Ésta página no me dejó actualizar ayer, andaba muy lenta y cada que intentaba subir el archivo tardaba años y al final me marcaba error, así que... culpen a la página por no actualizar desde ayer. En fin, como siempre agradezco sus mensajitos, me alegra muchísimo recibir sus comentarios sobre lo que piensan ¡Espero que el capítulo sea de su agrado y nos vemos la próxima semana sin falta! Besos.

11—

—Detente Bakagami —exigió Aomine dándole alcance en la moto, aunque el chico era rápido corriendo y tenía una buena condición, no se comparaba con la velocidad que podía tomar el moreno arriba de su motocicleta.

—Estoy bien, Ahomine, dije que me iré en tren —aclaró deteniendo su carrera y comenzando a caminar, había dado varias vueltas perdiéndose de la calle principal y ahora no estaba seguro de cómo regresar ya que el moreno le llevó a un lugar que él no conocía. Pero estaba decidido a averiguar.

—No seas terco, no hagas una escena en la calle donde nos pueden ver, sube a la moto o te obligaré a hacerlo —amenazó ceñudo, deteniendo la moto y mirando a Kagami detener su andar y regresar un par de pasos hasta encararle.

—¿Escena? —Cuestionó—, ¿podrías decirme quién inició una hace rato?

Aomine se quedó serio, la verdad admitía que había comenzado él, pero no lo iba a decir en voz alta así que rodó los ojos evitando dar una respuesta verbal. Kagami le miró en espera de alguna respuesta y al no recibirla volvió a preguntar.

—¿Por qué fue la escenita de hace rato?

—Sólo estaba molestando a Kise, ya te dije que él y yo así nos llevamos.

Kagami frunció el ceño, no estaba seguro si creerle o no.

—Entonces traten de no meterme en sus juegos —dijo serio, hizo una pausa y continuó—. ¿Qué dijo Kise?

—Se regresó a su casa, dijo que allá te esperaría. Te llevaré, vamos.

—Mi instinto de supervivencia me dice que será mejor si me voy en tren —dijo bajando la guardia y burlándose de la forma en que Aomine manejaba.

—No seas miedoso, un poco de adrenalina no le viene mal a tu cuerpo de vez en cuando —Aomine tenía ambos brazos recargados en los cuernos de la moto y sus pies a cada lado le mantenían en equilibrio, miraba a Kagami con una sonrisa impresa en su rostro.

—Mañana me iré en tren —advirtió apuntando con un dedo al moreno, quien elevó ambas manos a la altura de sus hombros en señal de rendición pero sin decir nada. Kagami avanzó y se puso el casco que le tendió su compañero, sentándose tras él una vez más y pasando sus manos por el pecho de Aomine sin que éste le dijera nada.

—¿Listo? —preguntó Aomine subiendo una de sus manos y colocándola sobre las de Kagami que le apretaban por el pecho.

—S-sí, sí estoy listo —dijo sin poder evitar tartamudear un poco al sentir la cálida mano posarse sobre las suyas.

—Bien —ante la afirmación de Kagami prendió la moto y partió directo al complejo departamental donde sabía que vivía Kise.

Aomine no podía negar que la idea de que el pelirrojo estuviera viviendo bajo el mismo techo que el rubio le perturbaba un poco, estaba seguro que Kise no deseaba una relación amorosa con Kagami, pero no estaba seguro qué era lo que el pelirrojo sentía hacia Kise. Después de todo el rubio era un modelo famoso asediado por las mujeres y también por algunos hombres.

Para el moreno saber que Kise había estado en contacto directo con Kagami durante los años en que regresó a América fue molesto, pero no podía enojarse con ninguno de ellos porque no era culpa de alguno, si él hubiera querido estaba seguro que el pelirrojo también le hubiera respondido los mensajes o correos electrónicos pero no intentó comunicarse con él en todo ese tiempo, creyendo que así iba a olvidarse de ese tonto sentimiento que tenía por él, aunque en realidad no pasó así. Se suponía que él no tenía intensiones de decirle al pelirrojo lo que sentía hacia él, la idea principal era ser su amigo, tenerlo cerca y nada más. Así que debía aprender a controlar sus celos.

Durante el recorrido hacia la casa de Kise, Aomine sintió que el agarre de Kagami disminuía en fuerza y sin detenerse volvió a subir una de sus manos para apretar las contrarias tratando de despertarle, estaba seguro que el chico se estaba quedando dormido.

