus ropas.

—no puedo creer que esto esté pasando al fin, me he vuelto adicto a ti, John, pero era una sensación tan extraña y nueva para mí que no sabía cómo lograr tenerte, estaba asustado— susurró el sargento mientras exploraba con sus manos cada centímetro de la blanca piel del rubio doctor, que sin embargo ahora estaba más bronceada debido al sol del desierto.

—ahh John, ¿estabas asustado? Jaja, no te creo…tú eres, todo un hombre de guerra, valiente y…fuerte— musitó el rubio extasiado mientras sus manos se posaban sobre el oscuro cabello del sargento, hundiendo sus falanges sobre algunos mechones, y de pronto dio un respingo al sentir como los dedos intrépidos del sargento comenzaban a hurgar dentro de él — aahh— el rubio expresó un grito de placer, Porter pudo notar la mezcla de excitación en su rostro acompasada por su temor, supo así que en realidad el rubio no tenía realmente experiencia en eso, y pensó que debía ser mucho más dócil con él.

—jaja, estaba asustado, sí, de que nunca cedieras a mí, de que te rehusaras a corresponderme y peor aún a que después de tu rechazo quisieras alejarte de mí— expresó John Porter entre susurros cerca de su oído, sin dejar de explorar temerariamente bajo sus ropas para estimularlo y luego de notar que John Watson sonreía nerviosamente ante lo que acababa de confesarle, Porter mordisqueó un poco su oreja para calmarlo.

El rubio seguía sintiendo la estimulación de las grandes y ásperas manos del sargento, sabía que su excitación estaba en un punto álgido en ese momento y sabía que una vez que se consumara la unión sexual caería inevitablemente en la locura, pero estaba preparado mentalmente para ello y realmente estaba desesperado porque ocurriera de una vez. Y Porter también se exasperaba cada vez más a cada momento.

El sargento continuó besándolo con desesperación por todo su cuerpo hasta apoderarse de nuevo de sus labios, y de pronto al fin se colocó entre las piernas del rubio doctor con su gruesa erección apuntando para penetrarlo en cualquier momento. John Watson pudo sentir la calidez del glande del imponente miembro del sargento rozando su entrada previamente dilatada y se mordió un poco los labios cuando comenzó a sentir como John Porter comenzaba a adentrarse dentro de él.

—ahh— gritó el rubio doctor respingando un poco al comenzar a sentir la rigidez de la invasión del miembro de su nuevo amante morocho y cuando Porter decidió meterlo por completo, John Watson se aferró a su fuerte espalda, y se aferró con más fuerza al sentir cómo el moreno comenzaba a embestir dentro de él. Era una sensación incómoda y sin duda dolía un poco, pero no podía negar que paulatinamente se estaba convirtiendo en algo intensamente placentero.

Sus cuerpos estaban al fin uniéndose, fundiéndose juntos en el placer carnal que tanto habían deseado tener juntos desde esos primeros días en que se habían conocido y que a partir de entonces habían desarrollado.

—ahh— gemían los dos al sentir el inmenso placer de la unión. Porter embestía dentro de él con mayor frenesí cada vez, realmente era una sensación maravillosa que nunca antes había sentido con ninguna de sus innumerables amantes, además realmente lo volvía loco explorar el cuerpo semi desnudo de John Watson mientras lo hacía suyo, porque lo emocionaba sobremanera conocer mucho más de ese cuerpo que era distinto y a la vez biológicamente parecido al suyo, que se sentía tan deliciosamente estrecho que sentía que eyacularía pronto dentro del rubio.

—ahh— gemía John Watson más fuerte al sentir que el moreno sargento aumentaba la potencia de sus embestidas dentro de él y gemía también a causa del enorme placer que la sensación de sus caricias le causaba. Juntos estaban llegando a la locura, ninguno podría arrepentirse de que esto estuviera pasando.

Era un sueño tan vívido que sin duda parecía demasiado real, cada sensación y cada respiración cerca del otro, cada beso en intervalos para recuperar un poco el aire, pero inevitablemente se trataba sólo de una situación onírica, no era más que un sueño creado con su subconsciente y pronto terminaría pues el sargento estaría a punto de despertar pese a su convalecencia.

— ¡vaya! ¡Fue sólo un sueño…!— se dijo a sí mismo el sargento John Porter despertando en medio de su habitación de hospital. Dio un suspiro al tiempo en que se espabilaba un poco y reparaba en que la anestesia parecía haber perdido su total efecto a esa hora ya que comenzaba a sentirse realmente dolorido donde habían quedado las suturas de la cirugía.

