Los personajes de Katekyo Hitman Reborn!

Gokudera & Haru.

Estamos con nuestras respiraciones aceleradas, yo mantengo mis caderas pegadas en la de él, nos miramos intensamente antes de unir nuestros labios, comenzamos con un beso tímido y este se va tornando demandante y furioso, cepillo con mi boca la suya y suspiro, su nombre.

Sí, sí grita mi cuerpo.

Me sujeta por las caderas y luego mueve las suyas, aún de pie y nuestras ropas puestas puedo sentir su erección.

No es nuestra primera vez, pero es como si lo fuera, porque cada vez que lo hago con él es como si volviera a experimentar lo que sentí hace dos años atrás, y sus besos, esos besos que me derriten y me aturden saben a alquitrán, a cigarrillo, me molesta a veces pero hoy no.

Gokudera hunde su lengua de forma morbosa y pícara en mi boca, lame mis labios y suspira, agitación, agitación dice su cuerpo.

Con sus manos largas y delgadas como las de una mujer avanza por mi cuerpo, piernas, y se detiene en mis muslos, masajeándolo lentamente. Siento su caricia de forma caliente y palpitante, mi cuerpo pide más, pero él no avanza, se detiene en ese punto en el que yo pido más pero él se burla. Gokudera a veces puede ser demasiado irritante.

Aún con mi boca contra la suya yo muerdo su labio, él detiene las caricias y responde de forma atropellada mi beso.

Nuestros besos son desenfrenados, furiosos y a veces dolorosos, no medimos donde podemos parar y avanzar, pero me gusta de esa forma.

Sonrió contra su boca y empiezo a tocarle el pecho, deteniéndome entre sus el filo de sus caderas, mi mano se burla entre la cremallera del pantalón y él da un respingo.

Paso mis dedos por el erecto y cubierto pene, y mi cuerpo da una sacudida cuando Gokudera muerde mis labios, sollozo contra él.

Él sonríe, esa sonrisa socarrona y sarcástica, después de todo pienso mirándolo, amo esa sonrisa desquiciante.

Nos guiamos más por instinto, nos besamos el cuello, muerdo contra su piel y él contra la mía, nos movemos con frenesí aún abrazados y empezamos bajando nuestras manos por nuestros sexos que quieren unirse, gemimos cuando nuestros dedos hallan una abertura abierta para tocarnos sin pudor. Hace mucho tiempo perdí la timidez, no me interesa actuar con rubor falso en medio de las sabanas, Gokudera puede hacerme sonrojar solo con un beso húmedo, él no se detiene hasta hacerme temblar las piernas.

Veo sus ojos verdes, sus cejas plateadas que perfilan la oscuridad de su mirada deseosa, su piel pálida se contrae contra la mía, sus dedos y sus uñas aprietan mi piel y yo muevo las caderas contra su pubis.

Intento serenarme, pensar racionalmente, después de todo estamos en la base, específicamente en el salón de la base, intento decir algo pero su voz ronca endulza todo mis sentidos, paraliza mi cerebro y actuó, importándome nada lo de mi alrededor.

Subo mis manos hasta sus hombros y hago que baje su cara cerca de la mía, sonrió.

―Te necesito.

Sus ojos se achican cuan depredador y mira de soslayo a su alrededor, después de ver o no ver nada empieza bajando sus manos a mis caderas y apretando mis glúteos, suavemente su dedo se enrolla en la cremallera de mi falda.

―Zapatos. ―susurro moviéndome difícilmente.

Gruñe y baja el cuerpo, casi en cuclillas me quita los zapatos con tacón y las medias de seda transparente, sube sus dedos por mi pie y luego siento que moriré, porque de repente su boca empieza besando mi vientre. Relame sus labios y no despega su mirada de la mía, con su mano me acaricia tortuosamente.

Siento esa asfixiante sensación de necesidad, como mi cuerpo baila contra el suyo sin palabras, nuestra piel nos conoce mutuamente, sus manos saben dónde tocar, mi boca sabe dónde dejar un beso húmedo, sus ojos saben cómo paralizar mi cuerpo, y mi lengua sabe cómo sacarle un gemido ronco.

Nuestros cuerpos actúan sin necesidad de órdenes, es intuición.

Susurro su nombre, con mis manos recorro los botones de su camisa blanca, su piel lechosa, blanca y a veces cicatrizando las heridas que se hizo quema contra mis dedos, sus ojos cristalinos como si estuviera a punto de llorar, su cabello plateado brillando a mis ojos, trago saliva y me mezo contra su cuerpo, él me empotra más contra la mesa, me saca la parte baja de mi ropa y sus labios se estiran.

―Estás muy ansiosa mujer. ―se burla ligeramente con las cejas arqueadas, yo muerdo mi labio intentando parecer seductora pero al parecer no da resultado ya que él ríe con voz ronca.

