Café

-Mis años a tu lado-

¿Cómo poner lo que sientes por una persona en pocas palabras? No se puede ¿Verdad? Es exactamente lo que Yamato sentía cuando le pedían describir a la mujer que ahora dormía pegada a su pecho, dándole la espalda. Removió un mechón de cabello de su rostro y ella solo arrugo la nariz para volver a acomodarse más profundo en el sueño. No pudo evitar sonreír, desde la primera noche juntos hasta el día de hoy; algo parecía tenerlo más que encantado sino bien embrujado. Ni hablar de donde se encontraban ahora, y el por qué ella seguía durmiendo mientras el sol atravesaba las cortinas. La dejaría dormir un poco más, después de todo habían tenido un largo viaje. Sin querer despertarla, se movió con cuidado de la cama y camino al borde del cuarto. Poniéndose una camisa para caminar a la mesa cerca del baño, no sin antes ver a la persona que dormía ahí.

No pudo evitar sonreír ¿Y cómo no? Desde que ella ha estado, pudo sentir como la herida que no sabía que poseía de volver a confiar, de volver a amar, de volver a querer estar con alguien se cerraba y era retratada con suaves semillas que iban floreciendo en pétalos de palabras llenas de promesa y esperanza. Sobre todo realidad. Y así tal parece que había sido. Observo el resto de la habitación buscando el reloj, viendo la hora se acercó a su teléfono celular. Tenía un par de correos, y mensajes de texto. Su hermano probablemente. Pronto seria la hora en la que tendría que despertar a Mimí para llevarla a almorzar con sus padres. Si, con sus padres. Aun recordaba cuando le toco conocer a los de ella, y el nerviosismo lo abrumaba así que podía tener una idea de la ansiedad que ella estaba teniendo. Era evidente que sus padres aparentaban ser la pareja más perfecta del mundo y era divertido ver a la mama de Mimi, Satoe complacerlo a él con todo y ver como su esposo echaba humos, guardaba la compostura. Aparentaban ser la pareja más perfecta del mundo, pero podía ver un cierto entendimiento y quizás aun realmente tenían sentimientos por el otro. Ahora era su turno, convencerla no fue difícil. Más si era Japón, el país que la vio nacer. Por primera vez presentaría a la mujer que movió su suelo en Estados Unidos y que tenía asombrado no nada más al propio Yamato, sino a Takeru y sus padres, más cuando este último hablaba de las maravillas que la mujer había hecho sobre su hermano. Solo por teléfono ya no era un ¿Cómo estas Yamato? Ahora era un ¿Cómo esta Mimi? La andas cuidando bien ¿No es así?

Recordó ladeando su cabeza, como su hermano se jacto de él al momento de darle la noticia que había confesado sus sentimientos y que ella, no le había rechazado. Fue más una sorpresa que quería darle a él, término recibiéndola él cuando su propio hermano le dijo que esa mujer tenía ya bastante tiempo enamorado de él. Esa noche no durmió, ante la nueva curiosidad y de como él no se había dado cuenta, más bien como ella había soportado tanto tiempo con sus sentimientos ocultos cuando él en solo un par de meses se andaba volviendo loco. Cuando tuvo la primera oportunidad, se lo pregunto. Recordar lo avergonzada que estaba, solo la hacía ver adorable y como se ocultaba con sus manos para evitar que viera lo roja que estaba, sabía que no importaba cuanto tiempo fuera. La compensaría por la espera.

-Yamato ¿Por qué me preguntas eso?

-Porque mi hermano parecía saber antes que yo, de lo que sentías por mi ¿Se lo dijiste a él, primero que a mí?- él sabía que esto último era mentira y fingía una indignación, pero para que Mimi hablará siempre debía engañarla. Nunca espero que una mujer que se le daba tanto hablar, fuera realmente reservada con sus propias emociones y deseos. Casi se golpea al darse cuenta que en todo ese tiempo, nunca se dio cuenta porque nunca presto atención como se debía.

-¿Qué? ¡No! Takeru-san, él… Pues se dio cuenta por sí solo, parece ser que era muy obvia- frunció sus labios mientras se acomodaba un mecho de cabello y tocaba con distracción aquel regalo que él le había dado, en aquella pequeña bolsa de papel aquella noche que se le confeso. Ahora, parecía ser un accesorio de todo el día, y nunca se lo quitaba. Todo lo que vestía, lo hacía para que combinará con aquello.

-Mi hermano sabe leer muy bien a las personas, creo que es lo único bueno que saco de ser escritor- Mimi lo golpeo ante el comentario por burlarse de su hermano y el sonrió-, sabia inclusive lo que yo sentía por ti antes que yo mismo admitiera mis sentimientos- le hablo con suavidad para calmarla, y noto como sus hombros se destensaban, le extendió la mano y apenas ella la tomo la envolvió en un abrazo, dejando su espalda pegada a su pecho, y él apoyando su rostro entre la base del cuello y el hombro, atrayéndola más. Ese, era su pose favorita. A ella le encantaba y siempre dormía así, de esa manera contra él. Le encantaba, Mimi siempre olía diferente cada día, gracias a sus postres pero nunca dejaba de oler dulce y realmente eso era lo que la hacía adictiva, por más que él odiara el dulce.

