Un recuerdo es un suspiro que derrama historias.
(E.S)
Capítulo 3
Lena Ur-El
P.O.V Lena Luthor
Lena no recordaba con exactitud el día de su llegada a la tierra. Era apenas una niña de siete años cuando ocurrió aquel extraño y terrorífico accidente. Ella estaba caminando hacia la ventana donde solía esperar a Kara cuando las luces rojas del techo de aquel pasillo se encendieron y comenzaron a alumbrar el mismo. Las personas que estaban a su alrededor comenzaron a correr como locas.
Si se esforzaba, Lena podía escuchar los gritos. Recordaba el sentimiento de miedo. Ella no lo podía recapitular con claridad, pero habia corrido hacia la puerta que conectaba con el área A de la mave; sus padres siempre le habían dicho que debía ir allí si se encendían las alarmas.
La puerta estaba bloqueada. El panel anunciaba con una luz roja que no podría ser desbloqueado.
Había una multitud intentando atravesar aquella puerta. Pegándole golpes o gritando para que alguien abriese. Lena se había asustado aún más al notar el desespero y las lágrimas habían manchado sus mejillas. Como toda niña buscó a sus padres, pero no les hallaba y asustada corrió hacia la habitación.
Estaba vacía cuando entró. Sus padres le habían mostrado en una ocasión una cápsula que habían creado. Si algún día ocurre algo peligroso...debes entrar en ella, te mantendrá segura. Eso le había dicho su madre y aunque Lena ya no recordaba mucho su tono de voz, si tenía en su memoria sus palabras.
En sus recuerdos distorcionados también estaba el miedo que sintió estando en aquella cápsula sola y sin mucho espacio para moverse.
Fue mucho tiempo el qué pasó allí según la morena: fuero apenas un día en realidad. Allí dentro escuchó gritos y gritos. Gemidos y llanto. Su cuerpo se comenzó a sentir un poco caliente, pero la cápsula estaba diseñada para regular temperatura y presión aislándola así de los cambios exteriores: ella no lo sabía. La cápsula le había salvado la vida...o le había condenado a una vida de esclavitud. Lena que ahora se apellidaba Luthor ya no estaba segua de que seguir viva fuese un golpe de suerte.
Cuando la nave comenzó a dividirse, la cápsula atravesó la atmosfera y golpeó la tierra quedando cerca delárea restringuida en el patio de la familia Luthor. El estruendoso aterrizaje llamó la atención de la familia. Fue el rostro de Lilian el primero que vió Lena cuando, luego de llevar la cápsula al laboratorio que tenían en la mansión, habían logrado abrirla.
-Cortémosla en dos.- habia sugerido el señor Luthor, pero Lilian se habían negado.
Inmediatamente, al salir de su vía de transporte, la niña había comenzado a hiperventilar y a ahogarse. Los Luthor habían visto esa reacción en otros alienígenas. Aquellos que no soportaban el cambio radical entre su planeta y la Tierra. Lograron estabilizar a la chica inyectándole una mezcla de diferentes compuestos químicos que habían usado anteriormente en otros extranjeros. Nunca jamás los ojos de la señora Luthor habían brillado como aquella tarde. Había conseguido su propia muñeca de experiementos.
Lena Ur-El pensaba que los Luthor le ayudarían. Les contó sobre la nave, pero no habló mucho sobre lo ocurrido porque aparentemente tenía amnesia. Lilian le había dicho que seguramente su mente estaba intentando bloquear los traumas de la mejor manera posible. La pequeña no contradijo aquello y poco a poco fue recordando trozos de los acontecimientos, pero seguía arrastrando una amnesia parcial. Cuando recordaba, sus pensamientos solian distorsionarse hasta volverse irreconocibles.
-Los Luthor nos dedicamos a estudiar alienígenas.- le había explicado Lilian cuando Lena cumplió diez años. La niña había pasado los últimos tres años en la Tierra encerrada en la mansión de su nueva familia, aprendiendo todo lo posible sobre química, física, biología anatomica y molecular e incluso bioquímica. Tenía una mente privilegiada y prácticamente el conocimientos fluía hacia su cabeza como por difusión.