John Porter observó la habitación por un momento, todavía disfrutando de la placentera sensación que había experimentado en sus sueños húmedos, que precisamente habían derivado en un derrame nocturno de su semilla, como hacía mucho tiempo no lo hacía.

Al intentar incorporarse un poco, Porter notó de inmediato que su pierna fracturada estaba rodeada por un pesado dispositivo metálico externo para fijar las fracturas de sus huesos, que le impedía aún más moverse con facilidad.

Luego de inspeccionar un poco su habitación de hospital con la mirada, al fin miró hacía el reloj. La hora indicaba que era casi medio día, sin duda había dormido casi el doble de lo que una persona normal lo haría y eso era debido a que su cuerpo seguía debilitado. El dolor de las suturas lo aquejaba constantemente, especialmente si trataba de moverse, sumado al hecho de que el dolor de las otras lesiones causadas por la emboscada con los terroristas en Afganistán todavía estaba presente. No habían pasado ni siquiera dos semanas desde aquello, después de todo, pero cada día le exasperaba más y más no poder moverse con libertad y permanecer adolorido y en sopor casi todo el tiempo. Le exasperaba estar en el hospital y le exasperaba tener que requerir ayuda para realizar varias cosas, pero sobretodo le exasperaba no poder saber nada del doctor John Watson.

—fue un sueño maravilloso…. ¡cómo desearía que se volviera realidad! — se decía el sargento a sí mismo a cada momento, mientras apoyaba su cabeza contra su almohada.

Con gran esfuerzo el sargento logró salir de la cama y pese al dolor luego consiguió encaminarse hacia el baño para asearse a sí mismo. El dolor de las suturas y las lesiones resultaba espantoso, pero no podía permitir que ninguna enfermera lo asistiera y se diera cuenta que había tenido un evidente sueño húmedo cual adolescente, no quería que alguien se enterara, por pudor y porque no quería tener la mala suerte de lidiar con otra enfermera o doctora que pusiera interés insistente en él como aquella mujer cretina en Afganistán e intentara acosarlo. Se sentía extraño de querer evitar conocer a más mujeres, porque lo único que deseaba en ese momento era consumar su relación con el rubio doctor del que estaba totalmente prendado.

El sargento se indignó un poco de que no habían tenido consideración de dejarle unas muletas para poder moverse, con mucho esfuerzo podía apoyar el pie recién operado sobre el piso y si lo hacía dolía como el infierno, pero sabía que podría lograr llegar hasta el cuarto de baño apoyándose de la pared. Logró hacerlo con gran esfuerzo luego de algunos tortuosos minutos y al fin logró meterse bajo la ducha. No estaba seguro si el contacto con el agua podría perjudicar sus recientes suturas, y si no tendría problema con el dispositivo de fijación en su pierna, sus heridas ardían al sentir el contacto con el agua, pero siendo un hombre fuerte de guerra experimentado de más de 40 años de edad que ya antes había experimentado múltiples lesiones con curaciones improvisadas, esto no iba a detenerlo. Trató de relajarse pensando en el doctor que tanto deseaba poseer, trató de revivir en su mente aquellas vívidas imágenes que había experimentado en sus sueños, y trató de concebir cómo sería realmente poder unir su cuerpo al de John Watson, deseando fervientemente que eso sucediera pronto.

—Prometo ir por ti, John, prometo estar contigo pronto….alejarte de toda esa situación dramática y hacerte el amor cada día, en cada rincón…hacerte mío por siempre— musitaba constantemente en medio de su fantasía bajo la regadera. Las heridas seguían ardiendo, pero no parecían afectar las suturas. El dolor combinado con el recuerdo de John Watson comenzaban a crear una mezcla de éxtasis que se concentraba en su entrepierna. En un momento su miembro se había erguido duro de nuevo, debía calmar su excitación con su mano. Consideró que hacía mucho tiempo no se había masturbado de esa manera, y a pesar de que desde hacía días se sentía grandemente atraído sexualmente por el rubio doctor, nunca se había tocado de esa manera pensando en él. Ésta era la primera vez que lo hacía por el doctor y era también la primera vez que lo hacía por otro hombre. Pensar en ello lo hacía excitar incluso más. Y de esa manera, enajenado por la fantasía su masturbación se tornó arrebatada. Volvió a derramarse en eyaculación provocada por el recuerdo del rubio doctor, cuya imagen no se disipó de la mente del sargento mientras él veía como el agua corriente diluía su semilla nuevamente vertida.

