Gracias a los 412 visitantes (481 hits) que han leído el capitulo numero 3, a las 36 personas que la añadieron a favoritos y a las 20 que la pusieron en alerta.
Y mi especial agradecimiento a Nukire, Strikis, , vicky, sakuritha-haruno, laurita261, setsuna17, TsukiKageshiro, M-Manakel-K, ranitaotaku y Sara por molestarse en utilizar una pequeña parte de su tiempo en expresarnos su opinión. El número de visitas ha crecido mucho y ojala os animaseis a dejar más reviews, que siempre son de agradecer (ver únicamente el número de visitas es tan frio…XD).
En primer lugar siento no haber podido actualizar antes, exámenes de Junio ya sabéis, acabo de llegar de uno y me he puesto a terminar el capitulo que ya venía escribiendo poquito a poco toda la semana. Además Mamitane me obligo a cambiarlo prácticamente entero (T.T) porque el borrador no le gusto, y a mí no me gusta como quedó ahora pero como la idea es suya….
Os advierto que es un capitulo "de transición", algo más corto por la falta de tiempo y que da paso a la continuación de la historia. Puede resultar un poco confuso, pero espero que os guste :3
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Kimi Shimeru Me
Por UchihaKuroime
(en colaboración con Mamitane)
4 Derrota
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"Llora como un niño lo que no supiste defender como un hombre"
Sultana Aixa a Boabdil de Granada.
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Nunca sus ojos verdes vieron un silencio tan palpable. Los niños se agarraban a las faldas de sus madres. Las mujeres se llevaban las manos a la boca, preocupadas. Los hombres evitaban mirarse, asombrados. Los ancianos se levantaban listos para marcharse, indignados.
Sakura se pegó tanto como pudo al cristal de la ventana oteando el suelo engullido por la arena del estadio. Nada parecía moverse bajo aquel mar amarillento.
-Esto no pinta nada bien – dijo Naruto a su lado, rompiendo el silencio – Nada, nada bien.
Gaara acababa de caer al suelo con un golpe sordo, en pie sobre la arena. Miraba con sus fríos ojos un punto concreto del suelo. Todo el estadio pareció concentrarse en localizar lo que fuese que el viera. Pasó un minuto más.
-¡No tenia que morir nadie! – susurró histérica la pelirosa casi arañando el cristal - ¿A que esperan para sacarle de ahí?
Miró a Naruto con desesperación pero el rubio se limito a negar con la cabeza. Ella abrió los ojos tanto como le permitió el rostro.
Un chasquido recupero la atención de los asistentes que habían comenzado a murmurar. La arena comenzó a moverse, muy despacio, imperceptiblemente, como si cállese por un colador atascado. Poco a poco fue surgiendo una mano ensangrentada, que se quedó vibrando apuntando al cielo, como si quisiera echar a volar. Después callo inerte sobre la arena y Gaara se dio la vuelta para salir del estadio.
Sakura miró sin aliento, al igual que el resto del estadio, como los enfermeros corrían al campo de combate y un usuario de Doton quitó la arena. Los hombres de blanco rodeaban el cuerpo de Sasuke, así que nadie pudo verlo, a pesar de que todos estiraban la cabeza y se revolvían en sus asientos. Lo subieron a una camilla y lo taparon, como a un cadáver. Sin embargo uno de los camilleros buscó con la mirada la ventana de la enfermería y Sakura se alejo de ella para comprobar que todo el equipo quirúrgico estaba listo.
-Naruto san, necesito que se marche – dijo con aire solemne, a pesar de que intentaba aguantar las lagrimas. El rubio asintió con la cabeza, muy serio, y se marchó pocos segundos antes de que Tsunade entrase en la estancia como un vendaval seguida de la camilla.
-Sal de aquí, niña – dijo mirando a Sakura con una mirada que no admitía replica. La muchacha tembló de arriba abajo y salió de la habitación sin poder evitar mirar el bulto blanco que dejaban los camilleros sobre la cama.
Se dejó caer sobre un banco en el pasillo y comenzó a llorar silenciosamente. Habia tenido sus dudas, pero jamás hubiera imaginado que Sasuke fuese a perder un combate. Siempre habia sido el mejor de Konohagakure, el héroe, al que mandaban a hacer demostraciones, el que vencia a todos los herederos de los demás Clanes, el que habia superado a su hermano mayor que ya habia sido un prodigio, el que habia vuelto con honores de la guerra.
Mientras lagrimas coteaban sobre su kimono recordó la primera vez que se vieron. Ella acababa de empezar sus clases de medicina con Tsunade, apenas tenia nueve años. A él lo habia traido su madre, Mikoto, porque se habia quemado la cara entrenando y le preocupaba que no le cicatrizara bien. Por nada del mundo la Uchiha hubiese permitido que nada estropeara el precioso rostro de su hijo. Tsunade habia mirando las quemaduras con cierto desinteres y le habia ordenado que le pusiese crema y le cambiase las gasas.
