Capítulo 3: Digimon Emperador

-Bueno, T.K., vamos a recapitular. Han pasado dos meses desde que Yami conociese a BlackGatomon, así que estamos más o menos en Noviembre. En esos dos meses, los dos estrecharon lazos y se convirtieron en muy buenos amigos, luchaban juntos, confiaban su vida al otro sin ningún problema y se entendían perfectamente, nunca en ningún otro lado, salvo quizá en nuestro grupo, podrías haber encontrado una amistad tan fuerte como la que les unía a ellos. Tienes que saber, además, que Yami estaba muy preocupado por BlackGatomon porque, aunque era capaz de derrotar sin muchas dificultades a digimons de cuerpo Maduro o más débiles, cuando tenía que luchar contra uno Perfecto, lo pasaba realmente mal y muchas veces tenían que acabar huyendo. Puede decirse que, respecto a esto, el único golpe de suerte había sido no encontrarse con digimons de cuerpo Supremo. Pero, a lo que iba, con el tiempo los dos se fueron dando cuenta de que el Mundo Digital estaba cambiando y esto me lleva al siguiente punto de vital importancia en la vida de Yami, su primer encuentro con Ken o, mejor dicho, con Digimon Emperador.- Tras el breve pero claro resumen de Kari, T.K. se prepara para escuchar muy atentamente a su amiga, sin embargo, ésta todavía tiene en mente la reacción de T.K. a lo que le había contado ayer y quería tener cuidado de contar las cosas de manera clara pero muy concisa.


Yami despierta en una pequeña cabaña de madera que él y BlackGatomon habían construido al pie del Monte Mugen. Habían decidido hace tiempo quedarse allí por las noches, ya que era el centro de la isla y así podrían salir a explorar por las mañanas. Con un gran bostezo, Yami se pone en pie y abre el frigorífico, un frigorífico que BlackGatomon y él habían encontrado en unos baños termales cercanos y que habían decidido llevarse a la cabaña, fue un trabajo duro pero mereció la pena de sobra.

Tras estos dos meses, Yami ya se ha acostumbrado a encontrar cosas sin sentido en los lugares más insospechados así que no le sorprende encontrarse prados a rebosar de máquinas expendedoras o árboles con enchufes y cosas así.

-¡BlackGatomon!- Ante la llamada de Yami, su compañero entra en la cabaña pues había estado vigilando los alrededores en busca de posibles amenazas, una rutina que repite todos los días y que les ha salvado la vida en un par de ocasiones.

-¿Qué pasa Yami?- El entusiasmo que denota la voz de BlackGatomon por las mañanas es muy contagioso y Yami siempre se alegra de comprobar que los ánimos de su compañero no parecen flaquear, oírle es como una inyección de moral.

-Nos estamos quedando sin huevos.- Sin embargo, la voz de Yami todavía denota somnolencia y una ligera desorientación. -Deberíamos volver a la Aldea Biyomon después del desayuno, nunca he probado unos huevos tan ricos como los que ponen sus gallinas.-

-Como quieras, ahora tengo que encender el fuego.- BlackGatomon asiente ante la sugerencia de Yami y vuelve a salir de la cabaña para dirigirse hacia la fina plancha de piedra que usaban para cocinar y que estaba directamente colocada encima de la hoguera. Yami, que se ha adaptado asombrosamente bien a la vida en el Mundo Digital gracias a la ayuda de BlackGatomon, le sigue con tres huevos en las manos, listo para cocinarlos.

Tras el desayuno, Yami y BlackGatomon apagan el fuego y emprenden su camino hacia la Aldea Biyomon en la Sabana Engranaje. El Elegido de la Oscuridad y su compañero ya han recorrido gran parte de la isla y no solo conocían a los Biyomons, también han trabado una cierta amistad con Meramon y los Drimogemons del Monte Panorama y los Túneles de Excavación, con Andromon, los Guardromons y los Hagurumons en la Ciudad Factorial y con los Frigimons y Mojyamons de la Tierras Heladas.

Ahora están planeando echarle un vistazo a la Aldea de los Juguetes y al Templo del Dispositivo Sagrado en el Bosque Amida, pero por el momento se concentran en su más acuciante objetivo, la Aldea Biyomon.

Tras una razonable caminata a través del desierto, Yami y BlackGatomon por fin atisban el oasis en el que está situada la pequeña aldea, pero algo parece ir mal, desde lejos parece que la aldea haya perdido brillo, como si hubiese sido atacada y arrasada por alguien o algo.

