Todos los personajes pertenecen a Riot Games.
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Aguerrido Intento
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Las ganas de vomitar no se le iban. Y eso que apenas había comido solo una manzana desde el amanecer.
Y aunque quisiese, tal vez al tener en frente un plato de comida no hubiese podido levantar la cuchara, pues sus brazos estaban tan agotados que apenas sostenían la botella de agua que tenía en las manos.
Ni siquiera podía reír de su mala suerte, porque también le dolían los abdominales luego de esa intensa sesión de ejercicios, que creyó ningún ser vivo podía realizar.
¡Y eso que era su primer día en el ejército!
Definitivamente a estas alturas se empezaba a cuestionar si esto de incluirse en las filas armadas de Bandle fue una buena idea.
- Vamos… – se presionó para llevarse el agua a la boca, logrando esa tarea con dificultad – Ufff… No he visto a Tristana en todo el día…
Con su vista la busco entre las mesas del enorme comedor atiborrado de gente que reía o lucia los peludos músculos recién formados, cicatrices o en algunos casos heridas de metralla. No encontró a alguien de su característico cabello en ninguna mesa.
Cuando sintió una relativa mejora en su salud (más concretamente en su estómago) salió del lugar a tomar su resto de descanso en un lugar menos ruidoso, pero justo en el momento en que cruzaba la puerta hacia el patio principal, el timbre que advertía el cambio de hora sonó, agobiándolo al instante.
El sonido de un millar de botas empezó a resonar y todos los de dentro del comedor salieron disparados directo al campo de entrenamiento, empujando y arrastrando de manera nada cortes el lastimado cuerpo de Rumble, en una marea cargada de pelo, musculo y un terrible olor a comida.
Para cuando se dio cuenta de que sus pies tocaban tierra otra vez vio que se encontraba en la típica formación de dos filas.
- ¡Recluta! ¡Dese la vuelta!
El grito hizo despertar a Rumble y, presionando a su cuerpo a moverse, giro su cuerpo levantando el mentón, viendo de reojo como el enano comandante a quien le faltaba un ojo, caminar con los brazos cruzados a la espalda.
- La mañana de hoy ha sido divertida. Si creyeron que ese pequeño calentamiento muscular fue solo para hacerlos desertar... Tienen razón. Pero el objetivo principal no fue solo se, sino también identificar ciertas aptitudes para repartirlos a la fuerza a la que pertenecerán. El método que se usó es incuestionable, diseñado por expertos y no se puede revertir. Así que comencemos. ¡Todos los que tengan pelaje amarillo! ¡Un paso al frente!
Así tal cual, los confundidos reclutas se miraron entre sí, y luego de un segundo grito de orden se posicionaron en fila delante.
- ¡Su maldito pelaje es demasiado llamativo para las fuerzas de exploración u otra! ¡De hoy en adelante pertenecerán a Comunicaciones! ¿Ven esa bandera de allá? Cuento hasta cinco y no quiero verlos. ¡Vamos! ¡Muevan esas patas doradas y mentalícense en manejar el estúpido radio!
Rumble sintió un ligero alivio al ver como los demás se alejaban y le daba una mínima oportunidad de pertenecer a la misma fuerza de Tristana.
Cruzó los dedos en su posición de descanso, viendo los restantes reclutas sudar bajo el sol aplastante esperando su turno de ir a la mesa de asignación. Empujo a su cuerpo a trotar cuando el yordle a cargo llamo su nombre.
- Es usted... ¿Rumble?
- ¡Si señor!
- En su hoja de inscripción dice que es muy bueno con la mecánica y los explosivos.
- ¡Si señor!
El yordle de la mesa inspeccionó con cuidado algunos papeles y luego de tachar un nombre, se puso a escribir con una pluma en un pequeño cartoncito.
- El cuartel de los artilleros es el de la bandera verde hacia allá – dijo entregándole un cartón con notas ilegibles – Vaya con esto y repórtese. Ah sí y, bienvenido oficialmente al Cuerpo de Artilleros.
