¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸, CuMbReS BoRrAsCoSaS ¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,
Capítulo IV
Sasuke podría ser insolente e importarle un reverendo demonio lo que las personas pudiesen pensar de él... pero también conocía la vergüenza, por difícil que pudiera resultar de creer y era por ello que desde el jueves de la semana pasada -cuando ocurrió aquel alegre incidente con el club de teatro-, no se había presentado nuevamente ante ellos y seguramente ni de broma volvería a hacerlo.
Incluso Kiba parecía ofendido... ¡Kiba! ¿Cómo era eso posible? Ahora resultaba que hasta él se había puesto en una actitud completamente indignada. No que a Uchiha le importase, desde luego que no, pero le parecía ridículo que su compañero se lo hubiese tomado tan a pecho.
Sin embargo, Inuzuka rompió su aparente voto de silencio la mañana de un lunes, cuando a los tres segundos de haber cruzado miradas, se le plantó enfrente observándolo como si fuese una sabandija despreciable.
– Espero que estés feliz, Sasuke –aunque ciertamente Kiba no parecía nada feliz– Hemos cancelado los ensayos por tiempo indefinido ¿Y sabes por qué? ¡Porque nos quedamos sin actor principal! –gritó, agitando sus brazos frenéticamente– ¡Naruto renunció! ¡Renunció! –chilló la palabra– ¿Y sabes por qué? Porque dijo que después de pensarlo, tenías razón, que el teatro no era algo útil y que iba a buscar cosas mejores qué hacer ¡Y se fue! ¡Nos dejó!, ¿Qué vamos a hacer ahora? ¡La obra está arruinada! ¡Todos quieren matarte! Y yo les voy a ayudar ¡Por tu culpa perdimos a Naruto y nuestra oportunidad de ganar! En serio, Sasuke, si no te gustaba el teatro, no hubieses regresado ni siquiera para ver. Todo había estado perfecto antes de que te aparecieras otra vez.
Y de la misma forma intempestiva en la que había llegado, Kiba se fue dándole la espalda con notorio desprecio en su gesto.
A pesar de todo eso, Sasuke desestimó completamente aquella rabieta, diciéndose a sí mismo que Kiba mentía o simplemente estaba exagerando las cosas. Naruto no podía haberse ido, no cuando él mismo había visto la forma tan entregada que tenía en sus actuaciones, poniendo claramente todo de su parte en la más mínima palabra que salía de sus labios.
Ser escéptico estaba bien, pero en ocasiones a pesar de no creer algo no se debía descartar inmediatamente, por lo que al final del día Sasuke decidió confirmar sus teorías y como un vulgar ladrón, se escabulló por la entrada del teatro, ocultándose entre los rincones hasta tener una perfecta visión del escenario.
Un escenario que estaba vacío, tan vacío como el mismo teatro. El ojinegro había permanecido allí algunos minutos con la esperanza de que alguien entrara, pero nadie lo hizo.
Al día siguiente regresó más tarde, jugando de nuevo a ser un ninja furtivo tratando de evitar que alguien lo viese, pero no era necesaria tanta precaución, porque nuevamente todo se encontraba desierto. Volvió el miércoles, muy cerca de la hora en la cual el colegio era cerrado, pero de nada sirvió, pues encontró la misma imagen abandonada. El resultado también fue el mismo para el jueves y entonces Sasuke se dio cuenta realmente de la magnitud del problema.
Naruto no podía dejar de actuar por algo tan estúpido, Sasuke sabía que sus palabras habían sido una tontería y lo mejor que se podía hacer con ellas era olvidarlas; el rubio no debía siquiera haber tomado la más pequeña de ellas en cuenta.
Sencillamente Uzumaki no podía renunciar de la misma forma en la cual él lo había hecho. Sí Sasuke había vuelto a pisar el teatro de nuevo por voluntad propia, había sido porque Naruto se encontraba en él. El ojiazul poseía algo... algo que lo hacía brillar mientras caminaba por el escenario, la pasión con la cual decía sus líneas, la completa entrega a su actuación... nadie más podría representar a un Heathcliff tan humano como él ¡Nadie!, porque Sasuke era incapaz de imaginarse a alguien más en ése papel, sólo Naruto había podido darle vida de esa forma tan intensa, logrando que en más de una ocasión Sasuke sintiera un escalofrió recorrerle que era incapaz de clasificar al observarlo actuar.