Ante esta inquietante sospecha, el Elegido y su digimon echan a correr hacia el oasis. Cuando por fin llegan, constatan que, en efecto, la Aldea Biyomon está devastada. La mayoría de las casas están destruidas o sufren graves desperfectos e, incluso, algunas continúan ardiendo o parecen a punto de venirse abajo. Sin embargo, lo peor de todo no es el estado de las casas, varios Biyomons yacen en el suelo aparentemente muertos aunque algunos se mueven o tiemblan ligeramente. Los Biyomons que no están heridos o muertos, se dedican tanto a asistir a los que lo necesitan como a acumular pequeños montículos de tierra para formar unas tumbas con las que recordar y homenajear a los caídos. Yami nunca se ha sentido tan triste desde que había pisado aquel mundo, y pensar que hay por ahí algún digimon capaz de hacer esto le hace hervir la sangre.

-¿Qué os ha pasado? ¿Quién ha hecho esto?- Yami se arrodilla frente a una Biyomon herida y la coge en brazos mientras le pregunta suavemente lo que necesita saber. Por otro lado, BlackGatomon decide hablar con aquellos que están preparando las tumbas.

-Aquel humano… fue él… quien nos atacó.- La Biyomon apenas puede respirar y Yami sabe que es imposible que se salve, intenta dejarla descansar, pero ella insiste en transmitirle lo sucedido. -Ha raptado… a los Yokomons, dijo que quería… experimentar con ellos.- Finalmente la Biyomon se desmaya y se desintegra en los brazos de Yami convirtiéndose en mero polvo de datos llevados por el viento. El niño, que ha aprendido a apreciar la vida de todos los digimons que habitan este mundo, no puede contener un llanto triste y silencioso por la muerte que acaba de presenciar. Sin embargo, otro Biyomon, aparentemente ileso, se le acerca e intenta consolarlo.

-No te preocupes, ella regresará a la Ciudad del Comienzo y volverá con nosotros.- Aquel Biyomon intenta mantener un tono sereno, pero Yami se da cuenta de que una lágrima se desliza por su cara cubierta de plumas.

-¿Quién ha sido? ¿Quién ha hecho esto?- La voz de Yami se ha llenado de rabia y deseos de hacerle pagar a aquel humano por todo lo que había hecho.

-Dijo que era el futuro emperador de este mundo, Digimon Emperador.- Aquel Biyomon puede ver la ira y la determinación en los ojos de Yami, una determinación que es imposible aplacar, así que decide concederle a aquel niño que conoce de haber hablado con él en otras ocasiones, lo que busca. -Cuando se marchó, se dirigía a la Ciudad Factorial, capital del Imperio Mecánico.- Yami simplemente asiente y se dirige hacia BlackGatomon.

-BlackGatomon, partimos para Ciudad Factorial.- La corta petición de Yami es suficiente para que BlackGatomon, que también ha hablado de aquel Digimon Emperador con los Biyomons, entienda perfectamente las intenciones de Yami. Así que, tras ayudar un poco a los Biyomons, mostrar sus respetos por aquellos que habían muerto y despedirse de ellos dejándolos en el mejor estado que cabría esperar tras la devastación de su aldea, Yami y BlackGatomon parten por fin hacia la Ciudad Factorial. Su objetivo está claro, darle una lección al autoproclamado Digimon Emperador, pero los Biyomons les habían contado que iba acompañado de un Ogremon y un Wormmon así que no va a ser coser y cantar.

Mientras caminan por el desierto, los errores cometidos por las prisas se hacen evidentes en la falta de agua ya que, incluso en Noviembre, aquel desierto sigue siendo extremadamente caluroso y seco. El sol, que brilla intensamente en el cielo azul celeste, extrae cada pizca de energía, cada gota de agua, de Yami y BlackGatomon, convirtiendo aquel inmenso arenal en una trampa mortal. Afortunadamente para ellos, la Ciudad Factorial no está muy lejos de la Aldea Biyomon y el Elegido y su digimon consiguen llegar allí antes de deshidratarse.

Cuando al fin divisan la entrada a la enorme cúpula que rodea a la ciudad, todo parece intacto y seguro hasta que se acercan un poco más.

Cuando llegan a la entrada se percatan de la falta de Guardromons vigilando la entrada y protegiéndola de intrusos. Yami recuerda perfectamente los problemas que tuvieron BlackGatomon y él la primera vez que visitaron esta ciudad y la total falta de medidas de seguridad le hace temerse lo peor, algo en lo que, aparentemente, BlackGatomon coincide plenamente.

