Capitulo 4

Regina manejó lentamente haciendo tiempo para encontrarse con Rachel camino a su casa. No fue hasta la cuarta vuelta que la vio caminar despacio por la vereda.

-¡Sube! - ordenó en un tono más frío del que le hubiera gustado. Su hija obedeció y se sentó en el asiento de al lado. Se quedaron en silencio unos minutos hasta que se decidió a hablar. - Rach, ¿Soy mala madre? - preguntó tomando por sorpresa a su hija que esperaba la regañada de su vida por haber apagado el teléfono y estar fuera aún a las nueve de la noche. Sin embargo el rostro de Regina se veía entristecido. Y no creía entender la razón.

-No, para nada. ¿Por qué dices eso? - Regina sonrió sin despegar la vista al frente. -

-Pues, porque creo que no confías en mi. - respondió con suavidad. Rachel no pudo evitar sentirse culpable. ¿Qué era lo que sabía? - No quiero presionarte. Tu sabes que puedes contarme lo que sea y jamás voy a juzgarte. - Rachel aún la veía con la boca abierta. - Cuando te sientas lista para hablar conmigo sabes que aquí estaré. - Cuando al fin la estudiante pudo reaccionar le devolvió la sonrisa. Y si, tal como lo pensaba, las madres siempre saben aunque sus hijas no se lo digan. Algo había averiguado, por cuenta propia sin intermediarios y por eso se atrevía a hablar claramente con ella.


En el departamento Swan, madre e hija cenaban en silencio. Emma comía con ganas mientras Quinn, que aún traía puesto el uniforme de cheerio jugaba con un par de papas en su plato.

-Mamá.- dijo dejando los cubiertos a un lado. Emma enarcó las cejas en señal de pregunta. - Tu eras popular en el colegio ¿Cierto? - Emma arrugó la nariz y terminó de masticar una porción de carne antes de contestar.

-Yo no diría exactamente eso.- sonrió y estiró la mano para tomar la copa con agua. - ¿Por qué lo preguntas? -

-¿Tus compañeros te agredían? - Emma frunció el ceño y lanzó una carcajada. -

-Créeme que no, no era popular pero tampoco me molestaban. Simplemente yo vivía mi vida y nadie se metía en ella. - Emma lanzó una carcajada que llamó la atención de Quinn. - Jamás imaginé tener una hija animadora. - La rubia menor frunció el ceño ofendida. -

-¿Por qué? ¿Qué tiene de malo ser cheerleader? -

-Nada, es que, si me hubieras conocido lo entenderías. Pero me temo hija, que no te pareces en nada a mi. -

-Gracias a Dios. - respondió con una sonrisa pinchando una de las papas de su plato. - Sin ofender ma, pero prefiero ser guapa y popular. -

-Si eres guapa es gracias a mis genes, asi que no te hagas la importante conmigo. - amenazó apuntándole con un tenedor a la cara. Quinn lo alejó de un manotazo fingiendo molestia. - ¿Tienes algún problema? - ella se quedó en silencio bajando la mirada volviendo a quedarse inmóvil. -

-No, ningún problema.-

-Yo te he dicho miles de veces que no importa si eres la primera en la lista de favoritismos, o si nadie te hace caso. Debes ser tu misma y hacer lo que sientes, sólo así la gente te respetará realmente. Y lo que es mejor aún, te sentirás mejor contigo. Si pretendes ser alguien que no eres la única que será infeliz eres tú. - Quinn le sonrió. Y volvió a pinchar otra papa. - Cuentas conmigo. ¿De acuerdo? - Quinn rodó los ojos.

-Ya, ya, no te pongas cursi. Fue solo una pregunta.- Emma se puso de pie levantándose para abrazarla. -

-¿Quien es la Quinnie de mamá? ¿Quién es? -ella intentó zafarse del abrazo empujando a su madre hacia atrás pero no la dejaba.- ¿A quién le gustan las cosquillas? - dijo pellizcando sus costillas -¡Cachetitos!¡cachetitos! - apretó las mejillas de la cheerio con fuerza hasta el punto de hacerla enojar. -

-Realmente eres más infantil que yo- Se quejó volviendo a apartarla -

-Tu tienes espíritu de vieja y yo no digo nada. Ríete. Diviértete. Disfruta que eres joven. Le besó la cabeza antes de que Quinn se la apartara y levantó su plato de la mesa. - No te acuestes tarde. -


Rachel estaba sentada en su cama viendo la carpeta con los papeles húmedos y arruinados. Pero no pudo evitar esbozar una sonrisa. Movió las manos nerviosa. Tomó aire y se puso de pie para ir al cuarto de su madre pero antes de abrir la puerta del suyo se quedó inmóvil. Sería mejor irse a la cama y dejar de pensar tanto.


