Hola nuevamente ^^. Aquí vengo con otro nuevo capítulo de este fanfic. En verdad lamento mucho la tardanza, pero mi tiempo es escaso, como de seguro les ocurre a muchas otras escritoras de esta página, cada uno tenemos nuestra propia vida, somos humanos, así que les pido paciencia por favor.
Gracias a todas las personas que se tomaron la molestia de leer este fanfic, en verdad lo aprecio, significa que el esfuerzo es valorado aunque sea un poquito. Muchas gracias por los reviews, como he prometido, trataré de hacer los capis todo lo rápido que el tiempo me permita. En éste de hoy, decidí hacer la historia un tanto más rápida y ligera de leer, debo ponerme en el lugar del lector, no quiero aburrirlos dándome vueltas y vueltas para llegar a un solo punto, eso sí, me gusta ser específica y detallada.
Con esto, les dejo el capi, ¡a disfrutaaaaaar!
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn pertenece a su autora Amano-sama, solo tomo prestados algunos personajes.
Era difícil para ella el odiar algo, sabía que estaba mal, sin embargo en esos momentos una enfermería estaba fuera de discusión. Ni con hipnosis, tratamiento, o en una emergencia ese sitio iba a agradarle, aunque bueno, debía admitir que ese lugar era mejor que un hospital, pero eso no quería decir que la enfermería de la escuela dejase de ser su enemiga.
Pero allí estaba, siendo cambiada de vendas por el "bebé genio", mientras que su lastimado tobillo yacía en la cama frente a ella, con una bolsa de hielo encima esperando a que Reborn encontrara las vendas. Su rostro estaba serio, y con un chasquido de lengua cerró el botiquín que se encontraba revisando.
- No hay vendas, de seguro Shamal se las llevó cuando volvió de Italia – dijo más que nada para sí mismo.
Karako, por su parte, se hallaba que salía corriendo de ahí, no solo por su odio a los lugares con olor a desinfectante médico, sino que además por un craso error que había cometido; apenas y Reborn le había puesto encima el hielo, a la muy se le ocurrió ojear el sitio, y su vista fue a parar en el escritorio del enfermero a cargo, encontrándose con. . .revistas pornográficas. Un desagradable escalofrío recorrió su espalda al momento, no quería imaginarse la clase de pervertido que había en ese lugar, ¡maldición!, ya había tratado con idiotas calientes antes, pero eso no quería decir que soportara mucho el estar en el mismo lugar que uno, ella también tenía algo de dignidad.
- Tendré que ir a buscar vendas a otro lado, - le informó Reborn bajándose de la cama – ¿crees que puedas estar bien por tu cuenta mientras regreso?
No. Iba a decir eso, pero luego reflexionó; mientras antes él consiguiera las vendas, antes saldría de ese infierno viviente.
- Creo que aguantaré.
- Bien, me tardaré solo un minuto – y dicho esto caminó a la puerta y salió, cerrándola tras de sí.
No podía ser tan malo, ¿verdad?. Nah, claro que no, no era la primera vez que se quedaba en una enfermería sola, la única diferencia era que antes estaba con sus amigos, no había un pervertido por enfermero, el sitio estaba más limpio, había gente que sabía lo que hacía y no había un idiota tratando de matarla a golpes. Está bien, sí, había una gran diferencia, pero no era nada que no pudiera superar, vamos, que había pasado por cosas peores. Empezó a tararear una canción que se sabía de pequeña, intentando el olvidarse de su alrededor y relajarse aunque fuese un poco, todo ese estrés haría que le saliese urticaria, sí, como no, como si ella lo hubiese tenido alguna vez.
