Capítulo 4
Las diosas del sol y de la luna
Ecuestria amaneció sin una sola nube y con un sol radiante coronando el cielo; las chicas se levantaron temprano para salir cuanto antes hacia Canterlot para acompañar a Zeus y Artemisa a la recepción en el palacio. Se encontraron en la plaza antes de dirigirse a la estación, Fluttershy apareció con una Artemisa que llevaba un halcón en el hombro.
-¿Y ese halcón, hija?-inquirió Zeus al verla.
-Es de Fluttershy, me lo ha dejado-reveló ella.
Una vez todos listos se dirigieron a la estación y estuvieron esperando al tren para que les llevara hasta Canterlot; la espera no fue muy larga y enseguida se pusieron en camino, a mitad de trayecto le llegó a Twilight una carta por parte de la princesa.
-Vale, el comité de recibimiento en la estación ya está preparado, la ciudad espera nuestra llegada; mi hermano, el capitán de la Guardia Real, nos llevará hasta el palacio-reveló la unicornio lavanda.
-Por lo que veo será una recepción digna de un dios… así me gusta-dijo Zeus, complacido.
-Sí, bueno, digamos que ha levantado expectación entre la alta sociedad de Canterlot.
En menos de cuarto de hora llegaron a Canterlot y al bajar del tren, un escuadrón de soldados de la Guardia Real formó un pasillito que llevaba hasta el centro del andén; al ver a su hermano, Twilight corrió hacia él para abrazarlo.
-¡Shining!
-¡Twili, me alegro de verte!
Zeus fue el primero en salir y su figura impuso respeto enseguida, dejando bastante impresionados tanto a los soldados como al propio Shining. Su hija iba a su lado, cogiéndole del brazo.
-Shining, este es Zeus, rey de los dioses y gobernante del Olimpo-presentó Twilight.
-Encantado, yo soy Shining Armor, capitán de la Guardia Real a su servicio, mi señor.
-Mph, una regia disciplina militar por lo que veo… me gusta, me gusta-murmuró Zeus, luego añadió.
-Ésta es mi hija Artemisa, diosa de la caza y los animales.
-Encantado, señorita.
-El gusto es mío.
Escoltados por más soldados, salieron afuera de la estación, donde muchos más ponis esperaban la llegada de los dioses extranjeros; varias carrozas esperaban junto a la entrada, Zeus y Artemisa ocuparon la primera de todas junto con Shining y Twilight, el resto fueron ocupadas por las amigas de Twilight, y cerraba la comitiva un buen puñado de soldados sosteniendo varios estandartes con la bandera ecuestriana. El recorrido hacia el palacio no fue muy largo, pero se caracterizó por ser bastante concurrido, casi todos los ponis de la ciudad querían ver y saludar a los dioses. Tanto Zeus como Artemisa se quedaron bastante impresionados.
-Vaya, menudo recibimiento…-murmuró el rey de los dioses, saludando un poco.
-Desde luego, ni siquiera en Grecia nos recibían así antiguamente…-asintió su hija.
-En Ecuestria prima la amabilidad y la hospitalidad-comentó Twilight.
-Sí, ya lo veo…
Una vez que llegaron al palacio, bajaron de los carruajes frente a la puerta y les abrió el ama de llaves del palacio; en el hall estaba todo el servicio al completo, alineado y en espera de alguna indicación por parte de su superiora. Shining les guio hasta el salón del trono, donde las princesas esperaban; cruzaron todo el salón hasta quedar enfrente de las soberanas de Ecuestria, Celestia se encontraba sentada en su trono central, con Luna a su diestra y a su izquierda otra princesa. Shining, Twilight y sus amigas se apartaron un poco para dejar espacio a los dioses.
-Bienvenido Zeus al reino de Ecuestria; yo soy la princesa Celestia, regente y diosa del sol y el día. Ésta de aquí es mi hermana la princesa Luna, corregente del reino junto a mí y diosa de la luna y la noche. Y ésta de aquí es mi sobrina la princesa Cadance, regente del Imperio de Cristal, aliado de Ecuestria-hizo las presentaciones ella misma.
Zeus siguió el protocolo y se presentó también.
-Yo soy Zeus, rey de los dioses y gobernante supremo del Olimpo. Ésta de aquí es mi hija Artemisa, diosa de la caza y los animales.
-Bonito halcón-la halagó Celestia.
-Gracias.
A eso Fluttershy sonrió, adulada.
-Y dígame, Zeus, el motivo de su visita-añadió Celestia.
-Le seré franco, princesa… si usted y su hermana son diosas, yo soy un simple mortal-le espetó entonces Zeus.
El comentario fue como una afilada daga y la tensión comenzó a crecer poco a poco entre ellos.
-Y explíqueme, Zeus, el motivo de sus suposiciones-pidió Celestia, sin alterarse.
