Al final, mis padres y los señores Mellark se divorciaron. Y alquilaron una casa enorme para vivir los siete juntos.
Lo bueno de todo esto es que seguiré viviendo con mis padres y mi hermana. No dejaré de ver a ninguno.
La nueva casa está llena de cajas pertenecientes a ambos miembros de la familia con sus pertenencias dentro. Yo me acerco al camión de la mudanza y tomo una de mis cajas para llevarla a mi nueva habitación. Cuando entro en la casa, mi madre y Camila están hablando sobre dónde colocar uno de los muebles mientras mi padre e Ian prueban el nuevo televisor panorámico que han comprado.
Prácticamente son extraños que se van a vivir juntos. Esto no es normal.
De repente alguien me da un golpe en la cabeza. Cuando me giro, veo a Peeta.
- ¡Eso duele! -digo, frotándome la nuca con una mano.
- ¿No puedes darte un poco más de prisa? Se nos va a hacer de noche desempacando todo.
- ¡Por si no te has dado cuenta éstas cajas son muy pesadas! ¡Se me cansan los brazos!
Tonto.
- Deja esa caja en tu habitación y acompáñame a la tienda o no tendremos desayuno para mañana.
Acompaño a Peeta al supermercado a comprar leche, pan y unas cuantas cosas más. No hablamos más de lo necesario, Peeta sólo abre la boca para meterse conmigo así que cuanto más tiempo esté callado mejor. Al ir a la caja él también compra un paquete de chicles y me ofrece uno pero yo lo rechazo.
En el camino de vuelta también vamos en silencio, mientras él hace globos con el chicle y los explota.
- Hoy estás muy callada y formal -dice de repente-. El otro día durante la cena no parabas de hablar por los codos. ¿Ya te rendiste?
Ya empezamos.
- Sabes, eres un bruto. Y deberías hacer algo al respecto porque no va acorde con tu imagen externa.
Él ríe.
- Sin embargo tú no tienes ese problema, eres bruta por dentro y por fuera.
Reprimo los deseos de tirarle a la cabeza una de las botellas de leche que hemos comprado.
- Para tu información, sí. Ya me he rendido. La decisión está tomada y ya no hay nada que hacer. Me ha tocado tener unos padres raritos. Así es la vida -Peeta me escucha atentamente-. Sin embargo cuando los veo a los cuatro llevarse tan bien como si se conocieran de toda la vida me pongo a pensar que quizá no esté tan mal lo que han hecho. Pero sigo sin entenderlo. ¡Y si hay algo que tengo claro es que no pienso permitir que me afecte! ¡Que lo tolere no significa que lo apruebe!
- Es cierto. No es algo que se vea todos los días -responde Peeta-. Pero míralo de éste modo. Es como si tu familia creciera de repente. Puede ser divertido. No sigas tan enojada, Katniss. Llevémonos bien. ¿De acuerdo?
Peeta me sonríe y me tiende una mano.
Qué guapo...
Quizá lo he juzgado mal. Quizá no es un idiota después de todo, sino un chico tierno y dulce.
-C-claro. Llevémonos bien -digo dándole un apretón de manos.
Entonces él pone un pequeño objeto en la palma de mi mano y la cierra.
Cuando miro lo que es, veo un chicle masticado.
-¿QUÉ? ¡QUÉ ASCO! -grito, tirando el chicle bien lejos y limpiándome la mano en la ropa.
Peeta se parte de risa, tanto que se tiene que sujetar el estómago con una mano.
-¡¿Te estás riendo de mí?! ¡Ven aquí!
Echo a correr tras él, mientras él sigue riendo huyendo de mí.
Cuando lo pille se va a enterar. No lo soporto. NO LO SOPORTO.
Es guapo pero le odio.
Al día siguiente yendo a clase...
- ¡Hey, Madge!
Ella se gira hacia mí.
- ¡Katniss, buenos días! ¿Cómo va todo con tus padres?
- ¡Shh! No lo digas tan alto. Tú eres la única persona a la que se lo he contado. No quiero que el resto de la escuela se entere de lo de mi familia rarita.
Hoy hace un día estupendo, no quiero que nada arruine mi buen humor.
- Sin embargo te ves muy contenta hoy, Katniss -dice-. Más de lo que pensé.
- Así es, porque mientras esté en la escuela puedo olvidar todo lo que está pasando con mis padres. Es como si la escuela fuese mi refu-
Otro golpe en la cabeza hace que me trague mis palabras.
- ¿Decías?
Es Peeta.
- ¿¡QUÉ RAYOS HACES AQUÍ EN MI INSTITUTO!? -digo.
No... mi refugio...
- Mi instituto está ahora en la otra punta de la ciudad así que me he trasladado. Además, éste instituto tiene algunas optativas que me interesan. De hecho, fue tu madre la que me lo recomendó.
Otra vez mi madre ocultándome información.
- ¿Por qué siempre soy la última en enterarme de las cosas?
- Porque si lo hubieras sabido habrías armado otro escándalo, por eso me dijo que lo mantuviera en secreto.
- Odio que nunca me cuenten nada.
-Deja de protestar y cállate -dice Peeta con tono burlón-. Ahora también tendrás que aguantarme en el colegio.
Madge anda detrás de nosotros sin perderse detalle de nada. Debemos estar dando un buen espectáculo...
Por su parte Madge...
- ¡Hey, Madge! ¿Quién es ese que está hablando con Katniss? Nunca lo había visto por aquí. ¿Es un alumno nuevo? -dice Finnick acercándose a ella.
- Eh, sí. Algo así -contesta Madge.
- ¡Era lo último que me faltaba! ¿Y qué hay de malo tener que hacer un viaje un poco más largo hasta tu viejo instituto? -oyen gritar a Katniss.
-¿Y de qué lo conoce Katniss? -pregunta Finnick.
- Él es como si... fuese su hermano -dice Madge, que no quería darle muchos detalles hasta que no fuera Katniss quien le contase la historia detalladamente.
-¿Su hermano...? ¿Qué significa eso? ¡Eh, Katniss!
Al oír a Finnick llamándola Katniss se gira y su expresión cambia de molesta a amable.
-¡Finnnick! ¡Buenos días!
- ¿Te gustaría practicar un poco antes de la primera hora? El campeonato interescolar está a la vuelta de la esquina.
- ¡Claro que sí! Acabo de pasar un mal rato y me vendrá bien relajarme.
- Bien. Vayamos entonces.
Ambos se alejan juntos conversando animadamente ante la mirada desconcertada de Peeta.
Madge cree que es el momento oportuno para presentarse al nuevo miembro de la familia de su mejor amiga. Y le tiende una mano a Peeta.
- Soy Madge Undersee. Katniss me ha hablado mucho de ti. Encantada.
-Igualmente, Madge -dice Peeta estrechándole la mano-. Oye ese chico... ¿Es el novio de Katniss?
-Oh no. Katniss y Finnick siempre se han llevado bien. Ellos son amigos desde que iban a la escuela elemental.
-Ya veo, así que algún día puede que surja algo entre ellos.
- Si, pero no creo -contesta Madge-. Verás... Katniss se declaró a Finnick hace tres años pero él la rechazó.
-Ya veo -contesta Peeta.
Madge lo observa quedarse pensativo mientras una suave brisa desordena el flequillo del chico.
Hola Mary también me gusta lovely complex, y también me gustaría hacerlo más corto a ver si más adelante puedo resumir.