-Esto no me gusta, Yami, si ese humano ha podido derrotar a los Guardromons y entrar en la ciudad…- BlackGatomon, preocupado, se pregunta cómo diantres habían podido un Ogremon y un Wormmon derrotar al sistema de seguridad más eficaz e implacable de la Isla File y, posiblemente, de todo el Mundo Digital, un sistema que había sido diseñado e instalado por el propio Machinedramon, el digimon androide más perfecto e infalible que jamás hubiera existido…

-Bah, no te preocupes, alguien lo suficientemente estúpido como para hacerse llamar Digimon Emperador no puede ser una gran amenaza.- Aunque Yami trata de tranquilizar a BlackGatomon, él mismo está muy inseguro de lo que acaba de decir. Pese a todo, entran en la ciudad sin demora y comprueban que todo parece normal y tranquilo. Si Digimon Emperador había entrado en la ciudad, debía de haber encontrado la forma de eludir los sistemas de vigilancia y seguridad, eso teniendo en cuenta que se hubiera colado, algo que Yami empieza a dudar al ver el estado en el que se encontraba el lugar.

Como siempre, el primer lugar al que se dirigen, al entrar en la Ciudad Factorial, es la oficina de Andromon, desde donde controla los sistemas de seguridad y producción. Los digimons que se van encontrando por el camino les saludan alegremente como siempre han hecho desde que conocieron a Yami y BlackGatomon. Por fin, cuando llegan a la oficina de Andromon, hallan a éste sentado en su silla, vigilando cada detalle y suceso que muestran las pantallas.

-Ejem, Andromon…- Yami carraspea ligeramente para llamar su atención. Ante la presencia del niño y su digimon, Andromon se pone rápidamente en pie, pero no está sorprendido por su llegada pues ya los había visto por las cámaras de seguridad.

-Yami, BlackGatomon… es un placer volver a veros, ¿necesitáis algo?- La voz mecánica de Andromon suena amable al formular la pregunta.

-La Aldea Biyomon ha sido atacada por un humano llamado Digimon Emperador y nos han contado que se dirigía hacia aquí.- Yami va directo al grano, no tiene tiempo para más explicaciones porque quiere encontrar a ese humano lo antes posible para darle una lección.

-No lo creo, no he visto a ningún humano aparte de ti en mis cámaras.- Ante la mirada implorante de Yami, Andromon decide comprobar si está equivocado. -No obstante, es posible que haya pasado algo por alto.- Entonces despliega varios cables de su cuerpo y los conecta al superordenador encargado de controlar los sistemas de la ciudad y que graba todo lo que sucede dentro de la cúpula que la cubre. Tras una corta espera, Andromon recoge sus cables y se gira para mirar a Yami y BlackGatomon.

-Tenías razón, algo… extraño pasó dos horas antes de que tú llegaras, no he visto a ningún humano pero las grabaciones saltan y se cortan ligeramente, tan ligeramente que no me he dado cuenta hasta ahora. Alguien ha hackeado mi sistema de seguridad…- Andromon es incapaz de asimilar semejante hecho, por eso está perplejo ante la mera idea de que alguien haya sido capaz de burlar todos sus programas de seguridad, todas su barreras y comprobaciones, y haya podido manipular su preciado superordenador, es como una dolorosísima puñalada en su orgullo. Y lo peor de todo aún está por llegar, porque es evidente lo que un intruso tan inteligente podría estar buscando en sus sistemas. Tras algunas comprobaciones más, los más terribles temores de Andromon se confirman. -Ha copiado el Sistema Operativo y el Software de Seguridad, Control y Producción de Energía instalados en el superordenador. Ha copiado el mejor sistema informático de todo el Mundo Digital…- Andromon parece a punto de caer desmayado pero ni Yami ni BlackGatomon entienden del todo lo que aquello significa.

-¿Es muy grave?- La pregunta de BlackGatomon es como una ofensa para Andromon, grave es quedarse corto.

-¿Grave? ¡¿Grave?! ¡Es mucho peor que grave! El potencial de este software es casi ilimitado, si ha logrado burlar mis medidas de seguridad, estoy completamente seguro de que sabrá cómo usarlo. Y vosotros me acabáis de contar que ha dejado la Aldea Biyomon prácticamente destruida. ¡¿No os imagináis lo que alguien como él podría hacer con semejante poder?!- Andromon respira aceleradamente, está realmente asustado, si tiene razón…

Sin embargo, todo aquello le ha dado una idea descabellada a Yami.

-Andromon, tengo que pedirte una cosa.- La increíble idea de Yami resuena con intensidad en su cabeza. Si al fuego se le combate con fuego, a un genio de los ordenadores se le combate con… -¿Me enseñarías todo lo que sabes de ordenadores?- Bueno, Digimon Emperador no es la única razón para pedirle semejante favor a Andromon, Yami también quiere cumplir su más anhelado sueño, un sueño que ya tenía desde muy pequeño. -Para luchar contra ese tipo, tengo que entender cómo piensa y lo que hace.- Yami utiliza su tono más inocente e implorante, un tono irresistible, pero que no parece terminar de convencer a Andromon que permanece en silencio y pensativo. Tras unos instantes de incertidumbre para Yami en los que ninguno de los tres abre la boca, Andromon responde por fin.