-En realidad es muy sencillo, mis dos hijos, Helio y Selena, ya son los dioses del día y el sol y la noche y la luna, y como usted puede bien comprender no puede haber cabida para nadie más. En tal caso tan solo puedo pensar en ustedes dos como posibles farsantes, y que no sean lo que aseguran ser-explicó Zeus con contundencia.
Sus palabras no hicieron mas que aumentar aún más la tensión reinante.
-Verá, Zeus, nosotras pertenecemos a una raza de ponis conocida como alicornios, cuyo origen se pierde desde el principio de los tiempos en este mundo conocido. Desde siempre, esta raza ha tenido la facultad de elevar tanto el solo como la luna mediante su poderosa magia, pudiendo acceder a una longeva vida y así lograr mantener su presencia y sus actos a lo largo de las generaciones posteriores. Tanto yo como mi hermana hemos vivido durante más de mil años, hemos visto muchas cosas y hemos llegado a experimentar situaciones que requerían de la entereza y el buen hacer que sólo un dios puede dar. Y, por supuesto, desde entonces hemos estado elevando tanto el solo como la luna nosotras solas, manteniendo así la armonía durante eones. Si eso no es ser un dios ¿Qué lo es?-inquirió Celestia, con muy buenos argumentos.
Pero a pesar de su buen monólogo, Zeus tan solo esbozó una graciosa sonrisa.
-¿Y crees que unos pocos milenios lo hacen todo? Mi querida princesa, yo he vivido ya tantos años que apenas recuerdo bien el momento en el que nací; he visto caer imperios, he derrotado a los titanes, y he hecho tantas otras cosas que me es imposible abarcarlo todo debido al tiempo en sí. No me acuerdo muy bien de mi edad, pero de lo que sí le puedo decir, y con toda seguridad, es que yo tengo muchísimos más años que vosotras dos juntas.
Ni Celestia ni Luna dijeron nada, tan solo se limitaron a mirar a Zeus con el ceño fruncido, por lo que éste siguió.
-No es el tiempo ni la experiencia lo que certifica si eres un dios o no, lo que realmente marca la diferencia es el poder; exacto, el poder, el mismo poder que me permitió escapar de mi propio padre y luego desterrarle para sacar al Olimpo de la decadencia. Si realmente sois las diosas que afirmáis ser, demostrádmelo en una batalla para probar tal cosa.
Excepto Zeus y su hija, todos los presentes no pudieron evitar dibujar una mueca de incredulidad y confusión en sus caras ante lo que acababa de proponer.
-Pero, pero…-masculló Celestia, confundida.
-¿Ocurre algo, princesa? Si fuera una diosa de verdad no veo por qué negarse… a no ser que no sea la diosa que tanto asegura ser-metió baza Zeus, mirándola fijamente.
La cara de Celestia era un poema en esos momentos, y le sostuvo la mirada al rey de los dioses sin poder creérselo.
-Un… un dios no lucha sólo por tener poder… un dios debe ser benévolo y tomar las mejores decisiones que beneficien a su pueblo…-masculló ella.
-¡Se es dios porque se posee poder! ¡Un débil no podrá nunca ser un dios, si no está ni siquiera cualificado para la batalla! ¡Un dios, como bien dices tú, debe tomar decisiones, sí, pero también debe ser fuerte, tanto de mente como de músculo! ¡Si realmente eres una diosa, Celestia, te enfrentarás a mí y probarás tu divinidad!-exclamó Zeus, con una voz tan potente como un trueno.
Twilight y sus amigas estaban tan confusas como las princesas, pero Applejack la dijo en voz baja.
-Te lo dije, Twi, algo me decía que éste venia buscando bronca…
-¡Pero eso que dices apenas tiene sentido! ¡Sintiéndolo mucho, Zeus, me es imposible acceder a tu petición porque yo no lucho!-exclamó Celestia, un tanto indignada.
A ese comentario, el semblante de Zeus cambió y la miró con hostilidad.
-Te acobardas a la hora de la verdad… si realmente fueras una diosa, hubieras aceptado mi propuesta. Y es por eso mismo que no puedes ser una diosa… y por lo tanto, ahora no eres más que una simple impostora.
Tras esa frase alzó su mano derecha y de golpe y porrazo varios rayos surgieron de la nada, sosteniéndolos como dagas.
-Y entre las cosas que menos me gustan, se encuentran los impostores…-masculló entonces.
Artemisa sonrió suspicazmente y murmuró.
-Realmente habéis jugado muy mal vuestras cartas… vuestra farsa se ha acabado, fue un placer conoceros.