Escuchó un crujido extraño, y detuvo su tarareo. El aire se había vuelto extraño, tenso, como se pone antes de una explosión, esperando a que llegase el momento. Todo en silencio, por un momento creyó que era su imaginación, pero de pronto se escuchó de nuevo. De un momento al otro, la puerta que estaba al lado de la ventana al otro lado de la habitación comenzó a agitarse con violencia, como si alguien comenzase a forcejear con esta al otro lado. Karako sintió el como su corazón dio un salto por un segundo, y vio el como en cualquier momento la puerta parecía querer caerse; ¿qué mierda tenían encerrado allí?, ¿un oso?. De pronto, la puerta se abrió de golpe, chocando contra la pared. Karako sintió el como la respiración se paralizaba en sus pulmones, y la sangre se detenía dolorosamente en sus venas. Esperó, y finalmente vio, el como lentamente, algo comenzaba a arrastrarse fuera del armario; primero vio una mano, sucia, esquelética y quemada, que enterró las uñas fuertemente en el suelo, impulsando el resto del cuerpo fuera, se asomó una cabeza negra, enmarañada, el cuerpo mostraba harapos, y toda su piel, al igual que su ropa, se veía medio quemada o sucia. La criatura comenzó a arrastrarse fuera del armario, y cuando su cuerpo estuvo la mitad afuera, la miró.
Karako se sobresaltó, la criatura la miraba con odio. Estaba acostumbrada a fantasmas, demonios y esas cosas, pero esa criatura, esa cosa, era algo diferente, era algo que daba miedo. Los ojos verdes musgo, con una pupila dilatada y sin ningún rastro de vida en él, la observaban entre toda la maraña de cabello que cubría la cabeza. De un momento al otro comenzó a arrastrarse hacia ella, y Karako veía todo como en cámara lenta. Intentó retroceder, echarse hacia atrás, pero se olvidó que estaba en una silla con un tobillo lastimado sobre la cama y terminó cayendo de bruces al suelo. No le importó, algo le decía que debía alejarse lo más posible de esa cosa, y trató de retroceder nuevamente con los ojos clavados en la criatura, quien se acercaba reptando por el suelo sin quitarle los ojos de encima. Chocó contra la mesa que había detrás, apenas si pudiendo moverse debido al hielo que entumeció su pie, esa cosa estaba a apenas un metro. La vio detenerse frente a ella, y de un momento al otro, se le abalanzó en silencio como un a araña.
Karako soltó un pequeño chillido y cerró los ojos, esperando el impacto de esa cosa, pero en lugar de eso escuchó como la puerta se habría.
- Ya volví.
La pelinegra abrió lentamente los ojos, y se dio cuenta que no había nadie allí, y el aire de la habitación había regresado a la normalidad, solo Reborn, quien se encontraba en la puerta con vendas nuevas en mano. El pequeñín la miró desde su posición, y aunque no lo demostrara en su rostro, se veía extrañado.
Finalmente, el bebé fue a su lado, mirándola curioso.
- ¿Qué ocurre? – preguntó sin interés en la voz – pareciera que hubieses visto un fantasma – su tono dejaba ver un poco de burla, o por lo menos eso le pareció a ella.
Karako lo miró sin asimilar su presencia allí todavía, pero luego decidió refrescar su cabeza y dejarlo hasta ahí.
- No, no ocurre nada – dijo intentando pararse.
Reborn la ayudó y la sentó de nuevo en la silla, poniéndose en la posición en la que estaba antes, con el pie sobre la cama y un hielo encima. El bebé comenzó a vendar primero su tobillo, que era el que parecía más afectado. Tenía un color morado terrible, casi de muerto, estaba hinchado y podría jurar que tenía un esguince, cosa que hace años que no le sucedía.
- Será mejor que no lo mojes con agua caliente, de ese modo te bajará la hinchazón – dijo mientras afirmaba la venda.
- . . .¿Por qué quisiste ayudarme? – preguntó finalmente Karako.
- Odio ver a una mujer herida, ¿creo haberlo dicho antes, no es así?, – dijo sacando otro par de vendas de debajo de su sombrero – ésta ya está lista, ahora falta el resto de tu cuerpo. Vamos, sácate la ropa.
Hubo un minuto de silencio, donde Karako miró a Reborn sin ninguna expresión en su rostro, y viceversa. Finalmente la muchacha habló, tratando de que no se notara su voz temblorosa.
- ¿Disculpa?
- Dije que te saques la ropa – repitió el niño.
- . . .
- . . .
- Es broma, ¿verdad?
