Hoy es una ocasión especial, ya que es el cumpleaños de Eren Jaeger y que no subí nada ayer porque me fue imposible, hoy será capítulo doble. Avery Z Ackerman, ya sabes que va dedicado a ti jajaja y a todos los que se han molestado en dejar un bonito comentario. Eso me anima y me inspira a escribir más y mejor, así que, si no queréis esperar mucho, ya sabéis que hacer XD.


La joven se quedó estupefacta cuando sintió la ternura con la que los labios del castaño besaron su mejilla. No fue capaz de articular palabra hasta que él cerro la puerta detrás de sí mismo. Permaneció unos instantes mirando el lugar que él había ocupado mientras sonreía totalmente enamorada y tocaba su rostro con cuidado, intentando recordar la deliciosa sensación de sentir sus labios en su piel.

"Eren…te amo" pensó para sus adentros. Quizá no solo él era el idiota por confundir y mezclar sus sentimientos, si no, ella también al no ser lo suficientemente valiente para declararse, ¿qué importaban los antiguos cánones? Si ella esperaba que Eren se declarara, podría morir sin saber con certeza sus sentimientos. Aunque la verdad es que tampoco podía ser demasiado lanzada, era demasiado arriesgado.

Lo que ambos no sabían es que contaban con espectadores, Hange y Levi se habían quedado varias escaleras atrás, cubiertos por un tabique y atentos al desarrollo de la conversación.

— Parece que ha avanzado algo en el descubrimiento de sus sentimientos— Hange fue la primera en romper el sepulcral silencio, puede que eso no fuera suficiente, pero denotaba la existencia de cierto tipo de emociones.

— Pues yo creo que voy a tener que abrirle los ojos. ¿Cómo puede ser tan idiota? Llevan dos años viviendo conmigo y durante todos estos días he podido ver la forma en que lo mira, mira a Eren como si fuera un tesoro, su mirada siempre inexpresiva se llena de felicidad y amor cuando lo ve— narraba el dueño de la casa apoyado sobre su espalda en el tabique.

— La juventud es indecisa.

— ¡Él es el indeciso! ¡Me pone enfermo ver como ignora totalmente sus sentimientos!

— Levi… ¿desde cuándo eres tan sentimental? Parece que dentro de ese hombre frío y malhumorado se esconde un corazón de tales dimensiones que superan tu cuerpo, bueno, tampoco es complicado— la castaña empezó creando una atmósfera íntima y agradable para terminar destruyéndola sin compasión. Dicha referencia a su estatura provocó que al hombre se le hinchara la vena de la frente y apretara sus puños con fuerza.

— ¡Tenías que estropear el momento!

— ¿Qué momento, querido enano? — provocó fingiendo ingenuidad, llevando sus manos a ambas mejillas del maniático de la limpieza y mirándolo desafiante.

— Momentos como este— susurró antes de tomar sus labios con rapidez.

— ¿Qué haces? — sus mejillas le ardían. Jamás imaginó que la besaría en esa situación.

— Solo me estoy cobrando un anticipo por la cena, pero creo que no ha sido suficiente, ¿tú qué crees? — su voz reflejaba un matiz juguetón, algo casi inexistente en él.

— Levi…— llamó su nombre con dulzura, llevando sus dedos a acariciar los finos labios de éste— Creía que los enanos tenían que irse a la cama pronto— terminó desordenando todo su cabello.

— Voy a demostrarte cosas que un niño jamás podría hacer durante toda la noche.
Coge tus cosas, nos vamos— ordenó y ella cumplió al instante, las órdenes que salían de su boca eran inquebrantables.

A la mañana siguiente se despertaron y descubrieron que él no estaba en casa.

— Me lo imaginaba. Su relación se basa en la tensión sexual— suspiró el moreno con una expresión algo divertida. Podía ser observador con todos sus alrededores, pero estaba ciego para sus propios asuntos.

Mikasa no hablaba, estaba presente en cuerpo, en mente no. Su mente divagaba por todos los momentos que habían compartido esos últimos días, para ojos de cualquier persona, parecían una pareja ideal, pero, la triste realidad es que no eran nada más que dos hermanastros frustrados con falta de autoestima.

— Veo que te encuentras algo cansada, deja que el chef Eren se ocupe del resto— dijo con una radiante sonrisa tras mirarla en ese estado, sin pensar en que él era el motivo de sus reflexiones, tal y como siempre.

"Por mucho que quisiera, jamás podría ignorar esa sonrisa tan perfecta" pensaba mirándolo con gran detalle, no quería perderse ninguna de las expresiones que hacía inconscientemente a la hora de cocinar y que consideraba tan monas como infantiles.

El tiempo volaba cuando estaban juntos, ya estaban tomando el desayuno, unas deliciosas tortitas esponjosas y avainilladas con chocolate fundido en su interior. Si algo habían aprendido desde el asesinato de sus padres, fue a valerse por sí mismos. Solo ellos dos, no necesitaban a nadie más para poder seguir adelante, eran "familia".

— Hice tortitas porque no sabía que preparar y recuerdo la cara de felicidad que pusiste la primera vez que las probaste y no me arrepiento. Estás poniendo la misma expresión.

