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Aclaración: Esto son recuerdos de Sakura, no exactamente lo que les cuenta a Sasuke y Taka.
Exilio
Capítulo 4. II: Resistencia
Después de lo sucedido en el, ya inexistente, monumento a los Uchiha, Kakashi-sensei me llevó a su casa y llamó a Shizune para que atendiera mis heridas pues no podía llevarme al hospital. Allí tendría que contestar a muchas preguntas y la sola idea de acusar a los ANBU de Danzou de haberme dado una paliza me resultaba graciosa.
Estaba segura de que si llegaba a contar una sola palabra de lo ocurrido la acusada sería yo por descalificar al Hokage e inventarme cosas. Raíz era intocable.
- Tu estado no es grave – informó Shizune cuando me revisó – pero algo bloquea tu chakra y lo mantiene a un nivel muy bajo.
Nada que yo no supiera, podía haberse ahorrado la visita y el disgusto por verme así. No pude olvidar la cara de horror que puso la medic-nin cuando Kakashi le contó lo sucedido.
Mi sensei sabía que todas las semanas visitaba ese lugar para dejar flores, pero nunca me había dicho nada, se quedaba alejado, al principio del camino, sin molestarme y sin que yo percibiera su presencia. Pero hoy había oído la explosión y después, cuando vio salir a los tres ANBU del camino, se preocupó y entró a buscarme.
- Prometedme que no le vais a decir nada a Naruto – les dije con voz seria incorporándome en la cama.
Poco a poco iba recuperando las fuerzas y mis niveles de chakra se estabilizaban conforme pasaban las horas.
- No pensaba hacerlo – me tranquilizó Kakashi – sé lo impetuoso que es.
Por supuesto, él ya había pensado en eso antes de que yo se lo pidiera. Ambos conocíamos lo suficiente a Naruto como para saber que pondría el grito en el cielo y se enfurecería logrando acabar peor que yo. Danzou era la autoridad ahora, y cualquier voz más alta que otra desencadenaría represalias.
- Tu nivel de chakra se restablece – me indicó Shizune - ¿tienes alguna idea de lo que provocó el bloqueo?
- No, sólo note un golpe en la espalda, sentí una especie de corriente eléctrica extendiéndose desde allí y luego perdí fuerzas – recordé – tal vez sea algún tipo de jutsu.
- Si es así no es ninguno que yo haya visto antes – reflexionó Kakashi – Es peligroso, un arma que deja indefenso al ninja más fuerte…Hasta ahora sus ataques habían sido pura estrategia, diplomacia y papeleos para hacerse con el control legalmente. Pero confiábamos en poder detenerlo por la fuerza si se pasaba de la raya.
- ¿Qué vamos a hacer? – pregunté con decisión.
No pensaba quedarme quieta otra vez, con una ocasión había sido suficiente. Con "jutsu- quita chakra" o sin él, yo formaría parte de la resistencia. No sería una máquina más al servicio de ese ambicioso líder, no era lo que había aprendido hasta ahora de los grandes ninjas de Konoha, yo seguiría mi propio camino ninja.
Observé con diversión como Kakashi suspiraba resignado y rodaba los ojos. Él me conocía bien y sabía que cuando tomaba una decisión podía ser más testaruda que el propio Naruto.
- De momento, estamos reuniendo a todos los que están descontentos con la, digamos "política", de Danzou – comenzó en un susurro – todavía no sabemos cuál será el primer paso, pero no estamos dispuestos a permitir que destruya la Konoha en la que hemos creído durante generaciones.
Shizune seguía allí escuchando todo como si ya estuviera enterada del asunto. Claro, seguramente ella formaba parte de ese grupo.
- Está bien, contad conmigo – me ofrecí rápidamente.
- Será peligroso – me advirtió Kakashi – los ANBU están por todas partes y no deben descubrirnos. Ahora menos que nunca si poseen ese jutsu. Además no queremos provocar un enfrentamiento directo, debemos encontrar la manera de derrocarle sin provocar una guerra. Nara Shikaku es quien lo está organizando todo.
- No debemos dejar que Naruto sepa nada de todo esto – intervino Shizune – él está muy vigilado por el Kyuubi y no necesita más problemas.
