Hello everyone! si, ya sé que me tardé mucho muchotototote en actualizar pero esque la escuela es primero ¬¬ ajá. Además os estoy preparando actualizaciones de mis otros dos fics, a los cuales les esoy poniendo mucho empeño!.
Por mientras, disfruten del comienzo de la belicosidad...
Capítulo IV: Lecciones con el "maestro"
Hermione abrió los ojos con pereza, la enorme bola de pelo que era Crookshanks la asfixiaba con su proximidad y a pesar de saber que ese día en especial no tenía porqué levantarse, lo creyó necesario. Así era ella: compulsiva, obsesiva, controladora, exasperada, ligeramente sarcástica, discutidora, maternal y peligrosamente obstinada. Claro que Harry y Ron, además de afirmar lo anterior, aderezarían la descripción con comprensiva, cariñosa, inteligente, y dulcemente infantil. Más les valía tener eso en cuenta cada vez que se las ingeniaban para conseguir una tarea: ella no era un libro, se decían, es nuestra amiga. Aunque eso no impedía que de cuando en cuando el descaro les ganara.
Gloriosa mañana del primer fin de semana luego de entrar a la escuela. Cuatro días desde que el director anunciara la competencia que andaba de boca en boca, cinco días desde que se enteró que compartiría torre con odioso Malfoy. Oh, no; precisamente por su causa era que se había levantado temprano: ese día iniciarían sus "clases" de ajedrez. La semana había estado demasiado movida para inicial al día siguiente de cuando cerraron el trato, así que decidieron aprovechar el fin de semana. Aún la intrigaba el por qué Malfoy insistía tanto en que debía de ganarles a Potter y Weasley. Ideó un millón de conjeturas, cada una más inverosímil que la anterior: que si se había golpeado la cabeza y una neurona se le botó de lugar; que si de pronto era otro mago que se había tomado la poción multijugos para hacerse pasar por él; que si había hecho una apuesta con alguno de los chicos de su casa, probablemente Zabbini (lo cual era bastante factible); o si simplemente la idea de que Hermione fuera derrotada en algo y que el triunfador no fuera él se le antojaba irreal.
Pero poco importaba eso ahora, la había citado a las nueve y media de la mañana para poder practicar todo el día. Se dijo que tenía tiempo de sobra, pero no contaba con la mala jugada del despertador…
-¡Qué¡Como que las nueve quince!- gritó al voltear la cabeza y ver la hora que marcaban las manecillas del reloj de su buró. Con un impulsivo movimiento apartó a Crookshanks, tiró por el suelo las sábanas y edredones; iba desvistiéndose a medio camino del baño de su habitación y para cuando llegó a la regadera solo abrió la llave del agua caliente y se dio el duchazo más rápido que os podáis imaginar. Pero el castillo no estaba precisamente a su favor…el agua caliente tardó un buen par de minutos en subir, el acondicionador no fue suficiente para su enredado cabello y éste último se negaba a cooperar en absoluto para que su presentación mejorara. También olvidó que las toallas para secarse se encontraban en el armario que estaba afuera del baño, así que tuvo que salir desnuda y mojada al pasillo para tomar una.
Creyó que ya nada podía ser peor, pero su adorado gatito le demostró que sí podía ser: el tierno minino encontraba de lo más divertido rasgar los pantalones de mezclilla de la chica, con sus lindos jueguitos arruinó cada par que poseía, dejando de opción las largas faldas que la castaña acostumbraba usar. Finalmente vestida con una larga falda negra, un suéter rojo y el pelo lo más arreglado que pudo, bajó las escaleras a la sala común para ver que un pulcro, mañanero y perfeccionista Draco ya se encontraba sentado en su sofá de cuero negro favorito, con una mesilla entre éste y el puff rojo en la silla de mimbre que a ella tanto le gustaba. Las piezas del tablero impecablemente acomodadas, y su acusadora mirada posada sobre ella.
-Llegas tarde, Granger. Que te quede claro que es la primera y última vez que llegas tarde a una práctica- suficiente humillante ya le resultaba que él le llamara la atención para que diera el toque final-. Y la próxima vez, Granger, ponte zapatos.
