Capítulo tres: Segundo Encuentro
Al ocultarme en la sombra, las palabras de Megumi resonaban en mi mente, ella también lo sentía. Como Hitokiri era excepcional en percepción, pero si ella también podía sentirlo definitivamente pasaba algo.
No tengo idea de lo que vendrá o que consecuencias habrán si tomo la vida del general Yamagata. No tenía dudas de que sería protegido, tenía que encontrar su paradero y observarlo primero, solo así tendría una buena idea de cómo hacer esto. Entonces sin titubear me dirigí al Akabeko; sin detenerme me dirigí a ese fatídico encuentro que cambiaría mi vida para siempre…
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La fluidez de sus movimientos era sin lugar a dudas elegante, se movía como el viento, silenciosa haciéndose camino a la ciudad.
Kaoru optó por viajar entre los árboles que alineaban el sendero antes que ir por el mismo, los asesinos nunca mostraban su rostro a nadie cuando estaban merodeando.
Miró al cielo, un poco después de las ocho p.m., las estrellas se mantenían en el espeso negro azulado que era el cielo, tintineando como luciérnagas, hubiese adorado parar y disfrutar de su cabeza si no hubiese estado perdida en sí misma en ese momento. Estaba en el modo Hitokiri, con solo un pensamiento en su mente: buscar y destruir.
Kaoru no era una persona fría todo el tiempo por naturaleza, pero después de matar por tanto tiempo era como si se hubiese transformado de pronto en una persona completamente diferente. Después de un análisis personal se dio cuenta de fue probablemente porque despreciaba tanto lo que hacía que la hacía irse por completo. Cuando mataba ella carecía de emociones.
'Los Hitokiri no se les permite sentir, no tenían ataduras emocionales y sobre todo lo demás, no tenían amor'
Las palabras de Shishio resonaban de nuevo después de mucho tiempo.
No se les permitía amar.
Pero ella ya lo hacía, amaba a su familia y eso era lo que la motivaba a seguir sabiendo que los estaba protegiendo de la única manera que sabía. Eso era exactamente por lo que nunca quería involucrarse con extraños, era demasiado difícil tener a Sanosuke, Tae y Yahiko involucrados en su vida, si alguna vez les pasaba algo a ellos por su culpa, no sabría que hacer.
'Mataría al bastardo'- Pensó con convicción, mientras más pensaba en eso su convicción flaqueaba cada vez más.
'Podrías hacerlo ahora, podrías. Pero no puedes, no sin haber liberado a Tsubame primero. Maldito sea ese Soujiro, siempre tan pasivo y con esa constante sonrisa, me gustaría borrársela del rostro con mi espada'
Sonrió ligeramente, pero la sonrisa no llegaba a sus ojos.- 'En que chica tan violenta me he convertido…'
Siendo el cuidador de Tsubame, Soujiro sabía en donde estaba. Kaoru había intentado incontables veces de conseguir cualquier información de él, pero era en vano. Había prometido que tan pronto como encontrara algo le diría a Sanosuke y pondría su plan en acción, cualquiera que fuera el plan… todavía no tenía un plan a prueba de fallas. Esperaba que Sano la ayudara con esa parte.
Discretamente caminó a la ciudad permaneciendo en la sombra de las casas, silenciosamente se apoyó en la pared de una. Literalmente se fundió con la oscuridad cuando unos transeúntes pasaron cerca de ella. Cuando estovo a salvo Kaoru sacó su kimono de su bolsa y se lo puso sobre su ajustado traje ninja.
Prefería un traje ajustado porque número uno: era una mujer y número dos: hacía que la batalla fuera más fácil no teniendo un traje ancho que le estorbara. Había cometido ese error durante una de sus primeras peleas, enganchando su espada en su hakama y casi costándole la vida.
Tomando su máscara y metiéndola dentro de la manga de su kimono dejó su bolsa; y viendo unos arbustos al costado escondió allí su katana. Observó a ese sitio por un breve segundo memorizándolo para no perder su espada.
Parándose bajo la luz de la antorcha que estaba dispuesta en el camino, hizo su entrada en el Akabeko, ya era la hora.
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Kenshin estaba sentado en el fondo del restaurante en un sitio apartado tomando té verde, hubiese preferido sake como usualmente pero esa noche tenía que permanecer muy alerta. Mirando a su derecha estaba el general Yamagata en su sitio favorito hablando animadamente con su compañía. Un ruido a su izquierda llevó a sus ojos ámbar con rapidez a ese lugar, allí observó a un hombre borracho lanzar su copa de sake contra el piso.