-Eres alienígena, Lena. Queremos entender tu cuerpo, por eso tenemos que hacer esto.- le había explicado el señor Luthor la primera vez que la obligaron a desvestirse y le ataron a una mesa con grilletes que le apretaban las muñecas y le hacían sentir asustada. La superficie de la mesa era de metal y estaba muy fría, contrastaba completamente con la calidez que desprendía su pequeño cuerpo.
Le habían colocado un suero y luego una anestecia. Lo último que Lena vio fue la jeringa llena de un liquido verde. Ese día no fue el único. Le siguieron otros mucho peores. Incluso algunos en los cuales no la sedaban y ella podía observar como manipulaban su cuerpo.
A medida que crecía fue comprendiendo que no solo estudiaban a los alienígenas porque quisieran comprender su composición y estructura interna y externa. Los Luthor eran lideres de un proyecto denominado Cadmus, el mismo planeaba la irradiación total de todos los extranjeros. El día que lo descubrió, la morena se había sentido espantada: había decidido que debía encontrar la forma de huir.
Mientras buscaba la forma de escapar de la torre de operaciones de Cadmus, pasaba horas largas estudiando las muestra de distintos alienígenas. Al cumplir los diez y nueve años, Lilian le había obligado a vivir en el edificio. La ojiverde había sido quien descubrió el punto débil de los daxamitas e incluso era quien estaba estudiando las debilidades de Superman. Debía hacerlo si quería seguir con vida: no estaba segura de que no la asesinaran en cualquier momento. Aunque la trataban como parte de la familia, le dejaban salir y le aseguraban que podría trabajar en la empresa Luthor, ella sabía que solo la estaban utilizando.
Todo se salió de control el día en el cual, por casualidad, o quizas por el destino, terminó teniendo un extraño encuentro con Supermán. El hombrecito de acero se había acercado a ella y al matrimonio Luthor a medio camino hacia una tienda da artefactos electrónicos de laboratorio en un callejón. El superhéroe ya había tenido varios encientros con su hermanastro, Lex Luthor, y claramente desconfiaba de ellos.
Cuando el súper intentó acercárse al señor Luthor este le apuntó con el arma que siempre portaba. Superman claramente no se inmutó ante aquello y siguió avanzando lo cual provocó que el señor Luthor apretase el gatillo. Enorme fue la sorpresa del hombre de acero cuando la bala le atravesó el hombro.
Luthor hubiese disparado nuevamente si no se hubiese escuchado el sonido de una patrulla a la distancia. Se fueron de allí de inmediato. Lamentablemente, el comportamiento de los Luthor con respecto a Lena cambios drásticamente. Comenzaron a hacerle más pruebas e incluso Lex, quien nunca le había hecho ningún estudio, comenzó a interesarse en tomarle muestras de sangre o tejidos de diferentes partes de su anatomía.
Lena los escuchaba hablar entre murmullos. A veces parecían estar conspirando algo totalmente espeluznante. La pelinegra lo supo: estaba en peligro y debía huir. Había creado un cuchillo de plomo y una máquina, semejante a un control, que daba choques eléctricos al entrar en contacto con alienígenas. Había escuchado que varios extranjeros eran sensibles al plomo, por eso había seleccionado tener un cuchillo de tal metal. Pensó en crear uno de kriptonita, pero no tenía el tiempo necesario.
Estaba saliendo de Cadmus, con el propósito de huir lo más lejos posible cuando notó que había un hombre siguiéndola. No necesitó utilizar su control para saber que era un extranjero. Lo habia visto en la televisión, también conocía de lejos a Supergirl: la mujer que llevaba dos años salvando vidas en National City. Los Luthor habían comentado en una ocasión que luego de acabar con Supermán y con ella, deshacerse de los demás extranjeros sería sencillo.
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Lena estaba cansada, llevaba horas sentada en aquella sala sola. Había estado inconsciente luego de que le golpearan en la cabeza con algo.
Cuando despertó estaba en una extraña sala. El único artefacto, además de la silla en la cual se encontraba, era una mesa de metal que le recordaba al laboratorio en Cadmus. No escapo de un infierno sin meterme en otro había pensado la morena completamente convencida de que si en Cadmus le habían inyectado sustancias semi tóxicas, aquí le inyectarian moleculas tóxicas directa mente al torrente sanguíneo y le harían explotar.
