Tonalidades de lo inesperado
4.
No mucho después
Ken se sienta junto a Miyako en la cama y toma su mano con suavidad, todavía en silencio. Las náuseas son imprevisibles realmente y los sorprenden la mañana del día en el que van a visitar a sus padres.
—Lo que más me molesta es que no puedo saber cuándo vendrán —dice Miyako en voz baja y apoya su cabeza en el hombro de Ken—. Con Iori fue lo peor.
Él no sabe qué decir a eso.
—¿Iori?
—Vino a verme unos días antes de que Jou me confirmase el embarazo. Bueno, antes de que él me empujase a hacerme las pruebas y hablar con su mamá.
—Ya veo.
Ken toma su mano y deja un beso suave en su piel. Miyako sonríe en el recuerdo que despierta ese gesto. Luego, bosteza.
—No debí quedarme despierta hasta tan tarde.
—Es normal que te sientas más cansada, ¿recuerdas? La doctora Kido lo dijo varias veces cuando estábamos en su consulta.
Miyako se ríe.
—Ella de verdad es la mamá de Jou.
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Al final, el papá de Ken parpadea hacia ellos cuando le dan la noticia.
Miyako siente sus manos temblando bajo la mesa de una forma que no lo hicieron cuando estuvo en esa misma situación con sus padres. Quiere tomar la mano de Ken pero él parece petrificado a su lado mientras su padre no reacciona a la noticia.
—No es lo que esperaba —dice él, pero no suena decepcionado y Ken se relaja un poco.
La señora Ichijouji, que les había dado un poco de privacidad, vuelve con una caja pequeña que Miyako no reconoce.
Ella sonríe a Miyako y se ve más joven. Es una buena mirada en sus ojos siempre tristes por una pérdida sin nombre.
—¿Qué hay en la caja, mamá? —pregunta Ken.
Lo primero que Miyako ve es una fotografía de un bebé con un pijama tan verde que casi no repara en el otro niño que está allí. Pero el rostro de ese pequeño es muy difícil de pasar por alto.
Es Osamu, se da cuenta. Y el bebé del pijama verde tiene que ser Ken.
A Miyako se le llenan los ojos de lágrimas y culpa a las hormonas. A Ken se le llenan los ojos de lágrimas y no tiene a quién culpar.
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Al final de la cena, el señor Ichijouji se repone. Él abraza a su hijo primero y luego a Miyako. La mamá de Ken no dice mucho pero sonríe con más suavidad.
—Ustedes son mucho más jóvenes de lo que éramos nosotros, pero eso no tiene que significar nada más que eso.
Puede que se lo diga a sí mismo.
—Papá...
—Tienen que hacer planes —asegura en la misma voz tranquila, sus ojos lejanos—. Para el futuro. Para tu familia. Ustedes ni siquiera viven juntos.
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—¿No crees que es molesto que todos quieran que nos casemos ahora? —pregunta Miyako, cuando Ken la lleva a su apartamento—. No lo entiendo. Es decir, hay muchas madres solteras en Japón y el número crece cada año. No sé cuántos padres solteros habrá pero no es que sea tan importante si estamos casados para dentro de nueve meses, ¿no? Y nosotros íbamos a irnos a vivir juntos. Cuando terminase la universidad y tú la academia de policía.
—Ellos se preocupan por nosotros —dice Ken, y ella se queda callada de repente—. Creo que lo que tratan de decirnos es que son de diferentes tiempos.
Miyako parece pensativa y no dice más por unos minutos.
Piensa.
—¿Te casarías conmigo por lo que piensen los demás?
—Me casaría contigo porque eres Miyako.
Esa es la respuesta correcta, de algún modo.
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A Miyako le gusta hacer listas, a veces.
Tiene muchas inconclusas pero, entonces, ella las necesita para el caos que hay en su cabeza. Hizo una de las palabras que escuchó en la consulta, información que parece sacada de un folleto que Jou aprendió a recitar de memoria y una mezcla de ambos con sus ansiedades. No está completa pero ayuda.
