Buen día a todos. Mary Morante se presenta una vez más.
Antes que nada, quiero agradecer el apoyo de Lucy Moon y Dobledragon por dejarme sus reviews, en verdad que aunque fueron dos, los aprecio con todo mi corazón.
Como habrán leído, este es el último capitulo de este Fanfic. Espero que les haya gustado a los pocos lectores que tuve, ya que lo hice con mucho cariño, como buena fanática de pato aventuras (así se llama en su versión al español)
Sin más, aquí el 4to capítulo.
Disclaimer: Ducktales y sus personajes son propiedad de The Walt Disney Company. Esta fanfic fue creado solo con fines recreativos.
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LA ISLA DEL BESO
– Er… – con intenso rubor, Lena peina su flequillo – Pues…
– A solas – Huey ve a su tío Scrooge, el único que no ha salido del salón y pronto capta la indirecta – Cof, cof… yo, iré a revisar esos mapas con McQuack – arregla sus ropas y se apoya en su bastón – Y… ya me voy – Scrooge sale, cierra la puerta y al girarse, se encuentra con toda su familia – Oigan, ¿no deberían de estar en la cocina?
La señora Beakley ajusta sus lentes – Su tío Scrooge tiene razón, tenemos que confiar en ellos y darles un momento de privacidad.
Decepcionado, Donald baja su celular – No te preocupes tío Donald, ya conseguirás una foto de Huey, con su primera novia – lo consuela Dewey.
Animada, Webby da pequeños saltos – No puedo esperar, para saber que… – las puertas del salón se abrieron, interrumpiendo a Webby y revelando a Lena – Eh… iré a bañarme – apresura el paso para salir de ahí. Webby y su abuela se miraron, antes de que la menor fuera tras ella.
Detrás de Lena, sale un acongojado Huey – Bueno, es hora de que ustedes dos, vayan a lavarse los dientes – Donald empuja a Louie y Dewey, hacia su habitación – Pero tío Donald…
Entretanto, Scrooge apoya su mano en la espalda de Huey – ¿Pasó algo ahí adentro, muchacho? – pregunta, con sincera preocupación.
– Pues… – pone una mano en su nuca – Dijo que sabía, que lo del cine fue una confusión con Louie – baja la vista – Y por hoy, no quiere hablar conmigo.
– ¿No crees que estas presionándola? – Scrooge McDuck lo dirige de nuevo al salón, frente a la enorme chimenea. Huey suspira cabizbajo – Sabía que era ella.
– ¿Cómo dices? – Ambos se sientan en el sillón – ¿Ella?
– En el cine – aclara Huey – Cuando tome su mano, sabía que era ella…
Flashback…
En la película, los cinco exploradores van cayendo, rodeados de monedas de oro. Al mismo tiempo, Huey empezó a escuchar una respiración pesada y volteo a ver a Lena. La joven pato, mostraba terror en su rostro, y su mente parecía ajena a la película. Regreso la vista al filme, y comprendió que la estaba asustando – las monedas.
Sin pensarlo dos veces, Huey cogió su mano y casi de inmediato, empezó a darle pequeñas caricias. Quizás al principio, la razón que lo motivo, fue recordar la gran preocupación que Webby sentía por Lena. Sin embargo, todo fue cambiando, conforme avanzaba la cinta de horror.
Si bien, la mano de Lena era discretamente más grande que la suya, esta no dejaba de ser delicada y femenina. Sus dedos son delgados y las plumas muy suaves. Realmente estaba disfrutando el contacto, tanto que no prestaba mucha atención, a las quejas de su hermano – No puedo ver esto.
– Tranquilo Louie, solo es una película – Huey aumenta sus caricias, en la mano de Lena.
Cuando Lena empezó a deslizar su mano, una nueva escena fue el justificante necesario, para no dejarla ir y sujetar bien su mano.
– ¿Pero que estoy haciendo? – el semblante de Huey cambio y parpadeo un par de veces. Lentamente se giro hacia Lena, pero cuando ella apretó fuerte su mano, se tranquilizo, pues imagino que ella se sentía cómoda como él, y regreso su atención a la película.
Fin del Flashback.
– Tío Scrooge, tú sabes de mujeres ¿verdad?
Discretamente abochornado, Scrooge eleva la vista, meditando la mejor respuesta – Jeje pues… – ve a su sobrino y apoya una mano en su cabeza – Tal vez… un poco más que tú.
