Lo siento, lo siento, lo siento de verdad por haber tardado tanto. Ojalá hubiera tenido tiempo para seguir escribiendo pero, paradójicamente, tengo más tiempo ahora que empiezan las clases.

Muchas gracias a todos por vuestros reviews y por seguir mi historia, nada me hace más feliz que poder compartir con vosotros las miles de escenas que he imaginado durante tantos años para los libros de Harry Potter.

Espero que lo disfrutéis, y prometo tardar mucho en subir el siguiente capítulo... Es brooomaaa... En MUY MUY poquito tiempo estará disponible ;P

Salu2!


CHAPTER 4

Si habían estado ocupados antes de la llegada de Harry, aquello no era nada en comparación con la situación actual. La señora Weasley estaba empecinada en mantenerlos separados, y Harry, Ron y Hermione tenían que arreglárselas para juntarse en pequeños ratos libres, realmente difíciles de encontrar.

Desde que Harry había dicho ante todos que tenía que marcharse, la señora Weasley los miraba de forma suspicaz, parecía temer que pudieran comunicarse entre ellos sin necesidad de hablar.

Atravesaba con la mirada a Ron cada vez que lo veía aparecer, y no era la primera vez que se oían sus gritos desde la cocina tras haber llamado a su hijo con la excusa de necesitar ayuda.

- No, Mamá, no insistas, no voy a cambiar de opinión…

- ¡Jovencito! No sé con quién crees que estás hablando, pero te digo una cosa: no creo que puedas tomar decisiones tan importantes tú solito y con esa frescura… Además, ¿qué vais a hacer vosotros, tres niños, perdidos por ahí?

- No somos niños Además, son mis estudios, seré yo quien decida.

- ¡Pero bueno, Ronald Weasley! ¡He dicho que no, y es que no!

Ron miró hacia el suelo un momento, estaba muerto de miedo por lo que iba a decir.

- Lo siento, Mamá…- La miró fijamente, e intentó ante todo permanecer serio y tranquilo.- Voy a ir con Harry y Hermione, no voy a abandonarlos. No me vas a convencer, por mucho que me grites y me insistas, ni te va a servir de nada separarnos, porque ya está todo planeado y acordado.

Mentía, mentía descaradamente, pero su madre tenía que verlo seguro, y no lo podía echar todo a perder. Ella lo miró, primero muy seria, pero luego pareció entristecerse. Ron no dijo nada, cualquier signo de debilidad era justo lo que ella necesitaba para lanzarse al ataque hasta hacerlo sentirse culpable.

Salió de la cocina, dejándola allí, callada.

La mañana siguiente la señora Weasley había pedido ayuda a Hermione para limpiar los muebles del salón. En ese momento no había nadie más en la planta baja de la casa.

Hermione frotaba con fuerza la puerta de un mueble, muy concentrada, intentando en vano que la señora Weasley no le dijese nada.

- Hermione, querida…- la madre de Ron se detuvo y la miró fijamente. Ella, sin embargo, continuó sin mirarla.

- Dígame, señora Weasley.

- No te hagas la tonta, mírame.- El timbre severo que se podía percibir en su voz no se veía reflejado en su rostro, al menos al principio, porque no tardó en cambiar de expresión.- Sé que contigo no puedo andar con rodeos, así que dime, ¿qué se te ha pasado por la cabeza, a ti, Hermione, para dejar de estudiar? De verdad, creía conocerte lo suficiente…

- Precisamente por eso, señora Weasley.- La interrumpió. Cuando levantó la cabeza y mantuvo su mirada, por poco no se amedrentó, pero sabía de sobra que era eso lo que Molly quería.- Debería estar segura de que tiene que tratarse de algo muy importante como para que yo deje de estudiar.

- Sí, ¿pero qué es eso tan importante? Querida… La Orden podría encargarse de todo, ¡no es necesario enviar a tres niños a una muerte segura!- Había ido aumentando el tono de voz según hablaba.

- Entiendo que se enfade, Ron es su hijo, pero tanto él como yo hemos decidido…

- Eso… ¡Eso! Tus padres, Hermione, ¿qué dicen ellos?- La voz de la señora Weasley pareció adquirir un tinte desesperado.