Luego de un saludo que pudo haber salido menos cómico, Rumble forzó a sus agotadas piernas a trotar hasta el sitio descrito. Esto, plasmando una idiota sonrisa al asumir que estaría en la misma fuerza que Tristana.
-.-.-.-.-.-.-
¿Cuándo respirar se había convertido en una tarea tan ardua?
Oh claro. Desde el dichoso momento en el cual tomo ese maldito cañón.
- ¡Ya le han dado a su bonito cañón un nombre de mujer! ¡Eso significa que deben comportarse como buenos caballeros y no dejarla caer al suelo nunca jamás! Excepto tu recluta Vanya, tu si puedes ponerle nombre de princeso.
- ¡Gracias señor!
Setena y seis de cien vueltas al patio. Ni en sus mejores cálculos pudo haber creído que sus piernas aguantarían tanto, pero así como una resistencia de cobre, todos sus músculos empezaban a consumirse.
Levantó la vista mirando el reloj de la torre del cuartel; debía aguantar tres dolorosas horas más.
No importaba, todo esto lo hacía por ella, por impresionarla, para hacerle saber que podía ser mucho mejor que ese torpe yordle que le mencionó. Aunque ella no estuviese allí.
Presionó con más fuerza el tubo cañón, sintiendo el dolor del metal en su nuca e impulsando a sus brazos a sostenerlo en el aire.
Si, lo estaba haciendo por ella.
- No lo agarres así, te cansaras más… – susurró alguien detrás – apóyalo en la espalda.
Al voltear la vista atrás, vio a un yordle obscuro que descansaba su arma sobre sus hombros, con los ojos cerrados y sin preocupaciones. En una esquina del recorrido lo miro de reojo y observo como aprovechaba a descansar sus brazos mientras el instructor no miraba.
Con un ligero conflicto etico, Rumble opto por hacer lo mismo y fue un gran alivio para sus extremidades para poder aguantar esos veinte minutos restantes de carga.
Luego de éste ejercicio, empezaron a formar para realizar un trote, alzando las rodillas hasta el nivel de las caderas, agotando mas a el cuerpo de toda la compañía. Pero, al igual que en la anterior vez, Rumble, siguiendo el ejemplo de su compañero de atrás, relajo sus piernas cuando el instructor no lo veia.
Era curioso ver como se podía burlar la vista de la autoridad sin que se percatase de nada, pero esto era con el fin de aguantar ese tremendo castigo corporal.
La tarde transcurrió rápidamente con estos ejercicios, llegando así a las seis de la tarde. Al ver como las otras compañías empezaban a retirarse excepto la suya, el tranquilo compañero a quien imito el joven mecánico, alzo la mano y pregunto hasta que momento irían a quedarse. El instructor lo miro con furia, pero luego observar a lo lejos a quien parecía un instructor rival que se retiraba, opto por poner la condición que, si todos desaparecían y llegasen a la cocina hasta que se arreglase la gorra, les iría a perdonar el ejercicio.
Sacudió su gorra y para cuando se la puso, ni un alma habitaba la cancha de tierra.
Rodeado nuevamente de cansados reclutas, Rumble se acomodó en una mesa cercana a la puerta, transportando su platito cargado de algo que tenía un color marrón y sabia como algo marrón.
Fue una sorpresa que luego de la primera probada, el mismo yordle que le ayudo de manera indirecta se acomodase frente a él.
- Mi favorita siempre fue la sopa de champiñones – dijo sorbiendo su sopa.
A Rumble le parecía una mezcla de madera y tierra, pero menos de champiñones.
- Nunca me gustaron mucho los champiñones…
- A mi si. He probado de todo tipo. Cuando salga de aquí y tenga mucho dinero haré mi propia granja de champiñones.