Por supuesto que no pensaba involucrar a Naruto en esta locura, si iba a tentar a la muerte con esto, desde luego no arrastraría a mi mejor amigo conmigo.
- Naruto se nos unirá cuando el momento de ocultarse haya pasado, es de sobra sabido que podemos recurrir a él – opinó Kakashi – pero de momento, debe continuar sin saber nada. Danzou le tiene en su punto de mira, él es el símbolo de todo lo que intenta controlar, encarna todo el ideal de libertad de Konoha, y por el bien de todos tiene que seguir siendo así.
Comprendí sus palabras al instante. Sin saberlo, Naruto se había convertido en la bandera de la resistencia.
***********
Las semanas continuaron pasando y yo comencé a llevar una estresante y peligrosa doble vida.
Una era la que mostraba al público, haciendo como si no pasara nada, como si las patrullas de ANBU que lo registraban todo hubieran estado siempre ahí. Trabajaba en el hospital y cumplía misiones como una ninja ejemplar, ni una queja salía de mi boca. Intentaba calmar a Naruto, el cual estaba permanentemente indignado con la situación.
Afortunadamente, las órdenes de matar a Sasuke parecían haber caído en el olvido, ya que no se mandó ningún escuadrón en su busca. Tal vez requería demasiado esfuerzo encontrarle, y Danzou necesitaba todos sus efectivos para controlar su nuevo feudo, Konoha.
Mi otra cara era la que no podía ser descubierta. Siempre estaba alerta, vigilando los pasos astutos de Danzou, intentando descubrir cuál sería su siguiente movimiento para controlar aun más la vida de Konoha.
Nos reuníamos frecuentemente, esquivando controles, cada vez en un sitio diferente, siempre con el miedo de ser descubiertos. Compartíamos la información que cada uno podía encontrar para poder formar un plan sólido.
La situación se estaba volviendo insostenible, Danzou estaba llegando a controlar cada pequeño aspecto de la vida cotidiana en la villa, incluso de los civiles.
Los ANBU registraban cualquier cosa que les resultara sospechosa, paraban a la gente por la calle, las reuniones estaban prohibidas y en las misiones fuera de la villa siempre había al menos dos miembros de Raíz controlándolo todo.
La mía no había sido la única paliza que repartieron los subordinados del Hokage, durante los días siguientes se habían sucedido varias. Escarmientos para los que se pronunciaban demasiado alto contra el nuevo orden. Ya ni siquiera se molestaban en ocultarlo o excusarse.
Todo esto habría resultado inaudito de no ser por el extraño jutsu que te dejaba sin fuerzas. De este modo, podían reducir a los ninjas sin que pudieran siquiera defenderse, este hecho propagaba el miedo entre la gente que se mostraba sumisa para no ser castigada.
Habíamos llegado a la conclusión de que ese jutsu era en realidad una técnica exclusiva de uno de los ANBU de Danzou, y que este podía prestarles algo de su poder a los demás encapsulándolo en una especie de botones que todos llevaban en la palma de la mano, de manera que liberaban la descarga cuando tocaban a su víctima. Sospechábamos que el portador original del jutsu tendría mucho más poder que ellos.
Después de continuas reuniones y trapicheo de informes, nuestro plan había nacido. Debíamos encontrar al portador original y matarlo, de este modo no estaríamos indefensos, después nos encargaríamos de acabar con Danzou. No queríamos desencadenar una batalla, así que tendrían que ser asesinatos sigilosos que los tomaran desprevenidos para que no pudieran contraatacar.
Era bastante más complicado de lo que parecía. Como Hokage, Danzou tenía acceso a nuestras fichas ninja, dónde constaban todas nuestras habilidades y puntos débiles, todo lo que habíamos entrenado o las misiones que habíamos fallado, sin embargo nosotros no teníamos ni idea de las técnicas del enemigo, ni siquiera sabíamos con certeza quién era el misterioso ANBU que poseía la temida habilidad.
Durante todo el tiempo me mostraba inquebrantable, siempre fuerte y decidida, sin dudar de nada y sin perder la sonrisa y el brillo que me caracterizaba. Pero al cerrar la puerta de mi casa a mi espalda, el mundo se me caía encima.