Nadie entró a la sala durante lo que a ojiverde le pareció el tiempo más largo de su vida. Sus ojos recorrían de un extremo al otro el lugar planeando mentalmente una forma de escapar. Solo había una puerta, el conducto de ventilación era demasiado diminuto y no habían ventanas. La unica forma de salir viva era dejando de ser ella misma. Con su suerte, acabaría diseccionada sobre la mesa de metal.
La morena estaba planeando su suicidio cuando la puerta se abrió. El ruido fue apenas perceptible, pero luego de tantos experimentos sobre su cuerpo había desarrollado cierta habilidad en sus oídos, aunque había perdido un poco de visión en el proceso. ¿A quién le importaba? Podría conseguirse espejuelos si el problema se hacía mayor.
La puerta fue atravesada por una mujer no muy alta, tenía el cabello semi-rojizo y observaba a Lena con recelo. La morena ladeó el rostro intrigada por la mujer de ropa negra. Era guapa, Lena lo reconocería aun cuando la guapa mujer de mirada desafiante fuese la persona que abriese en dos su cuerpo y comenzara a jugar con todos sus órganos.
-Estas en poder de la DEO. Estamos al tanto de la clase de organización a la cual perteneces y si cooperas con nosotros todo fluirá con rapidez.- habló la mujer cruzandose de brazos. Lena levantó una ceja: había escuchado hablar de la DEO, el señor Luthor sabía que estos estaban al pendiente de sus acciones y por eso era doblemente cuidadoso.
Lena tuvo deseos de comenzar a reír ante lo sarcástico del asunto. Había huido de Cadmus para acabar en manos de los mayores enemigos de su familia adoptiva. ¿La reconocerían? Quizás la matarían mas rápido si la identificaban como Lena Luthor.
-¿No vas a cooperar?- cuestionó nuevamente la mujer.
La morena seguía en silencio evaluando la situación. Si hablaba, estas personas se calmarían, pero si Lilian lo descubría la asesinaría. La tortura seguramente sería horrible y se extendería por un tiempo muy largo con el fin de quebrarle no solo física sino psicológicamente. La ojoverde no podía decidir cual de las dos organizaciones le daría una muerte menos dolorosa.
-Si no hablas nos veremos obligados a utilizar otros métodos.- amenazó la mujer.
Lena se dió por vencida: era cuestión de tiempo antes de que le asesinarán. Quizás si se quedaba callada la muerte sería rápida, porque sus captores perderían la paciencia.
La mujer observaba a Lena con el ceño fruncido y esperando a que la morena dijese algo. Pero minutos los segundos y la boca de la científica seguía totalmente sellada.
-¿No vas a cooperar? Podríamos reducir tu tiempo en prisión. Si nos ayudas te ayudaremos.- habló la mujer y algo hizo clic en la cabeza de la menor de los Luthor. Sí, tenía su apellido: oficialmente era una Luthor, aunque ella conocía sus orígenes.
-¿Me ayudaran?- fue lo primero que preguntó Lena. Era difícil pensar que alguien quería realmente ayudarla. Lilian le habia dicho que le ayudaría en todo y al final la había utilizado como experimento. Ella estaba tan
necesitada de cariño que en ocasiones olvidaba que el te quiero de mucha gente era la cosa mas falsa sobre la la superficie de la Tierra.
-Claro, pasarás menos tiempo en prisión. Dime quien eres y qué hacen en Cadmus.- pidió la mujer.
-¿Quién eres? Solo hablaré si me aseguran que estaré protegida de Cadmus.- ofreció Lena.
-Me llamo Alex Danvers. Solo Danvers para ti.- le advirtió la semi-pelirroja.
-Yo soy Lena Ur-El.- se presentó la morena: no tenía porque decir que era una Luthor. Por el momento, bastaba con que supiesen que era una extranjera.
-Espera ¿Ur-El? ¿De qué planeta eres? No había escuchado ese apellido?- interrogó Alex, de pronto interesada al descubrir que estaba delante de una alíen que parecía tener algún tipo de relación con la gente de Cadmus. ¿Se podría llegar a ese nivel de masoquismo? ¿Ayudar a aquellos que odiaban a los que son como tu?