- Ellos… Lo entienden. Y respetan mi decisión…- Se repitía una y otra vez "lo siento, lo siento", no soportaba mentir de esa manera, menos aún después de haberles hecho eso a sus padres, pero ¿qué podía decir?- Entienden la gravedad de la situación y saben que es mi obligación…

- Claro, pues me gustaría hablar con ellos ¿podría ser?- le dirigió una mirada suspicaz, esperando claramente que Hermione se rindiese, pero ella le sostuvo la mirada, aunque cada vez más vacilante.

Se oyeron unos pasos ligeros bajando las escaleras, y Ron apareció, asomando su cara asustada.

- ¿Qué pasa, Mamá? ¿Por qué gritas?

- No estaba gritando, Ron…- Intervino Hermione.

- Espero que no se te haya ocurrido intentar sonsacarle nada a Hermione, ella no tiene que aguantar ninguna bronca de tu parte…- Decía esto mientras se acercaba a ellas rápidamente. Estaba realmente enfadado, no pensó que a su madre se le pasaría por la cabeza reñir a Hermione.

- Ron, de verdad…

- ¡Ronald Weasley, no me hables de esa manera! Te estás pasando… Y no estaba riñendo a Hermione, sólo quería saber cómo es posible que la más inteligente decida hacer semejante tontería. Y esta misma tarde iré a hablar con tus padres, jovencita…

- ¡Mamá, tú no tienes que…!- Empezó Ron, poniéndose rojo de rabia.

- ¡Ron, cállate!- Se hizo el silencio con el grito de Hermione. Ella se volvió hacia la señora Weasley, ignorando la mirada herida de Ron.- Verá, señora Weasley, mis padres siempre me han considerado lo suficientemente madura como para tomar mis propias decisiones, no les gusta la idea, pero saben que tengo mis razones…- Ron se situó junto a ella, mirando aún ofendido a su madre. Ésta observaba a Hermione, atentamente, quien hacía lo imposible por no echarse a llorar. Sí, muy madura, pero una llorona de mucho cuidado.

Ron pasó un brazo por encima de su hombro, mientras la señora Weasley se había quedado pegada al suelo. Poco a poco comenzó a salir de su estupefacción, su mirada viajó de Hermione a Ron y dio la vuelta, haciendo el mismo recorrido varias veces. Hermione retorcía nerviosa el trapo con el que antes frotaba el mueble.

- A mí no tienes que darme explicaciones, pero Ron es mi hijo, por mucho que últimamente se le esté olvidando. De todas formas, no me quedaré de brazos cruzados, tus padres tienen derecho a saberlo y opinar, no creo que lo acepten sin más.- Dijo la señora Weasley, haciendo un movimiento brusco para dirigirse hacia la cocina. Antes de entrar, se dio la vuelta y los miró fijamente, señalándolos con un dedo acusador.- Si, de todas formas, os las arregláis para no ir al colegio, tened en cuenta una cosa: no engañáis a nadie, ni tú ni Ron vais por otra cosa que por proteger a Harry y protegeros el uno al otro. Así que espero que cuides bien de mi hijo, Hermione, ya que él no atiende a razones de ningún tipo.

Dijo esto lanzando una mirada asesina a Ron, que bajó la cabeza pero se mantuvo en el sitio. La conversación había dado la vuelta totalmente, pero de momento se habían librado de preguntas incómodas y tendrían un par de días de paz.

La señora Weasley para nada estaba satisfecha, pero sabía que poco había que hacer con esos tres. Tercos como mulas, metiéndose en problemas desde que se conocieron en Hogwarts.

Molly Weasley, pese a todo, no se había rendido. Continuó llenando su tiempo de tareas estúpidas para evitar que se vieran, y lo consiguió, en parte.

El mismísimo Ministro de Magia se había presentado una tarde en La Madriguera para darles aquello que Dumbledore les había dejado en su testamento. Ni Ron ni Hermione podían dormir esa noche. Para ella se había convertido en algo normal desde hacía ya tiempo, pero para Ron era algo verdaderamente extraño, tanto como lo sería el hecho de que alguna vez no tuviese hambre. Había bajado a por un vaso de zumo de calabaza, y ahora se lo bebía en el jardín, paseando y pateando gnomos despistados. Pensaba en lo mismo de siempre, aunque antes no le quitaba el sueño. Pensaba en qué narices iban a hacer ahí fuera, él concretamente; Harry y Hermione se las arreglarían de maravilla sin su ayuda, él nunca había destacado en nada, salvo en el ajedrez, y quizá en el quidditch, aunque cada vez estaba menos seguro de ello. Era totalmente innecesario, malo en Encantamientos, malo en Pociones, malo en Transformaciones, no era valiente, ¡ni siquiera era capaz de aparecerse bien, por Dios! Pero ahí iba él, detrás de Harry, como siempre, a pesar de estar casi seguro de que si se quedaba solo en algún momento tardaría poco en morir. Y lo que más le quitaba el sueño… El encendedor que Dumbledore le había dejado y ahora llevaba en la mano. Pero ¿qué quería que hiciese con él? ¿Acaso sabía que no tendría nada que hacer y se aburriría mientras sus amigos buscaban y destruían horcruxes?

