Capitulo cuatro.

Milo respiro profundo y frotó sus manos para darse ánimos. Se encontraba en la puerta de el templo de cáncer y cruzarla, simplemente parecía un suplicio al que no deseaba adentrarse.

Máscara de muerte lo miró desde el umbral de su templo. Encendió el segundo cigarrillo desde que Milo había llegado a la cita.

- vamos Escorpión, no tengo el tiempo de el mundo. También tengo deberes y Helena se enojará conmigo si tu no te das prisa- el italiano guardó su mechero dentro de su pantalón y le dió una fuerte calada a el garrillo en tanto miraba la expresión de terror de Milo.

-no, te lo ruego, no me hagas mirar esa cosa tan horrible. Por tu madrecita santa, no me atormentes de esa manera. Te doy lo que quieras, una dotación de cigarrillos y cervezas por todo un año, pero por Athena,! Ten piedad! - el italiano lejos de escuchar la súplica, tomó de la mano a el griego y rápidamente lo llevó hacia la sala de estar.

Ahí en el centro, se encontraba un cambiador para bebés, pañales, ungüentos, toallas húmedas y un par de mudas de ropa.

Milo se quedo inerte al estar frente a todo. Máscara se siguió envenenando con el cigarrillo.

-bien hoy tienes que saber como cambiar el pañal, esperemos que esta vez no lo estropees. Anda, ahí lo tienes.- con sutileza el cangrejo colocó al bebé con delicadeza, seguido de la expulsión del humo de el tabaco. Milo tragó grueso y como un niño que va a ser castigado tomó un pañal, Lo extendió y después con el pulso tembloroso e intentando no mirar lo que hacia, se dispuso a quitar el pantalón de algodón azul. Desvío la mirada lo más que pudo. El italiano cruzado de brazos y tratando de mantener serenidad se acercó a un costado para inspeccionar los movimientos de el peli azul. Negando, suspiró al ver la torpeza de su compañero.

-por Athena, ! De nuevo rompiste las bandas elásticas!, llevamos tres días con la misma clase y tu cooperas en absoluto- el italiano dejó el cigarrillo en la orilla de el cambiador, con destreza tomó un pañal alzó las piernas de el bebé y rápidamente colocó firme en su lugar cada banda elástica. Milo observó lo fácil que era para el italiano, seguramente su experiencia con aquellas situaciones lo hacia más fácil para el, día a día. Por último cogió un pantalón de algodón rosa y lo puso correctamente. Tomó el cigarrillo y caló de nuevo expulsando el humo instantes, después frente al Bebé.

-no sé por qué le tienes miedo? Esto de hacerse cargo de un recién nacido es fácil, teniendo precaución.

-lo dices tan fácil que parece que no te haz dado cuenta de que es horrible-

-¿por qué es para tí horrible?

-!solo míralo! - el griego señaló con un gesto - dime que no es espantoso, su cara parece sacada de una película de horror, esos ojos vacíos y fijos - máscara tomó con una mano al susodicho y lo observó a detalle.

-¿que querías?, fue tu elección, pudiste haber desistido o mejor aun, devolverlo. Como sea, es tuyo, ahora tómalo y vete que tengo que ir a buscar a Helena y mi pequeña Ruth.- el de cabellos cortos puso en brazos de Milo aquello que tanto le aterraba y comenzó a andar a la salida. - apaga la luz al salir -

Y como si de el clímax de una película de terror se tratara, Milo se vió forzado a observar a el pequeño. Su corazón se aceleró y sus manos comenzaron a temblar. Sin más corrió a velocidad de la luz . En menos de dos minutos ya estaba en su casa.

Shaina lo miró, agitado y con el bebé sujetado sólo por una pierna. Suspiró y se acercó a griego. Le besó los labios con ternura y le miró a ojos.

-dámelo - fue lo único dicho por ella, ahí, parado Milo notó la ternura con que la mujer trataba a el bebé. La siguió con la mirada y ella con naturalidad acomodó a el recién nacido en su regazo en tanto observaba la televisión, sentada en el cómodo sofá.

Ahí quieto, Milo suspiró aliviado. Su tormento había acabado.

Esa noche...

Después de una merecida ducha Milo se fue directo a su cama, ahí encontró a su mujer recostada de lado. Era maravillosa, su cabello espeso y sedoso, su piel blanca y satinada. La amaba.

-cariño te vez muy linda ésta noche - aseguró el griego llevando sólo un pantalón de pijama de seda rojo. Se recostó detrás de ella y la abrazo colocando un beso por detrás de la oreja en el camino. La mujer sonrió y acuno el fuerte brazo de el griego.

- estas de muy buen humor hoy, ¿me pregunto por qué? - la cobra jugueteo con el brazo de Milo haciendo un pequeño roce con sus uñas largas.

- ¿quieres saber el por qué? - el peli azul restregó su pelvis contra la retaguardia de Shaina.

-ok, ok, eso es muy explícito-la amazona se giró para darle un beso apasionado a el bronceado, fornido y por demás sexy dorado. El beso se prolongó un tiempo, entre tanto las caricias aumentaban. El escorpión buscó el cuello de la amazona, pero al abrir los ojos se topó con la mirada gris acerada y fija de el bebé. De inmediato el griego pegó un grito y un salto lejos de la gran cama, dejando totalmente anonadada a la peliverde.

- !¿Milo, que te pasa?! - Shaina se sentó con sutileza sobre la cama.

- no Shaina, ¿por que haz traído esa cosa horrible para la cama? - el azul se generalizo en el semblante de el griego. Shaina tomó a su bebé y se levantó caminando directamente a donde se encontraba Milo.

- míralo, por el Olimpo Milo, !ES UN SIMPLE MUÑECO! no es verdadero, debes dejar de temerle, recuerda que tu mismo lo compraste ese día que te fuiste con Camus. Esto lo haces por que quieres aprender a cuidar de nuestro hijo cuando nazca.- Shaina lo acercó a Milo y este apretaba sus ojos y se repegaba a la pared. -cariño, si tanto te asusta, debiste, decirle a Camus que no lo querías, que debieron buscar algo más factible-

El griego tras oír esas dulces palabras, abrió los ojos y miró las esmeraldas de ella. La tranquilidad regresó a su cuerpo.

- tienes razón, esto fue mi culpa, Camus solo obró de buena voluntad, perdóname cariño- dicho esto, el griego bajó a la altura de el vientre de ella, que lucia ya los siete meses y medio de gestación, Lo acarició y besó con ternura. - tu debes ser el bebé más hermoso que jamás halla visto, eso lo puedo jurar, ya muero por tenerte entre mis manos- Shaina pocas veces se dejaba llevar por sentimentalismos, pero aquel hombre sexy, simplemente la transformaba. Le acarició los cabellos y lo ayudó a levantarse subió sus brazos a el cuello de el santo y lo beso apasionadamente, dejando caer a el pobre muñeco de plástico.

-mañana me deshago de jake .. - la cobra susurró entre los labios de Milo y éste la conducía hasta el lecho que compartían.

Continuará...

Gracias a todos los que leen esta trama. No lo hago con otra intención más que pasemos un rato ameno.

Como saben, los personajes no me pertenecen si no a sus creadores.