Dom: Este es muy largo. Lo lamento por ustedes, que vinieron en busca de una viñeta. Y se encontraron esto. Gracias a Altea Kaur y Julietaa. Sus Reviews son un apoyo.

Disclaimer: Yo tengo una pregunta. Si me encuentro aquí, en FanFiction, haciendo un fanfic de Harry Potter… ¿Por qué hace falta que ponga que nada de esto es mio?

Magia— (O de cualquier manera sigue siendo magia)

Rose acomodo las cartas de vuelta en el sillón de la casa de los Weasley.

Qué raro que resultaba todo.

Esas navidades, sus abuelos maternos habían venido a pasar las fiestas con su familia mágica. Y Rose estaba más que contenta. No iba a tener que pasarse la navidad lagrimeando por los rincones por no estar con sus otros seres queridos. Siempre tenía que irse de un lugar, y terminaba con una pena enorme.

Pero esa navidad no había pasado, claro que no. Esa navidad todos cantaron villancicos, todos tomaron chocolate caliente, todos se reían juntos, eran especialmente felices. Rose era especialmente feliz a sus once años.

Liego de unas navidades de lo más fantásticas se fue a dormir tranquila. A la mañana siguiente, con su abuelo Charlie a su lado, se sentó en la mesa poblada por pelirrojos. El señor miro a la pequeña con cariño, recordándose en secreto por que estaba ahí, y era por Rose y Hugo. Le acaricio el cabello, y le guiño un ojo a su esposa.

— ¿Cómo dormiste Rose?—Le pregunto con júbilo. Rose lo miro con una sonrisita.

—Bien. Les escribí a mis amigos.

— ¿En serio?—Pregunto Charlie por preguntar, pero Rose asintió enérgicamente. Charlie se rasco la barbilla—. ¿Hablaste con ellos por teléfono?

—No abuelo— Rio Rose, como si Charlie hubiera dicho una tontería. —Les escribí una carta. En Hogwarts no existen los teléfonos.

—Bien por ellos— Dijo su abuela Jane del otro lado, sonriendo con sus arruguitas— La tecnología no siempre es buena, y las cartas duran más. Como me gustaría visitarte en la escuela, estas tanto tiempo fuera…

Rose sonrío a forma de disculpa. Sus abuelos nunca, nunca, iban a pisar ni un azulejo de Hogwarts. No porque ella no quisiera, si no porque bien todos sabemos que no podían. Charlie puso cara de asombro. Rose arqueo una ceja.

— ¿Qué pasa abuelo?—Preguntó hasta con algo de miedo. Miro a su alrededor, pensando que se había asustado por algo mágico. Le acaricio el brazo. —No pasa nada.

— ¿Cómo que no?—Dijo entre enojo y miedo. Le señalo su oído, tapado por una manada de cabello pelirrojo. — ¡Si tienes una moneda en tu oreja!

Rose se toco la oreja por puro instinto, pero luego sonrío con picardía. Su abuelo extendió su mano y saco una moneda muggle de su oreja. Rose rio y se sentó en las piernas de su abuelo. George, que los contemplaba con cara de circunstancia, señalo a Charlie.

— ¿Cómo lo hace?—Preguntó como si no le importara la cosa, pero su curiosidad lo venció. Miro al viejo con ojos curiosos— ¿Es una especia de hechizo?

Charlie y Rose se miraron, y luego miraron a Jane. Los tres se echaron a reír.

—Por lastima hijo, yo no conozco ni se ninguno de esos… firuletes que hacen ustedes— Dijo Charlie de forma muy seria. George tuvo que pellizcarse para no reírse ante las palabras del anciano.

— ¿Entonces?—Preguntó el insistente George. Charlie se acerco en plan confidencial.

—te voy a contar un secreto— Susurró, y Rose se acerco para escuchar. George lo miro muy atento, y al ver que no tenía respuesta, pregunto.

— ¿Cuál?—Charlie sonrío con picardía, disfrutando del momento que lo única con un mago.

—Esta no es una magia cualquiera— Aseguró Charlie— Es magia muggle.

Rose permaneció quieta, sintiendo el frio en las mejillas. Su primo parloteaba sin parar, pero hace ya horas que se había cansado de escucharlo. Albus tomo aire, y negó con la cabeza.

—…Y es por eso— Termino el chico— Que odio a Scorpius Malfoy.

Rose lo miro de refilón, disgustada.

—Sí, lo odias. Justo después de que mi papá nos digiera que los Malfoy no son de fiar.

— ¡No es por eso Rose!—Se enfado Albus. —Es porque… porque… por que el…

—Cállate Potter.

Los dos niños se dieron vuelta enérgicamente. Scorpius Malfoy los miraba desde atrás quien sabe desde hacia cuando, con las manos en los bolsillos y las mejillas rosadas por el frio. La nieve espesa cubría todo. Albus lo miro con enfado.

—A mi tu no me callas, maldito hurón— Le contesto mordazmente Albus. Rose no hubiera intervenido, si no hubiera reconocido el apodo que le ponía su padre a Draco Malfoy. Rose lo miro con el ceño fruncido.

