Holi~ Holi~


Los dos meses habían pasado, pero el prometido de Alice no regresaba aún, era una desdicha para ella ya que se la había pasado todo ese día encerrada por orden de su madre para así esperarle llegar, sin embargo, las horas habían pasado y nunca hubo señal de aquella persona. Era horrible saber que había sirvientes rondando para vigilar que no saliera de aquel horrible lugar.

-Me pregunto… ¿Qué se sentiría no sentir dolor al ser atravesado por un cuchillo?-Se preguntó a sí misma, manteniendo un semblante un poco inexpresivo, era uno de esos momentos de soledad en los que se preguntaba cosas sin mucho sentido, cosas que solo la soledad y ella conocían bien.

Se paseaba de un lado para otro en su habitación mientras miraba hacia uno de sus armarios, estaba abierto y en él se veía aquel bello vestido de novia antes perteneciente a su madre, ese vestido era el que tendría que usar pronto para su detestable boda… No sería tan fatídico si tuviera que usarlo para casarse con alguien más.

La noche estaba haciéndose presente cada vez más, junto con el frío característico. Suspiraba mientras continuaba caminando descalza, los huesos de sus tobillos ya comenzaban a dolerle a causa de esto. Sentía que pronto no podría continuar caminando, pero no le importaba y simplemente se dirigió a su balcón, abriendo las puertas, despacio, a la par y así asomándose hasta la baranda.

-Qué triste día-Dijo para sí, acercándose a la baranda del balcón y una vez cerca de ahí, diviso algo… Algo que la hizo gritar ahogadamente.

V

La mañana había llegado para Victoria, el sol estaba saliendo pero ella ya había estado despierta desde antes, un horrible dolor proveniente de su pecho no la había dejado dormir del todo, sus pensamientos habían estado toda la noche la noche en su contra, atormentándola una y otra vez toda la noche.

Los ya dichos y bien marcados dos meses habían pasado y hoy finalmente era el primer día de ensayo de boda de su tan preciada amiga, realmente era horrible el solo pensar en tener que ir a observar aquello, pero no podía dejarla sola… y lo peor de todo esto, era que Edward le había pedido ser la madrina, sentía que casi le restregaba su boda con ella, e incapaz de hacer nada, cegada por no poder negarse por ella, no le quedó más remedio que aceptar aquello.

Se arregló como cualquier otro día, peinando su cabello y amarrándolo con una cintilla, hoy había decidido ir vestida de negro por gusto y porque sentía algo estaba muerto en ella, y para darlo a lucir era una buena idea el usar un lindo vestido negro.

Bajó por las escaleras y pidió a una de las sirvientas que si su madre preguntaba en donde estaba que sencillamente le dijera la verdad, que estaba yendo al ensayo de la boda de la hija de Berzelius, que fuera en cuanto pudiera. Salió de casa y se dirigió con aires no muy animados hasta aquella capilla donde se daría el ensayo.

Lo pensaba mucho, pero al final terminó por cederse a sí misma a entrar, aún no había casi nadie, solo estaba el padre, ni siquiera había llegado el prometido, la familia de la novia ya estaba presente. Simplemente enarcaba una ceja de mala gana, era obvio que sus padres ya estarían presentes y sin su hija, poco les importaba, realmente, ellos habían llegado de un viaje esta mañana. Pero a su hija siempre le dejaban una lista de cosas que cumplir y todas supervisadas por alguna mujer de la servidumbre.

Paseaba el lugar por el tétrico lugar, observando las pinturas de los santos, simplemente pensando en que todos ellos eran sumamente crueles por no permitirle por mil razones estar con quien quisiera, por el dar a cada una un cruel destino con el cual tener que lidiar.

-Siempre que yo rezo mis oraciones no son escuchadas… Y esos murmullos vuelan como una cigarra…-Susurraba por lo bajo, manteniendo su mirada clavada en una de las estatuas de algún santo, perdida en sus pensamientos tan tristes de que todo esto era gracias que ante los ojos de dios eran mal vistas, como si estuvieran enfermas o fueran pecadoras.'

Fue sacada de prisa de sus pensamientos cuando escuchó las puertas ser abiertas de golpe, entonces dirigió su mirada hasta las puertas, ahí estaba Edward, jadeando y algo desesperado. Frunció el ceño malhumorada, esperando que era lo que había sucedido ahora con este bastardo maldito.