-Hmp – se habia quejado el al sentir las manos de ella sobre las heridas y el frio tacto de la pomada.
-Lo siento mucho – intento disculparse ella, ruborizada. Él dejo la mirada perdida en la pared aunque hacia una leve mueca de vez en cuando con la boca.
-¿Eres una chica?
-¿Qué?
-Te pregunto que si eres una chica – repitió el mirándola con aire desanimado. Ella se puso roja de rabia y penso en darle un puñetazo, pero se contuvo.
-Claro que lo soy – susurró sintiendo como las ganas de llorar crecían en su interior.
-¿Y por que llevas el pelo tan corto? – pregunto señalándole con la cabeza. Ella se llevo la mano instintivamente a su pelo rosado – Te quedaría mejor largo.
Hasta ahí había llegado su primera conversación, pues Mikoto entró de nuevo para ver si el niño estaba listo, que salto con elegancia de la camilla en la que estaba sentando y fue a reunirse con su madre, mientras dejaba a una confusa Sakura mirando su reflejo en la ventana.
Volvió a la realidad cuando escuchó unos pasos acercarse por el pasillo. Se quitó las lagrimas con las mangas del kimono con cuidado de no restregarse los ojos y desvió la mirada hacia el techo esperando que no se le notase mucho que había estado llorando. Itachi y su padre cruzaron la esquina, el primero con andar rápido y semblante preocupado, le segundo, mucho más calmado, pero serio.
Itachi se detuvo junto a la pelirosa.
-Sakura san, ¿sabes algo? – pregunto, sin mayores ceremonias. Ella se puso en pie e hizo una rápida reverencia a ambos antes de negar con la cabeza.
-Tsunade sama me dijo que saliera, ni siquiera le he visto.
-Pero esta muy grave – afirmo Fugaku, sentándose donde antes había estado la muchacha.
-Me temo que eso parece, Fugaku sama.
Para su sorpresa, el daimyo de los Uchiha no pudo evitar sonreír levemente. Itachi fulminó con la mirada a su padre y despues volvió su atención a la pelirosa.
-Shikamaru san y Temari san se han fugado.
-¿Qué?
-Mientras transcurría el combate huyeron. Dejó una carta para Shikaku sama, aunque se la han entregado a los servicios secretos por si es un secuestro, aunque todo parece indicar que se han marchado por propia voluntad.
-Entonces, el combate ha sido totalmente inútil.
-Así es – dijo el Uchiha mayor apretando los puños con rabia – Si mi hermano muere ahí dentro no pararé hasta que no quede ni un solo y cobarde Nara sobre la faz de la tierra.
-Bobadas. No es para tanto – intento tranquilizarle Fugaku, que había sacado un abanico de su obi y lo agitaba enérgicamente ante su rostro- Shikaku traerá a su pequeño hasta aquí y le dará una buena paliza, y después nos dejara que nosotros le demos otra si nos apetece.
La puerta de la enfermería se abrió con un triste chirrió y Tsunade salió con semblante serio.
-Lo trasladaremos al hospital en cuanto este estable.
-¿No va a morir? – Sakura miro de reojo a Fugaku, pues habia jurado escuchar decepción en su voz.
-Esta débil, pero es un muchacho persistente. Tiene todas las costillas rotas y un pulmon perforado, que ya he arreglado, y todos los huesos del lado izquierdo del cuerpo rotos.
-¿Podra volver a luchar?
-No veo razón para que no lo haga.
Fugaku se levantó con un suspiró y comenzo a alejarse por el pasillo.
-Haz que me informen de su estado dos veces al dia, asi como a la habitación a la que le transladan: probablemente Mikoto quiera ir a verle.
-No será necesario padre, yo me quedare con Sasuke y te ire informando.
El jefe de los Uchiha soltó un ultimo "hmp" antes de perderse de vista. Los tres permanecieron en silencio hasta que sus pisadas se apagaron. Itachi destrozó el banco del pasillo de una patada.
-Calmate – le pidió Tsunade poniéndole una mano en el hombro.
-¿Qué le ha hecho? – dijo con ira señalando la puerta –Explicamelo, ¿qué ha hecho Sasuke de ayer a hoy para que pueda desear su muerte? Yo te lo diré: no ha hecho nada. Porque él no quería casarse con esa Sabaku, porque él no quería este combate y porque él jamás le pide nada.
El moreno se dejó caer contra la pared. Tsunade, tras mirarle unos segundos, tomó a Sakura por el brazo y la obligó a acompañarla. Anduvieron por el pasillo y descendieron hasta la salida del estadio.
-Tsunade sama…
-No. Vuelve a la okiya y ponte a trabajar que es lo que debes hacer.
-¡Pero…!
-Necesita enfermeros, no una cría llorándole encima – dijo con gesto severo – Lo siento, pero por ahora tendrás que mantenerte en tu lugar, y ese lugar está lejos de él.
La pelirosa asintió con la cabeza, y se dio la vuelta para marcharse, esperando que su vieja maestra no hubiese visto las lágrimas en sus ojos.
