Actualizo nuevamente la historia, agradezco a saragascon96 por ser una nueva seguidora y nuevamente a yorelina y Lizzyzav2.

Edward

Después de que terminara de firmar los papeles que lo convertían oficialmente en el nuevo presidente de la empresa familiar, Edward no tuvo mejor idea que desaparecer por un día entero. Se había encerrado en su lujoso departamento todo un día para beber y mirar los análisis que los programas de finanzas hacían acerca de la crisis y como repercutía en el mercado, intentó grabar cada detalle para ponerlo en marcha en su empresa. Entonces James lo llamó.

-Cullen mayor se fue, quedó Carlisle al frente-

Mierda, otra vez Carlisle. Era el último en su lista, pero el primero que aparecía para destruir. Sin embargo sabía muy en su interior se alegraba porque era a él al que más rencor guardaba desde sus años de vértigo. Ambos habían compartido los años de juventud en éxtasis, pero cuando tuvieron que pagar las consecuencias, Edward fue el más castigado, por lo menos de los dos. Ambos jóvenes, Cullen y Masen, del grupo de arrogantes habían sido los que más lejos habían llevado su locura, ambos pagaron por ello.

Las semanas siguientes la paso encerrado en su nuevo despacho, hasta llego a pasar las noches allí. Ni siquiera rasuró su barba naciente, solo cuando estuvo en un estado deplorable salió de la oficina sin que nadie lo notara.

Cuando llegó a su casa, tomo una muy necesitada ducha y entonces recordó que era el día de la inauguración oficial del edificio de Cullen. No dudó un segundo, se vistió como lo había hecho años atrás y salió a ver a su viejo amigo.

Lo vio hablar tan cortésmente, parecía que no quedaba nada del viejo Carlisle con quien había compartido años oscuros y solo por un momento cruzaron miradas, sus ojos verdes se fijaron en los azules de su némesis natural y supo que lo reconoció, por más que su rostro no denotara sorpresa. Sabía que Cullen era un buen mentiroso.

Solo después de una hora sintió que alguien lo tiraba del brazo. Se dio la vuelta, su viejo amigo lo miraba de frente.

-¿Qué se supone que haces aquí Masen?-el muy maldito era capaz de pronunciar su apellido como si fuera una blasfemia.

-¿Un amigo no puede ver como triunfa otro amigo?-vaya que amigos éramos.

-Ya no somos amigos Masen.

-Claro, desde los de Emma y…-ah Emma, como duele recordarla-ni siquiera fue capaz de terminar la frase.

-Desde que arruinaste todo, desde el preciso instante que pusiste un pie en mi casa, todo se fue a la mierda Masen, ahora te pido que te vayas, antes de que jodas todo de nuevo.-lo miró detenidamente, retenía sus ganas de golpearlo, tan fuertemente como la última vez.

-Claro Cullen, puede que nos veamos más tarde-le sonrió y emprendió su camino de vuelta a su edificio. Claro que nos volveremos a ver Cullen, ya no perderé un segundo más.

Cuando volvió a su departamento siguió bebiendo su botella de whisky, odiaba como le quemaba la garganta pero era lo más fuerte que tenía. Se miró de nuevo al espejo, el reflejo de su antiguo yo a los diecisiete años lo invadió, tenía ojeras y la barba desprolija, su piel estaba pálida y los ojos inyectados de sangre por la falta de sueño. Esta vez todo eso era producto del esfuerzo que estaba haciendo para salvar a su familia de la bancarrota. A los diecisiete, eso había sido producto de las noches de delirio, de drogas y alcohol, de su pesadilla hecha realidad, todo de la mano de cinco amigos que lo llevaban a la destrucción.

Se afeitó y durmió unas horas, por lo menos hasta que la noche cayó en la ciudad. Cuando se despertó notó que todo estaba oscuro afuera, decidió que no iba a deprimirse como solía hacerlo. Ahora tenía un propósito en la vida y no era destruirse a él mismo, por lo menos esta vez.

Se vistió para salir a uno de los bares de Nueva York, se divertiría por última vez, después de esa noche, su vida quedaría sumida en la responsabilidad.

Cuando estaba saliendo, llamó a su amigo James.

-Voy para el Castle Boulevard, te veo en veinte minutos-y cortó.