Hermione bajó sigilosamente a por un vaso de leche, pero su silencioso avance se vio truncado por el crujido de la madera de los últimos escalones. Cuando cruzaba el espacio que le quedaba para llegar a la cocina divisó a alguien paseando por el jardín, y se dirigió hacia allí cuando descubrió que se trataba de Ron.

Él se asustó y derramó parte del zumo al dar la vuelta. Pero sonrió tranquilo al verla.

- Hola… - ella le devolvió la sonrisa y se acercó.- ¿Tú tampoco puedes dormir? Eso es algo muy raro para ti, Ron…

Él puso una mueca, pero al momento siguió sonriendo. Reanudó el paseo y ella comenzó a caminar junto a él.

- No me había parado a pensar en lo que se nos venía encima.- Ron rompió el silencio, hablando como si no hubiese nadie más.- Es decir… Sí, sé que es importante y que nos estamos arriesgando mucho, pero no lo había pensado fríamente hasta ahora.

- Yo lo veía muy sencillo, muy lógico y lo tenía todo muy claro… Hasta que me vi sola en casa, creo que fue una forma de despertar. Todos estos años nos han sucedido tantas cosas… Y hemos salido ilesos de casi todas. Yo creo que hemos dejado de tomárnoslo en serio.

- Pero ahora parece que es de verdad, que se acerca el final de todo, ¿no?

Ella asintió.

- Tengo miedo, Ron.- Él la miró, y pareció por un momento más asustado que ella. Si ella tenía miedo, era mejor que él ni siquiera saliese de su habitación.

- Es normal que tengas miedo. Pero tú no tienes nada que temer, Hermione. También he estado pensando acerca de eso, ¿sabes? Harry está harto de oírme decir estas cosas pero… Yo no soy de gran ayuda, no soy bueno en nada, nunca he destacado en nada.- Hermione abrió la boca, pero él le puso un dedo encima y continuó- Aún así voy a ir. Por eso precisamente Hermione yo tendría que tener miedo, porque os puedo poner en peligro, porque no voy a ser yo quien salve a nadie, sino al que tengáis que salvar, no aportaré ninguna idea, ni iré por delante en ningún momento, es lo que ha ocurrido siempre.

Hermione cerró la boca y lo miró fijamente. Ron veía cómo su enfado iba en aumento, pero no le importó, era la verdad. Por su parte, Hermione hacía una lista mental de todas las veces que Ron había hecho algo que los había sacado de un apuro, pero él empezó a negar con la cabeza y terminó por bajarla, en un gesto de derrota que a Hermione le partió el corazón, pero también la enfadó aun más.

- Ron, siento mucho que pienses así, y encima estás equivocado. No… No creo que sea momento ni lugar para discutir, así que te digo una cosa, y no me interrumpas.- Ron levantó la cabeza y abrió la boca para decir algo, pero volvió a cerrarla con esa última frase.- No hace falta que enumere, aunque podría, todas las veces en que gracias a ti Harry o yo nos hemos salvado…

Ron bufó, y ante la mirada severa de su amiga levantó las manos inocentemente y dijo:

- No te he interrumpido…

- Pues eso, no hace falta. Ahora piensa una cosa: ¿a quién se le ocurrió la idea del goul y el Spattergroit? A ti. ¿Por qué? Para proteger a tu familia, ¿tienes idea de cuánto haces por ellos sólo con ese pequeño trabajo? Puedes hacer más, Ron, puedes hacer mucho por Harry, y puedes hacer mucho por mí… Odio esos estúpidos ataques que te dan y que hacen que tu autoestima esté bajo la suela de tu zapato, de verdad ¡no los soporto! No tienes motivos.