Sus dedos empiezan a acariciar mi pezón duro, lo aprieta dulcemente y lo masajea con lentitud y mimo que me hace estremecer, su lengua recorrer el camino de mi cuello, mordiéndome a veces y otra dejando un beso suave y gentil.

Me echa más contra la mesa hasta que siento mi espalda contra la fría madera, además que mis pies se apoyan en el. Gokudera abre mis piernas con sus manos, me mira y me siento más húmedo aún, baja la cabeza hasta mis muslos y siento su aliento cálido en mi intimidad. Me muevo al compás de su respiración lenta, le miro penetrantemente y hago una sonrisa complaciente.

―Tú sabes que lo deseas. ―informe lentamente, mordiéndome mi labio. El italiano suelta una carcajada corta y ronca.

―Y tú sabes que lo hare. ―susurra.

Asiento lentamente y se pone a darme placer con su lengua avariciosa.

Siento como su dedo abre los labios de mi intimidad, y su lengua intrusa empieza a desplazarse cerca de mi clítoris, sopla suavemente y yo gimo, aprieto mis manos en su pelo plateado y luego hunde su lengua es mi sexo.

―Te estás portando bien, mujer. ―murmura lentamente.

A veces en nuestros juegos sucios yo finjo no quererlo ni desearlo, discutimos y luego a la hora del sexo es salvaje y desenfrenado, proporcionándonos dolor y placer mutuamente.

Una veces el arremete contra mi cuerpo fuertemente, golpeando contra mis caderas hasta hacerme escocer y doler, otra yo lo monto y empiezo mi ritmo para después él volver tomar el control echándome bajo mi espalda y volver a introducirse. Tenemos tantas posiciones, tantos juegos aprendidos y por aprender que deseamos. Pero ahora mismo siento que lo deseo, nada más, no hay juegos burlones, no hay comentarios sarcásticos y menos aun lentitud. Ahora solo siento el dolor palpitante en mis piernas y quiero que él lo calme o bien lo empeore.

Abro instintivamente mis piernas mientras empieza a sumergirse, le digo con voz ronca lo que quiero y cómo lo quiero.

Su lengua es caliente y húmeda, recorre cada pliegue, besa lentamente mi piel descubierta, su cabeza avanza con suavidad por mis caderas y luego a mi vientre, me saca la camisa blanca y me deja el sujetador. Su dedos se enreda contra mi pezón erguido, yo sonrió.

―Gokudera―paladeo con lentitud, muevo las caderas y él me mira.

―¿Qué? ―pregunta con su voz ronca, casi con su acento italiano, y eso me hace excitar.

―¿Por qué no me hablas en italiano? ―pregunto levemente jadeando cuando su boca muerde mi pezón. Siento una sonrisa en sus labios.

Dannazione, donna. ―gruñe con tono dificultoso. ―Cazzo.

Abro la boca lentamente, empujo con mis piernas abiertas un poco su cuerpo, intentando que se acerque más a mí. Nuestros rostros se acercan peligrosamente.

―Sí, cazzo. ―introduzco en mi boca su dedo que acariciaba mi pezón, lo muerdo suavemente y él golpea sus caderas contras las mías.

Su mano baja por mis muslos y luego él se acaricia a sí mismo, mirándome con intensidad. Baja la cremallera de su pantalón y siento la tela del bóxer entre mi piel. Su pene sale y él agarra mi mano y me hace tocarlo.

―Joder. ―gruñe con asperidad, yo sonrió.

―¿Qué quieres que haga? ―pregunto inocentemente. Me frunce el ceño y luego resopla, abre la boca para gritar cuando yo lo empujo, impulsándome sobre mis piernas y mi espalda, se levanta y me coge por la cintura, le hago dar una vuelta con dificultad, cuando veo que su trasero se apoya en la mesa sonrió y lo empujo. Queda sentado en la mesa, mirándome intensamente.

Relamo los labios como si estuviera a punto de probar el mejor dulce del mundo, aunque creo que eso es realidad. Mi mano acaricia con gentileza su miembro, trabajándolo con mimo, acaricio la cabeza de su falo y él gime con voz gutural, entrecierra los ojos y luego pone su mano contra la mía y me hace masturbarlo con más rapidez. Le miro a través de mis pestañas su rostro distorsionado por el placer, su boca mordiéndose, sus ojos luminosos, como su mandíbula se contrae, haciendo un esfuerzo, rió jovialmente.

―Vamos Gokudera. ―suplico, él niega.

―Cállate.

Su mano baja la velocidad unos momentos antes de hacer con mayor ferocidad. Siento como su miembro se sacude en mi mano, y luego su liquido cubre mi mano. Suspiro un poco y le miro a los ojos.

Estudio su rostro, parece más pacifico, más tranquilo y me gusta. Alzo mi mano manchada y levanto una ceja.