-Creo… Que empezó cuando viniste a recoger tu libro de vuelta. Quería saber más de ti, tenía mucha curiosidad, pero… No me atrevía- sintió el suave tacto de los dedos de ella contra su antebrazo- Tenía miedo Matt…

Matt. Era así como ella lo llamaba a veces, y le gustaba. Pronto sus colegas empezaron a decirle así por molestarlo con respecto a su nueva relación. Porque la castaña no perdió oportunidad apenas establecieron lo que eran y querían, en aparecer por la base trayendo siempre su almuerzo o algún aperitivo, no le molestaba que ellos lo llamarán así, aun si era para molestar; siempre y cuando se oyera diferente desde los labios de ella. Le gustaba y era diferente, sin alejarlo de lo que él era. No había Yamato, que era formal. No había Yama, en donde su ex esposa y amigos lo llamaban. Era sencillamente, Matt. Observo al lado de su propio celular el pequeño objeto que él le regalo y parecía empezar a desgastarse, se podía ver pequeños remiendos y aun así había cuidado, y dedicación a preservar ese gran tesoro. Quien diría, que una simple diadema negra con una estrella dorada, se volvería un objeto tan valioso. Lo había comprado con la excusa de poder verla armándose de valor, lo vio de camino y llamo su atención. Así de simple. Ahora, no podía apartar su mirada cada vez que ella lo portaba, tan orgullosa tan feliz de que ese regalo proviniera de él.

Miro nuevamente a la cama y vio como la mujer se removió, se giró al celular y respondió el correo. Dejándolo con cuidado, camino a la cama y se sentó del lado de ella. Acariciando con la parte trasera de su mano el rostro, vio como la nariz volvió a arrugarse y cambiaba de posición intentando alejar el cosquilleo, pero solo basto que la sabana se moviera un poco para que un cosquilleo diferente apareciera en él. Aquella mujer, no sabía las armas que escondía tras esas ropas y más el efecto que tenía en él, sin siquiera buscarlo. La primera noche que estuvo con ella, le demostró que Mimi podía parecer un ángel, pero era un diablo en la cama. Y eso, lo activaba. Aun hoy en día.

Hora de despertar, Mimi.

Sonrió pícaro y levanto la sabana para meterse bajo ella. Primero él desayunaría su dulce favorito. Estiro sus manos para pasar sus dedos por aquellos tersos muslos. Bien, por esta vez. Podrían costearse llegar tarde, de vez en cuando.

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-Un poco más a la derecha. Bien, ahora súbela un par de centímetros- camino para ver desde un mejor ángulo y sonrió- Perfecto.

-Mimi, esto quedo justo donde lo había puesto desde un inicio ¿Podrías no hacer eso cada vez que coloco algo en un sitio?- Se bajó de la escalera y camino medio molesto a la castaña. Ella solo sonrió y escondió sus manos tras su espalda, sacándole la lengua.

-Quiero que nuestro nuevo hogar sea perfecto ¿Es mucho pedir?- Alzo una ceja, y cuando vio que el hombre negó con la cabeza derrotado, se dio la vuelta y camino en busca de la siguiente caja por abrir. Toco inconscientemente la diadema en su cabeza para saber que estaba ahí. Se había vuelto un habito, al inicio se la ponía todo el tiempo para hacerse recordar que aquello que paso aquella noche era real, que no era un sueño o una ilusión o un invento de su imaginación, que era real que Yamato se le había declarado y aquella noche compartieron su primer beso, su primera caricia y su primera pasión. Sonrió, y continuaba con la labor de desempacar. Yamato le había sorprendido con esa nueva residencia, era un apartamento un poco más grande que el que ella tenía, pero tenía una hermosa vista a la ciudad y lo mejor, quedaba cerca de su café. Le dijo que si querían tener un futuro, él se encargaría de darle lo mejor, lo que antes no se podía costear. Apenas consiguió una mejor posición en la estación espacial. El dinero comenzó a venir mucho más rápido, y que aun cuando no quería despedirse de aquel pequeño apartamento, no pudo evitar hacerse de la idea de un nuevo sitio. Deseaba darle un fresco inicio a todo. Ella no estaba muy convencida porque amaba aquel apartamento.

-Hogar es donde uno decide que sea, y mientras tú estés conmigo; yo siempre me encuentro en casa.

Esas palabras fueron la que la persuadieron y era cierto, aun cuando aquel sitio fue algo lleno de memorias tiernas, también fue un espacio donde ella lloro varias veces por no ser correspondida y donde él empezó una vida sin saber qué rumbo tomar. Ahora que sabían su rumbo, que ella no volvería a llorar; este nuevo lugar se volvería su hogar. Siempre y cuando él esté ahí.

-¿Dónde pongo esto?

Se giró para ver un par de fotografías, y se levantó para recordar de donde era. La primera era Yamato con su traje condecorado de su primer viaje al espacio, la siguiente era ella con sus trabajadores que tuvieron que tomar rumbos diferentes y esa foto era para recordarlos, toda la vida. Le seguía una de sus padres desde un viaje por el mundo para renovar su amor, pero fue la de los padres de él la que termino atrapando su atención. Aun recordaba aquel viaje a Japón, tantos años estando lejos de aquella tierra le hicieron entrar en pánico de saber si estaba bien vestida, si estaba caminando correctamente, si hablaba bien, si les caería bien a sus padres, si les gustaría su comida. Solo falto la mano cálida de Yamato para hacer que esos miedos se esfumarán.