Tanto Celestia como Luna estaban atónitas, viendo como Zeus las iba a atacar de un momento a otro con unos rayos del tamaño de lanzas; Shining Amor se vio superado y fue incapaz de reaccionar, así como Twilight y sus amigas. Zeus preparó los rayos en su mano para lanzarlos, pero en ese momento Luna parpadeó y gritó.
-¡Basta, yo lucharé contra ti!
Ante eso, Zeus la miró de cabo a rabo y se guardó los rayos.
-¿Sí?
-¡Yo lucharé contra ti y te venceré, así te demostraremos que las dos somos diosas!
-Luna ¿pero qué dices?-musitó Celestia, mirándola atónita.
-Vaya, vaya… ¿estás segura de eso?-inquirió Zeus, elevando una ceja.
-¡Del todo, te demostraré lo equivocado que estás derrotándote! ¡No se es dios solo por el poder o la fuerza, sino por otras virtudes como la bondad y la sabiduría! ¡Te derrotaré y tendrás que reconocer a mí y a mi hermana como las diosas que somos!-masculló Luna, muy segura de sí misma.
Ante semejante jura, Zeus echó al cabeza hacia atrás y soltó una sonora carcajada que resonó por todo Canterlot; Artemisa esbozó una graciosísima sonrisa y murmuró.
-Vaya, realmente eres muy valiente… nadie se había dirigido a mi padre de esa manera nunca, me gustaría saber si serias también la primera en salir con vida después de semejante afirmación.
-¡Lo haré, os daré una lección, a los dos!-insistió Luna.
Artemisa no pudo más y se rio junto con su padre; en cuanto los dos se calmaron, Zeus exclamó.
-¡Ay, jamás me había reído tanto en eones! ¡Acepto con mucho gusto el desafío, princesa Luna!
-¡No, no lo acepta!-exclamó entonces Celestia.
-¡Sí, sí que lo acepto, ya he tomado mi decisión!
-¡He dicho que no, Luna!
-¡Y yo he dicho que sí, así que no se hable más!-masculló Luna, taladrando con la mirada a su hermana.
-¡Muy bien, entonces vayamos a un lugar donde podamos empezar!-dijo entonces Zeus.
A eso Luna lanzó una mirada nerviosa, cosa que vio enseguida Twilight, la cual no lo dudó en ningún instante y exclamó.
-¡Oh, pero antes de la contienda se debe de mostrar al pueblo las capacidades de cada combatiente, es tradición aquí en Ecuestria!
Todos los presentes, excepto Zeus y Artemisa, miraron a la unicornio lavanda como si se hubiera vuelto loca, pero la princesa Cadance comprendió lo que pretendía y exclamó.
-¡Ah, por supuesto! ¿Cómo se nos ha podido olvidar? ¿Verdad, tía?
Celestia miró a su sobrina como si no estuviera en sus cabales, pero rápidamente vio de qué se trataba y argumentó.
-Cierto, por un momento se me había olvidado…
-¿Y de qué trata esa tradición?-inquirió Zeus, curioso.
-¡Es como una especie de demostración en la que cada combatiente muestra al público todas sus capacidades en combate antes de la contienda!-explicó Twilight rápidamente.
-Sí, así es, es puramente estético, pero al menos luego en batalla se compensa de forma equitativa-añadió Celestia, saliendo del paso.
Zeus y su hija se miraron por un momento, compartiendo sendas miradas sagaces, pero finalmente el rey de los dioses dijo.
-Me parece bien, hagámoslo entonces…
-Oh, pero antes se requiere de una preparación previa, se ha de adecentarlo todo, buscar un sitio apropiado para la batalla y todo eso…-explicó Twilight.
-Sí, además la batalla tiene que darse por la noche, así lo marca la tradición…-añadió la propia Luna.
-Sí, vale, lo que vosotros necesitéis…
-El resto es cosa nuestra ¿Por qué no van a descansar un rato mientras lo preparamos todo? Mi ama de llaves les acompañará hasta una habitación vacía…-murmuró Celestia, antes de llamarla.
La poni apareció enseguida.
-¿Si, majestad?
-Amethyst, acompaña a nuestros invitados hasta una habitación vacía donde se puedan asentar durante las próximas horas.
-Por supuesto, señora… por aquí, por favor.
Zeus y Artemisa abandonaron la estancia, y en cuanto la puerta se cerró a sus espaldas Celestia puso los puntos sobre las íes.
-Maldita sea… Twilight, necesito que tú y tus amigas organicéis todo el paripé para esta tarde, sé que puedo contar contigo.
-Por supuesto, princesa-asintió ella.
-Pero majestad, con todos mis respetos, esa supuesta tradición no existe…-masculló Applejack, consternada por alimentar una mentira.
-Ya lo sé, Applejack, y sé que va en contra de tus principios, pero Twilight ha actuado sabiamente, necesitábamos tiempo y ahora lo tenemos. Os agradecería a las seis si pudierais hacer esto.
