Capítulo 4: "Remordimiento"

No podía respirar, primero, la presión de su mano áspera y grande sobre su boca no ayudaba, pero más que nada, era el empuje que ejercía su cuerpo varonil sobre el suyo. Por primera vez en su vida percibía el contacto masculino de esa forma, se sentía tan débil tan... pequeña comparada con aquella mole de músculos... y tan... ultrajada...

Él vio las lágrimas asomarse en sus ojos y entonces se tranquilizó a medias, aflojó la presión de su mano sobre su boca y su rostro adoptó una actitud más compasiva. Notó entonces como ella temblaba e intentaba respirar con bocanadas de agitación, entonces bajó un segundo los ojos y notó el vaivén de su prominente busto, como si hubiera cometido un pecado muy grande retrocedió un paso y echó una maldición, volvió a mirar a la joven esta vez con seriedad, intentando controlar la cólera y rabia que tenía.

- Escuche... sólo necesito... – Dijo, recordando que no la conocía y que debía tratarla con más respeto-... saber qué esta pasando... voy a... sacar mi mano pero primero prométame que no gritará... sólo necesito saber... ¿entiende? Necesito saber de ella... prométame que se comportará... ¿lo hará?

La muchacha lo miraba con los ojos muy abiertos y a pesar de tenerlos rojos, inundados en lágrimas, ninguna cayó sobre sus mejillas. Finalmente asintió e Inuyasha apartó la mano lentamente, temeroso y ansioso por sus palabras.

Podría haberle engañado, ya que siempre le había inspirado algo de terror... pero no gritó. Había visto la desesperación en sus ojos, la piedad y la angustia por saber de su hermana... pobre hombre... y ella que pensaba que estaba todo olvidado... que nunca más lo volvería a ver...

- ¿Dónde esta Kikyou? Dígamelo por favor ¿ha sucedido algo? Le he escrito tanto y no responde... las ultimas cartas me llegaron de vuelta... dijeron que la dirección no existía ¿no esta en Italia? Por favor ¡dígame porque muero de desesperación!

La muchacha no entendía de qué le estaba hablando... lo miró confundida sin saber qué responderle, de pronto él apoyó una mano con rudeza sobre la pared, junto a su cabeza e inclinó el rostro para estar a su altura, Kagome volvió a respirar fuertemente... sentirse así con un hombre... ¿es que acaso él no sabía de las normas y conductas de la sociedad? No podía estar así a oscuras con ella y menos estar tan cerca suyo... apretó los labios sabiendo que las mejillas estaban muy enrojecidas, como nunca, y que su cuerpo de pronto parecía perder la fuerza... jadeó y se horrorizó de inmediato por ello, bajó la vista sin saber qué decir. Esto era... simplemente... más que atemorizante... escalofriantemente vergonzoso...

- Nnn... no sé... – Balbuceó al fin, mirando hacia abajo-... de qué habla...

- ¡¡Cómo que no!!- Masculló golpeando con su mano la pared, la muchacha pegó un brinco e Inuyasha se mordió el labio, conteniéndose. Se apartó finalmente intentando tranquilizarse. Respiró cada vez más pausado, sin apartar la vista de la joven. Luego cerró los ojos y volteó caminando como león enjaulado.- He estado preocupado... Kikyou me dijo que iría a Italia con una tía... mire, esta es la dirección...- Se acercó a ella otra vez con desesperación mostrando un arrugado trozo de papel-... ¿esta correcta? Tal vez... no sé...

Kagome, a pesar de su inquietud y miedo, miró otra vez el rostro de aquel hombre. Sintió un nudo en la garganta al verlo tan... desesperado... pero de pronto se dio cuenta de su mirada dorada clavada muy profundo en la suya, la joven respiró otra vez agitada. Aquella mirada tan demoníaca de nada ayudaba.

- Es... escuche... señor... es mejor... que vuelva a su casa... mi hermana... ella esta bien...- Sonrió, deseando que le hiciera caso-... en serio... ella esta muy bien...