-De Urión...- respondió Lena, omitiendo el creo porque no quería que la mujer supiese de su amnesia: no quería explicar eso.
- Eres la primera que conozco de ese planeta.- admitió Alex acariciando su barbilla pensativa, era fascinante ver como todavía seguían apareciendo especies y planetas.
-Entonces Lena, cuéntame de Cadmus.- pidió la llamada Alex inclinándose de la mesa para que sus rostros estuviesen uno frente al otro.
La morena estaba dispuesta a hablar y dejarle saber a Danvers todo sobre el proyecto Cadmus cuando la puerta de la sala de interrogación se abrió. Una mujer rubia entró buscando con sus azules ojos a Alex. Lena la reconoció de inmediato por el traje: era Supergirl. La heroina de National City colocó sus puños en sus caderas cuando los ojos de la morena comenzaron a estudiarle.
-¡Ka...Supergirl! ¿Qué haces aqui?- cuestionó Alex girándose hacia la puerta y acercándose a su amiga con rapidez.
Lena no podía escuchar lo que decían. Aún así, había ladeado el rostro y observaba con interés a la chica de acero. Supergirl cada tres segundos miraba por encima del hombro de Alex y cuando cruzaba mirada con la ojiverde fingía no mirarle. La morena levantó una de sus cejas divertida ante la tímida, pero curiosa actitud de la súper.
Luego de un rato, Supergirl abandonó el cuarto de interrogación y Alex se acercó a Lena. La pelinegra se acomodó en la silla levantando el mentón ligeramente mientras la semi pelirroja se detenía delante de ella. Se miraron sin decir nada durante un rato. Luthor con una ceja levantada y la otra con mirada seria.
-Supermán está aquí.- habló al fin Alex.
Lena guardó silencio. Si el hombre de acero le veía la reconocería de inmediato. Entonces descubrirían que ella era un peligro para los kriptonianos y decidirían comenzar a jugar con ella al igual que Cadmus había hecho.
-No me interesa hacer tratos con él. Si quieren saber de Cadmus manténganlo lejos de mi.- advirtió Lena y Alex la miró con curiosidad. La mujer pelinegra habia estado imperturbable la mayor parte del tiempo, pero ante la mención de Clark se le había activado un sensor de miedo.
-Sabemos que afectas a los kriptonianos si es lo que te preocupa.- le calmó Alex. Cuando Kara le dijo que había perdido sus poderes, Danvers lo ignoró, pero la rubia volvió a insistir luego de regresar de una misión y decidió comprobar si era cierto.
Habia metido a Kara en la capsula durante la mayor parte de la noche.
Cuando salió, la llevó hasta la sala de interrogación y comprobó que era cierto. La mujer de acero perdió por completo sus poderes. Lo primero que pensó fue que los Luthor quizás habían inyectado kriptonita en la mujer y habían logrado crear en ella habilidad de inhibir de sus poderes a los kriptonianos. Ahora sabía que Lena Luthor parecía tener, por naturaleza, cierto poder sobre los Super.
Lena y Alex volveron a quedar en silencio. La morena evaluando cuanto podría costarle atacar a la otra para escapar y Alex simplemente esperando. Las interrumpió el ruido de la puerta nuevamente. Cuando miraron hacia allá Superman estaba en la puerta seguido de la chica de acero.
-Entonces eres tu...vas a llevarme a tu hermano ahora mismo.- habló Clark acercándose a pasos rápidos. Lena cerró los ojos temerosa de recibir algún golpe. Sabía del odio que existía entre el superhéroe y los Luthor: ella era una Luthor aun siendo extranjera.
-No se donde está él ahora mismo.- habló Lena abriendo sus ojos al no recibir ninguna agresión física. Supermán estaba delante de ella ocupando el lugar que anteriormente había ocupado Alex.
-Estás mintiendo.- la acusó el kriptoniano.
-La última vez que le vi fue para que tomase una muestra de mi sangre. No tengo porqué mentir.- habló Luthor relajando su postura, sentía todo su cuerpo tensó y no podía permitirse eso. Ni siquiera cuando su madre le había hecho horribles estudios había dejado salir el temor que los mismos le provocaban.
-Tu sangre. ¿Qué están planeando?- interrogó Superman inclinándose mas de la mesa.
