Aki otro cap...Quiero decir k los guiones puede k no sean muy exactos (hace muhco k he visto la peli XD) y hay una parte al final que me la he invitado, porque enredados es una peli fantastica pero demasiado breve, ¿Verdad? La voy a alargar un poquito ;) Espero k os guste!
Capitulo 4: La loca que vivía en la torre…
Sentía una punzante sensación en la parte posterior de la cabeza, ardiéndome. A decir verdad, me dolía todo el cuerpo, no conseguía descifrar porque…Las manos, las piernas, la espalda, la cara…Era como si acabara de recibir una paliza.
Y de repente, sentí una sensación húmeda, viscosa, asquerosa, repugnante en todos los sentidos de la palabra en mi oreja. Eso me devolvió de golpe al mundo real, haciéndome abrir los ojos y gritar por el sobresalto.
Miré a mi alrededor, desorientado y empezando a recordar todo…Caballo, torre, golpe…
Alarmado, intenté ponerme en pie de inmediato, pero entonces, fui consciente de que estaba atado. Desconcertado y confuso, miré las ataduras que me apresaban las muñecas y los pies contra un sillón…Fruncí el ceño, aun más sorprendido al darme cuenta que no me habían encadenado con cuerdas…Sino con…Pestañeé.
Esto es… ¿Pelo?- me pregunté en voz alta, incrédulo. Si no lo estuviese viendo, diría que es físicamente imposible… Con las pupilas dilatas, reseguí la mata de cabello que parecía no tener fin…
Su extensión se perdía más allá de donde podía seguirle mi vista, hasta ocultarse en las sombras. Entrecerré los ojos, intentando distinguir algo en la oscuridad…Pero un ruido cerca del techo me llamó la atención. Me tensé.
¿Quién anda ahí?- pregunté, mirando nerviosamente en todas las direcciones posibles.
¡N…No te resistas! ¡Es inútil!- contestó una trémula voz femenina que no sabia bien de donde procedía. Fruncí el ceño.
¿Quién eres tú?
Poco después de preguntar eso, detecte como algo se movía en la oscuridad…Me quede mirando hacia delante, expectante, para que, al cabo de unos segundos, la luz del sol sacara a relucir la figura de la propietaria de aquella melena ridículamente larga…
Algo detuvo mi respiración en ese momento. Era una chica…Una joven pasmosamente preciosa. Tenía un rostro de niña pequeña que filtraba una confusa y adorable mezcla entre terror y firmeza…Sus enormes, preciosos y expresivos ojos verdes estaban clavados en mi, brillando con la potencia de una esmeralda…Y nada que decir sobre su increíblemente larga melena rubia, enredada alrededor de mi cuerpo. En sus manos blandía una sartén que posiblemente, había sido el objeto que había provocado mi inconsciencia.
No sé que era lo más desconcertante de todo, pero antes de poder decidirlo, ella se puso hablar.
¿Quién eres tú? ¿Y como me has encontrado?- exigió saber entrecerrando los ojos.
Me tomó un par de segundos cerrar la boca y recuperar mi habitual aplomo. Con mucha diplomacia, me enderecé sobre la silla y aclaré mi garganta.
No sé quien sois ni cómo os he encontrado- declaré en tono solamente- Pero permitid que os diga…- y, aproveché para cambiar mi mueca mi mueca de seriedad por una sonrisa provocativa- ¡Hola! ¿Cómo lo llevas? – la joven pegó un respingo y arrugó su nariz respingona, a la defensiva. Vaya…Desde luego ese no era el efecto que esperaba causar sobre ella- Me llamo Flynn Rider…
Ella, frunciendo el ceño, me apuntó con su sartén, rondándome como si fuese su presa, amenazante.
¿Y como has llegado hasta aquí, Flynn Rider? – remarcó mi nombre con un tono de desconfianza. Pestañeé. Aquella situación era ridícula, pero decidí mantener la calma y seguirle el juego…Parecía un poco turbada. Asustada, pero debo añadir que luchaba muy bien contra si misma para mantener la firmeza.
