Disclaimer: Todos los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi.
Estaba muerta, Kikyo estaba muerta. Él la había amado profundamente y él se la había arrebatado para siempre.
En ese instante, algo dentro de Suikotsu se rompió. Algo más allá de su corazón; era algo en su cabeza. Esa otra personalidad que convivía con él comenzaba a ganar más poder en su cuerpo y alma y él ya no podía ni quería evitarlo. Las lágrimas no salieron y aunque su cuerpo aún dolía, el nudo en su pecho y estómago se volvió rabia.
Lo mataría. Mataría a Inuyasha y todo lo que estuviera relacionado con él. De eso no había ninguna duda.
Paint it black
Por Kuruma Chidori
Capítulo 4. Quien vive, quien muere, quien cuenta tu historia
–Tu hermana está muerta…
Era curioso cómo pese al enorme peso que esas palabras significaban, ella no pudo realmente asimilar todo lo que conllevaban en ese momento. ¿Kikyo había muerto? ¿Cómo era posible?
Kagome había crecido bajo la sombra de su hermana mayor y la admiraba sin duda alguna: Kikyo era hermosa, delicada, poderosa y sumamente inteligente y perspicaz. Era todo con lo que ella soñaba convertirse; era todo con lo que su abuelo y su madre soñaban que también fuera… Entonces ¿cómo era posible? Kikyo… ¿muerta?
El concepto de la muerte aún no estaba bien cimentado en la cabeza de una Kagome de diez años.
–¿Cómo lo saben? –Fue su primera reacción tras guardar silencio unos instantes. Su madre enjugó sus lágrimas con un pañuelo mientras su abuelo colocaba una mano en el hombro de la mujer en señal de apoyo.
–El pueblo que ella resguardaba quedó en ruinas tras la luna de sangre… Los rumores han corrido desde entonces, dicen que ella había dejado el pueblo desde antes y no volvió a tiempo. Que fue atacada antes de volver… Un monje de una aldea vecina confirmó su muerte en manos de un vampiro.
–…No creo que Kagome necesite esos detalles, padre. –Dijo la mujer, secando su rostro. Pero el sentimiento que embargaba en ese momento a Kagome no era tristeza ni desconsuelo, más bien se hallaba desconcertada.
–No, eso no puede ser. –Dijo con firmeza, arrugando el ceño – Mi hermana… ella no puede ser derrotada por un vampiro, eso es imposible.
Hacía seis años que Kikyo había dejado su pueblo natal para resguardar el que ahora le contaban que estaba destruido. Ella había sido solicitada para proteger esa aldea cuando solamente tenía catorce años y su abuelo la había dejado marchar ya que había manifestado poderes espirituales impactantes desde muy temprana edad y sabían que podía valerse por sí misma, y dado a que su mismo abuelo era monje y Kagome también poseía habilidades para convertirse en una sacerdotisa en el futuro, habían dejado marchar a Kikyo mientras que ella era debidamente educada y entrenada en su propio pueblo.
Kagome, incluso para la corta edad de diez años, era plenamente consciente de lo increíblemente poderosa que era su hermana mayor, por lo que la idea de que un vampiro la pudiera asesinar era completamente absurda… pero si eso en realidad era cierto… ¿qué posibilidades tenía ella misma de proteger un pueblo por sí sola?
La niña de espesa cabellera azabache cubrió su rostro con ambas manos y sintió que las lágrimas comenzaban a fluir lentamente. Su confusión estaba dando paso rápidamente a la sensación de sentirse ahogada, casi como si le costara respirar por la ansiedad.
–Kagome… –Susurró su abuelo, acercándose a ella.
–Realmente no lo creo. No es posible. –Murmuró entre sollozos más para sí misma que para su madre y su abuelo. –No es posible.
Dentro de ese mar de sentimientos, y aunque no podía contener las lágrimas, Kagome estaba determinándose a ía que hacerse fuerte, quizá jamás tendría el potencial que Kikyo, pero tenía que hacerse lo más fuerte posible y emprender su propio camino. Estaba completamente segura que la historia que le habían dicho a su abuelo no era real y algún día averiguaría lo que en verdad sucedió. No importaba cuánto pudiera tomar.
–Ya han pasado días y él sigue encerrado en sus aposentos. ¿Deberíamos hacer algo al respecto? – Shuran miró dubitativo a Toran, quien se hallaba entretenida limpiando su katana con un pañuelo blanco.
–Sinceramente dudo que él muera sólo por no alimentarse un par de días –Dijo, sin apartar la mirada de la hoja afilada –Realmente yo no quisiera involucrarme a menos que la señora Irasue nos lo ordene.
–Sabes que eso es imposible. –Shuran apretó ligeramente los labios con preocupación. Aunque Inuyasha y él no hablaban muy a menudo, de algún modo sentía aprecio por él pues lo conocía desde que era un bebé. –Creo que debería ir a hablar con él.
–Dudo que logres algo al respecto… debe estar muy deprimido y no querrá hablar con nadie. Escuché que él mismo mató a la sacerdotisa. –Hiten acababa de entrar a la habitación y había escuchado todo –No puedo creer que careciera de autocontrol a tal grado –Se mofó.
–Cuidado con tus palabras. Recuerda de quién estás hablando –Advirtió Shunran, la vampira de larga cabellera castaña rojiza mientras se acomodaba una flor en el cabello frente a un espejo –Además no es que tú puedas presumir de autocontrol, Hiten. –Contuvo una risita.
Hiten chascó los labios con molestia.
–Lo tengo controlado. –Farfulló y Shunran se rió con sorna.
–Por lo menos más que Kagura, sí. –Soltó Karan, quien se hallaba recostada en el suelo de madera boca abajo, con los brazos cruzados bajo su barbilla. –Lleva días en la capilla, me pregunto cuándo pensará volver.