—ahh, John, no sé cuánto más podré resistir esto, tu ausencia me está matando, más que esta maldita convalecencia— se dijo a sí mismo en voz muy queda. El cuerpo le seguía doliendo, las heridas ardían pero él se sentía auto complacido. Había liberado un poco de lo que había tenido que reprimir desde que el doctor le había comenzado a causar tales sentimientos.

— ¿señor Kennedy? — inquirió de pronto una voz femenina llamándolo desde fuera por el nombre falso con el que lo habían registrado en el hospital para no levantar sospechas. Porter supo que no era una voz familiar, aunque sonaba común. En ese momento cerró la llave de la ducha y con dificultad tomó una toalla para secarse al tiempo que respondía al llamado, que la fémina había hecho por segunda ocasión.

—Aquí en la ducha, en seguida saldré— respondió el sargento.

Era una de las enfermeras que debían asistirlo, quien después de ver que Porter se había bañado solo se sorprendió.

Nada fuera de lo común ocurrió el resto del día.

….

Lashka Gah, Afganistán. Base Militar Británica

Mientras John Porter seguía en el hospital de Londres, recuperándose de sus cirugías, John Watson seguía intranquilo en la árida tierra de Afganistán, en la base británica.

Otro día había comenzado en Afganistán, y el movimiento en la armada que se resguardaba ahí no había sido muy diferente a otros días, aunque sí más tranquilo, afortunadamente. No se habían presentado incidentes graves ese día. Los soldados que debían hacer sus respectivas salidas de rutina a los pueblos cercanos no habían tenido ningún contratiempo, ni habían tenido que enfrentar a nadie. Pero el peligro para la base seguía latente, por lo que en acuerdo con las armadas de otros países aliados, habían decidido mudar su ubicación pronto.

El personal médico debía seguir atendiendo a los heridos, pero no habían tenido que atender heridos de gravedad, sin embargo de cualquier forma siempre seguían estando ocupados.

No obstante, en ningún momento John Watson dejó de pensar en el sargento John Porter, y por supuesto haber perdido su dirección era lo que más le preocupaba.

Habían pasado ya varios días desde que John Porter y los otros heridos habían partido de regreso a Inglaterra. A partir de ese momento no había vuelto a saber nada de él y no tenía manera de mantener contacto. El WiFi de la base no era muy bueno, además su uso era restringido así como cualquier dispositivo. John Watson nunca había sido adepto a la tecnología, pero desde que John Porter se había marchado había estado más inquieto que nunca por poder tener el acceso a ello.

— ¡Ni hablar! ¡No puedo encontrar el papel que me dio el sargento por ningún lado! Afortunadamente ya escribí lo que recordaba de la dirección en otro papel. Pero realmente no sé cómo puedo comunicarme con él. No sé si él esté intentando comunicarse conmigo o si se lo tienen prohibido. Aunque supongo que debe ser eso, después de todo, Zahir y aquel funcionario lo tiene en la mira y no debe permitírsele comunicarse con el exterior y mucho menos con esta base. Además ¿qué de importante tendría que ser que un sargento como él intente comunicarse con un simple doctor de la armada como yo? No hay duda de que no volveré a ver a John Porter en un largo tiempo, y tal vez…cuando lo haga…las cosas no podrán ser igual— dijo John Watson a su compañero y mejor amigo del campamento el doctor Raymond cuando estaban en un horario de descanso.

Raymond lo notó sumamente desanimado, siendo soldados siempre se les había instruido en el manejo de sus sentimientos de todo tipo, pero él realmente podía darse cuenta que el estado anímico de su muy estimado compañero rubio no estaba bien. John Watson estaba triste, casi la mayor parte del día lo estaba a causa de la partida de John Porter, aunque no podía negar que haber estado soñando con el sargento durante esas noches lo alegraba mucho al despertar cada mañana. Pero las cosas no podían ser diferentes, tenía que ser realista. Mientras estuviera en ese campamento en medio de aquella tierra extraña y en el ambiente hostil de la ocupación militar, no podía ser feliz consumando una relación con el sargento, además de que a pesar de todo no estaba realmente seguro hasta ese momento de que John Porter tuviera el mismo interés sexual y sentimental en él.

— ¡vamos! ¡No te desanimes! Seguro que pronto podrás volver a hablar con él, y cuando menos te lo esperes podrás volver a verlo y estoy seguro de que por todo lo que me has contado él y tú podrán ser más que simples compañeros. Puedo intuir que él te corresponde, John— dijo Raymond sincero, tratando de animarlo al tiempo que le daba una amistosa palmada en la espalda.