Lloraba amargamente por todo lo que estaba sucediendo, me repetía a mi misma que debía ser fuerte por Naruto, era como mi mantra. Me recordaba una y otra vez que no era la única que sufría y que pronto todo esto se acabaría y todos estaríamos de nuevo a salvo. Y como cada noche dormía abrazada a la foto del equipo siete.
Pero llegó el día en el que todo cambió. Interiormente lo había estado esperando, habíamos jugado demasiado con la muerte como para salir ilesos de todo esto.
Nara Shikaku había sido llamado hacía una semana para una misión, que por supuesto no tuvo opción de rechazar, ya no se nos daba esa alternativa.
Sólo recuerdo los ojos de Shikamaru cuando nos comunicaron su muerte, fue como quebrar un cristal de hielo.
Mis oídos zumbaban, como si no quisiera creerlo. Todavía no sé si nos descubrieron o quizá fueron sólo sospechas, tal vez Shikaku fuera demasiado inteligente para su propio bien y le temieran tanto como para no permitir que viviera. Lo que estaba claro era que el líder del clan Nara había sido asesinado y no muerto en combate contra un enemigo superior como decía el informe.
Entre Chouji e Ino lograron detener la ira de Shikamaru que deseaba venganza, pero evidentemente contra el Hokage. Conseguimos aplacarlo diciéndole que si se alzaba contra Danzou sólo conseguiría morir también y ahora su madre le necesitaba. Cuando por fin las palabras le calaron en el cerebro, se quebró llorando con amargura abrazado a sus compañeros.
La esposa de Shikaku se desmayó después de gritar con toda la fuerza de sus pulmones y partirnos a todos el corazón con su angustia.
- ¿Qué le está pasando a Konoha, Sakura-chan? – Me preguntó tristemente Naruto – Esto no está bien.
El alma se me cayó a pedazos al oír el tono apagado de Naruto. Desde luego, él estaba deprimido, cómo no iba a estarlo en esa situación. Después de todo, Kakashi-sensei y yo siempre le estábamos diciendo que se contuviera, que no hiciera nada, tal vez nos equivocamos porque estábamos matando el espíritu que tanto ansiábamos proteger.
Le abracé, no pude contenerme, le rodeé fuertemente con mis brazos y escondí la cara en su pecho. Los años habían hecho que Naruto creciera sacándome varias cabezas, me sentía pequeña entre sus brazos como una niña protegida.
- Pronto todo acabará – le prometí en un susurro para que sólo él me oyera.
Mentirosa. Sentí asco de mí misma por mentirle de aquella forma, por supuesto que no iba a acabar. Y menos ahora que nos habíamos quedado sin líder, no sabía si nos habrían descubierto. Temblaba de miedo al pensar que yo podría ser la siguiente, o quizás Kakashi, Ino, cualquiera de mis amigos.
- Naruto – le llamé haciendo que me mirara a los ojos – prométeme que pase lo que pase no vas a rendirte, que no conseguirán hacerte perder tus ganas de vivir y de pelear por lo que quieres.
- Pero Sakura-chan – me dijo confuso – si tú me has estado diciendo todo el tiempo que no debo hacer nada, que sólo conseguiré que me encarcelen. No sabes cuánto me ha costado… Y ahora me pides que no me rinda – parecía algo molesto – No te entiendo.
- Hay una gran diferencia entre rendirte y no llamar la atención para que te maten – expliqué con un amago de sonrisa.
Vi cómo ensanchaba los ojos con sorpresa y alarma, creo que había hablado demasiado. Naruto no era tonto y había captado o sospechado tras mis palabras qué era exactamente lo que estaba haciendo yo aparentando haberme rendido.
- Prométemelo, Naruto – le urgí abrazándolo de nuevo para no tener que enfrentarme a su mirada preocupada – podrán controlarlo todo, pero jamás les permitas entrar aquí – posé una mano sobre su corazón.
- Te lo prometo, nee-san – murmuró.
- Gracias, nii-san – le contesté.
Me separé de él rápidamente y me encaminé hacia mi casa sin una última mirada, tenía que llegar lo antes posible. Había captado la mirada que me había dirigido Kakashi cuando nos comunicaron la muerte de Shikaku y sabía lo que significaba. Seguramente nos habían descubierto.
