Todos los personajes de El Tigre las aventuras de Manny Rivera son propiedad de Jorge R. Gutiérrez y Sandra Equihua.
PROMESAS
Capítulo 4: Too Late
Ciudad Milagro. La ciudad Milagro, un lugar inmundo de crimen e infamia. Esta es la historia de Manny Rivera, mejor conocido como El Tigre. Sí, Manny Rivera, el hijo del legendario héroe White Pantera y nieto del perverso supervillano Puma Loco. Sí, ese chico que ahora contaba con 15 años, con un dilema casi-resuelto acerca de qué bando pertenecer, el bien o el mal. Sí, ese chico alegre que adoraba realizar travesuras junto a su mejor amiga. Pero ahora, él se encontraba distante a ese chico que dos años atrás había realizado un gran acto heroíco, con el cual se había ganado el respeto de muchas personas. Ahora en él se reflejaba un chico con miles de inquietudes dentro de sí mismo, todo por causa de una chica que prácticamente lo había abandonado. Caminaba de un lado a otro de su habitación, con un teléfono celular en sus manos, de vez en cuando lo abría para observar la pantalla, pero al ver que no había recibido ni un mensaje no llamada, lo volvía a cerrar. Así estuvo unos minutos más, hasta que, víctima del cansancio, se dejó caer en su cama, soltando el celular, y cerró los ojos. No habían pasado ni siquiera 5 minutos, cuando el aparato empezó a emitir una música pegajosa. El chico moreno se sobresaltó un poco al escuchar la melodía, y tomando rápidamente el celular lo abrió; y, al momento de leer el contacto que le estaba llamando, su rostro se iluminó. Era ella. Oprimió un botón, y contestó.
-¡Hola Frida!– saludó con entusiasmo el chico moreno.
-Hola– fue el saludo seco que recibió por parte de la chica que se encontraba del otro lado del teléfono.
-¿Cómo estás? Te extraño muchísimo– Dio un suspiro.
-Bien, gracias. Yo también te extraño.
-Pero no te preocupes, nos veremos la semana que entra ¿verdad? ¿Qué día llegaras? Quiero ser el primero en recibirte– Dijo emocionado el chico moreno. Pero por parte de ella solo se escuchó un suspiro y después silencio. Manny, alarmado por la reacción de la jovencita de cabello azul le habló -¿Frida? ¿Te encuentras bien?– preguntó con evidente preocupación.
-Hay algo que debo decirte Manny…– contestó la chica, esperando que él dijera algo mas, pero al ver que no obtenía respuesta siguió hablando –No regresaré a la Ciudad Milagro. No aún.
-¡Pero Frida! Habías dicho que regresarías la semana próxima- le respondió indignado.
-¡Lo siento Manny! Pero veras, ahora no puedo irme de aquí, aun tengo muchos proyectos en mente y…
-¡Tú me lo prometiste! ¡Tú me prometiste regresar cuando tus estudios terminaran!- le reclamó ahora furioso. Ella notó eso y un líquido se acomuló en sus ojos.
-Si lo sé Manny- contestó con sollozos- pero yo…
-Eres una mentirosa- le reprochó con lágrimas en los ojos. No podía creer que le hubiese dicho una mentira de esa magnitud. Ella le había jurado miles de veces que regresaría con él en un plazo determinado de tiempo. Él esperó paciente, pero su mundo se demoró en pedazos al escuchar las palabras de la peliazul. La chica enmudeció al escuchar tal acusación. Pero segundos después recuperó el habla.
-Manny déjame que te explique, veras, aún tengo que quedarme un poco más de tiempo, la banda esta adquiriendo popularidad, no es momento de que los abandone. Y no he terminado del todo mis estudios. Por favor entiéndeme- suplicó la chica.
-Cásate conmigo- Le propuso sin pensarlo dos veces. Si el chico hubiese podido ver a Frida, hubiera contemplado que en su rostro se formo una perfecta "O" al escuchar la proposición.
-¡¿QUE?– preguntó no saliendo de sus asombro, creyendo haber escuchado mal.
-Te lo iba a decir cuando llegaras, pero creo que es tiempo que te lo diga. Frida, por favor cásate conmigo- le volvió a decir con lágrimas en sus ojos.
