A/N: como ya se ha dicho, nada de Host Club me pertenece a mí, y todo lo que sé sobre medicina es gracias a internet (una fuente no muy fiable a veces, pero bueno); ¡así que si ven algo que no tenga mucho sentido lo siento mucho! -.-

I.

Kyoya escuchó cómo se abría la puerta de su habitación. Cansado de haber pasado el día en el Host Club después de llevar meses sin salir del hospital y andar nada más que desde su habitación a la sala de juegos, pensó que era una enfermera y volvió a cerrar los ojos. Segundos después volvió a oír cómo se cerraba la puerta, definitivamente era una enfermera que se habría dejado algo antes y había venido a recogerlo. Siguió pensando en el Host Club y en todos los amigos de Tamaki (a cada cual más loco, según su opinión, excepto Haruhi y Mori, más calmados) cuando escuchó unas pisadas. Levantándose para mirar quién había en su habitación, no le dio tiempo a coger sus gafas ni sentarse del todo cuando una mano fuerte le cogió del brazo. Un grito se le quedó en la garganta, en la habitación no sonaba nada más que sus intentos de zafarse de la mano, pero por mucho que se retorcía no podía liberar su brazo. Otra mano se lanzó contra su hombro, su opresor dejando todo el peso sobre el joven, pegando a Kyoya a la cama, sin poder moverse. Entonces fue cuando Kyoya vio la sombra que se cernía sobre su cama y reconoció la cara medio en penumbras. Dejó de retorcerse y dejó de respirar, sus músculos se congelaron y abrió los ojos de espanto. Aunque era de noche, las luces estaban apagadas y no llevaba las gafas puestas Kyoya reconocería a esa persona en cualquier lugar.

-¿Sorprendido? -preguntó Yoshio Otori, sin mover ninguna de las manos de su horrorizado hijo-. Más sorprendido me encuentro yo, querido Kyoya. Si no recuerdo mal quedamos en que tú, como hijo obediente que eres, estarías en este hospital hasta que yo lo viera oportuno, ¿no? Y, ¡vaya! Hoy después del trabajo me llegan unas interesantes fotos en las que estás ni más ni menos que en el Instituto Ouran.

Kyoya comenzó a negar con la cabeza y él mismo oía cómo su respiración salía entrecortada de su boca.

-Es inútil que me lo niegues, Kyoya. Tengo las fotos y creo antes a los guardaespaldas que las han hecho que a ti. ¿Crees que esto es un juego? ¿Crees que...?

Un fuerte pitido rompió el silencio de la habitación. Yoshio miró hacia las máquinas que medían la presión sanguínea de Kyoya, que con cada cifra que subía pitaba cada vez más fuerte, avisando a la enfermera de guardia. Cuando volvió a mirar a su hijo, a través de la oscuridad lo oyó respirar entrecortadamente y más pálido de lo normal. Soltándolo, Kyoya se balanceó en el sitio y e intentó coger algún lugar en el que agarrarse. Su padre dio un paso atrás.

-Tendrás noticias mías -y aunque no estaba seguro de si su hijo lo había oído, salió de la habitación y haciéndole una señal al guardaespaldas que lo esperaba en la puerta comenzaron a andar rápidamente mientras por el otro lado del pasillo una enfermera acudía corriendo a la habitación de Kyoya.

II.

No estaba muy seguro de lo que estaba pasando. De repente Yoshio estaba encima suyo, amenazándole, y al poco la habitación comenzó a darle vueltas y el aire que le llegaba a los pulmones no era suficiente para respirar bien. Intentando centrarse en un punto fijo, Kyoya clavó la mirada en Yoshio, pero éste tampoco dejaba de moverse y al final optó por cerrar los ojos. No paraba de oír un pitido incesante, y las palabras de su padre ya no tenían ningún sentido para él.

Las manos que lo tenían sujeto lo soltaron y entonces fue cuando el vértigo le llegó de golpe: sentía cómo el mundo se movía a su alrededor, fuera de control, intentó agarrarse a algo pero sentía los brazos torpes y tras intentar permanecer en equilibrio durante unos segundos cedió ante la gravedad y se dejó caer hacia el lado.

Cuando estaba seguro de que se caería de la cama al suelo (ahora todo empezaba a cobrar más sentido, el mundo parecía ir más lento), alguien lo agarró por el torso y lo enderezó. Oía una voz de mujer, pero no entendía lo que estaba diciendo. De alguna manera que no pudo comprender acabó con la cabeza entre las piernas.

-Respira tranquilamente, eso es. Inhala, exhala, inhala...

Kyoya hizo lo que le decían, y la habitación volvió a ser la de siempre, la sensación de ligereza en su cabeza desapareció y lo único que sentía en ese momento era el sudor frío que le empapaba todo el cuerpo y hacía que la bata de hospital se le pegara a la piel.

El pitido dejó de oírse.

-Mucho mejor, ¿verdad?

Kyoya asintió aunque un nudo en la garganta le estaba dando la sensación de que si se movía más de la cuenta empezaría a vomitar todo lo que había comido ese día. La enfermera empezó a medir su pulso y a asegurarse de que volvía a respirar bien.

