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Canuto respiró profundamente, intentando olfatear qué había pasado ahí. Humanos. Había una esencia humana ahí abajo, oscura y poco familiar – y luego familiar. Dos esencias. Palabras desordenadas aparecieron en su cerebro canino. Snape. James. Siguió los rastros humanos, olfateando cuidadosamente entre las rocas en medio de la oscuridad, hasta que olió algo que lo paralizó.
Sangre. Inhaló detenidamente su olor, tratando de identificarlo, pero aquella sangre no le era familiar. No era de Cornamenta, ni de Lunático… Canuto dio un paso atrás y gimió ante la obvia respuesta. Era sangre de Snape. Estaba herido. Había sido mordido, herido, matado… gimoteó más fuerte y se alejó de la evidencia, apretando sus muslos contra la otra pared, rebajando sus orejas. Colagusano se arrastró hacia la roca ensangrentada y dejó salir de sí un potente y agudo chillido. La rata comprendió. Giró hacia Canuto y parecía estar esperando a que decidiera qué hacer.
El gruñido que rompió su silencio hizo erizar cada uno de los vellos del cuerpo de Canuto, y ni se preocupó en voltear hacia éste.
El lobo. Y no como amigo ahora, ni como hermano – se había acercado en un sigiloso silencio, dejando a Canuto en una gran desventaja. Esto era caza. Gruñó una vez más, un bajo, sordo y abrumador sonido que le indicó que estaba a punto de ser atacado por uno de su mismo caño.
Lentamente, y manteniendo sus ojos abajo mostrando que no quería establecer ningún dominio, Canuto se movió alrededor. Subió su mirada hacia el lobo ahora, pero rebajó su cuerpo, mostrando una vez más completa sumisión hacia el lobo.
Dios, ése es Lunático. Y Remus está dentro de eso.
El pensamiento había sido claramente de Sirius. Nunca había visto al lobo así antes, nunca, ni siquiera la primera noche que todos se aparecieron en la Casa de los Gritos y lo forzaron a que se acostumbrara a sus esencias. Este era un hombre-lobo, insano, mostrando fieramente unos poderosos colmillos, y con unos ojos amarillo ácido, con un insano brillo hambriento. Canuto podía oler el hambre; se mezclaba en el aire con la aún fuerte esencia humana. Sangre humana. ¿Se había satisfecho ya el lobo? ¿O Cornamenta y Snape, de algún modo, habían salido a salvo fuera, y estaba este hombre-lobo falto de carne, privado de su primera verdadera comida desde que Remus había sido mordido?
De pronto, los sádicos ojos ámbar cayeron sobre la rata, y gruñó esta vez, imposible de confundir su propósito.
Pasó demasiado rápido para que Canuto alcanzase a reaccionar. El lobo saltó rápidamente hacia Colagusano, quien saltó también aterrorizado hacia la salida – pero el lobo lo agarró por la cola y atrajo, a dientes desnudos, lo que era claramente ninguna otra cosa además de carne. Cuero. Comida.
Canuto cayó entre ellos, pateando a Colagusano a media carrera y poniendo su hombro derecho donde la rata justamente recién estaba. Unos colmillos se hundieron entre su cuero – su carne – chorreando sangre y dejando un largo tajo en su costado. Aulló adolorido, pero dejó caer todo su peso contra la mandíbula de la fiera, y le empujó con tanta fuerza que Lunático se fue contra la pared, provocando que húmeda tierra les lloviera encima. Canuto alcanzó a divisar a Colagusano a tropezones hacia la salida, y le ladró dos veces, luego tres y seguido dejó salir un largo aullido: la señal de Peligro, Encuentra a Cornamenta Rápido. Pero la rata se arrastró velozmente por los escalones, saliendo sin dar respuesta alguna. De pronto, Canuto se sintió horriblemente solo.
Antes de que pudiera voltear, escuchó tras de sí un sobrecogedor gruñido y un largo y afilado colmillo se hundió en su pellejo. Canuto chilló y giró, sintiendo cómo un buen pedazo de piel se separaba de su muslo, y bajó su cabeza contra el continuo ataque del lobo, chocándola contra la de Lunático tantas veces como pudo, esquivando sus salvajes mandíbulas que intentaban cerrarse en sus oídos y garganta, hasta que finalmente un sonoro '¡crack!' le advirtió que al fin lo había conseguido; Lunático maulló y tropezó confundido, dándole la oportunidad de correr a la salida. Por favor, haz que Colagusano haya congelado el árbol de nuevo, por favor, no me hagas quedarme atrapado aquí…
Escaló arriba, peleando por salir, pero aún preguntándose qué pasaría si, de alguna manera, Lunático también escapara. Cazaría. Por favor que nadie ande en los terrenos… ni siquiera Filch…
Empujó su hocico a través de la abertura entre las raíces y gimió anonado cuando abruptamente una gruesa y maliciosa rama aplastó su nariz. Rodó por los húmedos escalones abajo y tropezó con sus patas en el túnel, asustado, preparándose para otro ataque de parte del hombre-lobo, que verdaderamente se había vuelto loco. Giró rápidamente, alistándose para luchar por su vida, incluso ahora, que comenzaba a dudar si ganaría.
Pero el lobo no venía. Ni siquiera estaba parado, y esto no era un truco – Lunático permanecía echado como un saco, de piel café y plateada en la mitad del pasaje, inmóvil.