Todavía recordaba la primera impresión. La madre se veía una mujer llena de carácter, alguien que había tenido que luchar por abrirse paso, aun así delicada y llena de atención. Su padre en cambio, parecía más relajado, muy al estilo de Takeru; le gustaba bromear de vez en cuando, y hacer apenar a su hijo y esto le hizo pensar que aun en la distancia, aun siendo criados por miembros de la familia, cada uno tenía la personalidad del otro. Takeru parecía más a su padre, de lo que Yama era y Yamato era parecido a su madre, a lo que Takeru solo se veía. Aun así, muy diferentes.

-Iré a pagar la cuenta- Se puso de pie Yamato, y su padre le siguió.

-Yo pagaré, es mi regalo por haberme tratado tan bien cuando fui a Estados Unidos, hermano- hablo con suavidad Takeru, también poniéndose de pie

-Por favor, Yamato, Takeru. Deja que la pague, son nuestros invitados- hablo rápido el padre y camino con la factura en mano, Takeru le siguió a modo de protesta y Yamato, solo miro a Mimi por un momento para disculparse e ir tras su padre, esto solo la hizo reírse por lo bajo. Luego se avergonzó al darse cuenta que tenía a la madre de frente.

-No tienes por qué sentirte tímida frente a mí, Mimi-san. Puedo ver que mi hijo está en buenas manos y eso, hace que a cualquier madre feliz; aun si no estuve con él casi gran parte de su vida- estiro la mano para tocar la de la joven- Nosotros no pedimos nada más que la felicidad de sus hijos.

-Lo sé, Natsuko-san, pero se bien que ustedes viven bajo una creencia japonesa y lo que menos quiero es deshonrar el apellido Ishida.

-Cariño, creo que lo que menos harías es eso.

-Yo no puedo, no quiero… Casarme. Aun no, quizás nunca- se sentía por primera vez avergonzada de su propia decisión, porque Yamato era un hombre bueno y se merecía tener una esposa que lo llene completo.

-¿Tienes miedo que no te aprobemos por tu decisión?- El que ella se encogiera más en su asiento, hizo que el agarre de Natsuko se hiciera más fuerte y seguro-Sé que Yamato se preocupa mucho por ti, más de lo que podrá mostrarte- observo al par de rubios discutir por quien pagaría- Antes de venir, nos… Informo de que no tienes deseos de casarte y no porque no lo ames, sino por miedos que él respeta y pidió que respetáramos… Temía que te criticáramos por ello y tacháramos.

-Natsuko-san, yo…

-Déjame terminar…- levanto la mano ante la inicial réplica de la joven- Y es lo que menos, alguien como yo tendría que hacer. El temor a ser tachada hizo que nos apresuramos a casarnos, por miedo a la sociedad. Sin medir consecuencias que seríamos nosotros los presionados los afectados, en algo que a la sociedad no le concierne. Japón aun le toca aprender mucho, sobre lo que es ser una sociedad. Las mujeres aquí, aun somos aprisionadas por el sistema y la balanza no esta justa como debería. Por eso, estoy feliz por ustedes, porque… Aun cuando la primera experiencia de Yamato lo ha dejado marcado, se atrevió a buscar más allá y te encontró, una joven que vive el momento, que no permite que la sociedad le diga que está bien o mal; siempre y cuando uno se sienta bien. Eso lo puedo ver reflejado en Yamato, que antes era más retraído a decir o hacer mucho solo porque no era digno de un japonés. Le enseñaste que te preocupas por el bienestar del otro porque lo deseas así, porque quieres estar con esa persona. No por lo que es, sino por quien es. No por el bienestar que te vaya a dar, sino porque te da estabilidad emocional que te otorga incondicionalmente ¿Me entiendes?

Casi podía llorar en ese momento de no ser por la venida del trio de hombres de vuelta a la mesa. Las palabras de Natsuko habían golpeado su ser y quedo conmovido. Subió la mirada y noto que Yama estaba algo preocupado por quizás el espacio de distraída en el que quedo al recordar. Rápidamente, tomo las fotografías de sus manos y las dejo a un lado. Para tomar el cuello de aquel hombre y sonreírle, para luego besarle. Natsuko y sus palabras le dieron más fuerza de lo que pudiera admitir. De que estaba bien donde estaba y que sus creencias, así como las de Yamato importaban. Ella sabía que él quizás aún tendría ganas de casarse, por miedo a que dirán pero ha sido en cambio un hombre paciente que no la ha presionado ni con la idea. Aun cuando sus colegas lo traen, el solo ríe y dice que así están más que bien.

-¿Por qué agregar algo que no hace falta? Mientras ella este feliz, yo lo estoy.

Fueron sus palabras, que nunca admitirá frente a él haber escuchado a escondidas mientras le llevaba su almuerzo. Porque realmente eso la tuvo preocupada una época y verlo hablar sin pudo de lo que sentía y lo que quería, le hizo reafirmar que Yamato estaba siendo más quien él quería ser. Y no pedía más en este mundo, más que estar cerca de esa persona que no solo la aceptaba y amaba por quien era, sino que no se sentía avergonzado de admitir que su felicidad era causada por ella. No, más bien se sentía regocijado de haberse encontrado a él mismo gracias a ella. Sonaría un poco ególatra pero ¿Saben qué? Mientras él sea feliz, ella lo sería. Yamato podría ser amargado, hay muchos dulces que lo son y no por eso las personas dejaban de comerlos. Si ella podía ayudarlo a relucir quien era, lo haría con gusto, después de todo verlo por quien es, era una aventura que le hacía no querer que se acabara nunca. Él hacia querer probar las cosas a las cuales antes no había notado o tenía miedo de probar. Yamato, realmente era como el espacio. Basto, e infinito. Donde creías haber contado todas las estrellas, pero luego aun en lo más oscuro donde aún no sabes que hay te animas y descubres que hay más y saber que no acababa, la llenaba. Se separó del beso y lo observo, él solo elevaba una ceja ante el intenso contacto que tuvieron hace un momento y ella solo esbozo una sonrisa divertida y picarona.