–Lord Sesshomaru debió reprenderla fuertemente, probablemente no la veremos de nuevo en otro par de días hasta que decida que ya puede encararlo sin vergüenza.
–Pff… Es lamentable que ni ella ni Inuyasha puedan controlarse y maten a diestra y siniestra. –Volvió a decir Hiten y todos lo miraron de mala gana, como quien fuera un niño mimado alardeando de habilidades que no tenía – No me juzguen así, por lo menos si yo decido matar no me arrepiento de lo que hago, ni tampoco mato a la mujer que me gusta.
–Cuidado con lo que dices. –sonó una voz chirriante al mismo tiempo que Sesshomaru hizo acto de presencia junto con Jaken y todos los presentes se pusieron rápidamente de pie para hacer una reverencia ante el lord. –el señor Inuyasha podrá ser un híbrido que carece de control, pero sigue valiendo más que tú en esta familia. –Reprendió Jaken.
–Lo lamento, señor. –Se apresuró a decir Hiten, dirigiéndose a Sesshomaru y volviendo a hacer una reverencia pero ahora como disculpa, sin embargo el vampiro de cabellos plateados ni siquiera se volteó a verlo ni tampoco dijo nada, pasando de largo a la siguiente habitación para encontrarse con Inuyasha.
El lord abrió el shoji* de su habitación sin siquiera avisar.
–Inuyasha, levántate.–Ordenó el lord a su hermano menor quien se hallaba hecho ovillo en un rincón, en completo silencio.
–Déjame solo.
–Ya han pasado días, señor Inuyasha. –Habló esta vez Jaken y el vampiro híbrido lo miró de soslayo –Tiene que comer.
–No tengo hambre.
Sesshomaru lo miró en silencio unos momentos antes de hablar.
–Madre ha mandado pedir por ti. Será mejor que te presentes ante ella ahora mismo si no quieres problemas.
Inuyasha levantó la mirada hacia Sesshomaru y después suspiró, poniéndose de pie.
Sesshomaru lo siguió con la mirada hasta que salió de la habitación, rumbo a los aposentos de Irasue.
Lo cierto es que él no tenía absolutamente ninguna intención de fungir como recadero, pero sabía que en la condición en que Inuyasha estaba no hubiera escuchado a nadie más que a él, y cuando Irasue llamaba no tenía mucha paciencia para esperar.
Aquel palacio era enorme, había sido construido desde hacía siglos atrás por sus padres, y entre el mundo de los vampiros todos sabían que Irasue fungía como una especie de papel de reina, y al ser la viuda de Inu no Taisho y por tanto la vampira de linaje puro más antigua que quedaba, nadie podía ignorar sus órdenes.
Ese palacio acogía a todos los vampiros convertidos directamente por el linaje Taisho, es decir, Inu no Taisho, Irasue y el mismo Sesshomaru. Inuyasha, sin embargo, al ser híbrido parecía no tener la capacidad de transformar a ningún humano en vampiro.
El lord siempre había considerado a su hermano una clase de criatura muy lastimera. No era humano pero tampoco era vampiro del todo y había nacido de ese modo. De su lado vampírico poseía un linaje asombroso al ser hijo de Inu no Taisho, pero era una rareza de la naturaleza, el único en su clase. Podía alimentarse tanto de sangre como de cualquier cosa que sirviera de alimento a un humano, podía soportar la luz del día incluso mejor que él e Irasue… sin embargo, la sangre humana podía ocasionarle un frenesí tal que lo volvía incontrolable. También podía a llegar demasiado fuerte a comparación de un vampiro promedio cuando se hallaba en ese trance, y eso era sumamente problemático porque era una criatura inestable. A su vez, la cantidad de años que podría vivir aún era un misterio para ellos, pues si bien había crecido en un tiempo normal para un humano, desde hacía un par de años que se había estancado con la misma apariencia física.
Inu no Taisho sólo había engendrado un hijo con Irasue, y hasta donde tenían conocimientos, su madre era la única vampira de linaje puro. Eso dejaba solo a Inuyasha, quien había sido hijo de una humana hija de un terrateniente, que al enterarse que en su ausencia por viajar a otras tierras su hija había quedado encinta por un vampiro, intentó quemar todo el lugar con ella dentro, sin embargo, Inu no Taisho había llegado a tiempo pero sólo para salvar a un Inuyasha recién nacido, pues la mujer ya había fallecido. Desde entonces, él había sido criado en el palacio.
Inuyasha causaba sentimientos muy distintos en todos los que vivían ahí, cada quien lo veía de distinto modo. El séquito personal de Sesshomaru –los que él había transformado directamente– lo respetaban como hijo de esa familia, pero no solían tener mucha comunicación con él debido a que el mismo Sesshomaru siempre guardó distancia. Ellos no juzgaban la naturaleza de Inuyasha a diferencia de su lord, después de todo, ellos fueron humanos alguna vez. En cambio, por el lado de los vampiros que provenían de Inu no Taisho e Irasue, había una mezcla variada entre afecto y rechazo.
Su padre había sido muy amado por la comunidad de vampiros en general. Él siempre fue amable y generoso con todos, así como abrió las puertas del palacio a todo aquel que buscara refugio: no obstante todo aquello había cambiado tras su muerte, pues ni Irasue ni él tenían el sentimiento de acoger desamparados. Daban un hogar a los suyos, ni más, ni menos.