– Simplemente no comprendo, tío Scrooge… primero se molesta conmigo… – toma el libro de los jóvenes castores, bajo su gorra – Después me besa y les dice que yo le gusto… pero ahora, no quiere hablar conmigo – observa a su tío – Nada de eso tiene sentido… es decir: ¿le gusto o no le gusto?
– Muchacho, déjame decirte una cosa segura – Huey posa los ojos en su libro, en tanto, Scrooge lo rodea de los hombros y eleva su bastón – En el amor y en las mujeres, nada tiene sentido.
– Ese no es un buen consejo – Huey guarda su libro bajo la gorra.
– No es un buen consejo, pero es muy real – con nostalgia, miro el fuego de la chimenea – Nunca sabía que pensaba Goldie, aunque siempre parecía llevar un paso adelante – las memorias de Scrooge, lo llevaron a la última despedida entre Goldie y él. Cerro los ojos y suspiro – ¿Piensas decirle que te gusta?
– Si… ¡NO!... es decir – nervioso, Huey se puso de pie – A-aún no estoy seguro.
– Jajajaja – Scrooge se levanto y encamino a Huey – Yo se la respuesta muchacho, pero tú tendrás que descubrirla. Por ahora, dale tiempo y deja que las cosas fluyan, aún son muy jóvenes.
Sintiéndose un poco mejor, Huey asiente – Gracias tío Scrooge.
– Por nada Huey, ahora ve a descansar – Huey se despide de su tío Scrooge y su tío Donald, que va llegando – ¿Y bien? – pregunta Donald a Scrooge, sin quitarle la vista a Huey.
– Está creciendo, Donald – Scrooge se para erguido, sintiendo orgullo por el hijo de Della.
Enternecido, Donald asiente – Awww – saca su celular – Tendré que estar listo, para tomar fotografías.
El viejo tío negó con la cabeza – ¿Cuántas fotos tienes en ese aparato? – gustoso, Donald le muestra las fotos de su celular.
Una vez que Huey llego a su alcoba, una almohada en la cara, le da la bienvenida – ¡Hey Huey! ¿Cuéntanos que tal te fue? – Dewey baja de la cama.
– Si Hubert – Louie permanece acostado en su cama, con los ojos en el celular – ¿Ya es tu novia o qué?
El pato rojo no dijo nada, subió a su cama y se acostó boca abajo. Dewey y Louie se vieron, inquietos – ¿Huey? – habla Louie, pero el mencionado cubre su cabeza con una almohada.
– Oh vamos Huey, tú la escuchaste – Louie se sienta junto a él – Ella te ama.
– No lo ama, Louie – aclara Dewey – Pero si le gusta, no lo confundas.
– Pero le gusta de verdad, Dewey – protesta Louie – Por eso le dio su primer beso – cruza sus brazos – tú no lo confundas.
– Chicos, chicos – se oye la voz de Huey (amortiguada por la almohada) – ¿Podrían hablar de otra cosa?
– ¿De verdad te gusta Lena? – le cuestiona Dewey y la única respuesta que ofreció su hermano, fue tomar una manta cercana y taparse completamente – Ok, lo tomaré como un si – Dewey pone una mano en su mentón, y da vueltas en la habitación.
– Entonces ¿cuál es el problema? – Louie mete las manos, en las bolsas de su chaqueta – Ella ya confeso que le gustas, ¿por qué no solo le dices lo mismo?
– Lena no quiere hablar conmigo – se escucha tras la manta – Cree que me confundí contigo, Louie.
– Pues dile, que no te confundiste – Louie eleva las manos, frustrado – ¡Obvio!
Dewey rueda los ojos – ¿Qué parte de: "no quiere hablar con él", no entendiste, Louie?
– ¡Hey chicos cálmense! – Huey se asoma – El tío Scrooge, me aseguro que todo saldrá bien, que es cuestión de tiempo.
Pensativo, Dewey llega a una conclusión – Cuando Daisy se enoja con el tío Donald, el tío Donald siempre le regala algo: flores, chocolates, alhajas…
– ¡Eso es! – Louie va y abraza de lado a Dewey – El tío Scrooge, menciono algo sobre unos diamantes de colores ¿no?
La manta salió volando, revelando a un Huey más animado – ¡Vayamos con el tío Scrooge! – baja rápido de su cama.
– ¡SI! – Dewey y Louie chocaron las palmas, y siguieron a su hermano.
Al otro lado del pasillo, Lena ingresa a su habitación, vistiendo un pijama gris y una toalla magenta, sobre su cabeza – ¿Webby, no quieres ver una película, antes de dormir? – se retira la toalla y encuentra a Webby, con su abuela – ¿Señora Beakley?
