Disclaimer: todo lo que reconozcáis, los personajes y demás pertenecen a Stephenie Meyer, su editorial y Summit. Nadie dice lo contrario pero el resto es mío, así que no lo copietees en otro lado sin mi permiso. No hagas copy&paste, me cabrearé mucho. Nada de esto nace con ánimo de lucro, ni tampoco me sacará de pobre.
Advertencia: tanto este como el siguiente oneshoot se desarrollan en "Breakin Dawn", aka, spoilers mil. Este es el penúltimo oneshoot del fic, pero no tengo previsto subir el último "pronto".
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04. Acuerdo
Todos los días recuerdas su llamada y lo doloroso que fue al principio. Su voz suplicante, tu confusión, su mensaje y su petición hacia ti. Hacia la única que podría concedérsela en esas circunstancias. Tu existencia se había tambaleado hacía tan sólo unos minutos y aún no lo habías asimilado del todo, y eso que ni siquiera sabías cómo se iba a desarrollar de ahí en adelante.
Eres fuerte como para soportar algo así sobre tus hombros, pues hace tiempo que no te importa lo que nadie pueda llegar a pensar sobre ti.
Ese momento es el fuego que mantiene prendida vuestra mecha, la mecha de la esperanza.
—Obviamente ya lo habrás oído.
—Sí, claro —no sabías cómo debías reaccionar, todavía estabas alucinada por todo el asunto.
—No me queda demasiado tiempo —llegados a este punto, incluso te indignaste. Tu interior se retorcía de dolor—. Debes ayudarme, tienes que ayudarme a salvar a mi bebé. Debemos mantenerlo con vida. Por favor, Rosalie.
No te llamaba para restregártelo por las narices, no, lo hacía para pedirte ayuda. No era cierto que quisiera deshacerse del bebé, como sí esperaba el resto de la familia, quería traerlo al mundo. Quería hacerlo vivir. Y te encargaba ese cometido a ti debido a que ya la habías hecho partícipe de tus ideas imposibles sobre tener hijos.
Desde ese instante, algo se forjó entre vosotras y se mantiene ahora todavía, cuando la estás viendo dormir justo a tu lado. Aquello fue suficiente para cambiar drásticamente la visión que tenías de ella y de todo lo que la rodeaba. Por fin te has dado cuenta de lo que Bella Swan es capaz de hacer, todo lo que es capaz de dar por ese precioso bebé que lleva en su interior. Porque es, exactamente, lo que habrías hecho tú de estar en su lugar.
Ese bebé debería haber llenado de ilusión toda la casa, en vez de sumirla en la desesperación más enfermiza.
Sigues sin comprender cómo es posible que se lo hayan tomado de esa forma, después de todo, eso es decisión de Bella y no suya. ¿Por qué deben intervenir para arrancarle el fruto de su amor por tu hermano? Es un bebé y no un monstruo, tú lo sabes. Estás segura de ello; es un milagro, así que no hay razón para que nadie corra peligro por su causa, ni siquiera Bella.
Eso no va a pasar.
En realidad, te has sorprendido por la rapidez con la que su tripa ha comenzado a desarrollarse. (Ninguno sabíais qué esperar, pero eso no estaba en los planes.) Queda poco tiempo, luego debéis aprovecharlo bien. Y a cada hora observas cómo va creciendo más rápido dentro de ella, cómo estás más cerca de poder verlo, de poder abrazarlo. De poder tener un bebé entre tus brazos, a fin de cuentas.
Eres consciente de que harías cualquier cosa por él, por ella, si el resto decidiese tomar cartas en el asunto de manera activa. Ya no te importa que sean tu familia, no si son capaces de hacer algo tan aberrante. Edward te odia, Carlisle no te entiende, Jasper no sabe cómo interpretar tus emociones y Alice te desprecia, mientras que Esme no dejará que os pase nada a ninguno de los tres, igual que Emmett, aunque no esté de acuerdo contigo.
En el fondo, te sientes protegida gracias a ellos, gracias al conocimiento de que tu marido saltaría sobre Edward si éste intentara tocarte y que nada sucederá mientras tu madre esté en contra. Son los únicos con los que puedes contar, aparte de tu nueva hermana.
Nunca ha sido un secreto lo frágiles que son los humanos, Bella en concreto, pero ahora eres mucho más sabedora de ello con cada una de sus respiraciones contenidas a causa del dolor o lo poco profundo de sus ratos de sueño. Debe descansar, es un requisito para que esté más saludable dentro de su estado, así que no permites que nadie haga ni un mínimo ruido mientras ella cierra los ojos y tú agarras su mano.
