-Cariño, te estaría realmente agradecido que no hicieras eso mientras estés aquí.- Isabella se giró rápidamente al escuchar la voz del cobrizo a sus espaldas.
-¿A qué te refieres?-Edward clavó su vista en las torneadas piernas de su compañera, que se encontraban desnudas en ese momento.
-Creo que sabes a qué me refiero-Isabella rodó los ojos, y se giró para seguir acomodando su ropa dentro del ropero. Solo llevaba puesto un suéter rojo que a duras penas le tapaba el trasero, y por alguna razón, eso parecía perturbar a Edward.
-¿Nunca has visto a una muchacha semi desnuda, Cullen? ¿O es que tienes miedo?-Se mofó mientras le daba la espalda.
Isabella se tensó cuando las manos de Edward la tomaron por la cintura con brusquedad, y el cobrizo bajó la cabeza hasta el oído de Is, oliendo el aroma a fresas que desprendía su cabello.
-Creo que la que debería tener miedo, serías tú-Edward soltó a la castaña tan rápido como la había sujetado, y desapareció de la habitación, dejando a Is sonrojada en su lugar.
-Imbécil…-Susurró por lo bajo la castaña, intentando creer que no le había gustado la firmeza con la que Edward la había tomado por la cintura, o lo sexi y ronca que había sonado su voz cuando le habló al oído.
Por su parte, Edward ya se encontraba en su habitación, tomando una ducha fría e insultándose por el poco control que tenía en presencia de Is. Esa chica lo sacaba de sus casillas, lo ponía nervioso, alerta, y caliente. Si, jodidamente caliente.
Por el amor de Dios, si solo había visto sus piernas desnudas. Pero aquella visión había logrado calentarlo de una forma impresionante.
Media hora después, Isa se encontraba sentada en el enorme sillón de cuero negro, contemplando con desconfianza todo el lugar.
Era un departamento enorme, y sumamente masculino y moderno.
De la gran sala de estar, que también era un comedor, tres de las cuatro paredes estaban formadas de vidrio, y eso a ella le parecía sumamente peligroso.
-¿No crees que es algo arriesgado tener paredes de vidrio?- Is habló en voz baja, sin siquiera mirar al cobrizo.
Edward sonrió. La castaña se había percatado de su presencia mucho antes de que él hablara o hiciera algún ruido.
El cobrizo camino perezosamente y se sentó junto a Is. Demasiado cerca de ella, algo que la ponía incómoda.
-Son blindados y espejados. No te preocupes, Bella. No corres ningún peligro aquí.
Is giró la cabeza hacia él, y lo estudió con sus profundos ojos chocolate.
-¿Por qué me dices 'Bella'? Sabes que no me gusta.-Edward le sonrió. No burlonamente. Fue una sonrisa llena de ternura, lo que dejó a la castaña algo confundida.
-Solo finges que no te gusta. Te hace parecer demasiado débil, o eso crees tú. Pero en el fondo te gusta. Lo veo en tus ojos. Te trae algún recuerdo del pasado. Algo que te reconforta.
Bella se sintió sorprendida por lo observador que era Edward. No tenía idea de que fuera así.
La castaña giró la cabeza para mirar nuevamente hacia los ventanales.
-Mi padre me llamaba así.
-¿Qué pasó con él?-Bella volvió a mirarlo contrariada.
-¿No lo sabes? Todo el mundo aquí lo sabe.
-Sé que ingresaste aquí buscando vengar su muerte, pero no sé qué sucedió con él.
Is soltó un pequeño suspiro.
-Él era el mejor padre que alguien podría desear tener. Mamá nos había abandonado cuando yo tenía dos años, y desde allí él fue mi único apoyo. Mi mejor amigo. Podía contar con él siempre. Me entendía, me ayudaba. Era todo mi mundo. Un día volví a casa de la escuela, y lo encontré en la bañera. Estaba desangrado. Me puse histérica, no sabía qué hacer o a quién llamar. Sólo era una niña. Finalmente llegó la policía y me llevaron al hogar de mis abuelos. Con el tiempo descubrí que mi padre no era el agente de viajes que pensé que era. Era un agente de la CIA. Uno de los mejores. Quien lo mató fue alguien a quién él había jodido. Nunca supe quién fue, nunca nadie me lo quiso decir.- Bella sonrió amargamente- Esa es la trágica historia de Isabella Swan.
Edward se quedó callado un momento, y luego deslizo su mano por la mejilla de Bella, limpiando un par de lágrimas que ella no había notado.
-Lo siento mucho.
-¿Qué hay de ti? ¿Qué te llevó a querer unirte a la CIA?-Edward le sonrió tristemente.
-Creo que mi historia es bastante más simple. Siempre fui algo… Arriesgado. Mi madre vivía temiendo por mí y por mí integridad física, mientras que mi padre le aseguraba que solo era algo pasajero. Una moda, que se me pasaría. Un día, practicando tiro conocí a Reeve Daniels. Era amigo de John, y la verdad es que no tengo idea que qué pudo haber visto en mí, pero antes de darme cuenta me encontraba pasando las pruebas para ingresar a la CIA. Al principio era solamente un juego, ya sabes, una distracción. Con el tiempo se convirtió en toda mi vida. Y aquí estoy. Por más que mi familia me pida por favor que lo deje, simplemente, no puedo. No podría volver a tener una vida normal luego de haber estado aquí. No podría volver a sentarme frente al televisor y ver todos esos crímenes llevarse a cabo, sabiendo que en alguna época yo había sido capaz de detenerlos. Esto es… casi una adicción.