—gracias por los ánimos, pero soy realista. Además no puedo permitirme ser tan egoísta, sé que mi deber aquí es servir como doctor de la milicia y una de las cosas por las cuales renuncié para ello es que estando aquí no tengo permitido tener contacto con el exterior a mi antojo, mucho menos con un superior como el sargento Porter y sobretodo porque debido a ciertos conflictos políticos que ya conocemos, un nexo con él representa un peligro para la base, para él mismo y para Reino Unido— expuso Watson.

—Lo sé, pero eso no impedirá que pronto puedan volver a reunirse, ya lo verás— expresó Raymond animoso, John Watson alzó la mirada hacia él y sonrió por un momento, realmente le gustaba tener el apoyo de un buen compañero y colega como Raymond, y realmente deseaba poder sentirse más confortado.

—tienes razón, supongo que sólo tengo que ser paciente. Eventualmente volveré a ver al sargento Porter, y entonces ya veremos qué pasa entre nosotros— dijo el rubio.

Las actividades en el campamento militar continuaron con normalidad. John Watson trató de seguir siendo un poco más optimista. Pero no volvió a encontrar la hoja cuadriculada.

….

Londres, Inglaterra.

Desde el regreso del sargento John Porter y el resto de sus compañeros a Inglaterra habían transcurrido cerca de dos semanas. Desde el segundo día de su intervención quirúrgica, el sargento Porter había sido trasladado a otro hospital en mucha mayor privacidad para evitar que los enemigos pudieran seguirle el rastro. El hospital donde había sido trasladado tenía una vigilancia mucho más sofisticada, donde debía permanecer varios días hasta su recuperación que a pesar de no parecer complicada sería lenta. No podría permitírsele aún el alta y todavía debía requerir un par de cirugías más para que sus huesos rotos y otras contusiones pudieran ser bien tratadas. Cada día y cada noche el sargento pensó en el doctor John Watson, continuamente volvía a fantasear con él, simplemente no podía explicarse por qué alguien a quien apenas había conocido durante escasos días podía haberle causado tal impacto. John Watson simplemente no podía dejar de ocupar sus pensamientos y sus fantasías que a menudo volvían a derivar en masturbaciones y sueños húmedos.

Durante ese tiempo en medio de su gran desesperación, en más de una ocasión John Porter trató de contactar al rubio doctor, pero todo parecía inútil. No se le permitió tener contacto con la base militar y ante su insistencia el personal que lo custodiaba optó por negarle el contacto con el exterior, aún si éstas eran llamadas locales. Su vida podía correr peligro con Arlington, Zahir y sus hombres al acecho y más aún si Porter trataba empecinadamente de contactar con la base militar, para lo cual por supuesto el sargento no les había declarado su verdadero propósito.

—Sargento, no entiendo por qué ha insistido dos veces en ponerse en contacto con la base militar en Afganistán. ¿Podría explicarme su interés en ello? ¿Acaso es algo importante que aún no nos ha contado o es sólo que quiere meter en problemas a la base? Eso es sumamente irresponsable y podría costarle su rango— demandó uno de sus superiores con el ceño fruncido debido a la seriedad del asunto. John Porter había estado tratando de evadir la respuesta durante el rato en que el superior le había cuestionado.

—Un asunto personal, nada que haga interferir con la base— explicó Porter sucinto, su mirada también denotaba seriedad, mientras estaba recostado sobre la cama de su habitación, la pesada y estorbosa estructura de metal alrededor de su pierna rota todavía le hacía estar recostado la mayor parte del tiempo.

—No sé de qué asunto personal habla pero le exijo que no vuelva a intentar ponerse en contacto con la base en Afganistán, no caiga en esa irresponsabilidad, sería demasiado imprudente de su parte, sargento. No le está permitido comunicarse con ninguna base y mucho menos con Afganistán, además ni siquiera se le está permitido tener contacto local por el momento puesto que Arlington, Zahir y sus hombres ya saben que está usted en Inglaterra. Asuma su responsabilidad y no nos haga quitarle su rango ni mantenerlo en mayor vigilancia.

—lo siento señor, así será— respondió John Porter seriamente pero mirando a su superior con la firmeza que todo militar tiene.

— ¿Puede explicarme qué clase de asunto personal es al que se refiere, sargento? — inquirió el superior estrictamente.

Porter hizo una pausa antes de hablar.

—Descuide, no es algo relevante. La verdad es que preferiría no hablar de ello. Realmente es algo muy personal, pero que voy a evitar completamente— dijo el sargento en respuesta, soslayando un poco la mirada.