El yordle azul lo contemplo con media sonrisa, asumiendo que él no era el único con un sueño en mente. Sabía que era muy difícil sostenerse solo, pero nunca se le ocurrió formar una carrera ahí dentro para solventarse.
- Si necesitas algún mecánico, no dudes en preguntar. Por cierto soy Rumble.
- Soy Newton, pero me puedes llamar Newbie.
Cuando terminaron de comer, se les llamo a todos de nuevo al patio y luego de algunas recomendaciones camufladas de insultos, se les mando a los barracones a descansar, acompañado de su nuevo camarada que no paraba de hablar de champiñones. Y ya situado en su colcha algo destripada pudo descansar sus gastados músculos.
Durante 5 horas…
El sonido metálico de lo que parecía una cacerola lo despertó, casi haciéndolo caer de su litera. Sorprendiéndose de su propia fortaleza se levantó y se puso firme frente a su cama.
- Muy buenos días señoritas. Espero que hayan podido descansar bien, porque quiero que me compensen la deuda de ayer. Mi novia va a llegar esta tarde y aún no he preparado algo para recibirla. Y como sus piernitas deben de seguir funcionales quiero que hoy se dispongan a cumplir su primera misión. ¿Cual? ¡Pues traer flores hasta que sobrepasen mi altura caramba!
-.-.-.-.-.-.-
- Como estaba diciendo, el champiñón es el pez del bosque. Puedes asarlos, hervirlos, guisarlos, freírlos. Hay pinchos de champiñones, champiñones criollos, champiñones empanizados, champiñones fritos, champiñones salteados...
- ¡Gah! ¡Una espina! – Rumble grito tomándose la palma lastimada por aquella rosa que intentaba arrancar de su tallo.
- Algunos champiñones también pueden tienen espinas...
El joven mecánico suspiro, mirando como los yordles a su alrededor realizaban esa agobiante actividad. Se frotó la frente sudorosa con su mano lastimada y, ajustándose las cintas de la enorme cesta que llevaba a la espalda, retorno a su inútil labor.
Le costaba creer que Tristana tuvo que hacer esas mismas cosas cuando fue un recluta. Ella se lo comentó, pero nunca creyó que las manos de los novatos iban a usarse para cosas tan mundanas.
¿Cuánto tiempo seguiría así?
La corneta que determinaba la hora de comer sonó, haciendo que los soldados empezasen a formarse. En la línea vio a sus camaradas sucios y harapientos, todos con cestas rellenas de flores de colores para la tonta novia de aquel oficial que los miraba atento con el restante ojo que le quedaba.
El siguiente paso de aquella "importante" misión, consistía en elaborar un adorno floral con el largo nombre de ELIZABETH, la cual lograron construir con ramas, alambre que encontraron rascándose los bolsillos y mucho pelo que también encontraron, pero rascándose en otras partes.
Luego de cargar ese manojo de artesanía hasta el cuartel, al fin les permitieron comer. El plato eran las sobras de anoche, esa cosa marrón que parecía hecha de champiñón y que ahora sabía a cartón, cosa que hicieron con el mayor placer del mundo.
- Champiñón con piña, champiñón al limón... champiñón con coco, champiñón a la pimienta... sopa de champiñón, guiso de champiñón, ensalada de champiñón... champiñón con papas, tostada de champiñón... emparedado de champiñón...
La mano vendada de Rumble impedía que comiera con rapidez, las botas a las que no alcanzaba a acostumbrarse le seguían apretando y el ahora molesto compañero que tenía empezaba a irritarlo. Al intentar levantar su cuchara, ésta resbalo de sus dedos cansados cayendo al piso, y cuando se disponía a alzarlo, la trompeta de descanso volvió a interrumpir su paz.
Las enormes bolas de pelo empezaron a correr de aquí para allá, dejando sus platos amontonados en una mesa para luego desplazarse con velocidad hacia una línea imaginaria, igualada al primer yordle de la compañía que hacía de eje.