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"Hay que sufrir mucho o morir joven"
Proverbio danés
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¿Alguna vez, al caer la noche, mientras intentabas conciliar el sueño, has pensado que habías desperdiciado el día? Sakura Haruno llevaba un mes pensando aquello cada vez que se cubría con las mantas del futón. Se levantaba cada mañana, como una alma en pena, haciendo sus quehaceres cotidianos, acudiendo a los baños, a la peluquería, a las tiendas, a casa de la Hokage. Nadie que la viese por la mañana diría de ella que era una mujer hermosa, pues la desgracia le deformaba el rostro. Pero al atardecer escondía toda su pesadumbre bajo una máscara blanca y hermosos pliegues de seda y salía a trabajar al hanamachi, de una casa de té a otra, de un hombre a otro, de una conversación superflua a otra. Cantaba, charlaba, reía, tocaba, bailaba, todo como una autómata, siempre sonriente y siempre feliz, siempre perfecta como una muñeca de porcelana.
Después, entrada la noche, volvía a quitarse aquel disfraz de satisfacción y lloraba entre las mantas pensando en qué había hecho aquel día que pudiera recordar en el futuro con felicidad.
Así paso el verano y llego Septiembre. Tsunade tenía la amabilidad de comunicarle el estado de Sasuke, que había permanecido casi tres semanas ingresado, pues había tenido complicaciones en el traslado que le habían abierto heridas internas, y luego había sido trasladado a su casa donde terminaba de recuperarse.
Pero nada más.
Por su trabajo sabía que Fugaku no había tenido ni pizca de razón al pensar que Shikaku estaría enfadado. Había mandado a buscar a su hijo, si, pero para que volviese con su nuera y le dieran muchos nietos. El Uchiha estaba totalmente indignado pero, vivo Sasuke, las ansias de venganza de Itachi se habían esfumado, y el mayor de los Uchiha y otros muchos intentaban evitar un conflicto entre ambos clanes.
La guerra había concluido. Se firmó la paz, no una tregua, y el Kazekage desterró a Temari por fugarse, y sus hermanos quedaron indignados y sin ninguna intención de luchar más por ella. La liza por el Shogunato comenzaría al año siguiente.
Las hojas de los arboles comenzaron a caer por el atípico frió para la estación y llego la hora de guardar los kimonos de verano y preparar los de entretiempo. Estaba inmersa en la ardua tarea de colocar los kimonos sobre maniquíes para que se airearan cuando una de las criadas de la okiya se acercó para indicarle que tenia visita.
-Lo siento cielo, pero solo soy yo – dijo Ino entrando en la habitación. Sakura la saludo con una media sonrisa mientras la rubia observaba los kimonos sobre sus maniquíes- ¿Necesitas ayuda?
-No, tranquila, vallamos a tomar algo a mi habitación.
Atravesaron los pasillos de madera de la okiya, cruzándose con alguna que otra muchacha cargada de kimonos, hasta la habitación de la geisha, donde se sentaron en los tatamis ante una pequeña mesita de mimbre claro.
-¿Qué te trae por aquí? – pregunto intentando mantenerle la sonrisa a su amiga. Esta le tomo la mano sobre la mesita de mimbre y se la acaricio.
-Tonta, deja de hacer el payaso. Como si a mi fueras a engañarme – dijo negando tristemente con la cabeza- Me temó que no vengo para nada nuevo.
Una muchachita entro en la habitación haciendo una leve reverencia y les dejo una bandeja con té sobre la mesa.
-Cuéntame – pidió la pelirosa, aunque no estaba segura de querer escuchar.
-Sasuke se ha casado.
Sakura se alegro de no haber cogido la tetera para servir, pues ahora estaría hecha mil pedazos en el suelo. Su mano quedo a pocos centímetros del asa, temblando.
-¿Qué se ha casado? – dijo con un hilo de voz.
-Con una Uchiha. Fugaku propuso otro matrimonio concertado mientras él aun estaba en el hospital y en cuanto se ha podido poner en pie se ha celebrado la ceremonia. Bastante intima, no podía haber celebración por su estado de salud, pero acudieron todos los daimyos…
-Y Tsunade – dijo con cierto rencor agarrando con decisión la tetera para servir.
-Si – asintió la rubia, sacudiéndose el flequillo distraídamente. No necesitaban hablar para expresar la decepción de la geisha.
-Pero… ¿por qué esa insistencia de Fugaku sama para que Sasuke se case?
La Yamanaka apartó la vista y suspiro. Sakura pensó que era una de las primeras veces en su vida que la veía así de seria.
-Llevo debatiéndome todo el camino hasta aquí entre la posibilidad de decírtelo o no. La verdad, ni siquiera sé si es cierto, pero no encuentro ninguna otra explicación.
La pelirosa espero en silencio mientras Ino seguia luchando internamente con la idea de contárselo o no.