— ¿Qué tan personal y urgente debe ser para que un sargento como usted trate de tener contacto con la base militar en una ocupación complicada como Afganistán mientras está convaleciente? —inquirió el superior, su rostro enmarcaba más formalidad.

—Quería…contactar con un compañero, un doctor de la base. Quería agradecerle por toda la atención que tuvo conmigo ya que no pude hacerlo estando ahí. Debía confesarlo— explicó el sargento Porter al fin.

El superior se sorprendió de la explicación de su propósito, sobretodo porque pudo notar en las palabras de Porter que aquel propósito era emotivo y no mera cordialidad, Porter realmente deseaba contactar a ese compañero, aunque por la forma en que habían sonado sus palabras el superior no pudo evitar intuir que se trataba en realidad de algo más que mero afecto.

—Sargento, me atrevo a preguntar si se trata de una mujer. No sería ético de mi parte tratar de inferir, pero hablándole como civil me atrevo a hacerlo un poco. Sé que hay doctoras bastante atractivas que han sido recientemente enviadas allá, conocí a dos de ellas personalmente— expuso el superior intentando indagar, un poco fuera de su postura militar.

Porter se sorprendió de su inmediata suposición y aún más porque parecía atinada, porque sabía a lo que su superior se refería, el hecho de que su propósito era de índole sentimental, aunque cierto era que el superior estaba equivocado con el género, pero Porter no estaba dispuesto a confesarle que estaba en lo cierto aunque en realidad se trataba de un doctor hombre.

—ah, no, en realidad es sólo un compañero doctor, que por cierto lleva el mismo nombre que yo— explicó John Porter, aunque continuaba hablando con firmeza su voz se notaba un poco más baja, como si tratara de eludir en lo mayor posible el asunto y zanjarlo de inmediato.

—Ya veo, perdone mi impertinencia por suponer algo que no era. Claro está que aunque la milicia no lo prohíbe del todo lo mejor es no establecer vínculos sentimentales entre compañeros, y no quiero que se malinterprete el hecho de que mencioné que nuestras doctoras son atractivas, porque eso sería misógino de mi parte. Nuestras compañeras son enviadas por sus habilidades, aunque puede ser inevitable fijarse en alguna de ellas, es propio del ser humano— explicó el superior.

—No se preocupe, señor. Y le aseguro que no es ninguna mujer. Pero realmente tengo la intención de contactar con el doctor…John Watson, tengo mucho que agradecerle y no tengo otra manera de ponerme en contacto con él— admitió el sargento.

—No desespere, y si lo desea yo mismo puedo ayudarlo a ponerse en contacto con él, de forma discreta sin que tenga que tratar de contactar con la base. Debió habérmelo dicho antes de intentar hacerlo, sargento— dijo el superior, a pesar de que era un hombre sumamente estricto también tenía un lado amable y empático con sus compañeros.

Escucharlo decir eso alegró al sargento John Porter grandemente, aunque su júbilo tuvo que guardárselo para sí mismo.

—Le agradezco mucho por ello, señor— dijo Porter sonriendo con prudencia.

—Escriba una carta y yo la enviaré personalmente al Doctor que mencionó, sin remitente para que no sea interferida. Pero hágalo pronto, antes de que me arrepienta— indicó el superior.

—Lo haré hoy mismo, señor— dijo Porter, internamente estaba más alegre.

—Por cierto, el doctor dijo que el alta podrán dársela en dos días más, pero temo que no podría volver a su domicilio para entonces, como usted ya lo sabía. Así que se le ha conseguido un nuevo sitio para vivir, al norte de Gales. El personal lo llevará personalmente hasta allí.

—De acuerdo, señor— respondió John Porter sin mostrar protesta alguna, aunque ya sabía que sería forzado a vivir en otro sitio no había imaginado que podría ser demasiado lejos. Pero al menos podría lograr tener contacto con el rubio Doctor John Watson y avisarle de ello.

Luego de hablar un rato más sobre el asunto de Arlington y Zahir, el sargento John Porter volvió a quedar a solas en su habitación de hospital. Finalmente podía exteriorizar al menos para sí mismo un poco de su entusiasmo, que las enfermeras pudieron notar. Durante esos días encerrado en esa habitación, adolecido y adormecido por medicinas no había podido hablar demasiado con nadie más que con esas enfermeras que entraban constantemente para asistirlo, aunque con ninguna había podido establecer mayor relación que la de ser su paciente, pero eso estaba mejor después de todo. No quería involucrarse con nadie más que el doctor John Watson, no quería volver a tener el hostigamiento de una mujer como había sucedido con la doctora Judy en Afganistán.