11 días antes de la reunión con Figgins.

-¡Buenos días! - saludó la Sheriff al ingresar al Granny's diner. Ruby, la camarera, la saludó con una sonrisa. -¿Tienes listo lo mio? Estoy un poquitín atrasada.-

-Por supuesto. - respondió entregándole una bolsita de papel con unos muffins y el chocolate en la otra mano. -

-Gracias, eres un amor. - se dio la vuelta apresurada sin notar que una persona acababa de ingresar por donde ella intentaba salir.

-Tiene que ser una broma.- la voz grave de la mujer que había visto la noche anterior sonó más ronca que de costumbre. - ¡¿Acaso eres imbécil?! - Un silencio sepulcral se instaló en todo el restaurante y las miradas se fijaron en la Sheriff y la alcaldesa que traía su camisa impecable manchada con cocoa. Emma miraba a la mujer con la boca abierta sosteniendo su bolsita en una mano y el vaso desechable sin tapa en la otra. Estaba segura de que si hubiera querido hacerle una maldad no le hubiera salido tan bien. - ¿No puedes ver por donde caminas? ¡Inútil! - intentó limpiarse con una servilleta de papel, su preciosa camisa blanca estaba arruinada.

-Yo... de verdad lo siento. - atinó a decir con total sinceridad. -

-¿Lo sientes? ¡¿LO SIENTES?! -

-Si eso es lo que he dicho, lo siento. - Los labios de la mujer temblaban del coraje. Apretó los puños con fuerza conteniendo su ira para no golpearla. - Si quiere le puedo lavar la camisa. - sugirió sonriente. -

-¿Crees que es un chiste? Tengo una reunión ahora y llegaré atrasada si tengo que ir hasta mi casa a cambiarme. No sabría decir por qué, pero algo en el rostro de aquella mujer le provocó ternura. Estaba realmente preocupada. - Emma dejó las cosas encima de la barra y la tomó de la muñeca. -¿Qué crees que estás haciendo? ¡No me toques! - se soltó con fuerza de su agarre.-

-¡Sólo ven!- dijo jalándola hacia la parte posterior donde estaban los tocadores. Emma la empujó dentro y verificó que no hubiera nadie para luego cerrar la puerta con seguro. -

-¡¿Qué demonios haces?! - los ojos de la alcaldesa se abrieron grandes de asombro al ver como la rubia comenzaba a quitarse la chaqueta. -¡Hey! ¡No! ¡Oye! - la empujó con ambas manos en su pecho. Haciéndola retroceder. ¿Quien crees que soy? -

-Deja de gritar que no voy a violarte. - se quejó quitándose la blusa. Los ojos de la morena se fijaron en el firme abdomen de la mujer que despertó en ella algo poco más que envidia. Su mirada se posó en el fino sujetador color celeste que, contrario a lo que hubiera imaginado, y no es que lo hubiera hecho, era bastante femenino. - Toma – le tendió su blusa. - Pontela y dame la tuya. -

-¿Qué? No voy a cambiarme frente a ti. - Emma llevó sus manos a las caderas y la miró cansada.

-Entonces métete a un cubículo. Yo también estoy atrasada. Así que apúrate. -

-No haré nada de lo que me digas. - respondió firme. -

-Entonces vete a la reunión bañada en chocolate. - Regina se miró al espejo unos instantes no sin antes volver a ojear el cuerpo atlético a través del espejo. No tenía opción. -

-De acuerdo. - susurró lo suficientemente alto como para que la escuchara. -¡Pero quita tus sucios ojos de mi! - Emma dejó caer sus brazos con cansancio y se puso de espaldas. La alcaldesa se quitó el saco liviano y continuó con la camisa manchada. Emma no pudo resistir la tentación de mirar de soslayo al espejo. Era imposible resistirse a una belleza semejante. Porque si, lo admitía. Aquella mujer odiosa era terriblemente bella. -¡Me estás mirando! -

-¡Que no! - dijo dándose la vuelta instintivamente para encontrarse con la nívea piel de la morena cubierta solo por un delicado sosten de encaje color piel. Emma se quedó mirando embobada sin poder modular palabras. No hizo falta una distracción cuando el saco de Regina le pegó de lleno en la cara. -

-Pervertida – murmuró dándose la vuelta para enjugarse levemente en el lavabo. -

-Ya, ponte la blusa y salgamos de aquí. - Regina se puso sobre su piel húmeda la blusa gris semi formal de la rubia. Se quedó observándose al espejo. No le quedaba, mal pero no era su estilo. -

-¿Quieres mi chaqueta roja también? - preguntó en tono burlón. Regina le dedicó una mirada asesina que hizo reir a la sheriff.