—¡Sujétate bien! —Exigió en un grito para que el pelirrojo pudiera escucharle, éste salió de su estado adormilado y recargó su pecho contra la espalda de Aomine, descansando su cabeza aún envuelta por el casco en uno de los hombros y apretó el agarre para no caerse. Aomine suspiró y aceleró— Ahora sí vas a lograr que choquemos… —Dijo bajito, sabiendo que por el ruido y el casco que llevaba el otro no podría escucharle.

Llegar al complejo departamental no fue problema, entró en el estacionamiento subterráneo que tenía el edificio y apagó la moto, sentía el cuerpo de Kagami recargado al suyo totalmente y sus manos apenas se sujetaban de su camisa para no soltarse.

Haciendo gala de sus movimientos escurridizos se bajó de la moto y le quitó el casco al pelirrojo, y en efecto estaba totalmente dormido.

—Eres un baka… —regañó tomándole del rostro con ambas manos y mirándolo fijamente, giró su vista hacia los lados como un niño a punto de hacer una travesura, buscó cámaras de seguridad o alguna persona que estuviera cerca pero no había nadie así que se acercó y a riesgo de ser descubierto por Kagami, le robó un suave beso en los labios, fue un contacto sutil que no deseaba despertar al dueño de esos labios rosas entreabiertos. Sólo, había deseado demasiado tiempo por ese contacto y creía que con ello se iba a conformar.

Pero estaba muy equivocado.

Como pudo despertó al pelirrojo para que caminara casi dormido hasta el elevador, ahí se metió con él y le llevó hasta el departamento de Kise, quien ya estaba ahí y les vio llegar.

—Si quieres yo lo llevo a la cama —se ofreció Kise, recibiendo por parte de Aomine una mirada severa.

El moreno entró y llevó a Kagami hasta la habitación que el rubio le indicó que era del pelirrojo, ahí lo puso cómodo y le metió bajo las cobijas. Kagami nunca terminó de despertar, caminó todo el recorrido cual borracho que ha perdido la consciencia y parecía más un muñeco de trapo que se podía manejar a antojo.

Salió de la habitación y no encontró a Kise en la sala, la cocina alcanzaba a verse ya que sólo estaba dividida por una barra que suplía al faltante comedor. Giró su vista al pasillo de las habitaciones y miró la puerta contraria a la de Kagami abierta.

Se recargó en el marco y abrió la puerta con una mano, mirando en el interior cómo Kise comenzaba a empacar.

—¿Vas a salir de la ciudad? —Cuestionó Aomine aunque era bastante obvia la respuesta.

—Sí, sólo hasta el fin de semana, Aominecchi —respondió—, tendrás que cuidar bien de Kagamicchi en lo que regreso —dijo animado con su sonrisa eterna en el rostro.

—¿Cuál es tu juego, Kise? —Preguntó Aomine, aún en la misma posición bajo el marco de la puerta.

—¿De qué hablas, Aominecchi? —Hizo una pausa en la que su rostro reflejó genuino desconcierto ante la pregunta realizada por el moreno—, sabes que me gusta el básquetbol, ¿o de qué estás hablando? —Parpadeó inocente.

Aomine cubrió su cara con la palma de su mano y la talló tratando de relajarse un poco.

—Olvídalo, que tengas buen viaje Kise —deseó sincero, retirándose con dirección hacia la salida, Kise le vio alejarse y asomó medio rostro por la puerta de su habitación y agradeció los buenos deseos viendo al otro salir de su departamento.

Después en la soledad de su habitación sonrió travieso. Aomine era inteligente aunque normalmente fuera un bruto despistado, además le conocía bien, así que debía tener cuidado o terminaría descubriéndole y no quería que se diera cuenta que lo estaba orillando a sentir tantos celos que terminaría por confesarse con Kagami.

12—

—Pensé que tenías mejor condición —se burló Aomine, llegando a los vestidores en donde Kagami estaba sin camisa, buscando en su casillero la ropa para entrenar—, ayer te quedaste dormido en el camino.

—Lo sé, es sólo que… —Kagami alargó la última letra de la palabra y rascó un poco su nuca mirando hacia otra parte— no pude dormir bien la noche anterior —confesó.

Eso no le pasaba desde que estaba en preparatoria, cuando había algún partido importante su mente estaba tan distraída en la noche que no podía dormir ni una hora, y aunque en su carrera profesional hasta hoy no le había sucedido algo así, el día anterior a su presentación en el nuevo equipo le tenía muy nervioso, tanto que no logró dormir en toda la noche.

—¿Te pusiste nervioso porque ibas a verme otra vez? —Interrogó Aomine por lo bajo para que los demás no lo pudieran escuchar, estaba a menos de un paso de distancia del pelirrojo luciendo su mejor sonrisa de Casanova.