Hermione volteó rápidamente hacia sus pies para encontrarse con la sorpresa de que en su apresuramiento había olvidado que sobre esos deditos largos y flexibles se ponían unas cosas llamadas zapatos. "Nota mental: no volver a olvidar zapatos o ponerme la falda más larga que tenga para que no note su ausencia"
En el mismísimo instante en que Hermione buscaba desesperadamente en su cerebro una respuesta adecuada que dar, Draco la cortó de un aspaviento de su mano y le indicó que se sentara de frente a él.
-Bueno, tienes ahí tu primera lección: la puntualidad es lo más importante- simplemente la enfurecía el tener que escuchar al engreído de Malfoy reprochándole la forma en que administraba su tiempo, y pensar que eran escasas las ocasiones en las que llegaba tarde a alguna cita…-. Pero dejémonos de esas cosas y prosigamos. Bien, dime Granger ¿qué sabes del ajedrez?
-¿Cómo que qué sé del ajedrez?
Draco la miró exasperado: -Sí, me refiero a que si leyendo alguno de tus preciados libros lograste descubrir algo acerca del ajedrez…
Definitivamente, el cerebro de Hermione no estaba trabajando lo suficientemente rápido esta mañana: -Pues descubrí que fue inventado y desarrolado magníficamente en el Medio Oriente, y que al comienzo no era un juego de mesa, sino un modo de planear las batallas…
-No me refería a su historia, sino a la forma de jugar…-la volvió a interrumpir Draco, el cual ya se esperaba que Granger primero saliera con antecedentes, después con la evolución, pasando por un ensayo de tres pergaminos más bibliografía, para llegar al meollo del asunto.
-Ah…-no, definitivamente no era ese el modo en que le gustaba hablar con Draco Malfoy: estando ella en desventaja.-Pues, hum… ¿se comen unos a otros?
-Arg, bueno, ahora ya sabes que los libros no lo dicen todo. Mira todo empieza por colocar en la primera fila a las figuras especiales: torres en las esquinas, seguidos de los caballos- mientras le explicaba, iba colocando las piezas donde él decía. Hermione trató con todas sus fuerzas comerse ese insulto guardado para salvar su orgullo de la humillación, y lo logró, solo que, en ese instante, se percató de la gracia de los movimientos de su "mentor"- , luego van los alfiles, la reina en su color y en la casilla vacía va el rey. Enfrente los peones. ¿Entendiste?
-Sí- contestó lacónicamente ¿pues qué más esperaba decir? "¿Por qué las piezas se acomodan así Draco?".
-Bien. Al menos mi teoría de que eres de entendimiento rápido no se fue por la borda…- soltó como si fuera cualquier cosa.
-Al menos me reconoces una cualidad.
-Pues alguna debías de tener ¿no?- respondió al tiempo que desviaba la mirada. No le gustaba reconocer que sabía muchas cosas de Hermione Granger. La máxima permisa siempre había sido conocer mejor al enemigo que al amigo y él la había llevado a la perfección: sabía que adoraba los poemas de Neruda (¿quién era ese tipo? Un muggle. Punto), que su aroma favorito era el sándalo, sus flores los tulipanes, coleccionaba manuscritos y adoraba comer chocolates y comida italiana. Oh, si, bien que la conocía. Sabía que era lista, aguda en las críticas, algo lenta para el sarcasmo pero excelente para contestarlo y un peligro bípedo cuando se enojaba.- Bueno eso no importa- se reprendió a sí mismo; Hermione lo miró extrañada-. Bien, en la primera movida, el peón puede moverse uno o dos espacios.
Draco comenzó a mover las piezas, imitando jugadas y hasta cierto punto, jugando contra sí mismo, mientras Hermione lo observaba lo más atentamente que podía. Esas manos blancas, volando sobre el tablero bicolor, esos delgados dedos de transparentes y perfectamente bien cortadas uñas, moviendo una a una las piezas, atacando, defendiendo, planeando...