Todo eso, todo lo que Naruto era capaz de hacer no podía perderse por una de las idioteces de Sasuke.
Y fue por esa razón que al día siguiente buscó al siempre confiable profesor Iruka.
ŞaşΰŊąrų ŞaşΰŊąrų ŞaşΰŊąrų ŞaşΰŊąrų ŞaşΰŊąrų ŞaşΰŊąrų ŞaşΰŊąrų
Iruka, al igual que todos los profesores que dirigían algún club, tenían acceso a la información de los alumnos que participaban en él, así no les impartieran clases. Sasuke sólo tuvo que darle una explicación un tanto rebuscada -aunque aceptablemente creíble- y obtuvo la flamante dirección de Naruto.
Era cierto que Sasuke era arrogante y que tenía un orgullo del tamaño de una torre, pero a pesar de todo eso, su abuelo -con todo y su estoicismo- le había enseñado a disculparse cuando realmente había que hacerlo.
Probablemente no era necesario llegar a las tan bochornosas disculpas, pero al menos necesitaba hacer el intento. Era por ello que ese viernes al ir al teatro y encontrarlo nuevamente vacío, Uchiha terminó decidiéndose a hacer una visita a la residencia del rubio, porque si debía de hablar con él tenía que ser de una forma digna, no una charla apresurada entre clases. Las cosas -hasta las más vergonzosas como esa- había que hacerlas de la manera apropiada. Sólo esperaba que Naruto se encontrara presente porque de lo contrario todo ese viaje probablemente jugaría en su contra.
Al llegar, lo primero que hizo fue llamar por el intercomunicador, donde una voz femenina le respondió, dejándole pasar luego de un corto interrogatorio. Sasuke entonces pudo ver lo que se ocultaba tras las murallas exteriores de la residencia de Naruto... un terreno inmenso, lleno de verdor y árboles y en medio de todo ello, una casa que se veía lejana desde la entrada. Al llegar, una puerta dividida en dos le dio la bienvenida, abriéndose de par en par, mientras que era recibido por una mujer ataviada en un obvio uniforme de empleada doméstica, quien le indicó que esperara.
Probablemente era la incertidumbre ante lo que podría encontrarse, pero Sasuke no fue capaz de darse cuenta del opulento ambiente que lo rodeaba -bastante diferente en estilo a su propia casa-, al menos no de forma consciente.
Finalmente escuchó una voz femenina diferente a la de la empleada con la que anteriormente había conversado, que lo obligó a girarse en busca de identificar el lugar de donde provenía.
– Buenas tardes –dijo– ¿Buscas a mi hijo?
Así que la mujer en cuestión era Kushina Uzumaki, quien a primera instancia con el vestido sencillo que llevaba, daba más la impresión de alguien que trabajaba allí que de la mujer adinerada que pagaba los sueldos. Y a pesar del intenso cabello pelirrojo que tenía y la piel blanca, Sasuke podía reconocer en sus facciones -y especialmente sus ojos azules- características que le recordaban indudablemente a Naruto.
– Soy Sasuke Uchiha, un gusto –e hizo una ligera reverencia, en un gesto lleno de formalidad–.
Kushina soltó una risita, instantáneamente encantada con su inesperado visitante.
– Kushina y el gusto es mío, Sasuke –devolvió ella con una sonrisa– ¿Necesitas a mi hijo?
Posiblemente en alguna otra ocasión tal pregunta se hubiese tomado muy fácilmente a malinterpretación.
– Necesito hablar con él.
Si a la Sra. Uzumaki llegó a parecerle raro que se presentara en su casa para hablar con su hijo en lugar de hacer una simple llamada, no lo dejó ver y en cambio volvió a sonreírle indicándole que la siguiera. Quizás era que Sasuke aun llevaba el uniforme escolar lo que posiblemente le hizo pensar que su asunto con Naruto tenía que ver con sus clases.
Caminaron así por amplios pasillos lo que le pareció a Uchiha una eternidad, hasta que llegaron aparentemente a la parte trasera de la casa, que aunque era una mansión en realidad, siendo que Sasuke también vivía en una, lo más simple era referirse a ellas como casas. Pasando por unas altas puertas hechas de cristal, salieron a lo que parecía ser otro "mundo" muy diferente comparado al interior.