Dejó a Ron con la palabra en la boca dirigiéndose ágilmente hacia la casa, pero se dio la vuelta en el último momento, acercándose de nuevo a él.

- Y ya hablaremos de todo esto cuando todo haya acabado, a ver si de verdad es cierto.- Lo miró fijamente y por poco no se derrumba de nuevo al ver la expresión de tristeza de Ron; estaba segura de saber lo que estaba pensando.- Ni se te ocurra decirlo, Ronald.

- No sabes lo que iba a decir…

- Creo que me lo puedo imaginar, viendo en qué plan estás.

- Iba a decir, exactamente, "eso si sigo vivo"…

- ¡Eres idiota!- se dio la vuelta de nuevo, pero Ron la detuvo tomándola del brazo.

- Tú no lo entiendes…- Hablaba tranquilo, en voz baja, como queriendo hacerla entrar en razón.- Tú siempre has sido perfecta en todo; si yo he destacado en algo, ha sido por tener suerte…

- El ajedrez de McGonnagall se dejó ganar, ¿cierto?- lo interrumpió, hablando en voz baja.- O quizá también tuviste suerte en todos y cada uno de los partidos de quidditch que jugaste el año pasado, o en todas las veces que saliste ileso de situaciones en las que magos más mayores y mejores murieron. ¿Es eso? Tuviste suerte ¿verdad? No quiero oír más.- Se detuvo un momento. ¿Por qué siempre que hablaba parecía que lo estaba riñendo? Cambió el tono de voz, intentando que parecieran más frases de consuelo que de enfado.- Cuando todo acabe, estarás ahí, estaremos los dos, vivos y con toda la vida por delante. No hay suerte, Ron. Si yo fallara, ¿no tratarías tú de mantenerme a salvo?- Ron asintió sin vacilar, aunque seguía en sus trece.- Pues aplícate el cuento: mientras yo esté, si tú fallas, yo no permitiré que te pase nada.- Bajó la voz, un poco avergonzada- Y lo dicho, hablaremos cuando todo haya terminado, a ver si de verdad no sirves para nada.

Esta vez sí, se dirigió con paso firme a la casa, y Ron tras ella, más despacio. Mientras Hermione tomaba el vaso de leche, Ron dejaba el suyo en el fregadero. Antes de salir de la cocina, la miró y sonrió intentando agradecerle así sus palabras. Ninguno de los dos era dado a parloteos sentimentalistas, así que fue suficiente. Ella le devolvió la sonrisa, feliz de que por fin una conversación seria con Ron no terminase en un enfado.

La mañana siguiente, sin embargo, comenzó de forma desagradable.

- ¡Uy, doña Perfecta se ha equivocado!

- ¡No me he equivocado, idiota! Lo tenía todo organizado y tú me lo has desordenado todo, ¡tendremos que volver a empezar!- Hermione llevaba toda la mañana buscando desesperada el libro de Los Cuentos de Beedle el Bardo, y echaba la culpa a Ron de tener la habitación hecha un desastre, y que por eso se había perdido. Él, sin embargo, se limitaba a hacerle burla mientras se enfadaba cada vez más, llegando a gritar tan alto como ella.

- ¡¿Será posible?! Tú no sabes dónde lo has puesto, aquí no estaba porque yo no he tocado para nada tus queridos libros. ¿No lo encuentras? ¡Pues lo has perdido, intenta recordar dónde lo has puesto y déjame en paz!

- ¡Estaba aquí!

- Claro, se me olvidaba que doña Perf..

- ¡Ni una sóla vez más, Weasley!

- ¡DOÑA PERFECTA!- Hermione se metió un puño en la boca y chilló desesperada, para después darse la vuelta y salir rápidamente de la habitación, gritándole que era un idiota y un desastre.

Ya faltaban los gritos de Ron y Hermione por la casa. Pero no duraron mucho, porque poco después la señora Weasley se presentó en la habitación de Ron y le mandó más tareas que hacer.