-¿Captaste las jugadas del peón?-irrumpió la voz de Draco en las cavilaciones de Hermione. Ella se quedó un momento en el procesamiento de las palabras, sabía que en algún momento había escuchado algo acerca de que "sólo comían en diagonal un cuadro a la vez" y...eso era todo (:P).
-Sí.- fue cuanto atinó a decir.
-Bien. A continuación son las torres; éstas se pueden mover en línea recta hacia norte-sur o derecha-izquierda. Se mueven todo lo que puedan hasta que topan con otra pieza. Con ellas puedes hacer enroque...
-¿Enroque?
-Si, cuando tu rey se encuentra amenazado y tiene en su bando el camino libre y no se ha movido de su lugar original y cuenta con una torre, puede cambiar de sitio con ella para protegerse, pero solo se puede hacer una vez en el juego.
-Ah...-sip, definitivamente sentirse en la ignorancia no era precisamente algo del agrado de la leona, pero más valía preguntar que quedarse en la duda. Merlín, si los chicos la vieran tomando lecciones de Malfoy seguramente que se infartarían. Pero Malfoy ni se inmutaba, para él, al parecer, lo más importante era convertir en un experto a su pupilo, sin importarle quien cominos era.
-De acuerdo. Ahora van los caballos. Se mueven en "L", dos casillas al lado y luego otras dos formando un ángulo de 90 grados.
-Eso se ve fácil.
-Sí, además puedes saltar las piezas que estén en tu camino de L. Vienen luego los alfiles, se mueven en diagonal todo lo que deseen mientras no se encuentren con un obstructor.
-Ok. No es tan difícil como lo pintaba Ron.
-¿Comadreja Weasley trató de explicarte el ajedrez?-de pronto, Draco soltó la carcajada, simplemente la idea lo divertía demasiado como para evitar imaginarlo.
-Pues sí, llegó a tratar, pero parte de la diversión consistía en bajarle los ánimos.
-Pues Hermione, tú SÍ que eres buena "bajándole los ánimos" a Weasley.- continuó con una sonrisa insinuante en los labios. A Hermione eso le dio miedo, pues la había llamado por su nombre y le había sonreído.
-¿Qué quisiste decir, Draco?-digo, si ya estaban entrando en confianza para tutearse, pues que más.
-Por Merlín, no me irás a decir que no te has dado cuenta que tu reina pone en jaque a su torre.- le espetó con una sonrisa ladeada.
-¡Deja de hablarme en lenguaje ajedrecístico y explícate!-Cielos, realmente las insinuaciones y palabras a medias de este tipo la estaban desesperando.- ¿Qué es eso de ponerle en jaque su torre?
-Ay, Hermione Granger, tan sabihonda en unas cosas y tan neófita en otras.-empezó Draco cubriéndose los ojos con una mano y lanzando un largo suspiro- ¡Pues que le gustas! Lo excitas y siempre consigues pasar sobre de él magistralmente. Es taaan divertido cuando te ve, tiene una erección y tú ni en cuenta…
-¡Basta!- se había puesto roja como tomate, o cabello de Weasley para ser más específicos- Eso no es cierto Malfoy, somos amigos y nada más. ¡Y él no tiene erecciones!
-¿Cómo puedes estar tan segura de ello? No creo que pudieras reconocer una aunque la tuvieras enfrente, además reconócelo, es un chico y a un chico normal le gustan las chicas…a menos que… ¡No¡Weasley es gay!-concluyó Draco cubriéndose la boca con ambas manos y los ojos abiertos como platos.
Interiormente estaba disfrutando de ello: ver a Hermione toda avergonzada, y pasando por su mente lo que ella podría considerar una erección estaba dentro de su parámetro de las cosas que deseaba ver antes de morir.
-¡Ron no es homosexual!- le contestó airada.
-¡Entonces ya lo comprobaste!-le guiñó un ojo-. Pilluela…
Ahora sí que Hermione se había quedado sin habla. No solo se atrevía a insinuar que provocaba frigidez en Ron, que le gustaba y que era homosexual ¡todo en cinco minutos! Pero mirándolo a los ojos y mordiéndose el labio inferior, buscó fuerzas de flaqueza y le plantó cara.