Afuera se extendía un jardín bastante impresionante. Arbustos de flores hermosas y multicolores plagaban el paisaje, árboles frondosos por aquí y por allá, con una gran fuente rodeada por rosales lilas y algunas otras más pequeñas esparcidas sin un orden aparente. Había tantas cosas que Sasuke estaba seguro de que aquello intentaba emular aunque fuese un poco los Jardines Colgantes de Babilonia... claro, sin los supuestos múltiples niveles.
– Naruto está por allá –Kushina levantó un dedo, señalando hacia el firmamento, en algún punto de entre la floral decoración– ¿Quieres que te acompañe? –ofreció ella amablemente–.
– No, muchas gracias, no quiero incomodarla más –dijo con aquel aire totalmente aristocrático que su abuelo le había enseñado tan bien–.
– Bien, entonces sigue el camino de mármol negro y lo encontraras –rió suavemente– Sé que parece una instrucción de cuento, pero tú entenderás.
Sasuke comprendió a lo que se refería la mujer cuando se dio cuenta de que efectivamente, había un camino de mármol negro sobre el verde y fresco pasto.
No estaría entrando al País de Las Maravillas ¿O sí?
Aunque parecía tener sentido, Naruto era rubio como Alicia... y luego de tal pensamiento, Sasuke bien pudo haberse golpeado a sí mismo, de no ser porque se encontraba todavía junto a la Sra. Uzumaki. Así que rescatando su dignidad interna, se puso en marcha por el camino señalado, pasando junto a montones y montones de diferentes plantas, cada una tan bella como la anterior. Pero ni el paisaje ni la casa consiguieron mermar aquella sensación que le atenazaba el estómago; pero era ya muy tarde para echarse hacia atrás cobardemente, ya que pudiese ser que Kiba llevase algo de razón al decir que Sasuke tenía que ver con la renuncia de Naruto, por lo que era irremediable que sintiese que era su responsabilidad reparar la parte que le correspondía en todo aquel fiasco. Sí después de conversar con él, Uzumaki se negaba a volver, que nadie dijese que Sasuke no lo intentó.
Al llegar al final del lustroso camino, se encontró con un perfecto círculo formado de mármol enmarcado por el verde de la hierba, con cuatro columnas sobre él se extendían sosteniendo un techo en forma de copula. La peculiar construcción no se hallaba en soledad, pues precisamente Naruto estaba allí, sentado en una banca de blanca piedra -igual a la de las columnas y el mismo techo-, mientras que frente a él había una pequeña niña. Sí, había en efecto una niña con un encantador vestido color azul claro y cabello rubio peinado en dos coletas que hacía juego con unos ojos azules... de hecho, aquella desconocida infante tenía un parecido tan increíble con Naruto que seguramente bien podría pasar por su hija.
Desde la distancia a la que se encontraba, el ojinegro podía escuchar perfectamente la vocecilla de la menor, que se hallaba cantando.
– Ho-o-ollow like my soul, ho-o-ollow like my soul...
Probablemente era porque se trataba de la voz de una niña que por eso las palabras sonaban bien, sin embargo la dulce melodía infantil no impidió que el rubio mayor se percatara de la presencia de Sasuke, llevando al instante la vista hacia él, haciendo que la rubia guardase silencio cuando también se giró para saber qué era lo que había llamado la atención del mayor.
– Sasuke –el asombro llenó sus facciones al mismo tiempo que se ponía de pie– ¿Qué haces aquí?
Era allí donde empezaba la parte embarazosa de toda esa situación para Uchiha, sin embargo antes de llegar a decir alguna palabra, la rubiecita corrió a esconderse detrás de Naruto, aferrándose a sus pantalones.
– Hey, calma –dijo el ojiazul suavemente– Es un amigo mío –se arrodilló, tratando de quedar a la altura de la niña– ¿Quieres ir adentro?
La rubia asintió y presurosamente emprendió camino a la mansión alejándose de Sasuke, evitando el camino de mármol y yéndose por el cuidado pasto.
– Es tímida con los extraños –rió Naruto– Se llama Narumi, es mi hermana.