– Creo que aun hay tiempo para una película – responde Beakley, esbozando una pequeña sonrisa – Pero antes, quisiera pedirte disculpas por nuestro comportamiento.
Lena sonríe y se pone erguida – Lo que usted diga, señora Be – hace un saludo militar y Webby empieza a reír.
Exhalando un largo suspiro, Beakley se acerca a Lena – Ser una preadolescente no es fácil, y crecer con Magica De Spell, seguro te…
Al escuchar esto, Lena se desalentó y Beakley se percato de ello – Lo que quiero decir, es que ahora cuentas con una familia – Webby se pone junto a ella – En especial, con Webby y conmigo.
– Gracias señora Be – Beakley y Webby la abrazan, permaneciendo así, hasta que un papel doblado, es deslizado bajo su puerta. Curiosa, Webby coge la hoja – "Estimadas damas Beakley, Webbigail y Lena: Están cordialmente invitadas el día de mañana, a la exploración submarina cerca de la 'Isla del Beso'…" – Beakley mira a Lena y esta se encoge de hombros – "…habrá sol, arena, diamantes de colores y mucha diversión. Favor de confirmar su asistencia" – en la parte inferior de la hoja, se muestran dos opciones: si y no.
– ¡Vamos Lena, será divertido! – Webby le entrega la hoja y corre a buscar un bolígrafo.
Dudosa, Lena lee el contenido de la carta – No lo sé… aunque, nunca he visto el fondo del mar.
– Pasar tiempo con tus amigos, te hará sentir mejor – aconseja la señora Beakley – Además, el señor Scrooge estará con ustedes.
Indiferente, Lena encoge sus hombros – Esta bien.
Con alegría, Webby le arrebata la carta, responde afirmativamente y pasa la respuesta por debajo de su puerta, solo para escuchar, los gritos de jubilo de los trillizos, al otro lado – ¡Yujuuú!
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Al día siguiente, a temprana hora de la mañana, Scrooge, Launchpad, Donald y los chicos, salieron en el Suncasher rumbo a Hawái. Dewey va dormido en el hombro de Webby, quien a su vez, va recargada en Lena, que va dormida apoyada en la ventana. El único que ha despertado es Louie, lanzando un largo bostezo – Yaawn, ¿por qué teníamos que levantarnos tan temprano? – se estira en su asiento.
– Por que ustedes, se empeñaron en llegar lo más pronto posible – Scrooge revisa los mapas – Pero no te preocupes, ya vamos llegando.
Huey va dormido en su asiento, hasta que una sacudida lo despierta – ¡Huey despierta!, ya vamos a llegar.
– ¿Cómo…? – adormilado, el joven pato rojo (al igual que los otros), despiertan con el choque del Suncasher – ¡AAH! – todos caen de sus asientos.
Orgulloso, McQuack toma el comunicador – Jeje, hemos aterrizado en la 'Isla del Beso', creo…
– Ah… la 'Isla del Beso' – Scrooge sale del Suncasher y hace una profunda inspiración, estirando sus brazos – Respiren este aire tropical muchachos, es gratis.
Lena y Webby salieron detrás de McDuck. Con impresión, Lena ve el hermoso cielo despejado, el azul cristalino del mar, la diversa y colorida vegetación de la isla, y a lo lejos, la peculiar zona turística – Vaya Webby, creo que tenías razón, este lugar no es tan decepcionante – Webby abraza a su amiga y saca el celular – ¿Qué tal una foto?
Dewey y Louie empujan a su hermano – Esta es tu oportunidad – Huey mira a las chicas, que siguen distraídas tomando fotografías – Ve con ella y hazle platica.
Con algo de nervios, Huey se acerca a ellas – Sa-saben… – ambas se giran hacia él – Ha-hay una buena razón, por la que esta isla, se llama… – ve que Lena lo mira fijamente y sus mejillas se enrojecen – Se llama…
– La 'Isla del Beso' se llama así… – interrumpe Scrooge McDuck, ajustando su sombrero – Por una antigua leyenda sobre un joven enamorado, que le pido matrimonio a su amada. No obstante, su padre era el avaricioso jefe de la tribu, y solo daría la mano de su hija, a quien le diera una generosa dote.
– ¿Dote? – pregunta Louie.
– Es el patrimonio o riqueza, que se entrega a la familia del novio o novia – responde Webby.
Curiosa, Lena pone una mano en su cintura, atenta a la narración – El joven recorrió el mundo, encontrando en alguna parte, una cueva donde los diamantes eran de colores. Feliz, regreso con su valioso tesoro, pero no imagino que el malvado padre, obligo a su hermosa hija a casarse con un anciano rico, proveniente de una isla cercana.
