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¡Feliz lectura!
ベジータ
Tan solo habían pasado tres semanas desde la batalla contra Majin Bu. La vida en la Corporación Cápsula volvía poco a poco a la normalidad. Durante esos días posteriores, Bulma decidió tomarse unas merecidas vacaciones para disfrutar de su hombre y su hijo plenamente. Había estado a punto de perderlos para siempre durante la ardua lucha, así que necesitaba dedicarse por unos días únicamente a ellos.
Por ello, hasta ahora había pasado los días yendo a los mejores parques temáticos y restaurantes con su hijo (a menudo también acompañada de su marido), y las noches haciendo el amor de manera descontrolada con el incansable guerrero.
Una mañana se encontraba haciendo unas compras en el centro de la ciudad, cuando un establecimiento llamó su atención. Era un centro estético donde hacían unos tatuajes preciosos. Todas las paredes de cristal estaban cubiertas por centenares de fotografías de tatuajes que multitud de personas se habían grabado allí.
Lo cierto era que ella siempre había deseado hacerse algún "discreto" tatuaje en alguna parte escondida de su cuerpo, pero siempre fue aplazándolo porque nunca tuvo claro qué cosa elegir para grabar por siempre en su piel. Para ella el tatuaje perfecto debía de ser algo muy especial, algo que realmente tuviera un importante significado en su vida.
Se quedó un rato mirando embobada las fotografías, hasta que finalmente decidió entrar en el local. "Creo que ya tengo claro lo que me debo tatuar… ¡Qué diablos!… ya es hora de hacérmelo…ahora o nunca…" — pensó la peliazul entusiasmada por su repentina decisión.
Aunque sentía algo de miedo por el posible dolor de la aguja tatuadora, eso no la hizo amedrentarse en absoluto. Una joven rubia llena de piercings y tatuajes por doquier atendió amablemente a la millonaria científica escuchando con atención la descripción de aquello que deseaba marcar en su piel.
Al cabo de un rato, la peliazul salió del centro estético encantada. El resultado había sido genial, justo lo que ella deseaba. Ahora le tocaba estar curándose y cambiándose las vendas durante tres días hasta que el tatuaje cicatrizase. Tres días que afortunadamente coincidieron con su menstruación, lo cual le facilitó ocultárselo a su guerrero por el breve descanso de la frenética actividad sexual.
Finalmente llegó el día en que quitó definitivamente sus vendas. Ahora solo debía hidratarlo frecuentemente y cuidarlo en las exposiciones al Sol, "De todas maneras, este tatuaje nunca tomará mucho el Sol, jijiji" — pensaba risueña la científica mientras se untaba la crema hidratante en la ducha.
La noche llegó a la Capital del Oeste. Vegeta ya hacía rato que esperaba en la cama a su amada hembra. La menstruación de Bulma acababa de terminar, por lo que el príncipe estaba impaciente por entrar de nuevo en el deseado cuerpo de la terrícola. Bulma se estaba retrasando en el baño, y el saiyajin estaba ya a punto de entrar a por ella si no salía de inmediato.
Al fin salió del cuarto de baño de la alcoba con una sonrisa en los labios. Vestía un sexy camisón negro transparente, ajustado a su perfecta figura, resaltando sus generosos atributos de mujer hermosa. Por lo visto su esposa estaba tan ansiosa como él por recuperar el tiempo perdido de esos días. La perfecta visión del bombón de hembra que era su Bulma le encendió por completo.
En un rápido movimiento, el príncipe tomó a la peliazul por el trasero y la colocó tumbada en la cama para comenzar la exquisita ruta por el perfecto cuerpo femenino. La desnudaba velozmente, realmente desesperado por saborearla sin demora, pero algo provocó que se paralizara como una estatua.
Al bajar las braguitas de la científica, descubrió su nombre tatuado justo donde comenzaba el monte de Venus de su mujer. Las letras estaban cuidadosamente grabadas con un precioso estilo elegante, rodeadas por sofisticadas delineaciones que enmarcaban hermosamente el nombre del saiyajin.