Él se acercó a la muchacha y tomó de improvisto ambas manos, llevándoselas a la altura de la boca donde las besó dos veces, totalmente agradecido. Kagome casi se murió de la impresión.

- ¡Oh!... ¿en serio?... ¿lo promete?... ¿lo jura?- Preguntó ansioso.

La joven tragó con fuerza. Realmente ese hombre... la desconcertaba... su personalidad era tan... cambiante...

- Sss sii, señor... no hay razón... para preocuparse...

Inuyasha sonrió y se alejó nuevamente, caminó un par de pasos, se pasó una mano por el cabello que le caía sobre la frente. ¡Por todos los dioses! Y él que pensaba... se detuvo de súbito otra vez y la observó.

- ¿En donde esta?... ¿ya llegó? Pero la luz de su alcoba no ha sido encendida... ¿en donde esta?

Kagome tragó nuevamente aterrada y pálida. ¿Qué podía decirle?... ¿Qué Kikyou estaba con su esposo? Nooo, aunque eso le dejaría en claro el asunto con su hermana... no podía decirle eso ¿cómo iba a contrariarle a un pobre demente? Además... podría hacer un escándalo... pero tuvo piedad y pena por él... pobre hombre... enamorado así... ¿por qué Kikyou no le había aclarado el asunto? Tal vez se había comportado de forma muy amable con él y por eso ese pobre individuo se había... "ilusionado"... ¿y como había podido mentir así, dándole una dirección tan incorrecta? Reconocía la caligrafía de su hermana, era seguro que ella le había escrito esa dirección y había... tal vez dicho que se iba de viaje para que se olvidara de ella... torció la boca ¿cómo Kikyou había hecho eso?

Era una situación difícil... no podía decirle que su hermana estaba con su esposo... pobre hombre, con lo enamorado que estaba era capaz... de cualquier locura...

Su corazón le dolió al darse cuenta de aquel amor tan... pasional que ese hombre sentía. No pudo evitarlo, comparó al tímido y poco cariñoso Houjo con el loco y peligroso... desconocido... apartó de inmediato el pensamiento y lo miró entonces con seriedad. Jamás había mentido en su vida... ella había sido bien educada y las mentiras nunca habían salido de su boca. Pero esta vez... esta vez... por el bien de él... y el de su hermana... debía zanjar todo este asunto... esto era insano, no quería que alguien terminara muerto... ¡Dios!- Clamó mirando al cielo un segundo y con desesperación- ¡¡Perdóname!!

- Señor...- Gimió, con la voz muy débil y temblorosa-... mi hermana... ha enviado una carta de un lugar de Europa... no dice de qué parte en específico... Tragó fuertemente-... pero ella informa...- Apartó su mirada porque él de pronto fijó sus ojos en sus pupilas y eso pareció adentrarse en su corazón-... informa... que ha decidido... quedarse en un convento... para siempre...

De pronto el viento frío de finales de verano sopló, como presagio de su propia perdición. Tembló creyendo que se iba a ir al infierno por mentir de esa forma... pero era la única manera para que él se marchara y ya no cometiera una locura... lo creía tan capaz de todo...

Inuyasha la miró con la boca entreabierta, no podía creer lo que había escuchado, sintió como el pecho se oprimía, casi dejándolo sin aliento ¿su Kikyou en un convento?... ¿Su Kikyou alejada de él?... ¿Por qué?... ¿Qué había hecho mal?... ¿Qué había sucedido? No... no podía ser cierto... agudizó la vista en la chica que miraba el suelo y apretó los labios de rabia e indignación.

- Mentira...- Gruñó siniestro-... es... mentira...

- No... no lo es...- Respondió con voz temblorosa intentando no mirarlo a la cara-... no... fue... su decisión...

Él de pronto se acercó a ella y la tomó del hombro empujándola nuevamente contra la pared, fue tan fuerte el golpe que la muchacha gimió de dolor.