Tranquila, rubita…
Rapunzel- me corrigió de inmediato, acercando aun más la sartén. Me incliné un tanto hacia atrás y me encogí de hombros. Ja. Cómo si me importase su nombre…
Lo que sea…- murmuré con naturalidad- La cuestión es que estaba paseando por el bosque, vi tu torre y…- de repente me detuve a mi mismo, dándome cuenta de que algo realmente esencial, imprescindible, se me había pasado por alto. Jadeé de horror y miré frenéticamente en todas las direcciones posibles, aterrado- ¡Oh, no! ¡Oh no no no no! ¿Dónde está mi alforja?
El timbre de histeria en mi voz la hizo sonreír socarronamente. Se cruzó de brazos con aire soberbio, mientras un bicharraco verde se encaramaba a su hombro. Parpadeé. He tenido días raros, pero ese se estaba llevando la palma.
La he escondido y nunca la encontrarás…
Alcé una ceja, aburrido de todo aquello. Eché un rápido vistazo a mi alrededor y de inmediato, detecté el supuesto escondite secreto. Era tan puñeteramente evidente…
Está en el jarrón ¿Verdad? – pregunté con la barbilla altiva, exhibiendo la prepotencia del que está convencido de algo.
Rapunzel pegó un respingo y…No me dio tiempo ni a gritar, recibí otro santo sartenazo en la cabeza. Todo oscureció de nuevo.
Volví a sentir aquella viscosa sensación en la oreja, devolviéndome la conciencia de golpe. Pegué un grito y reboté, haciendo que la rana que había ahora en mi hombro cayera al suelo.
¿Quieres dejar de hacer eso?- gruñí restregando la oreja por mi hombro, asqueado. No sé si se lo decía a la rubita o su mascota verde, pero ya empezaba a estar harto de ser golpeado y babeado.
Ahora sí que nunca podrás encontrarla- aquella extraña joven seguía enfrente mío. Se cruzó de brazos y empezó a rondarme, dando vueltas alrededor de la silla.- Y ahora dime ¿Qué piensas hacer con mi pelo? ¿Quieres cortarlo?- sentí su incipiente mirada en mi nuca. Me avasalló por el otro lado, escrutándome con recelo y vehemencia- ¿Venderlo?
¿Qué?- fruncí el ceño y la miré, confuso, perplejo. Aquello no tenía sentido alguno para mi- ¿Por qué narices iba a querer yo tu pelo?
Ah y…- se detuvo a si misma, envarándose. Esta vez era ella la parecía confundida. Se medio inclinó sobre mi, incrédula - ¿No quieres mi pelo?
Alcé las cejas.
Mira, lo único que quiero hacer con tu pelo es quitármelo de encima- sentencié exasperado. Miré las ataduras de mis muñecas y luego a la propietaria- Literalmente.
Ella se quedó observándome unos instantes, perpleja. Hice una mueca. Aquello empezaba a ser desesperante.
Mira, me perseguían. Vi una torre. Escalé. ¡Punto!
¿Dices la verdad?- preguntó suavemente, tras analizarme unos segundos. El hielo que vestía sus ojos verdes parecía haberse derretido… Ya no tenía miedo. Pero yo sí. Gemí.
¡Sí!- me exasperé hasta el punto de mirarla de forma suplicante.
La rana bajó a través del brazo de la rubita y se inclinó sobre la sartén, parada justo enfrente de mi nariz. Me tensé, desconcertado mientras me mira escrupulosamente de arriba abajo como si fuese un interrogador de la guardia real. Todo mi cuerpo sufrió un escalofrío y dejé mis ojos bien abiertos, intimidado, pasmado, hasta que Rapunzel apartó la sartén y se alejó unos pasos dándome la espalda.
Dejé ir el aire retenido y observé, con el ceño fruncido, como la rubita parecía estar discutiendo algo con el bicho verde. Torcí el gesto. Ya era oficial, aquella muchacha estaba como una cabra…
Muy bien Flynn Rider…He decidido hacer un trato contigo- declaró condescendiente.
¿Un trato?- repetí yo, frunciendo el ceño.