-Está bien –decidió, al fin – Pero has de jurarme que no lo contaras, jamás, ni a Sasuke.
-Por supuesto.
-Bien. Ya sabes que yo no soy ninja, pero soy la única hija de mi padre y el siempre me trato como un chico hasta que un dia entro a buscarme a mi habitación y por primera vez pareció percatarse de que tenia tetas…
-Ino chan, por favor.
-¡Es importante! Bueno, mi padre me enseñó lo básico sobre los jutsus de la familia por eso, hace algo más de un año, cuando Itachi volvió solo de la misión de su equipo a territorio enemigo me pidieron que le "examinase".
-¿Te metiste en su mente?
-Si. Estabamos en el comienzo de la guerra y los Yamanaka estaban muy explotados en ese momento, apenas quedaban dos en la villa y estaban ocupados, por lo que recurrieron a mi. Hare un pequeño inciso para contarte algo que se sin necesidad de entrar en la mente de nadie, despues de todo yo estuve allí. Itachi se caso hace dos años, con una muchacha de su clan que se fue a vivir lejos de la villa.
-No sabia que Itachi estuviese casado – exclamó sorprendida la pelirosa.
-No lo esta. Es decir, se casaron, pero no habia terminado el banquete y Fugaku y el padre de la novia lo cancelaron. Ella y su familia se marcharon y el tema quedo tabu.
-¿Por qué?
-Ni yo ni nadie sabia el por qué. Hasta ahora.
-Lo viste en la mente de Itachi, ¡que cotilla!
-No, no vi el motivo claro, sino una cualidad de Itachi que probablemente obligase a la cancelación de la boda: es estéril e impotente.
-¿Pero que demonios buscas tu en la mente de los demás cuando los examinas, Ino chan?
-¡Él estaba pensando en eso cuando entre, que querías que hiciera! – bufó y le dio un sorbo a su taza – La impotencia debido de ser la causa de la anulación del matrimonio en la propia noche de bodas, no lograría consumar y la niñita fue corriendo a decirle a papa que el elefantito de su hombre no se ponía en pie.
-No te burles.
-Y la esterilidad…bueno, conociendo a Fugaku al pobre Itachi le habrán hecho todas las pruebas del universo para asegurarse de que ciertamente carece de hombría.
-¿Y eso que tiene que ver con Sasuke? – preguntó Sakura, algo cansada de escuchar hablar del pobre Itachi.
-¿Qué que tiene que ver con Sasuke? Para vosotros, plebeyos – dijo moviendo la taza con un exagerado movimiento y dedicándole una media sonrisa – el tener hijos o no os trae sin cuidado, pero te recuerdo que el titulo de daimyo es hereditario.
-Oh – Sakura desvió la vista hasta su taza de te y se quedo perpleja observando su reflejo en liquido verdoso. Era la pura imagen del pánico y la desesperación.
-Y normalmente, los daimyos prefieren morir sabiendo que ya tienen un par de nietos.
-Es uno de los peores motivos para tener hijos que he oído jamás.
-¿Y por qué si no tenemos hijos? Para sobrevivir como especie. Los Uchihas también quieren sobrevivir y para eso necesitan nuevos miembros.
La rubia volvió a darle un buen sorbo a su taza mientras Sakura seguía contemplando su reflejo, su cascada de largo cabello rosado cayendo sobre sus hombros.
-¿Por qué has venido a contarme esto, Ino chan?
Ella se levantó, le quito la taza de las manos y después la abrazó con sinceridad.
-Porque sé que le amas.
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"Lamentarse es una pérdida abrumadora de energía, no se puede construir nada sobre eso, sólo sirve para revolcarse."
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Observó su reflejo en el espejo mientras Shizune le atizaba por todas partes para dejar perfectamente rectos todos los pliegues del kimono. Era una maravilla de seda degradada, de un suave naranja con tintes marrones en la parte de los hombros que se iba convirtiendo en amarillo para concluir en el verde. El estampado representaba la llegada del otoño en un parque lleno de arboles, atravesado por un puente y custodiado por un estanque.
-Sera muy difícil encontrar un kimono más bonito que este en el festival de Matsuri de este año – aseguró Sakura, contenta de llevar tan exquisita pieza.
-Ni más caro – susurró Shizune mirando con preocupación el bajo del kimono – Como se le salte un solo hilo te arrancare esa melena tuya y la venderé para pagar los desperfectos.
La geisha puso los ojos en blanco y se acercó a su tocador para quitarse algo de exceso de maquillaje que había observado en el espejo mientras Shizune sacaba unos bonitos abanicos a juego con la pieza que vestía la muchacha y se los metía ella misma en el obi.
-Llegaras tarde si no te das prisa, el rickshaw lleva una eternidad esperándote.
Era el esperado día del festival del arroz en Konohagakure, el Matsuri anual, y quedaba poco tiempo para que comenzara la fiesta de inauguración en la que debía acompañar a Jiraiya y su protegido, Naruto. Asi que no perdió el tiempo y dejó que el viejo corredor del rickshaw la condujera por las calles de Konohagakure hasta la plaza principal del barrio de la administración donde el viejo peliblanco y el rubio probablemente ya la esperaran.