Te conviertes en su sombra día y noche, noche y día. A todas horas. Jamás te separas de ella a no ser que Esme esté cerca para relevarte, cosa que tampoco encuentras necesaria demasiado a menudo. La acompañas al baño, la ayudas a caminar, a sostenerse en pie, le recoges el pelo para que no le dé calor y le haga sudar. Todo para conseguir que esté algo más cómoda y su corazón siga latiendo hasta el final.
¿Acaso tu trabajo es tan diferente del que ha estado haciendo Edward? Él quería conseguir que siguiera viva, igual que tú lo has intentado, pero eso ahora ya no es posible, ambas lo sabéis. Tú ahora debes encargarte de que llegue sana y salva al parto, como te ha pedido.
Y no eres idiota, sabes perfectamente lo que ocurrirá después (igual que ella): no sobrevivirá. En términos humanos, claro. Al final va a lograr lo que lleva pidiendo desde hace tanto tiempo. Eso forma parte del acuerdo, es el plan de emergencia que ambas discutisteis aquel día. Contáis con ello.
Habéis realizado la decisión adecuada y debéis ser consecuentes con ella. La llevaréis hasta el final, hasta donde sea necesario. Habéis asumido el riesgo. Bella es fuerte y podrá conseguirlo, no hay de qué preocuparse. No tienes que preocuparte. No debes preocuparte.
Es evidente que no puedes permitir que Edward se entere de ciertas cosas, jamás lo entendería y únicamente sería un lastre, así que lo focalizas todo en el premio final. En tu premio a una existencia que suponías maldita y vacía. Por supuesto, no te has permitido pensar en el embarazo como tal debido a que te conoces perfectamente y eso sólo serviría para destrozarte, porque ya no es algo tan imposible y no era problema de Emmett, ni de los dos, sino tuyo. Únicamente tuyo. Y no quieres recordarlo porque sabes que si lo haces, algo se romperá dentro de ti y jamás podrá volver a unirse. Y ante todo, debes ser fuerte por los tres, se lo has prometido a Bella.
Notas el pitido que indica la poca frecuencia de los latidos de su corazón y enseguida tenéis a vuestro alrededor a la mitad de la familia. Ella todavía sigue dormida, así que les lanzas a todos una mirada de advertencia para que no se les ocurra acercarse. Ella está bien, ambos están bien. Tú estás con ellos.
La mirada de Edward hace una semana que te resbala, por mucho que él intente herirte. Ya nada de eso te importa. Estás segura de que te considera un monstruo, pero es el precio que debes pagar; además, te da igual.
Le adviertes con un gesto para que no se atreva a tocarla; ella no quiere que la toque, le tiene miedo y tú también, realmente.
Para ti no existe nada más en esos días, no te concentras en otra cosa, ni siquiera cuando ves que Emmett os espía desde la puerta mientras los demás discuten en otra parte.
Te inquieta la cantidad de veces que Charlie Swan ha llamado a tu casa para preguntar por la salud de su hija y no sabes por cuánto tiempo más se tragará el cuento de que tiene una enfermedad tropical. Sin embargo, ese no es tu problema, de eso ya se encargarán los demás.
—Hola, Rose —escuchas la voz de Bella, casi en un susurro al despertarse. Te dedica una media sonrisa al tiempo que se mesa el pelo con la mano llena de cables.
—¿Qué tal has dormido?
—Bien, bien —suena poco convencida y tú eres consciente de que te está mintiendo. Su corazón estuvo a punto de pararse la otra noche, pues está sufriendo un esfuerzo desmedido. Eso es lo que hay que evitar.
—Hoy tendrás que reposar más, no podemos correr riesgos ahora. Incluso sería mejor que no te movieras demasiado —le recomiendas, y escuchas los pasos apremiantes de Edward y Carlisle.
—Pero creo que tengo los tobillos hinchados, ¿no será mejor que paseemos por el jardín? —la miras fijamente. No es buena idea salir fuera estos días—. Bueno, tampoco los necesito y ni siquiera los veo, así que supongo que da igual —sonríe y tú le pasas la mano por la frente.
—Te pondré hielo, enseguida iré a buscarlo.
Justo antes de que entren a la habitación, Bella se lleva la mano a la enorme tripa como si quisiera notar algo y tú te sientes curiosa. Entre pequeñas risas te dice que le ha dado una patada y que pongas la mano para sentirlo, pero pronto tienes a Edward encima de ti mirándote con reprobación y sin darte tiempo a disfrutar del bebé.
Para colmo de males, llega el chucho. Aquello es, sencillamente, lo que os faltaba. No tenías suficiente tarea controlando a toda tu familia, sino que también debes preocuparte por lo que un grupo de perros pueda llegar a hacer.
No tienes que ser demasiado ingeniosa para darte cuenta de que ahora la alerta sí debes tenerla al máximo, todo por su culpa. Ese inútil de Jacob Black. Es totalmente lógico que te estés alejando de Bella para colocarte delante, preparada para abalanzarte sobre su garganta si se mueve un solo centímetro más. Él no va a tocarles, de eso te encargas tú.
