Baia baia una rápida actualización, ¿no? No pregunten, solo gocenlo ja ja ja okno

Lo que les traje a continuación es un especial para hacer más amena la espera para el siguiente capitulo. Aquí por fin sabremos a que fiesta se refería Chris, esa a donde vio a Yuuri por primera vez.

Por esta vez podremos prescindir del cloro.

Estos sensuales personajes pertenecen a Kubo y a Yamamoto. Los aun mas sensualiodes reviús serán respondidos en el capitulo siguiente.

Espero que sea de su agrado y que lo disfruten.


"¿A que está jugando el destino?" pensaba el profesor Giacometti, tras dejar atrás a Seung y a Guang Hong. Su descubrimiento le hizo olvidar recibir el café y los croissants pedidos varios minutos atrás. Habían sido la excusa para quedar a solas con el coreano, ya que sospechaba que el joven chino iría con el chisme a Phichit y su idea de máxima discreción se vería truncada.

"Vitya, Vitya, Vitya. Cualquier tragedia amorosa solo será tu culpa" reflexionaba el suizo ante los últimos acontecimientos. En su opinión, su amigo la jodió en grande y lo más grave de todo era que no tenía ni puta idea de que lo hizo. "La ignorancia es peligrosa en algunos casos, particularmente en este. ¿Qué debo hacer con todo esto que sé? ¿Debo actuar como un buen amigo y advertirle? ¿O como buen maestro dejar que se equivoque y aprenda la lección?"

Con estos dilemas dando vueltas por su cabeza, abre la puerta de su oficina, encontrándose con el objeto de sus pensamientos.

-Viktor, ¿Por qué no instalas tu cama y te vienes a vivir definitivamente aquí?

El mencionado estaba de lo más cómodo echado en el diván, contemplando su teléfono, pensativo y alrededor suyo, hojas esparcidas por doquier.

-No cabría Makkachin aquí adentro- dijo Viktor sin dejar de mirar su móvil.

-Podrías mirarme a los ojos cuando me hablas ¿no? Quita tus sucias patas de mi diván, que me quiero sentar.

Como Viktor no reaccionaba, el profesor tomó ambos tobillos y sin delicadeza lo depositó en el piso. Armándose de paciencia, le pregunta:

-A ver, a ver ¿Qué te pasa? ¿Te manosearon otra vez el trasero en el metro?

-No, no es eso Chris. Es que hoy por fin Yuuri aceptó a salir conmigo.

-¡Pero si son buenas noticias! ¿Por qué esa cara? ¿Te preocupas de tu incipiente calvicie?

-¡No! ¡Y no soy calvo! Es que no entiendo a Yuuri. Me deja de hablar por horas y cuando por fin me contesta… no sé… escribe raro… mira lee esto.

- Veamos –toma el celular de Viktor y lee los mensajes de "Yuuri" -¡ja ja ja! ¡Pero Viktor por Dios! ¿¡Cómo esperas que te escriban como el mismo Cervantes si el pobre está cagando!? Eres demasiado exigente.

-No se trata de eso. Es que no parece él, no sé si me entiendes…

-Expláyate por favor, a ver si consigo entenderte. Una empresa difícil, pero ya sabes, me encantan los retos.

-A veces me pregunto si de veras eres mi amigo. Pero bueno, es lo que hay.

-¡Oye! Eso sonó ofensivo. Y yo que doy la prioridad de escuchar a mí querido amigo y subordinado en vez de trabajar. Me dueles Viktor, me dueles. Pero haré como que no escuché lo último (para que veas que tan buen amigo soy) y pondré atención a lo que me cuentes.

-Tranquilo, no vayas a ponerte a llorar. Me pasa que leo estos mensajes raros y siento que no es Yuuri. Él tiene un estilo de escritura que denota su origen japonés, se expresa con un lenguaje culto y es muy muy formal. Pero a la vez su tono es cariñoso. Pero esto… jamás se ha referido a mí como prro ni escribe el "que" como "khe".

-Seguramente lo "hakiaron". Le habrá pedido a alguien que escriba por él, ya que lo despreciaste por gordo.

-¡Y dale con insistir que el mesero es Yuuri! Te digo que no es él. Yuuri práctica patinaje sobre hielo, es muy deportista. ¡No puede estar gordo si practica deporte! Nada en contra del mesero, pero ese no es el cuerpo de un deportista, por eso lo descarto.