-Manny ¿estás loco? Aun somos muy jóvenes, aun no terminas tus estudios. Y…-le escuchó lanzar un suspiro- estamos separados, estamos muy, muy lejos…
-Frida– le llamó por su nombre entre sollozos -por favor…- en ese instante, alcanzó a escuchar una voz masculina del otro lado del aparato, que decía muy confianzudamente el nombre de su novia, mientras le preguntaba en inglés, si se encontraba bien, al lo cual ella respondió con el mismo perfecto inglés que estaba bien, que pronto iría con él.
-Lo siento- escuchó decir de nuevo en su idioma –pero me tengo que ir.- Y escuchó como la comunicación se cortaba.
El chico se quedo de pie, inmóvil, no creyendo la conversación que acababa de tener. ¿Por qué le había mentido? ¿Por qué no había aceptado su propuesta? ¿Ya no lo amaba? Además, ¿Quién era el tipo con el que hablaba? Miles de preguntas se apoderaron de su ser. Pero solo quería una cosa: Olvidar. Su corazón había recibido miles de sentimientos diferentes tan solo por una llamada, una llamada que quisiera nunca haber recibido. Con determinación, y cegado por la ira que se apoderaba en su ser, giró la hebilla de su cinturón para convertirse en El Tigre, sacó sus garras afiladas, y empezó a destruir todo lo que se encontraba a su paso, muebles, libros, paredes. Presa del odio que sentía por esa persona a quien tontamente había llegado a amar a tal grado de querer pasar su vida con ella, no se dió cuenta cuando, sin querer, tiró una pequeña vela que tenía en una mesita, causando grandes llamaradas de fuego que en las que se vió rodeado, sin poder respirar, sin saber a dónde ir. Y después todo fue oscuridad.
Manny se despertó bruscamente de la pesadilla que había soñado, empapado de sudor y respirando agitadamente. Se sentó al borde de su cama, con una mano en el pecho tratando de tranquilizar su sobresaltado corazón y miro el reloj electrónico que tenía en el buró. 4:15 am. Era la tercera vez en la semana que soñaba con ese momento que arruinó su felicidad. Se levantó de la cama, y sin prender la luz, se dirigió a la cocina, sacando del refrigerador una botella con agua, de la cual bebió todo su contenido. Regresó a su habitación, y volviéndose a acostar para poder conciliar el sueño, y aunque fuera un poco, olvidar a esa chica.
-o-o-o-
Lluvia. La molesta y odiosa lluvia. En el pasado ella había llegado a amar los días lluviosos. Salir sin paraguas, caminar por la calle y dejar que las pequeñas gotas de líquido empaparan todo tu ser. Pero cuando la lluvia se convertía en una tormenta, y por su culpa se retrasara tu vuelo que te llevaría a la ciudad en donde se encontraba el amor de tu vida, la lluvia parecía molesta y odiosa.
Bufó, y volvió a tomar asiento en la sala de espera del aeropuerto interncionl de Los Ángeles. Cuando salió de la fiesta, la lluvia apenas daba señales de querer vaciar el agua en esa ciudad. No le tomó importancia a ese detalle, así que regresó a su hotel solo para tomar sus pertenencias y llegó al aeropuerto, en el que ya llevaba alrededor de 3 horas. Pero ¡qué sorpresas nos dan los cambios climáticos! ¿Quién diría que una simple lluvia podía convertirse en una tormenta-casi-huracan tan rápido? Tonto calentamiento global, dijo para si misma.
Sacó de su bolso un libro para leer y matar el tiempo. "Romeo y Julieta" de William Shakesapeare. Le encantaba esa obra. De hecho le encantaba leer. No sabía desde cuando le había tomado demasiado gusto a la lectura. Quizás fue poco despues de que supiera lo que es una biblioteca, lamentaba su ignorancia al no saber que existía un lugar lleno de diferentes libros. Rió un poco al recordar la ocación en la que buscaba un libro que hablara acerca de "comer churros mientras tocas una guitarra explosiva" y la cara de alegría que tomó su rostro al encontrarlo. Abrió su libro en la página en donde había detenido su lectura, y comenzó a leer. Pero minutos despues notó como varias personas la observaban y comentaban algo entre ellos. Se alarmó un poco. Lo único que le faltaba era que la rodearan sus fans pidiendo un autógrafo y los paparazzi y reporteros buscando una entrevista. Sí, ella amaba a sus fans, pero ahora se encontraba en una situación en la que se arrepentía ser famosa. Disimuladamente se colocó unos lentes oscuros y con el libro cubriendo su rostro, siguió en su lectura, rogando que nadie reconociera a la guitarrista de la banda Déjà vu, Frida Suárez.
