Hola espero que no me os matéis luego, pero tarde temprano tendría que hacer esta parte de la historia.
Disfrutéis no más, vine rápido con el capítulo, es que me inspire mucho para hacerlo, me gusta mucho mi nueva historia.
Varios días después
Un nuevo día esperado había llegado para Kagome e Inuyasha, quienes iban rumbo a su ahora, lugar secreto, donde harían lo que quisieran, olvidándose del resto del mundo y fingir que solo existían ellos dos, era egoísta, pero para la vida de ambos, ella una princesa y el un esclavo, era justo que piensen en ellos solamente.
Esta vez llegaron casi de noche a su lugar secreto, ya que hubo complicaciones, pero sabiendo que de ese mismo instante que llegaban hasta el momento que tenían que irse, en ese trayecto, el tiempo valía oro y no lo derrocharían al igual que la primera vez, la segunda, tercera, cuarta y esta la quinta vez que pasaban el resto de la tarde, toda la noche y hasta llegar el amanecer, disfrutando de ellos, amándose, mimándose y haciendo el amor hasta saciarse uno del otro.
—Es imposible cansarse de este lugar—Comento Inuyasha, mientras ayudaba a bajar del caballo a Kagome—Te agradezco mucho que vengamos cada semana—Continuo y luego quedo sorprendido por el abrazo que ella, su amada le brindo, para estrecharla el, mas contra sí.
—Algún día, prometo, que será más que este lugar, a lo mejor el mundo entero—Dijo Kagome e Inuyasha sonrió, sabía perfectamente que ella cumplirá cada palabra dicha, no dudaba de su amada Kagome.
—No dudo de ti
— ¿De verdad?—Toco su frente— ¿No estarás enfermo? Siempre me quieres desprender mis palabras, pero ahora tú…—La interrumpió con un beso.
—Lo sé, pero sé que si algún día cumples tus locas, pero melodiosas palabras de promesas, lo harás en buena ley y no huyendo como la peor escoria del mundo.
—Claro que lo cumpliré de esa manera—Dijo casi mordiéndose la lengua, ya que prefería huir, antes que hacer libre a Inuyasha por la ley, paro eso tendrían que esperar a ser reina o por algún milagro su padre pierda la cordura y libere a todos su esclavos o que decrete una orden de liberación masiva de esclavos.
La noche caí más y más, solo el sonido de grillos, búhos y demás melodías de cualquier noche, se podía escuchar, al igual que un sonido extraño, al menos no para Kagome e Inuyasha, quienes eran dueños de esos sonidos, que solo una vez a la semana emitían, en ese mismo lugar.
La temperatura alrededor de ambos no era la misma que de costumbres, sus sonidos, eran gemidos, gemidos por la desenfrenada pasión que vivían una noche a la semana, hasta saciarse por la larga espera, repitiendo algunas veces hasta caer rendidos.
—Un vez más—pidió Kagome, quien estaba arriba de Inuyasha, calmando apenas su respiración y el latido de su corazón, con sudor en la frente que lograba pegar algunos mechones de sus cabellos azabache, al igual que Inuyasha.
—De acuerdo—Dijo el con una sonrisa, amaba que ella le pidiera más, él no se atrevía pedirlo, alguna vez lo haría, pero ahora cumplía los deseos de su amada.
Inuyasha subió la mitad de su cuerpo, pegándolo contra el de Kagome, quien quedo en su regazo, abrazando la cintura de su amado con su piernas, mientras se retorció un mínimo instante al sentir el miembro de Inuyasha, quien la miraba desde abajo, no tanto. Luego empezó a sentir como era penetrada por el de a poco, recibiéndolo con su interior caliente y húmedo, el cual hacia bastante dejo de estar estrecho, para empezar las embestidas que aumentaban su ritmo, al mismo tiempo que el sudor de ambos cuerpos, acelerando tanto el corazón como la respiración.
De nuevo el nacimiento de ese calor en su vientre, que bajo hasta explotar en su sexo, haciendo explotar al mismo tiempo a su amado, quien se derramo dentro suyo al instante, mezclando así ambas esencias para finalmente caer rendidos en la ya conocida capa negra, luego calmar su cuerpo del tanto placer recibido y quedar dormidos ante la mirada siniestra de una sombra, quien no traería nada bueno para ambos, por eso la sombra sonrió retirándose del lugar, planeando su maldad, contra los jóvenes amantes de la noche.
Hace dos años
La noche había caído al fin, para la joven de largo cabello azabache, ojos chocolates, quien estaba ansiosa por ver a su amado, ya que por más que trato de despejarse aquellos pensamientos, que la invadieron de golpe, los cuales le decían que lo amaba, con solo haberlo mirado profundamente a los ojos ya haber probado dos veces sus besos.
—Quiero verte…—Dijo, dando un suspiro que escucho aquel hombre que entro a su habitación.
— ¿Un suspiro? ¿Qué es lo que ocurre Kagome?
—Nada, no se preocupe padre.
— ¿Acaso me ocultas algo? Sabes que detesto que lo hagas—Dijo serio. Ocultando una herida en su mano, la cual Kagome noto y pregunto de curiosa.