Las calles estaban rebosantes de actividad: puestos de comida de brillantes colores abarrotaban las calles más anchas, mezclados con casetas de juegos y regalos. La gente vestía sus mejores galas y de todas las casas colgaban farolillos de colores y guirnaldas que cruzaban de un tejado a otro.
-¡Sakura chan! – gritó Naruto cuando aún estaba a casi veinte metros de ellos y se lanzó corriendo hacia ella, ayudándola a bajar del vehiculo – Has tardado bastante.
-Humildemente os ruego perdón, Naruto san.
-¡No importa, no importa! – se apresuró a contestar con una enorme sonrisa mientras se acercaban a Jiraiya nuevamente. Ambos llevaban enormes kimonos ceremoniales masculinos, el del viejo sannin de un rojo vivo y liso y el obi blanco atado de tal forma que le cubria medio pecho y además le servia para atar a su espalda un enorme pergamino ninja. Naruto llevaba uno naranja desgastado con un dibujo de olas azul oscuro que se repetía por debajo de la cintura.
-Es hora de caminar – dijo sin muchas ganas el viejo ninja – el templo queda algo lejos y con tanta gente será difícil llegar.
-¡Yo los apartare! ¡Sakura chan, tu permanece tras de mi!
-¿A qué templo iremos, Jiraiya sama?
-Al templo de Kaeruna, por supuesto.
Comenzaron a caminar por la atestada plaza de la ciudad en dirección oeste, hacia la parte de la ciudad que más se internaba en el bosque donde encontrarían el templo shinto dedicado al espíritu del sapo. Al otro lado de la ciudad, en un templo subterráneo, estaba el templo de Nekoni, el demonio-gato, hacia el sur el templo de Hebimori, la serpiente murciélago, y en el norte el templo de Kitsishi, el zorro-bestia. Cuando la última luz del sol se perdiera en el horizonte las campanas de los cuatro templos comenzarían a sonar y una procesión saldría de cada uno de ellos con la figura de su dios para representar una vieja leyenda en el centro de Konohagakure. Pero antes todos debían ir a dar las gracias a los espíritus por la buena cosecha de ese año.
El templo estaba bastante lleno, pues muchos supersticiosos preferían ir a todos los templos, no únicamente a uno, a dar las gracias. Por suerte era un recinto amplio y la cola se movía con rapidez. Sakura entretuvo a Naruto contándole historias sintoístas, pues el muchacho no parecía muy versado en religión, mientras Jiraiya asentía de vez en cuando, de acuerdo con su redacción. Por fin llegaron ante la fuente de entrada al templo, donde la geisha ayudo a ambos a lavarse la cara, las manos y los pies, pues no podían entrar sin purificarse. Después se hizo a un lado mientras ellos entraban: ella no podía lavarse la cara por culpa del maquillaje.
-Daré doble ofrenda, por ti, Sakura chan, y por mí – dijo alegremente el muchacho rebuscando unas monedas en su destartalada talega.
-Os lo agradezco, Naruto san, soy muy amable conmigo.
Esperó pacientemente a que ambos aguardaran la cola para entrar hasta las campanas, dar su ofrenda y tocar las grandes masas de metal dando gracias a los espíritus. Después emprendieron el camino de vuelta hacia la villa.
-Tenemos reserva en un restaurante en la plaza: veremos el espectáculo mientras cenamos.
-Estupendo – dijo con un exagerado gesto de felicidad que hizo sonreír tontamente a ambos.
Caminaron por calles secundarias menos transitadas, aunque no vacías, e incluso pararon un par de veces para que Naruto comprara algo que había apetecido al captar el aroma a comida de alguno de los puestos.
Sakura nunca había estado en el restaurante en cuestión, cuyo principal salón era precisamente una terraza que daba a la plaza donde se encontrarían las procesiones. Les esperaban charlando tranquilamente el general Kakashi, el teniente Gai y su protegido, Lee, que se levanto y se puso firme como un palo en cuanto los vio llegar y luego hizo una exageradísima reverencia. La pelirosa se presento y anunció a sus acompañantes y después fue a sentarse entre Jiraiya y Kakashi, bajo la atenta mirada del rubio y del joven de cejas espesas.
-¿Has convencido ya ha Fugaku de que proponga a Sasuke para el Shogunato, Kakashi? – pregunto dándole una palmada en la espalda Jiraiya, mientras la pelirosa le servia una copa e intentaba mantener su sonrisa impasible.
-Me temo que es una causa perdida.
-¡Ah! No digas eso. Seria una pena perder el Shogunato – se agarro la barbilla con una de sus enormes manos y se la froto - ¿Y si me presentara yo?
Todos comenzaron a reírse con ganas, tantas que Naruto se cayó hacia atrás en su asiento.