- ¡¡Mentira!!... ¡¡Es mentira!!... ¡¡¡¡¡¡Mentiraaaaa!!!!!!!!!!

La joven sollozó y sus piernas flaquearon cayendo de rodillas al suelo. Ella ocultó el rostro con ambas manos. Sentía tanta vergüenza de mentir así, de provocar aquel dolor en ese hombre y también de su brutalidad... lo escuchó respirar agitado, y luego un sollozo, pero no fue capaz de apartar las manos del rostro... no deseaba ver... no... ya se sentía demasiado mal como para ver su dolor... provocado por su culpa... ¡oh! Pero... era lo mejor... era lo mejor... pensó repetidas veces intentando convencerse de ello.

- Pero... ¿porqué?... íbamos... a casarnos... dijo que... me esperaría... yo ya... había logrado recuperar mi fortuna...- Murmuró como loco, a veces sonreía y otras veces parecía a punto de llorar-... ¿porqué me dejó?... tenía... todo listo... compré... cosas para... la casa...- De pronto volteó a la muchacha y se puso de rodillas, apartó las manos con rudeza de su rostro y sujetándole fuerte las muñecas, la zamarreó como hubiera deseado hacerlo con Kikyou.- ¡¡¡Porqué!!!... ¡¡Porqué me hace esto!!... ¡¡porqué!!... ¡¡Responda!!!

Kagome lo miró aterrada y llorosa, él la miró fijo, por un segundo creyó que podía verla a ella, a la mujer que lo había cuidado por semanas en aquellas bodegas abandonadas... y se acercó a su rostro deseando besarla, cuando vio que la joven lo miraba consternada y apartaba la cara, él volvió a la realidad, soltó sus manos y se levantó, maldiciendo su estado de completo descontrol. Volteó e intentó respirar pausadamente, luego fue consciente de los sollozos de la muchacha, tras suyo. Nuevamente volteó y se acercó, Kagome volvió a mirarlo aterrada pero se sorprendió cuando él tomó sus manos y la obligó a ponerse de pie. Aquel gesto... tan... atento, la hizo sentirse peor. Lo miró con atención, aun sollozando y deseó escapar. Aunque ese desconocido estaba loco... tampoco quería que cometiera una locura contra su hermana o contra él mismo, si descubría que Kikyou estaba casada... bien, no había tenido otra salida, había mentido por su bien... por el bien de todos.

- Perd... perdóneme...- Murmuró de pronto el hombre mirándola con pesar, olvidando su propia pena por la de ella, que lucía tan abatida. Había sido demasiado violento y se lo reprochaba.-... no... no pienso muy bien las cosas...- Esperó una respuesta, pero la chica no dijo nada, sólo se secó las lágrimas y se acomodó su desordenado flequillo.-... perdón... yo...- Volteó y caminó un par de pasos, luego se volvió y miró una vez más a la chica-... debo irme...- Masculló, apretando los puños de sus manos y alejándose de ella.

Kagome alzó el rostro y observó como él desaparecía en la oscuridad de la noche. Todo volvió a ser silencio y el viento sopló haciéndola estremecer de frío. Pero la muchacha tenía aun grabado en su memoria como se había puesto ese hombre... y mientras más lo veía y escuchaba hablar... más pensaba que... no parecía un loco...

Se tomó los bordes de su vestido y corrió a la casa, entró y subió con rapidez las escaleras sin encontrarse a nadie, lo cual agradeció, porque no sabía si sería capaz de mirar a sus padres a la cara después de todo lo que había pasado.

Se encerró en su alcoba y se tiró en la cama. Ahí lloró con más dolor aún. Había mentido para salvar a su hermana, había mentido para salvar también a ese hombre, pero lo que más dolía era darse cuenta que... él había sufrido demasiado por ella... por Kikyou...