-Bueno… podríamos intentarlo.- Pese a su aceptación, Andromon parece un poco resignado. -Pero necesito que vivas aquí, en la Ciudad Factorial, y que trabajes muy duro. Te enseñaré solo las bases de esto, el resto tendrás que hacerlo por tu cuenta.- Andromon adopta un tono muy serio de advertencia, si va a compartir sus conocimientos, solo los compartirá con alguien trabajador y en quien se pueda confiar.

-Vale.- El entusiasmo embarga a Yami al aceptar las condiciones del acuerdo y estrecharle la mano a Andromon.

-Empezaremos mañana a las 06:00, aquí, en mi oficina.- La voz de Andromon se torna en más estricta mientras habla por el micrófono de su mesa. -Hagurumon A-7, acude a mi oficina tan pronto sea posible.- Unos segundos después de que la orden resuene en la megafonía de la ciudad, un Hagurumon entra de forma apresurada en la oficina.

-¿Qué desea, jefe?- El Hagurumon se presenta muy serio y Yami y BlackGatomon tienen que reprimir una sonrisa al oír la forma en que trata a Andromon.

-Conduce a Yami y BlackGatomon a la sala 16 en el sector A, a partir de ahora, esa será su habitación.- La orden de Andromon pilla un poco por sorpresa a Yami, pues éste aún quiere investigar a Digimon Emperador.

-Andromon, tan solo dinos dónde está la habitación, aún tengo que volver al Monte Mugen a comprobar una cosa.- La petición de Yami, aunque no le gusta, es bien recibida por Andromon.

-De acuerdo entonces, la sala 16-A es, desde mi oficina, la cuarta puerta hacia la derecha.- Tras la breve instrucción, Yami y BlackGatomon se despiden de Andromon y dejan la Ciudad Factorial atrás, poniendo rumbo al Monte Mugen.


-¡Vaya! No sabía que Ken hubiese copiado los sistemas de Andromon.- T.K., muy sorprendido, no es capaz de evitar interrumpir a Kari, al parecer Yami no es el único que no habla sobre su pasado, quién sabe que más cosas podría haber ocultado Ken.

-Ajá. Pero eso no es todo, esto que te acabo de contar, es el origen de las habilidades de Yami con la informática, tal y como Andromon le prometió, le enseñó a Yami las bases de lo que él sabía, pero claro, siendo un androide, lo que el llamaba bases, para nosotros, los humanos, suponían grandes conocimientos. Aunque dado que la mente de Andromon es perfectamente lógica y sencilla, que no simple, resultó ser un gran maestro, capaz de enseñar y explicar de forma clara y concisa casi cualquier cosa. Tras todas esas clases, Yami fue capaz de entender, no solo como funcionan los ordenadores y los programas informáticos, sino que también empezó a entender el Mundo Digital en sí mismo.- Kari no hace ningún esfuerzo por contener la excitación que la embarga, siempre le había parecido alucinante que Yami, Izzy y Henry supiesen tanto acerca del Mundo Digital y los digimons y le encantaba escucharles explicar, con tono entusiasta, los secretos que para los demás parecían tremendamente incomprensibles.

T.K. contempla el ensimismamiento de Kari sin interrumpirla durante un rato, pero enseguida le pide que continúe la historia. -Venga, Kari, continúa.- Aunque el tono de T.K. es amable, no puede ocultar sus deseos de seguir escuchando y la impaciencia que le posee.


Mientras recorren la distancia que separa la Ciudad Factorial de su cabaña a los pies del Monte Mugen, Yami y BlackGatomon ven varios artefactos parecidos a anillos negros volando en todas direcciones, procedentes de la cima del Monte Mugen. Ante este inquietante hecho, deciden acelerar el paso para llegar lo antes posible a su destino.

-¿Qué crees que serán esas cosas?- Yami le pregunta a BlackGatomon en tono preocupado, todavía mirando al cielo.

-No tengo ni idea, pero seguro que nada bueno.- Por fin, BlackGatomon y su compañero han llegado a la cabaña, aunque Yami entra corriendo, solo regresa con las dos piedras negras que BlackGatomon le había entregado durante su primer día en aquel mundo.

-¿Eso es todo? ¿Qué quieres hacer ahora? No hemos venido sólo para recoger eso, ¿verdad?- Las sospechas de BlackGatomon no eran infundadas, tan pronto salió de la cabaña, Yami le ha dado la espalda a su compañero para mirar hacia la cima del monte que se alza allí mismo, un monte que ahora era su principal objetivo.

-Vamos a escalar el Monte Mugen, BlackGatomon. Antes, estaba seguro que desde su cima podríamos encontrar el rastro de destrucción que Digimon Emperador fuera dejando tras de sí. Pero ahora lo que más me intriga es el origen de esa especie de anillos negros.- Una ligera sonrisa tranquilizadora se dibuja en el rostro de Yami mientras mira a BlackGatomon como invitándole a seguirle.