-Sakura san, por favor, explícaselo tu, no querria ofender a este viejo idiota – pidió Gai.
-¿Qué hay de eso del fuego de la juventud, eh? – se quejó el sannin.
-Dewa naku, wakai shiawase ni naru utsukushii jinsei o ikite kita toshi no dansei*. No debeis ser egoísta Jiraiya sama, debeis dejar a los demás tener algo dichoso que recordar.
-¡Pamplinas! Yo podría aplastar a todos esos mequetrefes que juegan a ser ninjas con un dedo, ¡con un dedo os digo!
Continuaron hablando hasta que les trajeron la cena, compuesta únicamente por verduras y arroz cocido. Parecían hambrientos y comieron prácticamente en silencio, exceptuando la monótona cantinela de Naruto sobre todo lo que iba a hacer cuando fuese Hokage.
La oscuridad dio paso a la noche y el sonido pausado y rítmico del gong sobre las campanas de los templos comenzó a sonar. Sakura intentó despertar la ilusión de los comensales, aunque solo consiguió sobreexcitar a los dos muchachos, cosa no demasiado difícil. Naruto nunca habia visto el festival, pues la plaza se abarrotaba de gente y el no habia logrado nunca acercarse lo suficiente, asi que obligo a la joven geisha y al moreno a acompañarle hasta la baranda que separaba la terraza del restaurante con la calle para poder apoyarse allí y observar el espectáculo. Apenas llevaban unos minutos observando a la gente que se agolpaba en la plaza cuando aparecieron unos hombres disfrazados de demonios, dos por cada punto cardinal, y comenzaron a correr de un lado a otro: era la señal de que debían despejar la plaza, pues llegaban las procesiones. Presididos por largas colas de gente con velas llegaban los cuatro tronos cada uno con la figura de unos de los espíritus. Zarandeada por cuatro muchachos, la imagen de Hebimori fue la primera en entrar, imitando el movimiento de una serpiente surcando el cielo. La gente aplaudió con fuerza y el trono comenzo a pasear en círculos por la plaza, causando un "falso terror" entre los habitantes de la villa. Llegaron entonces las figuras de Nekoni y Kitsishi, la primera moviéndose rápida y decidida y la segunda dando fuertes sacudidas en el aire, con unas espectaculares colas de zorro hechas de papel agitándose por la brisa. Ambos se enfrentaron al trono de Hebimori, que huyo de la plaza, derrotado. Entonces el demonio gato y la bestia zorro comenzaron a pelear entre ellos y solo la entrada del gran sapo, Kaeruna, logro detenerles.
Los espectadores aplaudieron la llegada de la paz de la mano del gran sapo y vieron como los dos fieros y poderosos espíritus se despedían y se marchaban mientras la figura de Kaeruna era depositada en el centro de la plaza para que todo el que quisiera acariciara su tripa y recibiera buena suerte para todo el año.
-¡Vamos, vamos! – exclamó Naruto tirando de Sakura, seguida de Lee. La energía inagotable del rubio se abrió paso entre la gente hasta que llegaron a la estatua. El muchacho, no conforme con tocarle la barriga, se abrazo a la estatua del sapo.
-¡Por favor, sapo sama! ¡Permiteme ser el próximo Hokage! – los presentes no pudieron evitar reir, incluso Sakura se permitió una carcajada poco digna para una geisha. Fue entonces cuando se encontró con sus ojos negros entre la multitud. Sasuke la miraba fijamente y le hizo una seña con la cabeza para que la siguiera. Ella negó y a su vez señalo a Naruto. El Uchiha apretó los labios.
-Naruto san, volvamos ya – dijo tomándolo del brazo y arrastrándolo con ayuda de Lee de vuelta al restaurante. Miró a su alrededor solo para asegurarse de lo que ya se imaginaba: Sasuke los seguía.
Esperó pacientemente a que Naruto le contara su nueva hazaña a su maestro y luego se disculpo con Jiraiya para poder marcharse. De todos modos se suponía que debía haberse marchado después de la cena. Salió nuevamente del restaurante, con impaciencia y camino por las calles paralelas hasta que logro encontrar una callecita tranquila. Al Uchiha no le costó seguirla. Sakura se permitió examinarle: estaba más pálido de lo normal y tenía unas manchas moradas bajo los ojos. Los pómulos hundidos indicaban que había perdido peso y juraría que le notaba una ligera cojera al andar.
-Estas realmente preciosa – dijo él, manteniéndose serio.
-Sasuke sama es demasiado gentil conmigo, como siempre.
-Aun no te he visto con el que te regale.
-Dejando a un lado que hace mucho, mucho tiempo que Sakura no veía a Sasuke sama: dudo que sea lo apropiado, le debo un respeto a la señora Uchiha.
El gesto del moreno se petrifico y las comisuras de sus labios se hundieron profundamente. Sakura lamento inmediatamente el comentario al ver sus ojos negros vibrar de tristeza.