Los jóvenes pato se miraron entre sí – Pero él no se iba a rendir tan fácilmente, no señor – continua Scrooge – Con el abrigo de la noche, busco a su amada y ambos acordaron fugarse lejos de la isla; no sin antes, arrojar el tesoro del anciano, junto con todos sus diamantes, desde aquel acantilado – apunta con el bastón, a su derecha – Como venganza hacia su padre.
– ¿Y pudieron escapar, señor Scrooge? – Webby le interroga, ansiosa por saber el final de la historia.
– Lo último que recordaban los miembros de la tribu – aclara Scrooge – Era la silueta de esos dos en el acantilado, dándose un beso, iluminados con la luz de la luna.
Satisfecha, Webby sonrió a Lena – Toma eso, padre avaricioso – ambas chocan las palmas.
Un extraño sonido, proviene del submarino que Launchpad esta descargando – ¡Cuidado señor Donald! – alerta Launchpad.
– ¡Tío Donald! – los trillizos corren a saludar a su tío, que ha caído en la arena.
– ¿Así que ahí estabas? – Scrooge camina hacia él – Levántate y ayuda a McQuack a desembarcar el submarino.
A regañadientes, Donald se puso a ayudar a Launchpad. Una vez que terminaron, todos abordaron el submarino en el mar, a excepción de Donald, que se quedo en tierra, monitoreando la exploración (y manteniendo su mala suerte lejos, según Scrooge)
En silencio, Lena observa a través del cristal reforzado, las maravillas del fondo marino. Peces de colores amarillo, azules, blancos, etc. Los pintorescos corales, cuyas diversas formas y colores, se extienden hasta la penumbra, así como el suave movimiento de la flora marina, etc. Todo eso le parecía increíble y para ella, estar ahí con la familia McDuck y Webby, era casi como un milagro – Hermoso ¿eh? – Webby se para junto a ella.
Sin apartar la vista, Lena asiente – No puedo creer, que haya tanta vida bajo el mar – señala – ¡Mira, esos peces viajan como una enorme familia!
– Se llama cardumen, cuando viajan juntos en la misma dirección – inquiere Huey.
Al estar tan cerca de Huey, Lena se siente un poco incomoda – Así que ¿siempre dices cosas de nerd o qué? – antes de que se diera cuenta, esas palabras salieron de su pico, desalentando a Huey, cuyas mejillas ya estaban enrojecidas.
Lena quiso reparar su error, pero Huey se adelanto – Y-ya sabes… – encoge sus hombros, con falsa indiferencia – Siempre razono, todas esas cosas raras de nerd.
Con asombro, Lena recordó sus propias palabras, cuando confeso que le gustaba Huey. Peino su flequillo, ruborizada y le miro a los ojos – Ja, touché Huey.
Con el animo recuperado, el pato rojo va feliz con sus hermanos, que ya están poniéndose los trajes de buceo. En silencio, Scrooge fue testigo del juego de palabras entre Huey y Lena, viéndose a si mismo en Hubert, cuando responde los comentarios sarcásticos de Goldie. Una sonrisa se formo en su pico y regreso su atención a los mapas.
– Huey esta actuando un poco raro – afirma Webby.
– Si bueno – Lena ve como Huey, toma su tanque de oxígeno – Actúa un poco tonto, aunque eso lo hace ver lindo.
– Uhhh – Webby junta sus manos – Entonces crees que es lindo…
– Jajaja cállate Webby – ambas se acercan al resto y toman sus trajes de buzo.
– No entiendo, ya deberíamos de haber llegado – Huey se aproxima a su tío – tío Scrooge, ¿tomaste en cuenta la presencia del volcán? – El viejo McDuck ajusta sus lentes, recordando el volcán que esta al centro de la isla – Las vibraciones de las erupciones, pudieron haber alterado las corrientes marinas.
– ¡Es cierto! – Scrooge redirige el rumbo y le entrega las nuevas coordenadas a Launchpad – Eres muy inteligente, muchacho – Dewey se acerca a Huey, con pulgares arriba – Bien hecho Huey.
Minutos después, Launchpad se aproxima a la entrada de una cueva escondida, donde el sonar estaba detectando algo – Muy bien, este es el plan – Scrooge junta a los cinco, que ya portan sus trajes de buzo y les entrega unos bolsos de exploración – Revisaremos la zona, sin separarnos mucho del submarino. Nos comunicaremos mediante los cascos, que tienen intercomunicadores, para avisarnos cuando alguien vea los diamantes – Scrooge se aproxima a Louie – No quiero que hagan esfuerzos innecesarios, como la última vez.
