la coleccionista de corazones
Moví lentamente mis manos chorreantes de mi propia sangre en dirección a Ginny y deposite en sus manos mi maltrecho corazón, los ojos de ella no habían brillado jamás en lo que duro nuestra conversación con tanto esplendor como en ese momento, era sencillamente fantástico aquel brillo y sus manos se amoldaron a su forma acunándolo, como si fuera un bebe recién nacido, sus labios se humedecieron y sus parpados se cerraban y abrían lentamente tratando de aclarar su visión, como si quisieran tratar de negar cualquier tipo de alucinación, los labios de Ginny intentaron moverse para formar alguna frase, pero se detuvieron en el momento que le dije: -estoy cansado de estar solo y mientras tú lo conserves, no lo estaré jamás aunque no te tenga para mí- ella no comprendía lo que yo estaba diciendo, pero aun así prefirió guardar silencio y esperar a que yo dijera algo mas, lo que obviamente ocurrió -te amo Ginny, es absurdo amar de esa forma sin tan siquiera conocerte, pero ya te he dicho que hay algo mal en mi corazón y siente demasiado... no importa lo que intente hacer, jamás podre estar a tu lado, pero hay una parte de mi que tu quieres y esa parte también quiere estar junto a ti, así que es tuyo, te ha pertenecido desde el momento en que me has dicho "me llamo Ginny" y no hay nada de malo en entregártelo- los ojos de Ginny se entristecieron cuando vieron los míos y fue en el mismo instante en el cual se apagaron, mientras se bañaban en lagrimas, su brillo desapareció y la sonrisa que se había dibujado en la comisura de mis labios, también se esfumo de un momento a otro, me sentí pesado, cansado, pero no podía dormir, el dolor desaparecía lentamente y mis pulmones retomaban un ritmo acompasado.
Ginny saco de su bolso un frasco de cristal y deposito con cuidado mi viejo corazón en el, lo dejo caer con tal gracia y cuidado, que solo un devoto podría hacer, cerro el frasco con firmeza con una tapa plana de color cobre brillante asegurándose de que no se fuera a abrir, lo miro una vez mas y lentamente acerco el frasco a su rostro, para que sus labios alcanzaran a besar el frió cristal con el corazón latente dentro, dejando el rastro de sus labios empañados en el cristal. Ginny me miro y me dijo -no puedo quedarme- a lo que le respondí -lo sé, no tienes que hacerlo- jamás me di cuenta de del momento en que mis labios se movieron para pronunciar esas palabras, incluso pienso que solo las imagine; Ginny se acerco a mí y con una de sus manos limpio las lagrimas que recorrían mi inmóvil rostro, y se inclino para besar mi mejilla con tal suavidad que era prácticamente irreal. Se levanto y arreglo su sweater y acomodo la correa de su bolso en su hombro izquierdo, mientras perdida en una mirada que no pude seguir me dijo en un tono suave -Gracias-
Ginny se alejo con un paso que parecía casi hacerla levitar, las hojas de los arboles otoñales caían tras ella creando una cortina de despedida, jamás nos volveríamos a ver, pero ella se llevaba lo que quería de mi y eso me hacia feliz, al menos una parte de mi la acompañaría. La amaba y había sido liberado, no paraba de llorar pero ya no importaba era una marioneta sin titiritero, abandonado en la banca de un parque que se convertía en el sueño de cualquier escritor nostálgico en un cuento de amor surreal, pero esto era real al menos para mí, mis brazos descansaban en la banca y mi cabeza baja miraba perdida el horizonte con una mirada tan opaca y vacía como la de una muñeca antigua con ojos de cristal dañados por el tiempo, ahora no era más que un cascaron vació pero aun estaba vivo y sentía el viento soplar bailando con los hilos de mi pelo que acariciaban mi rostro, pero no me daba gracia alguna, el mundo ya no tenía sabor alguno.
Y estaba ahí, sentado en el parque en esa tarde otoñal, tan típica como se supone que son las tardes otoñales con un atardecer naranja despampanante de esos que parece que el cielo ardiera en llamas frente a mí, recordando de miles de historias, solo una... mi historia, la historia en la cual jamás volvería a estar solo y que ahora está ligado a la historia de Ginny. La coleccionista de corazones.
FIN
bien esta es la ultima parte del acto espero que les haya gustado
agradecimientos a quienes leyeron esta corta historia y a quienes la incluyeron en sus favoritas.