- Maldita Kikyou... - Masculló dando un golpe a la colcha de su cama. Y es que sentía rabia por su hermana... ¿porqué no había sido más directa con aquel pobre sujeto?... ¿por qué había alimentado su amor con falsas promesas?... ¿por qué jugó con él dándole una dirección errónea en Italia? Se sentía mal... tan... abatida, dolida, avergonzada... deseaba... deseaba olvidarse de esa noche... olvidar todo, se sentía sucia y mala persona... y llena de remordimiento... remordimiento... un muy horrible sentimiento.

Luego de un baño se acostó de inmediato, olvidando por completo que esa misma noche en un principio había sido la más maravillosa de su vida... ahora sólo recordaba, una y otra vez, la desesperación de ese hombre de ojos color dorados...

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- ¿Esta enferma?

Kagome alzó el rostro a él y lo observó con detenimiento. Houyo... Houyo, mirándola con atención, hablándole con suma suavidad, preocupado por ella... ¡Oh!... ¡Houyo! Lo abrazaría si no fuera porque estaban en una plaza pública y acompañados por Eri y su hermana pequeña.

- No... no... es que, no dormí muy bien.

- Ven Ayumi, vamos a comprar un dulce...- Instó Eri a su hermana, para dejar a la joven pareja solos. Ella aun no sabía que Houyo se le había ya declarado a Kagome y por lo tanto, eran novios. Esperaba que se le declarase en ese momento.

- Si esta... preocupada por sus padres a cerca de... lo nuestro...- Musitó él y entonces la muchacha arrugó la frente-... descuide, hablaré con ellos lo antes posible... hoy, si eso quiere...

- No, hoy no es un buen día...- Respondió suspirando y mirando esta vez un punto indeterminado de la plazoleta, recordando una vez más el sufrimiento de ese hombre. Cada segundo que pasaba se sentía peor... si pudiera retroceder el tiempo, tal vez...

- ¿No es buen día?

Ella pestañeó rápidamente recuperándose un poco de su estado de melancolía. Le ardían los ojos de tanto llorar, pero el que ahora era su novio ni siquiera se había dado cuenta de eso...

- Es que... esta tarde viene mi hermana y su marido a casa... mis padres los invitaron a tomar el té... ya sabe... mejor otro día ¿sí?- Intentó sonreír, pero apenas le salió una mueca.

- Haré lo que usted diga...- Respondió con una sonrisa tierna, que Kagome ni siquiera notó.

Cuando subió los escalones de su casa, no pudo evitar estremecerse al recordar lo sucedido la noche anterior. En realidad, ni un segundo de la noche ni del día, podía olvidarlo. Avanzó y entró a su casa rápido para cambiarse de atuendo antes que llegara su hermana y su marido. Estaba decidida a hablar con ella y pedir explicaciones por lo que le había hecho a ese pobre hombre.

Al fin bajó, con pasos lentos y demasiado seria que a sus padres les extrañó su inusitada taciturna actitud.

Kikyou, preocupada de su aburrida vida e ideando como salir de ella, ni siquiera le prestó atención.

La joven saludó con cortesía y algo de reticencia al que era su cuñado y se sentó cerca de él mientras conversaban de las típicas cosas. Esto era, negocios, vida social y la vida de casados...

Terminado de tomar el té, los hombres siguieron charlando de sus asuntos, la madre de las muchachas fue a dar un par de órdenes a los criados y Kagome le pidió cortésmente a su hermana que fueran al jardín porque necesitaba hablar de algo privado con ella.

De mala gana, la mayor aceptó. Era ya muy tarde, el sol estaba a punto de ocultarse tras el horizonte, ambas hermanas caminaron lado a lado por un senderillo de piedrecilla, entre arbustos, grandes árboles y flores multicolores.

- ¿Qué sucede Kagome? – Preguntó al fin Kikyou.- Has estado muy callada esta tarde...- Se burló-... y tú hablas demasiado...