-Bien, admitamos esto. Pero respóndeme esto: ¿Por qué justo tu Yuuri te dejo de hablar cuando ocurrió lo del restaurante? No sé si recuerdas, pero el pobre mesero te escuchó por lo que quebró el vaso y se fue corriendo, al borde de las lágrimas, gordofóbico de mierda.

-No me lo recuerdes que aún me siento mal por eso. No quise ser cruel, pero no quería que Yuuri pensara que lo estaba engañando con otro, cabiendo la posibilidad de que estuviese comiendo en el mismo lug…. ¡Mierda! ¡Seguro que Yuuri vió como trate mal al pobre chico y ahora me desprecia por ello! ¡Ay, debe pensar que soy un hipócrita y me estuvo evitando! Le habrá pedido a un amigo, o a un niño rata que escribiera por él.

-Es una posibilidad. Sin embargo aceptó tu cita, así que tan enojado no puede estar. O quiere cortar contigo en persona. ¿Te escribió algo más?

-Bueno, luego parece que volvió a ser el mismo de siempre, pero me pide que aplacemos la cita, porque ha estado un poco enfermo y que por lo mismo no me respondía. Me dijo que escribió todo esto en un estado de delirio febril y se avergüenza mucho.

-¿Lo ves? ¡Está todo aclarado! El propio Yuuri ya lo explico satisfactoriamente. Me parece bastante más lógico que tu hipótesis de que estuvo en el restaurant y vio tu gordofobia y a causa de eso le pidió a un niño rata que escribiera por él. Un adulto no permitiría tal intromisión ni acceso a algo tan privado y personal.

-¡Tienes razón Chris! –Exclama Viktor, más aliviado –Lo que dijo mi Yuuri tiene más sentido. ¡Y yo creyendo que me despreciaba! Pero aún me sigue dando vueltas lo de esos mensajes raros. Enfermo y todo, aun siento que pareciera otra persona, como si no fuera él.

"Si tan solo supieras Viktor, que tan diferente puede ser Yuuri Katsuki, como se transforma en otro en cuanto sus labios prueban el alcohol". La mente de Chris viajó hacia un año en el pasado, en la famosa y comentada fiesta de cumpleaños de Phichit, en donde conoció al japonés, causa de los suspiros del ruso.


El alegre Phichit poco a poco comenzó a forjarse una reputación en la universidad. Quería sacudirse un poco la fama de chico listo que mantuvo en la escuela y cultivar un perfil mucho más público, popular, acorde a la carrera que decidió estudiar: periodismo. Para eso requería crear redes de contacto y concretar uno de sus mayores anhelos, el de ser youtuber. Y los videos de su fiesta de cumpleaños, sin sospecharlo siquiera, iban a convertirse en uno de sus primeros éxitos. Gracias en parte a su amigo Yuuri, uno de los protagonistas del duelo de baile más candente que se haya visto.

Así pues, asistir a las fiestas de Phichit era un indicador de popularidad. A tal grado que la gente hacía méritos para recibir la invitación. Porque ir a una fiesta del tailandés era sinónimo de ser alguien y te abría las puertas para otros eventos tan buenos como este.

El japonés no estaba a gusto entre medio de tantas personas, no sabía qué hacer. Los eventos sociales no eran su fuerte, mas había aceptado a asistir solo porque se trataba del cumpleaños de su mejor amigo. Descontando al cumpleañero, Yuuri no conocía ni siquiera a la mitad de la mitad de los asistentes que comían, conversaban, bebían y bailaban en una espaciosa terraza con un jardín iluminado y una enorme fuente luminosa borboteando agua.

Chris Giacometti observaba atentamente los movimientos erráticos del joven nipón, curioso por saber que haría el susodicho en cuestión. Por su vasta experiencia en fiestas, intuía como terminaban los muchachos solitarios como Yuuri: bebiendo alcohol como si no hubiera un mañana, disimulando así la carencia de roce social.

En la comodidad de la barra donde servían el alcohol, Chris, copa en mano, buscaba con la mirada a más conocidos para entablar una charla. Lamentablemente, su amigo Viktor no pudo acompañarlo al evento, puesto que estaba fuera de la ciudad. Posó sus ojos en el DJ. Los abrió enormemente cuando se percató de que era Otabek Altin, uno de sus estudiantes cuya actitud y expresiones habituales hacían pensar que el joven era un inspector de billeteras en vez de DJ. ¿Cómo logró un lugar en la fiesta de Phichit con ese carácter tan intimidante?