Hayato frunce momentáneamente las cejas antes de agarrarme por mis caderas y acercarme hacia sí, su aliento caliente acaricia mi cuello.

―Pórtate bien. ―se burla, yo sonrió.

―Siempre lo hago~―respondo.

Me levanta con tranquilidad, su falo se levanta con energía, ansiosamente mi cuerpo pide el suyo, y el suyo pide el mío. Me vuelve a echar en la mesa, abro las piernas, se agarra el pene en su mano y lo guía hasta mi intimidad, sus ojos verdes me parecen los mas hermosos ahora mismo, resplandecientes, lujuriosos.

Quiero a ese hombre.

Mi mano manchada viaja hasta su cara, untó con su propio líquido sus labios, luego me abalanzo como fiera a un pedazo de carne a su boca, gimo al sentir su sabor.

―Ah… Hayato.

La cabeza de su pene acaricia mi clítoris, me agarra fuertemente y me penetra, gruño y a la vez gimo, sofocada por tenerlo. Entrecierro la mirada, clavándola en su rostro. Se mueve ligeramente y luego me sonríe de lado. Maldita sonrisa.

Impulso mis caderas, él hace lo mismo. Y comenzamos la danza.

No hay tiempo para hacer una danza hermosa, solo es fogosidad. Su pene me lleva y yo gimo.

Grito sí, sí, le acaricio el rostro con mis manos, luego sus hombros y sus caderas, sus labios empiezan a buscar los míos y nos besamos. Nuestras salivas intercambian sabor.

¡Ah~! Ha.

Sus penetraciones se hacen más fuertes. Abro la boca ansiosamente, saco mi lengua y recorre el camino de su cuello, lo muerdo. Gokudera suelta una exclamación áspera.

―J-Joder. ―responde con dificultad. Apenas curvo los labios en una sonrisa que se me borra al momento por sus movimientos y empiezo a gritar su nombre, la mesa se mueve, parece en cualquier momento romperse.

Una parte de mi mente está preocupada por la mesa, si se rompe yo seré la que sufriré más daño, no quiero una astilla en mi culo. Mientras la otra parte esta comprometida en el momento, en los movimientos y las palabras obscenas que soltamos a veces. En el movimiento de su cuerpo, en el mío, en los besos y las mordidas que nos propinamos.

Se hace un nudo en el vientre, aprieto mis muslos, las paredes de mi vagina se contraen y aprietan el pene de mi amante. Siento una abrasadora sensación.

―¡Hayato!

Gokudera esconde su rostro en mi cuello, lamiéndolo y luego se deja llevar.

Yo cierro los ojos y siento el líquido caliente saciarme.

Respiro con dificultad, no puedo ni mover un músculo, aun con su cuerpo encima del mío no se mueve, lo abrazo suavemente.

―Fabuloso. ―canto contra su oído. Resopla.

Miro el techo, cierro los ojos un momento antes de abrir los ojos con sorpresa.

―¡Gokudera, falta poco para el desayuno! ―grito, él irgue la cabeza rápidamente, se levanta un poco antes de mirarme y suspirar. Sí, lo sé Gokudera. Tú también querías otra ronda. Yo igual.

Siento como sale de mi cuerpo y empieza a acomodarse la ropa desarreglada, como logre quitarle la camisa es un caso, ni yo lo sé, cierra la cremallera de su pantalón y luego recoge mi ropa.

―¿Cuánto falta para que vengan? ―pregunta apretando en sus manos mis prendas, yo miro el reloj.

―¿Quince minutos?

Sonríe un poco.

Abro la boca para protestar cuando el sonido de las puertas abriéndose llama mi atención, sé que no tengo que girarme, pero joder, mi faceta curiosa me vence y giro el rostro.

Tsuna, Yamamoto, Lambo… ¿Reborn?

Golpeo mi cabeza contra la madera de la mesa, cierro los ojos avergonzada, no intento cubrirme porque sé que ya me han visto.

Gokudera me tira la ropa encima, luego gira a encarar avergonzado a su jefe y sus compañeros, no escucho nada y tampoco lo intento.

Me quedo quieta sin intentar avergonzarme más.

―¡Vístete! ―reprende Gokedera.

―¡No puedo levantarme!

Gokudera se ruboriza ligeramente.

Los chicos empiezan a acercarse a un rincón, mirando distraídamente otro lugar, yo solo me pongo la camisa y la falda en desorden, sin bragas y sujetador. Se soslayo los miro pero ellos a mí no.

Salgo por la puerta temblando, mis piernas es decir, camino y cuando me voy alejando escucho como Gokudera se lamenta contra Tsuna, y después este hace un comentario sobre comprar una nueva mesa para los desayuno.

¡Bah!

N/A. Espero hacer para la siguiente historia un Enma & Haru, o en su caso un Basil xD