Y dice así:
Toma tu vitamina prenatal.
Actualiza tu seguro médico.
Haz un presupuesto.
Infórmate.
Si tienes dudas, pregunta.
Compra ropa nueva.
Habla con tu pareja de la paternidad.
Evita bebidas alcohólicas.
Si fumas, déjalo.
Reduce el consumo de cafeína.
Evita actividades arriesgadas durante el embarazo.
Procura alimentarte bien.
Llena tu cocina de alimentos saludables.
Alivia las náuseas en lo posible.
Haz un ritual para conectarte con tu bebé.
Toma fotos.
Sigue el desarrollo de tu bebé.
Aprende técnicas de relajación.
Prueba alimentos súper nutritivos.
Haz un seguimiento de tu peso.
Escribe un diario.
Conoce las señales que indican un problema en el embarazo.
Piensa cuándo y cómo dirás que estás embarazada.
Prepárate para ver y escuchar a tu bebé.
Son prioridades dentro de prioridades. O algo así.
—¿Y dónde está la universidad?—le pregunta al papel que escribió.
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—¿A quién debemos decirle primero? De nuestros amigos. Tal vez debamos hacer una reunión con todos y solo decírselos. Aunque es una pena que Mimi no tenga en sus planes volver hasta el invierno.
Eso podía arreglarlo con una llamada por Skype. Ella tiene una inusual curiosidad en ver la reacción de su ídolo de la infancia. Seguramente porque Mimi es incapaz de falsificar una emoción.
—Daisuke se irá esta semana o la siguiente —le recordó Ken, sus ojos cerrados mientras toma un descanso. Miyako parpadea ante la idea—. Y no sé mucho sobre Yamato.
—Sora y él hablaban casi a diario la última vez que pregunté. Desde que su entrenamiento es tan complicado...
Yamato nunca fue demasiado fácil de entender. Excepto para unos privilegiados. Miyako no es una de ellas, la mayoría del tiempo. Aunque a veces... a veces cree que sí.
Despedir a Daisuke es demasiado doloroso para pensarlo. Y se pregunta cuándo él se volvió irremplazable.
¿Cuándo fue que todos esos chicos tomaron ese valor en su vida?
—Hmm.
Miyako sonríe cuando lo mira. Ken parece cansado pero ella no se sorprende, él ha estado yendo a verla cada vez que los descansos se lo permiten. Y el viaje puede ser agotador.
Se acuesta a su lado y él se mueve hasta que ella se apoya en su pecho. El silencio es cómodo, en realidad.
Tanto que ninguno necesita llenarlo con palabras.
—Esto es agradable —susurra, un tiempo infinito más tarde.
Los brazos de Ken son su refugio y el latido de su corazón bajo su oreja, una canción.
—Sí.
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Cuando necesitan tiempo para ellos y nadie más, agradece por ese lugar que Koushiro creó para los digimon.
Al principio puede que suene egoísta pero es que, incluso con todo lo que comparten, hay momentos que ellos no pueden compartir.
Es la intimidad, tal vez. Y muchas otras cosas.
Wormmon no puede estar mucho en silencio, por ejemplo. No porque no quiera, sino porque parece sentirse ausente si lo hace. Él pasó mucho tiempo siendo invisible para Ken cuando era el Digimon Kaiser. Nunca lo menciona, pero ella sabe que Ken lo intuye. Y por eso Ken siempre se asegura que Wormmon se sienta presente.
Cuando el digimon insecto está allí con ellos, rara vez queda callado.
Hawkmon es por momentos demasiado tranquilo y sus ojos son vagos mientras trata de entender conductas humanas que no tienen explicación lógica. Él es muy como ella, a veces. Otras tan diferente que no puede entender lo que los une. Hawkmon puede estar en silencio, a un lado y jamás decir algo, ni cuando lo necesita. Incapaz de reclamar algo, aunque quiera.