—Albus, no seas así— Dijo tímidamente, pero al ver que no pasaba nada, se animo a levantar la voz. — Es no te está haciendo nada. Quizá… no quería que me digieras algo malo.

Albus la miro con las cejas arqueadas. Luego miro a Scorpius, que los miraba impertérrito. Albus se puso rojo del enfado.

—Claro, no quería que te digiera algo, es cierto. Pero es algo que necesitas saber Rose. —Albus miro con morbosidad a Scorpius. Este paso el peso de un pie al otro.

—Potter, por favor…— Suplico, pero Albus negó con la cabeza. Albus abrió la boca, y Scorpius cerró los ojos. Ya venía la escena venir… pero nunca vino.

—No quiero saber Albus— Rose miraba fijamente a Scorpius, examinando su postura— Estas haciendo que Mal…— Se mordió la lengua. —Scorpius se ponga mal. Déjalo. No hace falta…

—Ahora tú te pones de su lado— Dijo Albus infantilmente. Rose negó con la cabeza.

—No, Albus…

Pero el chico ya se había ido, a trompicones y gruñidos. Se dio la vuelta, rojo de furia.

— ¡Ya sé por qué Malfoy siente eso por ti!—Le grito a Rose. — ¡Porque tú también sientes lo mismo!

Luego se dio media vuelta, y corrió en medio de la nieve hasta desaparecer. Rose se había levantado de su asiento, pero ya no iba a alcanzarlo. Suspiro, siguiendo a Albus con la mirada hasta que entró en Hogwarts.

Se dio vuelta, y para su sorpresa, encontró a Scorpius en el lugar de la nada.

Scorpius trato de retroceder un paso, pero calló a la nieve. El color rosa ya no era por la nieve.

—Perdón— Susurró, arrastrándose, alejándose de Rose y llevándose su vergüenza.

Rose lo paro con el pie, y se agacho a su lado. El rosa de Scorpius se convierto en un rojo. Rose sonrío de lado.

—Yo lo siento. Te hice caer— Dijo, peinándose en indomable cabello pelirrojo. Scorpius asintió, sin saber qué hacer. Rose suspiro— Y también perdón por lo de Albus. Es muy… temperamental.

Rose ayudo a Scorpius a levantarse, y se sentaron en el banco antes ocupado por los dos primos. Rose miro a Scorpius de lado.

Scorpius hizo lo mismo.

—Tu primo no me quiere— Comentó por lo bajo, sacando voz de un lugar oculto. Rose asintió.

—Ya se. —Se quedaron en silencio un rato, y Rose sintió el viento pasar. Luego frunció el ceño.—Pero no sé por qué. ¿Qué le dijiste que lo puso… así?

Scorpius se había puesto como un palo. Miro a los costados.

"Piensa Scorpius, piensa" Se dijo. "¿Escapar? Demasiado obvio. ¿Huir? Más de lo mismo. ¿Tirar a Rose al piso, y tratar de centrar su atención en otra cosa? No…"

—Te has puesto a sudar en medio de la nieve Scorpius— Dijo Rose, sonriendo. Luego le puso una mano en el hombro al rubio, y a Scorpius le dio estática. — Dímelo… por favor. Quiero oírle de tu boca antes que la de Albus.

Scorpius cerró los ojos, preparándose para seis años más con una Rose sin dirigirle palabra. Suspiro, abrió los ojos, y habló.

Pero salió otra cosa.

—Que quiero ser tu amigo. — Frunció el ceño, pero luego sonrío. —Si… eso le dije.

Rose formo una gran sonrisa en su cara. Trato de buscar la mirada de Scorpius, pero era lo último que quería el chico.

— ¿Y por qué diablos no me lo dijiste? —Preguntó con dulzura. Scorpius se encogió de hombros. Pero a Rose ya nada le importaba.

El hijo de un Malfoy, el que no entendía sus juegos muggles, el que la molestaba… ese era el que quería ser su amigo. Y por eso hacia todo eso. El chico que se ponía rojo de tan solo verla, el que cuando se sentaban juntos sudaba como si fuera verano…

Quería ser su amigo.

Rose asintió.

— ¿Entonces lo somos?—Preguntó con euforia. Scorpius por fin la miro a los ojos, y asintió. Rose sonrío de placer— ¡Qué bueno! ¡No me gusta tener enemigos!

Scorpius soltó una carcajada nerviosa, pero estaba totalmente feliz. Los dos chicos se levantaron del asiento al mismo tiempo.

—Yo tengo que…— Se excusó Rose. Scorpius asintió.

—Yo también…

Sonrieron, y Rose le dijo adiós con la mano.

—Adiós— Susurró la chica, dándose vuelta. Scorpius sonrío.

—Adiós.

Scorpius se alejo silenciosamente, y Rose hizo lo propio. Pero luego de unos minutos, por más que se encontraran ya a metros de distancia, Rose puso oír el grito de euforia de Scorpius.

Y eso solo la hizo reír.

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