Vegeta alzó la mirada para buscar los ojos de su mujer. — ¿Qué…cómo…? ¡¿Y esto?! — preguntó el guerrero asombrado. Bulma soltó una risita y acarició el rebelde cabello del príncipe. — ¿Acaso no te pertenece? — dijo la peliazul juguetona. Vegeta volvió a leer su nombre tatuado sobre la feminidad de su mujer. — ¿Es permanente? — preguntó de nuevo el incrédulo saiyajin. — Por supuesto, al igual que mi amor por ti — apuntó la científica dulcemente. — Estás loca — respondió el príncipe con una gran sonrisa en su rostro. — Claro que lo estoy, loca por ti, amor… — concluyó la terrícola sonriendo.
Vegeta se lanzó sobre la boca de su hembra para devorarla en un apasionado beso, fundiéndose desbocadamente, abrazándola y sintiéndola con devoción. La sorpresa que le había dado su mujer no hizo más que alimentar su ego, sabiéndose dueño y señor del cuerpo y el alma de la terrícola, remarcando lo que sabía desde hacía años.
— No hacía falta que te tatuaras mi nombre para hacerme saber que eres toda mía. Eso ya lo sé desde hace tiempo — aclaró el orgulloso guerrero. — Siempre quise hacerme un tatuaje, pero nunca tuve claro qué figura o palabras merecían estar de por vida en mi cuerpo…el otro día encontré por casualidad un local tatuador y… me animé a grabarme una palabra que desde hace años está tatuada en mi corazón…y ahora también lo está en mi piel — explicó Bulma tiernamente mientras se acariciaba el tatuaje con los dedos. — ¿Te gusta? A mí me parece precioso. Elegí el diseño personalmente, se ve tan bonito…— añadió la peliazul mirándose su parte baja.
— Tú sí que me pareces preciosa — apuntó secamente el emocionado guerrero mientras volvía a invadir la boca de su hembra. No lo confesaría nunca, pero el hecho de que su mujer se hubiera tatuado su nombre le encantó totalmente. Aunque tan solo fuera algo simbólico, ver su nombre escrito en la piel de la científica lo hinchaba de orgullo. Además, a él también le parecía que el diseño que había elegido su mujer era de muy buen gusto.
Hicieron el amor múltiples veces hasta bien entrada la madrugada, alternando cada "round" con besitos, caricias y risas sobre el nuevo decorado de la tierna feminidad. Cuando al fin parecía que iban a conciliar el sueño tras el abrumador ejercicio, un pensamiento asaltó la mente del príncipe. — Bulma…eh…escucha…— despertó el saiyajin a la peliazul. — ¿Qué pasa rey…es que quieres más? — dijo la somnolienta científica frotándose los ojos. — ¿Quién te hizo el tatuaje? ¿Un hombre o una mujer? — preguntó el guerrero medio enojado. — Jijijiji, tranquilo príncipe celoso, fue una muchachita, jajaja— respondió la divertida científica ante los repentinos celos de su amado. — Hummm — añadió simplemente el guerrero hundiendo su nariz en el sedoso cabello de su querida hembra. Ambos quedaron al fin dormidos con una sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro.
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Notas del autor: Bueno, aquí tienen una nueva conversación, jeje. Qué loquilla esta Bulma, jiji. Ha sido muy entretenido imaginarme la escena mientras la escribía. Aunque no soy partidario de tatuarse el nombre de la pareja (por si se acaba el amor y ahí te quedas con el nombre de la persona forever, jeje), creo que si fuera Bulma o Vegeta no tendría ninguna duda en tatuarme el nombre del otro ;-D. Muchísimas gracias por los reviews, sois un solete. Espero que les haya gustado este sketch también.
Un abrazo grande. Nos leemos pronto. Tengo en mente un nuevo fic, pero creo que me llevará mucho tiempo, así que lo iré preparando poco a poco. Hasta pronto bombones!
Colli.