Miyako a veces lamenta que ellos compartan la inseguridad, otras no puede dejar de agradecerle. Porque fue Hawkmon, y no otro, el primero en decir: nunca cambies. Ella no busca obligarlo a hablar pero se asegura de hacerlo parte de lo que hacen.
Wormmon y Hawkmon no tienen por qué entender lo que pasa, los miedos y la incertidumbre. Ellos no tienen por qué saber que los humanos no vienen de digieggs y que en los siguientes meses la figura Miyako va a cambiar.
Aprenderán, probablemente.
Y Miyako cree que justo por eso, ellos merecen un espacio para ser también. Sin justificación.
Por eso agradece por Koushiro y sus ideas brillantes.
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Algunas noches más tarde, Miyako no puede dormir. No es la primera vez en la que Ken tiene que irse a su propio apartamento, pero igual siente su ausencia como si él debiera estar allí.
Trata de ignorarlo y funciona bastante bien hasta que ya no lo hace.
Tal vez debamos vivir juntos. Es mejor que casarnos repentinamente.
Ella siempre busca un punto medio.
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—¿Qué planeas hacer con tus estudios? —pregunta Chizuru en voz baja. Miyako decide dejar a Ken dormir hasta tarde ese día. La semana fue agotadora y dejó muchas preguntas que lo son aún más.
¿Qué viene después?
¿Qué haremos ahora?
—No estoy segura todavía —murmura ella.
También está su trabajo de medio tiempo que le ayuda y al que va a tener que renunciar, eventualmente.
—Puedo pagar los gastos del departamento —asegura su segunda hermana mayor, sonriendo—. Sabes que no me importaría.
Momoe y Chizuru ocupan toda la gama de cómo las hermanas puede ser.
Pueden ser la clase que te comparte y presta todo (Chizuru lo es, Momoe es muy celosa de sus cosas); el tipo que no conoce el concepto de privacidad y quieren saberlo todo (principalmente Chizuru pero Momoe también).
Pueden ser las hermanas que piensan que eres demasiado pequeña para estar con ellas y no quieren decirte nada (más Momoe pero también es variable), pueden ser cómplices absolutas (ambas) o pueden ser de las que pelean constantemente (Momoe, en realidad. Chizuru se olvida por qué se enfada después de un rato).
Mantarou es demasiado mayor para preocuparse de los problemas infantiles de sus tres hermanas.
—Chizuru...
—Mira, sé que tu trabajo te está ayudando pero si le pides ayuda a mamá y a papá no vas tener que seguir trabajando. Podrás hacerlo ahora pero solo por unos meses. Tienes que pensar en el futuro, Miya.
Cuando a Chizuru se le da por dar consejos, a Miyako se le da por escucharla.
—Ahora... ¿quieres que lea tu horóscopo? Por cierto, ¿ya sabes para que fecha vendrá mi sobrino...?
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40 semanas equivalen a diez meses de 28 días. Por eso suele decirse que los embarazos tienen esa duración en lugar de nueve. Según la doctora Kido, su hijo o hija nacerá para la primavera. Pero aún no pueden saber que será.
Ken sonríe cuando ella se le comenta.
—Solo quiero que sea sano.
Para dos personas que tuvieron crisis sobre el tema en varios momentos, ella piensa, lo están haciendo bastante bien por ahora.
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Miyako es de esas personas que cuando se interesan en algo, se interesan en saber todo sobre ese algo.
Que es una razón para que su mejor amigo sea el niño que tuvo el emblema del conocimiento.
Y hablando de mi mejor amigo…
—Creo que tengo que decírselo a Koushiro cuando Sora o Hikari estén cerca.
Sora cuidaría que no dijese algo que haga sentir mal a Miyako (y que ella no dijese algo que pudiese hacer sentir mal al pelirrojo) y Hikari probablemente les daría un sutil empujón en la dirección correcta. Si Mimi hubiese estado en Japón, Miyako habría creído que ella es la mejor opción para compartir una noticia de esa índole.