Empezó a caminar hacia no se donde, y por la distancia, su pelo se tensó. Jadeé cuando la silla empezó a dar vueltas sobre si misma, cosa que me hizo perder el equilibrio…Caí de morros contra el suelo, incapacitado por evitarlo.
¿Sabes que es esto?- preguntó su voz. Con dificultad, levanté la cara del suelo y la busqué con la mirada. Estaba de pie al lado de una bonita pintura. No me tomó mucho reconocer las luces que vestían el negro cielo que había pintado.
¿Te refieres a los farolillos para la princesa?- al estar mi mejilla aplastada contra el suelo, mi voz sonó agudamente nasal y ridícula, cosa que al parecer ella le hizo gracia. Claro que, inmediatamente, pude ver como se sumía en sus pensamientos. Una preciosa sonrisa que destilaba ilusión subió a través de la curvatura fina de sus labios. Algo me llenó el corazón en ese momento… ¿Ternura? ¡Bah! ¡Imposible!
Sabía que no eran estrellas- murmuró creo que para si misma, maravillada. Sus ojos brillaban resplandecientes y los volvió a posar sobre mí. Carraspeó, como si hubiese olvidado momentáneamente mi presencia- De acuerdo, este el trato…Tú me llevas hasta los farolillos y después me devuelves sana y salva a casa. Entonces, y solo entonces, te devolveré tu alforja…
Molesto, apoyé las palmas de las manos en el suelo y me di impulso, para quedar de manera horizontal. Empezaba a marearme.
Emm…Ya. Pues va a ser que no, rubita…- inmediatamente, conseguí que frunciese el ceño- Mis relaciones con el reino no están pasando por su mejor momento…
Con determinación, Rapunzel bajó de un salto hasta donde yo estaba y tiró de su cabello, haciendo que me pusiese de nuevo en pie.
Alguna fuerza te trajo aquí, Flynn Rider- susurró ella. Sus ojos estaban clavados en los míos. Pude sentir un escalofrío eléctrico pinchando mi columna. Tragué saliva. Empezó a avanzar hacia mí, o haciendo que yo avanzase hacia ella tirando de su cabellera, no sé.- Llámalo como quieres…Fortuna, destino…
Un caballo- gruñí entre dientes, rodando los ojos por el fastidio.
He tomado la decisión de confiar en ti- declaró contundente.
Una decisión terrible- comenté con voz burlesca. Si era tan estúpida como para confiar en mi, allá ella con las consecuencias…Acababa de meterse en la boca del lobo.
Pero escúchame bien- tiró con firmeza de su pelo, haciendo que el sillón perdiese el equilibrio de nuevo, pero antes de poder jadear, ella paró la caída poniendo una mano en el respaldo. Se inclinó sobre mí, tan excesivamente cerca que pude sentir su aliento mezclándose con el mío. Conteniendo la respiración, la miré a los ojos intensamente, reflejándome en ellos. El color verde campestre destilaba fiereza, no sé si ensayada o real, pero bastante convincente de todos modos- Me da igual que desmontes está torre piedra a piedra…Nunca encontraras la alforja sin mi ayuda…
Entrecerré los ojos. Mierda… ¡Aquello iba en serio! ¡¿Mundo que te pasa? Todo esto no tiene sentido. Yo no debería estar ahí, enredado en los cabellos de una joven psicópata…Yo debería estar kilómetros lejos, en un bote camino a mi isla… ¡Y ella quería hacerme volver al punto de partida!
A ver si lo he entendido- recapacité yo suavemente- Te llevo a ver los farolillos, te traigo de vuelta y tu…Me devuelves mi alforja.
Lo prometo- asintió de inmediato, sin dejar de acuchillarme con sus ojos verdes ¿Pero que le pasaba? ¿Es que nadie le había dicho que mirar tan intensamente a un desconocido es de mala educación? Me estaba poniendo nervioso…Y su aliento acariciando la piel de mi cuello aun más. – Y cuando yo prometo algo, jamás rompo mi promesa…-Fruncí el ceño. El tono en que lo había dicho había sido ridícula y exageradamente melodramático. – Jamás- repitió con voz retumbante.