Por esa razón debía ir a mi casa y destruir todo lo referente a la información que habíamos recopilado para el ataque, si nos habían atrapado no debíamos darles pruebas de lo que sabíamos.
En cuanto llegué saqué todos los documentos que guardaba y les prendí fuego en la bañera hasta que sólo quedaron cenizas que se llevó el agua. Por el sumidero se colaron nuestras últimas esperanzas de salvar Konoha.
Caminé hacia la ventana con desánimo y contemplé la puesta de sol como si pudiera ver a través de ella, era una hermosa vista pero yo sólo miraba al vacío intentando controlar la ansiedad que me consumía.
De no haber sido médico me habría fumado un paquete entero de cigarrillos como los que solía llevar Asuma, pero por suerte o por desgracia había visto durante mi entrenamiento suficientes diapositivas sobre lo que el tabaco les hace a los pulmones como para cogerle asco.
Con un suspiro me aparté de la ventana y la cerré, pues aunque no me había dado cuenta, ya había oscurecido y la noche refrescaba.
En cuanto di un paso hacia el interior de la habitación lo noté, había alguien más allí. Me puse en tensión, no veía y por eso el intruso tenía ventaja, pero esta vez no les sería tan fácil bloquearme.
Cargué chakra en mi puño antes de que tuvieran la oportunidad de quitarme esa habilidad y golpeé contra lo primero que vi moverse en la penumbra.
Oí claramente el puff que hizó al recibir mi puñetazo.
Kage bunshin.
Mierda. Ni siquiera tuve tiempo de rectificar mi posición antes de sentir la temida corriente recorriendo mi cuerpo al contacto de mi atacante.
En menos de un segundo estaba acorralada contra la pared con una mano tapándome la boca e inmovilizada, sin fuerzas para defenderme de nuevo. Aun así intenté liberarme, podía notar que esta vez no estaba tan desfallecida como la última, tal vez habían usado menos chakra contra mí.
- Eres toda una fiera ¿verdad? – Dijo el intruso sujetándome con fuerza con su cuerpo para que dejara de forcejear – Ese carácter tuyo puede traerte problemas – continuó con voz cadenciosa, falsamente amable.
No podía verle la cara en las sombras, pero no me hacía falta para saber que era un enviado del Hokage, nadie más se atrevería a entrar así en mi casa.
- Suéltame – exigí con furia cuando me destapó la boca. Puede que me tuviera a su merced pero no iba a darle la satisfacción de plegarme ante él.
Oí su asquerosa risa contra la piel de mi cuello y un escalofrío de pánico me recorrió la espalda. Me quedé helada cuando sentí como una mano tocaba mi muslo sin pudor.
- No me toques – traté de apartarme con el miedo ahogando mis pulmones y nublando mi cerebro.
- No estás en posición de exigir nada – espetó con voz áspera.
Una mano comenzó a acariciarme un pecho mientras la otra seguía apretándome el muslo. Intenté liberarme pero fue inútil, en esos momentos él era más fuerte que yo. Ahogué un sollozo, no iba a permitir que me viera llorar.
De un tirón rasgó mi camiseta y se pegó más a mí sin dejar de sobarme. Sentí ganas de vomitar cuando su respiración se acercó a mi cuello y comenzó a lamerlo. Intenté quitármelo de encima otra vez pero él, sádicamente me mordió en el hueco entre el cuello y el hombro hasta hacerme sangre apretando más su cuerpo contra mí.
Mi determinación de no llorar se quebró junto conmigo mientras mi atacante seguía baboseándome la piel. Tiritaba de miedo, había esperado golpes, tortura, el calabozo, no estaba concienciada a este tipo de ataque, jamás lo habría esperado.
Cuando ya lo veía todo perdido se separó dejándome temblando pegada a la pared.
- Esto ha sido sólo una advertencia de lo que puede pasarte, zorra – dijo con burla – dedícate a cumplir con tu deber de ninja y no tendrás problemas,…si no… todo lo de hoy no será más que el aperitivo.
Se volvió y agarró la foto del equipo siete que adornaba la cómoda, la sacó del marco y la sostuvo frente a mí iluminada tenuemente por la luz de la luna que se colaba por la ventana.
- Además, sería una pena que algo les pasara ¿no? – se burló – bueno, este ya no tiene salvación – y dicho esto rasgó la parte de la foto dónde estaba Sasuke.