-¡Estos malditos imperialistas! ¡Piensan que pueden venir y tomar todo! ¿Qué hay sobre nosotros? ¿La gente? ¿No tenemos derecho a decir nada?-
- Vamos, vamos-. Todos sus borrachos y colorados compañeros se unieron a sus palabras. Kenshin no se perdió detalle de Yamagata-san al verlos discutir.
'Estúpidos cretinos ¿No saben que los imperialistas ESTÁN peleando por la gente para que tengan igualdad? Todavía hay muchos leales al shogunato Tokugawa, no sabrían que hacer con ellos mismos so no hubiera necesidad de samurai en este país'. Pensó.
El nuevo shogunato estaba tratando de establecer un sentido en orden a la igualdad de oportunidades en Japón y además no habría necesidad de un Daimyo individual, a quienes muchos samurais todavía eran leales, esa otra forma estaba definitivamente arraigada en los ronin renegados.
'Quiero decir, entiendo un poco como se sienten… también vivo de la espada, pero…. Los tiempos están cambiando, pronto no habrá necesidad de verter sangre. Quiero ayudar a traer esa clase de mundo'.
El nuevo gobierno había decidido abrir a la desolada nación de Japón a los países del oeste y los samurai habían reaccionado violentamente diciendo que el país no era lugar para 'barbaridades occidentales'. Y como Japón comenzó a volverse más occidentalizado, los hombres que todavía tenían el espíritu de los guerreros que lucharon para mantener el control, los nuevos oficiales del gobierno estaban en peligro de asesinato.
'Como Yamagata-san.' Pensó Kenshin tomando otro sorbo de té.- Desde el establecimiento del Shinsengumi las cosas se calmaron un poco, pero…Japón estaba todavía forzado por el Bakumatsu… y Kyoto todavía necesita a hombres como yo…'-.
Su atención fue directamente desviada a la joven mujer que pasó por la puerta, era la chica de antes. Kenshin se tomó un momento para mirarla. Era hermosa, su figura era delgada pero parecía ser fuerte.
''Tal vez practica artes marciales' Pensó estudiándola.
Porcelana; era la palabra correcta para describir sus rasgos faciales. Su piel de marfil brillaba en la tenue luz del restaurante como su cabellera, que estaba dispuesta en una coleta alta y brillaba intensamente con destellos azulados. Al acercarse Kenshin contuvo el aliento cuando pudo ver sus ojos.
Despampanante y… ¿Letal?
Era la primer palabra seguida de despampanante que vino a su mente, aunque estaba relativamente lejos pudo ver cuan azules eran sus ojos, como las profundidades del océano.
'¿Cómo no los noté antes?' Se preguntó por un momento y después sus ojos se abrieron de par en par cuando ella se sentó con Yamagata ¿lo conocía?
Sus intensos ojos iban y venían entre ellos dos tratando de escuchar su conversación. A penas podía oír sobre el tumulto del Akabeko.
- Hola ¿Y quién puedes ser mujer?- Preguntó amablemente Yamagata.
- Oh, solo quise venir y sentarme junto al hombre más poderoso en Japón por un momento; Yamagata-san. Kaoru es mi nombre-. Yamagata se vio un poco sorprendido pero luego sonrió.
- Bueno, es un placer conocerte, tengo a alguien que me ve como soy-. Bromeó.
Kaoru observó quién estaba con el, había un hombre que estaba sentado fumando un cigarrillo. Observó como el la miraba con cautela, como si pudiera ver a través de ella, eso la turbaba un poco.
- Déjame presentarte a Hajime Saito del Shinsengumi-. Dijo Yamagata, Kaoru apenas pudo ocultar su conmoción.
'¿Del shinsengumi?'
Había un grupo de peleadores que protegían el nuevo shogunato tratando de mantener la paz en las ahora manchadas de sangre calles de Kyoto. Eran innegablemente poderosos guerreros que creían en el gobierno y la próxima nueva era.
'¿En que diablos me estoy metiendo? ¿Pelear con el Shinsengumi ahora? ¿Qué más me sorprenderá esta noche?'
Aunque Kaoru había pensado en eso, ella había estado enfrentándose al Shinsengumi desde hacía un tiempo. Fueron ellos los que pusieron precio a su cabeza por todos los oficiales gubernamentales que ella había matado, pero nadie conocía su verdadera identidad, salvo aquellos cercanos a ella. Siempre usaba una máscara y algunas personas especulaban si era realmente una mujer o un hombre.