Cuando terminaron de zapatear y de mirar al frente, de la derecha una silueta alta (incluso para los yordles) se hizo presente haciendo resonar sus botas, a un vivido compas.
- Soy el Suboficial Hackett, especialista en explosivos. Lamento que el sargento Young les haya hecho hacer eso de la mañana. Pero algunos de los del alto mando también están saliendo con Elizabeth…
Rumble sintió un cierto alivio al escuchar a alguien que hablaba normal y sin querer matarlos con ejercicio.
- Dejemos esto atrás y concentrémonos en nuestra especialidad – de su bolsillo saco una libreta de notas el cual era una lista de nombres – Bien, soldado Idris. ¡Díganos la composición química de la pólvora!
- ¡Si señor Suboficial! ¡75% de nitrato potásico, un 15% de carbón y un 10% de azufre!
- ¡Correcto! Soldado Dacey. ¡Díganos el otro nombre de la nitroglicerina!
- ¡Si señor Suboficial! ¡La nitroglicerina es también conocida por el nombre de trinitrato de glicerilo!
- ¡Correcto!
El corazón del joven mecánico empezó a acelerar como Tristy cuando perdió los frenos. ¿Cuándo sus camaradas habían aprendido todo eso? ¿Es que se habian convertido en genios químicos de la noche a la mañana?
- ¡Soldado Rumble! ¡Segundo nombre del RDX!
El grito vació la mente de Rumble, su materia gris resplandor en miles de chispas intentando adivinar qué demonios significaban las siglas. Y al final y luego de cinco segundos dijo lo primero que se le vino a la mente.
- ¿Risoxci Daenonium de Xibolax?
El campo entro en un silencio sepulcral, sus latidos reverberaban hasta sus orejas y podía sentir como las miradas de reojo de sus camaradas empezaban a dispararle.
De repente todos se apartaron cuando Hackett empezó a caminar en su dirección. La mirada tranquila fue reemplazada por unos ojos cargados de fuego que derretirían hasta una aleación de titanio.
- ¡Soldado Rumble! Desde mi distancia no escuche bien lo que dijo, y creo que me equivoque escuchando una respuesta incorrecta. ¡Repítalo!
- ¿Revereador Disociado Xicilante?
Unos parpadeos confundidos se mostraron en el Suboficial que lo miraba intimidante, y luego de un segundo cargando sus pulmones al fin habló.
- ¡No se haga el tonto soldado, se ha enlistado y fue destinado a la fuerza de artillería! ¡Debería saber cómo mínimo las composiciones de los explosivos! ¡Ahora repita después de mí! ¡Trinitaminaciclotrimetileno!
- ¡Triniganimaclicoteno!
- ¡Trinitaminaciclotrimetileno!
- ¡Trintamacilotemtreteleno!
- ¡Trinitaminaciclotrimetileno!
- ¡Trinitaminaciclotrimetileno!
- ¡Correcto! ¡Pero mis repeticiones tienen precio! ¡Vaya a por su cañón y de vueltas a la cancha las veces que repetí esa mugrosa palabra multiplicadas por cien!
- ¡Si señor!
- ¡Si! ¡Señor Suboficial!
- ¡Si! ¡Señor Suboficial! – Rumble se cuadró y se dirigió a la estantería de armas donde reconoció su cañón con una marquita de morado, la tomo entre sus brazos y aun sin decidirse si por izquierda o derecha, empezó a correr sin pensar nada más.
Ante la atenta mirada de la compañía, el cuerpo del yordle se lleno de nervios y por un desliz mientras levantaba su arma, ésta resbalo dándole un fuerte golpe en la nariz que lo hizo trastabillar. Al frotarse la zona dolorida, sintio como una corriente liquida empezaba a emanar de sus fosas nasales, tiñendo de rojo sus manos sucias.
- ¡Le mandé a correr! ¡No a que se mire si le ha quedado bien la manicura!
- ¡S-s-sangro señor!