Una vez dejan las cercanías de la cabaña y comienzan el ascenso por las empinadas cuestas que rodean la montaña y llegan hasta la cumbre, todo parece más sencillo. Esto es agotador, sí, pero al menos no están totalmente expuestos a un sol abrasador como en el desierto. Mientras ascienden, BlackGatomon comprueba la posición del sol, y, teniendo en cuenta el tamaño de las sombras que proyectan él y Yami, deduce que no es mucho más tarde del mediodía, pese a todo, sabe que deben darse prisa si quieren estar de vuelta en la Ciudad Factorial antes de la puesta de sol. De repente, mientras está perdido en sus pensamientos, BlackGatomon choca con Yami, que se había parado y está mirando fijamente a algo, y casi se cae de espaldas.

Yami, demasiado concentrado en el digimon que le bloquea el camino, ni siquiera se da cuenta de que BlackGatomon acaba de chocar contra él. Después de todo, cómo prestar atención a cualquier otra cosa que no sea el león bípedo que tiene delante y que lleva unos pantalones de combate negros y empuña una espada enorme y ancha. Su piel naranja está cubierta por numerosas cicatrices, probablemente cada una tenga su propia historia acerca de una increíble y fiera batalla contra un enemigo poderoso y salvaje, esas cicatrices, su musculado cuerpo de culturista, la larga melena rubia, la mirada de determinación y justicia que destella en sus ojos azules y la espada que está usando para bloquearles el camino a Yami y BlackGatomon, le convierten en el digimon más impresionante que Yami jamás hubiera visto, no tiene la apariencia aterradora de Dragomon u Okuwamon, pero el aura de nobleza que emana de él consigue que Yami sienta una profunda admiración por él al instante.

-Detente humano y dime qué has venido a hacer aquí.- El digimon con apariencia de león habla con una voz profunda y autoritaria que realza aún más su impresionante presencia. Algo ante lo que Yami es incapaz de reaccionar debido a que sigue anonadado por semejante digimon.

-Eres un Leomon, ¿verdad?- BlackGatomon también parece bastante impresionado cuando le pregunta al extraño por su identidad. -Tengo entendido que sois nobles, valientes y, por encima de todo, buenos y amables.- Aunque BlackGatomon está alucinado, no lo está tanto como Yami que, pese a todo, recobra por fin el don del habla.

-Me llamo Kurayami Kimura pero prefiero que me llamen simplemente Yami.- Yami se presenta de una manera un tanto torpe, pero Leomon no baja la guardia.

-Bien Kurayami Kimura, ¿por qué estás aquí?- Leomon sigue usando ese tono autoritario, dejando claro que todavía no se fía de ellos. -¿Y por qué viajas junto a un digimon oscuro y del tipo Virus?- Esta vez la desconfianza de Leomon se hace más patente que nunca y a BlackGatomon no le gusta nada cómo se refiere Leomon a él.

-¡Oye, no hables de mí como si fuese malo!- BlackGatomon está muy indignado, no se puede creer como lo trata Leomon, que se supone que es noble con todos por igual.

-Cálmate BlackGatomon.- Yami trata de poner paz con un tono suave, casi un susurro, para tranquilizar a su compañero. En cuanto lo consigue, vuelve a mirar a Leomon. -Él es mi amigo y hemos venido hasta aquí para descubrir qué son esos anillos negros que han salido de la cima de esta montaña.- Yami mantiene la vista fija en los ojos de Leomon y éste permanece en silencio, escrutando el rostro de Yami, tratando de descubrir cualquier signo de mentira y sopesando lo que aquel niño acaba de decir. Si de verdad es sincero, cosa que parece ser, él y el chico comparten una misma meta pero sigue sin confiar en BlackGatomon… Finalmente, Leomon baja su espada y la envaina.

-No veo la mentira ni la maldad en tus ojos… Yami. Estoy aquí por la misma razón que tú, así que, si no te importa, me gustaría acompañaros hasta la cima.- El tono de Leomon deja por fin de ser autoritario para ser más amable y amistoso. -Además, también puedo protegeros…- Añade mirando a BlackGatomon, obviamente porque lo subestima y desconfía de él.

Por otra parte, BlackGatomon, que está cada vez más enfadado por las sospechas y la prepotencia de Leomon, entrecierra los ojos y frunce el ceño en señal de disconformidad, pero le deja a Yami la decisión final sobre qué hacer.

-De acuerdo, vayamos juntos.- Ante la respuesta de Yami, BlackGatomon bufa silenciosamente, tras la primera impresión de asombro, se ha dado cuenta de que detesta la actitud de Leomon. Sin embargo, cuando los otros dos se ponen a caminar, BlackGatomon los sigue de cerca, todavía molesto.