-Sí, princesa… vamos, chicas-indicó Twilight.
Las seis ponis se marcharon del lugar, Shining se retiró con ellas para ayudarlas, y Celestia hizo lo mismo al poco rato.
-Luna, te espero en mi cuarto dentro de cinco minutos-añadió antes de irse.
La aludida bajó la vista, algo apenada, pero finalmente se dirigió hacia allá; una vez solas, Celestia la increpó a su hermana pequeña.
-¿¡Y a cuento de qué te metes en esto?!
-¡Nos iba a atacar! ¿¡Que querías que hiciese?! ¿¡Que me quedase de patas cruzadas mientras nos freía a base de rayos?!
-¡No se trata de eso, Luna, se trata del bien común! ¡Da igual lo que nos pase a nosotras con tal de que los demás no salgan perjudicados!
-¿¡Qué?! ¡Pero si siempre me has dicho que nunca es bueno correr riesgos!
-¡En circunstancias normales, no en algo así! ¡Y ahora que te has comprometido no podemos decirle que no a Zeus!
Celestia le dio la espalda a su hermana, molesta, y contempló Canterlot desde su ventana.
-No sabemos cuán poderoso es… y tú te has arriesgado de esa manera…-masculló ella.
-Pero Twilight Sparkle va a organizar esa demostración, por eso lo ha hecho ¿no? para averiguarlo…-obvió Luna.
-Sí, ahí Twilight ha actuado sabiamente, pero aun así eso no quita que estés en peligro… por mucho que conozcas al contrario, él puede reservarse algo bajo la manga…
La princesa de la noche apartó la mirada, algo consternada, pero su hermana mayor se acercó a ella e inquirió.
-¿Por qué, Luna? ¿Por qué lo has hecho?
-Pues porque desde que regresé de mi exilio todo ha sido tan difícil… Apenas tomaba mis propias decisiones y tú eras la que resolvía las cosas por mí cuando no sabía qué hacer, y eso me molestaba. Yo solo quería demostrar un poco de determinación y ganas por mi parte…-explicó ella, apenada.
-Pero tonta ¿Por qué no me lo dijiste antes?
-Pues porque… no lo sé, realmente no lo sé… sólo quería salvarnos, hermana…-musitó Luna, con lágrimas en los ojos.
Las dos se dieron un efusivo y fraternal abrazo.
-Lo siento mucho, de verdad…
-No pasa nada, lo hecho, hecho está… ¿crees que podrás enfrentarte a Zeus después de ver sus capacidades?
-Yo creo que sí… además, no comenté eso de luchar de noche por nada, ya sabes que mis poderes se amplifican durante la noche…
-Sí, lo sé… solo espero que sean lo suficientemente poderosos…
Las dos se separaron después del abrazo y Celestia se acercó a otra ventana que daba a los jardines; desde donde estaba se podía ver a Twilight y sus amigas trabajando a destajo, con la ayuda de la Guardia Real.
-Aunque me preocupa algo… puede que con la lucha él vuelva a despertar…
-¡Es cierto! ¿Qué podemos hacer para que nada interfiera con él?
Celestia frunció el ceño, pensativa, pero al final llamó a su guardia personal y le dijo.
-Que cuando Twilight Sparkle termine venga a verme enseguida, carácter urgente.
-Sí, majestad.
-Ah, y echad un ojo a la habitación de Zeus y Artemisa… sólo por si acaso.
El guardia se inclinó levemente ante ella antes de marchar, dejando a las dos hermanas regias allí.
Mientras tanto, en la habitación donde se hospedaban Zeus y Artemisa, ésta le comentaba a su padre.
-Qué manera más tonta de retrasar lo inevitable ¿no crees?
-Desde luego… pero si eso les hace felices, déjales, esta noche pondré punto y final a esta farsa.
-¿Y qué piensas hacer después?-inquirió ella.
-Pondré a algún dios del Olimpo de regente, estas tierras tan buenas no se pueden quedar sin nadie que las gobierne… quizás Hermes, o igual tú…
-¿¡De veras?! ¡Te estaría muy agradecida, padre!
-Oh, vamos, sabes que tú eres una de mis favoritas…-murmuró Zeus, guiñándole un ojo a su hija.
Artemisa sonrió, halagada, mientras que el halcón le daba cariñosos picotazos en el pelo. El rey de los dioses miró por la ventana y esbozó una satisfactoria sonrisa.
¡Chan, chan, chaaaaaaaaaan! XD Como diría Sly Cooper: "Y ahora se pone interesante", y menos que eso, la verdad. Ahora es cuando comienza el verdadero trasfondo, no ha hecho más que empezar. Espero que os haya gustado, comentad. dejad reviews y decid que os ha parecido ¡Nos leemos!