—Claro que no —contestó rápido sintiéndose incómodo con la insinuación y la cercanía, sobre todo porque sintió la mirada del moreno sobre su cuerpo, le vio recorrerle el pecho y detenerse en su cuello. Cuando Kagami vio al otro estirar la mano para tocarle elevó la suya a la defensiva deteniendo el movimiento de Aomine antes de que le tocara.

—Me sorprende que aún lleves puesto eso —dijo Aomine soltado su mano y regresándola a uno de sus costados. Kagami al escuchar decir aquello llevó como instinto su mano hacia la cadena que colgaba de su cuello en la que aún llevaba el anillo que Himuro le había regalado como símbolo de hermandad cuando eran niños. Siempre se la quitaba cuando entrenaba o para jugar.

Kagami no recordaba haber platicado con él sobre el significado de ese anillo así que supuso que su comentario se debía a que se lo había visto años atrás en preparatoria y ahora mucho tiempo después todavía lo traía consigo.

—Es algo importante para mí —aclaró.

Pronto escucharon el llamado del entrenador y todos comenzaron a salir de los vestidores directo a calentar.

Parecía que iba a ser una costumbre que siempre le pusieran de pareja con Aomine para hacer los ejercicios, apenas era la segunda vez y aunque Kagami no tuviera ni idea de por qué lo hacían o si en verdad tenían alguna intención oculta, la verdad es que el entrenador deseaba que ese par comenzara a llevarse más que bien, que se convirtieran en los mejores amigos.

El entrenador contaba con que Kagami y Aomine convivieran a tal punto que terminarían siendo ese tipo de amigos que sólo con la mirada entendían al otro, de esa manera harían un dueto perfecto dentro de la cancha. Aunque había la posibilidad de que el ego del moreno eclipsara sus intenciones, así que tendría que estar muy atento al tema.

Una vez que terminaron el entrenamiento forzoso al que fueron sometidos, el entrenador anunció que tenían partido el fin de semana así que el sábado temprano les harían un antidoping y medirían su nivel de alcohol en la sangre, así que era mejor pasar una noche tranquila.

—Nada de sexo esa noche tampoco, el sábado los quiero con la pila cargada al cien por ciento —avisó el entrenador antes de romper filas—, pueden irse a descansar hoy.

Apenas terminaban el entrenamiento del martes y ya les estaban avisando que para el sábado harían todas esas revisiones, Kagami pasó algunas veces por ese tipo de exámenes médicos, sobre todo el antidoping que era el que les hacían con mayor regularidad para asegurarse que estaban libres de drogas, aunque sabía que muchos pagaban para alterarlos ya que no le convenía al jugador perder un buen juego por eso, incluso algunos entrenadores que eran lo suficiente corruptos ignoraban ese positivo en algún tipo de droga para que sus jugadores estrella no les dejaran a la deriva en partidos importantes.

—Te traje el casco —dijo Aomine acercándose a Kagami una vez que todos habían salido de las duchas, incluidos ellos también.

—Ayer te dije que hoy me iba a regresar en tren, así como llegué en la mañana —aclaró sin girar su vista al moreno. Kagami tenía la puerta de su casillero abierta mientras acomodaba sus zapatos deportivos y la ropa que aún tenía limpia dentro de éste, así como su kit para bañarse.

No hubo una respuesta verbal por parte del moreno, así que Kagami continuó con su labor imaginando que el otro se había rendido y se retiró a guardar sus cosas o quizás se hubiera ido molesto. Pero no fue así, Aomine se paró detrás del pelirrojo, una de sus manos tomó la puerta del casillero de éste para mantenerla abierta y con la otra le cerró el paso a Kagami, cercándolo contra su locker.

Kagami pudo sentir el cuerpo del otro a su espalda, tan cerca que sintió la respiración de éste sobre su nuca obligándole a cerrar los ojos ante la sensación inesperada que esa simple acción le provocó, después sintió los labios de Aomine en la misma parte donde antes estuvo su aliento pero contrario a lo que pensó no le estaba besando, tomó entre sus labios la cadena que desde pequeño llevaba colgada en su cuello y la jaló para asfixiarle.

—¿Qué tratas de hacer? —se quejó Kagami soltando la cadena y girándose aún entre la valla que representaban los brazos del moreno.

—Dije que te traje tu casco —repitió ignorando todo.

—Y yo dije que me iría en tren —dijo una vez más.