— Las has cocinado tú, ese es motivo suficiente para sonreír— otra vez ese estúpido cerebro se colapsó al ver la dulzura con la que era contemplada y en vez de pensar esas palabras, las dijo.

"Se ve tan bella con las mejillas sonrojadas…en estos momentos me gustaría estrecharla entre mis brazos y no dejarla ir"— se sintió tentado a recorrer la pálida y suave piel de su rostro, siendo pillado en el acto, llevando sus dedos a un poco de chocolate que tenía muy cerca de la comisura de sus labios y lamiéndolo con lentitud, haciendo estragos en la mente de Mikasa.

— Eren, tengo que irme ya. Los del consejo hemos quedado hoy para terminar de calcular el presupuesto y las propuestas de los alumnos.

— ¿Hoy? Es domingo, me preocupa que no tengas suficiente descanso.

— No te preocupes, tengo una gran resistencia.

— Si tú lo dices…— no sonaba demasiado convencido. — Sobre qué hora terminarás, iré a buscarte, parece que va a llover.

— Supongo que terminaremos para la hora de comer. Adiós. — se despidió dejándolo solo y confundido.

"Lo siento, después de pensar un poco, he decidido que ignorarte levemente será un incentivo para que te des cuenta de todo, créeme, me duele más a mí que a ti"

"Mierda, está muy rara. Espero que no sea por mi culpa, no entiendo nada, debería estar feliz, no ignorarme" la frustración se hizo presente en su mente y decidió ir de nuevo a su escondite para desquitarse a base de ejercicio físico. Nunca encontró un remedio más efectivo que ese.

Con un paraguas en la mano salió de casa mientras corría rumbo a dicho lugar, para que al llegar comenzara a gritar y golpear todo a su paso con frustración. Batió todos sus récords debido a la furia, pero no era suficiente, se sentía mal consigo mismo. Todo lo que dijo el día anterior era tal y como se sentía respecto a ella, quizá fue demasiado ambiguo, siempre fue torpe a la hora de expresarse y, más aún, si ella era a quien se dirigía.

El sudor cubría su cuerpo y seguía queriendo más actividad, necesitaba agotarse. O al menos eso es lo que él creía, pero, realmente lo que necesitaba era sincerarse con él y con Mikasa. Contempló el reloj y sintió cómo la sangre abandonaba su rostro.

— Mierda, mierda, le prometí que iría a recogerla. ¡Cómo no corra, llegaré tarde! — tomó el paraguas y salió corriendo a todo lo que podía, ¿no quería ejercicio? Pues ahí lo tenía. Mientras iba a toda velocidad la lluvia comenzó a caer, empapando toda su ropa y haciendo el suelo mucho más resbaladizo, no podía parar, no podía fallarle, prefería caer antes que dejarla sola.

Ella en cambio esperaba pacientemente dentro del edificio escolar, sabía que cumpliría la promesa y siendo sinceros, acababan de terminar, así que no llegaba nada tarde. En cuestiones de segundos se vio rodeada por un grupo de chicos problemáticos, los mismos a los que ella había regañado días atrás por no cumplir con las normas de vestimenta, confiscando muchas de sus cosas. Tragó saliva esperando lo peor, podría apañárselas perfectamente con tres o cuatro, pero no con el doble.

— Vaya, parece que alguien está casada con su puesto de presidenta. Un rostro tan bello como el tuyo es una pérdida con esa mirada vacía y ese mal humor y autoridad permanente.

— Nos debes una disculpa, fuimos seriamente castigados— dijo otro tomándola por la muñeca.

— No os castigaron bien entonces, tendríais que haber madurado algo, no venir a pedirme explicaciones— dijo molesta, librándose del agarre con una patada circular.

— No solo eres guapa e inteligente, si no que también tienes unas buenas nociones de defensa personal, pero, ¿qué vas a hacer tú sola contra todos nosotros?

Esa advertencia sirvió como llamada para el resto. Tomaron a la joven por las muñecas, sujetando sus tobillos y espalda; estaba totalmente inmovilizada.

— ¿Mikasa? ¡Mikasa! — ahí estaba él, otra vez para salvarla. Parecían estar conectados por el destino.

La mirada de Eren se tornó de un color ambarino cuando vio lo que le estaban haciendo, ya estaba lo suficientemente enfadado consigo mismo como para pelearse con cualquiera y ahora no iba a pensarlo. Habían tocado a Mikasa.

— ¡Nadie toca a MÍ Mikasa! — estalló con la emoción del momento, comenzando a golpear a todos los presentes y cuando él iba a recibir un golpe, Jean lo interceptó.

— Comencé a seguirte para golpearte, nunca pensé que terminaría uniendo fuerzas contigo. Nadie le hace nada a la presidenta.

Ahora eran tres contra seis, unos tres muy hábiles con los puños contra seis idiotas de pies a cabeza. Parecía que los problemáticos solo sabían atacar con su palabrería.

— ¿Enserio has creído que me ibas a golpear con esos golpes? Me he criado en la calle y el lenguaje callejero universal son los puños— gritaba el joven de tez morena, juntando su espalda con la de Mikasa, así no dejarían ningún espacio por el que atacar.