Cuando entro al lujoso bar casi nadie lo reconoció, habían pasado por lo menos cinco años desde la última vez que piso ese lugar, ya no era un chiquillo post púber, era un hombre. Recorrió cada esquina del lugar, cada una de ellas tenía un recuerdo, sin embargo no podía acordarse de ellos sin que a su mente le vinieran las imágenes de Carlisle, Jasper o Seth, ah el pobre Seth.

Se sentó en la barra y pidió otro vaso de Whiskey y mientras bebía sintió que alguien apoyaba una mano en su hombro.

-Olvidando las penas, ¿eh?

-Tratando… ¿cuándo llegaste?

-Hace menos de una semana… mientras estaba en Suiza me crucé con Caius-se sentó al lado de Edward y pidió un trago- me sorprendí…el gran jefe Cullen abandonó su imperio, pensé. Solo después de resucitarme caí en la cuenta de que él ya no estaba al mando, y quién más que la misma mierda producto de su sangre es capaz de dirigir semejante cosa. Entonces te llame.

-Los medios tampoco lo sabían, hoy se oficializó todo.-hizo una pausa para tocar el tema.- ¿Cómo va el tratamiento?

-Son las primeras sesiones, así que supongo que lo peor vendrá después, ¿Cómo estás tú Edward? Veo que te depilaste-ambos rieron.

-Afeitarse, me afeite la barba y no es de marica.

-Bah, solo las mujeres se afeitan el bigote mi querido amigo-hizo una pausa para pensar- pensándolo bien, no debería tomar, terminaré muy mal.

-¿Estás cansado? No te quedes sino puedes, soy un niño grande, se cuidarme solo.-le dijo en tono sarcástico.

-Por supuesto que el niño Masen sabe cuidarse, lamento no poder acompañarte en esta velada pero mi cena a microondas me espera-se levantó pero antes de marcharse se dirigió de nuevo a él-por cierto ¿lo viste?-la mandíbula de Edward se tensó.

-No-dijo en tono frío y cortante.

-Mientes, te conozco bien. No cometas locuras Edward, esta vez no sé si alguien pueda salvarte de esta.

-Nadie puede salvarme de nada James, yo solo me quemo en el infierno sin estar muerto-volvió a beber otro sorbo de la bebida.

-Lo que digas, nos vemos otro día.

-Adiós James-ni siquiera se dio la vuelta para saludar a su amigo. El cantinero entonces sirvió la bebida de su amigo-Yo me quedo con ella, él tuvo que retirarse- asintió y se retiró a atender a otras personas.

Se dio la vuelta para observar el lugar, estaba infestado de gente, algunos hablaban en un rincón, otros bailaban al ritmo de la música electrónica. Había mujeres sensuales por doquier, pero algunas le provocaban asco, al parecer ninguna de ellas poseían una belleza natural. Las luces de colores iluminaban el lugar y un idiota estaba fumando a su lado, le molestaba el humo del cigarrillo. Intentó evadirlo, esperó que dejara de fumar y siguió con sus bebidas. Se acordó del humo y el olor que emanaban los cigarrillos caseros que hacían en su casa, todos los viernes por la noche, después de salir de clases, era noche para perderse. Suponía que era eso lo que le molestaba, hasta el humo le traía recuerdos.

El whisky aún no había surtido efecto, no quería embriagarse hasta vomitar, entonces decidió que era hora de irse, pago al cantinero y mientras se preparaba para irse, sintió nuevamente el olor nauseabundo que disparaba el humo del cigarrillo. Lo que colmó su paciencia.

-¡Eh idiota!-estaba a punto de preparar su puño para golpear la cara del sujeto, paro en seco al cerciorarse de que quien recibiría el golpe no era un hombre, sino una mujer-lo siento señorita, no me gusta el humo del cigarrillo.

-Discúlpeme señor….-hizo una pausa para que completara con su apellido.

-Masen.

-Señor Masen, no sabía que lo molestaba.

Él la observó por unos instantes, se diferenciaba de las demás mujeres que estaban en ese lugar, no llevaba un escote pronunciado ni una falda muy corta, solo un simple vestido rojo, que hacía juego con sus labios pintados. Era una belleza y para alegría de Edward, una belleza natural.

-No se preocupe señorita.