Sesshomaru por su parte nunca había estado seguro de cómo sentirse respecto a Inuyasha. La mayoría del tiempo le resultaba una presencia irritante, algo que no debía haber existido… pero el hecho de que su padre le hubiera pedido directamente que velara por él, le causaba un sentimiento de responsabilidad del que no podía desprenderse, sentimiento semejante al de la responsabilidad que sentía por su séquito, la diferencia era que él apreciaba a ese grupo de vampiros en su modo particular… Inuyasha en cambio le resultaba una carga.
…Una carga que por un instante de descontrol le había costado la promesa que había hecho a Totosai, y eso lo irritaba en sobremanera.
Sesshomaru apretó los puños con mal humor antes de salir del cuarto para dirigirse a sus propios aposentos.
Sabía que Irasue era la que tenía una relación más peculiar con Inuyasha, no obstante, no sabía qué asuntos tendría ella ahora mismo con su medio hermano, y tampoco le interesaba.
–He llegado, ¿me ha mandado a llamar, madre? –Inuyasha habló del otro lado del shoji de los aposentos de Irasue, a la espera de que ella respondiera.
–Pasa.
Inuyasha deslizó la puerta para después cerrarla tras de sí, acercarse un poco a la vampira y arrodillarse ante ella, quedando hincado en el suelo con la cabeza gacha. Irasue se hallaba sentada en el tatami*, rodeada de cojines mientras fumaba de su larga pipa.
–Mírame. –Ordenó e Inuyasha levantó la cabeza –Me enteré que mataste a esa sacerdotisa que llevabas un tiempo viendo.
Inuyasha abrió un poco más de lo normal los ojos, con sorpresa. ¿Acaso ella supo todo el tiempo lo que había entre Kikyo y él?
–¿Cómo…?
–Sí, lo sabía. ¿Crees que algo de lo que pasa en la vida de quienes viven en este palacio pasa inadvertido por mí? Deberías conocerme mejor que eso.–Irasue exhaló el humo de su boca, lo miraba con total seriedad y con escrutinio.
–Lo lamento, debí decirle. –Se disculpó, volviendo a bajar la mirada.
–No es que me interese particularmente lo que haces en tu tiempo libre, pero entenderás que haber perdido el control de ese modo y matarla… –Dudó un momento antes de continuar su oración– puede resultar problemático. ¿Alguien más lo sabe además de los vampiros de este palacio?
Inuyasha meditó un momento. Lo cierto es que inclusive para él los detalles de lo que había ocurrido durante la luna de sangre eran borrosos. Recordaba que había tomado camino rumbo al pueblo para encontrarse con ella cuando aún había luz de día… pero lo siguiente era difuso. En sus recuerdos podía vislumbrar perfectamente la luna roja en el cielo… y después el exquisito olor de la sangre impregnando sus sentidos. Lo que seguía era él recobrando la conciencia, desprendiendo su mandíbula del cuello de Kikyo, con su cuerpo drenado en sus brazos.
Inuyasha se llevó una mano al rostro, tapando sus ojos. Jamás se lo podría perdonar.
–Inuyasha –Sonó firme Irasue –¿Alguien más lo sabe?
–…No –Musitó atropelladamente –No, creo que no, no recuerdo a nadie.
Irasue suspiró.
–Muy bien, en ese caso puedes retirarte. – Inuyasha se puso de pie dispuesto a marcharse – Ah… me han informado que llevas días sin alimentarte. Hazlo. Si no piensas beber sangre ordena a las sirvientas que te den comida humana. No tengo ningún interés de que te enfermes y tengamos que perder el tiempo cuidando de ti. –Agregó, disimulando en fastidio la particular preocupación que Irasue sentía por el hijo de su marido.
–Está bien, madre.
Inuyasha salió de la habitación y al abrir el shoji, Tsukuyomaru se hallaba esperando.
Este posó una mano en el hombro de Inuyasha en señal de apoyo y el híbrido esbozó media sonrisa antes de irse.
–Tsukuyomaru –Irasue lo miró unos instantes antes de invitarlo a pasar. –¿Qué quieres?
El vampiro de piel morena y cabellos celestes hizo una inclinación con la cabeza a modo de saludo e Irasue hizo un gesto con la cabeza, indicándole que podía aproximarse a ella y sentarse en el tatami.
–No creí que mostraría preocupación tan abiertamente por él –Dijo mientras se sentaba e Irasue le hacía una seña ofreciéndole llenar de tabaco su pipa para que él la acompañara a fumar y este aceptó.
–Quiera o no, lo que él haga repercute en nosotros. Además –Irasue exhaló el humo lentamente –siento que tengo un compromiso con Inu no Taisho respecto a ver por el bienestar de esa criatura.
–Admiro eso de usted. Pudo sobrellevar el despecho y su orgullo a favor a Inuyasha, no cualquiera hubiera podido hacer eso. –Dijo él, después de todo Inuyasha era el producto de la infidelidad de Inu no Taisho con otra mujer.
La vampira de cabellos plateados ladeó la mirada. No le gustaba pensar en eso. Ella no veía a Inuyasha precisamente como lo que Tsukuyomaru decía, pero cuando alguien se lo recordaba, un sentimiento desagradable la invadía.
Irasue había aceptado acoger a Inuyasha por el simple hecho de que Inu no Taisho había sido su esposo y el señor de ese palacio y él se lo había ordenado directamente, y si algo la caracterizaba era la lealtad; lealtad al compromiso que había hecho con Inu no Taisho, lealtad a su matrimonio, lealtad hacia su especie y lealtad a su palabra. Si bien amor no era lo que sentía precisamente por Inuyasha, había decidido tomarlo como su hijo más como un acto de salvaguardar el legado de su marido, que por aprecio a la vida del híbrido.