- No… - intenté gritar y arrebatársela pero de una bofetada me envió otra vez contra la pared.
- Y ¿Quién será el siguiente? – Rasgó la imagen de Kakashi - ¿él? – y para terminar sostuvo la foto en la que ya sólo estábamos Naruto y yo, frente a mi cara - ¿o quizá él? – rasgó el último trozo de fotografía lanzándome el último pedazo, una niña pelirrosa que sonreía feliz desde el papel.
Después de reírse una vez más, se marchó por fin dejándome sola.
Deslicé mi espalda por la pared hasta caer de rodillas y me abracé a mi misma temblando, las gotas saladas de mis lágrimas fueron deslizándose por mis mejillas sin que ni siquiera me diera cuenta y mojaron los jirones en los que se había convertido mi recuerdo del equipo siete.
Ese fue el momento en el que perdí la cabeza.
- Sa-ku-ra – esa voz me paralizó, no podía se real pero al mismo tiempo la oía como si de verdad estuviera allí.
Alcé la cabeza y le miré.
- Sasuke-kun – conseguí decir entre sollozos.
Era increíble hasta dónde llegaba mí perturbada mente, frente a mí se encontraba Uchiha Sasuke con el mismo aspecto con el que yo recordaba haberlo visto en la guarida de Orochimaru, más alto, más guapo que nunca.
- Tranquila – mi fantasía se arrodilló a mi lado como si fuera real – todo esto se acabará, sólo tienes que aguantar un poco más.
Alargué los dedos hasta casi rozar su nívea piel y amagué una caricia por su mejilla sin llegar a tocarle, sabía que no estaba allí de verdad y por lo tanto no era corpóreo.
- Sasuke-kun… no sabes cuánto te hemos necesitado aquí – mis lágrimas seguían su imparable camino por mi rostro.
Él esbozó una de sus medias sonrisas que yo tanto extrañaba y acercó una mano hasta un milímetro de mis lágrimas.
- No permitiré que te pase nada, no estás sola – murmuró – yo estoy contigo.
Me rendí a la irrealidad, no tenía nada de malo un poco de consuelo y de todas formas ya estaba loca ¿no?
Le sonreí.
- Debes ser fuerte, Naruto te necesita, ya sabes que ese Dobe hará alguna locura tarde o temprano – se incorporó.
Recogí los trozos de fotografía esparcidos y los coloqué sobre la mesa, mañana los pegaría.
- Me quedaré a cuidarte – dijo Sasuke con voz grave – nadie te hará daño.
Asentí sintiéndome como una idiota porque una ilusión me diera tal sentimiento de seguridad. Pero era lo único que tenía, la realidad era una mierda.
************
No comenté nada acerca de mi agresión a nadie, ni siquiera a Ino o Shizune, borré mis heridas como si nada hubiera pasado, y por supuesto me guardé mucho de hablarles sobre la ilusión de Sasuke.
Continuamos con nuestras vidas intentando sobrevivir en ese infierno pues ya no aspirábamos a derrocarlo por el momento. Yo no era la única que había recibido una advertencia. El padre de Chouji estaba "enfermo", lo que se traducía en que no podía levantarse gracias a la paliza de los ANBU, y los cristales de la floristería de Ino habían sido reventados a pedradas.
La vida en la villa cada día era más dura, los precios habían subido por culpa del monopolio en los negocios que había establecido Danzou impidiendo que los comerciantes pudieran comprar y vender libremente, muchos habían dejado de acudir a Konoha.
Los sueldos de los ninja cada vez bajaban más haciendo la situación aun peor.
De cara al exterior Konoha era una villa prospera y fuerte, militarmente ninguna podía igualarnos gracias al Hokage que destinaba la mayoría de los fondos para armamento, por el contrario tras las murallas de la villa de la Hoja todo tomaba un tinte diferente, las misiones estaban mal pagadas y los precios cada día más altos.
Danzou recortaba todos los gastos que no tuvieran que ver con, según él, la grandeza y gloria de Konoha. Una de las primeras decisiones que tomó fue abolir las pagas a los ninjas que no podían salir de misión por alguna causa.
