Capítulo 4
No habían pasado ni 10 segundos desde que Luffy le hubiese enviado a que subiese a la torre de vigilancia, pero Zoro no se dirigió allí, antes quería asegurarse que recibiría la visita acordada, por eso caminó con paso ligero dirección a la habitación de Robin, donde supuso que estaría tras su discusión con Franky. Cuando llegó, entró directamente, sin llamar ni avisar, y allí estaba la chica que buscaba, quitándose la ropa para meterse en la cama, o eso parecía.
Ella no se inmutó cuando vio a Zoro entrar.
-¿No querrás causar más problemas de los que ya ha habido, verdad?-sólo preguntó ella.
Zoro, que intentaba apartar la vista del cuerpo medio desnudo de ella le respondió como pudo.
-Eso no me importa, además, no voy a causar ningún alboroto. ¿Vas a venir?
-Antes no te lo había confirmado, tú sólo lo habías propuesto.
-¿Eso es un no?-se angustió Zoro.
-Déjame sola, por favor.- pidió ella cerrando los ojos.
Zoro no aceptó su respuesta, y cogió su brazo con impaciencia mientras la miraba directamente a los ojos.
-Vete ya, Zoro.- dijo ella finalmente mientras apartaba suavemente su brazo de él.
Así que Zoro, sin decir palabra, salió de la habitación resignado y decepcionado mientras Robin se metía en la cama y se cubría con las sábanas hasta el cuello.
De camino a la torre de vigilancia, cabizbajo, el espadachín se preguntaba cuál había sido su error. Él no había tenido nada que ver con la discusión que les hizo a todos salir de la cocina y ver qué estaba pasando con Fanky y Robin.
No había podido ser un simple ataque de celos, ella no iba a alterarse de tal manera sólo porque Franky reclamaba su amor. Zoro no era bueno sacando suposiciones, por lo que intentó dejar de darle vueltas al asunto, así que cuando subió se puso a hacer pesas y a ejercitar su cuerpo, como lo acostumbrado. Pero ni aún así se sacaba de la cabeza cómo ella le había echado fuera de su habitación, y de cómo se había negado a hablar con él. Realmente le molestaba, y cada vez tenía más ganas de abandonarlo todo, todo lo referente a ella. Olvidarla.
Pasaban las horas y Zoro miraba de vez en cuanto al horizonte, asegurándose que nadie se acercaba por ninguno de los estribos, así que después de eso se permitió "descansar la vista" sentado en el suelo y apoyando su espalda contra la pared, quedando dormido final e inevitablemente.
A l poco rato, la trampilla se abrió y por ella se introdujo Robin a la estancia, esta vez no tan ligera de ropa.
Cuando se levantó, una vez dentro, miró cómo Zoro dormía profundamente, con todas las extremidades desparramadas y despreocupado.
"Menudo vigilante" pensó ella mientras sonreía. Entonces se acercó a él y se sentó, pasándole un brazo detrás del cuello y acercando su cabeza contra el pecho. Hizo florecer un par de brazos que les pasaron una manta, cubriéndoles casi completamente, y Robin besó la frente de Zoro.
-Siento lo de antes.- dijo ella suavemente.
Zoro abrió los ojos de repente, sorprendiendo a la arqueóloga e incorporando su cabeza a la altura de ella. Entonces, él hundió la cabeza sobre el cuello de Robin, aspirando su aroma.
-¿Por qué siempre hueles a flores?
-Y tú hueles a sudor.- dijo ella.- Si sabías que iba a venir, ¿por qué has entrenado?
-No sabía que ibas a venir, así que para la próxima déjate de misterios y dime las cosas claras, así no apestaré.
Cuando Zoro retiró su rostro del cuello de Robin, le esperaba su mirada penetrante, que le perforó de arriba abajo.
-Me moría por estar como estamos ahora, ¿cómo no iba a venir?-respondió ella de repente.