Pero Tachikawa está haciendo su vida más allá del horizonte, junto a sus amigos americanos. Y su relación con Koushiro no es tan buena como solía ser, de todos modos.
Miyako nunca está segura si quiere saber por qué.
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—Le diré primero a las chicas —le dice Miyako a Ken, después de cambiar de opinión por quinta vez. Puede ser muy indecisa.
No tiene nada en contra de sus amigos varones pero sabe que se sentiría mejor si, por lo menos, las chicas pudiesen aconsejarla.
—¿Cuándo se los diremos?
Ken insiste en hacer eso cada vez que Miyako se desliza en la primera persona del singular. Él quiere asegurarse que recuerda que ellos están juntos en lo que sea que estén haciendo.
La sonrisa de Miyako tiene un borde tímido y él sabe que va a tener que recordarle otras veces que ella no tiene que pasar por todo sola.
Miyako, a veces, le recuerda mucho a la imagen que le devuelve el espejo cada mañana. Aunque ella es la versión luminosa.
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Se lo dicen primero a Mimi, por supuesto. Hacen una video-llamada en la madrugada de Japón que no concuerda con la hora de Estados Unidos.
Bueno, técnicamente no es la primera en saber, pero ella no aprecia que la ignoren y Miyako entiende que la distancia puede causar estragos.
Los ojos de Mimi se llenan de lágrimas cuando la felicita de todo corazón.
La llamada termina demasiado rápido pero Miyako se pregunta qué es la tristeza en los ojos de su amiga.
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Sora es la siguiente.
Y también Yamato, aunque ellos se sorprenden con ese inesperado encuentro.
Miyako tartamudea cuando ve a Ishida salir de la habitación de Sora, su pecho desnudo y el cabello de oro despeinado, todavía medio dormido. Otras tres cosas pasan a la vez: Yamato huye. Ken levanta una ceja y lo único que Takenouchi hace... es reír.
—¿Entonces qué quieren decirnos? —pregunta Sora cuando el momento pasa. Miyako tiene la súbita idea de que, en esa relación, es Yamato quién olvida los plurales.
—B-bueno —es un poco ridículo que sienta que está volviendo a darle la noticia a sus padres. Sonríe cuando la mano de su novio sostiene la suya—. Ken y yo...
—... Vamos a tener un bebé.
Sora sonríe con los ojos y la boca y abraza a Miyako y a Ken de una forma que le dan ganas de llorar. No es que Sora no es cariñosa pero ella nunca hace algo sino cree en ello. Significa mucho.
Muchísimo.
—Felicidades —dice.
El abrazo de Yamato es más torpe e incómodo pero no menos real.
—Va a tener suerte de tenerte, de tenerlos a ustedes —susurra Yamato y entonces Miyako llora en sus brazos. Yamato le demuestra que no es tan malo con los plurales cuando cuenta.
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—¿Taichi ya lo sabe? ¿Puedo decírselo?
—¡Yamato!
—Sora...
—No le hagan caso, hay cosas que nunca cambian.
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Por alguna razón, no sorprende a ninguno que Takeru esté en casa de los Yagami cuando van a ver a Hikari. Es Taichi quién sostiene la puerta para que entren pero va de salida y ellos lo frenan antes de que acelere. Él se encoge de hombros y acepta.
Agumon, Patamon y Tailmon los saludan a coro.
—¡Ken! Miyako no me dijo que estabas libre esta semana. Te habría pedido que seas mi modelo.
—¡Oye! —protesta Takeru— ¿Qué hay de malo conmigo?
Hikari solo sonríe.
—¿Quieren algo de beber?
Miyako no suele arriesgarse a probar algo hecho en la casa Yagami. Pero cuando Taichi vuelve a aparecer está comiendo algo que no se ve tan mal.
Sabe que él puede ver su mirada de deseo porque le ofrece un poco y no es ni un poco egoísta. Muy diferente a sus batallas épicas con Daisuke cuando de comida se trata.