-o-o-o-
Manny se encontraba cerrando la maleta de color negro que en la que había guardado la ropa y otros artículos necesarios para permanecer fuera del país. En una un par de horas se encontraría con su novia en un avión que iría directo a la ciudad de Tokio, en Japón. Aunque ella estaría trabajando, aun así insistió en que él también viajara, con el pretexto de que no podía vivir sin él. Rodó sus ojos al recordar la forma aniñada en la que su noviecita le había prácticamente obligado a ir con ella. Sí, en algun momento atrás, el había amado esa faceta de ella, pero ahora simplemente no lo podía soportar. Así que no le quedó otra que aceptar, pues tambien necesitaba unas vacaciones.
Revisó por última vez que tuviera todo en orden: su equipaje, dinero, tarjetas de crédito, boletos de avión. Pacería que tenía todo lo necesario, así que se dirigió a la puerta. Estuvo a punto de salir de su apartamento para dirigirse al de su novia, cuando recordó algo.
-¡El pasaporte!- gritó al momento que se llevaba una mano a la cabeza. ¿Cómo pudo olvidar algo tan importante? -Pasaporte, pasaporte- decía a la vez que abría varios cajones, y los revolvía furiosamente buscando. Llego al último cajón, y lo encontró –¡Aquí está!- exclamó alegremente. Estuvo a punto de cerrarlo, cuando vio algo en el fondo del cajón que llamó su atención. Con parsimonia, sacó con su mano derecha una cajita de terciopelo negro, un poco sucia, debido al polvo que en ella se había acumuldo, al ser abandonada por años en ese olvidado cajón. Abrió la cajita y econtró dentro de ella un anillo de plata, con una pequeña piedra blanca en el centro. Sonrió debilmente al recordar el día que lo compró. No disponía de mucho dinero para comprar una lujosa joya, todo el dinero que tenía solo le alcanzó a comprar ese modesto anillo. Lo compró, porque, como todo joven enamorado, quería casarse con quien sería, en ese entonces su novia. Cuando ella regresara, él le iba a pedir matrimonio. Pero aveces las cosas no pasan como uno quiere. En su mente empezó a recordar el sueño, o más bien, pesadilla que había tenido durante la madrugada. Y entonces se formó una pregunta: ¿Qué hubiera pasado si ella hubiese regresado? ¿Y si se hubiera casado con él? Seguramente sería muy feliz, quizá tendría hijos, quizá el no tuviera el trabajo que ahora desempeñaba, o ni siquiera hubiera estudiado. Pero su vida sería completamente diferente a la de ahora, lo que estaba seguro es que él sería muy, muy feliz junto a la mujer que había amado con locura.
Un sonido proviniente de su celular lo sacó de su ensoñación. Con su mano izquierda sacó su celular de la bolsa del pantalón y contestó.
-¿Diga?- preguntó a la vez que seguía contemplando el anillo plateado.
-¿Cariño? ¿Dónde estas? Ya es muy tarde- Preguntó una impaciente Zoe. Manny abrió enormemente los ojos, y miró el reloj ¿Cuánto tiempo estuvo contemplando el anillo? Ya era tardísimo.
-¡Ya voy en camino!- dijo con desesperación y cortó la comunicación. Inconcientemente guardó el anillo en su chaqueta, junto con el celular, de un golpe cerró el cajón, tomó sus pertenencias, y salió practicamente volando de el edificio para tomar un taxi. Por esta ocación no usaría su automovil.