Siempre se había reído de eso, solo ellos podrían pensar que una mera mujer no era capaz de semejantes atrocidades, tontos mente-cerrada. Sería su caída cuando Kanryu la enviara a eliminarlos uno a uno.
-¿Kaoru-san?- Alejó sus pensamientos y sonrió a Yamagata.- ¿De donde eres?-
-Oh de aquí y allá pero mayormente de Hokkaido, allí es donde nací. Vine aquí por los negocios de mi padre hace diez años y aquí permanezco.- Forzó una risita falsa.
-¿Qué clase de negocios?- Saito habló, por un instante la intimidación fue evidente en sus ojos azules, pero desapareció en un instante.
Kenshin lo notó.
- El era un instructor de Kenjutsu, ya no está vivo. Así que retomé lo que él dejo-.
Kenshin había notado las heridas de sus manos, muy similares a las suyas, ella parecía normal pero ¿Porqué presentía una extraña vibra? Casi como un asustado ciervo que huye del peligro. Hacía un estupendo trabajo ocultándolo pero casi nada escapaba de la naturaleza siempre observadora de Kenshin.
¿Quién era esa muchacha? Estaba determinado a averiguarlo antes de que la noche acabara, con ese pensamiento en mente, ocultó su cabeza en el periódico para que no lo reconociera.
Su cabello era rojo impactante con destellos dorados y rojos más oscuros, también tenía una cicatriz en su mejilla izquierda yendo desde la esquina de su boca hasta su oreja. Sin ninguna duda ella lo reconocería y arruinaría los planes para descubrir quien era realmente.
'¿Por qué estoy tan interesado? No debería, no podría nunca arrastrarla en mis asuntos, sería injusto ligara mi vida a alguien como ella.'
Kenshin observó su reflejo en el líquido que era su té.
'Ella no querrá involucrarse con alguien como yo después de que descubra quien soy. Estoy sorprendido de que no me reconociera cuando nos chocamos hoy, de todas formas debería dejarlo por la paz'.
Kenshin alzó la mirada de su periódico y sus ojos casi se salieron de sus cuencas cuando vio a Kaoru llevar a Yamagata de la mano hacia la puerta de una forma muy familiar.
Entrecerró sus ojos '¿Está haciendo lo que estoy pensando?'
Esta vez sus ojos si se agrandaron cuando vio a Kaoru depositar un beso en la mejilla de Yamagata cuando salieron por la puerta.
'Oh, entonces es una prostituta común. Entiendo, parece que todas las lindas lo son.'
No pudo evitar sentir un poco de desilusión. Debería haber estado siguiendo a Yamagata, después de todo estaba contratado para protegerlo como a muchos otros importantes oficiales gubernamentales. Pero Kenshin se sintió enfermo del estómago al pensar lo que Yamagata y aquella mujer inevitablemente estaban por hacer.
'Le daré veinte minutos, eso debería ser tiempo suficiente'
Se encogió ligeramente, las prostitutas lo molestaban un poco a decir verdad, La mayoría de los Hitokiri que conocía tenían una mujer cada noche, pero no él. Él era… diferente, se dirigía claramente a las mujeres en general con miedo del cariño que usualmente venía con ellas. Si de el dependiese, nunca se involucraría con una mujer… jamás.
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'¡No puedo creer que cayera así de fácil! Creo que un poco de saque y un rostro bonito hacen efecto. Pero… espero que no tenga que besarlo…'
Kaoru todavía temblaba involuntariamente, no era porque Yamagata era un hombre desagradable, de ninguna manera, pero Kaoru verdaderamente creía que salvabas esa clase de cosa para el que de veras amas.
'Pero probablemente no encontrarás a nadie que te ame después de todo lo que has hecho, así que ¿para que molestarse con sueños tontos?' Pensó amargamente.
'Detente con esto tienes un trabajo que hacer.'
Se abofeteó mentalmente e inmediatamente se arrepintió de ello cuando volvió a la realidad de que la mano de Yamagata estaba estratégicamente depositada en la su parte trasera. Un poco perturbada se liberó de su agarre tratando de fingir inocencia.
- Oh ¿No es un poco apresurado Yamagata-san? ¿No deberíamos dejar un poco a la imaginación hasta que encontremos un lugar más apartado?- Kaoru trató de imitar un rubor de doncella avergonzada.
- Si, lo siento Kaoru. Presioné el revolver un poco ¿verdad?- Se rió.
- Dígame Yamagata-san ¿Es casado?- Trató de entablar conversación mientras caminaban.
- No, desafortunadamente, mi esposa murió de cólera hace tres años, no tengo hijos tampoco. Eso me hace un hombre algo solitario-.