Hikari y Takeru parpadean.
Ken ríe.
—Tenemos una noticia para darles...
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El abrazo de Taichi llega primero y le recuerda a la emoción que tuvo con Mantarou. Miyako quiere llorar otra vez.
Los cambios hormonales van a torturarla, de verdad.
—¿Esto es ese algo del que me hablaste? —pregunta Takeru pero sus ojos acusadores se posan en Ken, primero. Ella no puede huir.
—¿Queríamos que sea una sorpresa?
Takeru resopla una sonrisa. Ellos saben que no está molesto pero calla cuando Hikari le da un puntapié.
Ella se las arregla para abrazarlos a ambos, a pesar de ser pequeña.
—No arruines el momento, Takeru.
Él no lo hace.
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—¿Están diciendo que Yamato ya lo sabe? ¿Desde cuándo? Ese...
—¡Hermano!
—...
Hay cosas que nunca cambian, en efecto.
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Daisuke no está cuando van a verlo. Miyako es curiosamente decepcionada y también lo es Ken. Jun les abre la puerta en el apartamento que comparten los dos Motomiya cuando a Daisuke se le da por vivir en Japón. Él pasa su tiempo en Estados Unidos más que en cualquier otro lugar, aunque planea expandirse.
Aún no. Y Daisuke sueña en grande, y sueña con todo su corazón. Y todos saben que va a llegar lejos.
A ellos solo les gusta fingir que no lo saben.
—¿Cuándo va a volver?
Jun parpadea.
—Pues... para agosto. Creo. ¿No les dijo nada? Fue a ver a su novia.
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—¿Ken?
—Lo siento, Daisuke. Por molestar.
—¡Tú nunca molestas! La molesta es Miyako.
—¡Oye! Te estoy escuchando.
—Sabes que es broma.
—Queríamos hablar contigo pero Jun dijo que viajaste de improviso. ¿Sucede algo malo?
—¿Por qué tendría que pasar algo malo?
—Nos dijiste que te ibas a Estados Unidos y resulta que ahora estás en Francia.
—Era una sorpresa. No podía correr el riesgo de que Takeru o Yamato la arruinasen.
—¿Mitsuko está cuidado de Michel ahora?
—Sí, está más tranquila ahora que pasó lo peor. Takeru me contó todo cuando regresó a Japón. Yo no sabía que había sido tan grave. Ella me dijo que no quería preocuparme... ¿No se da cuenta que ocultarlo lo hace peor?
—A Mitsuko le encanta tenerte cerca, Daisuke. Le haces bien. Cuando te conoció... Ella se hizo tu fan.
—Yamato dice que era casi como si yo fuese él y su prima, mi Jun. Que espero que no, porque Jun tiene pésima suerte en el amor y la comparación es muy extraña porque... Ya basta. Aquí van a ser las dos de la mañana y quiero dormir. ¿De qué querían hablar?
—Bueno...
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—¡Dime, por favor, que no van a tener a una Miyako!
Dos voces responden a eso.
—¡Daisuke!
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Iori es un caso distinto.
A veces Miyako no puede reconocer al niño serio que fue su vecino durante toda la vida, a pesar que hay muchas cosas que no pueden negarse. Él aún la ve como una hermana mayor, piensa. Y por eso siempre se esfuerza por ser más cuidadoso.
Ella cree que el Iori de veintiún años no es el Iori que imaginaba ser en la infancia.
Su apartamento no es un desorden cuando llegan pero hay algo en el ambiente que da sensación de caos. Iori suele ser sinónimo de calma pero se ve tenso. Y su novia Ume está hecha una furia cuando los saluda al abandonar el departamento.
—¿Todo bien, Iori?
Él está de mal humor y no responde hasta que reúne la fuerza para controlarse.
Iori puede ser demasiado absoluto. De niño era demasiado adulto. De adolescente fue demasiado adolescente. Pero sus peores años de rebelde ya pasaron.