Estaban tan cerca y ocultos tras la puerta abierta del casillero del pelirrojo, que no repararon en que para los demás que no veían sus rostros, era una posición comprometedora la que ahora compartían. Fue hasta que escucharon unas risas a lo lejos que Kagami interpretó el significado de esa burla y con una mano en el pecho de Aomine le separó todo lo que el largo de su brazo pudo.

—Deja de acercarte tanto —reclamó murmurando lo más serio que pudo—. Iré contigo pero aléjate ya.

La sonrisa en los labios de Aomine fue triunfal, ni siquiera esperó a que Kagami no le viera, al contrario, estando en la misma posición sonrió victorioso y se separó, girando su vista a los demás, regalándoles una de sus miradas más frías. Su ex compañero Wakamatsu era uno de los que parecían mofarse de la situación junto a otro de los integrantes del equipo con el que siempre solía llevarse.

—Te espero en el estacionamiento, Bakagami —dijo alejándose con dirección hacia el mencionado lugar, estaba seguro que el pelirrojo mantendría su palabra y no se escaparía para irse solo ésta vez.

13—

Después de una larga jornada durante la semana, llena de duros entrenamientos el viernes se les regaló como día de descanso, Kagami no se había levantado en todo el día y no pretendía hacerlo por ningún motivo aunque el hambre comenzaba a hacerse presente.

Con renuencia se levantó y se metió a bañar, salió envuelto sólo en una toalla aprovechando que el departamento estaba solo y se tiró en uno de los sillones de la sala y prendió la televisión, durante toda la semana que llevaba en Tokio no había tenido oportunidad de buscar en las noticias cómo les estaba yendo a sus antiguos compañeros y por supuesto amigos. También deseaba saber si había alguna noticia nueva de su hermano, ya que entre sus ocupaciones ninguno había tenido la delicadeza de hablarle al otro.

Levantó el teléfono y ordenó comida como si estuviera llevándose a cabo una fiesta y tuviera muchos invitados, en verdad era tanta su flojera que no se había cambiado a pesar de estar casi seco, aunque su cabello aún goteaba un poco ya que no se tomó ni la molestia de sacudirlo.

Después de cambiar de un canal a otro durante un buen rato, se decidió y lo dejó en uno de noticias sobre la farándula al ver que estaban dando una nota sobre Kise. No pasaron ni diez segundos cuando escuchó que tocaban la puerta, se levantó olvidándose de su casi desnudez y abrió pensando que era muy pronto para que fuera la entrega a domicilio, sobre todo considerando las cantidades que ordenó. Y ahí estaba Aomine, vestido con una chamarra negra de piel, una playera rojo quemado y un pantalón de mezclilla que iba a la perfección con el conjunto.

—Veo que ya me esperabas —dijo Aomine burlándose del atuendo de Kagami mientras lo escaneaba de arriba abajo con la mirada, incrementando la sonrisa en su rostro.

—¿Hasta en mi día libre tengo que soportarte? —Preguntó el pelirrojo haciéndose a un lado para que el moreno pasara. Éste entró y se quitó la chamarra dejándola en el respaldo del sillón donde se sentó. Ignoró el comentario de Kagami cuando notó en la televisión la imagen de Kise y del pelirrojo.

—¿Qué están hablando de ustedes? —Cuestionó subiendo el volumen del aparato para escuchar mejor.

"Tras el retorno del famoso jugador Kagami Taiga a las canchas japonesas, muchas son las imágenes que fanáticas así como paparazzi del modelo Kise Ryota han publicado en internet hablando sobre éste par de reconocidos jóvenes, según fuentes cercanas a ellos, los dos han mantenido un contacto personal durante el tiempo en que el jugador estuvo en América y al parecer se desató un rumor –que aún no hemos podido confirmar- de que éste regresó a Japón para formalizar con el modelo. Lo que hasta ahora podemos confirmar es que ambos viven juntos, pronto intentaremos entrevistar al modelo Kise Ryota para que nos confirme o desmienta dicha información…"

Kagami se quedó frío ante la noticia, porque a pesar de decir que no habían podido confirmar el rumor, pintaban una situación romántica con el modelo que nadie descartaría si la narraban de esa manera. Para Taiga su mayor desconcierto no era que le involucraran con un hombre, pero no quería que su estancia en la casa de Kise se convirtiera en algo que le causara problemas al rubio.

Sintió mucho coraje recorrerle el cuerpo, tanto que lo único que pudo hacer fue golpear con el puño la pared junto a la que había estado parado viendo la noticia. A pesar de haber escuchado miles de notas que sólo decían mentiras, nunca le inventaron algo así. Estaba molesto, muy molesto y tenía que hablar con Kise, pedirle disculpas si esto ocasionaba algún problema en su trabajo y retirarse de inmediato de su casa después de agradecerle su hospitalidad.

