Por fin las clases terminaron, y Bella se apresuró a salir de aquel edificio, dispuesta a no encontrarse ni a Edward ni a Rose, a quien había tenido que soportar en el almuerzo, mientras ahora ambas fingían la mejor amistad de todos los tiempos. "No por mucho" se tranquilizó a sí misma la castaña, releyendo el mensaje de texto que Leah le había enviado durante su última clase. Le pedía que se encontrara con ella en la misma cafetería del centro comercial de siempre, así que Isabella se montó en su camioneta y comenzó su largo camino hacia Port Ángeles.
En el camino comenzó a recordar todo lo que había cambiado en ese último medio año, la forma en que descubrió la mentira que vivía cada día, creyendo en el amor que el chico de broníceos cabellos decía profesarle, descubriendo que su mejor amiga no era más que una mujer cruel, que encontraba cínica diversión en su sufrimiento, pero descubriendo también que ahí fuera había personas maravillosas, personas dispuestas siempre a ayudarla, consolarla, y sobre todo, a permanecer junto a ella incondicionalmente.
Recordó también sus primeros pasos en la música, ayudada por sus amigos, quienes ya se manejaban con cierta experticia; la primera vez que, avergonzada, les enseñó sus canciones; su primera vez sobre un escenario, la maravillosa sensación de los gritos, vitoreos y aplausos del público; cuando Charlie se enteró de todo con respecto a Rosalie y Edward, y su final resignación a participar en el plan de Bella (aunque su primer pensamiento hubiese sido ir y pulverizar los huesos de aquel desgraciado infiel a fuerza de golpes y disparos, por haber dañado a su pequeña niña);la recomendación de Emmet, el dueño del bar en Port Ángeles en el que solían tocar, para que fuesen a una batalla de bandas en Silicon Valley; la conveniente falta de interés en Isabella, por parte de Edward, que permitió que este último no hiciera ningún comentario cuando ella le dijo que haría un viaje relámpago para "visitar a una tía"; el nerviosismo que compartían los tres cuando iban a tocar en aquel concurso, que finalmente ganaron; su regreso junto a los chicos, y la narración de sus aventuras a Charlie, que no podía ocultar el orgullo que sentía por su pequeña rockera y su próximo CD.
Sus recuerdos se interrumpieron al ver al fin el centro comercial, divisó un lugar en donde aparcarse, descendió torpemente de la monstruosa camioneta y cruzó la calle hacia la cafetería en la que habitualmente Leah y Jake la esperaban. Sin embargo, al entrar, solo vio a Leah, esperándola con una humeante taza de café frente a ella.
-¡Hola! Lamento la tardanza, Leah, ¿Dónde está Jake?- dijo la chica de ojos chocolates, mientras depositaba un beso amistoso en la mejilla de su amiga, y tomaba asiento frente a ésta.
-¡Hey, Is! Que tal todo? Jake no vendrá con nosotras hoy- una sonrisa malévola se plantó en la cara de Leah- Hoy es un día de chicas, y teniendo en cuenta el día que es mañana, vamos a hacer que tu exterior tenga algo que ver con la rebelde que hay en ti, ¿estás lista?- le guiñó un ojo.
-No- dijo la castaña, mirándola con miedo y diversión a la vez- ¿sabes que a veces me das miedo?-.
-es bueno saberlo- se rió la pelinegra, mientras se levantaba, dejando algunos dólares como propina- andando-.
Las horas transcurrieron velozmente, entre tiendas, spas, manicura y finalmente, peluquería, dejando a dos renovadas, sexys y totalmente diferentes chicas.
Ya que era demasiado tarde y Leah no tenía como regresar a su casa en La Push, Isabella la invitó a dormir a su casa. Una vez llegaron, ambas subieron a la habitación de la castaña y se desplomaron en la cama, durmiéndose al instante, demasiado agotadas por el ajetreado día, que había valido la pena por completo.
¡Hola! Aquí una nueva pequeña entrega ^^
Ya mismo me pongo a trabajar en el próximo capítulo, les deje con la intriga sobre el nuevo aspecto de Bella y Leah, así se enteran junto a Charlie y Jake :P ¡Hasta la próxima!