-¿Posees un Dispositivo Digital?- La directa pregunta de Leomon sorprende muchísimo a Yami, que no sabe que decir. Dragomon le había dicho que no le contara a nadie quién era, pero la pregunta de Leomon es tan específica que una idea absurda le viene a la mente.

(Puede que conozca a los otros Elegidos… ¿Cómo si no podría saber lo que es un Dispositivo Digital? Y, si conoce a los Elegidos, ¿cuánto sabrá acerca de ellos? Solo sé que debo confiar en Dragomon y, considerando como Leomon trata a BlackGatomon, creo que no le gustará saber que está ayudando al Elegido de la Oscuridad.)

-¿Qué es un Dispositivo Digital?- Yami pregunta fingiendo curiosidad e ingenuidad lo mejor que puede. La mirada de Leomon, penetrante, como si le estuviera leyendo la mente, hace que un escalofrío recorra la espalda de Yami.

-Nada importante, solo creí que eras un Elegido, después de todo, tienes un compañero digimon…- La respuesta de Leomon denota que no sospecha que Yami le esté ocultando nada así que el chico se arriesga un poco más.

-¿Qué es un Elegido?- Como tirando de un hilo, Yami formula una pregunta totalmente comprensible, esperando poder sonsacarle algo de información a Leomon.

-Los Elegidos son humanos que vienen a este mundo para salvarlo de las fuerzas de la Oscuridad junto a sus compañeros digimons. Como todos los Elegidos que conozco son niños, pensé que tú…- Leomon vuelve la mirada al frente y se queda ausente durante el resto del viaje, por el momento Yami decide no seguir preguntando.

Tras un rato callados, están a punto de llegar a la cima, y Yami considera que no resultaría sospechoso seguir preguntando sobre aquellos niños.

-Leomon…- El aludido gira la cabeza y vuelve a mirar a Yami. -¿Significa eso que hay otros niños en este lugar?- Realmente Yami parece tener una habilidad innata para sonsacar información sin parecer sospechoso ni un metomentodo. Cómo mide las palabras, cómo ralentiza su pregunta para parecer desorientado, realmente es muy bueno.

-No, los Niños Elegidos dejaron este mundo hace dos años, tras derrotar a los Amos Oscuros y a Apocalymon.- El orgullo de Leomon tiñe cada una de sus palabras y demuestra el respeto que siente hacia los niños que habían salvado su mundo. Sin embargo, BlackGatomon tose, como atragantado por la sorpresa, ante la declaración de Leomon.

-¡¿Que hicieron qué?!- El compañero de Yami abre mucho los ojos, impresionado. -No sé quién es Apocalymon, pero los Amos Oscuros son, bueno, eran unos digimons especialmente poderosos y duros de pelar… quiero decir, MetalSeadramon, Puppetmon, Machinedramon y Piedmon no eran precisamente digimons a los que uno pudiera contradecir y vivir para contarlo.- El incontenible asombro de BlackGatomon parece satisfacer a Leomon que, por primera vez, deja de mirarlo con desconfianza.

-Si, tienes toda la razón, los Amos Oscuros eran temibles, pero aquellos niños eran muy poderosos, y no solo eso, eran tan valientes y la amistad que les unía era tan fuerte que se protegían mutuamente hasta en los momentos más difíciles aunque tuviesen que arriesgar sus vidas para ayudarse entre ellos. Eran, y son, unos niños realmente admirables.-

Yami decide terminar aquí su pequeño interrogatorio, al fin y al cabo, si aquellos niños eran tan increíbles y habían derrotado a unos tipos tan poderosos, seguro que Andromon podría explicarle más cosas sobre ellos.

Durante su charla, Yami y los digimons habían alcanzado por fin la cumbre del Monte Mugen y allí, en el centro, el humano, un niño, que se supone que es Digimon Emperador, está de pie dándoles la espalda. A su lado, un pequeño Wormmon y un Ogremon con un anillo negro en el brazo, parecen estar escuchando lo que aquel chico tiene que decir. Y en frente de ellos, erigiéndose y elevándose varios metros hacia el cielo, un gran obelisco negro emite una oscuridad que a Yami le resulta extrañamente familiar.

-Bien, ahora que mis Anillos Malignos se esparcen por toda la Isla File, los digimons pronto obedecerán mis órdenes.- El Emperador ríe silenciosamente, disfrutando de lo que el cree que es una gran victoria.

-¡Tú! ¡¿Qué crees que estás haciendo?!- Leomon, enfadado, ha dado un paso al frente. Tal y como Yami había supuesto antes, es incapaz de tolerar ninguna injusticia.