Sin embargo, si había algo que hería a Irasue, era el hecho de que ni su linaje puro, ni su belleza habían bastado para que Inu no Taisho la eligiera por completo a ella. Habían cumplido con el compromiso de casarse y continuar con su legado, la diferencia era que ella lo había amado a él y jamás tuvo ojos para nadie más, pero por el contrario, Inu no Taisho se había enamorado de una humana, hiriendo así su orgullo.
Él la había deshonrado ante los ojos de toda su especie, y aún así era lo suficientemente madura como para discernir entre su honra mancillada y la vida de una criatura como lo era Inuyasha, un huérfano que jamás iba a encajar del todo en ningún mundo.
–A menudo pienso en el día en que Inu no Taisho murió –Confesó el vampiro de cabellera celeste e Irasue volvió a mirarlo – suelo pensar en que si hubiera decidido desobedecerlo y acompañarlo, él ahora seguiría con vida. Han pasado más de veinte años y esa idea jamás abandona mi mente.
–Inu no Taisho tomó sus decisiones y no había nadie en este mundo que hubiera podido salvarlo de ellas. –Respondió fríamente y él sonrió levemente.
–Creo que en eso tiene razón. –Tsukuyomaru bajó la mirada, recordando la última vez que había visto a Inu no Taisho.
Veintitrés años atrás, las puertas del palacio se habían abierto de golpe dando paso a un herido Inu no Taisho, quien llevaba un bulto en brazos cubierto en una manta color rojo. Irasue, Sesshomaru y Tsukuyomaru que se hallaban juntos en ese instante, volvieron la mirada para encontrarse con el vampiro de cabellos plateados y coleta alta.
–Padre… –Pronunció Sesshomaru, quien lo miraba con sorpresa en el rostro. Jamás había lo había visto en tales condiciones. Inu no Taisho lucía varias quemaduras graves en la piel que no parecían poder sanar fácilmente, así como gotas de sangre caían por debajo de su armadura. Su ropa usualmente impecable lucía manchas de ceniza, como si se hubiera adentrado en algún incendio, lo cual era mortal para su especie.
–¡Señor! –Tsukuyomaru se aproximó rápidamente hacia él intentando sostenerlo de un brazo para que Inu no Taisho no cayera al suelo, pero este lo rechazó y siguió hasta llegar frente a Irasue, quien se hallaba sentada, observándolo fijamente pero con una mirada que expresaba resentimiento.
–Irasue –Pronunció jadeante y entonces le extendió con sus manos el bulto que llevaba en brazos –Irasue, por favor –La vampira de ojos dorados frunció el ceño al reconocer lo que había entre la tela roja, pero tomó al bebé sin objeción.
–¿Qué es…? –Sesshomaru dirigió la mirada a lo que sostenía su madre y entonces escuchó los quejidos bajos del bebé. –Padre… tú…
–Su nombre es Inuyasha. Es tu hermano. –Explicó sin mirarlo y Sesshomaru retrocedió un paso, al mismo tiempo que Irasue cerraba los ojos, haciendo lo posible por no evidenciar más sus sentimientos. –Cuiden de él, protéjanlo como uno de los nuestros.
–¿Pero qué dices? –Irasue se puso de pie al ver que Inu no Taisho se marchaba – ¿a dónde piensas ir? Estás herido.
–Volveré dentro de poco, necesito hacerme cargo de algo más.
–Señor, debemos atender sus heridas antes que otra cosa –Nuevamente Tsukuyomaru se acercó a él, pero Inu no Taisho lo detuvo con un gesto de mano. –…En ese caso, al menos déjeme acompañarlo.
–No. Tú quédate aquí. Volveré. –Y sin decir más, salió rápidamente del palacio, tomando uno de los caballos y alejándose rápidamente. En ese momento su prioridad era encontrarse con el herrero Totosai, no podía postergar más entregarle el colmillo para forjar a Tenseiga.
Lo que Inu no Taisho no imaginaría, era que tras finalizar su encuentro con el herrero, sería emboscado por una manada de hombres lobos de regreso al palacio quienes ya estaban esperándolo.
Tsukuyomaru suspiró. Los detalles de aquella batalla nunca los tendrían por ciertos, sin embargo, Sesshomaru se había encargado de vengar a su padre al deshacerse de todos los hombres lobo presuntamente involucrados.
–De cualquier modo –Irasue sacó de su ensimismamiento a Tsukuyomaru –los deseos de Inu no Taisho se han ido cumpliendo pese a su ausencia. –La vampira apoyó el rostro sobre su mano, con gesto aburrido. –Su híbrido está vivo y pese a que Sesshomaru tardara más de diez años en enterarse de la existencia del colmillo que poseía aquel herrero, y luego otros seis años de espera, por fin tiene a Tenseiga en sus manos.
–Y cuántas muertes a raíz de eso… –Meditó el vampiro, pensando específicamente en la sacerdotisa que había muerto.
–Muertes humanas, querrás decir. –Irasue levantó la ceja y Tsukuyomaru sonrió.
–Muertes humanas, así es.
–Sigues siendo blando, Tsukuyomaru.
–Y usted sigue siendo feroz, mi señora. –Exhaló humo de su pipa y ahora era Irasue la que sonreía, mientras miraba fijamente al moreno quien desvió la mirada rápidamente, cohibido.
Habían pasado más de dos décadas desde la muerte de Inu no Taisho, y en ese tiempo, Irasue había adquirido cierto interés por el vampiro que tenía en frente. ¿Es que acaso ella siempre se sentiría atraída por vampiros que sentían gran compasión hacia los humanos?
Parecía un patrón destructivo para ella.
Habían pasado un par de semanas, y Sesshomaru, sin poder contener durante más tiempo su curiosidad, había vuelto a salir del palacio de día para cerciorarse de las condiciones en que se encontraba aquella niña humana.