La respuesta (lo supo más tarde) fue Guang Hong Ji, el niño prodigio. El muchachito, antes de dejar la escuela e iniciar su vida universitaria, solía ser amigo de la pareja del kazajo. Pero al ingresar a la universidad, perdió contacto con el pequeño ruso ya que este no quiso dirigirle más la palabra. Sentía muy vivamente el abandono del chino, al que consideraba su único amigo. No le perdonaba el hecho de que ingresara a la universidad antes que él y en consecuencia, lo dejara solo. A pesar de todo esto, Ji no dejó de recomendar a Otabek, puesto que estaba convencido de su talento y también en honor de la antigua amistad con Yuri.

Más sorprendido estaba el suizo al ver ingresar a Seung Gil Lee, cuyo brazo era tironeado por el anfitrión. Se preguntaba de qué medios se valió el tailandés para atraer al surcoreano a un evento que a todas luces desaprobaba, ya que implicaba relacionarse con extraños, horrible música estridente a volúmenes poco saludables y espectáculos tan desagradables como los ebrios que invadían la pista, llamando la atención con sus vómitos e intentos patéticos de pasos de baile.

Pero había un ebrio que destacaba por sobre los demás.

Chris esbozó una sonrisa. Su intuición no le fallo esta vez. Efectivamente: aquel joven de cabello negro y gafas de marco azul que vagaba perdido entre la multitud, bebió de todo lo que le ofrecían buscando congraciarse con algún grupo de gente. Quería encajar lo más posible para no preocupar a su amigo y evitar acapararlo toda la noche.

Y con alcohol en todo su sistema, Katsuki Yuuri disponiase a hacer un espectáculo que pasaría a la historia de las fiestas de Phichit. Luego de esto, fue requerido en cada uno de los eventos que organizaba Chulanont, porque sin duda alguna, se transformó en un elemento que le daba sabor y diversión a las fiestas y marcaban la diferencia con otras celebraciones, que palidecían al lado de estas.

Sin lentes, cabellos alborotados y con el rostro sonrojado de ebriedad irrumpe en la pista de baile y exclama a viva voz:

-¿¡A esto le llaman bailarrrr!? Pfff yyyooo le wa a mostrarrr – dirigiéndose a Otabek - ¡heeyyyy DJ, ponte un reggaetón olds kuul pa la pipoool! Les voy a enseñarr a ezta gente como se perrea hasta el -20.

El suizo casi escupe su bebida. ¿Ese niño tímido pretendía demostrar cómo hacer un twerking hasta tocar el suelo? "esto necesita ser grabado para la posteridad" pensaba Giacometti. Por fortuna, el cumpleañero tuvo la misma idea y tenía a De la Iglesia filmando el curioso suceso.

Otabek, sin poner reparo alguno, realizo lo solicitado. Total, ya le habían pagado una suculenta cifra así que estaba dispuesto a todo.

Y comenzó a sonar una canción antiquísima de reggaetón. Los asistentes hicieron un corro alrededor de Yuuri, dejándolo al centro de la pista.

-¡Necesito un voluntario o voluntaria, porque esto e de a dos! ¿Quién se animaaa? Bueeeenoo, tendré que elegir yop – toma de la mano a una chica de largo cabello moreno y ojos violeta y la atrae hacia el centro. Ella estaba risueña y halagada de ser elegida, dispuesta a aprender en esta inesperada lección de baile. Pero un joven la increpaba desde el público:

-¡Sara, sal de ahí! ¡No te atrevas a realizar ese baile tan obsceno y vulgar!

-¡Cállate Mickey! ¡Aquí se viene a bailar hasta que salga el sol! ¡Enséñeme como se perrea senseiii!

-A sus órdenes mai leidi. ¡yaa, todos escojan su pareja y mirenme como lo hago yo!

El tal Mickey, enfadado iba a sacar a Sara de un tirón y llevársela lejos, pero un joven alto de barba se lo impidió.

-¡Yo elijo a Mickey como mi pareja de baile! –gritó el susodicho. Mickey iba a replicar pero la música comenzó a sonar con fuerza y alrededor la gente armaba alboroto por el espectáculo del japonés.