La verdad es que siendo deportista no le tomaban mucho en cuenta para ese tipo de notas amarillistas, las mentiras que le inventaban iban más dirigidas a su campo de trabajo que sobre algo romántico, pero suponía que la fama de Kise era otra cosa y el verles juntos y sobre todo las fotos que tenían del rubio abrazándole efusivo eran fácilmente mal interpretadas cuando se busca una noticia.

Había incluso olvidado la presencia de Daiki que cuando le vio molesto golpeando la pared le empujó de los hombros hasta dejarlo preso entre el muro y el cuerpo del moreno. El pecho del pelirrojo sentía la fría dureza de la pared contrastando con el cálido cuerpo que le apretaba contra ésta.

—¡Suéltame! —exigió forcejeando inútil, Aomine le tomó de las muñecas y las mantuvo quietas aplicando la suficiente fuerza para ello. El cuerpo de Daiki empujaba al pelirrojo manteniéndolo firme contra la pared, el rostro del moreno se recargó en el hombro izquierdo de Kagami y ahí se mantuvo unos minutos, sintiendo la respiración agitada del pelirrojo calmándose poco a poco—. Ya, ya suéltame —pidió suavemente por lo bajo.

Las manos de Aomine dejaron de aplicar fuerza y se deslizaron por el brazo del pelirrojo, una se mantuvo en el hombro derecho de éste y la otra bajó hasta la cintura, apretando la piel que estaba expuesta a su toque.

—¿Por qué estás con Kise? —Aomine no pudo evitar hacer esa pregunta otra vez. Escuchar la noticia y ver las fotografías que pasaban en televisión sobre ellos dos siendo tan cercanos le había llevado al borde de los celos, estaba molesto, se sentía traicionado cuando no tenía porqué sentirse así ya que ellos eran sus amigos nada más, Kagami era libre de estar con quien quisiera y aunque sabía que todo era un invento para atraer audiencia, sólo pensar en que el pelirrojo pudiera sentir algo por Kise le hervía la sangre.

—No estoy con él, es una mentira… —se defendió rápido Kagami.

—¿Por qué vives con él? —Corrigió su pregunta esperando una respuesta diferente.

—Ya te lo dije —El pelirrojo ni siquiera estaba intentando apartarse de su toque, Aomine mantenía su frente recargada en el hombro del otro, llevó ambas manos a la cintura de Kagami y las deslizó abrazándole hasta atraerlo a su cuerpo—, necesitaba un lugar y él… —no podía continuar al sentirse tan vulnerable atrapado entre ese fuerte cuerpo y sus brazos que ahora le enredaban— su-suéltame ya me calmé —pidió en un susurro.

—¿Te gusta Kise? —Cuestionó el moreno, necesitaba saber esa respuesta más que ninguna otra, de ello dependía lo que hiciera después.

—No, ya te dije que lo quiero mucho pero sólo como mi amigo —volvió a responder.

Se separó un poco sólo para girar el cuerpo del pelirrojo aún entre sus brazos y pegarlo de nuevo contra la pared, enfocó las iris rojas que le veían sorprendido y no estaba seguro si debía o no hacer lo que deseaba pero sentir el cuerpo casi desnudo de Kagami entre sus brazos y tenerlo a esa corta distancia era demasiado para su escasa fuerza de voluntad. Acercó lentamente su rostro sin perder de vista los ojos rojos que le devolvían la mirada con algo de sorpresa cuando la puerta comenzó a sonar.

—De-debe ser lo que ordené —dijo Kagami aún entre los brazos de Aomine, quien detuvo cualquier movimiento ante el sonido constante de la puerta interrumpiendo.

—Ve a cambiarte, yo abro —respondió Aomine soltando el cuerpo del pelirrojo. Éste pareció salir disparado hacia su habitación mientras el moreno, lejos de la vista de Kagami se talló con ambas manos su rostro mientras respondía al repartidor—. En un minuto —dijo sonando lo más neutral que podía ante la situación que acababa de pasar.

:—Continúa—:

—¤Žhena HîK¤—

"Escribe sobre mi piel, la historia de tu vida"
—Víctor de la Hoz

Ahora sí, me despido y espero que haya sido de su agrado, ya veremos cómo avanza ésta historia que está enfocada totalmente en nuestra pareja principal. Como saben y ya mencioné en otro capítulo, los personajes están fuera de carácter y quizás -mucho- más de lo que imaginé en un principio, lo siento para quienes adoran el IC...

De cualquier modo, esperaré recibir sus comentarios, un abrazo y un beso para ustedes.