Digimon Emperador se da rápidamente la vuelta y sus digimons le imitan, el Wormmon parece tener remordimientos, como si no aprobase la actitud de aquel niño, mientras que Ogremon parece totalmente ausente, sus ojos son de un color rojo brillante y Yami sospecha enseguida que le han lavado el cerebro o algo parecido.

Lo primero que piensa Yami cuando ve a Digimon Emperador es que viste como uno de esos supervillanos de cómic, su pelo, azul oscuro, está totalmente alborotado pero de punta, tapándole los ojos lleva unas gafas de montura dorada y cristales morados y la expresión de su rostro está llena de desdén y un gran sentimiento de superioridad. Unas hombreras doradas y rígidas, como de metal, sujetan una capa bífida como la lengua de una serpiente, azul y con bordes dorados. El resto de sus ropas, tan extravagantes como su peinado, gafas o capa, son de color azul y blanco con algunas rayas negras en la pechera y los muslos, y lleva, además, unas muñequeras y tobilleras de metal y unos guantes y botas completamente negros.

-¡Jajaja! ¿Cómo te atreves a dirigirme la palabra, a mí, el más impresionante e inteligente ser de ambos Mundos?- Digimon Emperador usa un tono despreocupado pero a la vez tremendamente vanidoso, sin embargo, su mirada y expresión se endurecen al fijarse en Yami.

-¿Qué pasa? ¿Te molesto?- Yami pregunta de manera desafiante con los ojos entrecerrados, intentando digerir el exceso de vanidad que desprende Digimon Emperador.

-¿Cómo tú, un niño vulgar, has llegado hasta aquí, al Mundo Digital, un mundo creado para que yo, Digimon Emperador, lo controle y cuyo único objetivo es ser mi propio parque de recreo?- Ahora el Emperador parece realmente molesto, y eso agrada sobremanera a Yami que ya empieza a estar harto de tanta egolatría.

-¡Oh! Lo siento, Don Especial. Creí que este mundo no pertenecía a nadie en particular, disculpe mi necedad.- El sarcasmo con el que Yami impregna cada una de sus palabras y el temple y la osadía con los que las pronuncia hacen que BlackGatomon ría divertido.

-Tsk, ¡Ogremon, encárgate de ellos!- Ogremon lanza inmediatamente su ataque, siguiendo las órdenes de aquel niño insoportable, no obstante, Leomon está de sobra preparado para detener su golpe con un simple balanceo de su espada.

-Dejádmelo a mí y luchad contra el Emperador.- La petición de Leomon, aunque no imperativa, vuelve a tener ese tono autoritario de antes. Y el hecho de que ya está dándolo todo para atacar a Ogremon mientras esquiva sus ataques, persuade a Yami y BlackGatomon de obedecer.

-BlackGatomon, encárgate del Wormmon mientras yo me encaro con éste idiota.- Yami se aproxima al Emperador y, aunque Wormmon trata de detenerlo, BlackGatomon lo deja K.O. con solo golpearle una vez con sus garras. Pero aquel débil digimon no es el último recurso de aquel detestable chico, sin demora, agarra un látigo que llevaba sujeto al cinturón y golpea a Yami con él.

-¡Au!- Yami recibe el golpe directamente en la sien y trastabilla un poco, sin llegar a caerse, permaneciendo impasible ante Digimon Emperador. Sin embargo, mientras su odio y su rabia aumentan, su Dispositivo, sujeto a su cinturón, comenzaba a brillar con fuerza, emitiendo una luz negra mate que parece absorber los colores de lo que tiene más próximo.

-¡¿Qué?!- Digimon Emperador se fija por fin en el Dispositivo de Yami y parece indignado, enrabietado y muy molesto. -¿Cómo puedes tener…?- Sin previo aviso, agarra algo de su cinturón y se lo enseña a Yami, un Dispositivo Digital.

-¡Un Dispositivo Digital! ¡Y muy similar al mío, además!- Yami está francamente sorprendido. Aquel Dispositivo es tan similar que solo se diferencia en que, mientras que el de Yami es negro con los costados blancos, el de Digimon Emperador es gris oscuro con los costados negros. -¡Eres un Niño Elegido!- Yami está confuso, BlackGatomon está confuso y Leomon estaría también confuso de no ser porque está demasiado ocupado peleando contra Ogremon. De repente, el Dispositivo de Yami brilla con más fuerza y hace algo realmente extraño, emite un destello oscuro que ilumina a todos los presentes y Ogremon deja de moverse al mismo tiempo que el Anillo Maligno de su brazo se rompe en pedazos.