-Ha pasado una horrible tragedia-Anunció una vez que pudo tomar aliento, el nombre de su mejor amiga brotó de aquellos asquerosos labios y de inmediato quedo helada, con los ojos abierto a todo lo que estos se los permitían, pasó rápidamente hasta el frente. Pudo ver cómo sus progenitores pasaban, llegaban en un mal momento, en uno en el que ella ya no podía defender cualquier cosa referente a Alice porque sería mal vista.-Ha desaparecido, han robado todas las joyas, el dinero… ¡Todo!-Termino su anunció, estaba haciendo demasiada énfasis pero Victoria no iba a decir nada, más bien no podía, tenía un tremendo nudo hecho en la garganta que ni siquiera le dejaba tragar.

-¿Qué?-Brotó muy despacio de sus labios, dirigió su mirada hasta los padres de Alice y estos solo estaban alarmados por lo del dinero y las joyas, ¿Qué no les importaba su hija? ¿Les importaba más perder su estatus que todo esto?-No podremos celebrar una boda sin novia-Dijo ella casi con sorna, tratando de que sus pensamientos fueran los mejores, haciéndose creer a si misma que su amiga había escapado para evadir todo esto y pronto la vería a la hora de siempre, en el lugar de siempre, aunque no sabía que acababa de cometer un grave error.

-Eso es muy cierto, querida Victoria-Escuchó a su madre hablar, esto la congelo de sobremanera, ese tono en el que hablaba no le traía ningún buen presentimiento, su sangre estaba hirviendo lentamente, como si calentaran agua a fuego lento…-Querido Edward, ¿Aún estas interesado en casarte, aunque no fuera con la señorita Berzelius?-Inquirió hablando como toda una mujer de la alta sociedad, esas palabras no le traían buenos sentimientos.

-Por supuesto, a nadie le gustaría pasar solo su eternidad-Comentó con una sonrisa maliciosa, Victoria por supuesto se dio cuenta de ello, pero claro, ella había y ha estado toda su vida casi en la misma situación que su amiga, sin poder hacer nada por controlar su propia vida.

-Entonces, mi querida hija Victoria, estaría encantada de casarse contigo, ¿No es así, querida?-Ahora las palabras eran dirigidas a ella, la mencionada fruncía el ceño de sobremanera, se estaba volviendo loca de enojo, pero algo se rompió muy despacio en su interior, y su mirada se perdió, quedando calmada nuevamente.

-Si…-Musitó casi sin mover los labios, aun mirando a la nada.

Y así ella tuvo que ponerse de pie y vivir lo que tendría que haber vivido su amiga y ella presenciar, teniendo que estar como títere inexpresivo, asintiendo a cada cosa, a cada palabra sin querer escucharlo, pero con el paso de los minutos comenzó a relajarse, no porque le gustara, sino porque aun quería tener la esperanza de encontrarla, saber que estaba bien… Si había sido ella quien robo todo eso, que sería para que escaparan de una vez.

Al terminar de vivir aquel momento tan espantoso fue hasta su hogar. Había empezado a correr sin saber la razón concreta de porque lo hacía, pero simplemente quería hacerlo, y así fue hasta llegar a casa, apenas a unos metros de llegar, la puerta fue abierta por la sirvienta y así su maratón continuó hasta llegar a su habitación y cerrar la puerta de un portazo, cada vez se hartaba más de esta situación y se sentó en el banco cerca del piano para así comenzar a tocar una melodía… Los minutos iban pasando y aún nada, melodía tras melodía ella no regresaba, el sonar de las teclas era cada vez más lento, habían pasado un par de horas, su mirada estaba cansada, su espíritu desgastado y su corazón roto. Sentía que si hablaba, cualquier palabra que dijera, ella rompería a llorar y aun así se atrevió a hablar.

-¿Dónde estás?-Preguntó a la nada, derramando unas cuantas lágrimas directo a las teclas del piano, no podía evitarlo, estaba demasiado triste, era cierto, había desaparecido. Se levantó de golpe y corrió hasta su balcón, golpeándose contra la baranda al punto de casi caer, pero quería asomarse para ver si venía si había algo, algo.

-¡Las nueve!-Anunciaba a gritos aquel viejo hombre mientras tocaba aquella horrible campana-¡La hija de Berzelius ha desaparecido y la familia ha sufrido un robo en gran cantidad!-Continuaba gritando, la noticia ya era anunciada, no había nada más que pudiera hacer, todo estaba hecho y ya había aceptado casarse… Cada segundo era peor la situación.

-¿Cuántas veces tengo que soportar de nuevo todo este dolor? –Musitaba entrecortada, con sus hombros temblándole levemente gracias a unos odiosos sollozos que habían comenzado de la nada- Siempre la esperanza se convierte en desesperación…

Ya cansada de esto, se fue directo a la cama sin más, ni siquiera se cambió, removió las sabanas o algo, solo se tumbó ahí para quedarse dormida lo más pronto posible, el estar despierta era algo tormentoso ya que solo la hacía pensar y pensar, y odiaba ser torturada por su propio ser.


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