-Mira Malfoy, creo que se me olvidó aclarar eso cuando hablamos de las reglas. No me gusta que indagues acerca de mi vida privada o de la de mis amigos y no tienes ningún derecho a cuestionar o siquiera darte por enterado de lo que hacemos. ¿Está claro?
-¡Sí mi generala!- le respondió él a punto de desternillarse de la risa. ¿La sangre sucia diciéndole que no hiciera lo que llevaba seis años haciendo¡Inconceblible!
-¡Eres incorregible!-le gritó.
-Sí, yo también aprecio tus cualidades…
-¡Oh, cállate!
Ambos se quedaron así durante mucho, mucho tiempo, quietecitos, sin decir nada, sin gritar, insultarse, mover las piezas…nada. Pero de ponto un extraño ruido irrumpió entre ellos. Algo así como un gruñido muy pronunciado, que tuvo su eco a continuación. Ambos levantaron la vista y se vieron extrañados a los ojos. Se veían como si la necesidad que en ese instante atosigaba a sus cuerpos no les perteneciera, como si el débil que estuviera manifestando fuera el otro.
-Granger, dile a tu amiguito que no me coma…-comenzó Draco con un tono fingido de temor, sólo para provocarla.
-Malfoy, el hambriento eres tú. ¿Y cómo no vas a estarlo? Estás tan esmirriado como un gato egipcio.
-¡Yo no estoy esmirriado! Solo soy atlético y flexible-se excusó utilizando un tono muy parecido al de Lockhart-. Más bien, quien es anoréxica aquí eres tú.
-Ja ja ja. Graciosito me salió el niño. Para que lo sepas, como más y mejor que tú.
-¿Ah sí? Pues no te creo, pareces un palito de pan.
Pero otra vez ese gruñido acusador había hecho acto de presencia, y no pensaba abandonarlos hasta que le hicieran caso. Ya resignados y sin mediar una palabra entre ellos se levantaron dejando todo tal cual estaba, para salir a desayunar, pero los comentarios ahogados nunca pueden quedarse dentro…
-Hey, Granger, pero por favor, sube a ponerte los zapatos…-dijo Draco mientras salía corriendo de la torre para ponerse a buen resguarde del tablero que Hermione acababa de lanzarle.
-¡Arg¡Ese tipo es un hígado!-gritó a la pared, pues él había salido para poner a su persona a una considerable distancia de la castaña.
Enfurecida aún, subió las escaleras que conducían a su alcoba y sin darse especialmente prisa, buscó a tientas unos zapatos debajo de su cama. Se vio nuevamente al espejo. "¿De verdad provoco algo en Ron?" le preguntó a su reflejo, pero precisamente su indumentaria, tan remembrante a Trelawney no era precisamente su idea de lo que era correcto vestir si se tenía la oportunidad de ser seductora. Pero que mas daba, las erecciones de su mejor amigo pasaron a segundo término cuando su mente divagó hasta posarse en la imagen grabada del que anteriormente estuviera acompañándola como su "maestro".
"Y a él¿podría provocarle algo?" una idea peligrosa, querida mía, es querer despertar algo sin saber qué lo detona. Entonces, Hermione descubrió cuál sería su estrategia de guerra: espionaje e investigación de ese rubio que durante tanto tiempo consideró un "esmirriado" para conocer sus detonantes. Y daba por sentado que daría con ellas mientras una perversa sonrisa se dibujaba en sus delgados labios.
Hey, espero que esto les haya gustado, más o menos así fue mi primer clase de ajedrez, claro que con menos violencia :P
Pero estoy algo tristecilla...mi nuevo capítulo de Ice Breath, al que dediqué muchísimo tiempo, no fue bien recibido T.T... pero como espero que ya no vuelva a pasar...trabajaré más duro! XD . eso me va a costar mis buenas horas pompa pero ni modo, el es sacrificio del escritor ¬¬ simon Diana.
Saludillos a todos los que llegaron hasta acá y para los que serán tan piadosos y benevolentes para dejarme un review. :)
Raven. ♪