- ¡Le mandé a correr, no a sangrar! ¡Corra de una vez, maldita sea!
Sin prestar más atención a su dolor, Rumble cargo con el arma y empezó a correr en cualquier dirección. Sentía los ojos de los demás mirarle con lastima a la vez que su temperatura subia como una caldera sin agua.
Con el sol asando su frente e hirviendo en su propio sudor, se olvidó completamente de cuantas vueltas ya había dado, todo lo que pensaba era en terminar con aquel martirio. Creyó que el suboficial se apiadaría de él en cuanto lo viera cansado, pero nada de eso pasaba.
Se preguntó que pensaría Tristana si lo viera asi, humillado, agotado y sin esperanzas. ¿Se reiría de él como lo estaban haciendo sus camaradas sentados frente al superior? ¿Acaso pediría ser castigada también para poder estar a su lado y apoyarlo moralmente? Oh, Tristana sería capaz de todo por ayudarlo...
– "Mi dulce Tristana..."
Y con el pelaje seco y crujiente por el calor, la lengua al aire por la falta de agua, y la cara manchada de rojo, pudo ver en el horizonte cada detalle de su hermoso rostro. Todo lo que estaba haciendo, todo el sacrificio que tendría que pasar... era por ella.
De repente el cielo teñido de naranja se volvió negro, los gestos de esa sonrisa que desde mucho antes lo conquisto desaparecieron y su cuerpo se sentía volar. ¿Era acaso un ángel quien lo reclamaba en el firmamento? ¿Un ángel color café?
-.-.-.-.-.-.-
Lo que sentía bajo su espalda era algo parecido a la cama de masajes que hizo una vez. Una con tuercas que movían los pistones cerca de la columna con el objetivo de aplicar una caricia suave a su operador. Pero estuvo mal, dado que los tornillos hacían más un tratamiento para llegar a convertirse en faquir.
Cuando sus ojos se abrieron vieron una habitación blanca, su rostro se sentía limpio. Tal vez alguien se apiado de su estado y lo había llegado ahí. Desvió su vista a los costados, no encontrando nada a la izquierda, pero su cuerpo se paralizo cuando a su derecha vio a una figura marrón, sentado y leyendo un periódico que le tapaba la cara.
Por sus botas y el gorro apenas vivible asumió que era un oficial y, aprendiendo su castigo de la tarde, se quedó callado esperando que desviase la vista hacia él.
Pero nada...
Luego de casi veinte minutos estático, Rumble empezó a perder la paciencia. ¿Se tardaba tanto en leer una sola página de un periódico?
Carraspeo levemente intentando llamar la atención, pero nada funcionaba. Cuando estuvo dispuesto a levantarse la ventana a su derecha se cubrió de negro y, algo asustado, pudo distinguir un pequeño sombrerito levantarse, revelando a su dueño el cual era un yordle café que parecía somnoliento.
- Shh... Es genial ¿no? A veces utilizo a mi muñeco para que me reemplace en tareas aburridas.
¿Muñeco? Acomodándose un poco en aquella camilla Rumble distinguió una cara deforme hecha de tela de patatas, pintada de manera que luciera como un rostro a la distancia. Sin duda era una idea muy ingeniosa.
- ¿Quién...? ¿Qué paso? ¿Me desmayé cierto?
- Apareciste en los cuarteles de Exploración justo cuando daba instrucción, interrumpiste cuando enseñaba camuflaje.
- Oh, yo... lo siento.
- ¿Hiciste enojar al suboficial Hackett verdad? Siempre esta sereno, pero se convierte en mismísimo diablo cuando se enoja.
- ¿Son todos así en el ejército? - Rumble dejó salir un sonoro suspiro, frotándose la cara con sus manos.
- Jeje. Al principio siempre es así, ayuda a forjar el carácter y enseña a mantener la cabeza fría en caso de que se entre en combate. Imagina por un momento que estas bajo fuego enemigo, mientras tu superior da órdenes de disparar, él no lo hará amablemente, se tiene que gritar porque no se oye nada. Y como todos están histéricos, todos empezarán a gritar y... Oh rayos, me volvieron muchas cosas a la mente.