-Me alegra ver que estáis mucho mejor de vuestras heridas – añadió intentando cambiar de tema – Seguro que pronto estaréis totalmente repuesto.
-No he venido a hablar contigo – dijo con la voz ronca – Ven.
El muchacho se dio la vuelta, rozando con su largo kimono negro a la pelirosa al girar. Ella le siguió hasta otro callejón no lejos de allí donde un rickshaw cerrado los esperaba. Sasuke se acercó para abrir una puertecita de madera y le señaló el interior a la chica, que lo miro con cierta inquietud.
-Sube.
-Sasuke sama, no se si…
-Por favor, sube – le pidió tendiéndole la mano. Ella posó sus finos dedos sobre el fuerte apoyo de él y subió. Sasuke cerró la puertecita tras de él y ambos quedaron alejados de la vista de cualquiera que pasase por allí. El rickshaw comenzó a moverse.
-¿Dónde vamos, Sasuke sama? – pregunto ciertamente preocupada.
-Quiero enseñarte mi nueva casa.
Atravesaron las calles con lentitud debido a la cantidad de gente y de rickshaws que iban de un lado a otro. El moreno se mantuvo en silencio, observando por la discreta ventanilla de la puerta. El barrio Uchiha estaba mucho más tranquilo que el resto de Konohagakure, aunque igualmente decorado, y pronto dejaron atrás las casas más viejas del vecindario para internarse entre las de nueva construcción, mucho más sencillas pero igual de hermosas y gloriosas. Se detuvieron ante la verja principal de entrada a una de ellas. Sasuke la ayudó a bajar y luego la abrió, mientras la pelirosa miraba con cierto recelo la casa.
-Es…la puerta principal –señaló ella.
-No tienes de que preocuparte, no hay nadie aquí.
Sakura asintió y acompaño al Uchiha al interior del jardín. Estaba sin terminar, no tenia ni bancos, ni estanques, ni adornos y las plantas parecían recién plantadas. Caminaron por una tarima de madera oscura hasta la entrada de piedra grisácea y rugosa de la casa. Una elegante y ornamentada puerta daba paso al recibidor donde Sasuke lanzo sus sandalias sin ninguna elegancia. Sakura se permitio reprobar su actitud con una mirada y se descalzo con cuidado mientras él la esperaba.
Entraron en el que debía ser el amplio pasillo principal que terminaba en un enorme jardín trasero. Continuaron por otra pasarela de madera que rodeaba el interior de la casa.
-¿Qué te parece? – preguntó él.
-Esta vacía, Sasuke sama – le contesto con simpleza.
-Aun no nos hemos trasladado – golpeo con los nudillos la madera de la baranda de la pasarela – Pero me gusta.
-Es elegante, aunque algo oscura para mi gusto.
-De día el sol entra por todas partes y la madera brilla.
Cruzaron otra pequeña pasarela hasta un edificio más pequeño separado del principal donde debía estar la sauna y tal vez algunas habitaciones para criados. Dieron la vuelta a pequeño complejo y Sasuke abrió una puerta escondida de los ojos del resto de la casa. La habitación no era grande, ni mucho menos, pero tenía una cama de madera a ras de suelo con un mullido futon. Sakura dio un paso a tras intentando llegar de nuevo a la puerta pero el moreno apretó la madera con fuerza, apresándola entre la pared y sus brazos.
-¿Asustada?
-¿Debería?
Sasuke le dedicó una media sonrisa y después la obligo a girarse, apretándola contra la pared. Le tomó el kimono con una mano y se lo subió hasta que pudo acariciar sus muslos.
-Te hare la geisha más rica del hanamachi – dijo él tocándola con ansia contenida, apretando su pecho contra la espalda de ella – Y la más feliz.
-¿Puedo preguntar por qué yo? – susurro la pelirosa con un hilo de voz, sintiendo el cálido aliento del moreno sobre su oreja.
-Pensé que estabas interesada en mí.
-Una geisha nunca se interesa por nadie en especial – el Uchiha dejo escapar una risa seca y le beso el cuello con pasión.
-No me hagas reír – quitó las horquillas principales del obi y después tiró de él con fuerza hasta soltarlo del todo – Pensé que querrías ayudarme – tomó el kimono por los hombros y lo dejo caer junto al nagajuban al suelo – Tengo una esposa estúpida y desagradable, ¿no te gustaría demostrarme cuan placentera puede ser la compañía de una verdadera mujer?
-Creo que lo que buscáis, Sasuke sama, es una prostituta, no una geisha – protesto intentando taparse mientras él le acariciaba muy despacio el contorno de la cintura.