Aunque le hacía falta hablar con alguien.

Esa misma tarde el sargento Porter pudo escribir con entusiasmo una carta dirigida al doctor John Watson. Afortunadamente una de las enfermeras le había conseguido una hoja y un bolígrafo para escribir. Porter le pidió también un sobre para carta.

En la carta, John Porter escribió muchas de las cosas que había querido expresarle a John Watson, empezando por saludarlo y expresarle lo mucho que lo había extrañado. Explayó su agradecimiento, jamás se cansaría de ello, pero en esa carta no podía declararle sus verdaderos sentimientos y todo lo que el doctor había causado en él, porque eso era algo que por su puesto debía decírselo de frente, en un lugar y momento adecuado, aunque por el momento la desesperación por declarárselo estuvieran acabando con su paciencia. Además, aunque el servicio fuera estricto y respetuoso no podía evitar que existiera la posibilidad de que alguien más leyera la carta. No debía comprometer nada. Debía ser una carta cordial en la que ni siquiera podía poner su nombre por completo.

Querido doctor John Watson:

Soy el sargento John, tú sabes quién, escribiéndote desde algún cuarto de hospital en Inglaterra. No puedo ni siquiera mencionar el punto en el que estoy, y no puedo decir demasiado de lo que ha ocurrido por aquí pero todo ha ido mejorando respecto a mis lesiones. Han sido dos semanas tortuosas entre cirugías y recuperación, aún estoy convaleciente y no puedo moverme demasiado. Las suturas y las lesiones duelen como el infierno todavía. Jaja no querrías ver lo que los doctores me han puesto en la pierna, una cosa de metal que externamente rodea mi fractura. Seguro tú sabes el nombre de esa cosa, tú eres el experto. Es por eso que no sabes cuánto he estado extrañando tus cuidados, que sigo agradeciendo enormemente. Nunca podría cansarme de ello y tampoco podré dejar de admirar la estoicidad y dedicación que mantienes con cada uno de los pacientes que debes atender. Espero que las cosas allá no hayan empeorado y que por el contrario no haya habido más compañeros heridos de gravedad, ni bajas que lamentar. De cualquier forma sé que estarás ahí siempre tenazmente para atenderlos, por muy duro que sea.

Realmente deseo poder volver a reunirme contigo, espero que eso pueda ser más pronto de lo que esperamos. Me darán el alta en escasos días, aunque mi recuperación aún tardará en completarse, estoy desesperado por salir de aquí, pero soy paciente. Prometo que aunque sea difícil volveré a Afganistán para ayudar a nuestros compañeros, servir a la nación y tener de nuevo un buen rato ameno contigo, como los tuve en mi corta estancia allá.

Te estimo y te admiro mucho, John. Hasta pronto.

PD. Por motivo de seguridad me he visto obligado a cambiar mi domicilio, y por eso mismo tampoco puedo revelarte por este medio dónde voy a vivir a partir de ahora. Pero ya encontraremos la manera de volver a estar en contacto.

-Atte- Sargento John

—¡ah, me ha dolido como el infierno escribir esta carta! pero me siento muy feliz de que podré enviársela a John hasta Afganistán— masculló John Porter cuando terminó de escribir, su mano aún estaba sensible debido a las lesiones.

A la mañana siguiente, el sargento pudo entregársela a su superior que había vuelto a visitarlo. El sobre no tenía remitente como lo había indicado, pero tenía el claro destinatario hacia el doctor John Watson enla base de Lashka Gah.

Porter quería confiar que todo saldría bien.

Los días en el campamento militar de la milicia británica en Afganistán habían sido variados, a veces podían tener días tranquilos sin heridos de gravedad que atender, y otras veces lamentablemente habían tenido que volver a enfrentarse a heridas mortales en sus compañeros. Las cosas seguían muy agitadas en el lugar, porque los grupos radicales habían estado tratando de mantener el control en varias regiones y recuperar otras más. El campamento tenía casi todo listo para mudar sus instalaciones. Habían pasado un par de semanas más desde que John Porter había enviado esa carta al doctor John Watson mientras él seguía recuperándose en su nuevo domicilio, al norte de Gales, donde nadie sabía dónde se ubicaba, salvo algunos cuantos de sus superiores en la milicia y en el MI6, que ahora tenía un nuevo jefe al mando del cargo que Collinson había dejado tras su muerte en Afganistán.