Ron estaba en el jardín, ayudando a recoger lo poco que quedaba estorbando. Hermione tuvo que ir a buscar unas sillas que había que arreglar al cobertizo. Cuando se cruzaron, no se dirigieron la palabra, se miraron con desdén y cada uno siguió a lo suyo. Pero la mente de Ron viajó hasta un libro que escondía en el armario de su habitación; libro que en ese momento le estaba diciendo a gritos que esa no era forma de conquistar a ninguna bruja. Entró corriendo a la cocina y rebuscó entre los armarios hasta que encontró una caja de deliciosas ranas de chocolate. Preparó su varita y esperó a que Hermione pasara a su lado sin mirarlo y cargada con dos sillas plegables. Susurró un rápido Wingardium Leviosa y una rana de chocolate voló hasta encontrarse frente a la nariz de la chica. Ella ni siquiera se volvió cuando casi se estampa en su cara, pero tampoco pudo hacer como si nada le estuviese entorpeciendo la vista. La rana seguía ante su nariz, caminase hacia donde caminase.

Finalmente, se detuvo a unos metros de Ron, dejó las sillas en el suelo, cogió la rana y se dio la vuelta violentamente, dispuesta a gritar lo que hiciera falta. Sin embargo, Ron no era idiota. Puso la expresión más inocente que pudo y sonrió débilmente. Era un "perdona" muy propio de Ron, con una rana de chocolate. Primero bufó, exasperada, pero luego se le escapó una pequeña y delatadora sonrisita mientras miraba a Ron. "Estás perdiendo facultades, Hermione. Un par de años atrás y te hubieras pasado dos semanas sin hablarle". Pero daba igual. Le sonrió, le dio un mordisco a la rana de chocolate y luego siguió con su trabajo. No sabía por qué, pero ahora ya le era imposible enfadarse con Ron más de un par de horas.

La semana pasó a una velocidad de vértigo, y de repente se encontraban vistiéndose de gala y recibiendo a los invitados al enlace.

Hermione no pasó por alto la enorme diferencia que había entre la túnica que llevaba Ron ese día con la que llevaba en el baile de Navidad de cuarto curso. No, no, nada que ver. Parecía que esa semana habían firmado por fin la paz, porque no se les había oído discutir de nuevo. El broche de oro lo puso Ron cuando le dijo, aunque sorprendido, que estaba espectacular. Hermione aprovechó para devolver el golpe y respondió, sonriente:

- Siempre ese tono de sorpresa.- Sin embargo, se miraron y le sonrió, feliz. Verdaderamente ese día sí estaba feliz. Pero una voz que pronunciaba las erres con demasiada fuerza consiguió mermar un poco esa felicidad, para convertirla en intranquilidad. Antes de volverse para saludar a Víktor, pudo ver cómo el semblante de Ron cambiaba radicalmente, de una sonrisa radiante a mirada de asesino.

Víktor era su amigo, pero no tenía ganas de hablar con él, tampoco sabía exactamente por qué, simplemente no tenía ganas.

La ceremonia fue muy emotiva, tanto para Hermione, como para todas las demás y Hagrid, que parecía que estaba tocando la trompeta en lugar de utilizando uno de sus enormes pañuelos.

Ron contempló admirado los cambios que comenzaron a tomar forma tras la ceremonia, ante él apareció una enorme pista de baile que le hizo plantearse muy seriamente si continuar siguiendo las instrucciones del dichoso libro, mientras maldecía por lo bajo a Fred y George.

- ¿Qué sucede, Ron?- Hermione lo miraba extrañada.- ¿Qué murmuras?

- No, nada, que todo este espectáculo me parece de lo más cursi.- Gruñó, aunque mentía deliberadamente.

- Pues a mí me parece precioso.- Afirmó Hermione- Cuando yo me case quiero algo como esto.

Ante eso, Ron sonrió, estaba pensando algo que sí era verdaderamente cursi, hasta que a ambos se les ensombreció la mirada cuando pensaron en el futuro fríamente. Pero no era momento de estar decaído.

- ¿Quién sabe, Hermione? Quizá la tuya sea más cursi aún. O más de mi gusto, sencillita, sin florecitas por todas partes ni todo de este color dorado que daña la vista.- Ella lo miró sorprendida levantando una ceja. Estaba exagerando, por supuesto. Quedaba perfecto, pero esas observaciones se las dejaba a las chicas.

- Bueno, sabes perfectamente que, me case con quien me case, se hará lo que yo diga.- En otra ocasión habría sido el comienzo de una nueva discusión, pero esta vez Ron rió. Tenía toda la razón.