La joven adolescente la miró con seriedad. Sentía tanto rencor contra su hermana, tanta rabia... pues estaba de lo más tranquila y despreocupada mientras que ella... ni siquiera podía mirar a la cara a sus seres queridos, sentía que no era digna de su confianza y es que la mentira que había dicho y el efecto tan devastador que había surtido en aquel pobre hombre... la hacía sentirse horriblemente mal.

- Él estuvo anoche aquí... buscándote...- Musitó al fin.

Kikyou, que caminaba a su lado, se detuvo con lentitud y fijó sus ojos oscuros en la muchacha. Pero su rostro era impasible, ninguna emoción se reflejó en el.

- ¿Quién?... ¿de qué hablas?

- De él... el hombre herido... que cuidaste en las bodegas abandonadas...

- ¡Oh!

Sólo fue un segundo el que su rostro adoptó una actitud de sorpresa, un segundo fugaz para luego dar paso a la impasibilidad. Kikyou siguió caminando muy tranquila. Kagome la siguió sorprendida.

- ¿Es que no dices nada?... ¡Él estaba desesperado!... ¿por qué le diste una dirección falsa? Reconocí la caligrafía, era tuya ¿porqué le hiciste creer que podías corresponderle, Kikyou? Dijo que tenía todo listo para...- Se mordió el labio con fuerza-... la boda...

- Ese hombre esta loco, Kagome...- Respondió, deteniéndose en una rosa y acercando la nariz para olerla-... ya te lo dije... se imagina cosas... debe ser... esquizofrénico o algo así...

- ¿Y porqué le diste una dirección falsa?- Contrarrestó al chica mirándola con atención y reproche- Kikyou... – Musitó luego, adoptando una actitud más conciliadora, pero angustiada en extremo. Lo había pensado tanto... pero debía decírselo, debía preguntarle aunque... aunque se convenciera que era absurdo-... tu... y él... ¿tuvieron algo? – La muchacha pensaba que tal vez el desconocido se le había declarado... o que le había tomado la mano... o que quizás le había dado un beso furtivo en la mejilla... era todo lo que su mente inocente lograba imaginar... sin embargo los suficiente para pensar que era un "pecado".

Pero su hermana frunció el ceño haciéndose la ofendida. Sus ojos oscuros se fijaron en los suyos con crueldad y rabia.

- ¿Pero qué estas diciendo?... ¿estas loca?

La pequeña no supo qué decir. Se mojó los labios nerviosa, no deseaba tampoco ofenderla.

- Pero... ¿y la nota?

- ¡Kagome por favor!... ¿Qué te pasa?... ¿por qué me ofendes de esa manera? Ayudé a un hombre medio muerto, lo cuidé, le salvé la vida ¡por Dios!... ¡Y eso es todo!... ¡Esa nota no la escribí yo! Él miente ¿por qué no lo entiendes?... ¡Te dije que era peligroso!... ¡Te dije que no debías volver a verlo!... ¿es que no cuidas tu reputación?- De pronto la miró con más rabia aún- No te estarás juntando con él... a solas... ¿verdad?

La miró turbada, la palidez que tenía desde la noche anterior se vio de pronto contrarrestada por el súbito rubor de sus mejillas. Su corazón volvió a latir con fuerza, no, dolor, recordó la forma en que él la había inmovilizado, lanzado contra la pared, acercándose a su cuerpo de forma... indecorosa... escandalosa... vergonzosa... tragó intentando recuperarse.

- Kikyou... el punto es... que él estuvo aquí... buscándote...

- Bueno, bueno, pero ya se marchó ¿no?... ¿Qué le dijiste?

La muchacha se mordisqueó el labio, muy nerviosa y avergonzada.

- Qu... que tú... estabas en un convento... en el extranjero...

La mujer levantó sus delgadas cejas y luego rió graciosamente. Kagome respiró agitada y muy avergonzada.

- ¿Mentiste? Vaya, vaya... y qué mentira más tonta... ¿pero cómo se te ocurrió semejante locura??

- ¡¡Tenía que decirle algo para que se diera por vencido y se marchara!!- Protestó.