-¿Sabes? Un hogar no es un hogar, hasta que no lo bauticemos ¿No lo crees?

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-¿En serio? ¿No es falsa alarma o parecido?

-Esta vez es real. La última vez, fue mi estrés que causo estragos. Ahora es real- se mordió la uña del pulgar ante el nerviosismo-No sé cómo decirle… Tengo miedo ¿Qué tal si no lo desea? Después de todo, aun viaja al espacio ¿Crees que enloquezca y huya?

-¿Estas bromeando Mi-chan? Estoy seguro que mi hermano hará todo menos huir. Desde joven ha sido uno de sus sueños. Estará más que feliz y regocijado ¿Tu estas bien? ¿Lo deseas, no?

La castaña parpadeo mirando la Tablet en sus manos y lamiendo sus labios para morderlos y tragar duramente. Recordó la emoción cuando observo el positivo en aquella prueba y sabía que lo deseaba. Tenían ya 6 años juntos y su relación parecía florecer aún más. Aun si él estaba en el espacio, ella no se sentía sola. Le escribía o mandaba videos cada que podía contándole sobre la nueva expansión o sucursal o sobre los nuevos aprendices para manejar sus demás pastelerías y que no se perdiera la receta y calidad que ella había cosechado. Él la aconsejaba, y le contaba sobre alguna broma que hizo con los demás compañeros. Y cuando él volvía, era la mejor pareja que alguien podría soñar, se sentía plena y llena. Él era su hogar. Su corazón. La hacía sentir tan llena y completa, que deseaba poder expresarlo de otras maneras para hacerle ver lo mucho que le hacía sentir, y esa emoción se desbordo ante el pensamiento de que dentro de ella, existirá ahora una vida que sería el resultado de aquella emoción que ambos sentían, hecha materia.

-Sí, estoy bien, muy bien… Lo deseaba, sin darme cuenta más que nada Take-chan…

-¡Ohhh, Kami! Seré un tío. Tendré que escribirle una historia, solamente dedicada a ese pequeño. Seré su tío favorito- se escuchó reír al rubio, y la castaña lo acompaño. Sería el único tío, a decir verdad.

-Nadie usurparía tu puesto, Take-chan.

-Bueno, ya que vienes con buenas noticias. Yo también tengo unas, un tanto… diferentes.

-¿Ganaste otro premio? Porque si es así, debes invitarme a la gala. La última vez no me llevaste y estoy celosa por ello- fingió reprocharle y Takeru rasco su nuca mientras sonreía. Los ojos de Mimi notaron algo que era característico de aquella familia, un leve tic que solo había notado en Yamato cuando empezaron a salir. Eso hizo que abriera los ojos como platos al darse cuenta o presentir que se trataba de ello- No me digas que…

-¿Qué?

-Takeru Takaishi ¿Estás viendo a alguien?

-Pero… ¡Mi-chan! ¡¿Cómo puedes saber eso solo con verme?!

-Eres más parecido a tu hermano de lo que crees, tienes el mismo movimiento en tu ojo derecho que él cuando empezamos a salir… A ver ¿Cómo se llama? ¿La conozco?

-… Claro que si… Ha sido la única, desde hace mucho tiempo; Mi-chan…

-Escúpelo ¡Ya!

- .ri.- Mimi soltó un grito al cielo y se levantó del sofá moviéndose de un lado a otro mirando la Tablet y haciéndole miles de preguntas ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿En serio? ¿Cómo? Era lo que preguntaba- Calma, calma. Solo, se dio. Sin darme cuenta me encontraba en su guardería promoviendo mi nuevo cuento infantil y ahí estaba ella… Tan ella, me sorprendió saber que tenía una guardería- Lo escucho suspirar y supo que quedo prendido. Sus cejas luego se vieron en un ceño fruncido y le preocupo levemente- ¿Estará bien lo que hago Mimi? Digo, yo… Aun no estoy listo para el compromiso, que tal si… ¿Si vuelve a pasar lo mismo que la última vez? No lo soportaría dos veces.

-Takeru… A veces, las personas nos perdemos por el camino sin darnos cuenta. Tanto tú como ella han crecido. Que la hayas dejado porque no querías atarla a un futuro incierto, no significa que no pueda haber un futuro- se volvió a sentar en el sofá- Pero que la hayas reencontrado y sus caminos se hayan entrelazado, significa algo. Solo tú y ella podrán descubrir que es.

-No se ha casado, no tiene hijos… Pensé que sí, pero hablando me di cuenta que nunca lo hizo ¿Sera posible que…?- El rubio no se atrevió a hablar, por miedo a equivocarse y darse falsas esperanzas. Mimi toco su plano vientre, ante el pensamiento, pero ella sabía la verdad. Tenía un presentimiento, tal como cuando sospecho que estaba embarazada. Les iría bien, de eso estaba seguro. Aun si Takeru no se daba cuenta, él estaba listo para dar ese paso y más si se trataba de Hikari. La única mujer que pudo atrapar al escritor, a tal punto donde sus heroínas eran una sombra de ella. Aun si él no lo admitía. Quizás. Solo necesita un poquito de esperanza, y ella se la daría como él hizo con ella en aquel café.