—Esperaba que viniera—Mintió—es un gusto despedirme de mi querido padre todas la noches—Mintió nuevamente— ¿Pero y usted padre, su mano, que le sucedió?
—Una insolencia que cometió un esclavo, causo esto en mi mano, pero este no es asunto de mujeres, es hora de que duermas, descansa—Dijo y se marchó, sin decir nada más, dejando preocupada a Kagome. Un poco más tarde, Kagome se levantó como un rayo de su cama, preparándola como de costumbre, dejando varios cojines bajo la frazada, simulando estar ella en ese lugar, luego se retiraba el camisón y ponía un vestido cualquiera, uno viejo, cogía su capa se la ponía y salía de su habitación, pero esta noche, más rápida que otras.
Hizo su mismo recorrido de siempre y en abrir y cerrar de ojos estaba en el calabozo, donde siempre encontraría a Bankotsu, cuidando ese lugar, además de que ahí estuviera Inuyasha, pero su preocupación aumento al ver la cara de este.
—Qué alivio que llegas, creo que necesita de tu ayuda.
— ¿Qué ocurrió, dime?—Pregunto Kagome, sin siquiera imaginarse lo que su padre pudo seguramente, haberle hecho a Inuyasha.
—Lo hirió hoy, cuando le ordeno hacer los trabajos de siempre en el campo, no es tan grave, pero se le puede infectar.
—Por lo menos el también salió herido—Dijo ella, recordando la herida de su padre. —Yo lo curare, espérame aquí.
—Donde más—Dijo el, para ver que Kagome se fue y al rato volvió preparada para curar a Inuyasha. Sin perder más tiempo cogió ella el velero y fue hasta donde estaba Inuyasha, quien tenía su camisa manchada con sangre, clara señal de estar herido en el pecho, el apenas la vio, pero eso fue como un alivio para el dolor que sentía en su pecho.
— ¡Inuyasha!
— ¿Qué haces aquí?—Pregunto el, luego gimió del dolor, hasta ser liberado por Kagome de las esposas.
—Ven y no preguntes—Dijo, sentándolo en el suelo, para luego sacar lo necesario de un saco grande, justo para curar su herida.
—Tu padre mando a llamar un médico, pero al ser un esclavo no quiso curarlo cuando lo recibí y se enteró de que lo era—Apareció diciendo Bankotsu—Además me pidió que no le dijera nada a tu padre, así que si lo curas…
—Pensara que fue el médico, es perfecto, así no habrá problemas. —Finalizo Kagome.
—Los dejo, tengo que seguir en mí puesto—Dijo Bankotsu, retirándose y cerrando la puerta detrás de sí.
—No debiste venir—Reclamo Inuyasha— ¡Auch! ¿¡Por qué!?
—Te lo merecías, vine por ti, sino que hubiera pasado, no quiero que nada malo te suceda… Inuyasha—Dijo y siguió curándolo, cuando termino se acercó a Inuyasha, quien todo el tiempo la estuvo mirando, para luego besarlo e Inuyasha no dudo en corresponderle.
—Aun así, no debiste venir, no por mí—Dijo él.
—No eres mi padre para ordenarme que hacer…
—Eh…
—Así que vendré, siempre lo hare, de eso no tengas dudas
—Eres un tonta.
—Un esclavo llamando tonta a un princesa—Dijo sarcástica.
—Y una princesa, visitando a un esclavo, en medio de la noche, escapando seguramente de su habitación, para estar en es sucio calabozo. —Dijo sarcástico el también.
—Huh, lo vale que haga esto por ti, Inuyasha—Dijo ella, sorprendiéndolo—Además se te olvido algo.
— ¿Qué?
—Nuestros besos
—Ha, tú me besaste no yo a ti.
—Pero note resististe ¿O si tonto?—Dijo acercándose nuevamente a él, para luego besarse.
—Es imposible hacerlo—Afirmo Inuyasha y así pasaron otra noche juntos, haciéndose compañía en ese calabozo.
Actualidad
Una nuevo día daba comienzo en el gran palacio, lujoso por fuera y por dentro, miles de habitaciones prácticamente poseía, sirvientes a doquier, campos de cultivo, viñedos y demás, todos atendidos por los esclavos, a los cuales su libertades eran propiedad del rey del palacio, quien tenía una única hija, la única princesa, Kagome, quien no aparentaba ser lo que era, ya que siempre tuvo compasión por los esclavos, hasta llegar a enamorarse y mantener una relación aún vigente con unos de ellos, durante dos años a escondidas.
Pero todo lugar esconde sus secretos, y el rey era dueño de esos secretos, ya que siempre mantenían reuniones con una mujer extraña, la cual la ayudaba desde que el quedo como el único príncipe heredero al trono, hasta verlo convertirse en rey y ver morir tempranamente a la madre de su ahora única hija.
Peo su poder como rey no era abundante y una noche deseo tener un poder único, para ser el rey más poderoso y ante el apareció la bruja como una sombra negra, quien le ofreció de su magia, para cometer su deseo y el acepto torpemente, para pagar un precio el cual era la muerte de su esposa unos años después de sufrir, pero aquel precio jamás existió para él, ya que siempre pensó que los favores de su amiga la bruja, eran gratis, pero no, y tarde o temprano con un nuevo favor que le pida, pagaría otro precio, sin saber que fue por causa de la bruja y los deseos de el mismo.