-¿Quieres vestirte? Deja de andarte exhibiendo. - se quejó al verla aún con su sujetador. -

-Estoy tratando de conquistarte – le guiñó un ojo y se rio ante la expresión aterrada de la mujer. - Ya, no exageres es una broma. - se puso la camisa manchada y encima de ella su chaqueta roja cubriendo la mancha. - la lavaré y te la devolveré como nueva.

-Ni lo creas. Ya la has arruinado. Quédatela o tírala, has lo que quieras. - Regina se apresuró a abrir la puerta y salir de allí lo más rápido que pudo, intentando que nadie notara que ahora traía puesta la ropa de esa detestable rubia. Acto seguido Emma salió con una sonrisa divertida y se acercó a Ruby. Que tenía un nuevo chocolate preparado. -

-Mujeres. - sonrió Emma antes de abandonar el lugar, ahora si, a una velocidad moderada, de todos modos, ya estaba retrasada.


Bien entrada la tarde, cuando apenas quedaban algunas personas en el colegio Rachel se preparó como todos los días para ensayar y, aunque no lo admitiera, esperarla. Había invitado a Quinn a sus ensayos personales por primera vez como dos días después de haberla conocido, en un encuentro casual a la salida del auditorio, pero la rubia no había aceptado su invitación hasta el día anterior. Cuando las horas pasaron y no hubo noticias de ella, se sintió decepcionada y a la vez un tanto ridicula de pensar que podría haber ido a su encuentro por segunda vez. Intentó autoconvencerse de que estaba allí por ella misma y no por la esperanza de verla llegar a través de aquella puerta. Se sentó en el solitario plano y bajó las luces del salón. Una suave melodía comenzo a llenar el ambiente, el piano musicalizaba sus pensamientos, podía darse por satisfecha ¿Cierto? Después de todo aquella chica a la que veía tan lejana había aceptado visitarla. Estar con ella y oirla. Quinn no le había dicho que volvería. Pero en el fondo ella esperaba que lo hiciera. El sonido del piano cesó cuando los ojos de Rachel fueron cubiertos. Lo primero que sintió fue terror, quizás alguien quería jugarle una mala broma en aquel lugar, estando sola e indefensa. Por más que siempre la molestasen, nadie podía acostumbrarse a que la trataran de esa manera.

-Lo que quieras hacer mejor hazlo ya. - dijo desanimada. -

-Debes tener mas cuidado a quién le dices esas cosas. - Era inconfundible. Su voz, era su voz no había dudas. Sus ojos estaban aún cubiertos por sus suaves y delicadas manos, era la primera vez que la tocaba por tanto tiempo. Había alcanzado a sentir una leve brisa provocada por su aliento dada la cercanía de su boca con su oído. - Cualquiera podría malinterpretarlo. - El cuerpo de Rachel se convulsionó entero. Se dio la vuelta rápidamente con miedo de que Quinn alcanzara a oir los fuertes latidos de su corazón, sólo para encontrarse con aquellos fascinantes ojos pardos que brillaban levemente en las penumbras.

-No te esperaba. - Si la esperaba, pero no creía que viniera. Se le quedó viendo estupefacta. Quinn lanzó una pequeña carcajada al ver el gesto anonadado de Rachel. ¿Acaso podía ser más perfecta? -

-¿Qué haces aquí a oscuras? De no haber sido por el piano ni siquiera hubiera entrado, parecía una sala completamente vacía desde afuera. - Rachel rió. -

-Supongo que intentaba crear un ambiente adecuado. - Respondió volviendo a tomar control de su cerebro. Quinn se sentó a su lado y tocó rústicamente las teclas haciendo gemir una desafinada secuencia de notas.

-¿Adecuado para qué? - preguntó volviendo a arrancarle un sonido extraño. Rachel no contestó pero tecleó a la par con Quinn incitando a salir una suave melodía. - Eres buena. - comentó con una sonrisa. -¿Vas a cantar?-

-Si tu quieres. - respondió dejando sus manos a los lados. Quinn se quedó viéndola a los ojos. -

-Tengo una mejor idea. - Rachel abrió los ojos expectante. Y la rubia alzó las cejas divertida. -

Continuará...


Hola de nuevo, no tengo palabras para describir lo feliz que me hacen sus comentarios. Me alegra muchísimo que les guste la historia.

Intentaré actualizar a diario. O al menos día por medio.

Nos leemos en el próximo capitulo.

Gracias, gracias y mil gracias.