-Te equivocas. Busco a Haruno Sakura, tenía entendido que andaba escondida bajo todo esto – apretó sus fuertes dedos sobre el rostro de la muchacha y se llevó el suave maquillaje con ellos. Sakura intentó darse la vuelta para encararse con él pero el moreno hizo descender su mano derecha por su vientre hasta su entrepierna, silenciando cualquier queja. Tembló levemente al sentir los dedos del muchacho acariciar sus labios vaginales, juguetear con su entradita y acariciar sus piernas. Siguió acariciando, arriba y abajo, trazando círculos sobre su clítoris, hasta que ella comenzó a mojarse y después le introdujo un dedo con cuidado, moviéndolo en círculos y acariciando las paredes de la muchacha, que se mordía el labio y se aferraba inútilmente a la pared. Introdujo otro dedo más y comenzó a bombear rítmicamente la entrepierna suave y húmeda de la pelirosa, que se estiró como un gato contra el pecho de él y no pudo evitar abrir las piernas para que pudiese tocarla mejor. Con la mano libre el Uchiha atrapo uno de los pechos desnudos y comenzó a masajearlo, pesarlo y apretarlo, deleitándose con la dureza del rosado botón de la geisha, que comenzaba a gemir con regularidad. Sasuke sonrio con cierta suficiencia y comenzó a desnudarse sin dejar de masturbarla, y luego clavó su pene erecto en la curva del trasero pequeño y duro de ella para empezar a frotarse mientras le lamia el cuello y sentía como las piernas de la pelirosa comenzaban a temblar al sentir el futuro orgasmo. Bombeó con insistencia el sexo de la muchacha mientras le frotaba el clítoris con la otra mano y el liquido vaginal de ella empezó a salir en abundancia. Sacó los dedos y metió el pene entre los labios, sin penetrarla, masturbándola con su hombría. Ella se corrió con un suave quejido y el muchacho paró para dejarle disfrutar la sensación.
-Estas muy excitada, Sakura chan – dijo con burla.
-Sí, parece que tu mujercita ha logrado enseñarte a follar, ya era hora de que alguien lo hiciera.
La penetro con brusquedad y la embistió contra la pared.
-No me hables de ella. Nunca.
Comenzó a golpearla con rudeza, pero estaba demasiado húmeda para sentir molestia alguna y empezó a gemir apenas sintió el enorme miembro del muchacho golpear sus paredes. Pronto la dureza se convirtió en pasión y el Uchiha se agarró a sus caderas como si la vida le fuera en ello, penetrándola tanto como le permitían las leyes de la física. Sentía la vagina hinchada y caliente de ella latir con cada envite de su vibrante pene y el olor de sus fluidos le excitaba. La tomó por la barbilla y le obligó a girar el rostro para besarla. La postura era demasiado incomoda para introducirle la lengua, pero si para lamerle los labios e impregnarse del exquisito carmín de la muchacha.
Sin dejar de penetrarla la separó de la pared y se dejo caer en el futon con ella encima, dándole una fuerte sacudida que hizo que los dos gimieran a la vez.
La agarro por las caderas y la obligó a saltar mientras el movía su cadera para que se golpeasen al mismo tiempo. Ella abrió las piernas tanto como pudo, entre gemidos, y él la imito, hasta que sus testículos rozaron los labios de la entrepierna de ella sin necesidad de embestirla. Sakura coloco dos dedos alrededor de su vagina, manteniéndola abierta y acariciando el pene del muchacho cada vez que se internaba en ella con furia y él retomó la tarea de frotarle el clítoris mientras los gemidos iban subiendo de intensidad.
-No puedo más – gruñó la pelirosa a la vez que su espalda se arqueaba confirmando sus palabras. Él hizo un último esfuerzo para golpearla con mayor velocidad hasta que sintió como su miembro se preparaba para escupir su cremosa leche en el interior de ella, que se dejo caer contra el pecho de él con un derrotado gemido. Se mantuvieron quietos mientras sus respiraciones se acompasaban. Sakura tomó el pene del muchacho por el nacimiento y lo saco de su entrepierna, observándolo.
-Estas muy sucio, Sasuke sama.
-¿Y a qué esperas para limpiarme?
Ella se dejó caer desde sus piernas al suelo y se metió la cabeza del pene en la boca lamiéndolo con lentitud y un exagerado gesto de deleite. Lo agarró con la mano y comenzó a frotarlo, mientras con la punta de la lengua le daba pequeñas y rápidas lamidas al glande, metiéndoselo de vez en cuando en la boca para succionarlo. Sasuke no tardó en eyacular en la boca de ella, que retuvo todo el cálido líquido del muchacho y luego se lo tragó.
-¿Te gusta ordeñarme?
La pelirosa no contesto, dejo caer la mirada y se llevo un dedo a la comisura de los labios para limpiarse los restos del pegajoso líquido que luego se metió en la boca.
-Sasuke sama no debería hacer comentarios tan obscenos.
-Hmp.
La joven geisha se paso una mano por el rostro distraídamente, pensando en que lamentable estado debía de estar su maquillaje. El Uchiha se recostó en el futon y bostezo.
-¿Y ahora que, Sasuke sama?
-Ahora dormimos.
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* No ha de ser dichoso el joven, sino el viejo que ha vivido una hermosa vida.
¡Sin reviews y sin cerveza, Kuroime pierde la cabeza!
Escribidme algo :P
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