Sentado en el sillón "Digno de un rey como el" vio la llegada sorpresiva de su amiga la bruja, con la cual hacia bastante tiempo, no tenía una reunión como de costumbre.
— ¡Tengo noticias importante mi señor!—Dijo la bruja, muy nerviosa.
—Es acerca de lo que te ordene ¿Verdad?
—Si mi rey, seguí cada paso de la princesa y tengo bastante información para darle sobre sus pasos.
—Perfecto, gracias al cielo que estas a mi lado cuando te necesito Tsubaki, Kagome anda muy extraña desde hace días y tal como dijiste hace días, sale por la noches y vuelve al amanecer, anoche intente seguirla, pero desapareció por el pasillo de la cocina, fue muy rápida para mí, ni siquiera hace ruidos, parece una sombra con aquella capa negra y descalza a cada paso—Dijo el hombre, frio, de mirada penetrante, preocupado por las actividades de la princesa Kagome.
—No se preocupe más mi señor, esta noche la atrapara, quisiera contarle, pero no me creerá, es mejor que use sus ojos para verlo usted mismo.
—Es ridículo, confió en todo lo que me digas, pero prefiero verlo por mí mismo, solo no le pierdas el rastro querida y juro que te daré mi corazón, al resolver esto, ya que nunca pague por tus favores—Dijo y la bruja Tsubaki se retiró considerando el conjuro de su señor, pero en las palabras del rey se refería a hacerla su reina, pero para la bruja, de verdad era su corazón.
Al caer la noche, justo ese momento en que Kagome fingía estar ya dormida en su habitación, cuando en realidad se preparaba para pasar la noche con Inuyasha en ese feo calabozo, Tsubaki estaba lista para mostrarle a su señor lo que su hija hacia todas la noches desde hacía ya más de 2 años, ya que con enterarse hace varios días que se veían, había invadido la mente de guardia del calabozo, sin que este se diera cuenta, sabiendo que la princesa Kagome había ayudado al mismo, tal y como lo hacía con Inuyasha desde hacía más de dos años, además de estar juntos en secreto y luego de lo que ella misma vio, en el lugar ya no secreto.
El padre de Kagome la siguió, pero la perdió de vista ya que ella entro en el calabozo de inmediato, era joven y al estar descalza hacia sus corridas más rápidas, por lo que delante de su padre llego la bruja Tsubaki. Ambos entraron, encontrándose con Bankotsu, quien trago saliva al ver a su rey.
—No deje que grite mi señor—ordeno rápido la bruja, el rey confiaba en ella y golpeo a Bankotsu fuerte, dejándolo inconsciente, sin que este pudiera reaccionar, para luego hacer un estruendo con la puerta continua.
Kagome estaba por soltar a Inuyasha de sus esposas como de costumbre, pero un ruido la hizo saltar tirando el manojo de llaves, cuando se agacho a recogerlas la capucha de la capa se acomodó a su cabeza, ocultando su presencia, mientras que la puerta del calabozo se abrió.
— ¡Tsubaki!—Era la voz de su padre, lo que la dejo helada a ella e Inuyasha.
—Aquí estoy señor—Dijo al verdadera Tsubaki (Apareciendo detrás suyo) ya que el padre de Kagome confundió a Kagome con ella.—Esto es lo que su hija hace cada noche y contando lo de una vez a la semana en tu entera ausencia—Dijo al mujer, descaradamente, reflejando la pura maldad en sus ojos, luego de tomar a Kagome por un brazo, dando a conocer su cara, que tenía una mezcla de miedo y sorpresa, para luego arrojarla en un rincón y golpear su cabeza.
— ¡Kagome!—Grito Inuyasha.
— ¡Tu!—El padre de Kagome señalo a Inuyasha.
—Todo a sus espaldas mi rey, siempre burlándose de usted, su propia hija y este inmundo esclavo.
—Inu… ya… sha—Dijo apenas Kagome levantándose del suelo.
— ¡No digas más su nombre, eres de lo peor, como mi hija me pudo hacer esto y más con este esclavo!—Grito el padre de Kagome, mientras iba por ella.
— ¡Yo cumplí mi señor, ahora usted entrégueme su corazón!
— ¡Eso será luego, cuando elimine a este infeliz y arregle las faltas de mi hija!—Dijo el rey, quien sostenía a Kagome, mientras Inuyasha deseaba estar libre de las esposas y rescatar a Kagome.
— ¡Kagome!
— ¡Inuyasha!
— ¡Muere!—Grito la bruja Tsubaki y este cayó al suelo, el rey, soltando a Kagome, la cual quiso ser rápida y liberar a Inuyasha, pero Tsubaki con su mano no se lo permitió.
—¡Kagome!
¡Uy, que pasara ¿No?! Claro yo lo sé, pero hasta el próximo capítulo que vendré dentro de una semana o antes lo sé.
Sayonara y cuídense.
01/10/2013