– Narumi –masculló Sasuke, como si fuese lo más elocuente que pudo salir de sus labios–.
– Sí, somos Naru y Naru –sonrió con burla– Mi mamá puede ser escritora, pero no tuvo mucha imaginación cuando escogió nuestros nombres.
El moreno no tuvo mucho que decir ante lo escuchado, principalmente porque su mente se hallaba completamente centrada en lo irreal de las circunstancias en las que se encontraba, como si estuviese en medio de un sueño lucido y aun así era incapaz de cambiar el rumbo de las cosas a su alrededor.
– Así que... –dijo tentativamente Uzumaki– Pasabas por aquí y decidiste hacerme una visita, aunque nunca te di mi dirección ¿No?
Y encima, parecía que Naruto no se lo quería poner muy fácil. Pero ya estaba allí, así que no le quedaba otra cosa salvo apresurarse, ya que entre más rápido comenzara, más rápido terminaría con todo eso.
– Vine a hablar contigo –empezó– Acerca de lo que pasó con... en el pasillo –titubeó–.
– Ah, eso –dijo sin darle mucho interés– No importa.
– Eso no es lo que realmente creo –aun así continuó– Estaba molesto ese día, así que dije cosas que no eran verdad.
– Está bien, no necesito explicaciones. Los del club tienen un poco de razón, eres muy arrogante y algo idiota, pero eso no quiere decir que seas una mala persona, ni tampoco que me desagrades por eso.
Completamente anonado, Sasuke se debatía entre sí sentirse aliviado con aquellas palabras o tomárselas completamente como un insulto. Es decir... de todas las posibles situaciones que se había planteado que podrían haber pasado, esa era una que no imaginó. Incluso el perfecto discurso que tenía ya preparado se había ido completamente al olvido, porque ninguna de las palabras que tan cuidadosamente pensó acudían a él.
– Si te interesa saber, me han dicho cosas peores que lo perdedor y mediocre –se encogió de hombros, sonriendo–.
– Fui sincero cuando te dije que actuabas bien –se apresuró a hablar– Lo que dije en el pasillo eran tonterías... ni siquiera fue esa la razón por la que dejé el club.
– Entonces ¿Por qué?
Oh, aquella sin duda debería ser la pregunta del millón, ni siquiera la madre de Sasuke sabía el por qué. Y aunque hubiese tenido el suficiente arrojo -y poco sentido común- para aparecerse en casa de Naruto, llegando sin invitación y dispuesto a conversar para hacerlo cambiar de opinión, eso no quería decir que iba a ponerse a hablar de su vida personal.
– Es algo que solamente me incumbe a mí –trató de sonar lo menos ofensivo posible, lo cual era difícil teniendo en cuenta sus palabras– No es personal, sí pudiera te lo diría –agregó con la esperanza de que eso arreglara lo ya dicho–.
Por la sonrisa liviana y relajada del rubio, aparentemente en algo había ayudado su intento de explicación.
– No te preocupes, Sasuke –le dijo, con el mismo tono que había usado aquella agradable vez en Altea– No hay rencores, seas o no un patán a mí me agradas.
Había tanta inocencia en su voz que ello evitó que el pelinegro pudiese tomárselo a mal y en cambio, estuvo muy cerca de hacerlo sonreír también.
– Sí quieres... redención –se llevó una mano al pecho en un gesto sobreactuado– O algo así, con quienes deberías hablar es con los del club. Desde que entré la mayoría parece tenerte manía, bueno, ahora más, pero estoy seguro que se les pasará, no sé, tal vez cuando ganemos la competencia.
Los ojos ónice del moreno se abrieron con algo de sorpresa apenas terminó de escuchar la última frase, levantando el rostro para mirar fijamente al otro a los ojos.
– Así que vas regresar.
– ¿Regresar? –preguntó Naruto, inclinando un poco la cabeza hacia la derecha– ¿A dónde?
– Al club, y haces bien, te dije que pienso que tu forma de interpretar es admirable, sería ridículo desperdiciarla por un motivo tan tonto.
El pelirrubio arqueó ambas cejas, dejando que la confusión se vislumbrase en sus facciones.
– ¿De qué hablas?