-Entonces solo queda vivir el presente Takeru, y verás como todo resulta bien.

/

Yamato observaba al pequeño bulto entre sus manos, consternado, emocionado, tocado en el alma. Levanto la cabeza un momento para ver a la persona que había hecho aquel milagro realidad. Había tenido un embarazo sano pero delicado en el último trimestre, algo que la obligo a pasar más tiempo en cama y a él en casa, preocupado por su salud. En su trabajo no dudaron darle el tiempo requerido y agradecía el gesto. Cuando supo que Mimi estaba embarazada, fue el hombre más feliz de la tierra, imaginar un pequeño que podría parecerse a ella o a él, era más valioso que mirar por la ventanilla del espacio. Era otro de sus sueños haciéndose realidad, y era ella quien se lo estaba dando. Poco fue el tiempo para la sorpresa de salir corriendo al hospital, para luego volverse eterno en la sala de espera mientras que el parto fue largo y sin noticias. Ahora solo verla dormir, lo llenaba aún más de felicidad y tranquilizaba, para saber que todo estaba bien.

-Eres una mujer increíble, Mimi.

Bajo la cabeza y detallo de nuevo al pequeño entre sus brazos, estirando tímidamente su mano con miedo a despertarlo. Noto como por reflejo el pequeño tomaba su dedo y algo brinco en él. Conocía esta sensación, la tuvo con Mimi sin darse cuenta de que pasaba y sabía lo que pasaba aquí. Amor a primera vista, algo tan pequeño había colado su alma y se había arropado ahí para hacerlo sentir amor nuevamente, un amor puro y diferente al que sentía Mimi, pero amor al final. Quiso gritar, reír, girar, abrazar, besar y llorar. Al mismo tiempo ¿Esto era lo que era sentirse completo? Porque si era así, deseaba conservarlo por completo. Con Mimi se sentía nuevo, renovado, ella se encargó de cerrar cada herida en su alma y llenarla de flores y dulces aromas, para luego empezar a llenarla con ella y ahora parecía desbordar con la llegada de aquel nuevo rayo de luz. Era como una nueva constelación por descubrir, igual de hermosa e igual de nueva.

-Te prometo, que nada te faltará. Te haré feliz, a ti y a ella.

Susurro tan suave que por un momento pensó que no lo había dicho, pero el pequeño y suave agarre se hizo más real y sin poder evitar llorar, supo que así sería.

/

La puerta se abrió y una alegre risa alumbro el ambiente. La pareja se sacó los zapatos mientras su anfitrión los hacia pasar y lo siguiente que oyeron fue un par de pasos. Donde unos ojos azules se asomaron por el pasillo mirando con curiosidad lo que pasaba en la puerta.

-Taichi-san, Sora-san. Qué bueno que llegan. Apresúrense. Ya deben estar por llegar, estamos terminando de preparar todo. Pasen- camino hasta el pasillo, y se inclinó para tomar al pequeño de ojos azules en brazos. Quien miraba intrigado a la pareja que parecían tímidos.

-¿Este es… Hoshi?- se aventuró a hablar el moreno.

-Si… Ha estado tranquilo, se pone ansioso cuando su papá no está- acaricio la cabeza del niño y eso basto para que la burbuja se rompiera y nuevamente una alegre risa atravesó la habitación, el niño abrazo a su tío e intentaba palpar la cabeza tal como su tío había hecho con él- Tu hermana está por salir de la cocina, terminando los bocadillos. Vamos a la sala- bajo al pequeño quien no dudo en tomar la mano del hombre y la pareja lo acompaño a la sala.

Sora aún se encontraba nerviosa. Taichi le había confirmado que Takeru los había invitado y eso era lo que la tenía aun nerviosa. Había sido el menor de los rubios, no Yamato quien los había invitado ¿Qué tal si aún le guardaba una idea? Por todo lo ocurrido. El moreno le aseguro que Yamato, ya no guardaba nada de rencor y que debía ahora era ella dar vuelta a la página, si deseaba al menos retomar la amistad que habían dejado. El par de amigos de la infancia, se empezaron a hablar al poco tiempo de que Yamato tuvo a Hoshi, aquel pequeño rubio de ahora 2 años que correteaba por la sala imitando a su cuento favorito, escrito por Takeru. El embajador le comentaba sobre los avances de su relación y que el rubio deseaba volver a hablarle, siempre y cuando ella se sintiera lista.

Observo las fotos al fondo, y por su mente nunca paso que aquella dueña de aquel encantador café fuera la causante de la personalidad fresca de su ex esposo. Yamato siempre había sido reservado con sus emociones y tenían acuerdos silenciosos sobre qué hacer o decir, pero viendo esas fotos podía ver que ahí se mostraban emociones y aunque aún había el silencio, aquellos ojos demostraban lo que las palabras no podían producir y sin darse cuenta se encontraba embelesada ante la escena. Una que parecía tonta y era tomada en forma de Selfie, pero aun así se colgaba en ese marco como la mejor proeza del mundo. El rubio lleno de chocolate en la mejilla y parcialmente en su cabello, miraba a la mujer a su lado mientras esta hacia la señal de victoria en sus dedos y miraba a la cámara, más feliz que nunca. Algo tan sencillo le hacía reafirmar las palabras de Taichi. Observo al moreno que la miraba casi de la misma manera que Yamato miraba a la castaña, y se terminó de relajar. Taichi había sido su pilar, su fuerza y devoción. El moreno se encargó de cerrar aquellas heridas, aun cuando ella las volvía a abrir por la culpa y vergüenza. Se mantenía ahí; pacientemente y le enseñaba de nuevo que no había culpa de nadie cuando se trataba de emociones y que estaba bien sentir, pero siempre y cuando eso le permitiera avanzar, no estancarse. Y poco a poco, así hizo. Sonrió y bajo la mirada cuando noto un intenso mar azul. Ahí estaba el pequeño, que le miraba con curiosidad, había dejado de corretear y ahora le extendía un pequeño juguete, en forma de estrella. Típico, Yamato. Su amor por el espacio, se veía contagiado en el hogar, un espacio cálido y único. Tal como ese café, y viéndolo parecía un mundo aparte donde espacio y tierra chocaban y se llevaban en perfecta armonía.