Hermione creyó que se libraría de Víktor cuando se sentaron a una mesa con Luna, pero no fue así, Luna salió a bailar con la extravagancia que la caracterizaba, y él ocupó el sitio que quedaba libre. De hecho, parecía que Krum hacía lo posible por hacerla sentir incómoda, aunque ella no dejó en ningún momento de ser amable. Y menos mal que fue amable con él, porque encima tendría que agradecer a Víktor lo que ocurrió a continuación…

Ron se levantó de la mesa bruscamente tras intercambiar apenas dos palabras con Krum, y se dirigió a Hermione.

- Vamos a bailar.- Le espetó. Se sintió un poco mal por haber sido tan brusco, pero se le pasó enseguida: nunca Hermione había hecho caso a Ron con tanta rapidez. Se le pasó el enfado en segundos, y fue sustituido por nervios, nervios que le estaban haciendo trizas poco a poco el estómago. Tiró de ella hacia la pista.- Eh… Bueno, yo no sé bailar, así que…

- No digas tonterías, Ron, es muy fácil.- Lo interrumpió Hermione cogiéndole una mano y colocándosela en su cintura, y sosteniendo la otra. Se empezaron a mover despacio, no fuera a ser que "alguien" pisara un pie por error.- Además, ¿por qué me has sacado a bailar entonces?- Se lo preguntó con toda la mala intención que podía tener aquella pregunta, ella no era idiota, desde luego.

- Bueno, pensé que te gustaría más que estar sentada sin hacer nada ¿no?- había sabido salir del atolladero, pero Hermione aguardaba para tratar de dejarle de nuevo contra la pared.

- Bueno, igual la conversación hubiera sido entretenida, me lo suelo pasar muy bien con Víktor, y tú ni siquiera me dejaste probar.- A Ron comenzaron a enrojecerle las orejas, pero del enfado. ¿Conque se lo pasaba muy bien con Víktor?

- Pues parece que tu querido Vicky no ha querido sacarte a bailar…

- No le has dado tiempo, quizá…

- ¿De verdad crees que quería bailar contigo?- La interrumpió- Parecía mucho más interesado en el padre de Luna...

- ¿Lo que me quieres decir es que me has sacado a bailar porque crees que nadie más querría hacerlo?- Hermione se detuvo, mirándolo ofendida, y giró sobre sus talones. Ya se dirigía hacia la mesa cuando Ron tiró muy fuerte de ella, hasta pegarla a él y tenerla bien retenida.

- Te he sacado a bailar porque me apetecía pisarte, ¿de acuerdo?- Sonrió inocentemente.- Me importa poco quién quiera bailar contigo, esta vez yo me lo he pedido primero.

Dicho esto, Hermione se relajó, satisfecha con el giro que habían tomado los acontecimientos. Cuando por fin Ron fue capaz de no pisar a nadie ni tropezar, se relajó. Sonaba una canción más lenta y soltó la mano de Hermione para colocar ambas manos en su cintura. Ella se pegó más a él y dejó reposar la mano sobre su pecho, mientras que la otra se dirigía inconscientemente hacia su pelo y lo empezaba a acariciar. Estaba adquiriendo muy malas costumbres con Ron, no era Crockshanks para andar acariciándolo de continuo.

Ron tenía la piel cubierta de pecas. Alzó la vista y se encontró con la mirada fija del pelirrojo que, al contrario de lo que ocurría normalmente, no se puso colorado, tampoco sus orejas, ni apartó avergonzado la vista.

- De veras estás preciosa, Hermione.- Le dijo. Pero ¿quién era ese y qué rayos le había hecho a Ron Weasley? Se puso nerviosa y lo pisó. ¿Quién lo iba a decir? Así que decidió salir por la tangente.

- ¡Oh, lo siento! ¿Te apetece comer algo?- preguntó rápidamente, mientras Ron habría la boca para quejarse. De repente la cerró y puso la misma cara que si le hubiera ofrecido una caja entera de ranas de chocolate.

- ¡Claro! Qué raro que no se me haya ocurrido antes.- Hermione rió ante eso, en verdad era muy raro que a Ron no le estuviese rugiendo el estómago desde hacía rato. "Tal vez era porque estaba nervioso", pensó esperanzada.

Se dirigieron a un extremo de la carpa cuya pared estaba ocupada por una larguísima mesa llena de comida de todo tipo. Ron picoteaba de un plato y de otro, Hermione probaba lo que no conocía, aunque en alguna ocasión salió mal parada. Al fondo había una pequeña fuente de la que emanaba chocolate fundido. A Ron se le hizo la boca agua y salió disparado hacia ella. La gente bañaba galletitas y fruta en el chocolate. Ron escogió dos trozos de plátano, los espetó en sendos palitos y los cubrió de aquel delicioso chocolate. Volvió corriendo a donde había dejado plantada a Hermione y le ofreció uno, con tanta brusquedad que ella le dio un empujón en la mano, manchándose la cara, y manchando también a Ron.