Considerando que la primera vez que había ido a pedir noticias a Kaede sobre la niña, él había llamado mucho la atención de los habitantes de la aldea por sus ropas, en esta ocasión Sesshomaru había decidido utilizar una hakama y haori sencillos y trenzar su cabello, así como dejar a su caballo lejos del pueblo.
Si bien el color de su cabello llamaba inevitablemente la atención, por lo menos atraería menos miradas si evitaba las ropas occidentales y la armadura.
Le ardían levemente los ojos y la luz del sol aún le causaba dolor de cabeza, pero su curiosidad era mayor, por lo que caminó hasta la choza de Kaede, pero en vez de llegar hasta la puerta y anunciar su llegada, se quedó al costado de esta para escuchar las voces dentro. Alcanzaba perfectamente a escuchar la voz de la mujer decir que irían al río por agua, y luego una voz infantil asentir, y cuando escuchó que ambas salían, Sesshomaru rodeó la choza por detrás para no ser visto.
Observó a las dos caminar rumbo al río y las siguió a una distancia prudente para no ser visto. Estaba conforme con notar que la niña parecía conversar amenamente con la mujer, y que si bien no lucía particularmente feliz, tampoco podía culparla dado a que ahora era huérfana.
Sesshomaru no permaneció mucho ahí, pues satisfecho con notar que la salud de la Rin se encontraba bien y que parecía tener una relación buena con la sacerdotisa, no podía exigir más. Volvió a la aldea y entró a la choza de Kaede, con el cuidado de no ser visto, y dejó sobre la mesa un bulto de tela envuelto para después marcharse rápidamente.
Momentos después, Rin encontraría el kimono que le había dejado, a lo que Kaede sólo se sorprendió y le aseguró a la niña que aquello seguramente sería un regalo de los aldeanos, pero lo cierto es que aquella excusa no duraría mucho, pues cada cierto tiempo Sesshomaru volvía y dejaba otro regalo para Rin, a lo cual la mujer sólo se limitaba a explicar que aquellos eran regalos de quien la había salvado.
–¿Por qué siempre viene cuando no estamos? Quiero conocerlo –Soltó meses después, al descubrir otro regalo mientras Kaede preparaba la cena para las dos. La mujer apretó los labios, dudosa de lo que diría. Lo cierto es que no le agradaba que Sesshomaru frecuentara la aldea, pero en todos esos meses que llevaba ya cuidando de Rin, no había tenido la oportunidad de coincidir con el vampiro para decírselo.
–Es una persona solitaria y reservada, Rin. Tampoco ganarás nada con conocerlo, lo mejor es que jamás se vean.
–…Pero – Comenzó a decir.
–Tienes que entender que si él no quiere ser visto, debes respetar esa decisión. Hay muchas cosas que también son por tu bien. –El tono tajante de Kaede le hizo comprender a Rin que no obtendría más de ella, por lo que torció los labios inconforme y se sentó en el suelo de la choza, mientras observaba sus nuevas sandalias.
Aquellas visitas seguirían suscitándose cada cierto tiempo. En ocasiones, Sesshomaru se pasaba más de una vez a la semana, en otras, podían transcurrir meses y en algunas ocasiones dejaba pasar más de un año, y cuando Kaede sentía que por fin se habían librado de su presencia, un nuevo regalo volvía a aparecer.
–Creo que lo vi –Confesó Rin desde su futón una noche antes de dormir, y Kaede, quien ya comenzaba a notársele entrada en años, la observó desde su propio futón.
–¿A quién? –Preguntó sin entender.
–Esa persona que deja regalos. Creo que lo vi, pero no estoy segura.
–¿Qué dices? ¿Cuándo? –Kaede se incorporó, sentándose en el futón. Hacía meses que Rin no recibía regalos como para que ella dijera eso.
–Ayer –Rin, de ahora once años, también se incorporó –Estoy casi segura que era él, parecía querer pasar desapercibido, lo vi marchándose de la aldea en un caballo negro. Tenía el cabello largo y plateado… Estoy segura que era él.
–Pudo ser cualquier visitante de paso, Rin. –Se apresuró a decir la sacerdotisa.
–No, nunca he visto a nadie con el cabello así, y yo… puedo recordarlo bien… esa noche, lo que más recuerdo es un cabello largo y plateado, sus brazos fríos. –Rin apretó la sábana sobre su regazo– No hablo de las canas de un anciano, es un color plateado, es distinto. ¿Es que acaso hay muchas personas con el cabello plateado y yo no lo sé?
–…No, no es común. –Kaede tuvo que ceder, sentía que si se oponía a hablar el tema podía resultar contraproducente. –Quizá fuera él, pero si sigue sin dejar verse, deberías respetar su decisión. Todo tiene una razón.
–¿Sabe por lo menos su nombre, señora Kaede?
–No. –Mintió, pero sabía que era lo mejor. Entre menos supiera Rin de los vampiros, menos tendría interés en conocer a Sesshomaru y menos se involucraría en ese mundo.
–Pero... debió haber hablado con él alguna vez, cuando me dejó aquí… –Insistió.
–Fue hace años Rin, no recuerdo tan bien los detalles.
Rin suspiró, sabía que Kaede mentía, pero siempre que tocaba el tema ella evadía profundizar en él. Quizá realmente era como ella decía, tenía que respetar el hecho de que esa persona no quería ser vista, pero ella no podía evitar sentir mucha curiosidad al respecto. Algo dentro de ella le hacía sentir que quizá él sí quería ser visto alguna vez, y ella también tenía la necesidad de por lo menos agradecerle por los regalos que le había dejado durante esos cinco años.