- ¿Parezco acaso de broma?, - dijo el infante sin cambiar su tono serio – estoy casi seguro de que el resto de tu cuerpo está igual de herido, así que vamos, sácate la ropa y deja que te vende.
- ¿Tienes idea de lo que me estás pidiendo?, soy mujer por si no lo habías notado – para ella el problema era bastante obvio, pero parecía que el bebé o se hacía el tonto o realmente no lo veía.
- Niña, no serás la primera ni la última mujer que he visto desnuda, deja los escrúpulos de lado y toma en cuento que solo soy un lindo e inocente bebé – dijo poniendo una cara de niño tierno.
- No me vengas con esa, que sabes bien que conmigo no funciona, – dijo ella con los ojos entrecerrados – aún y cuando trate de verte como un niño, para mí eres un adulto o algo parecido. – aún con sus réplicas se dio la media vuelta y comenzó a sacarse la ropa, empezando por la chaqueta con el símbolo de la escuela. Sin embargo de un momento al otro se detuvo, y miró a Reborn por encima de su hombro, muy seria – No digas nada sobre mi cuerpo, ¿de acuerdo?
Reborn no respondió, y Karako se lo tomó como un sí. Dejo su chaqueta sobre la cama, al lado del niño, y prosiguió con el resto de la ropa. Cuando solo faltaba el brasier, se lo sacó de espaldas a Reborn y se sentó en la silla nuevamente. El bebé la examinó con cuidado, sin poder evitar que la sangre se le parara en las venas al ver algo en específico; el cuerpo de la chica, sin importar por donde le mirases, estaba completamente herido, con moretones y cortes, rasguños y marcas de violencia, lo único que era más o menos pasable eran sus brazos, los cuales solo tenían unos cuantos rasguños y cortes leves, pero su espalda fue lo que le quito el aliento por unos segundos. A lo largo de ésta, como marcado a fuego, había una cicatriz, era un ave, un gigantesco pájaro con alas extendidas y larga cola atravesaba toda su espalda, sus alas en los omóplatos, mientras que su larga cola bajaba hasta la parte baja de la espalda, en la cabeza se encontraba lo que parecía una cresta danzante, y en la mitad de la cabeza un punto rojo que parecía un ojo. Todo esto, grabado cruelmente a fuego, y con una energía peligrosa y amenazante.
Reborn prefirió seguir las palabras de la chica y no decir nada, y comenzó a tratar las heridas de esta. Por su parte, Karako estaba muy incómoda, nunca nadie había visto su cuerpo, odiaba que lo vieran, y ahora un desconocido estaba tratando sus heridas porque ella no había sabido hacerlo bien. Sólo había una persona que podía ver su cuerpo desnudo, pero ahora esa persona no se encontraba ahí, quién sabe en donde se encontraría en esos momentos, él era el único que podía curarla y quien la conocía a la perfección, por eso es que ella le tenía gran confianza. Una de las pocas personas a las cuales les tenía confianza.
El aire allí era tenso. Muy tenso en verdad. Ninguno de los dos estaba muy feliz de tener al otro frente a frente y eso hasta un idiota podría notarlo, inclusive se podría estar seguro que iban a tirarse a patadas y golpes de un momento al otro, pero por algún motivo, Reborn parecía hacer la vista gorda a esto. Kusakabe estaba afuera de la sala de recepción, y se había mostrado muy preocupado cuando la vio llegar en compañía del bebé para ver a Hibari, tanto que le había susurrado un "ten cuidado" antes de entrar, temblando de pies a cabeza.
Los ojos de Hibari la inspeccionaban con disimulo de pies a cabeza; cabello negro hasta la espalda, piel pálida casi de muerto, delgadita, sin musculatura, ni proporciones femeninas. No importaba por donde la viera, esa chica no tenía nada fuera de lo común, salvo sus enormes y serios ojos azul rey, las vendas alrededor de su cuerpo y esa aura de hostilidad a su alrededor. ¿¡Cómo mierda había permitido que una mocosa así le pegara semejante bofetada!