-Ellos...- comenzó a decir Lena, pero se detuvo provocando exasperación en el héroe.
-Habla, Luthor. ¿Qué planean? ¿Y qué eres? ¿Por qué perdemos nuestros poderes teniendote cerca? ¿Te inyectaron kriptonita o algo parecido?- siguió interrogando Supermán.
-Ella no es de la tierra. Viene de Urion. Me parece que genéticamente tiene algo que les debilita a ustedes.- interrumpió Alex intentando tranquilizar a Clark. El héroe de Metrópolis había estado tras los pasos de los Luthor durante un tiempo ya. Incluso antes de que el proyecto Cadmus se instalace en National City.
-¿De Urion? Eso es imposible, todos los urinianos murieron en la caída.- la acusó Supermán no creyendo que la mujer de cabello oscuro estuviese siendo sincera. Quizás solo estaba intentando ganar tiempo.
-Me escondí en una cápsula que me mantuvo a salvo mientras entrabamos a la Tierra. Los Luthor me encontraron y me inyectaron algo que me ayudó a poder adaptarme a la Tierra.- explicó Lena, en sus recuerdos sólo habían trozos de lo que había ocurrido, pero era suficiente con lo que había dicho.
-Lena va a cooperar con nosotros...- intervino Alex.
Supergirl había estado con los puños sobre su cadera en todo momento. Escuchando atentamente como se desarrollaba la conversación. Ante la mención del nombre de la mujer de cabello negro sus ojos se abrieron enormemente. ¿Lena Ur-El? ¿Era ella?
-¿Lena?- cuestionó Kara interrumpiendo a Supermán, quien estaba a punto de cuestionar nuevamente las intenciones de la pelinegra.
-Sí, Supergirl, así se llama.- le dijo Alex. La morena solo guardaba silencio y estudiaba con sus verdes ojos a la chica de acero que le miraba de una forma extraña.
-Soy Kara.- habló la rubia, Alex la miró como si tuviese tres cabeza y Supermán dejó de prestar atención a la morena para mirar estupefactado a su prima. ¿Acababa de revelarle su identidad a una desconocida sospechosa de ser una loca o un cebo?
-Me parece bien que tengas nombre.- comentó Lena levantando una de sus cejas. ¿Por qué la rubia le miraba con aquel brillo en los ojos y con una sonrisa capaz de iluminar el mas oscuro de los planetas? ¿Y por qué de momento su corazón se aceleraba?
-¿No me reconoces? Éramos amigas. Soy Kara Zor-El.- intentó de nuevo la superheroina y Alex la tomó de los hombros intentando apartarla cuando la rubia comenzó a acercarse a Luthor.
-Lo siento, Supergirl. No recuerdo mucho de cuando vivía en la nave.- habló Lena, ver el brillo en los ojos de la rubia le hacía sentir segura. La heroína le miraba como nadie le había mirado antes.
-¿Tienes amnesia? ¿Qué te ocurrio? ¿Te hicieron algo los Luthor?- preguntó rápidamente Kara escapando del agarre de Alex, pero la pelirroja la sujetó nuevamente antes de que pudiese cortar toda distancia con Lena. Danvers agradeció que la pelirrubia no tuviese su super fuerza en esos momentos.
-Creo que debemos salir ahora mismo, Supergirl.- habló Supermán, Kara le miró confundida. La kriptoniana no quería dejar a Lena sola, quería permanecer con ella y contarle que todo ese tiempo la había creido muerta. Decirle que se sentía la persona más dichosa ahora que la tenía delante de ella.
-Pero...- comenzó a quejarse la rubia.
-Ahora, Kara.- le dijo Clark y la superheroina miró a la morena antes de dirigirse a la salida seguida del súper.
Alex les observó mientras salían y luego miró Luthor. La pelinegra había seguido a los dos súper con la mirada mientras abandonaban la sala. El silencio era incómodo y Danvers se aclaró la garganta pensando en la posibilidad de, ya que Lena tenía amnesia, provocar que olvidase lo que recién había escuchado. ¿Sería posible? ¿Si la golpeaba fuerte en la cabeza podría provocarle que olvidase el nombre de Supergirl?
-Entonces...mientras cooperes con nosotros estarás bien.- le aseguró Alex.