Kaoru sintió algo de pena, pero se fue tan pronto como llegó. No podría soportar sentir pena por su "objetivo" o no podría ser capaz de seguir con ello.
- Siento escuchar eso Yamagata-san ¿Qué tal aquí?- Kaoru apuntó a un dojo abandonado, cerca de donde había escondido su arma.
- Está bien si es lo que quieres…-. Se acercó para darle un beso y una vez más ella lo evadió y se liberó de su agarre.
- Bueno, tienes que ir allí y esperar por mí. Tengo que ponerme más…cómoda-. Dijo en una voz tan seductora como pudo conseguir, considerando lo que estaba apunto de hacer. Él se sonrojó un poco y Kaoru pudo especular que era lo que pasaba por la mente del hombre.
- Está bien, estaré esperando. No tardes mucho-. Le dedicó una mirada maliciosa y cerró la puerta de shoji detrás de él.
Kaoru dejó salir un largo suspiro, su corazón estaba palpitando, era casi la hora y luego terminaría.
Luego de sacarse su kimono lo dejó debajo de un arbusto, tendría que recordarlo luego. Sostuvo su máscara y se la puso rápidamente, cubría su rostro y cabeza y solo una pequeña parte de su piel alrededor de sus ojos se veía; su cola de caballo salía de un pequeño agujero detrás de su cabeza. Sacó un pequeño pote de crema negra de su bolsa en su muñeca junto a un pequeño espejo, rápidamente se maquilló los ojos con ese espeso maquillaje como alguien que lo había hecho muchas veces. Luego, guardando la crema en su bolsa, se dirigió hacia el arbusto que había escondido su katana. Recuperando su espada la puso en su cinturón.
Cuando se paró frente a la puerta, dio un último vistazo a las estrellas titilantes sobre ella y abrió la puerta. Yamagata se giró.
- ¿Quién eres?- Preguntó, el miedo ya estaba impregnado en el aire alrededor suyo. - ¿A dónde fue Kaoru-san?-
- Oh ¿Esa tonta mujer que yace muerta entre los arbustos? Pensé que se interpondría en el camino, por eso dispuse de ella. No puedo permitir que una mujer se interfiera entre mi presa y yo-. Dijo perversamente.
Yamagata palideció, sus palmas empezaron a sudar y deseó severamente que su protector estuviera allí. No era un cobarde, pero estaba desarmado, algo borracho y sabía exactamente quién era esa mujer.
- Hitokiri Sakura-. Su voz tembló ligeramente.
- Así que sabes mi nombre, eso no me sorprende en lo absoluto. Estaba segura que sabías que vendría por ti eventualmente. Lo que no me esperaba era que te permitieras bajar la guardia tan fácil, te he estado observando toda la noche y supe que tendría la perfecta oportunidad cuando te escabulliste con esa prostituta-. Comentó suavemente.
- ¿Por qué? ¿Por qué me quieres muerto?-
Kaoru titubeó un momento por la pregunta hecha tan directamente.- Lo siento, nada en contra de tu persona, pero eres un imperialista, el más importante de todos ellos-.
- Entonces, es cortar la cabeza a la serpiente y deja el resto retorcerse hasta que muera ¿Verdad?- La interrumpió.
Sabía que se estaba poniendo nerviosa sabiendo que muchos políticos eran corruptos y que no tenían reparos en matar al débil para llegar a la cima al igual que Kanryu.
- No se por qué siento la necesidad de defenderme, puedo ver que intentas tomar mi vida de todas formas, ¡pero tengo que hacerte saber que no soy nada de eso!- Dijo enérgicamente.- Creo en la paz con cada fibra de mi ser y haría todo por este país, hasta morir-. Sostuvo su cabeza firme y orgulloso mientras hablaba.
Por un momento Kaoru sintió respeto por el, pero rápidamente se fue cuando volvió a la realidad en la que estaba hundida. Necesitaba matar a este hombre para salvar y proteger a su familia. Tal vez era un poco egoísta pensó ¿pero que otra opción tenía?
Sabía que se le enfrentaba para ganar tiempo, por eso seguía hablando ¿pero por qué ella seguía enfrentándolo de igual manera? Normalmente ella ya lo hubiera rebanado y estaría de vuelta a casa ¿que estaban esperando?
Con un choque, el shoji voló al suelo y allí estaba el, enmarcado con la luz de las estrellas. El único hombre al que ella había temido enfrentarse en batalla.
El Hitokiri Battousai.