Minutos despues se encontraba defrente al gran edificio en donde vivía su novia. La vio salir del edificio, y entró al taxi junto a él. Le indicó ahora al taxista que se dirigiera al Aeropuerto de la Ciudad Milagro. El taxista obedeció y tomó rumbo hacia el lugar indicado. No tardaron mucho en llegar. Zoe bajó corriendo del auto, mientras Manny pagaba al hombre la cantidad debida por su servicio, y cargando su equipaje y el de su novia, entró al lugar.
Despues de haber registrado su equipaje, esperaron unos minutos hasta que les indicaron que podía subir al avión. Así que ahora se encontraban en los asientos de primera clase, volando por los aires y saliendo de la Ciudad Milagro.
-o-o-o-
Una chica de cabellera azul se encontraba recorriendo las calles de la ciudad en donde habia vivido toda su infancia. Todo le parecía tan diferente. ¿Cuánto podía haber cambiado esa pequeña ciudad que ella había conocido en tan solo 10 años? Al parecer mucho. Ya no era la ciudad que ella recordaba. Sonrió al pasar por el centro de videojuegos en el que había pasado cientos de horas despues de la escuela; parecía que no había pasado el tiempo en él. Al menos había lugares que seguían tal y como ella los había conocido.
Decidó hacer una visita a sus amigas, con quienes había formado su primera banda "Los Sombreros Atomicos", Teeny en la batería, y Rosa en el bajo, pero desechó esa idea al recordar que ellas tambien habían ido tras sus sueños, y ahora pertenecían a otras bandas que, aunque no eran tan populares como Déjà vu, sí tenían muchos seguidores.
No sabía a donde ir ahora. No quería ir directamente con él. Aún no sabía que hacer o que decirle. Necesitaba un poco de tiempo. Necesitaba tomar un poco de valor. Cuando había dejado Los Angeles, la ciudad en donde dio su último concierto, ella estaba decidida a recuperarlo, a decirle que lo había extrañado y que lo amaba. Pero en cuanto sus pies pisaron la Ciudad Milagro, toda la confianza que tenía se había esfumado como por arte de magia. ¿Y ahora que haría?
Entonces recordó a cierta familia, sobre todo a cierta mujer, con la cual se había sentido muy identificada, y que sabía que le daría su apoyo incondicional. Así que con renovadas fuerzas se dirigió al edificio en el que vivía la mujer que en un tiempo fue conocida como Plata Peligrosa.
-o-o-o-
Volar, no era su afición, le causaba mareos estar en las alturas. Pero ¿desde cuando se había desacostumbrado a volar? Cuando era niña, ese detalle no le había molestado. Se paseaba por los aires con la ayuda de sus propulsores que incluía su traje. Pero claro, al dejar de ser villana, no volvió a navegar por los aires de nuevo, hasta el día de hoy. Muy al contrario de su novio. Parecía muy atento leyendo un diccionario japonés-español. Y su asistente, que se encontraba unos asientos atrás, dormía placidamente. Se sintió abrumada. ¿Por qué sólo a ella le pasaban cosas como esas? Quizó descansar un poco, cerró sus ojos, pero los abrió repentinamente al sentir otro mareo. Apenas habían pasado un par de horas desde que salieron, y aun les faltaban por lo menos otras diez de recorrido. Se maldijo así misma. Se levantó de su asiento y se dirigió a una señorita de cabellos rubios con un uniforme de color vino. La aeromoza sonrió al ver a la chica gótica, pero a ella le pareció que solo lo hacía por cortesía. Zoe pidió a la chica rubia de la manera más amable que su estado permitía un par de pastillas o algún otro medicamento para calmar un poco su malestar, pues ella había olvidado los suyos, a lo cual la chica sacó una cajita y le tendió un vaso con agua. Ella agradeció y regresó a su lugar. Tomó el medicamento, y minutos depues se relajó un poco. Por lo menos el malestar la dejaría en paz unas cuantas horas.
-o-o-o-
La chica de cabellera azul se encontraba en estado de shock. Cuando pudo reaccionar, miró a la mujer de cabello negro y piel morena.
-¿Qué el hizo qué?- preguntó confundida.