Y con mucha razón, pensaba Chris. Semejantes movimientos alborotarían a cualquiera.

-¡DEJALA CAERRR, SOLA VA CAERRR! ¡CUANDO SIENTA EL BOOM DE ESTE PERREO INTENSO! (1) – cantaba Yuuri, a la par que bailaba en torno a Sara.

Si le preguntaran a la muchacha si efectivamente sintió el boom del perreo de Yuuri, su respuesta sería una calurosa afirmación. Aun se sonroja al recordar como el japonés realizaba frenéticos y sensuales movimientos de cadera a su alrededor, sacudiendo su pelvis con maestría hasta tocar el suelo y volviendo a ascender sin dejar de mover la parte inferior de su cuerpo. Pero lo que mejor recuerda es que a pesar de lo erótico del baile, el bailarín mantuvo una respetuosa distancia de ella, bailándole cerca pero jamás toqueteándola. Semejante consideración a su espacio personal no era frecuente hallar en estos eventos. Sara se relajó y comenzó a seguir los pasos de Yuuri, agitando su hermosa cabellera castaña al bailar.

-¡Vamos genteee, los quiero ver perrear hasta el -20! ¡Que sus culos toquen el sueloooo!

Por mucho que trataran de seguir el ritmo marcado por el japonés, nadie podía igualarlo. No pocos se quedaban embobados mirando como éste agitaba su trasero al son del reggaetón. El ambiente se estaba calentando y Yuuri era la causa.

"Ni la misma Shakira mueve el bote como él lo hace" pensaba un acaloradísimo Chris "ver menear a ese culo es el pecado mismo. ¡Uf! No quiero ni imaginar cómo lo menearía en la cama. ¡De lo que te estás perdiendo Viktor! ¡Este tipo nos está dando cátedra de sensualidad y perreo intenso hasta abajo! ¡ y tú de niño bueno visitando a tus padres!"

Finalmente todos se animaron a bailar, siguiendo el ejemplo de Yuuri. Otabek, como buen DJ, tocaba los reggaetones más clásicos y calentones para el nipón. Por otro lado, Mickey enfurruñado se negaba a bailar y trataba de sacarse de encima al barbón, que inspirado por los movimientos de Katsuki, se restregaba contra el cuerpo del gruñón. Yuuri se percató de la situación y decidió ponerle remedio. No iba a permitir que nadie se quedara sin bailar, no en su guardia.

-¡Paren! –Señalando a Mickey- ¡ese sujeto no está bailando! ¡Y este crimen se castiga con alcohol!

-¡Traigan el brebaje! – Ordenó Phichit -¡No dejen que se escape! –añadió al ver como el sujeto trataba de escabullirse de los brazos de su acompañante.

-¡NOO! ¡Dejenmeeee! ¡Suéltame Emil si no quieres que te deje sin el día del padre! –gritaba Mickey.

-¡Correré el riesgo con tal de verte bailar reggaetón! –contestó alegremente Emil, el barbudo.

-¡Sara! ¡Hermanitaaa ayudameeeee! ¿Qué haces?

Sara hizo caso omiso de la súplica de su hermano. Es más, ella misma traía una botella de cerveza, dispuesta a hacérsela beber. Tras de ella, una chica pelirroja portaba un embudo de quien sabe de dónde lo consiguió. Lo harían beber, por la razón o la fuerza.

Emil lo sujeta fuertemente de sus extremidades, inmovilizándolo. La pelirroja le inserta el embudo en la boca y su querida y traidora hermana Sara vierte el alcohol en él.

-¡ESE FAROL NO ALUMBRA, ALUMBRA ESE FAROL! ¡ESE FAROL NO ALUMBRA, ALUMBRA ESE FAROL! ¡PONGALE, PONGALE, PONGALE, PONGALE, PONGALE, PONGALE, PONGALE QUÉ! ¡PONGALE, PONGALE, PONGALE, PONGALE, PONGALE, PONGALE, PONGALE QUÉ! (2) –Cantaba Yuuri a medida que el alcohol ingresaba al organismo de Mickey de forma poco convencional. La gente lo acompañaba agitando las palmas y gritando ¡EH, EH, EH!