-¡Hermano! Qué bueno que llegaron- hablo una castaña de cabello largo, recogido a un costado, mientras dejaba una bandeja en la mesa principal- ¿Cómo han estado?

-Bien, logramos cerrar el tratado con la embajada americana para unos nuevos intercambios. Japón se expandirá un poco mejor gracias a ello.

Sora observo a la esbelta mujer y supo por boca de Taichi, como era esa relación. Habían sido novios a finales de su último año escolar y gran parte de su vida universitaria, pero Hikari queriendo tener una familia y asentarse rápido hizo que Takeru la dejará no deseando atarla a una relación sin futuro. Este rubio, tenía miedo al compromiso. Diferente de Yamato que se arriesgó a la primera. El moreno admitió que por mucho tiempo odio al rubio por lo que hizo, pero cuando esta castaña lo volvió a ver fue cuando entendió lo que había ocurrido y aun si no le gustaba, lo entendía y respetaba. Más al ver que Hikari, nunca supero ese amor que sentía por Takeru y tal como él le ocurrió con Sora, prefirió estar sola antes que engañarse y herir a otra persona en el proceso. Se cambió de fotografía a educación infantil y se graduó con honores en la misma. No tardó en hacerse de una guardería para llenar aquel vacío de no ser madre y tener su propia familia y por el tiempo hasta que volvió a reconciliarse con Takeru fue suficiente. El rubio le pidió ir lento, y le explico todo y ella así de simple le dijo que solo deseaba estar con él, sin importar que.

-¿Cómo estaba Yamato-san cuando se fue?

-Nervioso, y quien no…

-Creo que ni ir al espacio le causaba tanto miedo- hablo Sora, por primera vez desde que llegaron y los presentes giraron a verla. Iba a decir algo más, pero la puerta se escuchó abrir y un par de voces casi susurraban en la entrada. Los presentes guardaron selección, cuando la pareja cruzo el umbral a la sala principal. Fue el grito del pequeño lo que causo que el ambiente se agitará, y tan rápido como antes tenía su atención en Sora, salió corriendo a los brazos de su padre.

-¡Papa! ¡Mama!

Pronunciaba emocionado ante la nueva altura que tenía, Sora observo como Yamato al inicio había escaneado la habitación pero apenas tuvo al niño en sus brazos, su mundo y ese espacio que él había creado con aquella mujer se volvió solo de ellos. Una sonrisa nueva, amplia y completa se vio florecer de los labios del astronauta y eso causo que todo miedo o rastro de que ella no debería estar aquí, se desvaneciera por completo. Yamato era feliz. Con verlo, podía saberlo. Le hablaba con palabras suaves al niño, mientras que la castaña se inclinaba y removía la cálida tela que envolvía al pequeño bulto que tenía entre sus brazos. El segundo hijo de Ishida, era una niña o así podían ver. El pequeño extendió su mano que fue ayudada por Yamato para que no ejerciera mucha presión mientras acariciaba asombrado al nuevo miembro familiar. Sonrió emocionada ante la escena y en su mente deseo una cámara, esta sería una foto que valdría la pena verla junto a esos marcos.

-Yo me encargo de ello- Hablo con suavidad Hikari quien pareció leerle la mente, que sacaba una pequeña cámara y tomaba una foto a la escena que no parecía tener fin. Fue el flash, que Hikari no se dio cuenta tenia activado lo que termino por romper la burbuja. Hoshi se giró ante el nuevo juguete que representaba la cámara, y se removió en los brazos del padre para que lo bajará. La castaña madre, rio mientras les dio un beso en la mejilla al hombre y el pequeño que era una réplica, y se iba a sentar. No se hizo esperar que Yamato se les uniera y hablará en general, dejando al pequeño en el suelo para correr hacia la cámara.

-Es una sorpresa tenerlos por aquí.

-Takeru-san dijo que sería una agradable sorpresa, así ver al nuevo miembro. Espero no sea una intromisión- hablo Taichi, algo más animado mientras se acercaba y estrechaba la mano.

-Para nada Taichi, eres mi amigo.

-Felicidades Mimi-san, Yamato- miro al bulto, que estaba ya más destapado en el calor del hogar- Veo que se parecerá a la madre, al menos así espero.

-¡Oye!

-Sería lo justo ¿No, Mimi-san?

-Ya lo creo, me sentía muy celosa de ver como Matt tenía un clon de él. Los vieras en la casa, ambos sin camisa o pantalón solo porque Hoshi desea imitar a su papa en todo. Hacía ya falta otro toque femenino- bromeo abiertamente, y Taichi rio a carcajadas mientras Yamato se sonrojaba por la información dada. Sora no pudo evitar reír por lo bajo.