Se quedo parada, mirándolo fijamente mientras pensaba una larga lista de insultos, pero el enfado se le pasó tan rápido como vio la cara de Ron, un cuadro: miraba con expresión de máxima angustia una parte de su trozo que había quedado sin chocolate, sin pensar en ningún momento que el chocolate que faltaba estaba en su cara.

A Hermione le entró la risa floja.

- ¿Te hace gracia? ¡Mira en qué se ha quedado! ¿Por qué me apartaste? Por Dios, ¡sólo era chocolate!- Ron la miraba extrañado y gruñó- Tenía que haberme comido los dos.

Aún riendo, Hermione cogió una servilleta de la mesa.

- Lo siento, lo siento… A ver, ven aquí.- Le limpió despacio el chocolate de la cara, si esperar para nada la reacción de él.

- Pero ¡¿qué haces?!- vociferó alarmado. Varias de las personas que estaban a su alrededor se quedaron mirando, pero Hermione terminó de limpiar todo el chocolate de la cara de Ron.

Acto seguido él hizo lo propio, con una diferencia: recogió el chocolate de la cara de Hermione con un dedo y se lo fue comienzo. Hermione lo miró paralizada:

- No me lo puedo creer, no tienes límite…- De repente no vio a un chico de diecisiete años comiendo chocolate, sino a un niño de tres años de un tamaño desproporcionado relamiéndose por unas gotitas de chocolate. De nuevo la risa tonta volvió a hacerse con el poder mientras Ron volvía a por más. Se acercó lentamente, haciendo gestos de precaución para que Hermione no llevase a cabo ninguna aberración esa vez. Estaba muy rico, sí, pero ella creyó que jamás lo disfrutaría tanto como él.

- ¿Te parece si vamos a bailar y luego volvemos a por más?- preguntó Ron ilusionado.

- ¿Es tu incentivo para bailar conmigo?

- No necesito ningún incentivo. Pero sí que quiero volver luego.

Hermione sonrió complacida y tiró de él hacia la pista. De nuevo una canción lenta. Esta vez Ron se colocó solito en posición y comenzaron a bailar como si estuviesen acostumbrados. Era fácil acostumbrarse. Ron se tomó la libertad de abrazarla mientras bailaban, a lo que ella respondió encantada.

- Hermione, prométeme una cosa.

- Lo que quieras…

- Prométeme que si corres peligro, si en algún momento puede pasarte algo, harás todo lo posible por salvarte. Todo.

- Eso es muy relativo, Ron, porque…

- Mira, concretamente quiero que me prometas una cosa: no des tu vida por nadie. Ni por mí, ni por Harry, ni por nadie que veas en peligro, que te conozco. Sálvate tú.

- No funciona así, Ron…

- Estoy buscando que me prometas que funcionará así, Hermione… Me acabas de decir "cualquier cosa" ¿no?

- Prométeme tú que estarás conmigo en todo momento.

- Te lo prometo.- Hermione lo miró. Estaba muy serio, así que se confió ciegamente en que sería así.

- Uy, perdón.- Un hombre que se movía patosamente y con la nariz visiblemente enrojecida les acababa de dar un empujón y casi los había desequilibrado.- Qué monos… No os "polesto"… "Modesto"…

- Robert, déjalos en paz y siéntate, que ni siquiera puedes caminar.- Una señora se hizo cargo del hombre borracho mientras él intentaba terminar lo que había empezado.

- Modespo, polesmo…¡Bah!

Ambos rieron ante lo absurdo de la situación.

- Prométeme que nunca tendré que cargar contigo así- rió Hermione.

- ¿Quieres que te traiga algo de beber?- respondió Ron en broma.

Hermione volvió a la mesa quitándose los zapatos mientras Ron iba a por cervezas de mantequilla.

Cuando Ron por fin las había conseguido, una figura plateada descendió desde el toldo hasta la pista de baile. Un lince. Kingsley. El Ministerio había caído, Scrimgeour había sido asesinado y los mortífagos se dirigían en ese momento hacia La Madriguera. Tenía que buscar a Hermione.