- Es una mentira muy tonta... pero bueno... – Respondió encogiéndose de hombros y retomando su marcha.

La muchacha se quedó con la boca abierta ¿es que no iba a decir nada más?

- ¡¡Pero él sufrió mucho!!... ¡No sabes cuanto!- Recordaba su dolor, tan grande que le dolió a ella misma, su sufrimiento fue su remordimiento que sabía iba a perdurar para siempre... ¿cómo podía ser tan cruel e insensible?... ¿no tenía corazón?... ¿¡Era esa su hermana!?

- Esta loco, Kagome... no le hagas caso...- Respondió tranquilamente.

Habían rodeado la gran casa, estaban casi en la parte trasera, el sol se había ido, pero aun estaba claro y en el horizonte había una gran mancha de nubes color sangre... como si presagiara algo malo... muy malo.

- Kikyou... tengo miedo... ¿qué tal si él vuelve? – Preguntó, abrazándose a sí misma cuando una brisa helada pasó por su lado.-... además... no sé... me dio mucha pena verlo... sufrir...

- Exageras Kagome... tú siempre tan preocupada por los demás...

- Mentí por ti, lo hice por ayudarte... y lo único que haces es burlarte...- Respondió con dolor y mirándola nuevamente a la cara.

- No te pedí que mintieras, pequeña...- Respondió frunciendo nuevamente la frente.

- ¡Pero lo hice para ayudarte!... ¡Para que no sufriera aun más al saber que estabas casada!

Al gritar la última frase, vio de pronto el rostro desfigurado de su hermana, que no la miraba directamente a ella, sino, a algo... o a alguien... que esta tras suyo. El viento helado volvió a azotar su cuerpo, traspasando las delgadas telas de su fino y delicado vestido. Kagome comenzó a respirar fuertemente, agitada, sintiendo las piernas débiles y con un presentimiento horrible.

- Así que... no estabas en un convento...- Murmuró el hombre, ronco, diabólico, siniestro. La muchacha abrió más los ojos y una lágrima cayó inesperadamente por su mejilla-... señora Kikyou...

Continuará...


N/A: Muchas gracias por tantos reviews, que emoción y a todos quienes leen, gracias a ustedes ya hay más de 100 reviews en 3 capítulos!! n.n muchas gracias por su incondicional apoyo.

Bueno, con respecto al asunto del plagio que comenté anteriormente, resulta que ya se solucionó. Amiu me envió un PM (mensaje) explicándome lo que pasó. Resulta que según ella, le pasó la cuenta de ffiction a una amiga y que ella subió no sólo mi fic, sino otros más, plagiados naturalmente, pero ahora Amiu lo borró ya y quedamos de buenas amigas. Ella me explica que también esta en contra del plagio, además que quiere ser una escritora reconocida. Así que, agradezco lo que hizo, muchas gracias.

Ahora, la explicación del capítulo (esto ya se me hace costumbre para dejar en claro las cosas) ¿porqué Kagome le mintió a Inuyasha? pues ella creía que él era un loco (de acuerdo a lo que su hermana decía y también porque él mismo hablaba de una "relación" con Kikyou y eso, para ella, era absurdo) y además de loco, peligroso. Temió por su hermana, por que se armara un escándalo y también temió por la vida de él (Kagome es adolescente, ella se imagina muchas cosas), pensó que Inuyasha podría hasta matarse al saber la verdad. Por eso lo hizo, sin embargo, cuando vio el efecto que causó en él, casi se murió del remordimiento y la pena... y sólo ahí dudó que Inuyasha estuviera loco, como insistía su hermana que era... como se habrán dado cuenta, fue un capítulo bastante intenso... sin embargo... lo que viene... será peor, jeje...

Ya, nos vemos, si me demoro un poco en actualizar es que estoy muy ocupada, pero leeré sus mensajes n.n

Gracias por leer y cuídense mucho.

AH! sí, este fic es de mi categoría personal denominado "superproducción" jeje.

Lady Sakura Lee