De este modo, Kurenai, embarazada, perdió todos sus ingresos como si ya no fuera bastante criar sola a su hijo después de la muerte de Asuma. Entre todos intentamos mantenerla, y finalmente Shikamaru decidió que viviera con su familia para que estuviera bien atendida en su embarazo.
En esos días, el Hokage decidió poner en marcha su plan para hacerse totalmente con el control de la villa y destruir definitivamente cualquier forma de oposición.
La floristería de Ino fue incendiada una noche y su madre llevada a los calabozos acusada de conspiración contra el orden, aunque todos sabíamos que era una forma de mantener controlados a los Yamanaka.
Aporreé durante horas la puerta de la casa de mi mejor amiga y sólo obtuve silencio como respuesta, a pesar de que sabía perfectamente que se encontraba allí, seguramente la tenían coaccionada por su madre.
Los siguientes en recibir la advertencia de Danzou fueron los Inuzuka, la mayoría de sus cachorros de perro ninja fueron envenenados. La versión oficial fue el agua en mal estado, la verdad era una amenaza contra la familia, quería decir "mueve un solo pelo sin que yo lo ordene y puede que los siguientes sean tus hijos".
Shino fue encontrado inconsciente en el campo de entrenamiento y desde entonces estaba en el hospital sin despertar, según el informe utilizó demasiado chakra en practicar sus técnicas y superó su límite. Ja, cada vez las excusas eran más patéticas.
Todas las noches podía escuchar desde mi ventana como los ANBU iban a por alguien, civiles o ninjas les daba igual. Acurrucada en mi cuarto con la luz apagada para no llamar la atención, oía los pasos fuera, alguien corriendo, cristales rotos, golpes, gritos, llanto… me tapaba los oídos pero aun así no podía escapar de ello. Me asqueaba de mi misma por ser tan cobarde, pero ¿Qué podía hacer?
Todos los apoyos que habíamos tenido para intentar algo contra Danzou estaban con la soga al cuello. Había intentado contactar con Suna para que nos ayudara pero las comunicaciones estaban controladas, ya no sabía qué hacer.
Recurrir a Naruto estaba fuera de discusión, bastante me costaba mantenerlo vivo intentando que no llamara la atención. En mi interior sabía que mi amigo era como una bomba de relojería que no tardaría en explotar, veía como cada día su paciencia se iba agotando y su furia crecía. Él no era como yo, no era un cobarde.
Entonces ocurrió.
Yo estaba de guardia cuando Hinata ingresó en el hospital con las venas de las muñecas abiertas, según dijeron la habían encontrado inconsciente en su habitación, desangrándose. Intento de suicidio, dictaminó el informe. Intento de asesinato, entendí yo.
Aparentemente Hinata no pudo aguantar la presión de su familia y el desamor de Naruto.
Bufé con indignación, Naruto jamás había estado más pendiente de ella que en esos días, desde que ella le confesó su amor durante el ataque de Akatsuki, él era dulce con la Hyuuga y la colmaba de atenciones, sus ojos azules brillaban cada vez que la veía.
Yo sabía que Hinata no se suicidaría mientras el amor de su vida la quisiera, eso había sido otra advertencia de Danzou. El problema era que Naruto también lo sabía, y esta vez tenía claro que no sería capaz de detenerle.
En cuanto estabilizamos a Hinata vi a Naruto salir disparado por la ventana. Maldije en silencio. Y para colmo de males Kakashi estaba en una misión que se estaba alargando demasiado, no tenía noticias suyas y no podría ayudarme, me daba mala espina.
Salí tras mi amigo intentando alcanzarle antes de que firmara su sentencia de muerte.
Cuando llegué, Naruto ya había tumbado a dos ANBU en la puerta de la torre y más de ellos le acorralaban intentando bloquear su chakra, pero les resultaba difícil cuando la furia del jinchuuriki ya burbujeaba con un halo rojo a su alrededor.
Su Rasengan impactó contra un edificio cercano haciendo temblar los cimientos y derribando la pared. En ese momento, los subordinados del Hokage se le echaron encima y con dos descargas de su jutsu, Naruto quedó tendido en el suelo todavía gritando "asesino" y cosas peores que se le ocurrían contra Danzou.
Intenté detenerlos cuando se lo llevaron amarrado, pero Neji me sujetó.