Phichit estaba exultante ¡su fiesta se estaba convirtiendo en un éxito rotundo! Medio mundo le preguntaba quién era ese chico, otros lo felicitaban por contratar a un bailarín tan bueno. La cosa era que nadie podía ponerse de acuerdo acerca de la identidad de su amigo. Feliz estaba también porque Leo consiguió unas buenas tomas del baile de Yuuri y ya barajaban ideas para la edición y luego subirlo al canal de YouTube que ambos poseían.

Otabek estaba inusualmente alegre. Si bien por estar a cargo de la música no se permitía beber demasiado alcohol, se entretuvo en realizar un pequeño experimento que consistía en saber cuántos estilos de música podía bailar el japonés. Los resultados lo dejaron más que satisfecho: música que ponía, música que Yuuri bailaba. Desde bachata a lambada, Katsuki se las bailaba todas con mucha habilidad. Hay que tener en consideración que en esa época Yuuri estaba en su mejor condición física y sumada al efecto desinhibidor del alcohol, provocaba que saliera a flote una de sus pasiones después del patinaje: el baile.

Y la gente conectaba con esa pasión y se contagiaba de esta. Lo seguían en cada baile que emprendía y no pocos y pocas lo fotografiaban para tareas manuales de la universidad. Porque Yuuri, gordo o flaco era bien parecido, solo que su descuidado estilo al vestir lo hacía parecer menos atractivo. Consciente que eso limitaría sus posibilidades de conquistar a alguien, el nipón tomó clases de baile para usarla como arma de seducción, en su vieja confiable. Pero no contaba que su timidez se iba a convertir en un escollo para sus propósitos amorosos. Al menos el alcohol era un importante aliado, el problema era que olvidaba casi todo lo que hacía bajo sus efectos.

El DJ Altin se propuso a llevar a cabo la prueba de fuego, la siguiente canción determinaría la calidad de bailarín que era Katsuki Yuuri. Un tema clásico que lo deshonraría si no lo supiera bailar. Y colocó la música.

-¡Wooooooo, la canción del marcianitoooooo! (3) – gritó eufórico Yuuri al reconocer los primeros acordes del tema – QUIERO DECIRTE AL OIDO TANTAS COSAS PRECIOSAS QUE ESTOY SINTIENDO POR TIIII ¡oi numa ese cumbión! ¡Vamos todos, hagamos un trencito! ¡El cumpleañero primerooo!

Varios alegres invitados formaron fila (con Phichit a la cabeza) y agarrándose uno tras otro de la cintura movianse por todo el recinto al ritmo de la cumbia del marcianito. Incluido Mickey, que con toda la cerveza que bebió se mostró más expansivo e interesado en participar en las dinámicas del ebrio japonés. Algo que alivió de sobremanera a su hermana Sara, ya que le daba libertad para acercarse al coreano, que miraba como se desarrollaba esto con un gesto de total desaprobación y desprecio.

-… si no quieres tomar por lo menos vamos a bailar ¡mira el medio mambo que se armó! ¡Está divertidísimo! –Suplicaba la pelirroja que estaba a su lado -¡Sara, amiga, ayúdame a convencer a Seung!

- Mila ¿este es un coreano auténtico? –pregunta Sara con un brillo en sus ojos violáceos.

-¡Siii! Vamos, ayúdame a convencerlo a que baile con nosotras ¡debe bailar tan bien como Yuuri – kun!

-¡No me comparen con ese borracho de Katsuki! ¿Podrían soltarme? –dice Seung enfadado, tratando de apartarse de ellas.

-Mila, lo estamos haciendo mal. No podemos sacarlo a bailar si no está ebrio.

-¿Es una invitación a que traiga el embudo?

- Que comes que adivinas, amiga. Si funcionó en Mickey, lo hará en este también. Le diré a Phichit que me pase una botella de vodka.

-¡Hey! ¿Qué les hace pensar que voy a bailar porque me den alcohol contra mi voluntad? –preguntaba el coreano con la vena en la sien palpitando.

-Duh, eres coreano. Llevas el baile en la sangre –responde Mila con simpleza, como diciendo algo obvio.