- Jeje lo siento. Es que me pareció demasiado para aguantarlo todos los días.
- Como dije, eso es al principio. Luego ya puedes dedicarte a sacar barriga durante las misiones de exploración, ya que nadie te vigila.
- ¿Eres explorador?
- Teniente Explorador desde hace unos días, alto, alto, quieto ahí, no hace falta que te cuadres, nunca me gustaron las formalidades militares.
A Rumble se le disipó el pánico frotándose un poco el pecho, sintiendo como su camiseta verde estaba aún un poco húmeda. Y algo manchada de rojo...
Lo de hoy, había pasado realmente. ¿Cuántos desmayos más tendría mientras durara su entrenamiento? ¿Cuánta sangre más derramaría -literalmente- durante su estancia en el ejército? Éste era el camino correcto ¿Verdad?
Él quería creer que sí.
- ¿Teniente puedo hacerle una pregunta? – dijo observándolo como alzaba su muñeco-replica y lo sacaba por la ventana – ¿Alguna vez ha hecho algo por la chic...?
- Toc toc. ¿Puedo pasar?
Observándolo desde la puerta, una silueta femenina se apareció mostrando una típica sonrisita de "Vaya, vaya", la cual se ensanchó al ver como Rumble empezaba a temblar debido al susto.
- Escuche de un yordle que se desmayó la primer semana de entrenamiento camino a tu casa. Y al no encontrarte allí pues... supuse lo peor. No sabía que te gustaba el castigo severo Rumble.
- ¡T-t-t-tris! ¿Q-q-q-ue haces aquí? – dijo intentando tapar su atuendo militar con un florero que tenía a la mano.
- Dah, es mi regimiento ¿lo olvidas? Soy yo quien debería preguntar qué haces tú aquí. Creí que querías ser un experto mecánico Rumble, no un militar.
Eran pocas las veces que se quedaba sin argumentos (en el ámbito científico), pero ahora no tenía manera de contrarrestar esa lógica. Se habían contado sus sueños y anhelos desde pequeños, Tristana, motivada a la carrera por su tío cascarrabias se maravilló por los cuentos de aventuras e historias que él le contaba en su carrera. Y Rumble, por demostrar su genio ante los demás, se propuso la meta de dejar en ridículo a ese científico de segunda.
- Yo... No no no no no, ya sabes es... ¿un experimento? No no emm el laboratorio, el regal... Ufff – viéndose acorralado y sin palabras, Rumble suspiró derrotado diciendo al menos algo de la verdad – Yo... quería intentar algo diferente.
- Awwww Rumble, si querías intentar algo diferente podías haberme dicho y podríamos haber salido de excursión con mis camaradas. No necesitabas entrar a la fuerza. Aunque me sorprendió el que hayas venido aquí sin consultarme primero. ¡Ush! ¡Y cuando supe que el desmayado fuiste tú me asusté mucho! ¡No vuelvas a hacer eso Rumble o me veré obligada a romperte las piernas! – grito para darle un golpe en un hombro.
- Auch auch, lo siento, lo siento.
- ¡Ya verás tú! – lo que empezó con pequeños golpecitos culpables, se transformó en una típica guerra de cosquillas donde claramente se sabía el ganador.
- Jajaja, ya Tris ya, jaja basta, nos están mirando.
Ella dirigió la vista hacia el muro, donde la figura de un yordle los miraba con una pícara sonrisa plasmada en su rostro.
- Waaa err ¡Primer Artillera Tristana de las fuerzas Megling señor! ¡Teniente! ¡Err Señor! ¡No note su presencia, señor!
Se cuadro, con total nerviosismo dado que la escena vista hace un instante era demasiado vergonzosa.