Lo podía ver en sus ojos, estaba allí por sangre. Por la de ella.
Ella ya sabía que el era el contratado para proteger a Yamagata ¿Cómo pudo ser tan estúpida? Por supuesto que sería el, todo el Japón sabía que ellos trabajaban para bandos diferentes.
¡Maldito sea ese Kanryu! ¡Él sabía que esto pasaría! ¿Por qué la estaba mandando a la muerte tan pronto? ¿Qué había sobre sus otros planes? Al acercarse a la luz de la antorcha sus ojos se agrandaron y su boca se secó reconociéndolo inmediatamente.
'¡Es él! ¡El hombre con el que tropecé temprano! ¿Cómo no pude reconocerlo? El cabello, la cicatriz, los ojos…'
Pero el hombre que chocó con ella era mucho más amable y gentil que éste. Eran como dos personas diferentes.
'¡Ídiota! ¡Kaoru, por supuesto que es así, pasa lo mismo contigo!'
-Hitokiri…Sakura ¿Eh?- Su voz era como seda, letaltalmente quieta y calma, sintió escalofríos recorrer su espalda.
- Hitokiri Battousai, supongo. Un honor-. Finalmente encontró su voz, era igualmente letal.- Estás en mi camino, te sugiero que te muevas. Tengo asuntos con el hombre que está detrás de ti-.
- Desafortunadamente no puedo permitir eso-. Sus ojos quemaron los suyos, su mirada era lava líquida, tan intensa que Kaoru quería desviar sus ojos de él.
'Si las miradas mataran…' Kaoru pensó un instante.
Pero no se daría por vencida, ella era igualmente temida que el y sería maldita si un hombre obtenía lo mejor de ella en combate.
Antes de que pudiera parpadear de nievo, el otro Hitokiri estaba sobre ella, casi no tuvo tiempo de desenvainar su espada. Chispas volaron cuando las katanas chocaron, golpeándose chocaron una y otra vez tratando de sacar la guardia del otro.
Los ojos de Kaoru tomaron un destello irreal, como los de Battousai, sus ojos cambiaron de azul a un verde muy claro cuando se sometía en batalla.
Nada más importaba ahora.
Necesitaba derrotar a ese hombre si quería sobrevivir y después también asesinar a su objetivo.
Con un grito feroz, se abalanzó sobre el hombre pelirrojo llevando su espada hacia su pecho, él lo contrarrestó casi demasiado fácil y volteó a su alcance solo para aterrizar lanzando su propio ataque. Kaoru lo rechazó justo a tiempo, saltando hacia atrás ambos se observaron, no había rastro de odio evidente, solo el deseo de ganar.
Kaoru se concentró en su mejor ataque, el Ryuu no Hiko. Este ataque suponía derribar a tu oponente con solo un veloz golpe, Battousai inmediatamente lo reconoció y adoptó su pose de Battojutsu llamada Sou Ryuu Sen. Se decía que el había perfeccionado cada movimiento en Battojutsu y de allí provenía su nombre Battousai.
El verde observaba al dorado, el tiempo parecía haberse detenido por unos breves minutos.
Sin advertencia los dos Hitokiri se aventaron uno a otro, cada uno determinado a obtener un golpe esta vez.
- ¡RYUU NO HIKO!- El gritó de Kaoru perforó el aire mientras avanzaba con toda su fuerza.
Acero chocó con acero y ambos se resbalaron y se detuvieron en seco. Sus respiraciones forzadas, sudor corriendo por sus rostros y una vez más sus ojos cerrados.
-Un empate-. Declaró Battousai.
Los ojos de Kaoru se abrieron ligeramente.- ¿No vas a matarme? ¿Qué hay de la recompensa por mi cabeza? Escuché que vale una gran suma…-.
- Te dejaré si desistes de Yamagata-san por esta noche. De todas maneras ya se ha retirado-.
Kaoru observó alrededor rápidamente, el general estaba fuera de vista.
-¡Maldición!- Kaoru maldijo por lo bajo, se había concentrado tanto en la pelea que no se dio cuenta que el hombre había huido.
- Y por la recompensa, no peleo por esas simples razones-. Continuó.
Kaoru lo miró sin poder creerlo, era la primera vez que había conocido a un hombre como ese…
'¿Quién es el?'
Rápidamente envainando su espada le dio otra mirada antes de partir rápidamente por la puerta desapareciendo en la noche.
Continuará
Muchas gracias a Lola_Himura y Who-must-not-be-named por los reviews. Si les gusta esta historia pro favor dejen reviews harán muy, muy felices a su autora y traductora…
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