—Sí, Miyako. Hola chicos, lamento que hayan tenido que ver eso —suspira profundo y se parece al de siempre. Más calmado. Más sereno. Más Iori—. ¿Puedo ofrecerles algo de beber?
—Sí, gracias.
Armadimon se aparece cuando todos se acomodan y pregunta tímidamente por sus amigos virtuales. Luego, desaparece otra vez en algún rincón.
Iori no se toma mal la visita pero hay algo en sus ojos que Miyako no identifica. Mira a Ken con el mismo recelo que tuvo cuando Miyako lo presentó como su novio en una reunión de los elegidos. Pero no es igual al que tenía cuando Ken se unió a nuestro grupo, piensa Miyako. Es la mirada de un hermano protector y ella siente una ola de afecto hacia Iori que casi salta para abrazarlo.
Entonces su mirada se suaviza y el momento pasa.
—¿Puedo suponer que ustedes no están teniendo problemas, entonces? —pregunta Iori, en serio. Es el límite de lo cordial y lo acusador y solo él puede conseguir que suene como una cuestión casual y no premeditada.
Miyako se sonroja y recuerda el desastre que pasó en su casa cuando Iori fue a verla.
—Estamos bien —promete. Y el más joven se relaja completamente.
Iori los felicita con afecto, sin muchas palabras, y Miyako ve con orgullo como el más joven estrecha la mano de Ken.
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El último es Koushiro. No es el orden que Miyako hubiese elegido pero, al final, no importa. A diferencia de Mimi, Koushiro no se interesa por el orden de los productos mientras el resultado sea el mismo.
Lo encuentran en su computadora, con Tentomon zumbando muy cerca.
Es una sorpresa cuando Koushiro los felicita sin que puedan decir una palabra.
—¿Cómo te enteraste?
—Las buenas noticias vuelan.
¿Cuál de sus amigos arruinó la sorpresa? Ken casi se estaba divirtiendo con las reacciones que estaba teniendo de ellos.
Al final resulta que Wormmon, Tentomon y Hawkmon coincidieron un día en el ciberespacio que Koushiro creó para ellos. Miyako descubre que los digimons insectos no saben guardar secretos.
Los ojos negros de Koushiro se nublan con la misma tristeza que empañó la mirada de Mimi cuando hablaron con ella. Ellos se felicitan y consuelan con un abrazo.
Ken es ajeno, pero la mente de Miyako es una revolución.
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Ella no debe suponer pero supone y no debe dejar volar su mente pero la deja. Recuerda el día que Tachikawa se fue de regreso a América por una fallida relación con el pelirrojo y porque, según sus propias palabras, necesitaba alejarse de Japón. Recuerda que ellos nunca hablaron del tema con nadie más. Recuerda el silencio, las preguntas que nunca hizo, las emociones que fluyen en su cuerpo mientras recuerda.
Mimi, la Mimi adolescente, que vino y se fue como una ráfaga. Recuerda un tiempo que... Recuerda días donde Mimi no estaba bien y hace cuentas hacia atrás.
Hay mil razones por la que Mimi se sentiría emocionada por la noticia de que Miyako y Ken están en la espera, pero no hay muchas razones por las que la noticia tendría un impacto igual en Koushiro. Hay dolor en ellos, además de alegría.
Tal vez lo estoy imaginando todo, piensa. Tal vez estoy imaginando todo.
Pero ella no puede evitar preguntarse.
Cierra los ojos, que le arden por las lágrimas que no quiere derramar, mientras toca su vientre y no puede dejar de preguntarse.
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—Podríamos intentarlo, ¿no? —pregunta, súbitamente.
Ken está medio dormido cuando le pregunta a qué se refiere.
—Vivir juntos. Sé que no va a ser perfecto pero...
—No quiero que seamos perfectos —le recuerda Ken y le da un beso en la frente.
Miyako puede vivir con ello.
La perfección está sobrevalorada.