Sasuke torció entonces la boca, porque sentía que ya había hecho suficiente el ridículo como para encima tener que ahondar más con lo que decía.
– Perderías una oportunidad si abandonas ahora, eso es lo que quiero decir y es absurdo... pero seguramente todos los de teatro saltaran de gusto cuando te aparezcas de nuevo.
Naruto inspiró aire profundamente y exhaló casi al instante.
– ¿De qué estás hablando? –repitió con insistencia en su tono– Tú eres el que dejó el teatro, no yo.
El ojinegro frunció el ceño y le miró con notoria acusación.
– Kiba dijo que renunciaste porque pensabas buscar cosas mejores.
– ¿Qué? No –dijo al instante–.
Oh, ahora resultaba que Uzumaki pensaba negar los "cargos".
– Los ensayos se han suspendido desde que no estás –aquella era la prueba irrefutable–.
– ¿Qué? No hemos dejado de ensayar todos los días.
– El teatro ha estado vacío.
– Porque a Iruka le pareció buena idea que ensayáramos al aire libre unos días, para despejarnos un poco, él dice que es bueno para la relajación.
La expresión que adornó las usualmente impasibles facciones del ojinegro era todo un poema. Repentinamente, las cosas tomaron otro rumbo que definitivamente no le agradaba en absoluto.
– ¿Kiba dice que dejé el club? –y la respuesta fue un muy vago asentimiento por parte del moreno– Entonces mintió.
La completa honestidad en el rostro del rubio dejaba en claro que era cierto lo que estaba diciendo. Y entonces Sasuke sentió ganas de darse topes contra la columna más cercana, porque el infeliz de Kiba había mentido y él se había tragado el cuento, lo que únicamente significaba que toda su inquietud fue en vano ¡Y peor! Lo peor era esa maldita visita que estaba haciendo en ese momento, sintiendo que se humillaba a sí mismo ¡Por nada! Ahora definitivamente tenía ganas de salir corriendo y no volver a hacer algo tan estúpido en lo que restaba de su vida.
¿Había forma en que las cosas pudiesen ponerse peores? Se sentía como un completo bufón, avergonzado de sí mismo y su decisión -que al principio pareció tan heroica- de presentarse ante Naruto. Era un idiota de pies a cabeza por creerle al bueno para nada de Inuzuka.
Pronto, una idea iluminó los pensamientos del ojiazul, que miró con un aire de comprensión a Sasuke, que parecía encerrado en sí mismo.
– Creíste que había abandonado el club –no fue una pregunta, fue una afirmación– Así que... ¿Viniste para pedirme que regresara?
¡Y Naruto se había ganado un premio por adivinar! Pero que alguien más se lo diera, porque Sasuke estaba demasiado ocupado reprochándose a sí mismo todas y cada una de sus acciones de ese día.
– No –dijo el pelinegro a pesar de todo– Sólo que si lo habías dejado... simplemente tenía la intención de que lo reconsideraras, no pensaba insistir hasta que aceptaras regresar.
Pero la expresión sumamente entretenida de Uzumaki le dejaba ver que seguramente no había creído en sus palabras, consiguiendo que Sasuke se sintiera aún más estúpido.
– Hey, si vas a matar a Kiba recuerda que tiene una novia a la que quiere mucho, deja que al menos que se despida de ella.
Oh, la muerte sonaba muy piadosa en comparación de las cosas que el moreno tenía en mente.
– No te preocupes –continuó hablando el ojiazul– No tengo muchas intenciones de abandonar el teatro, me gusta mucho y es entretenido, además me da la oportunidad de vivir montones de vidas y experimentar cosas que seguramente nunca me pasaran... ya sabes, como clamar venganza contra mis enemigos y trastornarme un poco planeando cosas crueles y malévolas.
Expresado de esa forma sonaba un tanto trivial el medio de la actuación, pero lo dicho por Naruto era únicamente la simplificación de la grandeza que encerraba el teatro, que era la oportunidad de ser otra persona, de entrar en los pensamientos de alguien más y meterse en su piel, vivir sus miedos, sus sentimientos, sus esperanzas, sus llantos y sus risas.
Sí, no existía duda de que andar entre escenarios y buenos libretos -que en ocasiones no eran más que adaptaciones de buenos libros- era sencillamente... mágico.