-Manny no está Frida, se acaba de ir esta mañana. No nos dijo a dónde iría ni con quién. Sólo dijo que tomaría unas vacaciones, y que no nos molestaramos en llamar, porque no contestaría ninguna llamada, pero él se comunicaría constantemente con nosotros para saber cómo está.- Volvió a repetir María
La chica peliazul sintió que las lágrimas que salían por sus ojos azules rodaban por sus mejillas. Ella le había dicho que volvería pronto, ¿Entonces por qué se fue? ¡Qué ilusa había sido al pensar que él la esperaría con los brazos abiertos!.
-Lo siento señora, pero debo irme- dijo de pronto Frida, poniendose de pie.
-Pero Frida…- quiso decir algo María.
-Disculpeme, pero tengo cosas que hacer. Muchas gracias por su hospitalidad- Y salió de la casa dejando a una muy confundida María dentro.
Caminó sin rumbo por las calles frías de la ciudad. Llorando, meditando. Había llegado tarde. Si su vuelo no se hubiese retrasado, ella habría llegado con tiempo, ella habría llegado con él, habrían hablado y muchas cosas se habrían arreglado. Y muy probablemente estarían juntos, de nuevo.
Sin ninguna esperanza, tomó su celular, y marcó el único número que sabía que no lo iba a traicionar nunca. Esperó en línea a que él contestara.
-Diga- escuchó una voz masculina. La chica dejó escapar un sollozo.-¿Frida? ¿Te encuentras bien?- preguntó la misma voz.
-Soy una tonta- repondió entre sollozos. –Vine hasta aquí con la esperanza de encontrarlos, pero él no está. Todos tenían razón. Nunca debí regresar aquí, Daisuke.
-No digas eso Frida. ¿Aún estas en Ciudad Milagro?- Preguntó con preocupación.
-Sí.
-Esperame. Tomaré el primer vuelo hacia allá. Frida, no estás sola, sabes que puedes confiar con nosotros.
-Gracias Daisuke- Fue la respuesta de la chica. Suspiró un poco aliviada. Desde que conoció a Daisuke, poco depues que dejara la ciudad Milagro, fue para ella una fuente de apoyo. A él le podía confiar cualquier cosa. Y agradecía tener amigos como él.
Y dicho y hecho, unas horas depues, recibió en el aeropuerto a su amigo de origen japonés. Cuando lo vio salir, corrió hacía él, con lágrimas en los ojos, y lo abrazó como si su vida dependiera de ello. Ahora más que nunca necesitaba consuelo. Él chico rubio correspondió su abrazo, y se quedaron en esa posición por algunos minutos.
-Frida…-susurró el chico- ¿estás bien?
-No- respondió la chica.
-¿Quires hablar de lo que pasó? Mira, no se muy bien la historia, pero quiero que te desahogues.- Le propuso el chico. Él conocía a la perfección a la chica peliazul, pero ignoraba ese detalle de lo que había vivido con cierto héroe-villano en su época de adolescente –Tengo una idea- le dijo mirandola a los ojos- ¿Por qué no vienes conmigo a Japón?- le dijo con una sonrisa en su rostro –Necesitas relajarte un poco Frida, yo iré a visitar a mi madre, pero si vas tu, seguramente se alegrará de verte.-La chica sonrió. –Y durante el viaje me puedes contar lo que quieras.
-Está bien.- le respondió practicamente en un susurro. –Te contaré todo lo que paso hace diez años…
CONTINUARÁ...
¡Hola de nuevo! Primero una disculpa por lo que he tardado en subir un nuevo capítulo. El trabajo y otras cuestiones personales no me dejaban avanzarle a la historia. Pero he aquí este capítulo. ¿Que les pareció? Ya escuchamos un poco la versión de Manuelito, de porque ahora practicamente odia a Frida. En el siguiente veremos la de la chica peliazul. Y ahora nuestros queridos personajes se dirigen al País del Son Naciente. ¿Qué pasará? Ya lo verán en los siguientes capítulos ;D Muchas gracias a Espartano y fridanikte por sus comentarios. Por cierto, hoy se cumplen 4 años desde que El Tigre se estrenó por primera vez en Latinoamerica :D En fin. ¡Nos vemos en otra ocación! ¡Y no olviden dejar un review!^^