Poco a poco, ambos acercaron sus labios hasta que se fundieron en un beso. Fue electrizante, los suaves labios de ella jugaban con los de Zoro, más secos y ásperos, y él tampoco se echaba hacia atrás, intentando imponerse a ella. Los dos se tenían muchas ganas, se habían estado reprimiendo desde que se conocieron. Ninguno de los dos sabía el momento exacta en el que se dieron cuenta lo que sentían, o cuándo empezaron a hacerlo. Entre ellos siempre había habido desconfianza y recelo, incluso en ese momento esas sensaciones estaban presentes, pero aún así se abandonaron uno al otro, dejando que sus deseos hablasen por ellos.
Años atrás, podría decirse que se habían dicho qué sentían y de qué forma, pero después del incidente con Kuma, cuando los separó a todos, no habían podido sentarse a aclarar sus sentimientos, aunque no fuese necesario.
Ellos todavía recordaban el desesperante momento en que Robin intentaba apartar con ansia y terror a un inmóvil Zoro del golpe de Kizaru, el usuario de la fruta de la luz. Si duda fue un momento doloroso y de impotencia, pero ahora no era momento para pensar en ello. El presente les había vuelto a dar una oportunidad, y no la iban a desaprovechar.
Cuando se despegaron de su primer beso, no se apartaron la mirada, y sus agitadas respiraciones chocaban una contra la otra.
-¿Alguna vez te habías sentido así?- le preguntó Robin.
-¿Así? Supongo que no… Jamás había estado con una mujer.- se avergonzó un poco.-¿Y qué hay de ti?
Robin tuvo que bajar la mirada, pero empezó a hablar.
-Zoro, yo he tenido que pasar por mucho para sobrevivir, y no quiero mentirte…
Zoro entendió qué iba a decir Robin, y no quiso hacerla pasar por ese mal trago, así que nla volvió a besar con suavidad, para mostrarle que no le importaba, que ya sabía que había tenido que estar con otros hombres, por los motivos que fuesen, pero ahora se trataba de ellos y de lo que sentían.
Ante esta reacción, Robin se tomó la libertad de ir desnudando a Zoro sin miramientos. Lentamente, pero con decisión, con sus propias manos. Él no se quedó atrás e iba haciendo lo mismo, hasta que ambos se quedaron sin nada con lo que cubrirse. Ninguno de los dos se avergonzaba de su cuerpo, ni estando el uno frente al otro, mientras sus cuerpos exteriorizaban la excitación que sentían.
Robin se sentó encima de las piernas de Zoro, sin importarle lo más mínimo que sus sexos estaban en contacto, frotándose el uno contra el otro, pero ahora se centraban en las caricias que se regalaban el uno al otro.
Robin pasaba sus manos por la espalda de Zoro, mientras que este acariciaba sus pechos con las manos abiertas. Los besos tampoco cesaban, e intentaban seguir el ritmo de sus respiraciones y jadeos.
-¿Quieres seguir?-preguntó Robin antes de dar un paso más allá.
Zoro no pudo emitir más que un gruñido, mientras recostaba a Robin contra el suelo y sin apartar la vista de sus ojos, se introdujo dentro de ella, con suavidad y firmeza.
Ella emitió un gemido de satisfacción, y seguía el ritmo de las embestidas de Zoro. Todo era tal y como se habían imaginado y parecía que no estuviese pasando realmente.
Tras unos minutos más, Robin logró ponerse sobre Zoro y tomó el control ahora ella, sin dejar de acariciarle el cuello, el rostro, el torso, la espalda. Hubiese deseado hacer florecer unos brazos para poder tocarle por donde ella deseaba, pero aunque lo hubiese intentado, no podría hacerlo. Estaba tan inestable a causa del placer que le daba Zoro que apenas podía mantenerse erguida.
Finalmente llegaron al clímax, ambos, entre gritos retenidos y más gemidos, con la respiración agitada. Entonces se dieron un último beso y Zoro se acostó completamente en el suelo, Robin por su parte recostó su cabeza y sus manos sobre el torso de él.
Pasaron varios minutos en silencio, no les hacía falta decirse el uno al otro cómo habían disfrutado, pero Robin rompió el silencio.
-¿Y ahora qué vamos a hacer?
Zoro sabía a qué se refería. ¿Qué iba a pasar entre ellos cuando bajaran de la torre de vigilancia bajo la mirada de sus amigos?