"¡Ay no me digan que son frikis del K-pop!" pensaba con angustia el atribulado muchacho. Estaba hasta la puta madre de que por ser originario de Corea del Sur, la gente (sobre todo chicas) creyera que cantaba, bailaba y sudaba K-pop, que era casi religión que le gustara ese tipo de música de su país. Le enojaba en exceso que muchas mujeres se le acercaran por esos motivos, convencidas de que estar con él las acercaba a sus ídolos del pop.

-¿Son estúpidas o qué? ¿Acaso el hecho de ser coreano es una condición sine qua non para que me guste el K-pop? Para que sepan y les quepa en esas cabecitas de aire, solo el servicio militar es obligatorio, no que me tenga que gustar ese horrible género musical. ¡No soporto al k-pop, es basura!

-¡Uy relájate chico! Pareces que vienes de la otra Corea, la aburrida, perdón, la del Norte – replica Mila – ¿cierto Sara? ¿Sara? ¿Crispino?

Sara estaba con ojos vidriosos y sus labios hacían un puchero.

-Amiga, ¿Qué te pasa? –pregunta Mila preocupada.

-¡Insultó al K-pop! ¡Dijo que es basura! Yo, yo no puedo aguantar que ¡insulten algo que me gusta! –lanza un breve sollozo.

Yuuri, más ebrio que nunca, se acerca al pequeño grupo e inquiere:

-¿Qué sucede, chicass? ¿Acaso ese farolito necesita serrr alumbrao?

-Vamos a encenderlo con vodka- responde la pelirroja.

-¡Yuuri-sensei! ¡Seung insultó al k-pop! Y tampoco quiere bailar. ¡Exijo una satisfacción! –Exclama Sara, enardecida.

- mmmm hiciste muy mal en despreciar al keipop Seungcitoooo. ¿No quieres bailar? ¿a qué viniste entonces? Para eso mejor te quedas en casita.

Un grupo de gente se congregó alrededor del grupo conformado por las chicas y Seung y Yuuri. Presentían que otra gran escena se avecinaba. Después de todo, en cuanto a diversión, el japonés no los había decepcionado en toda la noche.

-Aléjate Katsuki, que apestas a sudor y alcohol. Y puedo decir lo que se me antoje del k-pop, ya que es un producto de mi país y lo puedo criticar con conocimiento de causa. ¿Qué vas a saber tú de eso, nerd de cuarta?

El público mirón exclama: ¡uhhhhhh!

Pero Yuuri no se amilana ante las duras increpaciones del surcoreano. En cambio, lanza una pequeña sonrisa, peina sus cabellos hacia atrás y le responde:

-En la pista te demuestro todo lo que sé del k-pop. Te reto a un duelo de baile, Seung-Gil Lee. Veamos si así te atreves a sostener tus palabras.

-¿Estás loco? No pienso razonar con un ebrio como tú. –responde el surcoreano, mirándolo de arriba abajo con desdén y los labios fruncidos.

-¿No será que no quieres enfrentarme porque no sabes bailar? ¿Será por eso que odias al k-pop? Seung, que seas malo en una disciplina no la convierte en basura. No confundas las cosas.

-¿Qué te hace pensar que no se bailar? Te puedo aplastar cuando quiera, Katsoquete –Seung estaba cabreadísimo, con la paciencia al límite. No soportaba que nadie le dijera que era malo en algo, él, un perfeccionista, que todo cuanto hacía lo hacía bien.

-Entonces demuéstralo, Guacamayo.

Se oyen otros ¡uuuhhhhh!, por parte del público.

¡Esto era el colmo! ¡Se estaba burlando de su indumentaria! Seung no podía dejar pasar esto.

-¡Chulanont, trae el alcohol! Vamos a cerrar bocas ebrias –se saca la chaqueta y se la arroja a Sara. Phichit, junto con Leo que estaba nuevamente registrando todo con la cámara, trae una botella de ron destapada y lista para consumir. Seung toma un largo trago y se coloca en frente de Yuuri, mirándolo con desafío.

Mila se acerca a Otabek y le susurra algo al oído. El DJ asiente y la pelirroja vuelve hacia donde está la gente congregada en masa con Seung y Yuuri en el centro mirándose fijamente.

-Despejen la pista, los chicos necesitan espacio para bailar. Listo ¡Música, DJ!

Y comienza a sonar las primeras notas de Blood, Sweat and Tears (4)

El público se vuelve loco, no cesaban de gritar emocionados ante los duelistas. El nivel de baile que exhibían tanto el japonés como el coreano era de primerísima clase. Danzaban uno frente al otro con perfecta sincronía, demostrando a la concurrencia que conocían al revés y al derecho la coreografía.