– Esta bien, tío Scrooge – Louie acomoda su casco – Verás como lleno este bolso de diamantes – le asegura a Webby.
Antes de salir, Scrooge pone una mano en el hombro de Lena – Lena, por favor no te alejes mucho.
– No hay problema – pone su casco y una vez que emergió el submarino, todos se arrojaron al mar. Con suavidad, los seis buzos van descendiendo, siendo seguidos a prudente distancia por el submarino – Que increíble – exclama Webby – ¿Ya vieron esos pequeños peces de colores?
– Estamos buscando colores Webby, pero no de los peces – Dewey bucea hacia ella y toma su mano.
– ¡Muchachos, concentración! – Scrooge vigila de cerca a Lena – Busquen cerca de la cueva.
– Veo algo… – Louie desciende y toma una piedra, oculta entre la arena – Olvídenlo, es solo una roca, aunque parece vidrio rojo.
– ¡Son los diamantes! – Huey va con su hermano – ¡Y allá hay más! – señala hacia la cueva.
– ¿Estos son diamantes? – Louie se lo entrega a Scrooge – ¿Qué no deberían ser más brillantes?
– Son diamantes sin pulir, Louie – Eufórico, Scrooge busca entre la arena y va guardando los que encuentra en su bolso.
Todos empiezan a recolectar, los diamantes que están escondidos en la arena – Oigan, vean esto – Lena ingresa a la cueva – Aquí hay un cofre de madera.
– No te alejes mucho, Lena – pronto, Dewey y Webby llegan junto a ella – El cofre esta abierto – Dewey toma la tapa del cofre y al levantarla, ven la gran cantidad de diamantes (todos sin pulir) de diversos tamaños y colores – Woow, genial – comenta el pato azul.
Un diamante en especial, capto la atención de Lena. La piedra en particular, no era más grande que la palma de su mano. Su forma es ovalada y el color no es uniforme; en las orillas muestra un rosa pálido, mientras que en el centro, el rosa es más intenso. Webby, Huey, Louie y Dewey hicieron lo mismo, tomando varios diamantes del cofre y metiéndolos a su bolso – Este será un excelente regalo para Granny.
Huey vio, como Lena no despegaba los ojos de ese diamante. La joven pato suspiro, y lo regreso de vuelta al cofre – Muy bien muchachos, déjenme enganchar el cofre y nos vamos – Scrooge lleva en sus manos, un gancho del remolcador, pues el submarino no podía entrar a la pequeña cueva – Listo, regresemos a la superficie.
Scrooge fue el primero en ascender. Dewey, Louie y Webby aseguraron sus bolsos y le siguieron. Lena cruzo miradas con Huey, esbozo una pequeña sonrisa y siguió a los demás. De repente, una vibración fue precedida, con la caída de una enorme roca sobre el cofre, rompiendo la orilla de este y expulsando varios diamantes al interior de la cueva, incluyendo el de Lena.
– El diamante – Sin pensarlo dos veces, Huey buceo al interior de la cueva, cuya inclinación se pronuncia más, conforme va descendiendo.
Lena se giro y vio a Huey, regresando al interior de la cueva – ¡Huey! – Lena grita y todos voltearon hacia ellos. Scrooge les hace señas a los patitos – Ustedes sigan, no se detengan – Al mismo tiempo, Lena nado lo más rápido posible, para localizar a Huey – ¿Qué rayos crees que haces? – le riñe, una vez que llega con él.
– Tu diamante – abre sus manos y se lo muestra – Vi que te gusto y… – una vibración más fuerte, interrumpe a Huey – ¡Lena aléjate! – toma sus manos – ¡RÁPIDO!
– Pero… – Huey la empuja – ¡VETE! – el techo sobre ellos se quiebra y cae, separándolos y soltando un enorme muro de arena.
– ¡NO! – Asustada, Lena se recarga en los escombros y en ese momento, siente el diamante en su mano – No, no por favor… – con lágrimas saliendo de sus ojos, Lena aprieta el diamante – Huey…
– ¡Lena, Huey! – Se escucha la voz angustiada de Scrooge, en el intercomunicador del casco – ¡¿Dónde están?!, ¡no los veo! – En tanto, un extraño y familiar brillo, empezó a desprender el diamante – ¿Será posible…? – miro a sus espaldas y la bruma de arena, aún limitaba la visión. Lena cerró los ojos, una mano la apoyo sobre los escombros y con la otra, apretó fuerte el diamante, cuyo brillo fue cubriendo su cuerpo. Al abrir sus ojos, una intensa luz salía de ellos – Vamos, vamos, vamos… – de inmediato, el brillo se extendió de su mano al cúmulo de rocas. Frunció el ceño y pronto, las rocas se pulverizaron, volando minúsculas partículas en todas direcciones.