La pierna de John Porter aún tenía la molesta escayola cubierta por la estructura metálica, y aún le impedía desplazarse, además el dolor incrementaba con el frío. Pero la mayoría de sus lesiones se habían recuperado, ya no tenía que depender de los analgésicos. Seguía sintiéndose desesperado porque todo eso terminara, se sentía inútil de permanecer en casa todo el tiempo y peor estando en un sitio desconocido donde no había podido salir a explorar el vecindario.

Durante todo esos días no podía dejar de pensar en el doctor Watson, y se preguntaba si la carta que le había enviado ya había llegado a sus manos.

Lo cierto era que en ese momento la carta estaba a punto de ser recibida por el doctor Watson, mientras atendía sus responsabilidades en la base militar, comenzando el día en Afganistán.

—Hey, doctor Watson, llegó correspondencia para usted— anunció uno de sus compañeros al rubio doctor, extendiendo el sobre hacía él. John Watson se sintió sorprendido por ello, pero algo en él le hizo deducir de inmediato que podría tratarse de correspondencia del sargento John Porter y eso lo emocionó internamente de sobremanera.

—ah, gracias—dijo el rubio y tras entregar la carta, el compañero de Watson se marchó de ahí.

John Watson observó el sobre por un momento antes de abrirlo, el sobre no tenía remitente pero tenía claramente las estampillas de la Reina de Inglaterra y el sello del servicio de correo enviado desde Londres. Recibir un sobre así en un sitio como ese era verdaderamente algo inusual, además él no tenía a alguien que le enviara cartas, pero John Watson casi estaba seguro de que ese sobre había sido enviado de parte del sargento Porter.

Con gran furor se dio prisa para abrir el sobre y de inmediato extendió la carta que estaba doblada. Se había dado cuenta que también dentro del sobre se encontraba una fotografía.

La letra era irreconocible, se trataba de la misma letra con la que John Porter había escrito la dirección en aquella hoja cuadriculada. A pesar de que John Watson la había tenido consigo durante muy poco tiempo antes de extraviarla había sido capaz de memorizar la caligrafía del sargento.

— ¡Es una carta de John! — expresó el rubio efusivo, aunque en voz baja y para sí mismo, se encontraba solo en esa pequeña habitación que fungía como pequeño almacén de medicamentos. Por eso mismo no quería leer la carta ahí, debía encontrar un sitio más íntimo y acorde a ello, quería leer sin interrupciones y a solas donde pudiera exteriorizar sus sentimientos de leer lo que John Porter le había escrito. Con tan solo leer "querido John" no podía dudar que se trataba de una buena carta.

El doctor John Watson se apresuró a salir de ahí y caminó rápido por el corredor hasta llegar a las habitaciones, había guardado antes la carta en su bolsillo.

—ah, doctor Watson, el superior de la cuadrilla quiere verlo. Me mandó a avisarle— dijo de pronto la voz de la doctora Judy, que pasaba caminando junto a él.

Al escuchar su voz, John Watson no pudo evitar salir un momento de su arrobamiento, inevitablemente la doctora siempre le causaba desagrado, existía una ineludible rivalidad entre ellos, aunque no habían vuelto a tener discusión alguna.

—ah, iré en un par de minutos, dígale eso al superior, por favor— respondió el rubio doctor, con voz sumamente seria y apenas volteando a verla.

Pero la doctora se dio cuenta que el rubio doctor estaba ansioso, más de lo normal, y al notar que tenía las manos indecisamente dentro de sus bolsillos, intuyó que algo ocurría. Pero más tarde lo averiguaría.

—de acuerdo, se lo diré— respondió ella mirándolo con cierto desdén pero pronto se dio media vuelta y continuó su camino.

Mientras tanto, John Watson se encaminó a su dormitorio y ahí pudo al fin leer la carta del sargento que ávidamente leyó con emoción.

—ah, John…no creí que hicieras esto por mí, enviar una carta desde Londres hasta aquí, Afganistán sólo para mí— musitó el doctor para sí mismo mientras volvía a leer la carta, que además había sido acompañada con una pequeña fotografía del sargento sonriendo con un escena cotidiana de Londres al fondo.

John Watson también había leído lo que John Porter había escrito detrás de la fotografía.

"Tal vez es demasiado fastidio enviarte mi foto, pero no quisiera que me olvidaras. Ojalá pudiera aparecer así contigo en la foto, juro que un día sucederá. Y ojalá pudiera tener una foto tuya, pero creo que eso no podrá ser posible pronto

-John"

—aww, maldito sargento, ¡me enviaste tu foto! — expresó el rubio mientras observaba con gusto la fotografía del sargento, y entonces se atrevió a besarla un poco, con un sutil toque de sus labios – realmente te ves muy guapo en esta foto, como lo eres en persona— dijo el rubio para sí.