- Los llamé a los dos aquí por un motivo en específico, - comenzó a decir Reborn, aligerando un poco el ambiente. Miró a Hibari, quien lo observó sin interés – ese fue un buen espectáculo el que diste, Hibari, los alumnos deben de estar murmurando al respecto.
El aura asesina de Hibari pareció crecer, y Karako pudo de inmediato notar que estaba MUY cabreado. "¿Qué acaso lo está haciendo a propósito?" pensó mirando a Reborn con un tic en su ojo bueno "creí que ibas a ayudarme, no a entregarme al lobo".
- Eso fue culpa de esta mocosa – dijo el joven tratando de sonar calmado.
- ¿Quién es la mocosa? – preguntó la chica entre dientes y una vena saltando en su frente.
- La única que hay en esta habitación.
- Mira eso Reborn, se auto insulta.
Reborn tuvo que ponerse de barrera entre los dos para que Hibari no la golpeara, y es que ya había sacado las tonfas dispuesto a destrozarla.
- Ya, calma, calma, les pediré a los dos que se ahorren los insultos y golpes, vinimos a negociar – dijo Reborn haciendo que Hibari regresara a su antigua posición.
El joven bufó molesto mientras guardaba sus armas.
- Habla bebé, antes de que pierda más la paciencia.
Reborn suspiró. El que iba a perder la paciencia era él.
- Muy bien, en ese caso, Hibari, - miró al joven – ésta es Yukusawa Karako. Karako, - miró a la chica – éste es Hibari Kyoya, - una maliciosa sonrisa apareció en su rostro – de ahora en adelante trabajarán juntos.
Un curioso silencio invadió el lugar, pero no era uno de estos silencios incómodos, era uno muy extraño, como si el tiempo, de un momento al otro, se hubiese detenido. Ninguno dijo nada, tratando de procesar las palabras del infante.
- Me niego, - Hibari fue el primero en romper el hielo – no tengo intención de trabajar con una herbívora.
- Curioso, yo tampoco quiero estar con una víbora – dijo Karako cruzándose de brazos.
- Si quieres una paliza, déjame decirte que te la estás ganando.
- ¿No crees que ya te humillé lo suficiente?
- Maldita pedazo de . . . – estaba por sacar las tonfas de nuevo.
- Si no se callan seré yo quien les dé una paliza, - amenazó Reborn, y ambos jóvenes se vieron obligados a guardarse las garras – ahora escuchen; Hibari, tienes prohibido el golpear o cualquier agresión física en contra de Karako, si no aceptas el trato o si no cumples con lo establecido, déjame decirte que tengo unas hermosas fotos tuyas siendo abofeteado por ella en plena vía pública.
Karako pudo notar el como el pelinegro se tensó. Estaba cabreado, inclusive más que antes si cabe, pero aún así ella no pudo evitar el reírse por dentro.
- Y Karako, lo mismo va para ti, si no cumples tu parte me encargaré no solo que te expulsen de Namimori, sino que además no te acepten en ninguna otra escuela dentro de Japón.
Muy bien, eso había estado feo. La ojiazul levantó la vista y miró al idiota abusivo, el desgraciado estaba con una macabra sonrisa de triunfo en la cara. Maldita sea, el bastardo no tenía ningún problema en restregarle su regocijo en la cara.
- ¿Les parece que cerremos el trato?, ¿por qué no se dan la mano como "gente civilizada"? – dijo Reborn sin borrar su sonrisa.
Hibari obedeció a sabiendas de lo que le esperaba si no hacía lo dicho, y Karako le dio la mano casi con asco. Sin embargo, en cuanto tomó la mano contraria sintió algo curioso. ". . .Está calida" y era verdad, la mano de Hibari, a pesar de ser delgada, era muy cálida y firme, con dedos largos y muy hermosas "Espera un segundo, ¿en qué rayos estoy pensando?". Trató de evitar el ponerse roja, eso no era algo que fuera común en ella, ni siquiera recordaba haber encontrado hermoso algo en su vida.
- El asunto es sencillo, sólo debes poner tu mano sobre la mía y comenzar a escribir, no te preocupes, que no pasa nada malo, - le explicó a Kaori una vez en la azotea.