Suspiré. En fin, solo me quedaba una opción…
Muy bien…Oye, no quería tener que hacer esto, pero no me dejas otra opción…Tendré que poner la pose.
Bajé la cara y, al volverla a subir, hice un puchero de cachorrito abandonado, aquel que nunca me falla. Todas las mujeres se derriten cuando hago eso…Pero, para mi sorpresa, ella no. Se mantuvo ahí ecuánime, aun con su mirada atravesando la mía. Esto es increíble. Me sentí gravemente indignado. Mi orgullo acababa de ser duramente herido…
¿Sabes? Hoy tengo un mal día, esto no suele pasarme- confieso, aun manteniendo el mohín. Pero sigue sin dar resultado. Suspiré, rendido. Estaba claro que era más tozuda de lo que cabía esperar…No tenía opción. Cedí- ¡Está bien! ¡Te llevaré a ver los farolillos!
¿De verdad?- exclamó con ilusión.
Por impulso, soltó la silla y mi cara impactó duramente contra el suelo, dando un doloroso golpe en medio del rostro. La oí jadear.
¡Lo siento!- gimió de inmediato.
¡Acabas de romper mi pose!- me lamentó yo, apretando los dientes.
La oí reírse con suavidad. Segundos después, pude sentir el calor de su cuerpo cerca del mío. Con un ágil movimiento, volvió a levantar la silla y, sin mediar palabra alguna, sus manos se colaron a través de mis muñecas, aflojando los mechones que me cortaban la circulación. El roce de su piel era increíblemente suave... Me la quedé mirando mientras se concentraba en deshacer las ataduras de mis tobillos, con chocante amabilidad si nos ponemos a comparar lo arisca que había estado al principio conmigo.
De repente me asaltó una duda.
Oye rubita…-Ella levantó la mirada y la posó en mí, sonriendo con dulzura- ¿No sabes quine soy, verdad?
¿Qué?- pestañeó, confundida- Pues claro que lo sé…Eres Flynn Rider, ¿No? Me lo acabas de decir…
Sonreí ante su inocencia y me levanté de la silla, frotándome las muñecas. Escuecen.
Me refiero a que… ¿Nunca has oído hablar de mi?
No- me miró, llena de encantadora curiosidad- ¿Por qué? ¿Eres famoso?
Suelto una carcajada.
Oh, sí…Más de lo que me gustaría- Rapunzel frunció el ceño, sin entender. Entonces se me ocurrió la genial idea. Di un paso hacia delante, intimidador. Sonreí cuando oí su corazón acelerarse…Eso es, al juego de asustar podemos jugar dos- Soy un ladrón…El más famoso del reino.
Ella dejó ir un suspiró, apartando la mirada de mi. Asintió.
Lo sé…He visto el cartel.
Alcé las cajeas, atónito. ¿Qué…?
¿Lo sabes? ¿Sabes que soy un ladrón y aun así confías en mi?- pregunté, absolutamente incrédulo. Su tierna sonrisa volvió a girarme los esquemas…Sentí como se me cerraba la boca del estomago, prohibiendo la entrada de aire. ¿Qué me pasaba?
Confío en ti- se limitó a repetir. Su voz, cristalina, sincera, inocente, pura…No deja lugar a dudas. Tenía real fe en mí, no lo decía por decir.
Fruncí el ceño y le clavé la mirada unos segundos más, antes de girarme con un suspiro. Bueno, si tanto confiaba en mí, iba a lamentar profundamente hacerlo.
No tenía intención ninguna de volver al reino…No, no iba a arriesgar la piel por el capricho de aquella niñata consentida… Además, si había conseguido librarme de los Stabbignton, ella no podía representar un problema para mí…
Iba a recuperar mi alforja, ya lo creo.
Agarré las flechas que había dejado en el alfeizar de la ventana con determinación y me encaramé con un suspiro.
Maldita sea… ¿Por qué las más guapas son siempre las más locas?- me lamenté yo.
¿Qué has dicho?- oí la voz de la rubita tras de mi. Me giré y le sonreí socarronamente de medio lado.
Que espero que no tengas vértigo, porque la caída va a ser de alivio…