-Tienes un poco de hipotensión, Kyoya, ya lo sabes: no puedes levantarte tan de golpe o te darán estos mareos. No con tu tensión tan baja -Kyoya volvió a asentir, sin fuerzas ni ganas de explicarle a la enfermera que habían sido los nervios por las amenazas de su padre lo que le había provocado el ataque de vértigo, sumado a su hipotensión. Yoshio se habría asegurado de que nadie le viera entrar y salir del hospital-. Vuelve a acostarse, estas cosas se pasan con reposo y tranquilidad.

La enfermera dejó ahí a Kyoya, empapado en su propio sudor e incapaz de cerrar los ojos por miedo a encontrarse de nuevo con su padre.

III.

Lo primero que pensó al abrir la puerta fue que la habitación estaba demasiado oscura y que Kyoya estaba en otra parte del hospital. Parpadeó un par de veces para acostumbrarse a la poca luz y al final consiguió distinguir la forma dormida de su amigo en la cama.

-¿Kyoya?

El joven no se movió, sino que siguió respirando de forma pausada, dormido profundamente. Tamaki dio un paso hacia él y le indicó silencio a Haruhi y Mori con un dedo en los labios. Ambos asintieron y se asomaron un poco a la habitación, pero no llegaron a entrar, pensando que molestarían a Kyoya. Pero para Tamaki había algo raro: a esa hora Kyoya siempre estaba en la sala de juegos, nunca lo había visto durmiendo por la tarde, sin siquiera ser de noche. Intentó verle la cara y se fijó en que estaba más pálido de lo normal, ¿le habría pasado algo?

-Anoche le dio un ataque de vértigo -dijo una voz desde la puerta. Tamaki vio que era Yasu, la enfermera de Anne-. La enfermera de guardia me lo ha dicho esta mañana, que se levantó de golpe y al tener la tensión tan baja cuando se despierta empezó a marearse y a sentir vértigo. Pero esta mañana cuando yo he llegado seguía despierto y no había descansado aún. Hemos tenido que sedarlo para que durmiera un poco.

-¿Pero va a estar bien? -preguntó Tamaki- No tiene nada que ver con el accidente, ¿no?

-No, no tiene nada que ver con el accidente -le tranquilizó Yasu-. Y eso es lo que me preocupa: estaba mejorando mucho últimamente, las heridas que adquirió están ya curadas y su problema de... comunicación también al aprender el lenguaje de signos. Incluso su profesor particular nos dice que académicamente está avanzando mucho. Es un chico listo, quizás pueda entrar en la universidad en menos de dos o tres años, no iría muy atrasado entonces.

Tamaki asintió y dejó espacio a Yasu, que mientras les explicaba todo eso había estado recogiendo información de la máquina a la que Kyoya estaba atado. Cuando acabó se despidió de los jóvenes con una leve inclinación de cabeza, pero antes de salir por la puerta se detuvo un momento.

-Cuidad de él, ¿de acuerdo? -les dijo. Y por un momento Tamaki vio en los ojos de Yasu el cariño de una hermana mayor hacia Kyoya-. Ha pasado por muchas situaciones difíciles, en el accidente de coche murió su madre y desde entonces sólo he visto pasar por aquí a su hermana un par de veces. Y eso fue hace meses. Ahora sois su familia.

-Lo haremos, cuidaremos de él -dijo Mori, asustando levemente a Tamaki y Haruhi (pocas veces el moreno hablaba por sí solo). Yasu asintió y se fue de la habitación, dejándolos solos.

-No sabía que su madre había... muerto. En el accidente -susurró Haruhi, su confesión resonando en el silencio de la habitación. Tamaki negó levemente con la cabeza, él tampoco lo sabía.

-Es mejor que le dejemos descansar -volvió a hablar Mori-. Mañana podemos acercarnos otra vez para verle.

Haruhi cogió a Tamaki del brazo, guiándolo hacia la puerta de la habitación. El rubio se dejó llevar, la cabeza gacha pensando en la nueva información que le habían dado: la verdad es que nunca se había preguntado por qué las pocas veces que se había encontrado con Yoshio Otori éste nunca iba acompañado de la Sra. Otori, pero esto lo explicaba todo.

La joven y él pasaron al pasillo, Mori quedándose atrás para cerrar la puerta al salir, pero de repente el chico alto miró hacia atrás, hacia Kyoya.

-¿Mori? ¿Pasa algo?

-¿No lo oís? -respondió a Haruhi- ¿Ese ruido?

Volvieron a entrar en la habitación y afinaron el oído: ahí estaba, el ruido de algo vibrando. De un móvil vibrando. Los tres cruzaron una mirada, ¿debían cogerlo? ¿Decir a quien fuera que Kyoya había sufrido un ataque pero estaba bien? ¿Que estaba descansando?

¿Pero quién llamaba por teléfono a un chico mudo?

Mori se adelantó finalmente y abrió el primero de los cajones de la mesa que había al lado de la cama. Tamaki vio como el joven se quedaba de piedra por un momento, y al ver que no reaccionaba se acercó tras él para ver qué le había causado tanta impresión.

Llamada entrante: Madre