Esta le sonrió complacida, a Edward le gustó su sonrisa perfecta.

-Llámame Jess.

-Jess -saboreo su nombre en su boca por un segundo-puedo saber qué hace una dama tan hermosa sola en la peligrosa noche.

-Créeme cuando digo que sé cuidarme-terminó su cigarrillo y corrió el rostro a un lado para expulsar el humo.

-Aún no respondes mi pregunta-le sonrió con su típica risa seductora.

-Nadie quiere acompañarme, al parecer soy una chica mala.

A Edward le gustó el comentario, no solo por el tono seductor de su voz, sino por la persona que lo transmitía. Conocía a las chicas de su clase, con suerte pasaba la mayoría de edad, era una niña con los labios pintados de rojo.

-No te dijeron que las niñas no deben andar solas por la noche-hizo una pausa para sonreírle-¿no aprendiste nada de Caperucita Roja?

-Todavía no tuve la oportunidad de cruzarme con un lobo feroz-le respondió esta.

Presa fácil. No Edward, es una niña, hay que salvarla.

-Venga, te llevo a tu casa.

-No soy tan idiota, me llevas a tu auto y allí sepa Dios que pasa.-lo miró con desdén.

-No traje el auto, te acompaño a tu casa.

-Y después me secuestras, ¿Cómo sé que no eres un hombre malo?-otra vez su tono seductor.

No lo sé.

-¿No me conoces?-le preguntó incrédulo.

-¿Debería?

-No claro que no, pero ahora soy el hombre que te salvará la vida niña, eres presa fácil.

-¿Y quién dijo que quiero ser salvada? Si vine aquí es por un propósito.

-Buen punto. –agachó la mirada y se preparó para salir, pero el brazo de la chica lo detuvo.

-Aunque si eres tú el que me salva, podría correr el riesgo.

A Edward se le curvaron los labios. Niña traviesa.

-Vamos entonces.

Ambos salieron a las frías calles de la ciudad, el tapado negro de la chica era del largo del vestido y no pudo evitar mirarle las piernas. Era preciosa.

-Así que te llamas Masen, ¿solo Masen?

-Edward-le contestó.

-¿Puedo llamarte Eddie?-le preguntó inocentemente.

-No-su rostro se tensó.

-¿Por qué no?

-Me trae malos recuerdos-apretó las manos al lado de su cuerpo, la chica lo notó y sin pensarlo tomó una de ellas.

-No sufras-le dijo. A Edward le sorprendió, tanto que lo notó en su rostro-lo siento, soy muy impulsiva.

-No hay cuidado-la duda lo carcomía-¿cuántos años tienes?

-Más de lo que crees Masen, deja de ser una niña hace mucho tiempo-a Edward se le cruzaron los significados de aquella frase y ante el silencio del chico ella completó-ya tuve mi primer período.

No sabía sí reír o avergonzarse ante semejante detalle, la siguió a ella y ambos rieron. Llegaron al frente de un edifico lujoso, a dos calles del suyo, ella se dio la vuelta para mirarlo a los ojos.

-Gracias Edward Masen, gracias por traerme a salvo de los lobos, mi príncipe azul- se acercó a él y le dio un beso en la mejilla. Después corrió en dirección al edificio.

Edward se sorprendió ante semejante acto, por el tiempo que estuvo con ella los instantes de amargura se habían borrado de su memoria, se había sentido un joven común y corriente, sin empresa que salvar, sin miles de dinero que perder, ni un pasado.

-Jess -repitió, definitivamente quería ver de nuevo a esa chica.

Dio media vuelta para dirigirse a su edificio, camino por las calles de Nueva York tratando de no chocar con nada en el camino, no sabía si era el alcohol que había consumido o la chica lo que lo tenía atontado. Mientras caminaba no podía olvidar el rostro de la joven que lo trató como un desconocido, como si en la basta ciudad de Nueva York no conociera a Edward Masen. No recordó nada más. Solo los ojos oscuros que contrastaban con la piel de porcelana, los labios rojos y sus rasgos jóvenes. Solo es una niña. Cuando un boceto de sonrisa estaba por brotar en su rostro, noto que el un auto negro estaba estacionado a las afueras del edificio dónde vivía, se tensó y se preparó para lo peor. Él había venido a cobrar su deuda.