Había conseguido hoja y lápiz, sus cosas seguían en el salón de clases, pero no quería volver, quería ahorrarse el regaño del profesor aún y cuando Reborn prometió que iba a darle una excusa al profesor por su ausencia.
Kaori se veía insegura, como parecía ser común en ella, pero de un momento al otro, Karako tomó su mano con la suya vendada y la puso sobre la que tenía el lápiz.
- ¿Lo vez?, así, ahora escribe lo que quieras escribir – la animó la joven.
Kaori la miró sorprendida, pero luego dirigió su vista al lápiz y comenzó a moverlo con timidez, escribiendo las primeras líneas.
"¿Cómo hiciste eso?" fue lo que se leyó con letra clara y bonita sobre la hoja. Una pequeña sonrisa apareció sobre el rostro de Karako.
- Normalmente, un fantasma no puede tocar a los vivos, y si quieren tocarlos deben tener una gran cantidad de energía para hacerse más o menos visibles, ser movidos por una emoción fuerte o algo así. Pero yo desde pequeña nunca fui normal, y eso lo tengo más que claro, he podido ver fantasmas, pero el tocarlos es algo que aprendí a hacer con práctica. – se veía tranquila, y había cerrado los ojos rememorando sus tiempos de principiante – Los seres humanos estamos hechos de almas, una cosa muy poderosa, pero que muy poca gente sabe cómo manejar. La energía del alma puede ser proyectada de modo que se crea una barrera a tu alrededor, que puede ser tanto defensiva como ofensiva, esta energía en otras culturas es conocida como aura o ki, y es mi alma la que yo uso para tocarte, no mi cuerpo.
Kaori la observó con los ojos abiertos, comprendiendo lo que ella le explicó. De pronto Karako soltó una risita discreta, y la miró apenada.
- Lo siento, creo que te expliqué algo muy difícil en verdad.
La peliblanco negó fuertemente con la cabeza, dando a entender que estaba bien.
- De ahora en adelante, ¿te parece que usemos éste método para hablar? –preguntó Karako con suavidad.
Kaori la miró pestañeando unos segundos, hasta que finalmente tomó de nuevo la mano de Karako y la usó para escribir en el papel.
"¿Está bien si hablo contigo?"
- Por supuesto que sí, me caes bien, - dijo Karako con una sonrisa en sus labios, la primera en años – te prometo que de ahora en adelante seremos amigas.
La joven fantasma la miró tratando de asimilar las palabras que salían de su boca. Amigas, algo que nunca había tenido en vida. Siempre había sido demasiado tímida como para hacer amigos, aún y cuando lo había intentado una y otra vez, lo único que había recibido eran burlas y desprecios, eso era lo único que conocía. Estaba sola, siempre lo estuvo, hasta sus padres, a causa del trabajo siempre la dejaban sola, no tenía a nadie, y lo poco que tuvo, desapareció hace más de cuarenta años atrás. Creyó que la muerte la dejaría libre de su carga, pero solo había prolongado su estadía en ese mundo. No importaba como, parecía que su historia no quería tener un final. Y ahora, luego de cuarenta años, llega esta muchacha y le ofrece su amistad, a pesar de ser un fantasma, a pesar de ser inmaterial, a pesar de estar muerta. Lágrimas de felicidad comenzaron a correr por sus mejillas, y por primera vez en años, una auténtica sonrisa apareció en sus delicadas y transparentes facciones, y no pudo más que asentir, siendo recibida por la amable sonrisa de la otra muchacha.
De un momento al otro escucharon algo, un agudo cantar. Ambas elevaron la vista, encontrándose con un pequeño pajarillo amarillo que sobrevolaba sobre ellas. Cantaba el himno de la escuela, y terminó posándose unos metros más allá de las chicas.
- ¿Y eso?, - preguntó Karako más para sí que para Kaori – es muy lindo.
El pequeñito miraba para todos lados, curioso, y de pronto vio a Karako haciéndole señas con los dedos.
- Ven aquí chiquito, ven aquí – lo llamo ella.