-¡¿Qué has hecho?!- Cada vez más molesto y sorprendido, Digimon Emperador parece un niño pequeño sufriendo una repentina pataleta. -¡¿Cómo has destruido mi Anillo Maligno?! ¡¿Cómo has anulado el efecto de mi Dispositivo y de la Torre de Oscuridad?!- El niño está completamente fuera de sí. Mientras tanto, Ogremon, ya libre del control del Emperador, ha escapado tras recordarle a Leomon que la próxima vez acabaría con él. Por otra parte, Leomon había caminado hasta colocarse al lado de Yami con los brazos cruzados. A la vista de que está solo frente a Yami, Leomon y BlackGatomon, Digimon Emperador patea a Wormmon para despertarlo y huyen los dos sin pensárselo dos veces.

Tras un incómodo silencio, Leomon decide hablar seriamente con Yami.

-Me mentiste, dijiste que no sabías lo que era un Dispositivo Digital y tienes uno, dijiste que no sabías lo que eran los Niños Elegido y, de hecho, eres uno de ellos…- Leomon parece muy decepcionado y entristecido.

-Tienes que entenderme Leomon. No podía decirte la verdad porque… porque…- Por un momento, Yami duda si contárselo o no, si puede confiar en Leomon. Entonces suspira profundamente y continúa. -Soy el Elegido de la Oscuridad y BlackGatomon es mi compañero digimon.- El Dispositivo de Yami vuelve a brillar cuando le cuenta la verdad a Leomon.

-El Elegido de la Oscuridad… Dos conceptos aparentemente opuestos unidos en un humano… Qué paradójico…- Leomon parece pensativo, es obvio que desconfía de todo aquello relacionado con la Oscuridad pero acaba de ver a Yami defendiendo el Mundo Digital y demostrando que es merecedor de su respeto. -Yami, siempre he creído que un hombre debe ser juzgado por sus actos, y el respeto que has mostrado por este mundo y la tenacidad con la que te has mantenido en pie dicen mucho de ti y también de tu compañero. No me importa que portes la Oscuridad en tu interior.- La seriedad de Leomon, más debida a la solemnidad que pretende infundir en sus palabras que a un posible enfado, no evita que BlackGatomon y Yami sonrían aliviados.

-Quizá debamos destruir esta… Torre de Oscuridad, como la ha llamado ese chico.- Entonces blande su filo frente a la torre y lo clava con una estocada seca y fuerte en ella, produciendo una gran grieta que hace chisporrotear la negra superficie de aquel obelisco. -¡Puño Real!- Con un poderoso puñetazo, Leomon parte la Torre de Oscuridad en dos y ésta se desintegra en polvo de datos.

-¡Guau! Oye Leomon, ¿te importaría acompañarnos a la Ciudad Factorial? Me preguntaba si por el camino podrías contarme algo más sobre los demás Niños Elegidos.- Tras esto, Yami, BlackGatomon y su nuevo amigo, Leomon, caminan juntos bajando el Monte Mugen, hacia la ciudad gobernada por Andromon.


-Durante el viaje de regreso, Leomon le habló a Yami sobre siete Niños Elegidos, por supuesto, no podía decirle nada de mí porque no nos habíamos conocido dos años atrás- Kari, a punto de terminar el relato de hoy, parece satisfecha de la manera en que le ha expresado los distintos hechos a T.K. -Así que, al final del día, Yami ya sabía que Tai, Matt, Sora, Izzy, Mimi, Joe y tú, T.K., erais siete de los nueve Niños Elegidos restantes y que vuestros compañeros eran, respectivamente, Agumon, Gabumon, Biyomon, Tentomon, Palmon, Gomamon y Patamon.- Kari sonríe ante la cara de ligero aturdimiento de T.K., parece estar tratando de organizar todo el relato en su cabeza.

-O sea que, para resumir, el D3 de Yami tenía el poder de bloquear y anular la influencia del D3 de Ken, de las Torres Oscuras y de los Anillos Malignos. Y él… él… ¿nos investigó? ¿Ya sabía quienes éramos la primera vez que nos vio?- T.K. parece un poco indignado pero también divertido ante la constatación de que la desconfianza, a veces muy molesta, de Yami, le venía ya de su niñez.

-Más o menos, te enterarás mejor en próximas sesiones. Ahora, necesito pedirte una última cosa: Por favor, no prejuzgues a Yami, Dragomon le había pedido que no confiase en nadie, la mayoría de los digimons odiaban la Oscuridad y, por si esto fuera poco, todo lo que sabía de nosotros era que habíamos sido capaces de derrotar a algunos de los digimons más poderosos del Mundo Digital y que habíamos luchado a muerte contra la Oscuridad y que, probablemente, la odiábamos. Él nunca lo ha admitido, pero creo que al principio le inspirábamos un poco de miedo.- Kari ha adoptado un tono muy serio, porque, de hecho, esa última sospecha de Yami, la primera idea que se había hecho de los que se suponía que iban a ser sus compañeros, había sido totalmente cierta. Por aquel entonces, ellos odiaban la Oscuridad, la temían y la repudiaban.