Bella le sonrió tímidamente, y se recostó sobre el respaldo del sillón.
-Es cierto. Yo tampoco podría dejarlo.
Ambos se quedaron callados unos minutos, hasta que Edward abrió la boca, para luego volver a cerrarla.
-Suéltalo, Cullen.
El cobrizo sonrió apenado.
-Solo quería… Pedirte perdón por lo de ayer. Fui un estúpido. No eres cobarde, Bella. Eres una de las personas más valientes y fuertes que conocí en toda mi vida.-Bella lo miró unos segundos, intentando encontrar el engaño en sus ojos, pero solo encontró arrepentimiento.
-Podría decir lo mismo de ti. Disculpas aceptadas, Cullen-Le dijo la castaña, mientras se levantaba del sillón.-Bien, tengo hambre. ¿Sabes cocinar o tendré que hacerlo yo?
-Se cocinar pasta. O hacer un sándwich. O pasta…-Bella soltó una risa mientras caminaba hacia la cocina, y Edward la siguió.
-Creo que unas clases de cocina no te vendrían mal, ¿Eh?
-Tengo una agenda ocupada, pequeña- Isa rodó los ojos y Edward rió por lo bajo.
-Creo… Que me apetece pasta.
-Bueno, este es tu día de suerte porque esa es mi especialidad- Bella sonrió mientras veía a Edward ponerse manos a la obra.
Nunca se hubiera imaginado estar en esa situación con Edward Cullen. Y muchos menos poder hablar con él de esa forma. ¡Cielos! Si hasta le había contado la historia de su padre.
Cenaron manteniendo una amena charla, y luego de lavar los platos y salpicarse como dos niños pequeños, cada uno decidió ir a su habitación a descansar.
Las cosas no marchaban tan mal después de todo.
…
..
.
Ya había pasado un mes desde que Is y Edward se habían mudado juntos, y salvo un par de peleas sin sentido y el hecho de que la tensión sexual entre ellos era cada vez más palpable, las cosas iban de maravilla.
Ninguno de ellos, o de sus amigos, hubiera imaginado que lograrían cumplir un mes de convivencia sin haber atentado contra la vida del otro, y Bella lo consideraba como una superación personal.
-Bella, tengo sueño-Se quejó cierto cobrizo, mientras apoyaba la cabeza con pesadez sobre la mesa de madera se la sección 5.
Eran las 2 de la mañana, y solo ellos dos seguían en la oficina, investigando su caso.
Bella estaba tan frustrada por no encontrar al responsable de los asesinatos, y no entendía qué se le estaba pasando por alto.
-Ve a casa si quieres, Edward. Necesito resolver esto…
Edward levantó la cabeza y volvió a observar el tablero de corcho en la pared, del cual pendían miles de papelitos con anotaciones, fotos de las víctimas, mapas y demás cosas.
-Bella, córrete-Murmuro el cobrizo, mientras fruncía el ceño.
-No, Edward, no enti… ¡Edward!-La castaña protestó cuando Edward la tomó por la cintura y la corrió hacia un costado, estudiando fijamente el tablero.
-¿Cómo es que no nos dimos cuenta?-Murmuró para sí mismo mientras se levantaba de un salto y se acercaba al tablero.
-¿Darnos cuenta de qué?-Preguntó la castaña mirándolo fijamente.
-Un asesino en serie siempre sigue un patrón. Esto es lo que se nos estaba pasando por alto. El lugar en el que fueron asesinadas las víctimas.
-¿Qué tendría de importante eso? No coinciden en ningún caso.
-Podría haber algo más…-Edward hablaba mientras sacaba de un cajón un mapa de la Costa Atlántica del Sur de Estados Unidos.-Dime las coordenadas de los lugares.
Bella frunció el ceño, pero obedeció y le pasó las coordenadas a Edward, que las marcaba en el mapa con rapidez.
Una vez que terminaron de marcar las 11 coordenadas, Edward se apartó un poco, dejando lugar a Is para observar el mapa.
Lo que vio dejó a la castaña muda.
Si se unían los puntos de las coordenadas, se podía dibujar una perfecta 'S' sobre el mapa.
-¿Edward?
-¿Sí?
-¿Qué demonios significa esa S?
-No lo sé, Bella.
-La S no está completa. Fíjate, falta el último punto.
Edward asintió con la cabeza.
-Para que esté terminada, el próximo asesinato debería ser en…
-Aquí.
Edward levantó la cabeza y clavó sus ojos verdes en Bella.
-¿Swan?
-¿Si?
-Eres tú. Tú eres su próximo objetivo.
..
.
Hola! Primero que todo: siento mucho haberme ausentado, es que tenía muchos problemas familiares, cosas en la cabeza y simplemente… No pude seguir escribiendo.
Ahora todo está mucho más claro y decidí retomar mis historias.
Aquí va otro capítulo de '¿Compañeros?'
Parece que una amenaza pende sobre Isabella, ¿Cómo reaccionará Edward? ¿Qué hará para protegerla? Sépalo en el próximo episodio de.. No, mentira JAJA dentro de unos días publicaré el próximo capítulo, ¡Prometo no tardar mucho!
Muchos besos, chicas. ¡Ojalá que lo disfruten!