Desde hacía años, Karako había tenido una debilidad por toda clase de animales; leones, ardillas, perros, gatos, en fin, todo aquello que fuese suavecito y mono. Lo único que no le agradaba demasiado eran las arañas y esos bichos. El avecita la observó, había algo extraño con respecto a esa humana, no sabía qué, pero no era desagradable en lo absoluto. Voló hacia ella y se posó sobre su dedo extendido para él. Karako alargó la otra mano y comenzó a acariciar con delicadeza un costado de su cabeza, haciendo que el ave soltara un gorjeo gustoso.
- Mira Kaori, ¿a poco y no es lindo?
Kaori lo observó, preguntando si el ave no se asustaría con ella. Cuando vio que no, se atrevió a poner su fantasmal mano sobre el animalito, y éste, de una forma u otra, la aceptó.
- ¿Qué se supone que estás haciendo?
Ambas se sobresaltaron, y al mirar hacia el costado de la entrada, vieron a quien menos deseaba ver. Kaori se esfumó, como siempre ocurría cuando había alguien más allí, mientras Karako lo observaba entre molesta y sorprendida.
- Esa es mi pregunta, ¿qué haces aquí, Hibari?
Hibari Kyoya comenzó a acercarse a ella, y una vez estuvo a su lado se acuclilló para quedar a su altura, acercando una mano al ave.
- Ven – ordenó simplemente.
A diferencia de lo que se esperaba, el ave emprendió el vuelo, solo para posarse sobre el hombro de Karako y comenzar a refregar su cabecita contra la mejilla de la muchacha, en una caricia.
Los ojos del joven prefecto se abrieron sorprendidos, Hibird se había acercado por cuenta propia a la chica, quien ahora miraba con cierta burla al pelinegro. Eso era extraño, normalmente el animalito no se acercaba con tanta confianza a la gente, ¿qué tenía esa chica?
- Tal parece que no te quiere mucho.
Hibari ni siquiera se molestó en responder: de un momento al otro la agarró de la muñeca y la tiró por encima de su cabeza, obligando a acortar la distancia entre los dos. Sus narices se rozaron, y Karako pudo sentir su calido aliento acariciando con suavidad sus labios, mientras la mano libre del joven la agarraba por la espalda impidiéndole el alejarse. Sus ojos se encontraron, y la muchacha pudo leer en los contrarios enojo, mientras que ella simplemente se sentía sorprendida por el repentino movimiento, él no había tenido ningún pudor en acercarla a él con violencia en una posición comprometedora, en esos momentos, ella estaba totalmente a su merced.
- No creas que estás libre tan fácilmente, no porque el bebé me haya prohibido golpearte significa que tengo prohibido también el tocarte – dijo en un susurró peligroso contra sus labios.
El rostro de Karako enrojeció a pesar de los esfuerzos que hacía por que no se le notara. La mano de Hibari que agarraba su muñeca no cedía, y el corte que tenía en ésta comenzaba a dolerle.
- Mejor suéltame, no creo que sea bien visto que el presidente del comité disciplinario ande acosando a una estudiante.
- Me importa muy poco lo que piensen los demás, - siseó apretando el agarre en las caderas de la joven, sintiendo su delgadez en sus dedos – mejor vete preparando, porque haré que me pagues las humillaciones que me has dado.
Con esto la soltó, y caminó nuevamente hacia la puerta, cerrándola tras de sí.
- . . .¿Qué rayos. . .fue eso?
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Fin del Capítulo - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
No sé si me quedó muy largo o muy corto, lo cierto es que estoy acostumbrada a escribir, así que a veces no me mido, sorry. Como verán las cosas comeinzan a avanzar: ¿qué será aquello que Karako vio en la enfermería?, ¿qué piensa hacer Hibari?, ¿cuál es la verdadera historia de Karako?. Iré revelando poco a poco, e irán apareciendo más personajes. Haré todo mi esfuerzo con tal de hacer una historia interesante, se los prometo.
No se pierdan el próximo capítulo de KHR: La Alquimista de los Vongola. Nos vemooooos!