Pero en aquel momento Sasuke se encontraba en medio de una humillación que se había echado encima a sí mismo, por lo que no era el momento de ponerse a pensar en el teatro y sus maravillas.
– A todo esto –siguió el rubio– ¿Cómo supiste mi dirección?
¿Qué era mejor a esas alturas? ¿Mentir o decir la verdad? Bueno... la verdad os hará libres, que así fuera entonces.
– Se la pedí a Iruka –se encogió de hombros, intentado parecer despreocupado–.
– Oh –masculló, guardando silencio unos segundos– ¿Sabes, Sasuke? Creo que esto del teatro te importa más de lo que dices, de lo contrario no te habrías tomado tantas molestias para que regresara, bueno, en caso de que yo realmente lo hubiese dejado.
Uzumaki tenía un punto ¡Un excelente punto en realidad!, pero él no estaba allí para jugar a los psico-locos con el rubio.
– Hice lo que pensé que era lo correcto.
Y aquella era una frase patética que alguna vez le tocó decir en el escenario, si había que ser francos. Pero es que no tenía nada mejor para responder.
– La gente es muy correcta hoy en día –y había indudable burla en su tono– Pero gracias por venir, Sasuke, estoy seguro que sí los otros vieran que haces este tipo de cosas, no pensarían tan mal de ti.
Por toda respuesta, el moreno únicamente pudo soltar un bufido llenó de desprecio que provocó que Naruto sonriese alegremente.
– ¿Por qué eres tan borde con ellos?
– Porque en su mayoría lo merecen... Neji peleando siempre por demostrar que es el mejor actuando e insistiendo en tener los papeles principales, Ino, Sakura y todas las demás chicas adulándome hasta el punto de darme dolores de cabeza, Shikamaru quejándose a todas horas absolutamente de todo, hasta de su sombra y Rock Lee... Rock Lee con sus discursos del entusiasmo y juventud y dando vueltas y saltos por todas partes, tenemos muchos equipos deportivos, ¿Qué hace en el teatro? ¡Hasta podría haber sido porrista! Todo con tal de no molestar donde no debe.
Naruto sonrió irremediablemente, quizás porque aquella era la respuesta más larga que había recibido de su parte o porque Sasuke conocía muy bien a cada uno de sus ex-compañeros y hablaba de ellos con tanta familiaridad que cualquiera creería que llevaba una buena relación con ellos.
Después de todo Uchiha no era tan "malo" como parecía o como quería pretender.
– No te preocupes, no voy a decirle a nadie que viniste, mi boca es una tumba.
– Bien, porque probablemente voy a cavar una para Kiba –hizo una pausa, antes de animarse continuar– Supongo que ya no tengo nada que hacer aquí... fue agradable haber conversado contigo –pero la frase formal y forzada simplemente no era creíble– Espero no haberte molestado.
– Para nada –negó con la cabeza– Puedes visitarme siempre, aunque lo mejor es que llames primero, a veces no estoy ¿Quieres mi número de teléfono?
Eso definitivamente cerraba con broche de oro todo el desfile de rarezas por las cuales Uchiha había pasado ese viernes y probablemente lo que restaba del mes.
Aquel día, Sasuke había obtenido no solamente la dirección y el derecho de visitar a Naruto, sino también una manera de contactarse cotidianamente con él sin ningún obstáculo, pues había sido el mismo rubio quien le proporcionó esa opción.
Pero existía una cosa más importante aún que logró calmar aquellas inquietudes que Sasuke nunca reconocería a nadie que por un instante le habían asaltado, y eso era que a pesar de concordar con el concepto que los demás tenían de él, Naruto aceptaba eso sin problemas y sin repudios...
Como si lo aceptara a Sasuke, tal cual era.
Continuará...
¸,ø¤º°°º¤ø,¸SN¸,ø¤º°°º¤ø,¸SN¸,ø¤º°°º¤ø,¸SN¸,ø¤º°°º¤ø,¸SN¸,ø¤º°°º¤ø,¸SN¸,ø¤º°°º¤ø,¸
Finalmente decidí usar un blog de google para responder reviews sin cuenta, que no creo que realmente importe demasiado pero si alguna alma está interesada la dirección es esta: stars-light-dust . blogspot . com obviamente juntando los espacios.
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