¿Quién se perfilaba como ganador? Una pregunta difícil de responder, incluidas a las expertas y fanáticas del género, Mila y Sara. Para ellas, Yuuri y Seung bailaban tan bien como sus ídolos, no existía ningún defecto en sus pasos. El ganador se tendría que definir con otros parámetros adicionales, que aún no definían porque no podían apartar la mirada de los bailarines y a la vez trataban de contener sus respectivos sangrados nasales.

"El punto clave para definir a un ganador es la sensualidad, allí radica la diferencia entre los dos" pensaba Chris, que observaba con ojo crítico la performance de los contendientes.

La coreografía en si era muy, muy sensual. El griterío se volvía más intenso cuando en uno de los pasos, los muchachos se tocaban en un área cercana a la entrepierna y de paso, se levantaban las remeras, dejando a la vista una porción de su vientre.

La contienda estaba muy pareja. Yuuri descubrió en Seung un digno oponente. Para alguien que admitía odiar el género, lo estaba haciendo muy bien. Demasiado bien. Tenía muy claro que por técnica no lo iba a vencer, en lo que llevaban bailando no había errado jamás.

Tenía que hacer algo. Y rápido. Para ganar no bastaba solo con bailar bien y su mente de borracho lo tenía claro. Para ganar tenía que hacer algo que dejara a todos con la boca abierta.

"Parece que el japonés por fin lo entendió" se decía a sí mismo el suizo cuando se percató que Yuuri cambió la estrategia, realizando cada vez pasos más provocadores, tocándose más el torso al bailar. Sin embargo, el surcoreano descubrió sus intenciones. Desabotonándose la camisa a cuadros que llevaba a puesta, en un rápido movimiento muestra coquetamente un hombro desnudo, provocando aún más chillidos de excitación y gritos de ¡Mucha ropa! Claro, pues Seung llevaba bajo la camisa, una polera sin mangas.

Yuuri al ver las reacciones eufóricas que provocaba Lee en el público, tomó una decisión. Si quería ganar, tenía que ser más osado. Incrementar aún más el grado de sensualidad.

Invocar al Eros.

En cuanto la canción llegase a la parte que dice wonhae manhi manhi manhi, Yuuri realizaría su última jugada.

"¿Qué carajos esta haciend…? ¡woooow! ¡Parece que ya tenemos a un ganador!" Chris sonrió.

En un arranque de inspiración y poseído por Eros, Yuuri corre hacia la fuente y continua bailando dentro de ella. Al alzar una de sus piernas, levanta un chorro agua que cae a un grupo de chicas que miraban el duelo. Ellas chillaron emocionadas, sin sospechar que han sido bautizadas en el nombre de Eros, am3n.

Era inevitable que eso ocurriera. Los pasos de baile a la par de sensuales, eran enérgicos así que cada vez que se movía, esparcía agua a todos lados. Claro que repercutió en su ropa también, mojando su blanca camisa y sus pantalones también, alcanzando el cénit de la sensualidad. Porque no existía nada más sexy que una camisa mojada, adherida al cuerpo del japonés que se movía con gracia y soltura en el agua.

Yuuri sentía caer sudor en su rostro, producto del intenso baile y dado las circunstancias y como estaba en la fuente, se acerca al chorro de agua ascendente y de espaldas, coloca su cabeza. Luego la mueve hacia adelante y sus cabellos chorreantes de agua, mojan su rostro en forma de gotas que resbalan en toda su cara, recorriendo su mentón y perdiéndose finalmente en su clavícula y pecho.

La canción termina y Yuuri jadea por el esfuerzo realizado. Le aplauden con fervor y más de alguien le grita ¡papacitooo! Tenía prácticamente a la gente a sus pies. El Eros que poseyó a su cuerpo triunfó.

Luego, alguna chiquilla picarona empezó a exigir reiteradas veces que se sacara la ropa.

-¡Que se saque la camisa! ¡La camisa!, ¡la camisa!, ¡la camisa!- comenzaron a corear.

-¡También su pantalón! ¡Queremos ver su culo, manjar de dioses!

-¡Apoyo la moción con toda violencia!