Sin embargo, durante los siguientes dos años, tampoco tuvo la oportunidad de encararlo, pero sí llegó a observarlo a la lejanía algunas veces, y Rin comenzó a notar cierto patrón en las visitas, por lo que sentía que si era lo suficientemente observadora y paciente, llegaría un día en que él no podría marcharse a tiempo sin que ella le hablara.
Rin estaba realmente determinada a algún día poder hablar de frente.
Aquella mañana Kaede no se sentía muy bien de las piernas, por lo que había mandado a Rin a buscar a los alrededores plantas medicinales mientras ella se quedaba en la choza, y por fortuna para la anciana, quien tenía mucho tiempo deseando encontrarse con Sesshomaru, ese día el vampiro había aparecido frente a su puerta.
–¡Sesshomaru! –La anciana observó cómo Sesshomaru ingresaba a la morada, ignorándola por completo, como si la choza estuviera vacía, y dejaba un nuevo regalo sobre la mesa. Después, él la miró levantarse del futón.
–Kaede, has envejecido. –Dijo lacónico.
–¿Eso es lo mejor que puedes decirme tras siete años de evitarme? –La anciana frunció el ceño, mientras se acercaba a él y tomaba el bulto que acaba de dejar el vampiro: un kimono y una peineta. La anciana suspiró y volvió a dejarlo sobre la mesa, Sesshomaru simplemente la observaba en silencio –Hacía mucho tiempo que quería verte en persona.
Sesshomaru permaneció estoico y sin responder, por lo que la sacerdotisa suspiró.
–¿Cuáles son tus verdaderas intenciones, Sesshomaru? Siete años de visitas tuyas diurnas, a escondidas, dejando regalos para una niña humana… ¿debería preocuparme?
–No.
–¿Entonces?
Sesshomaru guardó silencio, realmente no sabía qué responder pues ni él mismo estaba seguro de la razón por la cual en primera instancia había decidido llevarle regalos a Rin. Las primeras veces lo había hecho porque de algún modo se sentía en deuda con Totosai; en alguna que otra ocasión en que había visto llorar a Rin a escondidas de Kaede, lo había hecho por un sentimiento de culpa… pero conforme siguieron pasando los meses y los años, simplemente se le había hecho costumbre, una especie de ritual cada vez que iba a cerciorarse de que la niña estaba viviendo bien.
–No tiene importancia. –Declaró, y se dirigió a la salida de la choza.
–Espera un momento –Kaede lo miró fijamente y el vampiro la miró de soslayo –Hay cosas que creo deberían ser evidentes para ti, pero dado a lo que has hecho todos estos años, es claro que no.
–¿Qué quieres decir? –Sesshomaru alzó una ceja. La anciana le hablaba con bastante confianza y eso no le hacía gracia.
–Lo mejor que podrías hacer, si es que en verdad te interesa el bienestar de esa niña, es dejar de visitarnos… o si no puedes evitarlo, por lo menos deberías ser discreto y no dejar regalos ni nada que haga crecer la curiosidad de Rin por conocerte. –Kaede suspiró –Entre menos se relacione ella con tu especie, será más seguro para todos. Me pones en una situación complicada… Pero más allá de eso, deberías considerar lo que podría significar que sigas visitándonos… En todos estos años me imagino que otros vampiros ya han notado tus salidas diurnas y se preguntarán a dónde vas, pero aún más peligroso... ¿Qué crees que podría ocurrir si un hombre lobo se entera de que Lord Sesshomaru vela por una humana? ¿Cuánto tiempo crees que pasaría hasta que ella quede en medio de su rivalidad?
Sesshomaru bajó la mirada. Lo cierto es que él jamás había pensado en la última posibilidad. Simplemente había considerado que si incluso otros vampiros sentían curiosidad por su paradero durante el día, no tenían absolutamente ningún modo de descubrirlo pues no podían seguirlo, y esa era la razón por la cual él jamás visitaba esa aldea durante las noches. Sin embargo, no había pensando en hombres lobo, quienes podían rondar cualquier aldea así fuera de día.
Los hombres lobos poseían un sentido del olfato impresionante y podían detectar a un vampiro desde distancias largas, ya era bastante probable que incluso en esos momentos tuvieran sus ojos puestos sobre la aldea.
Lo mejor era que Rin jamás interactuara directamente con él.
–No la pondré en peligro, si es lo que te preocupa. –Respondió finalmente.
–Puedo saber… ¿por qué te importa tanto Rin?
–Ella no me importa particularmente –Soltó con frialdad, aunque aquello era más para convencerse a sí mismo que a Kaede – Simplemente se lo debo.
La sacerdotisa no comprendió aquello, pero no insistió. Entre menos detalles tuviera de la vida de Sesshomaru, más seguro era para la aldea y para Rin.
El vampiro salió de la choza y Kaede suspiró.
Rin volvía de las afueras de la aldea con las plantas medicinales cuando a lo lejos había alcanzado a distinguir a Sesshomaru saliendo de su choza, por lo que se apresuró a esconderse detrás de una carreta para no ser descubierta.
Era la primera vez que podía verlo tan de cerca y en definitiva era su oportunidad para poder encararlo, por lo que siguiéndolo con la mirada observó cuál era la dirección que tomaba, y comenzó a perseguirlo desde una distancia prudente.
Si bien Sesshomaru con el paso de los años se había acostumbrado más a la luz del sol, lo cierto es que aún entorpecía sus sentidos y por tanto bajaba la guardia, por lo que su malestar lo distraía de detectar que Rin lo seguía de cerca.
El vampiro caminó hacia las afueras de la aldea en donde había dejado su caballo, y Rin, quien por fin le había dado alcance, por alguna razón fue presa de un sentimiento de mal humor repentino.