Scrooge vio la nueva expulsión de arena y se alarmó, pensando que había colapsado la cueva – ¡Señor Scrooge, por aquí! – la voz de Lena, le devolvió la esperanza perdida. Buceo entre la bruma lo más rápido que pudo, y encontró a Lena, sujetando a un inconsciente Huey.
Con cansancio en su rostro, Lena siente que las fuerzas la abandonan – Tranquila linda, todo saldrá bien – Scrooge toma a Huey en sus brazos.
La preadolescente, vio que alguien más se acercaba a ellos y todo se oscureció.
c - c - c - c
Despacio, Lena abrió los ojos y observo a su alrededor. Ahora se encuentra en una cama de hospital, pero por extraño que parezca, no hay nadie alrededor – ¿Hola? – con cuidado, baja de la cama, se pone sus tenis y se asoma por la puerta – ¿Webby? – al no ver a su mejor amiga, se aventuro al pasillo – ¿Huey? ¿Louie?
En la central de enfermería, reconoce al que está de espaldas – ¿Señor Scrooge?
– Muy bien señor McDuck, ya ha firmado todos los documentos – la enfermera eleva la vista y ve a Lena – Y usted señorita, debe permanecer en su cama, hasta que llegue la trabajadora social.
– ¿Trabajadora social? – un terrible presentimiento la invade – Pe-pe-pero señor Scrooge… – Lena corre y toma su brazo, pero él lo retira – ¡Aléjate! – con sorpresa, el viejo Scrooge la mira con frialdad – ¡No eres más que problemas!
Rápido, llegan unos enfermeros y la sujetan – ¡Por tú culpa, Huey resulto herido! – le reprocha Louie.
– Creí que éramos amigas, pero siempre serás una malvada sombra – Webby se abraza de Scrooge.
A este punto, Lena luchaba por librarse de los enfermeros – Déjala Webby, ella es peor que Magica De Spell – afirma Dewey, y los cuatro se encaminan a la salida.
– ¡No! Yo… lo siento… – enormes lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas, y aumento su forcejeo – ¡Webby! ¡Louie! ¡Dewey! – aprieta sus ojos – ¡Tío Scrooge!
– Deja que se vayan, Lena querida – esa voz familiar la paralizo. Baja la vista y ve como su sombra se alarga, tomando la forma de Magica – Ahora que has recuperado tus poderes, podremos vengarnos de ellos jajajaja.
– ¡NOOO!
– ¡Lena! – Webby brinca a la cama, tratando de controlar a su mejor amiga, que llora sin poder contenerse – Calma pequeña hermosa – la abraza con suavidad – Estás a salvo.
Poco a poco, la respiración irregular de Lena, se va normalizando – Yo… yo… ¿dónde…? – Donald se sienta a su lado y la recarga en su regazo, acunándola para relajarla. Esta acción, definitivamente desconcertó a Lena – Gracias a Dios ya despertaste – le dice el pato marino.
Delante de ella, están Webby, Louie, Dewey, la señora Beakley, Launchpad y Scrooge McDuck – ¡¿Dónde está Huey?! – grita Lena, saltando del regazo de Donald y él la toma con cuidado, para que no se lastime.
– Aquí estoy – Scrooge y Launchpad se hacen a un costado, revelando a Huey acostado en la cama conjunta – Has dormido por mucho tiempo – afirma el pato rojo.
– Dormida… entonces… todo fue una pesadilla… – la señora Beakley, limpia sus mejillas con un pañuelo – Cuando Webby me aviso, vine a Hawái lo más rápido que pude, estábamos muy preocupados, pero gracias a Dios estas bien.
Con júbilo, los presentes la abrazan (a excepción de Huey, que permanece en la otra cama), dándole el confort que necesitaba su afligido corazón – ¿Acaso tu familia abraza todo el tiempo? – le pregunta a Webby en voz baja, cuya mejilla esta pegada a la suya.
– Todo el tiempo – Webby aprieta su abrazo.
– Mjm, mjm – Huey aclara su garganta, llamando la atención – Lena yo… – mete la mano a su gorra y saca el diamante rosa – Quería entregarte esto.