-¿Qué? ¡Mimi!

/

Yume.

Fue el nombre con el que llamaron a su hija y no pudo existir mejor nombre para lo que ella represento para aquella pareja. Desde toda perspectiva, parecía un sueño. Ahora observar a su pequeña dar sus primeros pasos, mientras usaba aquella diadema que le regalo a Mimi hace muchos años, reafirmaba que el sueño, era realidad. Luego observaba a la madre con un par de aretes que él mismo había mandado a hacer en forma de estrellas y los llevo al espacio, con la intención de que ella ahora siempre cargará una estrella del espacio, para siempre. Y realmente, así fue. Nunca se los quitaba, desde aquel momento que regreso a la tierra. Su último viaje. Sonrió ante la escena y giro a ver la fotografía que habían tomado el día de la llegada de Yume a casa. La foto era realmente preciosa y entendía, porque Hikari no tardo tiempo en imprimirla y enmarcarla para ellos. Solo le sorprendió saber que el marco había sido comprado por Sora como obsequio por ser nuevamente padre y supo que todo temor que aún quedaba a flote de su relación con la pelirroja, se esfumo. Verla aquel día, realmente lo puso ansioso. No sabía que decir o cómo actuar, por miedo a que ella se lo tomará mal. Por voz de Taichi sabía lo mucho que había pasado la pelirroja en como termino todo y supo que ninguna de las ambas partes involucradas quería que el otro fuera infeliz. De haberse dado cuenta antes. Quizás todo habría sido diferente, pero aun así.

-No me arrepiento de nada.

Y era claro el por qué, de no ser por lo que paso con Sora. Quizás no hubiera conocido a Mimi, ni todo lo que ella ahora le otorgaba. Que era más de lo que habría podido desear. Se acomodó en su asiento, recordando algo que Taichi le había preguntado hace mucho y aun cuando el tiempo había pasado y esa pregunta hacia quedado olvidada en el mismo pasado. Luego de tantos años, volvía a retomarla. Ya tienen una década, juntos y él estaba seguro, que ella era con quien él deseaba estar hasta el último aliento en la tierra. Por eso, aún quedaba una duda. Una pequeña duda, que lo quebraba en miedo de pensar que eso podría alejarla de él. Y era por lo cual había estado tan distraído todos esos días. Se acomodó en su sitio moviendo al rubio que aun dormía como roca contra él, solo para ver como el pequeño rubio murmuraba algo en quien sabe qué idioma y se aferraba más a su papa. Siempre pensó que Hoshi estaría apegado a su madre, y que Yume estaría apegado a él, pero la historia parecía ser diferente. El pequeño rubio realmente era o quería ser un clon como su padre. Buscaba desde vestirse hasta peinarse igual y él solo podía estar encantado con la escena. Sabía que era una etapa, y que quizás tendría tiempo de malcriar a la más pequeña y enseñarle cosas que como padre tenía que hacerlo. Dejarle claro desde pequeña, que ella pertenecía a nadie y que si alguien intentaba propasarse con ella, tendría dos o bueno 4 hombres en realidad, porque Taichi y Takeru contaban; que respaldarían y cuidarían a la princesa de ese hogar.

Por ahora, se conformaba con escucharla reír siempre y cuando no lloraba al verlo. Porque si, Yume estaba en una fase que veía a su cara y lloraba. Mimi, consolaba al hombre diciéndole que ella aun no reconocía lo guapo que era como papa y que pronto lo haría, pero que no lo tomará personal y claro que no lo tomaba, lo entendía, o así pensaba. Aun así, no podía evitar preguntarse ¿Por qué? Su hija no debería temerle. Negó con la cabeza y rio ante el recuerdo. Observo nuevamente a la mujer frente a él, ahora abrazar a la pequeña por haber llegado hasta donde ella estaba.

Ella, era la correcta. Desde un principio cuando la conoció. Mimi siempre represento un santuario, un lugar al que llegar y sentirse seguro. Nunca lo vio, pero si lo sintió. Desde su taza de café, hasta su suave sonrisa logro demostrarle calma y amor, sin condiciones. Aun en los momentos más oscuros de él, ella estuvo ahí. Latente como una estrella en el firmamento, y brillante como el mismo sol en pleno verano, cálida y radiante. Aun había días en los que se sentía avergonzado de no haberse dado cuenta de los sentimientos de la repostera y lo mucho que debió haber sufrido al verle sumido en un matrimonio que terminó en emociones amargas. Después de todo eso, ella aun le sonrió y le otorgo algo que nadie podía otorgarle.

Sabía que lo que tenían no era perfecto, él ya no buscaba perfección. Había días buenos y malos en su relación, como toda pareja. Discutían por tonterías, pero se reconciliaban como si fuera la terminación a la segunda guerra mundial para dar tregua entre encuentros pasionales. Se molestaban, reían, lloraban, hablaban y compartían. Y supo que no le importaba perfección, mientras ella estuviera ahí.

Es una amiga, una fiel compañera, una eterna alma gemela. Algo que nadie podrá apagar en él, porque ella ya estaba ahí, sembrada y florecida en su interior, para luego ella se encargara de regar esa planta que ella había dejado haciéndolo sentir frondoso, lleno de vida, prospero. El espacio antes había sido su vida eterna, su sueño eterno. Luego de su llegada, encontró uno nuevo algo que era más profundo que el espacio, y sin darse cuenta prefería estar más en la tierra ahora que ella era la que habitaba ahí y gracias a eso le había dado 2 estrellas, que brillarían siempre en nombre de ambos. Y nuevamente la duda inicial volvía a golpear la puerta delantera. Él siempre estuvo listo para hacer lo que fuera por ella ¿Ella estaría para intenta esta nueva aventura que él le propondría?