- Hay no te preocupes, me vuelvo invisible ante la gente si paso cinco segundos quieto – dijo restando importancia, aunque su voz tenía un tono burlón – Ummm ¿Son muy buenos amigos verdad?
- ¿Eh? ¡Si señor! ¡Nos conocemos desde la infancia, señor! Emmm si, él es mi mejor amigo, vine a visitarlo porque estaba preocupada, señor.
Puede que haya sido el ambiente médico que le causaba incomodidad, pero luego de las frases dichas por Tristana sintió un sabor agridulce en la pansa.
- No es nece... bah, bueno, espero que tu amigo pueda recuperarse, es un buen muchacho, podrías enseñarle mucho del manejo de armas. Yo tengo que volver al cuartel y hacer el informe, lo dejo a tu cuidado.
- ¡Si señor! ¡Gracias señor!
Tristana le siguió con la vista mientras el se alejaba de la habitación, y al girarse a encarar a Rumble soltó un cansado suspiro.
- Rumble en serio ¿Por qué viniste aquí? – dijo con extrema seriedad.
El yordle mecánico se sintió sin salida y bloqueado por la pregunta. Por ti, quiso contestar, pero el valor así como su fuerza muscular, se había esfumado de repente.
- ¿Ya lo oíste no? Eres un buen muchacho Rumble, este lugar no es para ti – susurró, desviando su vista desde sus manos callosas y enfocándose en sus ojos avellana – Sé que te convertirás en algo fantástico que logrará opacar a cualquier científico, serás el mejor de todos. Aquí cambiaras, cambiaras bastante, ya lo he visto, aquí la gente cambia.
Las suaves manitos de Tristana presionaron la suya, envolviéndolos con un agradable sensación que calentaba su pecho.
- Quiero que sigas siendo tú Rumble, el muchachito que siempre ha estado para mi en momentos difíciles y que siempre me ha apoyado. Nunca cambies.
El corazón le latía rápido, tan rápido que haría explotar el motor de cualquier vehículo. Jamás había escuchado palabras tan dulces, y nunca imagino que las oiría. Bajo su vista hacia la ropa sucia que portaba, la camiseta verde manchada de sangre y aquellas horribles botas que le apretaban.
Tristana tenía razón, ese lugar no era para él. Donde pertenecía era el taller, un taller, un laboratorio, la grandeza de una academia de ciencias. Ese era su camino, un camino del que se había desviado, pero que retomaría gustoso.
Haría que Tristana se sintiera orgullosa de verlo convertido en un brillante científico.
- Agggg soy un inútil… – dijo frotándose los ojos con un brazo – Gracias Tris, no se que haría sin ti.
- Hay que tierno estas llorando…
- ¡No estoy llorando!
- Bueno, bueno ¿Te parece si te llevo a casa? Eso, el brazo sobre mi hombro.
- ¿Qué hay del papeleo?
- De eso se encargará el teniente, déjaselo a él.
- Espera ¿Él hará eso también? ¿No crees que se vaya a molestar?
- Neh, es una buen yordle.
- Parece que lo conoces desde hace mucho…
- Te comente de él la última vez que fuimos a comer ¿Recuerdas?
Rumble observo perplejo a Tristana, ella mantenía su vista al frente con una boba sonrisa y un rubor visible en sus mejillas.
El agujero que creyó haber cerrado instantes se volvio a abrir, y por el frio helado de la angustia y depresión entraron llenando su pecho de espigas hasta hace unos momentos habitaba el calor de la pasión.
Rumble odiaba su vida, pues a quien decidió odiar por robarle el corazón de Tristana, le caía muy bien.
Aquí, seis meses despues de la ultima actualización, mi alma aparece otra vez por aquí. Hola!
Si, ocupado, cansado y agobiado... Ya va a terminar el año y apenas eh cumplido pocas metas de año nuevo... Bueno, la cosa es no rendirse.
Acá esta otro capitulo, esperemos ver otros mas rapido luego :S
Hasta otra!