Habría deseado permanecer de esa forma por más rato, pero no podía, ya se había demorado en ir con su cuadrilla. Rápidamente guardó la carta entre sus cosas bajo su cama, que era la cama de abajo en la litera. Ésta vez se aseguraría de guardarla bien con llave.

Luego el doctor salió de la habitación.

FLASHBACK END

….

Londres, Baker Street. 2011

Era otra mañana en su nuevo domicilio y el doctor John Watson había despertado hacía no mucho, aunque aún no terminaba de alistarse. Debía acudir al nuevo trabajo que había obtenido en un pequeño consultorio para ganar más dinero del que la pensión del Estado le proporcionaba.

Esa mañana, después de ducharse y mientras permanecía vistiendo su bata de baño, se había sentado por un momento a leer esa misma primera carta que el caído sargento John Porter le había enviado a Afganistán aquella vez, hacía poco más de medio año atrás. Leer la carta le había traído muchos recuerdos de lo que había ocurrido, y con ello el anhelo de tener a John Porter de vuelta a su lado, de vuelta a la vida.

Pero pese a los recuerdos dolorosos, leer esa carta también le traía todos los buenos recuerdos que su relación con el sargento John Porter le había traído.

—ah, John, que bueno que ya estás levantado y veo que ya tomaste una ducha…— dijo Sherlock de pronto al tiempo que entraba a la habitación.

John Watson mostró de inmediato su molestia.

—hey, ¡¿qué demonios se supone que haces?! ¿Qué dijimos de respetar mi privacidad? ¡Esta es mi habitación, maldita sea! — espetó el rubio en protesta y con el ceño fruncido.

Sherlock lo miró con duda, parecía que para él no era grave entrar a la habitación de John Watson sin avisar, y no sentía realmente culpa de ello por lo cual sin más continuó hablando.

—err…perdón. Ah, sí, tenemos un nuevo caso, John. Anda, vístete. Nos vamos en diez minutos— indicó Sherlock sin consideración y luego de echar un fugaz vistazo hacia el escritorio de John sobre la cual se encontraba la carta de Porter que había estado leyendo, Sherlock salió de la habitación.

—¡oye, pero tengo que ir ahora mismo a trabajar al consultorio! — espetó el rubio desde el marco de la puerta, pero Sherlock parecía inmerso en el furor que le causaba pensar en este nuevo caso, estaba notablemente emocionado y reflexionaba sus ideas en voz alta, por lo cual casi no prestaba atención a John.

— ¿entendiste lo que te dije? —insistió John Watson, pero había terminado de vestirse y había salido de su habitación.

—ah, no te preocupes, te pagaré el día si quieres, pero realmente necesito de tu ayuda en esto— Sherlock finalmente le respondió.

—Está bien, vamos— dijo el doctor secamente aunque no lo admitiera prefería acompañar a Sherlock a resolver ese caso que ir a su rutina monótona en el consultorio –maldición, espero no arrepentirme. Al menos permíteme avisar que no iré— añadió mientras se ponía la chaqueta.

Sherlock asintió y se encaminó hacia la salida y aun dando la espalda a rubio, habló.

—John, no olvides guardar bien y bajo llave tus cartas y demás objetos de valor sentimental, cualquiera podría verlos si es que tenemos que volver aquí con alguien más— dijo.

John Watson de nuevo se sintió vulnerable ante la deducción de Sherlock, pero ya se estaba acostumbrando. Sin responder o cuestionar por ello, obedeció a la sugerencia de su compañero.

…..

Nota de la autora: Al fin pude actualizar este fic después de un año! xD

Espero que la espera haya recompensado un poco este nuevo capítulo, como ven las circunstancias aún no permiten que exista un reencuentro entre el sargento John Porter y el doctor John Watson pero ya verán lo que pasará pronto ;D

Lamento mucho haber tardado tanto en actualizar pero además de que tengo otros fics y demás cosas Richartin que hacer han sido meses ocupados xD además a veces me deprimo porque me siento sola con mi fangirleo o siento que no importa :c y ahora sí tenía que decirlo xD

Pero mi amor por Richartin puede mucho más porque a pesar del tiempo amo este hermoso y sexy ship cada día más! Me inspiran demasiado todo el día todos los días! uwu es por eso que aunque me tarde tengo el firme propósito de seguir :v me lean o no, porque lo hago por intenso amor al ship! :3

Se agradece mucho a aquellas personas que siguen leyendo mis fics pese a la tardanza!