-¿Por qué tan distraído?

-¿Uh? Por nada. Solo recordaba el pasado- Observo a la mujer que tenía en brazos a la pequeña que lo miraba con cara de pocos amigos y no pudo evitar reír. La niña empezaba a llorar, así que Mimi se alejó para ponerla a jugar en otro lado. Negando con la cabeza, empezaría a pensar que Yume lo único que deseaba era tener a Mimi para ella sola. La vio alejarse y el aprovecho para tomar a Hoshi en brazos y lo acomodo en el sofá donde yacía, solo para buscar a aquella mujer y rodearla con sus brazos por la espalda, tal como a él adictivamente le gustaba.

-¿Qué cosas del pasado? Parecías más preocupado que entretenido.

-Cuando te conocí, y lo afortunado que soy de tenerte.

-Por tu ceño, casi pensaría que soy una pesadilla.

-Sabes bien que nunca lo fuiste, ni lo serás. Por más aguda que sea tu voz- ella rio, y lo golpeo por inercia en el brazo ante el comentario.

-Matt… La afortunada soy yo, me has dado dos maravillosos regalos y un amor que no buscaba ni esperaba encontrar- se giró para agarrar el rostro del hombre entre sus manos y sonreírle abiertamente.

-Estamos en un dilema entonces.

-Uhhm ¿Y por qué?

-Porque eres tu quien me ha dado todo, yo en cambio he hecho muy poco.

-¿Cómo puedes decir eso? Tú me has dado todo. Es como la vida en la tierra. Sin sol no hay día, y sin luna no hay noche. Sin el otro, muchas cosas, la vida aquí perecería- ella siempre sabia como manejarlo y tener respuestas rápidas. La atrajo más hacia él y solo verla, y ver como no tenía ninguna duda o pizca de arrepentimiento en la vida que se encontraba ahorita y las palabras que dijo sobre que él le había otorgado todo, le hizo preguntarse si podrían ser más afortunados. Y fue un beso, tan rápido que ella se atrevió a darle junto con una sonrisa plena y picarona, que su mente le dijo Sí. Él era afortunado y bendecido de tener tal mujer en su vida y él quería otorgarle la seguridad que por mucho tiempo y por miedo se había excluido de creer que no podía. Ella le había presentado una vida donde no era necesario seguir las reglas de la sociedad para ser feliz y que podías serlo si te lo proponías, solo si ese era tu sueño.

-Si te pidiera que te arriesgues conmigo ¿Lo harías?- La vio elevar una ceja ante la pregunta y luego rio estrechándose más contra él.

-Siempre y cuando no sea hacerme cómplice de homicidio, estaremos en la misma página Matt- el comentario hizo que se contagiara con la risa de ella y supo que estaba en el camino correcto. En la galaxia correcta, en el universo correcto.

-Te amo, Mimi.

-Te amo, Yamato.

Y lo era, él era feliz. Sabía que ella lo era, lo es. Por ende quería aventurarse a ver que otras constelaciones existían en ese basto universo que Mimi le ofrecía y demostrarle lo que ella le había enseñado, que no importaba lo que dijera la sociedad, que no importaban los miedos que reprimían de hacer algo, que dudar solo retrasa. Sobre todo, que era mejor ser sincero consigo mismo a vivir una mentira. Ella lo amaba, y él a ella. Tanto que por primera vez, se atrevía a pensar en aquella pequeña caja de terciopelo que estaba escondida entre sus cosas. Que nunca se atrevió a sacar por miedo a que ella lo apartaría, pero de algo estaba seguro; tenía la respuesta a la pregunta que Taichi le había hecho hace un par de semanas.

-No has pensado que ella ya está lista para dar el siguiente paso. De estarlo ¿No te atreverías a intentarlo?

Estaba seguro que si se atrevería. Porque tenía por seguridad, de que ella tenía suficiente amor para arriesgarse con él y él le demostraría que el riesgo solo existía si había miedo, y él ya no tenía miedo, tendrían éxito.

Siempre y cuando ella estuviera ahí, no habría miedo.

Y si lo había, tenían aún queda mesa solitaria en aquel café donde una taza de té y café, esperarían por ellos.

Fin.

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¿Qué tal? Les ha gustado ¿O no? Ame mucho esta pequeña historia, realmente tenia años con el pensamiento, pero nuca supe como llevarlo a cabo, al fin me aventure. Espero en verdad les haya gustado, agradezco su lectura. Ame todo en ella.

Muchos me decían ¿Cómo puedes escribir del Sorato y hacer que me guste? Admito, que me costo pero así como antes no solia comer cosas que no me gustaban, ahora las oculto entre cosas que quisiera saborear y aprendes a llevarlo. Más aun así, NO soy fan Sorato.

Les di un poquito de Takari, me parecio que aun si esa relación se congelo, tenia chance siempre y cuando se presentará la oportunidad. Al igual que con la amistad entre Sora, Tai y Matt. No podía dejar que ellos se enemistarán por algun motivo como ese. En la vida, hay que pasar la pagina y dejar que todo te afecte.

En fin, siempre disfruten de un buen café para levantar energías y una buena taza de té para levantar los animos.

Bye~