Llevaba muchos años deseando conocerlo y también muchos años sintiéndose frustrada por el hecho de que él parecía no querer hablarle, y no estaba segura de porqué lo hacía, pero al momento de tenerlo enfrente y tan cerca, su mal humor la impulsó a tomar una pequeña piedra del suelo y lanzarla con todas sus fuerzas hacia Sesshomaru, quien estaba dándole la espalda a punto de subirse a su caballo; sin embargo, para su sorpresa, el vampiro atrapó la piedra en el aire antes de que lo pudiera tocar y él se volvio a verla.
Rin abrió la boca, sorprendida. Aquella persona lucía increíblemente pálida pero sus ojos era sumamente brillantes y dorados, pero más allá de eso, sus recuerdos de la noche en que había sido rescatada se hacían más claros al poder observarlo de frente. Esa larga cabellera y esos ojos dorados resultaban perfectamente reconocibles para ella.
–¿Por qué has hecho eso? –Increpó el vampiro, acercándose a ella. Era la primera vez que Sesshomaru estaba así de cerca de Rin desde la noche en que la había sacado de su choza colapsada y claramente los años ya habían hecho mella en ella.
Sesshomaru, quien siempre la había visto a la distancia durante todos esos años, no se había percatado hasta ese momento de los rasgos faciales de la niña a detalle, de sus ojos castaños y de su larga y lacia cabellera castaña oscura. La observó de pies a cabeza, y secretamente tenía que admitir que se sentía satisfecho de ver que la niña portaba uno de los kimonos que él le había obsequiado en el pasado.
Rin arrugó el ceño. No estaba segura de porqué había hecho eso, sólo estaba consciente de que en ese momento estaba invadida por una mezcla de sentimientos entre curiosidad y enfado.
–No lo sé, sentí que debía golpearlo... Estoy enfadada de verlo.–Explicó ella con tal honestidad que Sesshomaru alzó una ceja.
–¿Enfadada?
–Sí, sé quién es usted. –Rin lo observó de pies a cabeza y luego arrugó el ceño aún más –Aunque siempre lo vi de espaldas y pensé que luciría distinto… Usted…¿es un monstruo?
–¿Monstruo? –Musitó, al tiempo que sentía un huelco en el estómago al enrerarse de que al parecer ella ya lo había visto en más de una ocasión y él no lo había notado.
–Sí… sus ojos son dorados… eso no es normal, y su cabello plateado… No conozco a nadie más que luzca como usted.
Sesshomaru caminó hacia ella y tomó su mano para devolverle la piedra que le había aventado. Rin pudo percibir el tacto de su piel fría y sintió escalofríos.
–Si realmente fuera un monstruo, ¿no crees que ya te habría castigado por lanzarme una piedra?
Rin observó la piedra que ahora sostenía con su propia mano y la empuñó con fuerza.
–Puede ser… –Bajó la mirada al suelo un momento y luego lo volvió a encarar –Pero sé que lo conozco. –Confesó y el vampiro la miró fijamente también.
–Estarás confundiéndome, yo no te conozco. –Aseguró.
–Miente. Lo he visto antes, usted es quien viene a dejarme regalos… además… usted estuvo ahí ese día.
–¿Ese día?
Rin dudó en contestar, Kaede siempre le había dicho que evitara hablar esos temas y también le había dicho no acercarse a desconocidos. Por otro lado, el hecho de que él decía desconocer de lo que ella hablaba, le hacía sentir que quizá estaba equivocada.
–No importa… –Rin volvió a verlo de pies a cabeza de forma inquisidora –Perdón por lanzarle la piedra. ¿Cómo se llama? Yo me llamo Rin.
–¿A Rin no le han enseñado que no debe decir su nombre a desconocidos? –Fue la respuesta de Sesshomaru. Aunque no lo demostraba, le inquietaba un poco el hecho de que ella fuera tan abierta con un extraño y más cuando era claro por su apariencia que no era un ser humano. ¿Acaso ella podría andar por ahí presentándose a cuanta persona o criatura se le apareciera enfrente? Ahora con mayor razón comprendía la aflicción de Kaede.
–Sólo a los desconocidos, así es –Confirmó –Pero usted no es un desconocido, ambos lo sabemos, aunque finja que no. – Dijo, tanteando la reacción del hombre. Sesshomaru no respondió, y cuando la niña notó que él estaba a punto de marcharse sin decir más, tuvo que apresurarse a hablar –Usted me salvó esa noche, estoy segura. Jamás podría olvidarlo.
Sesshomaru detuvo su caminar y volvió a mirarla.
–No sé de qué estás hablando. Me estarás confundiendo. Adiós, Rin. –Dijo él, volviéndole a dar la espalda para comenzar a caminar y entonces Rin volvió a lanzarle la piedra, esta vez sin que él la interceptara y le golpeara el hombro.
–No hagas eso.
–Perdón otra vez, pero entonces no se vaya de ese modo. A mí también me enseñaron nunca darle la espalda a alguien que te está hablando.
Sesshomaru pensó que definitivamente Kaede estaba haciendo un trabajo muy peculiar al criarla.
–¿Qué quieres entonces?
–¿Cuál es su nombre? Yo le di el mío.– Insistió. Sesshomaru lo consideró un instante antes de responder.
–Sesshomaru. Ahora me voy, deja de aventar piedras, nunca sabes si no te la regresarán. Adiós.
–Espero que vuelva pronto, señor Sesshomaru. Hacía mucho tiempo que no nos visitaba. Y muchas gracias por los regalos. –Dijo con una sonrisa. Si bien no había obtenido las respuestas que quería, realmente sentía que se trataba de él quien la había salvado y le llevaba todos esos obsequios.
Sesshomaru no se volvió a verla, sabía que si lo hacía se pondría en evidencia. Aquella chiquilla estaba llena de sorpresas.
