Y por fin consigo acabar mi fic de Draquito, también para el reto Efímero, la frase es la misma que en el anterior, he metido un negaba en medio pero era para darle más énfasis; espero que no afecte mucho al reto :3
Gracias por esperarme tanto, soy un desastre, pero este finde lo acaba sí o sí, que ya terminé los exámenes. Al menos este finde, el siguiente volvemos a ello. Es lo que tiene la dichosa Selectividad :D
Besos, espero que os guste.
Shio ^^
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You will be a man soon, little guy.
Entonces cayó: un ruido sordo, seco. El eco de un grito se coló desde el fondo de la escalera de caracol. El cielo cambió de color, a un verde extraño. Y del cuerpo moribundo nació una disculpa, un perdón absurdo que aún hoy él trata de entender.
Medianoche en la Torre de Astronomía.
Arriba, en lo alto del castillo el horizonte se confundía con el Bosque Prohibido hasta volverse uno solo. Escaleras abajo, resonaron los tambores. ¿Eran tambores? Pasos silenciosos y decisivos que avanzaban por los desnudos pasillos. Avanzaban sin oposición alguna, sin que nadie notara su presencia, como si fuesen fantasmas. ¿Acaso lo eran? Almas vendidas al diablo por un sueño que ni siquiera les pertenecía.
El silencio inundaba el castillo. La noche les pertenecía, la oscuridad les acompañaba. Se sentía poderosos, la gloria del pasado. Por fin había llegado su hora. Él había vuelto. Hasta que se encontraron con ellos. La Orden del Fénix, su antagónico, se enfrentó por fin a ellos. Los mortífagos se sonrieron, ahora empezaba la parte divertida. Los hechizos chocaron contra los muros del castillo. Los colores se sucedieron cual arco iris hecho trizas. Pero él aún no era consciente de nada.
Corrió. Corrió con todas sus fuerzas hasta llegar arriba. Bajo el cielo nocturno y salpicado de estrellas que lo miraban sin expresión alguna, sintió que por fin lo había logrado. Había acorralado al anciano, ahora sólo tenía que matarlo.
Lo miró con odio. Buscó el odio en su interior, pero no lo encontró. Lo miró con furia. Quiso aunar la furia que tenía dentro de sí y utilizarla contra él, pero no la halló. Se quedó quieto, enfrente de él, mirándolo como si nunca lo hubiera visto. Se repitió que tenía que matarlo, tenía que hacerlo. Por su padre, por su madre, por él mismo. Por todas aquellas noches que se había pasado despierto tratando de acabar con él. Por una razón que no comprendía.
Draco trató de dar con algo que le empujara a alzar la varita y acabar con uno de los magos más poderosos de la historia. En ese instante en el que el reloj se detuvo, en el que el tic se negaba a alcanzar al tac, entonces su inconsciencia comprendió en qué se había metido.
Él no era más que un niño; aún con dieciséis años sólo era un niño. No estaba preparado para lo que le había tocado vivir, nadie le había dicho qué era aquello. Las ideas del Señor Oscuro eran lógicas, plausibles, toda su vida había girado en relación a ellas. Pero ¿matar? Matar, asesinar, hacer sufrir por sencillo placer. Levantó la varita… y vaciló.
Cuando los gritos de Bella, los gruñidos de Greyback y las débiles palabras del anciano se mezclaron en su cabeza, Draco notó un sudor frío recorriéndole la espalda. Nada ni nadie podría salvarlo ya, estaba acabado. Quiso sentirse fuerte a través de la falta de defensa que debía sentir Dumbledore. Pero aquel mago estaba hecho de una pasta que jamás se había visto. Centró sus ojos en su iris azul y sintió que se fundía en él. Ya no había cielo, ni noche, ni gritos, tan sólo quedaba la soledad y la duda. La pena, y el dolor. El sufrimiento y una esperanza que se apagaba por momentos.
Entonces resonó una voz grave a su lado. Snape… Un ruido sordo, seco. El eco de un grito se coló desde el fondo de la escalera de caracol. El cielo cambio de color, a un verde extraño. Y del cuerpo del moribundo nació una disculpa, un perdón absurdo que aún hoy, él, trata de entender.