Dudó un segundo si correr donde Lunático; su instinto le dijo que el lobo aún estaba moribundo, aunque estuviera tan quieto como yacía. Pero Sirius ganó, y Sirius no olvidó que aquella bestia herida que yacía frente a él no era otra cosa más que Remus. Corrió hacia su amigo, aterrorizado ante todo que de alguna manera él le hubiera matado.
Canuto gimió en el oído de Lunático, tensamente esperando una respuesta. Lunático se movió, pero muy levemente, e hizo un confuso sonido nada comparado su anteriores gruñidos. Seguramente, su cabeza debía haberse hecho un mar de confusiones al ser tirado y rebotado contra la pared. Olfateó el suelo y gimió. Necesitaba ayuda. En algún lugar estaba herido, y Canuto buscó frenéticamente a lo largo del cuerpo del lobo, signos de auto mutilación, olor a sangre.
Y había sangre. Mucha, pero no la podía ver, no la podía encontrar – Canuto se arrastró alrededor de Lunático y empujó la nuca de su amigo, intentando darlo vuelta. El lobo emitió un largo y grave gemido de dolor y trató de darse vuelta, fallando la primera vez. No podía ponerse de pie.
Después de algunos minutos de suave presión como ayuda que el can podía ofrecer, logró hacer que Lunático diera vuelta, dejando su lado izquierdo ahora expuesto. Observó a su compañero y silenciosamente se arrodilló a su lado.
En algún momento, Lunático había probado de su propia carne. Detrás de su hombro izquierdo había un corte tan ancho y profundo que Canuto no sabía si podría serle fatal; estaba llena de tierra y aún sangraba. Lunático parpadeó lenta y miserablemente y Canuto concluyó en que no sería nada bueno hacerle caminar hacia la Casa de los Gritos, donde al menos había cómodos muebles. Sabía que tenía que buscar ayuda, pero no la había – no había cómo salir afuera sin la ayuda de Peter, a no ser que usara su varita; y no podía hacerlo, no podía transformarse en humano otra vez. Por más débil que el lobo pareciera, el olor de otro humano lo sacaría de sus cabales otra vez. Arremetería por comida sin piedad a sus heridas, y Remus tal vez no sobreviviría a eso. Remus no querría sobrevivir de todos modos, habiendo mordido o matado a alguien. Se lo había dicho a Sirius en un par de ocasiones. Había sido su único temor en dejarles reunirse con él el las noches de luna llena.
"No pueden haber rasguños, no pueden haber heridas. Tienen que prometerme eso."
Sirius lo miró a través de los ojos de Canuto y no pudo respirar.
Remus querría morir a la mañana. Querría desaparecer si hubiere herido a James. Incluso si hubiere herido a Snape. Recordó la sangre en la roca – de Snape – y se preguntó donde estaría el resto de él ahora. Dónde estaba James. ¿Estarían sus cuerpos en la casa, estarían sus huesos despedazados, estaba demasiado tarde…?
Los ojos de Lunático temblaron cerrados. Rápidamente su respiración comenzó a detenerse, y Sirius olvidó el descanso. No podía hacer nada al respecto. Nada. Él había causado todo este desastre – todo – y al menos intentaría salvar una vida. Canuto acercó su hocico a la herida y comenzó a limpiarla, cuidadosa y suavemente. Haciendo una mueca de dolor con cada gemido adolorido por parte de Lunático, olvidado que él mismo estaba sangrando horrorosamente en todo su costado, Canuto quitó las piedras y mugre con su lengua, y desinfectó el corte lo mejor que pudo. La respiración no continuó aflojando ni sus ojos se abrieron, pero estaba vivo. Y la herida estaba limpia. Y Canuto no se movería de ahí. A Sirius no le importaba quién lo encontrara ahí, no importaba si se metía en problemas. Dio un rodeo alrededor del lobo y se puso frente a él y chocó su nariz con su garganta.
Lunático lo olfateó, e hizo un sonido de reconocimiento por primera vez. El lobo estaba tranquilo de nuevo; reconoció a su amigo. Canuto se sentó a su lado, para esperar durante la noche, determinado a vigilar la respiración de su amigo, y no dormir, sin importar que tan cansado estuviera. Giró su cabeza y miró por el túnel donde una débil luz correspondía a la entrada de la Casa de los Gritos – de donde los cuatros estarían volviendo, en sólo unas pocas horas, sin heridas ni miedos. Se preguntó si Lunático le intentaría seguir si se aventurara hacia la casa para buscar a James y Snape.
Saltó de pronto al sentir algo mojado contra su costado, y giró sus ojos hacia lo que fuera.
Lunático estaba medio apoyado en sus patas delanteras, se había acercado a Canuto y estaba atendiendo la herida que él le había hecho. Canuto intentó detenerlo – trató de moverse – deseando tener habla. No tienes que ayudarme. No me lo merezco. Lunático gimió un poco e intentó acercarse más, para seguir limpiándole. Así era como un dúo trabajaba. Así era el modo en que las cosas debían ser hechas.
Y Sirius pudo ver, detrás de la concentrada mirada ambarina, la culpa tomando forma en Remus, quien creía que era el responsable de esto. Fijó sus ojos en aquella mirada y dejó que continuara, sabiendo que moverse lo haría más difícil aún para Lunático. Sintió los suaves y débiles movimientos de la leal lengua del lobo, y se preguntó como volvería alguna vez a mirar a Remus a los ojos.
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este será el último de los capítulos q traduzco hasta e próximo año, pues me voy de vacaciones, vuelvo en marzo.. Muchas gracias por leer. Atte. Arabella Figg Kalabaza