- Tenemos que hacer algo – supliqué.
- Sakura… - me miró con los ojos llenos de resignación y culpa – nadie se atreverá a apoyarte contra el Hokage.
- Pero es Naruto… - le recordé lastimeramente.
- Y no sabes cuánto me duele tener que hacer esto – prosiguió – pero no encontrarás a nadie dispuesto a jugárselo todo, Danzou nos ha ido mostrando lo que podemos perder si nos enfrentamos a él.
Ahora estaba perfectamente claro lo que ese viejo había estado tramando, había dejado a Naruto sin apoyos para poder ir en su contra sin oposición, si lo hubiera intentado hace meses la gente se le habría echado encima, pero ahora todos tenían demasiado miedo.
Podía ver a través de los ojos perlados de Neji como se quemaba por dentro al tener que decir eso, la repulsa que le causaba tener que abandonar a sus amigos. ¿Tanto le había afectado lo de Hinata? Sí, pero también había algo más.
- Neji ¿dónde está Tenten? – pregunté de pronto. No la había visto en días.
Un leve gesto de dolor surcó el rostro de mármol de Neji.
- Está de misión – Contestó. Eso lo explicaba todo, seguramente el Hyuuga estaba amenazado con que algo podía pasarle a su compañera.
Asentí comprendiendo la situación y me giré dispuesta a marcharme de allí.
- Sakura – me llamó de nuevo – Ten cuidado.
Sonreí de espaldas a él, era demasiado obvio que no iba a quedarme quieta después de lo de Naruto. Sin decir nada más continué andando.
Había llegado por fin al límite, podía aguantar que me quitaran la libertad, que me amenazaran, que me golpearan, que la gente de la villa me señalara con el dedo por los estúpidos rumores para descalificarme que habían surgido recientemente, pero lo que no soportaría jamás es que le tocaran un pelo a mi mejor amigo.
Esa noche tracé mi plan. Al día siguiente entraría en la prisión y me desharía de los guardias, después sacaría a Naruto y ambos huiríamos de ese infierno, ya habíamos tenido suficiente, la gente de Konoha tenía demasiado miedo para revelarse. Había intentado convencerles pero había sido inútil, mis amigos estaban atados de manos y los demás habitantes tenían la estúpida creencia de que las cosas se calmarían si mostraban sumisión. No se podía salvar a gente que no quiere ser salvada.
Preparé todas mis armas y cargué en una mochila con algunas de mis cosas, después fui a casa de Naruto y recogí también algunas de sus pertenencias. Cuando lo tuve todo listo invoqué a una de mis babosas y le ordené que lo llevara todo al camino que salía de la aldea y lo escondiera lejos, así podríamos recuperarlo después y no sería una carga.
Escribí una pequeña nota para mis amigos, pensé en dejar algo para Kakashi, pero según los reportes de su misión había desaparecido cayendo al río por un ataque enemigo. Ja, me sorprendí a mi misma por mostrar tan poca reacción y me horroricé al comprobar que mi corazón se había anestesiado acostumbrándose a todo esto.
Salí al balcón para contemplar por última vez la luna de Konoha.
No tenía tiempo de llorar por Kakashi, sería inútil, ahora debía concentrarme en salvar lo único que me quedaba. Naruto.
Hola!!!
Que levanten la mano los que quieran ir a Konoha y patearles el culo a todos jajaja
¿Qué tal el capítulo? Ha habido un poco de Sasusaku incluso, aunque imaginario, pobrecita Sakura demasiado estrés. También un leve NaruHina, mi pobre Hyuuga no ha salido muy bien parada. Y el misterio de dónde está Kakashi está más o menos resuelto ¿no? Maldito Danzou ya os dije que las ganas de matarle aumentarían. En este fic es el malo maloso. Ah, y también hemos descubierto por qué Sakura decide que deben huir, ya no tiene esperanza de salvar la villa, después de luchar tanto.
Bueno en el próximo capítulo terminarán los recuerdos de Sakura relatando su huida y el ambiente del fic será un poco más relajado, sin tantos ANBU peleones jaja
Muchísimas gracias a todos los que leyeron y dejaron reviews, sois lo mejor del fic, me gusta saber lo que opináis :)
Besos Ela.