No sabes por qué, pero escuchas a Bella cuando te pide que no hagas nada, ya que tú todavía no has terminado de captar todo el tema del mejor amigo licántropo. Conoces tanto a los hombres, que estás totalmente segura de lo que siente ese en concreto, de ahí que te moleste el que ella lo mantenga a su lado; está claro que él es el mayor peligro que hay ahora allí dentro, pues deseará acabar con el bebé en cuanto tenga oportunidad y sabes que Edward va a incitarle. Lo ves claramente.
Te irrita muchísimo que decida actuar de manera tan rastrera, luego se supone que el monstruo eres tú.
Mentirías si ahora mismo dijeras que te has planteado la posible irrupción de los licántropos en todo esto antes, para nada habías contado con ello. En absoluto. Se te escapó ese detalle y te maldices internamente por tu estupidez. ¿Es que nadie puede ver las cosas en claro? ¿Por qué todos tienen una mente tan enfermiza? No es más que un bebé, no le hará daño a nadie, tú te encargarás de eso. Ellos no son nadie para entrometerse, que se queden con sus estúpidos tratados.
—Por encima de mis cenizas —prácticamente le ruges cuando insinúan que vas a dejar a Bella sola con el chucho, sin nadie que lo vigile. Sigues manteniéndola sujeta, por supuesto.
No te sorprende excesivamente que tu hermano use el juego sucio, después de todo, esto ya te parece una competición. Totalmente absurda. Apelar a la conciencia de Bella a sabiendas de lo que opina de Jacob Black no parece especialmente justo, ya que ella es demasiado ingenua. Claro que no va a decirle que tiene miedo de él, ¡eso es evidente! Igual que no se lo dice a Edward aun siendo cierto. Ella es incapaz de hacer sentir mal a nadie a propósito, lo llevas comprobando desde hace más de una semana.
Aprietas fuertemente los dientes.
—Rose, está bien. Jake no va a hacernos daño, ve con Edward.
Ya comienza a no escuchar ni cuando le previenes de la posibilidad de algún truco perverso. Se supone que debe atender a tus consejos, ella te los pidió. Jacob Black no puede ser el causante de que vuestra alianza se destruya, no al menos todavía. No quieres que lo haga.
No puede hacerlo, eso pondría en peligro al bebé. No vas a dejar que pase.
Esa noche tienes que soportar el empeoramiento de Bella, pensando, de manera irrefrenable aunque sin sentido, que el maldito chucho ha tenido la culpa. Todavía no sabes cómo, pero estás segura de que ha sido él. Quizá no física, pero sí moralmente. No es más que un estorbo que debería buscarse una vida propia.
Decides hacer oídos sordos a todo lo que os rodea, a que una panda de lobos esté fuera haciendo guardia, a que otros tantos quieran matar a tu hermana y a vuestro bebé, y a lo débiles que se han vuelto los latidos de su corazón.
Puede que su pulso sea endeble, pero no es inexistente. Es vuestra última oportunidad y no dejarás que se pierda. No se parará. Ese niño no morirá. Y si para ello debes incitarla a consumir sangre humana de vuestra reserva privada, lo harás, igual que ella te escuchará y lo acatará. No es ningún delito, es sangre donada al hospital, nadie ha muerto por ello.
Se te iluminan los ojos cuando la escuchas decir que le ha gustado, porque sabes que eso es buena señal. Vais por el buen camino.
No te molestas en echar del salón a Edward debido a que Bella parece algo más predispuesta. Tampoco estás segura de si eso está bien o no; pero, mientras tú estés delante, él no podrá hacerle nada, así que continuaréis a salvo. Tampoco importa si el bebé le rompe un par de costillas porque no tenga espacio suficiente, eso quiere decir que será un niño grande y saludable. Además, nadie te ha dicho nunca que los bebés humanos no lo hagan.
Eso también se solucionará después, no hay problema. No mientras Bella y tú sigáis unidas hasta el último latido.
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N/A: entro rápidamente para subir esto en un descanso entre exámenes. Contestaré los reviews que me habéis ido dejando en los otros fics durante la próxima semana =)
La llamada telefónica la he basado en una respuesta de la propia Stephenie Meyer. Y sólo quiero dejar claro que Rosalie NO quería fugarse con el mutante que iba a dar a luz Bella, en ningún momento . Ni tampoco quería matarla. Ni le daba igual lo que le pasara al final. Meyer lo explicó y queda bien claro con lo que Leah le dice a Jacob, no sé por qué la peña sigue con lo mismo.
Estoy de exámenes, blablablá, muerte y destrucción, blablablá, los reviews son muy apreciados y ciertamente agradables en estos momentos, me digáis lo que me digáis en ellos. Gracias.