– Vengan chicos – Beakley baja a su nieta, y le hace señas a Louie y Dewey – acompáñenme a la cafetería, tú también Launchpad.
– Si, dejemos solos a Lena y Huuuubert jaja… ¡hey! – Beakley jala a Dewey y salen de la habitación.
– Iré por un café a la maquina – Scrooge toma su bastón y con la empuñadura, agarra el cuello de Donald – ¡Argh! – Acompáñame Donald.
Una vez a solas, Lena baja de la cama y va con Huey – Verás, cuando cayo la… – sin aviso, la chica le da un fuerte golpe en su hombro, interrumpiendo su explicación – ¡Ouch! ¡Oye, me dolió!
– ¡Arriesgaste tu vida! – Lena pasa el antebrazo por sus ojos, limpiando las nuevas lágrimas – ¿Y para qué? ¡para rescatar un estúpido diamante!
– ¡No es estúpido! – Huey soba su hombro y Lena se gira, molesta, cruzando sus brazos – Vi que ese diamante… y tú… yo pensé…
Al ver que Lena no voltea, Huey suspira frustrado – Rayos… Louie tiene razón, todo lo he hecho mal.
Todavía dándole la espalda, Lena se vuelve un poco, enarcando una ceja – Si hubiera sido sincero contigo en el cine, quizás no hubiéramos peleado, y no me sentiría raro cada vez que te acercas, o que sonríes, o peinas tu cabello – derrotado, baja la vista – Lo siento mucho Lena, solo soy un tonto nerd, y no te culpo si estás enojada conmigo.
Un dedo se apoyo gentilmente, en el pico de Huey – Shhhh esta bien, no estoy enojada contigo – Lena sonríe y eleva los ojos – Bueno, quizás un poco… solo no hagas cosas peligrosas por mi ¿está bien?
Completamente rojo, Huey baja la vista y le extiende el diamante; ella lo toma y Huey cierra sus ojos, acercándose con la intención de darle un beso – ¿Qué crees que haces? – Lena lo detiene.
– Er… – ahora el tono de su rostro, podía confundirse fácilmente con su gorra – Yo quería…
– ¿Darme un beso? – Lena empieza a reír – Jajaja no es así como funciona – pellizca su mejilla.
– ¿Ah no? – confuso, toma bajo su gorra la guía de jóvenes castores – La respuesta que buscas, no la encontrarás ahí – asegura la chica – Pero… dejaré que me des un pequeño beso en la mejilla, si prometes que tomaremos las cosas con calma – levanta su dedo índice – Y que ya no te sentirás raro conmigo – le extiende su mano, para cerrar el trato – ¿Qué dices?
Aliviado, Huey toma su mano – Hecho – sin soltar sus manos, Lena se apoya en el borde de la cama, cierra los ojos y le muestra su mejilla. Huey empezó a sentirse un poco nervioso y muy despacio, se fue acercando a ella – ¿Huey?
– ¿S-si?
Lena abrió los ojos, sonrojada – Solo… un pequeño beso – de nuevo, los cerro.
Tomando valor, Huey presiona con suavidad la mejilla de Lena y un enorme cumulo de sensaciones, van creciendo en ambos. El tierno beso, fue interrumpido cuando el potente flash de una cámara, les alerto que no estaban solos, provocando que se separen, al tiempo que se abren las puertas – Bueno es suficiente – llega Scrooge y carga a Lena – Debes descansar, muchacha – la acuesta con cuidado en su cama.
Donald ingresa a la habitación, cargando una enorme cámara antigua – Oiga, mi abuela tenía una parecida – comenta Launchpad.
Emocionada, Webby sube con ella – No Webby, todavía no me casaré con Huey.
– Bien hecho Huuuey – Dewey y Louie, saltan a su cama – Eres todo un pato galante – menciona Dewey y Louie le da un pequeño golpe en el hombro – Aunque no tanto como yo – Huey empieza a reír – Jajaja lo que tú digas, Llewellyn.
– ¡Oye!, no me llames así – los trillizos empiezan a pelear y de inmediato Donald los separa.
– Lena, Huey, ambos fueron dados de alta – Scrooge se para en medio de la habitación, apoyando su bastón – Podemos ir a casa.
– Vamos tío Scrooge, estamos en una isla paradisiaca – expresa Dewey, alzando las manos – Seguramente, habrá muchas cosas divertidas que hacer.
Analizando la propuesta, Scrooge entrecierra los ojos, mirando desafiante a los hijos de Della – Está bien, siempre que no sea costoso.