-¿Puedo irme?- preguntó Lena y la semi-pelirroja frunció el ceño.
-Claramente no, primero debes contarnos lo que sepas y luego debemos asegurarnos de que todo es verdad.- explicó Alex cruzándose de brazos.
-¿Qué quieres saber?- interrogó Luthor, quería acabar con todo eso. Solo deseaba conseguir un trabajo relacionado a estudios bioquímicos, comprar un apartamento en lo alto de un enorme bulding y vivir tranquila, preferiblemente con un gato. Y quizás...con los años...encontrar el amor.
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-¿Qué se supone que estás haciendo?- le preguntó Clark a la rubia cuando estuvieron a una distancia prudente de la sala de interrogación. Supergirl le miraba con cara de no entender porque su primo parecía un poco, quizás más de lo usual, enojado con ella.
-¿Qué hago?- cuestionó Kara sin entender que había hecho mal.
-Le acabas de decir a una desconocida tu verdadero nombre, Kara. ¿Has perdido el buen juicio?- la interrogó Supermán entre enojado y preocupado. En ocasiones le parecía que la rubia era demasiado inocente para su propia seguridad.
-Es Lena.- fue la respuesta de Kara, sus ojos azules brillaron ante la mención de la morena. Para Supergirl, el hecho de que aquella mujer fuese Lena era suficiente movito para confiar en ella. Era su Lena, su mejor amiga, aparte de Kal-El y su familia, no había alguien en quien confiase mas.
-Ella no es Lena, Kara. No es la Lena que conociste. Perdió la memoria y ha pasado años con los Luthor. No me sorprendería si estuviese loca.- le dijo Kal apoyando sus manos en los hombros de la kriptoniana para mirarla directamente a los ojos.
-Lo siento. Tienes razón.- susurró Kara bajando la mirada al suelo, sabía que había actuado infantilmente. Lena había cambiado, no era la niña que la esperaba junto a la ventana ¿o si?
-Por suerte todavía te queda Kara Danvers para disfrazarte. No se te ocurra venir a ver a Luthor como Danvers, ataría cabos inmediatamente y quedarías descubierta.- le dijo Supermán y Kara asintió.
-Tengo que regresar a Catco.- comentó la kriptoniana y Kal le besó en la frente antes de que ella comenzase a alejarse con intenciones de pasar a cambiarse a su casa y regresar a su trabajo.
-¡Cariño!- la voz de Mon El me interrumpió a medio camino, la rubia se giró con una sonrisa.
-Me dijo James que estas mejor, lamento no haber estado ayer contigo. Realmente me tomó mucho tiempo acabar con el estudio de Alex. - comenzó a excusarse Kara; recordando que había dejado a su novio solo en su casa y no había regresado hasta casi las tres de la madrugada.
-No importa, cariño, te entiendo. ¿Pizza en mi departamento esta noche?- cuestionó el daxamita, una enorme sonrisa iluminó el rostro de la rubia.
-Suena genial. Tengo que irme.- convino la rubia, besó a su novio a velocidad luz y salió volando hacia su casa.
Paso horas sentada en su escritorio observando la pantalla y perdiéndose en los papeles que Cat le enviaba a leer. Entre trabajos sus pensamientos corrieron hacia la morena de ojos verdes. La recordó de pequeña, riendo y escondiéndose de Kara. Se recordaba a si misma abrazándola cuando la pelinegra tenían pesadillas y aparecía por el cuarto de la rubia. Siempre te voy a cuidar, Lena solía decirle.
Pero no la cuidé. Se reprochó mentalmente la rubia e hizo una anotación en su cabeza para pasar a llevarle comida a la ojiverde antes de ir a casa de Mon El. Seguramente en la DEO solo le ofreceria donas con café. Pero Lena no parecía el tipo de mujer que gustaba de andar comiendo múltiples rosquillas.
Es hermosa. Pensó Kara y sonrió ante el descubrimiento. Lena había pasado de tener la cara más inocente y adorable del mundo a tener un rostro hermoso y delicado. La rubia ni siquiera estaba prestando real atención a sus pensamientos, solo sabía que se sentía feliz al saber que la morena estaba de regreso a su vida. Supergir haría hasta lo imposible por proteger a Lena Ur-El o...Luthor como muchos la conocían.
Continuará...