Lo que el lord no había notado, era que cerca de ahí un par de ojos verde claro lo habían estado observando.
–Así que el último vampiro de linaje puro… está interesado en una niña humana. Habría que averiguar qué es lo que tiene de especial… –Una sonrisa se formó en el rostro de aquella criatura de piel morena.
El temor reciente de Sesshomaru acababa de volverse una realidad, un hombre lobo acababa de poner los ojos en Rin.
Continuará…
But when you're gone, who remembers your name?
Who keeps your flame?
Who tells your story?
(Who Lives, Who Dies, Who Tells Your Story – Hamilton Musical)
*Shoji: Tipo de puerta tradicional en la arquitectura japonesa. Funciona como divisor de habitaciones y consiste en papel washi traslúcido con un marco de madera. A menudo las puertas shōji están diseñadas para abrirse deslizándose
*Tatami: Esteras que se usan para recubrir todo el suelo en las habitaciones más destacadas en la arquitectura japonesa.
N/A
¡Hola a todos!
Primero que nada quiero aclarar que el título del capítulo viene de una canción del musical de Broadway "Hamilton" (que me encanta, muy recomendado), me parecía muy acertado para el contenido de este cap.
Ahora sí, por fin después de tres capítulos hay interacción entre Sesshomaru y Rin, y como podrán ver ya transcurrieron siete años desde el primer capítulo, así que Rin ya tiene trece años, espero que por lo menos eso les quite un poco la espinita de la falta de contacto entre ellos xD También ya se sabe más sobre el pasado de Inuyasha y la historia de Inu no Taisho, así como de cómo funciona un poco el palacio... y además ya vimos el primer asomo de Kagome! Espero que haya sido de su agrado, este capítulo fue el más largo hasta ahora.
Muchísimas gracias a todos los que se tomaron el momento para leerme y dejarme un review!
floresamaabc: No tuviste que imaginar mucho, sólo que en vez de esconderse detrás de árboles tenía que hacerlo de la casa jajaja. Sobre tus dudas hacia Kagura tendrás las respuestas en el siguiente capítulo, por lo menos aquí ya sabes por qué Kaede no quería que Sesshomaru se acercara. Muchas gracias por tu review!
Kacomu: Hola muchas gracias por tu review! Sobre lo que dices hasta ahora no se ha insinuado que ellos tengan poderes o control mental ni nada así xD ya irás viendo como es su naturaleza conforme avance la historia.
Carmenjp: Así es, aún hay mucho que ver sobre lo que Sesshomaru puede hacer por ella! Espero te agrade conforme vaya sucediendo, muchas gracias por tu review!
Maril Delgadillo: Muchas gracias por tus dos reeview seguidos me pusieron muy contenta! No estoy segura de qué tan dulce te habrá parecido ahora la interacción entre Sesshomaru y Rin jajaja, pero espero te agradara. Y noooo, no puede ser, me has derrumbado mi idea dramática de la escena de Suikotsu! Jajaja ahora también pienso en la escena de Toy Story xDDD Muchas gracias por leerme, un abrazo fuerte!
Millyh Taisho: Al final te convencí jajaja, espero que quieras seguir leyendo y darme tu opinión. Fíjate que yo tampoco es que sea super fan del rollo de los vampiros, pero un día random se me metió la idea y jamás se me salió de la cabeza hasta que finalmente tuve que escribirla, y aquí estamos, como un año o más después de que se me ocurrió x_x Muchas gracias por tu review!
Daniela Taisho: Hola! Muchas gracias por tu review, espero que este capítulo sea de tu agrado, un abrazo.
Cath Meow: Babia baia pero si es mi lectora favorita uwu mira mira, cumplí otra vez mi palabra! Aunque se me pasaron unos minutitos después del martes, ay Dx Me alegra que te gustara la inclusión de Suikotsu en la trama, tengo muchas cosas preparadas para él y varios secretos que se tienen que ir revelando poco a poco que influirán en la trama de todos los personajes, espero que este capítulo te gustara :3 un abrazo fuerte.
Star fiiree -Lupita Reyes: Jajaja sí, Sesshomaru no sabe en definitiva todo lo que se le viene xD me alegro que te gustara el capítulo, muchas gracias por tu review!
gina101528: Muchas gracias por tus palabras, aprecio mucho el que te interese la trama, espero no decepcionarte con este capítulo, un abrazo!
Guest: Muchas gracias por tu review aunque no sepa tu nombre! En efecto habrá Inuyasha/Kagome, en el próximo capítulo ya irá saliendo un poco de eso!
Rid Hudson: Muchas gracias por tu review, espero que este capítulo también te guste, un abrazo!
Mariavpp03: Jajaja recordé a Edna Modas, supongo que fue tu intención, me sacaste una sonrisa. Aquí ya sabes un poco más de por qué Sesshomaru convive con tanta gente, y en el siguiente profundizaré aún más en ello, muchas gracias por tu review!
bucitosentubebida: No te preocupes si tardas en leer, a mi me hace muy feliz leer tu opinión en cada capítulo, mil gracias por eso. Sobre tu duda a Tsukuyomaru yo diría que puede alimentarse sin necesidad de matar o convertir a menos que él lo desee. Él valora la vida humana al igual que lo hacía Inu no Taisho. La película de Drácula ya la he visto, es muy buena y ya todo un clásico. Ahora que sean vacaciones para mi voy a aprovechar a ver si leo Vittorio, gracias por tu recomendación!
Sexymaru: Jajaja temo que pasará un poquito para ver acción, por lo menos entre Sessh y Rin, paciencia amiga, paciencia jajaja gracias por tu review!
Sin más que decir nos vemos en la siguiente actualización! (la otra semana!)
Kuruma Chidori