— Detente, me haces daño— suplicaba con falsedad Jean, provocando una falsa confianza en el enemigo que terminó con su codo golpeando con fuerza en el hueco que separa los pulmones del diafragma, provocando que se quedara sin aliento.

— No solo eres idiota y maleducado, si no también un horrible peleador— la chica se burló empleando las mismas palabras que fueron dedicadas a ella mientras tiraba a uno de ellos al suelo, para después girarlo sobre sí mismo y luxarle la muñeca.

Eren estaba dejándose ser asfixiado para terminar de una vez por todas terminar con esa disputa.

— Caíste en la trampa y estás a mi merced— el tono de su voz estaba lleno de superioridad y vacile. Una sonrisa se dibujó instantáneamente en los labios de sus camaradas, disfrutarían esto. El castaño bajó uno de sus brazos, metiéndolo entre las piernas de su agresor, agarrando su otro brazo, para después levantarlo en el aire y dejarse caer sobre él, escuchándose un grito de dolor por todos los pasillos del instituto.

— Creo que ya basta, hemos dado una buena exhibición— pronunció el cara caballo crujiendo sus nudillos y sonriendo de lado, para dedicarle una mirada divertida a sus compañeros y detenerse en la figura femenina. — Mikasa, perdóname, dije cosas poco apropiadas sobre ti a tus espaldas. No volverá a ocurrir y Eren, ha sido un placer compartir puños contigo, hubiera sido un duro combate. Olvidémoslo— decía mientras se alejaba caminando de espaldas con las manos en sus bolsillos.

— ¿No has traído paraguas?

— Te he visto correr y he soltado el que llevaba, pero no importa, la lluvia me ama. No me mojará— bromeó antes de que un rayo impactara a menos de un metro de él.

— Me parece que más bien está obsesionada contigo, tienes una admiradora algo radical— contestó el chico con una gran sonrisa. En el fondo no era mal tipo, simplemente, no se entendían.

Una vez que vieron como él se alejó sin ser alcanzado por ningún rayo, ellos decidieron salir también, se les había hecho algo tarde.

— Mikasa, ven aquí, te estás mojando, no quiero que enfermes— sugirió con un tono preocupado, envolviendo su brazo en su cintura femenina y atrayéndola a él.

— No me molesta compartir paraguas contigo, pero, ¿por qué no has traído otro?

— Siendo sinceros este es el único que resistió al viento, el resto se ha roto solo con abrirlos.

— Pues vaya paraguas…— suspiró, tomando una gran bocanada de aire. Estar tan cerca de él y con su brazo en su cintura no le traía nada bueno, sentía como la zona que estaba en contacto con Eren entraba en llamas. — Gracias…— eso fue lo último que dijo antes de acurrucarse en su hombro.

— ¡¿Mikasa?! — su voz sorprendida y avergonzada divirtió a la joven.

— Tengo frío— mintió para comprobar su reacción, no quería separarse de él

— Si te parece bien, podemos parar bajo algún balcón hasta que cese la lluvia— la preocupación y la calidez de su voz eran la prueba de que realmente le importaba tanto como para no poder entender nada. Su relación era demasiado compleja para su mente adolescente, necesitaba madurez, cosa de la que carecía.

Se detuvieron bajo un balcón y él la abrazó con fuerza.

— Estaba tan preocupado, me he dejado llevar demasiado. Perdóname, si no me hubiera retrasado, nada de esto hubiera pasado— susurró con lentitud besando su mejilla.

— ¿Qué haces? — ese gesto la sorprendió a ella y a su pobre corazón, aquel chico la mataría de un infarto.

— Calentarte, ¿no tenías frío? ¿o solo querías estar cerca de mí? — contestó burlón.

— No contestes con otra pregunta, es lioso.

— ¿Quieres que sea sincero? Pues escucha, no sé qué hacer cuando estás junto a mí, no sé qué le pasa a mi mente y desconozco por qué mi corazón se acelera. Estoy confuso, lamento herirte, sabes que lo único que deseo es tu felicidad.

Cuando Mikasa iba a confesarle todo escucharon como un coche pitaba a su lado. Se trataba de Levi.

— Hey, no es que me moleste que os refugiéis de la lluvia, pero no me apetece vomitar arcoíris por los ojos. Subid, llevo buscándoos un buen rato porque he regresado a casa y no había nadie. No tengo ganas de cocinar, ¿qué tal si vamos a por unas pizzas?

Ambos subieron algo malhumorados y avergonzados, ese hombre tenía el don de la oportunidad para acabar con los momentos bonitos. Puede que Eren olvidara eso, pero Mikasa jamás se lo perdonaría.

— ¿Sabes por qué no quiere cocinar? Ha estado muy ocupado toda la noche, mira su nuca, está marcada— susurraba con un tono pícaro. — Hey Levi, ¿te has acostado con un gato o qué?

El hombre ignoró lo que acababa de escuchar, no quería empezar a pelear, en esta ocasión no podría ganar, pero no pudo ocultar su sonrojo, sus oídos estaban como un tomate.