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– ¡Este luau va a ser costoso! – protesta Scrooge, que ahora viste una camisa hawaiana roja con flores negras.
Ya es de noche en la 'Isla del Beso' y los jóvenes pato, insistieron en asistir a una típica fiesta hawaiana. Launchpad viste una camisa hawaiana color café con flores amarillas, y baila feliz al lado de unas hermosas chicas. Webby y Lena, llevan unos preciosos vestidos hawaianos, rosa con flores lilas para Webby, y morado con flores beige para Lena. Cada una, decora su cabello con una flor, y alegres compiten en el limbo. Dewey y Louie, visten unos bañadores típicos (azul con flores blancas para Dewey, y verde con flores blancas para Louie), y van corriendo, jugando con pistolas de agua. Mientras que Huey, permanece sentado en una silla de ruedas, junto a un sobreprotector Donald – Vamos tío Donald, quiero ir con los demás.
– Tuviste una torcedura en el tobillo – con sumo cuidado, Donald eleva su tobillo derecho y acomoda un cojín – Tienes que descansar.
Aburrido, Huey se recarga en la silla y suspira, viendo como a Lena y los demás, les obsequian collares de flores – Creo que cinco minutos con sus hermanos, no lo lastimarán – sugiere Beakley, que ahora porta un vestido lila con flores amarillo pálido.
– ¡Ash! Está bien – eufórico, Huey salta de la silla de ruedas y corre hacia sus hermanos. Dewey toma la mano de Webby para bailar, y Huey hace lo mismo con Lena – Vaya, pensé que nunca te nos unirías – Louie se acerca bailando.
Lena coge su collar de flores y se lo pone a Huey – Ya sabes como es el tío Donald – sin más, los cinco siguieron bailando, y un joven lanzafuegos se aproxima a ellos, haciendo uso de sus habilidades con las llamas.
– ¡MIS NIÑOS! – Alarmado, Donald salto entre el lanzafuegos y los chicos, desequilibrando al artista de fuego y recibiendo una fuerte llamarada en su cola. Esto lo hizo salir disparado, cayendo directo en la enorme pila de fuegos artificiales. Scrooge, Bentina Beakley, Launchpad y los jóvenes pato, hicieron una mueca de dolor (por la caída de Donald), cuando los fuegos se encendieron, y Donald salió volando hacia el cielo nocturno, desatando accidentalmente, un hermoso espectáculo de fuegos pirotécnicos.
Maravillados, los turistas ven el espectáculo de luz, cuyo asombro se acrecentó, cuando en el cielo se formo la silueta del pato Donald – Será mejor que vayamos a buscar a Donald – Beakley toma la silla de ruedas, Launchpad levanta a Huey y lo sienta en sus hombros, pues aun esta lastimado – Ven amiguito, no queremos que camines mucho.
Louie alcanza a la señora Beakley – Por lo menos, ya tenemos listo el transporte para el tío Donald – el pato verde señala la silla. A punto de responder, Beakley suspira – Creo que tienes un punto.
Dewey se acerca a Webby – ¿Qué tal una carrera hasta los muelles? – sin responder, Webby se adelanta – ¡Esta bien! jajaja.
– ¡Oye eso es trampa! – rápido, Dewey acelera el trote, para rebasar a Webby – Te ganaré jajaja.
Lena en cambio, se quedo de pie sin moverse, observando la interacción de todos. Busca entre sus ropas el diamante rosa, recordando lo que paso en la cueva – ¿Qué sucedió conmigo allá abajo? – se pregunta.
– ¿Lena? – sin darse cuenta, Scrooge estuvo de pie junto a ella todo el tiempo – ¿Te pasa algo, muchacha?
Con discreta sonrisa, Lena niega con la cabeza. Scrooge asiente, revuelve los cabellos de Lena y rodea sus hombros – Entonces busquemos a mi sobrino, antes de que lo internen en un hospital costoso.
– Lo que usted diga señor Scrooge – guarda el diamante, sintiendo el fresco aire nocturno y por primera vez en mucho tiempo, paz en su corazón – lo que usted diga.
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c - c - FiN - c - c
A los que hayan leído, les reitero mi agradecimiento por su apoyo, aunque siento que no gusto mucho :P ya que tengo muy pocos review (creo que es el que menos ha tenido) Aún así, disfrute mucho imaginando esta historia que hoy termina y más disfrute compartirla aquí.
Si les gusto, si no les gusto, o quieren otro one shot, pueden hacérmelo saber con un review.
Nos estamos leyendo.
MaRyMoRaNTe:)