Y Yuuri comenzó a desabotonarse su camisa mojada, generando gritos de placer cada vez que sacaba un botón de su ojal. Iba llegando al último botón y cuando estaba a punto de quitarse su camisa, una sirena de la policía sonó.


-… entonces dilaté su ano con un pepino en el ascensor.

-¡Que hiciste qué, Viktor!

- ¿Ves? No estabas prestándome atención, mal amigo –reclama Viktor. Notó que en cierto punto de su historia su amigo dejó de escucharlo y sus ojos miraban hacia la nada. Es como si estuviera evocando algunos recuerdos o fantaseando como lo suele hacer cuando Viktor realiza extensos monólogos de sus desgracias.

-Solo me acorde de algo muy bueno. Prométeme algo, Viktor.

-¿Qué cosa?

-Ven a la próxima fiesta que organice te vas a arrepentir, como que me llamo Christophe Giacometti.

- Te hablo de mi futura cita con Yuuri y sus cambios de personalidad y me hablas de una futura fiesta de Phichit. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

-Más de lo que crees. Más de lo que crees. Quizá ahora no lo entiendas, pero cuando asistas a esa fiesta, vas a entender todo y quizá me lo agradezcas.

Viktor realizó un puchero. No le gustaba cuando Chris actuaba como una esfinge, haciéndose el misterioso y dando a entender con confusas palabras que poseía información interesante que él debía saber, pero que no se lo decía limitándose solo a reírse de su ignorancia.

-No te enfades y sigue mi consejo, porque yo sé mejor que tú lo que te conviene – y levantándose del diván le anuncia a Viktor:

– Iré por café y croissants, necesito azúcar a la vena para comenzar a trabajar. Y tú deberías empezar a mover tu gordo culo también, hay mucho por hacer.

Se dirige hacia la puerta y antes de cerrarla tras de sí, añade:

-Y una cosa más, Viktor y te dejo que te ahogues en tu mierda autocompasiva. Escucha atentamente, que lo que te voy a decir te va a ahorrar varios problemas: No juzgues un libro por su portada, no sabes los tesoros que puede esconder.

Viktor inclina su cabeza hacia el lado sin entender el mensaje. ¿A cuenta de qué le decía eso? "Otra vez Chris y sus mensajes crípticos. Si le pregunto me dirá algo como que ya lo entenderé más adelante. ¡Ni que yo fuera un niño?"

Se levanta del diván y ocupando el escritorio, abre su laptop. "Bueno, será mejor que comience a planificar los pormenores de mi cita con mi adorado Yuuri. Quiero que todo salga perfecto para que se repita, ¿Qué lugares serán los mejores para darle su primer beso? Mmm para la segunda o tercera cita deberé buscar buenos moteles ¿o preferirá que tengamos sexo en un lugar más íntimo como mi departamento o su casa?"

Y cosas de este tipo discurrían en la mente de Viktor Nikiforov. Estaba ansioso por conocer al que en poco tiempo lo ha cautivado y contaba las horas a las que por fin lo conocería.

Por fin su amado Yuuri cobraría forma. A aquel que con tan solo palabras y emojis ya lo tenía grabado a fuego en su mente y en su corazón.

Y no le importaba nada que utilizara calcetines para… bueno… limpiarse el trasero a falta de una opción mejor.

Así de ciego es el amor.


Notas

(1) Canción de Tito el Bambino, ese m3n que siempre dice "e la gloria de dioh te lo dije"

(2)Canción llamada Pongale, de La secta

(3)Canción del maestro Antonio Ríos llamada "Nunca me faltes", mas conocida por ser la cumbia del marcianito.

(4)Canción del grupo surcoreano BTS, le ganaron el Billboard al Bieber.


Se me ocurrió escribir un especial porque sentí que la historia de la borrachera de Yuuri necesitaba tener su propio capitulo. Y al tratarse de un recuerdo calza mejor en un capitulo propio que dentro de otro en donde continuo con la linea argumental de la historia que nos intercalar cada tanto algún especial, donde explique algunos cabos sueltos de la historia o profundice en algunos aspectos de la como idea para el siguiente especial relatar con mas detalle cómo fue la ruptura de Yuri y Otabek. ¿Qué les parece la idea? Comentenme para conocer sus opiniones al respecto : )

¡Nos vemos en el siguiente capitulo!

Con amor, niñita.